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es un mapa conceptual del sistema nervioso central
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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La sangre siempre ha suscitado un misterio especial. Desde tiempos inmemoriales, las personas han visto salir sangre del cuerpo y, con ella, han visto perder la vida a los individuos. Se suponía que la sangre portaba una misteriosa “fuerza vital”, de modo que los gladiadores romanos la bebían para fortificarse para el combate. Aun hoy día, las personas se alarman cuando sangran, y el impacto emocional de la sangre es suficiente para hacer que muchas personas se desmayen con sólo verla. Desde el antiguo Egipto hasta Estados Unidos del siglo XIX, los médicos drenaban la “mala sangre” de los pacientes para tratar cualquier afección, desde la gota hasta la cefalea, desde los calambres menstruales hasta la enfermedad mental. Durante mucho tiempo se pensó que los rasgos hereditarios se transmitían por la sangre, y aún se usan muchas expresiones infundadas como “tengo una cuarta parte de sangre indígena”. Hasta que los primeros microscopios permitieron ver sus células, la sangre fue casi desconocida, y a pesar de que es un tejido con un único acceso, la mayor parte del conocimiento acerca de ella data sólo de los últimos 50 años. Recientes estudios en este campo han permitido salvar y mejorar la vida de muchas personas que de otra manera hubieran sufrido o perdido la vida (Saladin, 2013).
1.1 ¿Qué es la sangre? La sangre es el líquido corporal utilizado con más frecuencia para realizar pruebas analíticas. Los estudios sanguíneos se emplean para valorar un gran número de procesos corporales y enfermedades. Las pruebas más comunes determinan la cantidad de eritrocitos y leucocitos, las concentraciones enzimáticas, lípidos, factores de coagulación y hormonas. (Pagana & Pagana, 2015) La sangre es un tejido conectivo compuesto de un líquido denominado plasma y elementos celulares, entre los cuales se encuentran leucocitos, plaquetas, y eritrocitos. Un adulto
normal tiene alrededor de seis litros de este líquido vital, el cual representa de un 7 a 8 % del peso corporal total.
El plasma constituye casi 55% del volumen sanguíneo, mientras que 45% está compuesto de eritrocitos y 1% se forma de leucocitos y trombocitos. Con frecuencia las variaciones de estos elementos sanguíneos son el signo de enfermedad que se presenta en tejidos corporales.
Las inmunoglobulinas y el complemento son proteínas sanguíneas especializadas que participan en la respuesta inmunitaria. Las proteínas de la coagulación encargadas de mantener una hemostasia normal, circulan en la sangre como enzimas inactivas hasta que se les requiere para el proceso de la coagulación. Un desequilibrio en los elementos disueltos en el plasma puede ser causa de alguna enfermedad en otros tejidos corporales. (Mckenzie, 2000)
Componentes de la sangre. Obtenido de: Saladin, K. S. (2013). ANATOMÍA FIOLOGÍA La unidad entre FORMA y FUNCIÓN. México: McGRAW -HILL.
2.2 Leucocitos En situaciones normales, la sangre humana contiene 4 000 a 11 000 leucocitos por microlitro. De éstos, los granulocitos (leucocitos polimorfonucleares [PMN]) son los más numerosos. Los granulocitos jóvenes tienen núcleo con forma de herradura, el cual se vuelve multilobulado conforme la célula madura. La mayoría de estas células contiene gránulos neutrofílicos (neutrófilos), pero unos cuantos poseen gránulos que se tiñen con pigmentos ácidos (eosinófilos) y algunos presentan gránulos basofílicos (basófilos). Los otros dos tipos celulares normales de la sangre periférica son los linfocitos; éstos tienen grandes núcleos redondos y citoplasma escaso y, los monocitos, los cuales muestran citoplasma abundante sin gránulos y núcleos con forma de riñón. (Barret, Barman, Boitano, & Brooks, 2010)
2.3 Plaquetas Las plaquetas son pequeños cuerpos granulados que se agregan en sitios de lesión vascular. Carecen de núcleo y miden 2 a 4 μm de diámetro. Hay cerca de 300 000/μl de sangre circulante, y su vida media normal es de cuatro días. Los
megacariocitos, células gigantes en la médula ósea, dan origen a las plaquetas mediante la separación de fragmentos de citoplasma que expulsan a la circulación. Entre 60 y 75% de las plaquetas expulsadas de la médula se halla en la sangre circulante; el resto se encuentra sobre todo en el bazo. La esplenectomía produce aumento del recuento plaquetario (trombocitosis). (Barret, Barman, Boitano, & Brooks, 2010)
2.4 Plasma sanguíneo Aunque el plasma sanguíneo no tiene anatomía que pueda estudiarse por medios visuales, su importancia como matriz de este tejido conjuntivo líquido llamado sangre no puede ignorarse. El plasma es una mezcla compleja de agua, proteínas, nutrientes, electrólitos, desechos nitrogenados, hormonas y gases. Cuando se coagula la sangre y se retiran los sólidos, el líquido remanente es el suero sanguíneo. En esencia, el suero es idéntico al plasma, excepto por la ausencia del fibrinógeno coagulante, una proteína. En cuanto a peso, las proteínas son el soluto más abundante en el plasma, de 6 a 9 g/100 ml. Las proteínas plasmáticas desempeñan diversos papeles, entre los que se incluyen la coagulación, la defensa y el transporte de otros solutos como el hierro, el cobre, lípidos y hormonas hidrofóbicas.
