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Asignatura: Prehistoria en la peninsula iberica, Profesor: Miguel y Belen, Carrera: Historia, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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La Edad de los Metales se inicia a continuación del Neolítico. Su denominación parte del invento de la metalurgia, a la que se consideró el avance tecnológico decisivo y definitorio de la nueva etapa cultural. La primera fase se denomina Calcolítico , y es durante la cual el hombre descubrió el cobre y comenzó a trabajarlo. No obstante, el término Calcolítico no se utiliza como un simple indicativo de tipo tecnológico, sino como resultado de un largo proceso de evolución y expansión de las comunidades campesinas, con desarrollo de nuevas tecnologías de explotación y fabricación, diversificación de actividades (comercio, minería, metalurgia y manufacturas especializadas) y transformación social, que en último término, condujo a un nuevo sistema de vida, la vida urbana.
El acceso al conocimiento de la metalurgia no fue idéntico en todas partes y muchos autores se inclinan a pensar que debió tratarse, en gran número de ocasiones, de procesos locales que, al principio, no tuvieron demasiada trascendencia y no jugaron un papel importante como industria que alterase estos grupos.
La primera metalurgia del cobre se desarrolló en distintos lugares a la vez y de manera independiente aunque las fechas más antiguas están documentadas en el Próximo Oriente durante el VI milenio a.C. e incluso antes. En estas regiones la evolución cultural producida a partir del proceso de neolitización fue muy rápida, llegando a configurarse una sociedades urbanas de gran complejidad. El proceso cultural europeo de incorporación a la metalurgia es radicalmente distinto al de Próximo Oriente. En las últimas décadas, dados los nuevos hallazgos y dataciones se acepta la existencia en Europa de focos metalúrgicos independientes en fechas bastante tempranas. En el área de los Balcanes se documenta el uso del cobre durante el V milenio a.C. El segundo foco de metalurgia precoz en Europa, independientemente del anterior y del Próximo Oriente, se localiza en la Península Ibérica, desde principios del III milenio hasta principios del II milenio. La gran expansión del poblamiento durante el Calcolítico, hace que algunos objetos de metal, lleguen de forma más o menos aislada a casi todas partes antes del final del III milenio.
La transición del Neolítico al Calcolítico se ha estudiado en el POBLADO DE ALMIZARAQUE.
Almizaraque es un poblado pequeño con casas circulares, contemporáneo de Los Millares, muy próximo a yacimientos con minerales de cobre y una actividad minero-metalúrgica documentada desde la segunda mitad del III milenio. Las tumbas eran colectivas, en fosa y de tipo “tholos”, cubiertas por túmulos circulares formados por círculos concéntricos de piedra.
En el poblado se han encontrado fragmentos de mineral de cobre, en estado natural y manipulado por calentamiento, gotas de metal, nódulos e instrumentos, que permiten reconstruir el proceso de la primera metalurgia en el Sureste peninsular. Asimismo, Almizaraque documentó el tipo de “horno” utilizado para obtener el metal. Se trataba de una vasija cerámica tosca de gruesas paredes, en la que se calentaba directamente el mineral hasta fundirlo. Así, se separaba el mineral fundido de la escoria y la vasija se rompía. El metal obtenido era cobre arsenical.
A las evidencias arqueológicas de Almizaraque podemos añadir hallazgos que confirman esta técnica. Así, en las antiguas excavaciones de Siret en Parazuelos (Murcia) (2400 a.C), aparecieron fragmentos de cerámica con adherencias metálicas en su interior, además de escorias, algunos objetos de cobre y un gran bloque de mineral. Esta técnica de la vasija-horno se siguió usando hasta el final del Calcolítico en la Península como se documenta en El Ventorro (cuenca del Manzanares) o Perales del Río (Getafe).
En cambio, en el poblado calcolítico de Zambujal (Portugal) apareció un horno de fundición con restos de fundición de cobre, piezas metálicas de desecho y varillas de sección irregular que se han interpretado como lingotes. Hay también industria de hueso y piedra.
