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Asignatura: Psicologia de las Diferencias, Profesor: Carmen Ramirez Maestre, Carrera: Psicología, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
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**3. CONCEPTOS BÁSICOS y DEFINICIÓN.
Las peculiaridades individuales aparecen inmediatamente después del nacimiento y se van acrecentando en número e intensidad con la progresiva maduración. Ningún ser humano es igual a otro ni en semblante, gestos, manera de pensar... (excepto los gemelos univitelinos). Cada cual reacciona de manera propia ante el mundo y los hombres. Estas diferencias juegan un papel muy importante a distintos niveles. Por un lado, la organización social en diversas actividades corresponde a la idea de que no todos sus miembros están capacitados de la misma manera ni pueden desarrollar todas las tareas. Por otro lado, en el área clínica, es importante el estudio de las dimensiones de personalidad, y de la estabilidad de los rasgos de la misma para poder ayudar a posibles tratamientos o a instaurar aquellas características de personalidad que parecen aumentar la calidad de vida. Estas diferencias son el objeto de la psicología diferencial, en la medida en que las mismas son relevantes para la conducta.
Así pues, el objeto de estudio de la psicología diferencial será la observación, medición, descripción, predicción y explicación de las diferencias interindividuales, intraindividuales e intergrupales:
La problemática de la PD, respecto a estas diferencias, incluye:
RECORRIDO HISTÓRICO.
El interés por las diferencias individuales es universal y ha estado presente a lo largo de toda la historia. Remontándonos muy atrás, recordaremos a Platón, en su
Entramos ya en el periodo científico, con figuras tan relevantes como Galton (1822-1911), Cattel (1860-1944), Binet (1857-1911) y Stern. Aunque la situación social propiciada por el sistema capitalista que aparece tras el periodo medieval, impulsa el desarrollo de la Psicología de las Diferencias Humanas, en tanto que esta disciplina se ve unida a tareas prácticas relacionadas generalmente con la selección de personas diferentes para ocupaciones distintas, el estudio sistemático de las diferencias individuales y grupales no aparece hasta el siglo XX.
La etapa científica comienza a finales del siglo XIX, al mismo tiempo que la historia general de la Psicología como disciplina científica.
Se desarrollará la explicación del periodo científico de la disciplina a partir de cuatro momentos importantes: el origen, el desarrollo, los primeros planteamientos críticos y el resurgir de la Psicología de las Diferencias.
Origen y constitución A mediados del siglo XIX, especialmente a partir de la exposición de la teoría evolutiva de Darwin (Darwin, 1859), el fenómeno de la variabilidad entre los seres vivos, alcanza una explicación científica.
Hoy conocemos, gracias al desarrollo de la genética que no conocía Darwin, cuáles son los límites biológicos que caracterizan a las especies y a los individuos, pero estas nuevas concepciones, en rasgos generales, no han afectado a lo esencial de las ideas de Darwin. Este autor aglutinó dichas ideas y, a partir de sus descubrimientos, formuló la teoría de la evolución por selección natural , que se articula en tres proposiciones fundamentales y una explicación mecanicista (Lewontin, 1985):
Primera proposición : principio de variación. En el seno de una población existe variación entre los individuos en la forma, el tamaño, la fisiología y el comportamiento. Segunda proposición: principio de la herencia. Existe una correlación entre los progenitores y sus descendientes, de manera que éstos se parecen a sus padres más que a los individuos no emparentados. Tercera proposición: principio de selección. Algunas variantes sobreviven y dejan descendencia con una frecuencia mayor que otras.
Explicación mecanicista : principio de adaptación. Algunas formas dejan más descendientes que otras porque los recursos son escasos y algunas variantes los explotan mejor que otras. Esto sería la lucha por la existencia.
A partir de la Teoría de la Evolución de Darwin se aceptará en Psicología que los individuos humanos presentan una enorme diversidad y variación en sus comportamientos y facultades, que esta variabilidad es hereditaria y que tiene un sentido adaptativo.
