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Estilos Educativos Parentales, Guías, Proyectos, Investigaciones de Psicología Educacional

La familia es el contexto donde se van adquiriendo los primeros hábitos, las primeras habilidades y las conductas que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida. Los adultos que le rodean tienen un papel muy importante en la socialización de los niños, pero esta influencia no es decisiva, ya que la educación no es un proceso unidireccional, sino un proceso en el que influyen múltiples factores. En palabras de Rich Harris, «la educación no es algo que los padres hagan a los hijos, sino algo que padres e hijos hacen conjuntamente» (Rich, 2002, 53). Los estilos educativos son la forma de actuar de los adultos respecto a los niños en su día a día, en la toma de decisiones y en la resolución de conflictos. Esto supone que se crean expectativas y modelos con los que se regulan las conductas y se marcan los límites que serán el referente de los menores.

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

Antes del 2010

Subido el 15/08/2024

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Estilos Educativos
Parentales
y su implicación en diferentes trastornos
2009 - 2010
Experto en Terapia Infantil y juvenil
María Jesús Jiménez
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Estilos Educativos

Parentales

y su implicación en diferentes trastornos

2009 - 2010 Experto en Terapia Infantil y juvenil María Jesús Jiménez

Índice

  • ÍNDICE
  • INTRODUCCIÓN
  • ESTRATEGIAS DE SOCIALIZACIÓN FAMILIAR
  • DIFERENTES VISIONES DE LOS ESTILOS PARENTALES A LO LARGO DE LA HISTORIA.
  • CLASIFICACIÓN DE LOS ESTILOS EDUCATIVOS PARENTALES
  • INVESTIGACIONES QUE RELACIONAN LOS ESTILOS PARENTALES CON EL AJUSTE INFANTIL/ADOLESCENTE..
  • DIANA BAUMRIND, 1971 – ESTUDIO LONGITUDINAL
  • REFORMULACIÓN DE MACCOBY Y MARTIN,
  • LAMBORN, MANTS, STEINBERG Y DOURNBUSCH,
  • OTROS ESTUDIOS: HOFFMAN, 1970 – KELLERHALLS Y MONTANDON,
  • EL ESTILO EDUCATIVO PARENTAL Y EL TDAH
  • PAUTAS PARA PADRES
  • EL ESTILO EDUCATIVO PARENTAL Y EL CONSUMO DE ALCOHOL
  • PAUTAS PARA PADRES
  • EL ESTILO EDUCATIVO PARENTAL Y EL TOC
  • PAUTAS PARA PADRES
  • EL ESTILO EDUCATIVO PARENTAL Y LA AGRESIVIDAD INFANTIL
  • PAUTAS PARA PADRES
  • CONCLUSIONES
  • BIBLIOGRAFÍA

Diferentes visiones de los Estilos Parentales a lo largo de la historia.

Históricamente, desde mediados del siglo XX, se reconocían dos variables distintas en las prácticas educativas de los adultos. En un principio, se hablaba de “Dominio/Sumisión” y “Control/Rechazo”. A finales de los setenta, pasan a denominarse “ Intentos de Control ”, que serían los intentos del progenitor por dirigir la acción de su hijo de una manera deseable para los adultos, y “ Apoyo Parental ”, que es la actitud de los padres que hace que el niño se sienta cómodo en su presencia y que se sienta aceptado como persona. Son diversos los autores que explican la interacción familiar desde estas dos dimensiones. Schwarz, Barton-Henry y Pruzinsky (1985) definieron tres ejes fundamentales en las estrategias de socialización familiar:  Aceptación : continuo que abarca desde la implicación positiva y el centrarse en el hijo hasta el rechazo y la separación hostil.  Control firme : con diferentes grados, como el refuerzo, la ausencia del mismo, la disciplina laxa o la autonomía extrema.  Control psicológico : continuo que va desde la intrusión, el control hostil y la posesividad hasta la retirada de la relación. Con el paso del tiempo, estas dos dimensiones se han diversificado, y actualmente son cuatro los aspectos de las conductas de los padres que se tienen en cuenta, a saber, el afecto en la relación , el grado de control , el grado de madurez y la comunicación entre padres e hijos. Coloma (1993) habla de variables similares, y las enmarca en los siguientes extremos: Control firme Control Laxo Cuidado/Empatía Rechazo/Indiferencia Calor afectivo Frialdad/Hostilidad Disponibilidad hacia los hijos Ausencia de disponibilidad Comunicación paterno filial bidireccional Comunicación paterno filial unidireccional Comunicación paterno filial abierta Comunicación paterno filial cerrada