Otra metalurgia que hay que considerar en este período es la del oro, anterior a la del cobre. La pieza más preciada es una diadema de oro ceñida por uno de los 3 esqueletos que aparecieron en la Cueva de los Murciélagos (Granada) fechada en 3.450 a.C. El trabajo del oro podía hacerse a partir de láminas obtenidas de oro nativo mediante batido y martelado. Con las láminas se hacía diademas, plaquitas, que se adherían a telas o cuero, como objetos de adorno y decorados con temas sencillos repujados. Otras veces se hacían hilos enrollados, formando anillos en espiral, pequeñas láminas enrolladas formando cuentas de collar por las que se pasaba un hilo. Este tipo de adornos se puso de moda, sobre todo con el vaso campaniforme.
Se documenta un mayor aprovechamiento de los animales domésticos, no sólo para la fuerza del trabajo del campo sino para la explotación de la leche y de la lana; la invención de la rueda que permitió desplazamientos a larga distancia y favoreció el intercambio comercial; se inicia la industria textil, aparecen pesas de telar y fusayolas y las prendas de esparto (Cueva de los Murciélagos); la agricultura adquiere gran desarrollo, abundan los molinos de mano, hachas pulimentadas, dientes de hoz, etc.
El ritual funerario
El ritual funerario del Calcolítico se relaciona con enterramientos múltiples, sucesivos, en una cueva sepulcral o en cueva artificial (hipogeo), construida con fines funerarios, o en un dolmen, sepulcro de corredor o galería cubierta de carácter más o menos megalítico. En los depósitos de los ajuares de estas sepulturas es donde se han encontrado los objetos metálicos.
Esta costumbre ritual de enterrar a los muertos en panteones familiares o colectivos, viene del Neolítico más o menos reciente, y es una de las consecuencias de las grandes transformaciones iniciadas desde mediados del IV milenio en las sociedades prehistóricas del Neolítico. En el III milenio hay una expansión generalizada del megalitismo y, en general, del sistema de enterramiento múltiple debido a una gran expansión de la población. La metalurgia contribuyó a ello a través de una intensificación de relaciones e intercambios, sobre todo con el vaso campaniforme.
Hay grandes necrópolis megalíticas como las de Antequera, en donde se puede documentar una gran construcción adintelada, especie de galería cubierta, aunque con soportes centrales en lo que sería la cámara algo ensanchada (cueva de Menga) o el tipo de cámara cubierta con falsa cúpula y largo corredor (cueva del Romeral). Sigue también la práctica de excavación de grandes hipogeos formando parte de necrópolis de poblados agrícolas de campiña. En otros casos, continúa el ritual tradicional neolítico de enterrar en la casa. Son muy frecuentes también las cuevas naturales como panteón funerario que aparecen en zonas donde hay megalitos.
Cultura material y cultura espiritual
Además de la metalurgia, la población calcolítica continúa con sus ajuares domésticos o utensilios de trabajo anteriores:
trabajo de sílex de alta calidad: cuchillos, hojas y puntas de flecha con talla bifacial de retoque plano, a veces, incluso cristal de roca. Otro elemento lítico son las láminas, apenas retocadas o con retoque abrupto. Aumentan los geométricos (trapecios, triángulos y medias lunas). Las hachas de piedra pulimentada van siendo sustituidas, por las planas de cobre, cuyo filo era más eficiente. El pulimento de la piedra se aplicó a nuevas necesidades, como la de los morteros de mármol o los ídolos-cilindro. Hay que destacar la aparición de nuevas materias primas como el marfil, lignito o ámbar, cuya procedencia exótica es muestra de la intensa actividad de intercambio.
La cerámica era predominantemente lisa, con formas muy evolucionadas, de fuentes, platos, escudillas, que denotan nuevos hábitos alimentarios. En Andalucía occidental, aparece la cerámica con decoración de pequeñas incisiones o impresiones “en hoja de acacia”, a la que acompañan los platos de borde almendrado. En el Sureste, en cambio, las cerámicas decoradas son con técnica incisa y motivos simbólicos: soliformes, estiliformes, oculados con tatuajes o no, serpentiformes, líneas onduladas o quebradas o temas naturalistas como ciervos o árboles.
Hay cambios en el mundo simbólico , que estarían relacionados con una nueva mentalidad o religiosidad. La tradicional representación femenina de la “diosa madre” de las culturas neolíticas del Próximo Oriente fue perdiendo fuerza. En las placas, generalmente de esquisto, con decoración incisa, propias del Neolítico occidental, se representan oculados, pocas veces el sexo y, en general, temas geométricos más o menos abstractos que pueden indicar el vestido, adornos y tatuajes. En los ídolos oculados, pintados, incisos o pirograbados, sobre huesos largos o falanges de Almizaraque o Cueva de La Pastora, los ojos aparecen muy destacados y, a veces, van acompañados de adornos o tatuajes parecidos a los de las citadas placas. En muy raro que aparezca indicado el sexo.