La influencia de la teoría biológica de la evolución se introduce en la Psicología de las Diferencias Humanas a través de la obra de Galton (1822-1911). Este autor puede considerarse el padre e iniciador de la Psicología de las Diferencias. Para demostrar que la mayoría de las características psicológicas sigue una distribución normal, Galton necesitaba recoger una gran cantidad de datos. Para ello elabora una serie de instrumentos que le permiten obtener medidas directas de las características mentales. La medida de dichas diferencias llevará a Galton a observar la necesidad de contar con pruebas (tests) y, en particular, pruebas mentales. El nombre de tests mentales se lo proporcionó James McKeen Cattell, poco después (1890). Galton desarrolló tests para medir la visión cromática y la facultad discriminativa en el área visual, acústica y cinestésica, introduciendo así, test individuales de inteligencia que examinan a un solo sujeto cada vez. Todas estas pruebas van dirigidas, en gran parte, a las funciones sensoriales más que a las cognoscitivas. Esto tiene que ver con la posición teórica que adoptó Galton respecto a la continuidad entre lo sensorial y lo intelectual. Esta posición fue continuada por James McKeen Cattell.
El viaje de James McKeen Cattell (1860-1944) a Europa y su trabajo directo con Galton y Wundt marcan el inicio de la productiva escuela americana de la Psicología de las Diferencias. Como ya se ha comentado, Cattell introdujo el término “test mental” (Cattell, 1890) al mismo tiempo que difundió el método de medición de la inteligencia a través de la medida de las funciones sensoriales. Al igual que Galton, mantiene que la inteligencia y/o la capacidad general se basa en la agudeza de la discriminación sensorial, lo que obliga a que su medida se centre en dicha discriminación sensorial y en el tiempo de reacción. Sin embargo, tanto los trabajos de Cattell como los llevados a cabo por otros estudiosos en la misma línea, influidos por él, llevaron aun callejón sin salida en el objetivo de medir la inteligencia. Así, algunas investigaciones en serie
Partiendo de la edad básica , es decir del grupo de tareas que el sujeto es capaz de resolver, se van añadiendo meses en función de las tareas de grupos ulteriores que es capaz de resolver. Estos cálculos recibieron varias críticas:
Stern propone la solución a este último problema relacionando la EM y la EC en un cociente, el Cociente de Inteligencia (CI), cuya fórmula es: EM C.I. = --------- x 100 EC
Esto debería garantizar una cierta constancia en la interpretación de los avances y retrasos del rendimiento en diferentes etapas de la edad. El concepto de CI se hizo muy popular e incluso hoy día todo el mundo tiene una idea del mismo. Sin embargo, lleva consigo problemas importantes en la medida de la EM. Por otro lado, las pruebas de Binet alcanzaron tanta difusión que incluso en muchos países, la medida de la inteligencia en los niños equivalió durante medio siglo a la aplicación de las pruebas de Binet.
Desarrollo Posiblemente, dos de las principales contribuciones al desarrollo y configuración de la Psicología de las Diferencias Humanas sean la aparición de los tests grupales no verbales y el desarrollo del análisis factorial.
Los tests grupales.
Hasta ahora, los tests que se han nombrado son tests individuales, que examinan cada vez a un solo sujeto. Sin embargo, en 1917, con la entrada de los Estados Unidos en la I Guerra Mundial, se plantea una nueva necesidad: la de evaluar en un corto periodo de tiempo la capacidad intelectual de cientos de miles de reclutas con el objeto de conocer qué tipos de armas serían capaces de manejar y qué grado de servicio podrían realizar. Aparece así primero el Army Alpha Test y después el Army Beta Test. Ambos son tests no verbales, para la medición de capacidad intelectual de sujetos analfabetos o con pocos conocimientos de inglés, que se pueden pasar a un gran número de individuos a la vez y muy económicos en su confección y en la evaluación (Amelang y Bartussek, 1991). Posteriormente se aplicaron estos principios a otros tests que debían evaluar funciones y destrezas especiales como, por ejemplo, la representación espacial y la inteligencia mecánico-técnica. Interesan cada vez más, junto con las posibilidades de medir la capacidad intelectual, los factores motivacionales, desarrollándose instrumentos totalmente nuevos como los cuestionarios de personalidad. Amelang y Bartussek (1991) señalan que la base empírica necesaria para el estudio científico de las diferencias individuales se ha podido crear en gran parte gracias al desarrollo de estos nuevos tests.
