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Espacio transicional, Resúmenes de Psicología Médica

Texto anexo de la cátedra de psicología médica de kinesiologia de la uba

Tipo: Resúmenes

2018/2019

Subido el 20/09/2019

pablo243
pablo243 🇦🇷

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ESPACIO TRANSICIONAL
Existe según Winnicott un espacio intermedio que no es ni el espacio exterior
objetivo (por ejemplo la madre real) ni el espacio interno subjetivo (por ejemplo
la representación interna de la madre). Este tercer espacio se sitúa en la
intersección de ambos, y está ocupado por los objetos transicionales, los
cuales son reales como objetos, y pero al mismo tiempo son la representación
de la madre ausente.
Esta zona intermedia de experiencia, “no discutida respecto de su pertenencia
a una realidad interna o exterior (compartida), constituye la mayor parte de la
experiencia del bebé, y se conserva a lo largo de la vida en las intensas
experiencias que corresponden a las artes y la religión, a la vida imaginativa y
a la labor científica creadora”.
Winnicott D (1994) Juego y realidad. Barcelona: Gedisa, pág. 32.
“Para asignar un lugar al juego postulé la existencia de un espacio potencial
entre el bebé y la madre. Varía en gran medida según las experiencias vitales
de aquel en relación con esta o con la figura materna, y yo lo enfrento a) al
mundo interior (que se relaciona con la asociación psicosomática) y b) a la
realidad exterior (que tiene sus propias realidades, se puede estudiar en forma
objetiva y, por mucho que parezca variar según el estado del individuo que la
observa, en rigor se mantiene constante)”.
Winnicott D (1994) Juego y realidad. Barcelona: Gedisa, pág. 65
El desarrollo del espacio transicional en la técnica analítica con pacientes
psicosomáticos
Dr. Teodoro Devoto
A partir del reconocimiento de los objetos transicionales, Winnicott (1971)
desarrolla los conceptos de fenómenos transicionales y espacio transicional. En
opinión del autor, una exposición de la naturaleza humana en términos de
relaciones interpersonales y de reconocimiento de la realidad interna resulta
insuficiente. Es necesario concebir además, en cada sujeto, la existencia de
“una zona intermedia de la experiencia a la cual contribuyen la realidad interior
y la vida exterior”. A partir de la observación de que los objetos transicionales
no se olvidan ni se lloran, sino que simplemente pierden significación, el autor
propone que esto se debe a que: “los fenómenos transicionales se han vuelto
difusos, se han extendido a todo el territorio intermedio entre la ‘realidad
psíquica interna’ y ‘el mundo exterior tal como lo perciben dos personas en
común’, es decir a todo el campo cultural”. Este campo abarca el juego, los
sueños, la creación y apreciación artísticas, los sentimientos religiosos, etc. Es
así que el objeto transicional está en el origen del simbolismo. El infans
necesita de ‘una madre suficientemente buena’ que permita que los procesos
de ilusión /desilusión se desarrollen de manera adecuada para dar inicio a una
“zona neutral de experiencia que nunca será atacada”. Para Winnicott la tarea
de aceptación de la realidad nunca queda terminada. El ser humano se
encuentra siempre en la tensión de vincular la realidad interna con la externa y
el alivio está constituido por una zona de experiencia (espacio transicional,
fenómenos transicionales) que no es objeto de ataque. Esta espacio
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ESPACIO TRANSICIONAL

Existe según Winnicott un espacio intermedio que no es ni el espacio exterior objetivo (por ejemplo la madre real) ni el espacio interno subjetivo (por ejemplo la representación interna de la madre). Este tercer espacio se sitúa en la intersección de ambos, y está ocupado por los objetos transicionales, los cuales son reales como objetos, y pero al mismo tiempo son la representación de la madre ausente.

Esta zona intermedia de experiencia, “no discutida respecto de su pertenencia a una realidad interna o exterior (compartida), constituye la mayor parte de la experiencia del bebé, y se conserva a lo largo de la vida en las intensas experiencias que corresponden a las artes y la religión, a la vida imaginativa y a la labor científica creadora”.

Winnicott D (1994) Juego y realidad. Barcelona: Gedisa, pág. 32.

“Para asignar un lugar al juego postulé la existencia de un espacio potencial entre el bebé y la madre. Varía en gran medida según las experiencias vitales de aquel en relación con esta o con la figura materna, y yo lo enfrento a) al mundo interior (que se relaciona con la asociación psicosomática) y b) a la realidad exterior (que tiene sus propias realidades, se puede estudiar en forma objetiva y, por mucho que parezca variar según el estado del individuo que la observa, en rigor se mantiene constante)”.