Clasificación de los Estilos Educativos Parentales

En función de lo anteriormente desarrollado, podemos establecer diferentes estilos parentales, siempre teniendo en cuenta que estos estilos educativos suelen ser mixtos, que varían con el paso del tiempo y el desarrollo del niño. Además, también están influidos por el sexo del niño, su posición en el número de hermanos… Se podría decir que son tendencias globales de comportamientos. No podemos olvidar que las relaciones entre padres e hijos son bidireccionales, y que los hijos influyen sobre el comportamiento de los padres de forma decisiva. Se incluye también los efectos educativos que estos rasgos de conducta suelen tener sobre los hijos.

Tipología de

socialización

familiar

Rasgos de conducta

parental

Consecuencias educativas

sobre los hijos

DEMOCRÁTICO

o AUTORIZATIVO

 Afecto manifiesto.  Sensibilidad ante las necesidades del niño: responsabilidad.  Explicaciones.  Promoción de la conducta deseable.  Disciplina inductiva o técnicas punitivas razonadas (privaciones, reprimendas).  Promueven el intercambio y la comunicación abierta.  Hogar con calor afectivo y clima democrático.

 Competencia social.  Autocontrol.  Motivación.  Iniciativa.  Moral autónoma.  Alta autoestima.  Alegres y espontáneos.  Autoconcepto realista.  Responsabilidad y fidelidad a compromisos personales.  Prosociabilidad dentro y fuera de la casa (altruismo, solidaridad).  Elevado motivo de logro.  Disminución en frecuencia e intensidad de conflictos padres-hijos.

AUTORITARIO

 Normas minuciosas y rígidas  Recurren a los castigos y muy poco a las alabanzas  No responsabilidad paterna  Comunicación cerrada o unidireccional (ausencia de diálogo)  Afirmación de poder  Hogar caracterizado por un clima autocrático.

 Baja autonomía y autoconfianza.  Baja autonomía personal y creatividad.  Escasa competencia social.  Agresividad e impulsividad.  Moral heterónoma (evitación de castigos)  Menos alegres y espontáneos.

Investigaciones que relacionan los estilos parentales con el

ajuste infantil/adolescente

Desde que se ha venido hablando acerca de estilos parentales, han sido varios los estudios que han intentado establecer relación entre éstos y el ajuste y adaptación infantil y adolescente.

Diana Baumrind, 1971 – Estudio longitudinal

El de Baumrind es uno de los modelos pioneros y más elaborados acerca de los estilos parentales. Con estos estudios, se pretendía conocer el impacto de pautas de conducta familiares en la personalidad del niño. En un estudio anterior, de 1967, dividió a los niños en tres tipos de estructura personal según su conducta:

I. Estructura I : eran los más competentes, contentos e independientes, confiados en sí mismos y mostraban conductas exploratorias. II. Estructura II : eran medianamente confiados y capaces de controlarse a sí mismos y, en cierto modo, inseguros y temerosos. III. Estructura III : se manifestaban inmaduros y dependientes, con menos capacidad de control y confianza en sí mismos.

Correlacionando estas características de personalidad con los métodos de crianza en la familia, obtuvo lo siguiente:

I. Padres del grupo I (especialmente las madres). Ejercían un control firme, exigencias de ciertos niveles de madurez y buena comunicación con los hijos. Lo denominó comportamiento autoritativo parental. II. Padres del grupo II. Menos cuidadosos y atentos con sus hijos en comparación con otros grupos. Son denominados padres autoritarios. III. Padres del grupo III. Afectuosos y atentos, pero ejercían poco control y escasas demandas de madurez sobre sus hijos. Los denominó padres permisivos.

La investigación se realizó con una muestra de 134 niños y niñas menores de 3 años escolarizados. Se entrevistaba a los padres y madres y, al mismo tiempo, se observaba la conducta que estos mantenían respecto a sus hijos.