El desarrollo del análisis factorial. Para estudiar este tema es de obligada referencia la figura de Spearman (1863- 1945). Charles Spearman es sucesor y continuador de las tesis de Galton en Inglaterra. Sus contribuciones más importantes se encuentran en su teoría sobre la inteligencia general y en el desarrollo del análisis factorial. Probablemente, como señala Colom (1994), analizando las tesis de Spearman se estará estudiando igualmente las principales características de la escuela británica.
Uno de los principales hallazgos de Spearman será la correlación entre tests de aptitudes diferentes. A partir de ello propondrá la existencia de un factor general (G), presente en toda la tarea intelectual específica y fundamentada empíricamente por la correlación entre varios factores específicos que serán la base de las diferencias en los resultados de los tests.
El afán positivista de Spearman le llevó a ingeniar un procedimiento matemático que, a partir de la observación de la correlación positiva múltiple entre las distintas capacidades, permitiese contrastar la hipótesis de que la causa de aquella correlación
Tras este importante periodo de desarrollo y auge de la Psicología de las Diferencias Humanas, aparece un tercer momento dominado por las críticas y la pérdida de protagonismo. Posiblemente, dos de las críticas más importantes de las que fue objeto esta disciplina tienen que ver con ciertos aspectos sociopolíticos (desprestigio del determinismo genético) y metodológicos (crítica al análisis factorial).
El debate herencia-medio arranca con los primeros trabajos empíricos acerca de la herencia de la inteligencia, de manos de autores como Galton (1869) o Terman (1925). La discusión giraba en torno al problema de las diferencias raciales en la capacidad intelectual y la determinación genética de la “debilidad mental”. Autores tan relevantes para la Psicología de las Diferencias como Spearman o Burt acentúan el polo de la herencia en la determinación de las diferencias individuales, defendiendo que la variación humana está determinada por factores hereditarios. Esto propicia que autores como Cronbach (1957) consideren a la Psicología de las Diferencias como una disciplina identificada con la actitud conservadora.
Desde los inicios hasta ahora, el debate herencia-medio ha mostrado una gran polaridad. Así, en un momento dado, los argumentos genetistas imponen su criterio y en el periodo siguiente son los ambientales. Sin embargo, los responsables de este movimiento pendular no siempre son los descubrimientos o avances científicos en el conocimiento de los orígenes de las diferencias individuales, sino que con frecuencia, ciertos factores de tipo sociopolítico han propiciado que se imponga uno u otro polo de la polémica. Pues bien, durante el periodo que en este apartado nos ocupa, hay un desprestigio importante de los argumentos de los defensores de la determinación genética. Por un lado, A.R. Jensen (1969) y Herrnstein (1971) publican sendos estudios en los que se argumentaba a favor de la causalidad genética de las diferencias de inteligencia entre negros y blancos. Estos trabajos tuvieron un gran impacto negativo, ya que fueron utilizados por los políticos racistas para condenar las políticas de mejora educativa de las minorías raciales en Estados Unidos. Esto, unido al escándalo causado por el fraude de Burt, en su trabajo de 1966, contribuyó de forma decisiva, al desprestigio de los argumentos a favor del determinismo genético y de la Psicología de las Diferencias Individuales. En el periodo que va desde los años ochenta hasta hoy, el debate parece haber perdido crispación y se han aceptado de forma mucho más generalizada las aportaciones de los estudios empíricos de la Genética de la Conducta, aceptándose así la importancia de la herencia en la variabilidad interindividual.
Otro elemento para la crítica lo constituye la polémica sobre la consistencia comportamental suscitada por las críticas de Mischel (1968). Estas críticas tienen repercusiones teóricas, en tanto que, al negar la consistencia, se cuestiona el concepto de rasgo, y metodológicas ya que se discute tanto los requisitos psicométricos de los cuestionarios de personalidad como el uso del análisis factorial. En este sentido, las críticas que formulan los metodólogos de orientación experimentalista al análisis factorial cuestionarán temporalmente el enfoque correlacional y el enfoque factorial, eje metodológico de la Psicología de las Diferencias.
