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curso de 4to en donde se analiza la progresión de escoliosis
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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Semin Fund Esp Reumatol. 2007;8:88-
Vol. 8 / Núm 2 - pp. 88-97 / 2007 SEMINARIOS DE LA FUNDACIÓN ESPAÑOLA DE REUMATOLOGÍA
La escoliosis idiopática (EI) es una deformidad tri- dimensional de la columna vertebral caracterizada por la lateralización de las curvas fisiológicas y por la rotación vertebral. Puede aparecer en 3 períodos bien diferenciados: la escoliosis infantil, que co- mienza antes de los 3 años y tiene una prevalencia del 1% entre todas las escoliosis; la escoliosis juve- nil, que abarca desde los 4 años hasta la pubertad y tiene una prevalencia del 12-21%, y por último, la escoliosis del adolescente, la más frecuente (80% de la totalidad de las escoliosis), que abarca desde los 10 años hasta el final del crecimiento^1. Actual- Key words: Idiopathic scoliosis. Progression factors. Brace. Palabras clave: Escoliosis idiopática. Factores de progre- sión. Corsés. ABSTRACT Our knowledge on the idiopathic scoliosis as specialists to the locomotive system must be precise, with the purpose to being guides to the patient. The physician must be able to differentiate scoliosis patients with a minimal possibility of progression or stable, of those scoliosis with a high risk of progression. Although the clinical aspect in the idiopat- hic scoliosis can be similar, these can take very different prognoses. The natural history of the idiopathic scoliosis and its progression, are determined by factors of progres- sion related to the potential of growth, and factors depen- dent on the proper scoliosis curve. There are multiple va- riables that influence the progression of the curve, as in the success or the failure of the brace treatment. The objective of this work has been to review the scienti- fic knowledge on the prognosis factors of the idiopathic scoliosis that influences in the progression of the curves with or without brace, trying to clarify RESUMEN Como especialistas del aparato locomotor, nuestros conoci- mientos sobre la escoliosis idiopática deben ser precisos, con el fin de ser consejeros y guías del paciente. El médico debe saber diferenciar pacientes escolióticos con una míni- ma posibilidad de progresión o estables, de los escolióticos con un alto riesgo de progresión. A pesar de que el aspecto clínico en las escoliosis idiopáticas puede ser parecido, éstas pueden tener pronósticos muy dispares por la diferente pro- gresión y gravedad de sus curvas. La historia natural de la escoliosis idiopática y su progresión está determinada por factores de progresión relacionados con el potencial de cre- cimiento y factores dependientes de la propia curva escolió- tica, múltiples variables que influyen tanto en la progresión de la curva como en el éxito o el fracaso del tratamiento or- tésico. El objetivo de este trabajo es el de revisar el conocimiento científico sobre los factores pronóstico de la escoliosis idio- pática que influyen en la progresión de las curvas con y sin corsé, intentando
2007;8:88- 97 mente, a pesar de los importantes avances diagnós- ticos y terapéuticos, sigue sin conocerse la causa de la mayoría de las escoliosis. El diagnóstico de la EI se hace por exclusión, en ausencia de malformacio- nes vertebrales, neurológicas y musculares^2. Un aspecto de gran interés en la EI es la posibili- dad de progresión de la curva; de hecho, muchas decisiones terapéuticas se llevan a cabo sobre la base de un posible aumento de la curva escolióti- ca (CE). Sabemos que la historia natural de la EI y su progresión está determinada por múltiples factores3,4, unos relacionados con el potencial de crecimiento y otros dependientes de la propia CE.
