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Entegable de comunicaciones, Apuntes de Derecho Mercantil

Lenguaje de todo lo que es Comunicación

Tipo: Apuntes

2024/2025

Subido el 24/04/2025

carlos-mendigure-jordan
carlos-mendigure-jordan 🇵🇪

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YO SOY YO: LA DIFERENCIACIÓN COMO ESTRATEGIA PROFESIONAL
El futuro donde todo —productos, servicios, empresas, personas— son marcas está
aquí ya. ¿Qué tienen en común la ciudad de Barcelona, la cantante Jennifer Lopez y
las zapatillas Adidas? Respuesta: las tres son marcas.
Las marcas, y por ende el marketing, ya no se limitan a comunicar los beneficios de
determinados productos o servicios. Hoy miramos el mundo con ojos de
consumidores: asociamos lugares, personas y cosas con determinados valores, en
función de los cuales decidimos si nos interesan o no. De este modo, nos formamos
una imagen del otro.
La marca personal es la manera de clarificar y comunicar aquello que nos hace
diferentes y especiales, y de emplear esas cualidades para guiar nuestra carrera o
tomar nuestras decisiones estratégicas. Se trata de comprender cuáles son los
atributos—fortalezas, habilidades, valores y pasiones— que nos hacen únicos y de
emplearlos para diferenciarnos de nuestros competidores y de nuestros iguales. En
este sentido, la marca personal consiste en comunicar de modo claro la promesa de
valor única que ofrecemos a nuestra empresa o a nuestros clientes.
Un mercado laboral cada vez más inestable requiere que las personas definamos
nuestros valores y los comuniquemos, con el objetivo de diferenciarnos ante
nuestro «público objetivo» (nuestro entorno profesional). Ya no basta con «ser
conocido»: importa «ser conocido como» (como editor meticuloso, como comercial
con iniciativa...).
Nuestra marca nos permite singularizarnos a ojos de los demás. Esta diferenciación
resulta imprescindible no ya para el avance, sino para la misma supervivencia
laboral. Los mercados son espacios donde cada vez hay más concurrencia. ¿A
cuántas personas conoces que prestan los mismos servicios que tú? Y la pregunta
clave: ¿en qué te diferencias de ellas? No se trata de ser mejor que el resto: se trata
de sacar partido de aquellos valores propios que nos hacen distintos.
En algunos casos, la marca personal no sólo tiene un valor profesional, sino
directamente económico. Me refiero a las «personas marca» (en inglés, celebrities).
La marca de algunos profesionales vale millones.
En la actualidad encontramos personas-marca en todos los sectores. Entran en
juego los chefs, que han podido mantener restaurantes deficitarios gracias a otras
actividades ligadas directamente al atractivo de su marca personal. Otros nuevos
colectivos son los arquitectos de renombre: según algunos cálculos, cada euro
invertido en un edificio firmado por un arquitecto repercute 9,5 euros en impacto
social.
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YO SOY YO: LA DIFERENCIACIÓN COMO ESTRATEGIA PROFESIONAL

El futuro donde todo —productos, servicios, empresas, personas— son marcas está aquí ya. ¿Qué tienen en común la ciudad de Barcelona, la cantante Jennifer Lopez y las zapatillas Adidas? Respuesta: las tres son marcas. Las marcas, y por ende el marketing, ya no se limitan a comunicar los beneficios de determinados productos o servicios. Hoy miramos el mundo con ojos de consumidores: asociamos lugares, personas y cosas con determinados valores, en función de los cuales decidimos si nos interesan o no. De este modo, nos formamos una imagen del otro. La marca personal es la manera de clarificar y comunicar aquello que nos hace diferentes y especiales, y de emplear esas cualidades para guiar nuestra carrera o tomar nuestras decisiones estratégicas. Se trata de comprender cuáles son los atributos—fortalezas, habilidades, valores y pasiones— que nos hacen únicos y de emplearlos para diferenciarnos de nuestros competidores y de nuestros iguales. En este sentido, la marca personal consiste en comunicar de modo claro la promesa de valor única que ofrecemos a nuestra empresa o a nuestros clientes. Un mercado laboral cada vez más inestable requiere que las personas definamos nuestros valores y los comuniquemos, con el objetivo de diferenciarnos ante nuestro «público objetivo» (nuestro entorno profesional). Ya no basta con «ser conocido»: importa «ser conocido como» (como editor meticuloso, como comercial con iniciativa...). Nuestra marca nos permite singularizarnos a ojos de los demás. Esta diferenciación resulta imprescindible no ya para el avance, sino para la misma supervivencia laboral. Los mercados son espacios donde cada vez hay más concurrencia. ¿A cuántas personas conoces que prestan los mismos servicios que tú? Y la pregunta clave: ¿en qué te diferencias de ellas? No se trata de ser mejor que el resto: se trata de sacar partido de aquellos valores propios que nos hacen distintos. En algunos casos, la marca personal no sólo tiene un valor profesional, sino directamente económico. Me refiero a las «personas marca» (en inglés, celebrities). La marca de algunos profesionales vale millones. En la actualidad encontramos personas-marca en todos los sectores. Entran en juego los chefs, que han podido mantener restaurantes deficitarios gracias a otras actividades ligadas directamente al atractivo de su marca personal. Otros nuevos colectivos son los arquitectos de renombre: según algunos cálculos, cada euro invertido en un edificio firmado por un arquitecto repercute 9,5 euros en impacto social.

Algunas personalidades ven incluso cómo los valores que irradia su marca personal son tan poderosos que terceras partes, sin derecho alguno sobre los mismos, desean explotarlos. Éste es el caso del expresidente sudafricano Nelson Mandela, quien tuvo que recurrir a sus abogados para frenar el abuso comercial de su imagen. Barack Obama, Ferran Adrià o Lady Gaga son ejemplos muy visibles de marcas personales. Definir bien la propia marca no equivale a ser famoso, pero lo contrario sí es cierto: aquellos famosos que no nos dejan indiferentes tienen muy pulidos sus valores. Les resulta sencillo asociarse a empresas a las que prestar su imagen, porque estos valores resultan fácilmente identificables a ojos de los consumidores. Es importante señalar que marca personal no es igual a reputación. Mi marca personal se basa en los valores que yo percibo en mí y en la manera en que creo que debo transmitirlos. Mi reputación depende de lo que los otros piensen de mí. Mi marca está en mis manos; mi reputación, no. Sin embargo, puedo influenciarla comunicando adecuadamente mi marca. La gestión adecuada de mi marca —y, por lo tanto, de mi reputación— me permite diferenciarme en el mercado y ser reconocido por los valores que me distinguen como profesional. A veces nos preguntamos qué pensarán otros de nosotros o si nos estamos explicando bien. La marca personal busca precisamente alinear las tres percepciones que conforman nuestra reputación: cómo me veo, cómo me ven los demás y cómo creo que me ven los demás. La creación de una marca personal es un proceso que sigue las siguientes etapas lógicas, similares a las de cualquier campaña de marketing:

  • Definir: qué entendemos por nuestra marca personal: establecer qué valores nos singularizan.
  • Fijar: los objetivos personales que deseamos lograr a través de nuestra marca.
  • Establecer: cuál es nuestro público objetivo.
  • Posicionar: conocer cuál es nuestra reputación actual y planificar las acciones para adecuarla a nuestros valores y objetivos.
  • Comunicar: transmitir nuestra propuesta a nuestro público objetivo.
  • Revisar: las situaciones cambian, nosotros evolucionamos. Debemos reajustar periódicamente nuestra comunicación personal.