Sin embargo, pronto comienzan a aparecer los primeros modelos factoriales de personalidad. Entre ellos son de destacar el modelo PEN de Eysenck (1947, 1967) y el modelo de Cattell (1946, 1950). H.J. Eysenck es el autor más representativo de los modelos factoriales-biológicos de la personalidad. Este autor formuló una de las teorías más consistentes y rigurosas de las raíces biológicas de la personalidad: el modelo PEN (Psicoticismo, Extraversión y Neuroticismo), una teoría sencilla y precisa en su formulación, con un alto poder descriptivo y explicativo. Por otro lado, R.B. Cattell es un claro exponente de los modelos factoriales-léxicos de personalidad, formulando una de las teorías más importantes en el terreno de las diferencias individuales en personalidad.
Ambos autores contribuirán de forma decisiva al nuevo auge y consolidación de la actual Psicología de las Diferencias Humanas.
La actual Psicología de las Diferencias Humanas.
Son varios los factores que contribuyen al nuevo auge de la Psicología de las diferencias. De entre ellos cabe destacar el gran impacto de los estudios de la Genética de la Conducta, la aparición de la Psicología Diferencial Cognitiva y la consolidación de los modelos factoriales de personalidad.
La Psicología Diferencial Cognitiva En los años 50 comienza a forjarse una alternativa paradigmática para la Psicología de la época: la corriente cognitiva. Durante las siguientes décadas y aún en nuestros días, se ha convertido en el obligado punto de referencia de cualquier investigación.
Hacia finales de los años ochenta, tras la crisis sufrida por el modelo de rasgos de personalidad, se reaviva el interés por el estudio factorial de la personalidad. Basándose en el uso de los términos del lenguaje como descriptores de los rasgos y características psicológicas individuales (tal y como ya lo hiciera Cattell), aparece el modelo de los cinco factores (Costa y McCrae, 1985, 1992; McCrae y Costa, 1986), uno de los modelos más utilizados en el estudio de la personalidad. Actualmente continúa la investigación de este modelo, apareciendo como un marco integrador de versiones dimensionalistas, diferencialistas y temperamentales en el estudio de la personalidad. En este sentido, trabajos recientes (McCrae y cols., 2000), acercan el concepto de temperamento al de rasgo y consideran que los “cinco grandes” son tendencias psicológicas de comportamiento con base biológica.
La Psicología de las Diferencias Humanas en España. Las figuras de Yela, Pinillos y Forteza, vinculadas a los nacientes estudios de Psicología en las Universidades españolas, plasman en sus investigaciones algunas tradiciones de pensamiento diferencial y marcan el inicio de una nueva época.
Por un lado, Yela investigó sobre “inteligencia verbal”, línea de trabajo que surge como resultado de su formación con Thurstone en Chicago. Igualmente se dedicó a la incorporación de instrumentos con garantías mínimas de aplicación en España.
Pinillos, por su parte, incorporó el pensamiento de Eysenck (con quien estuvo trabajando) en diferencias de personalidad, que se plasmó en un cuestionario que, aún hoy tiene actualidad y aplicabilidad (CEP).
Por último, Forteza se encargó de los inicios de la Psicología Diferencial como asignatura obligatoria en la Universidad Complutense de Madrid.
En la actualidad, son varios los aspectos que contribuyen al “buen” estado de la Psicología de las Diferencias en España.
Madrid, José Sánchez-Cánovas en la de Valencia, Antonio Andrés Pueyo en la de Barcelona y Manuel de Juan-Espinosa y Roberto Colom, en la Universidad Autónoma de Madrid.
Para terminar este capítulo, recogemos en el cuadro 1 las cuatro etapas del periodo científico de la Psicología de las Diferencias. En él se mencionan los principales momentos y autores.
ETAPAS DEL PERIODO CIENTÍFICO
CARACTERÍSTICAS Y AUTORES
1ª etapa: 1850-
Nacimiento de la Psicología Diferencial Teoría evolutiva de Darwin. Tests individuales de inteligencia que examinan a un solo sujeto cada vez. Aparición del CI. Principales autores: Galton, Spearman, Cattell, Binet y Stern (pilares de las cuatro grandes escuelas científicas: británica, americana, francesa y alemana respectivamente).
2ª etapa: 1910-
Desarrollo y configuración de la Psicología Diferencial : Desarrollo de la técnica de análisis factorial. Aparición de los tests grupales no verbales con la entrada de los Estados Unidos en la I Guerra Mundial ( Army Alpha Tests y Army Beta Test). Modelos de Inteligencia Primeros estudios de variables grupales como al edad y el sexo. Primeros pasos en la aproximación factorialista al estudio de la personalidad. Principales autores: Burt, Thurstone, Vernon.