FACTORES DE PROGRESIÓN EN LAS ESCOLIOSIS IDIOPÁTICAS
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Edad cronológica La EI se produce durante los años de desarrollo es- quelético y puede aparecer, como ya se ha dicho, en 3 períodos bien diferenciados (infantil, juvenil y adolescencia). Esta clasificación no está exenta de críticas^7 , ya que no tiene en cuenta la edad real a la cual aparece la deformidad –lo que sería difícil de establecer–, sino la edad a la que se detecta la en- fermedad por primera vez. Por otra parte, la edad cronológica en sí no parece tener un valor pronós- tico, ya que no tiene por qué corresponderse con la edad ósea. Cabría pensar que las curvas infantiles y juveniles deberían ser menos estructuradas, por su menor madurez ósea, y por tanto más fáciles de re- ducir que las escoliosis del adolescente. Sin embar- go esto no es así, ya que se piensa que estas curvas pueden ser de más larga evolución. A menor edad, más tiempo de evolución para la progresión de la curva, y es el tiempo de evolución y no la edad del paciente lo que determina una mayor estructura- ción y, por tanto, un peor pronóstico. Por otra par- te, durante la adolescencia existe una aceleración de la actividad de los cartílagos de crecimiento, y es de esperar que curvas preexistentes, al entrar en este período, experimenten un incremento de su grado. Por otra parte, se ha pensado durante mu- cho tiempo que cuando el paciente alcanzaba la madurez esquelética no se producía una posterior progresión de la curva. Sin embargo, algunos estu- dios, entre los que destaca el realizado por Duriez^8 , han demostrado que las curvas pueden continuar progresando durante toda la vida. En general, las curvas menores de 30° tienen pocas probabilida- des de aumentar, independientemente del tipo de curva. Algunas curvas de más de 30°, y especial- mente las torácicas de más de 50°, continúan pro- gresando después de la madurez esquelética. Sexo La prevalencia por sexo en curvas menores de 10° es equivalente, pero en curvas mayores de 30° incre- menta su prevalencia a 10/1 a favor de las niñas^9. Es- tos datos han hecho considerar clásicamente al sexo femenino como un factor de riesgo, aunque el sexo es uno de los factores pronóstico más controvertido.
2007;8:88- 97 FACTORES DE PROGRESIÓN EN LAS ESCOLIOSIS IDIOPÁTICAS Estadio de madurez sexual En el caso de las mujeres, la aparición de la mens- truación indica un menor riesgo de progresión de la curva^10. Por tanto, el retraso de la pubertad y de la menarquia, frecuente en mujeres atletas, es otro factor de riesgo de progresión. Se estima que el hi- poestrogenismo causa un retraso en la menarquia y un retraso en la maduración de los centros de osi- ficación de la columna, predisponiendo a la inesta- bilidad vertebral^11. Crecimiento en altura y talla Otro factor pronóstico controvertido es la relación existente entre el crecimiento en altura y la progre- sión de la curva. Los estudios de crecimiento son siempre difíciles de interpretar, debido a que varia- bles como la talla y la edad tienen un valor relativo y están condicionadas por otras variables como el sexo, la madurez ósea, la velocidad de crecimiento y la menarquia. Recientemente, un estudio con un modelo matemático realizado por Escalada et al^12 encontró una buena correlación entre el valor an- gular (VA) y el aumento de la talla, demostrando que la progresión angular ocurre al mismo tiempo que el crecimiento de la talla, al igual que el VA cesa cuando concluye el crecimiento. Estas obser- vaciones eran especialmente válidas en niñas con- troladas sin el uso del corsé, donde se apreciaba un aumento de ambos valores hasta los 2,5 años des- pués de la menarquia, incremento que era clínica- mente irrelevante un año después de la misma. Sin embargo, en los pacientes tratados con corsé la ta- lla se estabilizaba después de un año de la menar- quia, mientras que los VA se estabilizaban en el tiempo de la menarquia. Este resultado probable- mente se debía al efecto estabilizador del corsé. La relación entre el aumento de la talla y la progre- sión de la curva depende mucho de los grados de la curva de los que parte el paciente en el momento del pico de crecimiento. En la práctica clínica no se sabe cuándo se produce el pico de velocidad de cre- cimiento (PVC), por lo que se suele considerar la menarquia como el período aproximado de este pico para poder comparar pacientes. Algunos auto- res, como Donald et al^6 , describen este potencial de crecimiento de una manera cuantitativa, conside- rando como tal un crecimiento mayor o igual a
