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El Trabajo Social y la construcción de estrategias de intervención, Apuntes de Trabajo Social

estrategías de intervención en el escenario socio-histórico Latinoamericano en un mundo globalizado

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 14/02/2020

veracruz
veracruz 🇦🇷

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El Trabajo Social y la construcción de estrategias de intervención
en el escenario socio-histórico Latinoamericano
en un mundo globalizado.
Mg. Susana Malacalza*
Ponencia presentada en el I SEMINARIO LATINOAMERICANO “PALABRAS Y COSAS
PARA EL TRABAJO SOCIAL, EL LUGAR DE LAS ESTRATEGIAS DE INTERVENCION”.
Departamento de Trabajo Social de la Universidad Alberto Hurtado. SANTIAGO DE CHILE, 28
Y 29 DE MAYO DE 2009
Quisiera comenzar esta exposición agradeciendo a las organizadoras del
Seminario el haberme brindado la oportunidad de poder compartir con ustedes, mis
colegas de un país hermano, en este privilegiado espacio de reflexión las ideas e
interrogantes que la temática me provoca.
La convocatoria a debatir la cuestión de las estrategias de intervención me
produjo deseos de intentar repensar viejas cuestiones -evidentemente no saldadas por
el colectivo profesional- a la luz, de también viejas preocupaciones, acerca del
movimiento de la sociedad y como ese movimiento conduce pensar al campo(1) de
Trabajo Social desde perspectivas concordantes al escenario actual al cual denominare
de emergencia o de avance de la insignificancia(2)
Esta nominación, procura dar cuenta de la perspectiva teórica que vengo
trabajando desde hace tiempo cuya síntesis podría enunciarse, en un intento quizás no
muy afortunado, de irrupción de estructuras sociales e identidades subjetivas
complejas que cuestionan a la propia condición humana.
En primer lugar me gustaría plantear una convicción que seguramente estará
presente en toda mi argumentación. El piso sobre el que construimos discursos,
cultura y redes, el punto de partida y retorno, es la persona humana con necesidades
pero también con capacidades y por ende con dinamismo propio. Así pensado
* Profesora Titular. Facultad de Trabajo Social. Universidad Nacional de La Plata.
(1) Se toma aquí la noción de campo recuperada de Pierre Bourdieu por Javier Auyero en La cultura
que viene. Conjunto de relaciones históricas y objetivas entre posiciones ancladas en distintos tipos de
capital, entendiendo capital, como trabajo acumulado en su forma materializada o in-corporada,
corporizada que, cuando es apropiada sobre una base privada, esto es, una base exclusiva, por agentes o
grupos de agentes, los habilita para apropiarse de la energía social en la forma de trabajo reificado o
viviente“. Revista de Ciencias Sociales Nº 4.Buenos Aires. 2000.
(2) Avance de la Insignificancia, concepto usado por Cornelius Castoriadis para dar cuenta de la fuerte
tendencia, en la sociedad actual de retroceso de los proyectos colectivos a futuro y de su sentido vital.
El Avance de la Insignificancia. Editorial Eudeba. Bs. As 1997.
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El Trabajo Social y la construcción de estrategias de intervención

en el escenario socio-histórico Latinoamericano

en un mundo globalizado.

Mg. Susana Malacalza*

Ponencia presentada en el I SEMINARIO LATINOAMERICANO “PALABRAS Y COSAS PARA EL TRABAJO SOCIAL, EL LUGAR DE LAS ESTRATEGIAS DE INTERVENCION”. Departamento de Trabajo Social de la Universidad Alberto Hurtado. SANTIAGO DE CHILE, 28 Y 29 DE MAYO DE 2009