3ª etapa: Periodo de diversificación en el terreno de la investigación de las diferencias individuales.
A efectos de conocimiento sistemático de las diferencias individuales, tradicionalmente se han distinguido dos aspectos distintos de la conducta, ambas facetas tienen que ver con la eficacia de la misma. La conducta de los individuos en las situaciones la podemos analizar desde dos puntos de vista que son: el del rendimiento o ejecución y el del estilo o configuración del comportamiento. Tanto en referencia al primer aspecto como al segundo, se han formulado en el contexto de la Psicología de las Diferencias, conceptos que son bien conocidos. Así, los conceptos más específicos que se agrupan en torno al rendimiento son Capacidad, Aptitud, Habilidad y Destreza. Por su parte, los conceptos de estilo son Constitución, Carácter, Temperamento y Personalidad. Entre los conceptos de rendimiento y estilo hay una cierta independencia teórica. Por el contrario, existen otros conceptos que comparten las dos calificaciones y son conceptos generados en la investigación empírica de la Psicología de las Diferencias, nos referimos a los conceptos de Estilo Cognitivo y Creatividad. Los anteriores conceptos específicos se han utilizado, especialmente, para el estudio de las diferencias interindividuales. Con respecto a las diferencias intergrupales, la Psicología de las Diferencias Humanas ha desarrollado una serie de acepciones particulares a conceptos que pertenecen al marco general del conocimiento científico. Las diferencias intergrupales utilizan las variables individuales para la clasificación de los grupos. Antes de llegar a una definición de la disciplina y para lograr una mejor comprensión de la misma, en este capítulo se expondrán estos conceptos que constituyen el bagaje conceptual de la Psicología de las Diferencias Humanas.
Conceptos genéricos
Rasgo Una característica determinante del concepto de rasgo es la consistencia. Esta propiedad ha sido, para la psicología de los rasgos, el motivo de que durante los años setenta y ochenta, se produjera uno de los debates más importantes en este terreno entre posturas teóricas encontradas. De hecho, este debate, identificado como el debate persona-situación, se dio entre la idea de que la personalidad es un “ constructo que sólo
está en la mente del observador “ (Mischel, 1973, 1990) y la idea de que existen unos rasgos de personalidad “ vivos y saludables ” (Epstein, 1977). En el fondo, el debate persona–situación es una discusión en torno a qué factores y/o procesos causan las diferencias individuales en el comportamiento. Para los situacionistas , los procesos que causan estas diferencias individuales corresponden al desarrollo cognitivo – social del individuo. Sin embargo, para los disposicionistas , es el desarrollo de los rasgos y su expresividad la principal causa de las diferencias individuales. Se exponen a continuación las diferentes concepciones del rasgo.
Rasgo como categoría descriptiva. El rasgo es conceptualizado como una clase de “dimensiones” conductuales, a las que se supone bipolares y en las que los sujetos difieren y se ordenan entre sí de modo estable. El rasgo se utiliza como constructo descriptivo para clasificar una serie de conductas de un modo más breve y resumido, pero sin proporcionar explicaciones causales. Esta concepción del rasgo le proporciona una función descriptiva y predictiva, pero no ofrece explicaciones causales de la conducta de la cual se infiere.
Rasgo como disposición latente Los autores que adoptan esta posición respecto al rasgo asumen, aunque con algunas diferencias, que los rasgos causan, o determinan de algún modo, la conducta. Ésta ha sido la concepción más criticada por Mischel (1973, 1990), puesto que se defiende no sólo la estabilidad mayor o menor de la conducta, sino unos determinantes o variables personales en la causa y explicación de la misma. Allport (1937, 1963), ocupa un lugar destacado en la consideración del rasgo como disposición o tendencia para la acción, relativamente duradera y permanente. Los rasgos forman parte de la estructura de la personalidad y aunque se pueden contemplar como categorías de clasificación, los rasgos se consideran causas o determinantes de la conducta. Allport distingue los rasgos de los hábitos , que se aplicarían a un limitado tipo de tendencia determinante. Un rasgo se forma, en parte, mediante la integración de numerosos hábitos específicos que tienen para el individuo la misma significación adaptativa general. El rasgo es más generalizado que el hábito y más variable en su expresión.