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2007;8:88- 97 ser hay en el momento del diagnóstico (menor ma- durez ósea). Con respecto a la correlación existente entre la magnitud de la curva y la madurez ósea, Lonstein et al^4 observaron que pacientes sin tratar con cur- vas mayores de 20° tenían 3 veces más riesgo de progresión con un índice Risser 0-1 que con un ín- dice Risser 2-5. También pudieron comprobar que los pacientes con un índice Risser 0-1 tenían 3 ve- ces más riesgo de experimentar progresión con curvas mayores de 20° que con curvas menores de 20°. Cartílago trirradiado de la cadera Este hallazgo radiográfico es otro factor relaciona- do con el potencial de crecimiento, aunque hay poca literatura al respecto. La fusión del cartílago trirradiado (ilion, isquion y pubis) indica un menor riesgo de progresión de la CE^15. FACTORES DE PROGRESIÓN DEPENDIENTES DE LA CURVA Existe un acuerdo común por el cual se consideran factores pronóstico de progresión de las EI tanto la magnitud inicial de la curva como los grados de ro- tación vertebral. Considerar el tipo de patrón de la curva como pronóstico de progresión es más con- trovertido. Estos factores se correlacionan a su vez con los factores relacionados con el potencial de crecimiento mencionados anteriormente. Magnitud de la curva El valor pronóstico más importante de progresión en la EI es la magnitud inicial de la curva. El méto- do más utilizado para medir el valor angular de una EI es el método Cobb (fig. 1). En general, se habla de un “límite crítico” de 30°, a partir del cual la progresión de la curva está casi garantizada sin un tratamiento ortopédico. En un estudio prospectivo realizado por Nachem- son y Peterson^16 con pacientes tratados con y sin corsé, y limitado a curvas simples entre 25 y 35° con inmadurez ósea y vértebra ápex entre T10- L2, se observó progresión en el 66% de los pacientes
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que no recibían tratamiento ortopédico. En pacien- tes tratados con medidas ortopédicas (corsé de Boston) sólo se encontró progresión en el 26% de ellos. De este modo sugirieron que el uso de corsés es más eficaz en la prevención de la progresión de la EI, que otras medidas conservadoras no ortopé- dicas. Sus resultados fueron satisfactorios en el 74% de los pacientes tratados con corsé, con tan sólo el 34% de buenos resultados en pacientes sin tratamiento ortopédico. Montgomery^17 observó un escaso número de fraca- sos con curvas menores de 35° y un fracaso en las curvas de más de 35° tratadas con corsé. Se podría por tanto pronosticar un mayor riesgo de fracaso en curvas mayores de 35° y el alto número de éxito en curvas menores de 35°. Dicho autor también pudo comprobar que curvas mayores de 45° exce- dían el límite donde el corsé era efectivo, y existía al menos 300 veces más riesgo de fracaso si el tra- tamiento con corsé se iniciaba con curvas mayores de 45° que si se iniciaba con curvas entre 25 y 35°, independientemente del patrón de la curva, de la madurez ósea, del estado de menarquia y del tipo de corsé utilizado. Con respecto a curvas grandes (36-45°), existen pocos trabajos que estudien su evolución natural. Bunnell^3 estudió la historia natural de 123 pacien- tes sin tratar (por negativa del paciente) y observó una progresión mayor de 5° en el 67% de las curvas entre 30 y 40° y en el 78% de las curvas entre 40 y 50°. Mantener la curva por debajo de los 35° significa que el paciente tiene un buen pronóstico para evi- tar una progresión grave en la edad adulta. Win- ter^18 aporta un trabajo donde refiere que curvas menores de 40-50° tienen poco riesgo de progre- sión en la vida adulta, y es por ello por lo que no se necesitan correcciones quirúrgicas. Otros investi- gadores, como Miller^9 , refieren que curvas entre 30 y 50° progresan una media de 10 a 15° durante la vida adulta. También señala que curvas mayores de 50° tras la maduración ósea progresan una media de 1° al año. A pesar de que el ángulo de Cobb es el método más utilizado para caracterizar las curvas escolióticas, no está exento de inconvenientes. Como ya se ha mencionado, se considera indicativo de progresión de la curva un ángulo de Cobb mayor de 5° para
