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Asignatura: Literatura española siglo XVI, Profesor: , Carrera: Filología hispánica, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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La prosa del siglo XVI tiene en el dialogo su género más característico. Su amplitud formal, de herencia clásica y significado humanista, lo convierte en el cauce ideal para la indagación de las más variadas materias, así como, por sus componentes didácticos, en el más adecuado para la comunicación formativa. Las características del dialogo vienen definidas por la utilización distintos géneros: el drama y el tratado, que se juntan en el ensayo.
El dialogo era visto en su momento de realización como forma coincidente con el tratado didáctico o el teatro, por una parte, y la epístola y el género oratorio por otra. En cuanto a drama el dialogo adquiere un valor de testimonio del comportamiento del hombre en convivencia, lo cual implica una vinculación con la epístola en cuanto que existe como ella gracias a la comunicación sostenida por la vida social participativa, y sobre todo como un intento de mimetizar el mismo hecho comunicativo. La dramatización en el dialogo es el soporte de la realidad, cauce espacio-temporal para el desarrollo de un pensamiento trasmitido a modo de coloquio.
El dialogo es razonamiento, exposición y confortación de ideas, y, en cuanto tal, tratado, pues dialogar etimológicamente es analizar o examinar un sujeto por medio de un discurso. Se hace hincapié en el proceso mismo de la reflexión, la parte problemática que es el modo de llegar a una solución y no en la solución o el resultado mismo, porque se quiere transformar el tratado en ensayo de amplio alcance. La mayoría de los autores de diálogos en el siglo XVI y los posteriores.
El dialogo español se configura como rescate de un modo ya practicado por los escritores clásicos sobre los modelos de los humanistas italianos y de Erasmo.
El dialogo platónico es el que se da en el texto un perfecto equilibrio entre poesía y ciencia. Se podría hablar de dialogo aristotélico-ciceroniano cuando el monologo tiene extensión preponderante al establecerse el dialogo entre un maestro que pronuncia largos parlamentos y unos discípulos
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que solo de cuando en cuando y brevemente le interrumpen. El dialogo lucianesco se distinguirá de los anteriores por atender a la sátiras de costumbres y a la burla reprobadora.
El dialogo se construye sobre tres elementos:
Espacio : el escenario, se relaciona directamente con el propio propósito del logo: el lugar debe potenciar la comunicación. El tiempo : es necesario para crear la ilusión de proceso dialectico, que puede incluso culminar con la transformación de algunos personajes. Los personajes : el numero de personajes variable, predomina diálogos de tres, parece que es el numero idóneo. Entre ellos suele distinguirse un personaje principal que funciona como conductor de la conversación y que suele asumir desde su mayor conocimiento del tema el reflejo del autor.
Las corrientes humanistas y espirituales confluyen en una visión reformista del hombre y de la sociedad, se ofrece como cauce perfecto para los temas de filosofía moral. Sobre la base optimista de un concepto de progreso y una seguridad en el hombre como ser perfectible, se dibujan en un amplio conjunto de obras propuestas de mejoramiento que llegan a alcanzar el nivel utópico. Es la prosa el vehículo preferido para concentrarlas.