Quisiera comenzar esta exposición agradeciendo a las organizadoras del Seminario el haberme brindado la oportunidad de poder compartir con ustedes, mis colegas de un país hermano, en este privilegiado espacio de reflexión las ideas e interrogantes que la temática me provoca. La convocatoria a debatir la cuestión de las estrategias de intervención me produjo deseos de intentar repensar viejas cuestiones -evidentemente no saldadas por el colectivo profesional- a la luz, de también viejas preocupaciones, acerca del movimiento de la sociedad y como ese movimiento conduce pensar al campo(1) de Trabajo Social desde perspectivas concordantes al escenario actual al cual denominare de emergencia o de avance de la insignificancia(2) Esta nominación, procura dar cuenta de la perspectiva teórica que vengo trabajando desde hace tiempo cuya síntesis podría enunciarse, en un intento quizás no muy afortunado, de irrupción de estructuras sociales e identidades subjetivas complejas que cuestionan a la propia condición humana. En primer lugar me gustaría plantear una convicción que seguramente estará presente en toda mi argumentación. El piso sobre el que construimos discursos, cultura y redes, el punto de partida y retorno, es la persona humana con necesidades pero también con capacidades y por ende con dinamismo propio. Así pensado

  • Profesora Titular. Facultad de Trabajo Social. Universidad Nacional de La Plata.

(1) Se toma aquí la noción de campo recuperada de Pierre Bourdieu por Javier Auyero en La cultura que viene. “Conjunto de relaciones históricas y objetivas entre posiciones ancladas en distintos tipos de capital, entendiendo capital, como trabajo acumulado en su forma materializada o in-corporada, corporizada que, cuando es apropiada sobre una base privada, esto es, una base exclusiva, por agentes o grupos de agentes, los habilita para apropiarse de la energía social en la forma de trabajo reificado o viviente“. Revista de Ciencias Sociales Nº 4.Buenos Aires. 2000.

(2) Avance de la Insignificancia, concepto usado por Cornelius Castoriadis para dar cuenta de la fuerte tendencia, en la sociedad actual de retroceso de los proyectos colectivos a futuro y de su sentido vital. El Avance de la Insignificancia. Editorial Eudeba. Bs. As 1997.

intentaré alguna aproximación a la pregunta ¿desde donde miramos y con que óptica?, para luego encaminarme hacia el tema en cuestión. Hecha esta aclaración, creo posible pensar que el proceso de globalización llevado a cabo como readecuación del capitalismo en las últimas décadas, conmovieron los cimientos de los sistemas de las culturas mismas y, por lo mismo, de las prácticas sociales con la consiguiente resignificación de conceptos y valores. Ello no implica la desaparición de aquellos sino su reacomodación en función de un nuevo ordenamiento cuya resolución aún no se divisa claramente. Este escenario visibiliza la crisis de la sociedad moderna occidental desde el quiebre del modo referencial de pensar y operar de la sociedad y si esto es así, es que estamos en presencia de una crisis socio-política de carácter estructural y estratégica. Expresión de ello es la crisis estructural que afecta al primer mundo y que avanza sobre nuestros países. No voy a hablar de la dimensión económica de la crisis. Solo mencionare que me parece fundamental para el Trabajo Social ser conciente de ello y participar del debate sobre sus alcances. Es una crisis cíclica más del capitalismo? Es más que eso? En este caso, cual es la diferencia? Aquí, creo necesario aclarar que entiendo la idea de crisis estructural como un punto de articulación, aún sin encuentro, de fuerzas cruzadas provenientes de lo instituido con aquellas que fortifican toda ruptura del orden de lo dado. Pero también, entre movimientos creadores de nuevas subjetividades y reacciones ante la incertidumbre que ello genera; entre fuerzas que tienen ojos para ver en la crisis un proceso de agotamiento de aquello que, precisamente entró en crisis y entre las que sostienen que ese agotamiento no es tal. Entre las que afirman que la crisis es simplemente causa y, de las que la piensan también como producto. En Argentina, las políticas neoliberales corroyeron las bases económicas, sociales, políticas y culturales de la débil democracia teniendo como eje la subordinación cada vez más profunda a la lógica de circulación y acumulación del capital a escala global. (3) Ello implicó y aún implica una seria debilidad de la acción estatal para formular políticas públicas que enfrenten seriamente los problemas acuciantes de las mayorías, facilitando una transformación desordenada y sumamente compleja de las prácticas sociales. La globalización da origen a una marcada tendencia a la conformación de un proceso identitario donde lo individual tiene preeminencia, donde lo sólido deja de serlo. Es factible pensar que esta realidad implica que su naturaleza como productoras de identidad se ha transformado y que el anclaje que caracterizara a la modernidad se va desvaneciendo dando paso a la producción de sujetos cuyos procesos identitarios hablan de fragilidad, perplejidad, incertidumbre y fluidez. La modernidad como construcción histórico-social constituyó su subjetividad a partir de ciertas lógicas institucionales. Así, se podía pensar al sujeto en términos de sus relaciones con el Estado, la familia, la escuela y el trabajo.

