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En este trabajo se argumenta que la interpretación hermeneutica 'en cuanto' y 'ver algo como algo' en las filosofías de Hanson y Kant presentan similitudes sustanciales, permitiendo una convergencia fundamental entre ellas. La experiencia propuesta por Hanson es de naturaleza histórica y se estructura a partir de un cuerpo de conocimientos previos. El 'ver que...' va seguido siempre por una cláusula informativa y implica saber que, mientras que 'ver como' se encuentra unido inextricablemente al 'ver que...' y permite la experiencia de algo debido a la forma ('ver que...') que ha organizado los insumos del mundo. La interpretación, definida como la estructura o forma que posibilita la experiencia, difiere del significado comúnmente otorgado a 'interpretación' y es la base de la actividad científica.
Tipo: Apuntes
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La experiencia como interpretación en Heidegger y Kuhn: surgimiento de un nuevo paradigma Maricruz GalvánFFyL-UNAM
Resumen: En el presente artículo se argumenta que las filosofías de Heidegger y Kuhn, a pesar de pertenecer a tradiciones distintas, convergen de modo sustancial al considerar a la experiencia como un fenómeno interpretativo, esta confluencia permite afirmar la dimensión hermenéutica en la filosofía de la ciencia kuhniana. Palabras clave: Interpretar, “ver que…”, “ver como”, “en cuanto” hermenéutico.
Abstract: This paper argues that, in spite of belong to different traditions, Heidegger’s and Kuhn’s philosophies converge substantially, because they consider the experience as an interpretative phenomenon. This confluence allows us to assure the hermeneutical dimension in kuhnian’s philosophy of science. Keywords: Interpretation, “seeing that…”, “seeing as”, hermeneutical “as”.
Introducción La fenomenología hermenéutica de Martin Heidegger y la filosofía de la ciencia de Thomas Kuhn confluyen en su naturaleza revolucionaria; desde la fenomenología de Heidegger, las principales tesis metafísicas del proyecto moderno son derogadas y en la filosofía de la ciencia kuhniana, la epistemología ortodoxa de la modernidad es puesta en entredicho. A pesar de pertenecer a tradiciones filosóficas que incluso se han considerado contrapuestas, las propuestas de estos dos autores convergen de modo sustancial en lo que consideramos constituye el núcleo que explica su carácter revolucionario: la noción de experiencia.
En el desarrollo del presente escrito se muestra cómo la noción de experiencia en la fenomenología heideggeriana y en la filosofía de Kuhn, tiene como condición de
posibilidad la interpretación. Esta interpretación inherente a la visión de los fenómenos, constituye el eje de ruptura que al mismo tiempo permite el tránsito a la dimensión hermenéutica de un nuevo paradigma filosófico. No se trata de la interpretación que elaboramos desde la reflexión sino de la organización constitutiva de toda experiencia. Kuhn en La Estructura^1 denomina a esta experiencia “ver algo como algo” y resulta un desarrollo del trabajo que Hanson, en Patrones de Descubrimiento^2 , realiza sobre la observación científica. Heidegger por su parte, en Ser y Tiempo^3 , denomina a esta experiencia interpretativa “en cuanto” hermenéutico. En el presente trabajo se argumenta cómo el “en cuanto” hermenéutico y el “ver algo como algo” muestran rasgos sustanciales comunes, que permite sostener una convergencia fundamental de las dos filosofías citadas.
El escrito se ha dividido en cuatro apartados, en el primero, abordamos la noción de forma en la propuesta de Hanson; en el segundo, analizamos la idea de paradigma kuhniano desde esta experiencia interpretativa; en el tercero, distinguimos –desde la propuesta de Kuhn– el interpretar que estructura la experiencia de aquella interpretación propia de actos teorético- reflexivos; en el cuarto, se muestra la convergencia sustancial entre el “en cuanto” hermenéutico de Heidegger y el “ver como ” de la filosofía de Kuhn, para finalmente proponer las conclusiones.