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Sin embargo, otros autores, como Emans et al^23 , re- fieren que el patrón de la curva tiene poco valor pronóstico en pacientes tratados con el corsé de Boston, excepto en las curvas toracolumbares sim- ples, que tienen mejores resultados que las curvas dobles mayores. Estas diferencias entre Emans y el resto de estudios podrían deberse a que las curvas estudiadas por este autor oscilaban entre 25 y 59° antes del tratamiento (rangos muy amplios), a que el mayor número de pacientes tenían curvas meno- res de 30° (curvas menores de 30° implican menor progresión) y a que incluyó pacientes con grados Risser 3 y 4 (a mayor gradación Risser menor pro- gresión). Estos hechos mencionados limitan los re- sultados en cuanto al valor pronóstico de dicho corsé. Con respecto a la orientación de la curva, se obtie- nen mejores resultados en las de convexidad iz- quierda que en las de convexidad derecha^24. Esto se podría explicar porque en la EI la localización de las curvas izquierdas son preferentemente lumba- res y dorsolumbares, y en éstas se obtiene un mayor porcentaje de reducción durante el uso del corsé que en las de localización torácica de predo- minio derecho y de peor pronóstico. Rotación La rotación de los cuerpos vertebrales demuestra el grado de desviación patológica y la posible evolu- ción de la escoliosis. Muchos autores25-27^ demues- tran una fuerte relación entre el VA y la rotación vertebral, y este componente rotacional es más aparente en curvas mayores de 30°. Puede decirse que a mayor rotación, mayor deformidad y peor pronóstico. La rotación es un factor que debe te- nerse en cuenta para que el tratamiento con corsé sea efectivo. Curvas estructuradas con poca flexibi- lidad y alta prominencia rotacional se han asociado a un mal pronóstico con tratamiento ortopédico. Upadhyay et al^27 refieren que la reducción del VA, junto a la del componente rotacional, durante el tratamiento ortopédico es un indicador de buen pronóstico en el 97% de los casos, sin ningún re- querimiento de cirugía. En los casos donde no se obtenían cambios en ninguno de estos componen- tes durante el tratamiento, hubo un número alto de fracasos (69%), y el 15% de ellos precisó cirugía. Los pacientes en los que aumentó tanto el valor ro- tacional como el VA tenían un fracaso del 93%, y el
Figura 3> FACTORES DE PROGRESIÓN EN LAS ESCOLIOSIS IDIOPÁTICAS
2007;8:88- 97 Clasificación de Nash y Moe de la rotación vertebral. 79% de los casos precisó cirugía. Por lo tanto, el de- terioro del VA y de la rotación durante el trata- miento con corsé indica un mal pronóstico. Existen muchos métodos de medición de la rota- ción vertebral: métodos cualitativos (Nash y Moe) y cuantitativos (Fait y Janovec, Koreska, Coetsier et al y Perdriolle)^28. Se considera que una curva permanece estable en su componente rotacional si éste se mantiene entre ± 2° (empeora si aumenta más de 2° y mejora si disminuye más de 2°)^29. La medición de la rotación vertebral a partir de la ra- diografía estándar supone todavía un problema en la actualidad. El método más utilizado para valorar la rotación es el método cualitativo de Nash y Moe (fig. 3); la estimación de la rotación vertebral es muy sensible a errores en la localización de los pe- dículos respecto al centro del cuerpo vertebral y da lugar a mayores errores inter e intraobservador^29. Flexibilidad de la curva A la hora de indicar un corsé es importante tener en cuenta la flexibilidad de la curva. Se sabe que a mayor flexibilidad (menor estructuración de la cur- va), mayor grado de corrección y mejores resulta- dos ortopédicos30,31. Ángulo de Metha Metha observó que la diferencia del ángulo costo- vertebral (fig. 4) era constantemente mayor en las EI infantiles progresivas, y estableció que un ángu- lo de Metha inicial de 20° o más es indicativo de progresión mientras no se demuestre lo contrario^32. Cifosis torácica Otro posible factor relacionado con la progresión de la CE es la pérdida de la cifosis torácica (dorso pla- no). Este hecho también es la causa de una dismi-