Teniendo en cuenta las variables de control, afecto y comunicación, y el estudio previo de 1967, se definieron tres estilos paternos: Autoritarios, Autoritativos y Permisivos.

Se estableció la hipótesis de que el estilo autoritativo es el que obtiene mejores resultados a la hora de lograr una mejor adaptación de los menores. Esta hipótesis se vio confirmada por los resultados del estudio:

 Padres autoritarios : valoran la obediencia como una virtud. Utilizan medidas de castigo o de fuerza, y están de acuerdo en mantener a los niños en un papel subordinado y en restringir su autonomía. Se esfuerzan en influir, controlar y evaluar el comportamiento de sus hijos en función de unos patrones rígidos. No facilitan el diálogo, e incluso llegan a utilizar el rechazo como medida disciplinaria. Este estilo es el que tiene más repercusiones negativas en el desarrollo de los hijos, puesto que muestran falta de autonomía personal y creatividad, menor competencia social, baja autoestima y genera niños descontentos, reservados, poco tenaces, poco comunicativos y afectuosos y con tendencia a tener una pobre interiorización de valores.

 Padres permisivos : dotan al menor de gran autonomía, siempre que no esté en peligro su integridad física. Se comporta de una forma afirmativa, aceptadora y benigna hacia los impulsos y las acciones del niño. Lo libera de todo control y evita utilizar la autoridad, las restricciones y el castigo. No son exigentes en cuanto a la madurez y responsabilidad en las tareas. El problema viene dado porque los padres no son siempre capaces de marcar límites en la permisividad, pudiendo llegar a producir efectos socializadores negativos en cuanto a conductas agresivas y logros de independencia. Tenemos a niños aparentemente alegres y vitales, pero dependientes, con altos niveles de conducta antisocial y bajos niveles de madurez y éxito personal.

Reformulación de MacCoby y Martin, 1983

MacCoby y Martin reformularon, en 1983, las investigaciones de Baumrind reinterpretando las dimensiones básicas propuestas por ésta, teniendo en cuenta dos aspectos; el control o exigencia que los padres ejercen sobre sus hijos en la consecución de metas y objetivos, y el grado de afecto o sensibilidad de los padres ante las necesidades de sus hijos, principalmente en el terreno emocional.

Con la combinación de estas dimensiones en sus diferentes grados, se obtienen cuatro estilos parentales diferentes:

Lamborn, Mants, Steinberg y Dournbusch, 1991

En 1991, Lamborn, Mounts, Steinberg y Dournbusch realizaron un estudio con adolescentes de entre 14 y 18 años, a los que clasificaron en función de los cuatro grupos de estilos parentales definidos por MacCoby y Martin, en función de las variables de desarrollo psicosocial, logro escolar, destrezas interiorizadas y conductas problemáticas.

Los resultados que obtuvieron nos muestras que los adolescentes que percibían a sus padres como autoritativos obtenían puntuaciones más altas en competencias psicosociales y más bajas en conductas problemáticas, justo al revés que los hijos que definían a sus padres como negligentes. Los adolescentes con padres autoritarios obtienen medidas razonables dentro de la obediencia a los adultos, pero tienen un pobre autoconcepto. Encontraron, por el contrario, que los adolescentes que definían a sus padres como indulgentes presentaban un fuerte autoconcepto, pero tenían una mayor tasa de abuso de tóxicos y de malas conductas escolares.

Reciprocidad. Implicación afectiva

No reciprocidad. No implicación afectiva Control fuerte Autoritario – Recíproco Autoritario – Represivo Control Laxo Permisivo – Indulgente Permisivo - Negligente

A la luz de estos datos, concluyeron que es importante diferenciar a los dos tipos de padres permisivos. El estilo indulgente se caracteriza por la indiferencia antes las actitudes y conductas del niño, tanto positivas como negativas, por la pasividad y por la permisividad. Evitan siempre que pueden la afirmación de la autoridad y la imposición de restricciones, haciendo un escaso uso de los castigos y permitiendo todos los impulsos de sus hijos. Aunque la comunicación es abierta y reina un clima democrático, no se suele ofrecer un modelo a imitar. Son padres poco asertivos, poco directivos, no establecen normas y ceden con facilidad a los deseos de los hijos. La principal diferencia con el estilo negligente es que éstos, además, no responden ni atienden a las necesidades de sus hijos, mostrando un escaso o nulo compromiso paterno. No se implican afectivamente en los asuntos de sus hijos, y la permisividad no es debida a condiciones ideológicas, sino a dejadez, por falta de tiempo o de interés, invirtiendo en sus hijos el mínimo tiempo imprescindible. No ponen normas, generalmente por comodidad, pero no pueden evitar en ocasiones tener estallidos de ira contra sus hijos.