(3) Atilio Boron. Tras el buho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

mera existencia, una nuda vida, tal y como los campos de concentración y de exterminio lo demuestran. Allí donde hubo existencia política habría ahora nuda vida, que no sería sino la traducción moderna del homo sacer”. (6) Las observaciones expresadas hasta ahora me conducen a ubicarlas como el escenario que configura la condición de pensamiento desde donde miro y su óptica en la actualidad -y por lo mismo- la referencia para pensar los alcances, límites y dirección de la intervención profesional. La desocupación, la precarización laboral y sus secuelas actúan de manera de desorganizador del mundo interno colocando al individuo en un escenario de indefensión para luchar por su vida y la de su familia. Esta situación afirma el individualismo ante la solidaridad, viendo al otro como rival y alguien con quien competir, fragmentándolo como sujeto y debilitando las redes sociales. Los trastornos psíquicos, emocionales que resultan del desempleo o la mala calidad del trabajo no significan sólo una patología individual que se podría superar con medicamentos, psicoterapia o denuncias a falta de ello, sino una patología social que exige de una política social real y efectiva del Estado y la participación creativa – e imperiosamente comprometida- de todos los actores sociales, entre ellos y muy particularmente, los trabajadores sociales que se deben e preguntar a los efectos de pensar su intervención ¿Qué significa ser un ciudadano en un sistema injusto que no contempla los derechos básicos de las personas? Desde algunas perspectivas teóricas y políticas se insiste sobre el hecho de que tales transformaciones no han cuestionado ciertas dimensiones que se corresponden con eso a lo que Marx llamaba modo de producción capitalista. Sin embargo creo que –con todo lo discutible que ello sea- esa aseveración no basta para suturar esa búsqueda que intenta conocer la naturaleza de las transformaciones que efectivamente se han producido y el que de sus consecuencias. Personalmente adhiero a aquellos que desde diferentes disciplinas y/o ocupaciones creen en la urgente necesidad de analizar, debatir y significar una nueva lógica de construcción de institucionalidad que contemple como fundamental su implicancia en la producción de subjetividades, ubicadas en este momento en los bordes del Estado. Los acontecimientos subjetivos necesitan de una lectura que apunte hacia lo político singular. Singular no cómo particular sino como modos de hacer intervención. En este aspecto creo que el pasaje de un momento a otro no implica una simple alteración de la instancia instituida sino que comporta, justamente, nuevas condiciones tanto de la dominación como de las alternativas para el pensamiento crítico y el surgimiento de instancias instituyentes. Desde esta idea es que pienso que el mundo “objetivo” en el que se desenvuelven ciertas leyes que no controlamos, posee designios incuestionables. Pero, analizar lo social desde esta perspectiva sólo sirve para naturalizar poderes extranaturales, y sobre todo, para ocultar su agotamiento. ¿Y qué pasa con todo esto, adonde queda en momentos de penetrar en el campo que hoy nos convoca. O sea, la práctica de nuestro campo profesional? La pregunta reenvía a otras:

¿Cual y como debe ser la intervención del Trabajo Social en medio de esta crisis? ¿Cuales son las condiciones en que los trabajadores sociales producimos nuestras intervenciones? ¿Quien y como es el sujeto o los sujetos involucrados en ese proceso? Y aquí me refiero también al propio trabajador social. ¿Con qué criterios se diseñaran los ejes o áreas de intervención. Políticos? Científicos? Filosóficos? Éticos? Grandes preguntas para grandes repuestas, respuestas que solo desde las instancias colectivas podremos encontrar, aunque sean provisorias. Perfilaré ahora algunas ideas compartiendo con ustedes mis reflexiones que intentan identificar ciertos puntos nodales que considero pueden aportar a la construcción colectiva de un debate en torno a la intervención del Trabajo Social. Lo primero es que lo ya esbozado como escenario socio-histórico actual es material indispensable a la hora de delinear cualquier estrategia de intervención en Trabajo Social. La novedad del actual contexto requiere rupturas y creación de nuevas formas de pensar nuestra práctica. Lo segundo es evidenciar que muchas veces el saber previo obra como obstáculo en niveles diferentes. La renuencia de la propia mente a modificar el saber adquirido ante aquellas novedades que lo cuestionen, ponen a prueba la tolerancia a la incerteza y complejidad de los problemas, y se requiere de un inmenso esfuerzo de reflexión para sortear ese obstáculo. Suele suceder que los conocimientos previos tienden a fijarse como esquemas motivacionales y terminan obstruyendo la creatividad que nos podría llevar a pensar otros caminos. Desde lo sociocultural otro obstáculo surge de la mano de las imposiciones de las corrientes hegemónicas de pensamiento en cada área. Optar por lo otro es más complicado y nos puede comprometer. En otras palabras, las rupturas son costosas, las experiencias subjetiva novedosas y los cambios en la práctica del Trabajo Social requieren de ambas cosas. Aquí me aparece como significativo identificar como problema que la caída de los sistemas ideológicos tradicionales han dado fuerza a la preocupación por la ética. Al respecto, me parece importante compartir con ustedes algunas preocupaciones que me llevan a pensar en la necesidad de realizar ciertas precisiones. El momento requiere ser parte consciente de decisiones inteligentes, apuntando a la reflexión, al perfeccionamiento permanente, redoblando los esfuerzos en el saber sin desatender la sensibilidad, alejándonos de voluntarismos y/o dogmatismos. Necesitamos éticas inteligentes y preocupadas por beneficiar a hombres y mujeres; es preciso responsabilizarse, sentirnos parte en la salvaguarda de los derechos humanos tomando conciencia del poder del dispositivo del saber y sus efectos disciplinantes al cual estamos sometidos. No existen actos sin consecuencias sobre los otros, nuestras elecciones teórico-prácticas incidirán sobre el sujeto con quien trabajamos y sobre nosotros mismos. También me surge como interrogante al momento de elaborar estrategias de intervención profesional el que hacer con las instituciones heredadas, tanto políticas como civiles. Obviamente que esta preocupación va mucho más allá de las