El componente más importante del plasma es el agua, la cual contiene iones disueltos, proteínas, carbohidratos, grasas, hormonas, vitaminas y enzimas los principales iones necesarios para una función celular incluye calcio, sodio, potasio, cloro, magnesio e hidrogeno. La proteína principal que constituye al plasma es la albumina, la cual es la principal es el principal componente más importante para conservar la presión osmótica; la albumina también actúa también como una molécula transportadora llevando compuestos como la
Sustancias del plasma Obtenido de: Tortora, G., & Derrickson, B. (2013). principios de Anatomía y Fisiología. México: Médica Panamericana.
El color varía del rojo claro y brillante al rojo oscuro o negruzco dependiendo de su estado de oxigenación, y que se encuentra contenido en los vasos sanguíneos y en las cavidades cardíacas. Cuando la hemoglobina capta oxígeno para transportarlo desde los órganos respiratorios a los tejidos forma oxihemoglobina, que es de color escarlata (es la sangre arterial), pero cuando pierde el oxígeno presenta el color rojo oscuro de la sangre venosa. Ciertos trastornos pueden cambiar el color de nuestra sangre
Tomada de:
http://yarlinysmarin.blogspot.mx/2015/08/de-muestra-sanguinea-que-permite.html
Cuando un vaso sanguíneo pequeño se corta o daña, la lesión inicia una serie de fenómenos que conducen a la formación de un coágulo. Éste sella la región dañada e impide la pérdida adicional de sangre. El fenómeno inicial es la constricción del vaso y la formación de un tapón hemostático temporal de plaquetas, el cual comienza cuando las plaquetas se unen con la colágena y se agregan. Luego sigue la conversión del tapón en un coágulo definitivo. La constricción de una arteriola o arteria pequeña dañada tal vez sea tan intensa que se obstruya su luz, al menos por un tiempo. La vasoconstricción se debe a la serotonina y otros vasoconstrictores liberados de las plaquetas que se adhieren a las paredes de los vasos dañados.(Barret, Barman, Boitano, & Brooks,
El volumen sanguíneo total constituye del 7 al 8% del peso corporal de un adulto, lo que indica que un individuo de 70 kilos tiene aproximadamente 5.5 L de sangre. Este volumen está compuesto tanto por el líquido extracelular, que es el plasma, como por los elementos formes de la sangre, que también contienen líquido en su interior, sobre todo los eritrocitos, que contienen hemoglobina disuelta en agua. Teniendo en cuenta que el hematocrito representa el 45% del volumen sanguíneo total, un adulto tiene aproximadamente 2 000 a 2 400 mL de eritrocitos, que representan del 3.2 al 3.5% del peso corporal, y de 3000 a 3500 mL de plasma que representa el 5% del peso total. En los varones, el volumen de sangre es de 61 a 66 mL/kg, de los cuales 24 a 30 mL/kg son eritrocitos y 33 a 35 mL/kg son plasma. En las mujeres estos valores son de 1 a 2 mL menos. En relación con la superficie corporal, el volumen sanguíneo de un adulto es de 2.89 L/m2 en el hombre y de 2.44 L/m2 en la mujer. En los jóvenes y en los niños el volumen es relativamente mayor. Al nacimiento, el volumen sanguíneo es de aproximadamente 300 mL y se duplica durante el primer año de vida. En los lactantes, el volumen sanguíneo es hasta de 83 mL/kg. Más de la mitad del volumen total de sangre, esto es, el 64%, se encuentra en las venas; el 13% en las arterias, el 9% en la circulación pulmonar, el 7% en los capilares y arteriolas y el otro 7% en las cavidades cardíacas. El volumen sanguíneo presenta variaciones fisiológicas. Durante el ejercicio físico prolongado disminuye debido a la pérdida
El pH de la sangre humana debe ser ligeramente alcalino (7.35 – 7.45). En los seres humanos, se estima que el valor promedio de PH en la sangre es 7.4 , para que nuestro organismo pueda llevar a cabo sus funciones correctamente. Este dato se refiere concretamente al plasma sanguíneo, pues, al practicar la medición del pH en la sangre, únicamente existe contacto entre el electrodo de vidrio y el plasma, quedando ignorado, por tanto, el valor del pH intraeritrocitario. El valor del pH de los eritrocitos, difícilmente medible, se aparta del correspondiente al plasma y se evalúa, aproximadamente, en 7.28 – 7.29. Por regla general, el término “pH sanguíneo” se refiere siempre al valor del pH del plasma. Evidentemente, no todos tenemos el mismo valor de PH, incluso varía a lo largo del día, dependiendo de distintos factores como el esfuerzo físico o la alimentación. Sin embargo, el rango para mantener la vida y las funciones biológicas es muy estrecho.