Otros estudios: Hoffman, 1970 – Kellerhalls y Montandon, 1997

Hoffman realizó en 1970 una clasificación de las estrategias de autoridad de los padres, que ha sido muy utilizada, y en la que describe los siguientes modelos:

 Afirmación de poder : implica el uso de castigos físicos, amenazas verbales, retiradas de privilegios y una gran variedad de técnicas coercitivas. Es similar al estilo autoritario de Baumrind.  Retirada de afecto : utiliza el enfado de los padres y la desaprobación ante las conductas negativas, ignorando al niño sin hablarle ni escucharle.  Inducción : trata de inducir una motivación intrínseca en el niño a través de la explicación de las normas, los principios y los valores. Este estilo sería similar al estilo democrático de Baumrind.

La afirmación de poder y la retirada de afecto son medios de control que consiguen generar en el niño una motivación extrínseca: la razón por la que hay que portarse

El Estilo Educativo Parental y el TDAH

Aunque se han realizado múltiples estudios que parecen constatar que el TDAH es un trastorno de origen biológico con un probable componente genético, no podemos olvidar el papel mediador que pueden estar jugando otros factores en el desarrollo y evolución del TDAH. No son muchos los estudios que relacionan el vínculo de apego con el TDAH, pero los que hay confirman una relación entre el trastorno del vínculo y el TDAH, así como que el establecimiento de un vínculo de apego seguro es un factor protector del desarrollo que facilita el desarrollo de competencias en las que los niños con TDAH pueden tener dificultades. En relación a los estilos educativos, parecen encontrarse mayores niveles de estilos de control en padres con niños diagnosticados de TDAH hiperactivo impulsivo, que en los padres con niños diagnosticados de TDAH subtipo inatento. Los patrones de interacción entre padres e hijos con TDAH, se caracterizan por que los padres responden menos a las interacciones iniciadas por sus hijos, y por tener un estilo de respuesta negativa-reactiva, impositiva, controladora y con menos estrategias de parentalidad positiva. Se ha observado también que suelen ser menos afectuosos y presentan un estilo educativo más negligente. Por el contrario, la sensibilidad de los padres parece favorecer la expresión de la emocionalidad positiva en los niños. Hay que tener en cuenta estos niños, en sus primeros meses de vida, en ocasiones son irritables, difíciles de calmar, muy activos y resistentes a los cambios lo que implica que los padres de niños con TDAH perciban la relación con sus hijos como más negativa que los padres de niños que no presentan estas características. Una mayor gravedad en las conductas de hiperactividad, impulsividad y déficit de atención han sido directamente asociados con niveles más bajos de cohesión, expresividad e independencia en el clima familiar.

Los estilos educativos con altos niveles de afecto están relacionados con menores problemas de conducta, con la existencia de un apego seguro, con mayores habilidades prosociales y mejores resultados escolares. Por el contrario, los estilos educativos con bajos niveles de afecto, junto a ausencia de control (o control inconsistente) y una escasa supervisión parental afectan negativamente la conducta del niño.

Para estudiar los factores evolutivos y psicosociales se han realizado varios estudios en los que, entre otros, encontramos el presentado este año en el 11º Congreso Virtual de Psiquiatría (Interpsiquis 2010) por Santurde del Arco y Del Barrio del Campo, cuyo objetivo es estudiar los modelos de apego en los niños diagnosticados con TDAH, relacionándolo a la vez con los Estilos Educativos Parentales.

El objetivo de este estudio fue examinar las representaciones del vinculo y estilos educativos comparando dos grupos de familias, uno formado por padres de niños de entre 6 y 17 años con un diagnostico positivo de TDAH y otro por familias con niños de la misma edad sin TDAH (grupo control). Las familias del grupo de niños con diagnóstico de TDAH, se dividieron en tres subgrupos establecidos según el manual diagnóstico DSM IV, en función a las principales características asociadas con el trastorno: predominantemente hiperactivo/impulsivo , predominantemente inatento y el combinado. Además, se analizó la influencia en los resultados de la edad de los padres, de los niños y el nivel sociocultural.