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2007;8:88- 97 realizado por Rowe et al^29 se comprueba de forma muy significativa que el tiempo recomendado de uso del corsé debe ser de 23 h al día para controlar mejor la curva (la hora restante se reserva para ejercicios fisioterapéuticos y aseo). Al comparar el uso del corsé durante menos de 16 h con los no tra- tados, parecen no existir diferencias significati- vas23,36,37. Estas recomendaciones específicas del uso del corsé son muy difíciles de objetivar, ya que existen trabajos que demuestran que el uso del cor- sé es mucho menor del que refiere el paciente38,39. Hay que tener en cuenta que los corsés son muy in- cómodos, restringen el movimiento y pueden pro- ducir irritaciones y zonas de presión, provocando dolor. Por otro lado, el corsé supone un impacto psicosocial considerable en edades juveniles, ya que su uso altera la imagen corporal y diversos as- pectos funcionales del adolescente. El efecto estre- sante del corsé está relacionado con alteraciones sexuales y con diferentes reacciones psicológicas, como pánico, desánimo, depresión, agresividad, sensación de estar enfermo, etc.^40. Todo esto influ- ye negativamente en el tiempo de uso del corsé y, por tanto, en el fracaso del tratamiento. Parece que hay un número determinado de curvas donde cualquier tipo de corsé puede ser prescrito con efectividad similar. Climent y Sánchez^41 , al analizar diferentes áreas de la vida del paciente (as- pectos psicosociales, alteraciones del sueño, altera- ción de la imagen corporal y dolor de espalda) lle- garon a la conclusión de que se debía usar el corsé con menor impacto psicosocial, y observaron ma- yor impacto sobre la calidad de vida con el uso del corsé de Milwaukee (corsé largo y voluminoso) que con los corsés de Boston y Charleston (fig. 5). Antecedentes familiares Muchos autores han investigado la fisiopatología de la escoliosis y han encontrado múltiples anor- malidades, sin definir una clara conexión entre ellas. Algunas teorías actuales opinan que la esco- liosis tiene una condición multigenética domi- nante con una expresión fenotípica variable. Es por ello que a pesar de que la escoliosis se presen- ta típicamente en la misma familia, su gravedad puede variar mucho entre padres e hijos y de her- mano a hermano. Un paciente con EI y antece- dentes familiares de dicha deformidad tiene un 50% más de posibilidades de requerir tratamiento
Figura 5> VILLELABEITIA JAUREGUIZAR K ET AL FACTORES DE PROGRESIÓN EN LAS ESCOLIOSIS IDIOPÁTICAS Semin Fund Esp Reumatol. 2007;8:88-
Corsé de Milwaukee, de Boston y de Charleston. ortopédico en comparación con un paciente con EI sin antecedentes familiares^42. Se han estudiado patrones familiares43,44, y la forma hereditaria es todavía incierta. Estudios en gemelos señalan que el factor genético es importante. En un metaaná- lisis realizado por Kesling y Reinker^44 se obtuvo un mayor riesgo de progresión en gemelos mono- cigóticos, con una progresión de la curva idéntica para ambos. ACTITUD TERAPÉUTICA QUE DEBE SEGUIRSE La detección precoz de la escoliosis sigue siendo la clave indispensable para un adecuado trata- miento de la EI. La prevención escolar es muy im- portante, por lo que a partir de la década de 1980 se implantó la detección precoz de la escoliosis en los colegios. Si se sospecha la escoliosis, hay que abordarla bus- cando sus causas y orientando lo mejor posible to- dos los esfuerzos terapéuticos. Hasta ahora sólo 2 tipos de tratamientos han demostrado ser eficaces: la utilización de corsés rígidos y la cirugía^45. El tra- tamiento ortésico tiene como objetivo fundamental detener la progresión de la curva y mantener los resultados una vez retirado el corsé; rara vez se lle- ga a la curación. El corsé debe mantenerse hasta que se haya alcanzado la madurez esquelética. A partir de este momento se puede ir retirando pro- gresivamente en los siguientes 6 meses. El tratamiento se basa en el tipo y la gravedad de la curva, el estado de maduración ósea, la edad del paciente y en muchos otros factores previamente mencionados. Puede decirse que en el grupo de po- blación con escoliosis menores de 20° el porcentaje