Cualquier valor por debajo de 7.34 se considera en estado de acidosis , y cualquier valor por encima de 7.47 se considera en estado de alcalosis. El rango es reducido y una mínima variación altera considerablemente las labores funcionales de nuestro cuerpo. Es decir, tanto la acidosis como la alcalosis trastornan el terreno óptimo en el que se desarrolla nuestra vida celular, provocando todo tipo de trastornos en la salud.
La sangre humana muestra, pues, una reacción débilmente alcalina. A pesar de la constante cesión fluctuante de productos metabólicos ácidos a la sangre, el pH de esta última se mantiene constante con gran exactitud. Esta constancia es una premisa importante para el apropiado mantenimiento de un curso metabólico regulado en las células del organismo, porque todos los enzimas que participan en el metabolismo dependen del pH para su actividad. En condiciones patológicas, los diversos enzimas son afectados en proporción variable por las alteraciones del pH, de forma que estos trastornos pueden tener consecuencias en el curso de los fenómenos metabólicos (Thews, Mutschler, & Vaupel, 1983)
Se clasifican de dos formas:
Dependencia tanto de las células como del plasma:
Funciones celulares: Transporte de gases. Distribución de células de defensa (inmunidad celular). Distribución de plaquetas (hemostasia primaria). Distribución de células madre (stem cells). Reparación de lesiones vasculares y tisulares.
Funciones plasmáticas Transporte de nutrientes. Transporte de iones. Transporte de hormonas. Transporte de anticuerpos y complemento (inmunidad humoral). Transporte de sustancias de desecho. Regulación del medio interno (homeostasis). Hemostasia.
Los eritrocitos se encargan de mantener la respiración tisular, al transportar oxígeno y anhídrido carbónico; de forma secundaria, participan en la regulación de iones y colaboran con otras células en los mecanismos de la hemostasia.
Los leucocitos tienen funciones de defensa contra numerosos microorganismos, así como de reparación tisular y de regulación de la inmunidad humoral y celular. Las plaquetas participan en la hemostasia primaria y en la integración del coágulo, así como en la reparación tisular.
El plasma tiene numerosas funciones: transporta sustancias de desecho (creatina, creatinina, bilirrubinas, nitrógeno ureico, etc.), hormonas, elementos nutritivos (carbohidratos, aminoácidos, lípidos), así como fármacos. Además, el plasma es capaz de mantener el equilibrio de las condiciones propicias para el funcionamiento celular en los tejidos que irriga, dando lugar al llamado “medio interno”, a través de la filtración de líquidos, iones y nutrientes. También mantiene el equilibrio hídrico, ácido-base e iónico, estado conocido como homeostasis. La sangre, siendo líquida, puede derramarse cuando existe una pérdida de continuidad en el sistema de vasos que la contienen. Para limitar este fenómeno, (hemorragia), la sangre es capaz de cambiar su estado físico en la zona de lesión vascular, formando inicialmente un tapón hemostático de plaquetas y, a la postre, un coágulo completo, con lo que evita la pérdida de parte de su volumen total. A esta función, que se opone a la hemorragia, se le conoce con el término de hemostasia. (Tresguerres, 2005)
9.3 Regulación
Al considerar la importancia del transporte eficiente de materiales, desechos, hormonas y, sobre todo, oxígeno de un lugar a otro, es fácil comprender por qué una pérdida excesiva de sangre es fatal en un periodo corto, así como por qué el aparato circulatorio necesita mecanismos para minimizar estas pérdidas. (Saladin,
Barret, K., Barman, S., Boitano, S., & Brooks, H. (2010). Fisiología Médica. México: McGraw-Hill.
Mckenzie, S. B. (2000). Hematalogía Clínica. México: Manual Moderno.
Pagana, K., & Pagana, T. (2015). LABORATORIO CLÍNICO. México: Manual Moderno.
Saladin, K. S. (2013). ANATOMÍA FISIOLOGÍA La unidad entre FORMA y FUNCIÓN. México: McGRAW-HILL.
Tortora, G., & Derrickson, B. (2013). principios de Anatomía y Fisiología. México: Médica Panamericana.
Tresguerres, J. A. (2005). Fisiología Humana. México: McGRAW-HILL.