Capacidad y Aptitud
Para definir aptitud y capacidad es necesario conocer dos conceptos previos: rendimiento y habilidad. El rendimiento conductual en una tarea es un resultado cuantitativo analizado a la luz de un criterio de adecuación de las respuestas emitidas por el individuo (Andrés Pueyo, 1997). Las habilidades o destrezas se refieren a competencias desarrolladas en el sujeto, que están presentes en el momento de realizar una tarea y que se corresponden con el desarrollo de las capacidades o aptitudes potenciales del individuo. Así pues, la capacidad o aptitud son términos que se atribuyen a la potencialidad de las personas para ejecutar alguna conducta o habilidad y se refieren al nivel de rendimiento alcanzado en dicha conducta. Generalmente se acepta, en la Psicología de las Diferencias, que una capacidad o aptitud es un rasgo, con un cierto nivel de estabilidad y consistencia, que caracteriza el rendimiento de un individuo (en comparación con otros). Las aptitudes tienen un importante determinismo genético, esto es, las potencialidades para obtener un determinado rendimiento ante unas tareas concretas, tienen influencia genética. No es ni la conducta ni el patrón de conducta lo que se hereda sino la disposición a rendir en una tarea con un determinado nivel de eficacia.
Constitución, Temperamento, Carácter y Personalidad Por constitución entendemos la base biológica de un individuo. Desde la antigüedad se consideró que las variaciones morfológicas eran la base de las diferencias individuales. Para formalizar estas ideas se formuló el término constitución y se relacionó con el temperamento y el carácter. En la actualidad, las teorías constitucionales que hacen referencia a la parte más estática de la constitución (anatomía, relación entre tejidos, etc.), han dado paso a las teorías fisiológicas basadas en el funcionamiento de los neurotransmisores en el sistema nervioso central (Eysenck, 1967; Tous, 1986; Cloninger, 1987). Estas nuevas teorías tienen una gran importancia en la interpretación de los mecanismos que fundamentan los rasgos del temperamento y, a través de ellos, sus efectos en la personalidad. El temperamento facilita la comprensión de las diferencias en personalidad en cuanto a su determinación biológica y consistencia comportamental.
En comparación con el temperamento, el carácter representa otro elemento de la estructura de la personalidad, que ha recibido un tratamiento no-científico en la historia de la psicología. Se trata de una combinación de valores, sentimientos, y actitudes. Todos ellos son fenómenos muy matizados por los valores éticos-morales de la sociedad en la que viven los individuos, por ello, precisa de un estudio más cualitativo que cuantitativo. Cattell (1966), ha realizado notables esfuerzos por dimensionalizar este constructo. En psicología, la personalidad se define, de forma muy genérica, como el conjunto de formas y modos característicos de enfrentarse al medio de un individuo. Sin embargo, sobre la personalidad, su naturaleza y sus dimensiones, existe en la actualidad un gran número de teorías que formulan su propia definición del constructo. La personalidad es el constructo que mejor refleja la realidad individual de las diferencias entre las conductas de las personas. Eysenck (1985), uno de los máximos exponentes en el estudio de la personalidad, propone la misma como la combinación de cuatro tipos distintos de rasgos: los de naturaleza morfológica o constitucional; los de naturaleza emocional o temperamental; los de naturaleza cognitiva o capacidades intelectuales; y los de naturaleza conativa o caracteriales.
Creatividad La creatividad, como concepto específico de la Psicología de las Diferencias Humanas, fue formulado por Guilford (1954) para justificar la existencia de diferencias en el rendimiento que no se pueden atribuir a las diferencias en inteligencia u otros rasgos cognitivos. Se trata de un concepto que ha sido considerado y definido de muy diversas formas, por los diferentes autores. Así, para algunos la creatividad es un rasgo de naturaleza cognitiva y se corresponde con una capacidad especial (Minton y Schneider, 1984), mientras que otros la consideran un rasgo de tipo temperamental (Guilford, 1954).
Estilos Cognitivos Los estilos cognitivos hacen referencia a la manera de percibir, recordar y pensar (Kogan, 1971). Es un término que fue formulado inicialmente por Witkin (1962) y posteriormente desarrollado por el autor y sus colaboradores. Se caracterizan por ser