creciente. También requiere que las políticas públicas no sean consideradas como un mero instrumento de los gobiernos. Las políticas sociales son vitales y eficaces si son el resultado de la interacción entre la sociedad política y la sociedad civil, eso si, bajo la dirección de un centro decidido a cambiar el rumbo de la historia. En las últimas décadas se han incrementado prácticas participativas en la sociedad civil tendientes a lograr derechos sociales y mayor injerencia en la formulación, ejecución y control de las políticas sociales. Sin duda las mismas logran una importante experiencia para los grupos participantes, sin embargo, en ese mismo movimiento, es fácil observar que a menudo están encuadradas en prácticas clientelares que contienen más elementos de prácticas heterónomas que autónomas. En Argentina el Trabajo Social no es ajeno a tal lógica. Parte importante del colectivo profesional la incorpora de una manera casi fatalista, configurando una tendencia que reduce a las políticas sociales, y por lo tanto, a su propia intervención, a un tecnicismo aggiornado que pretende autonomizarse de la dimensión política constitutiva de ambas. Esto se visibiliza también en el déficit propositivo de la profesión al no manifestarnos orgánicamente sobre los temas de fuerte debate en nuestra sociedad. No solo hay silencio sino también silenciamiento de nuestros cuerpos colectivos, tanto de los colegios como de las unidades académicas. Otra manifestación de ello es el déficit de competencia estratégica. Con ello queremos significar la dificultad de poder pensar desde la lógica política y de generar condiciones que hagan posible prácticas profesionales calificadas y eficientes. Eso si, teniendo en cuenta que el Trabajador Social es un profesional que no puede por si mismo resolver el tema de la emergencia nominada al comienzo de este trabajo. Necesita de instituciones preparadas, equipadas, y pensadas en que: “En el mundo occidental, las situaciones de excepción en las que se despoja de sus derechos a los ciudadanos son hoy una regla...”(7).Con ello quiero significar que las transformaciones sociales son sumamente radicales y ello obliga a re-pensar al Trabajo Social también radicalmente. Que significa intervenir en espacios sociales en emergencia cuando el modo de operar, pensar y vivir que unió -por lo menos a la sociedad argentina- desde su nacimiento como nación pareciera que hoy ya no lo hace? De este modo, pienso que la profesionalización del campo disciplinar implica hoy recrear la praxis. Toda opción teórica es a su vez una opción ético-política. La rigurosidad en el análisis de la realidad es un elemento clave para pensar cualquier proyecto dirigido a recuperar la condición humana de nuestros pueblos. Deseo aclarar que cuando hablo de condición humana lo hago pensando en que ello solo es posible en un país justo, libre y realmente democrático donde, como dijera Carlos Marx, un clásico de la teoría social: el hombre sufra como hombre pero no como animal. Y para que puede pensarse al conjunto humano y al psiquismo en particular, superando la "aparente incapacidad de constituirse en sí sin excluir al otro - y de excluir al otro sin desvalorizarlo y, finalmente, odiarlo".(8)

(7) Giorgio Agamben. Peligrosa humanidad, en La Nación (25/9/08), Por Pablo Esteban Rodríguez.

(8) Castoriadis, Cornelius: Reflexiones sobre el racismo. El mundo fragmentado, Ed. Altamira, Buenos Aires. 1990.

Intentare en estos minutos restantes trasmitir otras preocupaciones y mis reflexiones acerca de ellas con absoluta conciencia de su incompletud, pero con la convicción de que es desde aquí, en estos foros de debate democráticos, desde donde colectivamente podemos ir construyendo nuevos pensamientos y nuevas prácticas sociales y profesionales. Comparto la tesis de que las Ciencias Sociales han quedado atravesadas en una lógica instrumentalista o tecnocrática cuyo efecto es la configuración de un discurso por el cual las mismas han pasado a funcionar reforzando y legitimando esa lógica. En otras palabras, las Ciencias Sociales y dentro de ellas el TS han quedado atrapadas por este efecto y no han podido construir un discurso autónomo que haga evidente esas operaciones, que las haga visibles en vez de ratificarlas y legitimarlas. Llegado este punto, me viene a la mente Pierre Bourdieu cuando plantea sus ideas "contra la política de despolitización" y me surge con tremenda potencia, la necesidad de pensar en un TS que restaure la política, es decir, la acción y el pensamiento.

Pero que significa reinstalar la política en este cuadro de novedades?