Winnicott D (1994) Juego y realidad. Barcelona: Gedisa, pág. 65

El desarrollo del espacio transicional en la técnica analítica con pacientes psicosomáticos

Dr. Teodoro Devoto

A partir del reconocimiento de los objetos transicionales, Winnicott (1971) desarrolla los conceptos de fenómenos transicionales y espacio transicional. En opinión del autor, una exposición de la naturaleza humana en términos de relaciones interpersonales y de reconocimiento de la realidad interna resulta insuficiente. Es necesario concebir además, en cada sujeto, la existencia de “una zona intermedia de la experiencia a la cual contribuyen la realidad interior y la vida exterior”. A partir de la observación de que los objetos transicionales no se olvidan ni se lloran, sino que simplemente pierden significación, el autor propone que esto se debe a que: “los fenómenos transicionales se han vuelto difusos, se han extendido a todo el territorio intermedio entre la ‘realidad psíquica interna’ y ‘el mundo exterior tal como lo perciben dos personas en común’, es decir a todo el campo cultural”. Este campo abarca el juego, los sueños, la creación y apreciación artísticas, los sentimientos religiosos, etc. Es así que el objeto transicional está en el origen del simbolismo. El infans necesita de ‘una madre suficientemente buena’ que permita que los procesos de ilusión /desilusión se desarrollen de manera adecuada para dar inicio a una “zona neutral de experiencia que nunca será atacada”. Para Winnicott la tarea de aceptación de la realidad nunca queda terminada. El ser humano se encuentra siempre en la tensión de vincular la realidad interna con la externa y el alivio está constituido por una zona de experiencia (espacio transicional, fenómenos transicionales) que no es objeto de ataque. Esta espacio

transicional, intermedio entre el mundo interno y externo, permitirá el desarrollo del pensamiento simbólico. Muchas de las dificultades técnicas en el análisis de pacientes psicosomáticos están constituidas por el déficit representacional, por un déficit en su capacidad de procesamiento simbólico y, en términos de Winnicott, por un insuficiente desarrollo del espacio transicional que les permita representar, simbolizar, refugiarse en esta área intermedia entre la realidad externa e interna constituída por el juego, los sueños, la fantasía, el arte, etc.^1 La técnica analítica, para Winnicott, está estrechamente unida a la capacidad de juego y a los fenómenos transicionales. Desarrollando estas ideas Green (1996) elabora el concepto de ‘objeto analítico’. Plantea la hipótesis que “la comunicación entre analizante y analista es un objeto formado por dos partes una de ellas constituída por el doble del analizante y la otra por el doble del analista”. El significante entre está subrayado por el autor para referirse al espacio transicional entre analista y paciente. “El objeto analítico no es interno (del analizante o del analista) ni externo (del uno o del otro) sino que está entre ellos. Responde, pues, con toda exactitud a la definición de objeto transicional de Winnicott y a su localización en el espacio potencial entre ellos, que es el espacio delimitado por el marco analítico”. Si bien el concepto de objeto analítico es aplicable a cualquier situación analítica, no es casual que el mismo surja cuando Green se está ocupando de los estados fronterizos de la analizabilidad y del futuro del psicoanálisis (1972, 1996) Desde otra concepción teórica, César y Sara Botella (1997) necesitan recurrir al concepto de figurabilidad en el tratamiento analítico de pacientes con déficit representacional. Definen la figurabilidad en el analista como “el producto de un trabajo psíquico diurno comparable al del sueño con su recorrido regrediente que desemboca en una percepción interna cercana a la alucinación del soñante”. A mi criterio, continuamos en el ámbito de los fenómenos transicionales. Entre nosotros, E. Bichi (2000) introduce la técnica de la interpretación en imágenes como un primer tiempo de la labor interpretativa, indicada especialmente para pacientes psicosomáticos, sobreadaptados o con pensamiento operatorio: “...ubicados en la posibilidad del paciente de rescatar a través de imágenes lo que ha sido alguna vez vivido y registrado como meras impresiones y percepciones carentes de toda organización, le proporcionamos aquellas que se nos despiertan contratransferencialmente, a modo de imágenes de un sueño/ensueño que por sí sólo el no puede soñar”. Kancyper (2003) al referirse a las tareas del analista trabajando con ‘el muro narcisista y/ o masoquista” de un adolescente habla de “Ofrecer una figuración hablada en ese momento en que el adolescente parece enfrentarse con un sufrimiento cuasi impensable” y también en “Favorecer el trabajo de simbolización y autosimbolización”. Nuevamente utilizando la capacidad transicional del analista para lograr un desarrollo de ésta en el paciente. En los trabajos de nuestro grupo de investigación (AISEMBERG, E. R. y col, 1995, 1997, 1998a, 1998b, 2000, 2002a, 2002b) siempre hemos acentuado que la instalación de un proceso analítico en pacientes con trastornos somáticos, constituye una particular exigencia al funcionamiento mental y a la capacidad creativa del analista. Apelamos a la capacidad del analista para trabajar en este espacio transicional. La experiencia que tenemos a través del material clínico estudiado a lo largo estos diez años demuestra que es posible

1

WINNICOTT, D. W. (1971) : Playing and Reality , Tavistock Publications, London (Traducción al español: Realidad y juego , Gedisa, Barcelona, 1979)