El fenómeno campaniforme El vaso campaniforme en la Península Ibérica (2.200-2.150 a.C. hasta el 1.700 a.C.)
El vaso campaniforme es un fenómeno cultural que representa el momento avanzado del Calcolítico, en el tránsito del III al II milenio a.C. Tiene una gran unidad tipológica y decorativa y una homogeneidad cronológica. Va a aparecer en culturas diferentes en toda Europa, las cuales van a tener como elemento en común el uso de unos vasos cerámicos en forma de campana invertida, asociado al comercio del metal y de otros productos relacionados con él.
El origen y difusión de este peculiar tipo de vasija ha sido objeto de numerosas especulaciones. Algunos sugieren que el vaso campaniforme surge en la Península Ibérica, al amparo de la cultura calcolítica de los Millares (Almería) o de la cultura de la Edad del Bronce de El Argar. Y de allí se extendería por amplias regiones que van desde Portugal hasta Centroeuropa, llegando incluso a las Islas Británicas.
Características :
El motivo del éxito y la difusión del Campaniforme se debe a que era una cerámica de lujo, muy apreciada, que sirvió como elemento de intercambio y prestigio social entre grupos relacionados con actividades metalúrgicas.
Este tipo de cerámica aparece fundamentalmente en sepulturas, que son individuales, con el esqueleto flexionado, los hombres apoyados en el lado izquierdo y las mujeres sobre el derecho. Los cuerpos se depositan en simples fosas, poco profundas, excavadas en la tierra o en cofres cubiertos con losas de piedra, pero sin túmulo. A veces aparecen vasos campaniformes en sepulturas bajo túmulo o en tumbas megalíticas. Junto con la cerámica, el ajuar se componía de puñales triangulares de cobre, adornos de oro, botones de hueso con perforación en V, brazaletes de arquero, puntas de flecha de sílex y puntas palmela.
Esta cerámica está realizada a mano, en general, de buena calidad, de arcillas depuradas y buena cocción. Las formas más características son: el vaso de forma acampanada para beber, pero también hay formas de cazuelas, fuentes, cuencos, copas, jarros o fruteros.
Las pastas y acabados varían de una zona a otra. En general, son de color rojizo u oscuro proporcionado por la escasez de oxígeno en la cocción o el uso de estiércol fósil de oveja como combustible. Están decorados con geométricos dispuestos en grandes bandas estrechas y paralelas, unas lisas y otras decoradas. Las diferencias están en el objeto utilizado para crear esta decoración: mediante impresión de cuerdas (cerámica cordada); mediante peine o puntillada; o con decoración incisa mediante un punzón, que produce hendiduras en la arcilla rellenadas de pasta blanca antes de cocer (Ciempozuelos).
Fases:
Estilo decorativo Internacional, de flujo o Marítimo (2250-2000 a.C.): Se distribuye por la costa, en el Tajo, Guadalquivir, Almería, Cataluña, penetrando en la Meseta. Se caracteriza por una arcilla anaranjada y rojiza , y con decoraciones puntilladas de bandas estrechas. Dentro de este grupo hay que diferenciar el "campaniforme holandés o cordado" de origen extrapeninsular y considerado el más arcaico, decorado con bandas impresas con cuerda.
Estilo de Reflujo o Continental (2100-1700 a.C.): Muestra una evolución de las formas y decoraciones y dio lugar a producciones de tipo local o regional, como los tipos Ciempozuelos o Palmela. Se distribuye por el interior: cuencas del Duero, Tajo, Alto Ebro y Guadalquivir, llegando hasta Almería. Se caracteriza por un barro negro o gris y decoraciones de anchas bandas con motivos geométricos incisos y puntillados , que combinan diversos motivos: reticulados, meandros, líneas en zig-zag, ajedrezados, triángulos rayados, etc.
La variedad catalana de Salamó (Tarragona) es más tardía y tosca, de grandes dimensiones, color marrón negro y decoración incisa geométrica, con influencias del Ródano y de la Meseta.