La hipótesis de partida es que las puntuaciones obtenidas en las dimensiones de vínculo de apego y en las escalas de los Estilos educativos varían en función del grupo al que pertenecen los sujetos. Influyendo a su vez las variables de la edad de los hijos y el nivel sociocultural de los padres.

Además, se plantea la hipótesis secundaria (entre otras) de que los padres de los niños diagnosticados de TDAH (subtipo predominantemente hiperactivo-impulsivo y subtipo combinado) obtendrán mayores puntuaciones en disciplina severa, disciplina inconsistente y pobre supervisión, y menor puntuación en crianza positiva en

En el nivel de secundaria , el grupo control presenta menor puntuación que el subtipo combinado en la escala de crianza positiva. Así mismo, el subtipo predominantemente inatento presenta también menor puntuación que el subtipo combinado en dicha escala. No hay diferencias entre el grupo control y el subtipo hiperactivo-impulsivo, ni entre el subtipo predominantemente inatento y el subtipo hiperactivo-impulsivo.

Tampoco se hallan diferencias entre los grupos para la escala de pobre supervisión. Estos datos no concuerdan con otras investigaciones que señalan que los padres de niños TDAH tienden a un estilo de respuesta más negativa-reactiva, impositiva y controladora, usando menos estrategias de parentalidad positiva.

Este tipo de estudios nos muestran la importancia de seguir investigando en el este campo para poder intervenir a nivel familiar mediante programas de entrenamiento (específicamente relacionados con el apego y los estilos educativos) con padres de niños que a edades tempranas comiencen a padecer algunos síntomas característicos del TDAH y buscar alternativas al tratamiento exclusivamente farmacológico.

Pautas para padres

Hay ciertas pautas que los padres pueden tener en cuenta para mejorar las relaciones familiares, lo que redunda en un mejor pronóstico a la hora de establecer un tratamiento. Siempre enmarcado dentro de un estilo educativo autoritativo o democrático, es importante que los padres tengan en cuenta, principalmente, que el niño con TDAH no es un “niño malo”, sino que tiene ciertas dificultades que hace que necesiten atenciones diferentes.

Si para todos los niños existe la necesidad de hábitos estables, aún más lo es en estos niños, por lo que sus padres deberán establecer un estilo de vida lo más organizado posible. Resulta imprescindible enseñarles que sus conductas tienen consecuencias tanto para ellos mismos como para las personas que los rodean.

Es importante que haya unas normas explícitas, que sean concretas y sencillas. Las consecuencias del no cumplimiento de las normas establecidas deben ser pactadas con el niño, y se deben cumplir siempre. En ningún caso debe utilizarse el castigo físico o

las amenazas para regular el comportamiento del niño. Es positivo que los padres reciban entrenamiento en autocontrol y autoinstrucciones, para saber cómo actuar en las situaciones más estresantes.

Cuando se le dé instrucciones, éstas deben ser sencillas, y no deben plantearse varias simultáneamente.

Mientras el niño realice actividades que requieren de cierta concentración, como a la hora de hacer los deberes, debemos reducir todo lo posible los estímulos distractores, ya sean visuales o auditivos: en ningún caso deben ponerse a estudiar, por ejemplo, viendo la tele o escuchando música. Además, no es conveniente que inicie las tareas conforme regresa del colegio, sino que es positivo que disponga de tiempo libre para poder descargar energía antes de ponerse a hacer los deberes para poder estar más concentrado.

El contacto con iguales es esencial para la socialización de los niños, por tanto, no es conveniente retener a estos niños en casa, sino fomentar el contacto con otros chavales. Conviene incentivar la práctica de deportes de equipo, donde existen normas y consecuencias pactadas ante la falta de cumplimiento.