Según creo esta restauración tiene que ver con dos cuestiones: la primera la entiendo vinculada con algo que ya expresara mas arriba, pensar al Trabajo Social desde un cambio radical acorde a los cambios radicales acontecidos en la sociedad en su conjunto La segunda otorgar a la práctica profesional un discurso (teórico-práctico) propositivo tendiente a desarrollar una política profesional que supere el actual status defensivo y le de significado. En procura de ello es que pienso que hablar de estrategias ayuda a entender que toda intervención es política; que intervenir en situación de incertidumbre implica incorporar el análisis político a la cotidiana vida del profesional y tomar decisiones, aún con los riesgos que ello acarrea. Esto no es nuevo, pero hace mucho aparece desdibujado de la escena profesional. La idea de pensar lo político como instrumento para la intervención, pretende bosquejar un discurso propositivo para el campo profesional en el momento actual. Dicho lo anterior pienso que si desde nuestro colectivo, los trabajadores sociales, no pensamos en esta época una nueva articulación con la política, las alternativas de éxito de nuestras intervenciones son escasas. Y pienso esto, no porque crea que los trabajadores sociales tenemos capacidad de generar opinión pública, sino por algo mucho más importante, por la necesidad impostergable de entrelazar mucho mejor la política y el conocimiento en la nueva época. Debemos asumirnos como intelectuales y esto debe formar parte de la formación. Se podrá así abandonar definitivamente la idea de identificar al Trabajo Social con las necesidades en relación con los recursos aplicables a las mismas. Tal concepción ha devenido en una instrumentalidad tal que ha vaciado de contenido la relación con las personas.

  • Brindar un ámbito de discusión y diálogo entre los distintos actores políticos, sociales y económicos involucrados en las políticas sociales en cada institución, puede ayudar a crear nuevos sentidos institucionales.
  • Diseñar estrategias por escenarios que posibiliten su aplicación real.

Es definitiva, a medida que la profesión va adquiriendo mayor status, mayores deben ser los esfuerzos en la lucha por participar y definir las políticas que irrumpen en la vida cotidiana de los sectores con quienes trabajamos, la lucha por fortalecer las fuerzas destinadas a llenar de contenido y dirección a las instituciones de servicios sociales, coherentizando así el discurso hablado y escrito por la preocupación por los excluidos. En otras palabras, a servir de articulador entre el campo intelectual y el campo de las decisiones políticas. La investigación en este modo de pensar las estrategias, se configura como un poderoso recurso, no solo de conocimiento sino también político en cada inserción particular cotidiana. A este respecto creo que otorgar un lugar sólido y consistente en la formación a la investigación es armar a la categoría profesional de un instrumento político que nutra a profesores, estudiantes y graduados para la intervención. Deseo aclarar que entiendo por investigación a todos los niveles de esta actividad, es decir, a la investigación sistemática, académica y, a aquella que en el quehacer cotidiano hemos de realizar como parte ineludible de la práctica profesional materializada en la permanente interrogación acerca de cual es la mejor estrategia a utilizar en cada situación. Hay momentos en la historia de las profesiones y saberes, en donde las mismas deben tomar decisiones ante la pérdida del sentido que las mantuvo organizadas y con cierta coherencia. Esa situación les plantea la perentoria necesidad de elegir ante opciones y crear nuevos caminos. Para ello es necesario tomar en cuenta que además de ser portadoras de crisis pueden ser, y de hecho eso es así, generadoras de nuevas y más profundas acciones de carácter creativo de sus actores. Ahora sí, terminando, deseo cerrar estas reflexiones diciendo que para cambiar, hay que querer cambiar y cambiar implica asumir las profundas transformaciones de las prácticas sociales cotidianas, de las relaciones entre los seres humanos entre sí, con la naturaleza y con el tiempo histórico. A mi entender esta en peligro la propia condición humana; desde el Trabajo Social podemos aportar, conjuntamente con el resto las profesiones, la ciencia, el arte, la religión, la política a construir un proyecto colectivo que devuelva la esperanza en el futuro a nuestros niños, jóvenes. Mientras tanto aquí les dejo mi escaso aporte para pensar en estrategias profesionales eficientes, útiles y comprometidas con intentar en cada una de ellas, aportar a reforzar en sujetos singulares, familias, comunidades y organizaciones en general prácticas autónomas debilitando las heterónomas.