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Capítulo 1 LA POLÍTICA: EL PODER Y LA LEGITIMIDAD Rafael del Águila Universidad Autónoma de Madrid I. LA POLÍTICA De las muchas posibles definiciones de la política, existe una que quizá nos resulte útil en un principio: política es la actividad a través de la cual los grupos humanos toman decisiones colectivas (Hague etal., 1994). Definida en estos términos, una enorme variedad de actividades deben ser consideradas políticas: desde las realizadas en el seno de un pequeño grupo de amigos o de una familia hasta las grandes decisiones de la comunidad internacional. En el contexto de este libro, el lugar central de la actividad política al que nos referiremos y del que trataremos será el Estado, entendido como aquella insti- tución que recaba para sí, con éxito, el monopolio de la violencia legítima dentro de un territorio (Weber). No obstante, es muy im- portante retener desde un principio que la política es una actividad que subyace y excede el marco estatal. — - Por otro lado, la definición que ofrecemos tampoco prejuzga cómo se toman aquellas decisiones: por consenso, por mayoría, de- mocráticamente, por la violencia, por la fuerza, por la instancia más «autorizada», etc. Es decir, en el contexto de la definición sería po- sible hablar tanto de política democrática como de política autorita- ria o totalitaria. Igualmente dentro de esa definición caben com- prensiones más aristotélicas (y cooperativas) o más maquiavelianas (y conflictivas) de la política. Según las primeras, la política es la actividad que nos convierte en seres humanos al hacernos usar la palabra y la persuasión en la RAFAEL DEL ÁGUILA deliberación en común de lo que a todos afecta. En este sentido, la política ocupa un lugar central en la vida de los ciudadanos, muy superior en importancia a cualquier otro y generador de la ética compartida por la comunidad, así como del poder de la comunidad misma!. Sin embargo, esta visión amable de lo político, esta visión que resalta su importancia, su carácter educativo y ético para el cuer- po político, su sentido de colaboración en una empresa común, etc., no es hoy la dominante. En efecto, las definiciones maquiavelianas de lo político señalan que esta actividad (la política) es esencialmente algo conflictivo y transgresor cuando no directamente inmoral. Con palabras de Ma- quiavelo, quien quiera hacer política debe estar dispuesto a inter- narse en la «senda del mal», es decir, debe estar dispuesto a sacrificar su ética al objetivo político que tenga que obtenerse. La política, de hecho, no es una actividad cooperativa, sino de conflicto entre per- sonas, grupos, intereses, visiones del mundo, etc. La ciencia de la política se convierte aquí en la ciencia del poder. Pues bien, en democracia ambas concepciones, la cooperativa y la conflictiva, la que busca el acuerdo y el consenso y aquella basada en el conflicto y la contraposición de intereses, conviven la una con la otra. De hecho, la democracia liberal es un sistema que intenta solucionar algunos de los problemas derivados de esas diferentes concepciones y que trata igualmente de establecer un marco de en- tendimiento del poder y la legitimidad que haga justicia a lo que pueda haber de verdad en cada una de ellas. Por esta razón, en lo que sigue de este capítulo se ofrecerán dos visiones de lo que es el poder y la legitimidad: la primera (epígrafes TI y IV), más cercana a los planteamientos conflictivistas de la polí- tica; la segunda (epígrafe V), más preocupada por resaltar los aspec- tos cooperativos y consensuales. Pero antes de abordarlas debemos hacer algunas precisiones conceptuales. 1. Para apreciar por qué es una actividad tan importante debemos intentar en- tender el contexto histórico en el que esa idea de la política se desarrolla. Piénsese, por ejemplo, en las diferencias entre la vida en la polis y la actividad en la asamblea de Atenas, por un lado, y la vida aislada en una pequeña aldea del mundo antiguo con pocos contactos humanos y menos variedad en las interacciones entre sus habitantes, por otro. Mientras en el primer caso tenemos (al menos idealmente) a un conjunto de ciudadanos iguales, discutiendo en común sobre a lo que todos interesa, educándose mutuamente mediante las discusiones, aprendiendo unos de otros y generando de este modo el poder de la comunidad y sus instituciones, en el segundo caso sólo tenemos aislamiento, falta de acceso a otros seres humanos, a los medios de educación cívica, y, sea como fuere, un tipo de vida con pocos horizontes. LA POLÍTICA: EL PODER Y LA LEGITIMIDAD Il. EL PODER 1) El poder no es una cosa que uno tiene (como se tiene una espada o un tanque), el poder es el resultado de una relación en el que unos obedecen y otros mandan. No es posesión de nadie, sino el resulta do de esa relación. 2) Por esa razón, el poder está estrechamente vinculado no sólo ni prioritariamene con la fuerza o la violencia, sino con ideas, creen- cias y valores que ayudan a la obtención de obediencia y dotan de autoridad y legitimidad al que manda. 3) Así, aun cuando el miedo al castigo es un componente de tedo poder, no es su componente fundamental. Un viejo dicho asegura que