Para elevar la autoestima del menor, se le pueden encargar pequeñas tareas conforme a su edad de las que pueda hacerse responsable, como cuidar alguna planta o alguna mascota. Además, reconocerles sus habilidades y sus éxitos, premiando no sólo las mejorías, sino también los esfuerzos que realizan.

comportamiento de crianza de los padres. Evalúa tres escalas, rechazo (hostilidad, castigo, culpabilización), sobreprotección (ansiedad por la seguridad del niño, intrusión) y calidez emocional (atención hacia el niño, elogios, amor incondicional, apoyo parental). También se empleó el APQ - Alabama Parenting Questionnaire - (Shelton et al., 1996), que evalúa cinco escalas: implicación (del padre y de la madre por separado), estilo positivo, castigo, inconsistencia disciplinaria y escasa supervisión. Por último, para evaluar la personalidad se utilizó el JS NEO-S (Ortet et al., 2004) que evalúa cinco dimensiones de personalidad: neuroticismo, extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad.

Se obtuvo que la dimensión de personalidad más importante a la hora de predecir el consumo de alcohol era la baja responsabilidad, junto con los estilos educativos que presentan conductas de castigo físico y bajo control o permisividad.

El estudio se realizó sobre una muestra inicial estaba compuesta por 477 adolescentes que, tras superar determinados filtros para aumentar la fiabilidad del estudio, fue finalmente de 400 adolescentes (164 niños y 236 niñas), con edades comprendidas entre 11 y 13 años de diferentes centros de Castellón y Valencia.

A los participantes se les pasó una tanda de cuestionarios entre los que se encontraba el ya mencionado JS NEO-S. En el momento inicial de la evaluación cursaban primero de ESO. Un año más tarde, a los mismos sujetos se les administró el s-EMBU, el APQ y el AIS-UJI.

Las hipótesis de partida fueron que la baja amabilidad, la baja responsabilidad y la extraversión se relacionarían con las variables de consumo de alcohol. Por el contrario, se postuló que la apertura y el neuroticismo no se relacionarían. Por otro lado, se esperaba que estilos educativos caracterizados por un estilo afectivo positivo (calidez emocional, apoyo incondicional…) se relacionaran significativa e inversamente con las variables de consumo de alcohol. Además, también se hipotetizó que los estilos afectivos punitivos y permisivos se relacionarían de forma significativa y directamente con las variables de consumo.

En cuanto a los estilos educativos parentales, los estilos caracterizados por un elevado castigo físico y una elevada permisividad se relacionaban con las variables de consumo de alcohol, lo que viene a replicar lo hallado en otros estudios. Por el contrario, los estilos afectivos positivos y los estilos afectivos negativos, no se relacionaron con la cantidad ni la frecuencia de alcohol consumida por los adolescentes. Con respecto a los estilos educativos negativos, se hallaron evidencias (aunque inconsistentes) en la relación entre la sobreprotección y el consumo de alcohol.

A la luz de estos resultados, podemos decir que tanto los estilos educativos como ciertas variables de la personalidad son relevantes para explicar el consumo de alcohol en la adolescencia. Los adolescentes más descuidados o despreocupados, negligentes y con menor autocontrol que, además, perciben a sus padres como inconsistentes a la hora de aplicar la disciplina, permisivos, con bajos niveles de supervisión y que utilizan el castigo físico, suelen consumir más alcohol y de forma más frecuente que los adolescentes organizados, trabajadores, motivados y que perciben que sus padres son consistentes en la aplicación de las normas y que no recurren al castigo físico.

Pautas para padres

Sólo un conocimiento realista y objetivo del mundo del adolescente y de su realidad nos va a permitir comprenderles, aproximarnos más a ellos y desde esa cercanía facilitarles las herramientas necesarias para rechazar el consumo de sustancias.

La familia debe ser un espacio claro de prevención en el que los hijos aprendan como afrontar las presiones que, antes o después, van a recibir para iniciarse en el consumo de alcohol. Es importante que los padres se paren a pensar qué piensan respecto al consumo de alcohol y cuál es el mensaje que quieren transmitir a sus hijos, para que no haya diferencias (o haya las menos posibles) entre lo que dicen y lo que hacen.

Hay que ser cuidadoso con la forma de tratar el alcohol evitando, por ejemplo, comentarios que lo asocien a relajación o “desconexión”. La alternativa es demostrarles que hay otras maneras saludables para afrontar el estrés o los problemas del día a día.