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2007;8:88- 97 por el médico que prescribe el corsé. Su eficacia no sólo depende de su buena indicación, sino de los factores pronóstico citados anteriormente: VA, ro- tación vertebral, localización de la vértebra ápex, maduración ósea y flexibilidad, entre otros. Aunque la terapia con corsé en la EI está muy acep- tada hoy en día^16 , algunos autores han cuestionado si el uso del corsé es efectivo para frenar la progre- sión natural de la curva^49. El corsé de Milwaukee es el corsé con mayor número de casos recogidos. Lonstein y Winter^36 observaron que de los 1.020 pa- cientes tratados durante 25 años con un corsé de Milwaukee, el 22% precisaron cirugía. El índice de fallos dependía mucho de índice de Risser y de la magnitud de la curva: el 15% de curvas entre 20 y 29° con índice de Risser 2-4, en comparación con el 53% de progresión en curvas entre 30 y 35° y Risser 0-1. Con respecto al corsé de Boston, muchos auto- res concluyen que es efectivo en la reducción de la progresión de la curva bajas. Nachemson y Peterson^16 hallaron una mejoría significativa del 74% en los pacientes tratados ortopédicamente en comparación con el 34% de satisfacción obtenido en el grupo control (sin tratamiento ortopédico). El corsé de Charleston también ha sido estudiado y su efectividad se ha comparado con otros tipos de cor- sés; dicha comparación es válida en pacientes con curvas simples y ápex menores de T847-49. Resulta difícil comparar los corsés de Boston y Charleston con el de Milwaukee, ya que normalmente la pres- cripción del Milwaukee suele ser para curvas mucho más complicadas, con vértebra ápex por encima de la T8. Estudios comparativos han demostrado que el corsé de Boston es más efectivo que el corsé de Charleston para frenar la progresión de la curva con índice de Risser 0, 1 y 2. Estos hallazgos son más notables en pacientes con curvas mayores de 35°, dobles curvas mayores y curvas torácicas simples. También los pacientes tratados con el corsé de Bos- ton precisaron menor número de intervenciones quirúrgicas en comparación con el grupo tratado con corsé de Charleston. En el estudio realizado por Katz et al^30 no se encontraron diferencias significa- tivas entre la efectividad de ambos corsés en curvas únicas toracolumbares y lumbares^49. En los estudios que valoran la efectividad del corsé de Milwaukee para evitar la intervención quirúrgi- ca se observa un mayor número de fracasos, con un alto porcentaje de pacientes que precisan cirugía^50. Probablemente esto se deba a que las curvas que se someten a este tipo de corsé son de mayor magni- tud, más altas y de peor pronóstico, y por tanto con mayor riesgo de progresión. CONCLUSIÓN Es importante conocer y saber interpretar las múl- tiples variables de la EI, sobre todo para los médi- cos que se enfrentan a estas patologías del aparato locomotor. El médico reumatólogo no debe tener miedo a la hora de enfrentarse a esta patología, sino que debe conocer los factores pronóstico que influyen en la evolución de las curvas, realizar un mejor diagnóstico, conocer las diferentes actitudes terapéuticas que hay que seguir y derivar correcta- mente al paciente. Debe tener presente que existe un tratamiento postural y fisioterapéutico de fon- do, que puede ser suficiente por sí mismo o com- plementario a un tratamiento ortopédico, trata- miento que requiere un control y un chequeo adecuado por personal experimentado.
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