(^1) Thomas Samuel KUHN, La estructura de las revoluciones científicas , traducción al español de Carlos Solís Santos, México, Breviario núm. 213, F.C.E., 2004, pp. 193-230. (^2) Norwood Russell HANSON , Observación y explicación. Guía de la filosofía de la ciencia. Patrones de descubrimiento (^3) Martin HEIDEGGER,, Madrid, Alianza Universidad, 1977, pp. 77-112. Ser y Tiempo , traducción y notas aclaratorias de Jorge Eduardo Rivera, Chile, Editorial Universitaria, 1988, pp. 172-177 y pp. 239-246.
condición de posibilidad de la experiencia, dicha forma organiza el caos ininteligible proveniente del mundo. Sin embargo, a diferencia de la filosofía kantiana, este organizar se elabora desde el cúmulo de conocimientos previos que posee quien observa, es decir, el contenido funge como estructura organizativa. En contraste con la vaciedad del a priori puro kantiano, en la propuesta de Hanson la estructura es contenido, dando lugar a una forma de naturaleza esencialmente distinta a la kantiana.
La forma u organización conceptual como también la llama Hanson, se encuentra condicionada materialmente, no se trata de una estructura puramente formal, esta diferencia con la forma kantiana reviste implicaciones de hondo calado epistemológico y ontológico. No se puede afirmar que la nueva filosofía de la ciencia tenga raigambre kantiana sin llevar a cabo un análisis de esta diferencia radical que les separa; precisamente, esta divergencia define el núcleo filosófico que distingue al tratamiento sobre la experiencia realizado desde la propuesta de Hanson, y que marca una ruptura con la línea tradicional de la epistemología proveniente de la modernidad, para explicar el carácter revolucionario de la nueva filosofía de la ciencia. Sostener que la noción de experiencia de la propuesta de Hanson converge con la kantiana y limitar esta confluencia a la actividad organizativa que el sujeto aplica sobre los insumos que provienen del mundo, significa quedarse con el aspecto más general del asunto, e implica no ver u ocultar el amplio espectro de derivaciones que la nueva filosofía de la ciencia conlleva y que le alejan de modo definitivo del idealismo trascendental kantiano, así como de toda explicación del conocimiento circunscrito en la tradición epistemológica moderna.
Para describir la naturaleza de la forma defendida en la propuesta hansoniana necesitamos centrarnos en la siguiente pregunta: ¿cómo se explica que la experiencia pueda ser organizada mediante conocimiento previo? La estrategia expositiva que emplearemos para responder a esta pregunta se realizará desde un ejemplo muy semejante a los que N. R. Hanson emplea en Patrones de descubrimiento^5 :
Figura 1 Al observar la figura 1, preguntamos ¿qué vemos cuando nos presentan esta imagen? Quien organice su visión como un oso koala trepando por la cara posterior de un árbol, lo que está haciendo es partir de un conocimiento previo que estructura su percepción de modo que la imagen se vea como un oso koala; para ello, necesita saber previamente que… “los osos koala trepan por los árboles”, que… “los osos koala tienen cuatro garras”, que… “cada garra del oso koala cuenta con cinco dedos” y que…“cada garra del oso koala tiene dos pulgares”. Esta información previa que aplica de manera activa el que observa, posibilita que la imagen de la figura 1 aparezca como un oso koala trepando por la cara posterior de un árbol. Desde el análisis de este ejemplo, podemos señalar dos factores que provienen de la actividad de quien observa, a estos dos componentes Hanson los considera elementos de la visión y los denomina: el “ver que…” y el “ver como ”. Para entender la naturaleza de la forma que posibilita la experiencia desde la propuesta hansoniana, resulta indispensable realizar una explicitación detallada de estos dos componentes de la visión. (^5) HANSON, Norwood Russell , op. cit., pp. 77-112.
experiencia. La observación desde esta perspectiva, constituye el producto que resulta de la aplicación de una estructura organizativa llamada forma sobre los insumos que provienen de los sentidos. Sin duda, escuchamos una resonancia kantiana indiscutible, sin embargo, desde nuestra interpretación, la disonancia resulta filosóficamente más interesante, porque dilucida los alcances revolucionarios que la nueva filosofía de la ciencia aporta al análisis de la experiencia y del conocimiento científico.
En contraste con la síntesis kantiana, en donde lo que estructura lo caótico de las sensaciones constituye una forma absolutamente vacía de todo contenido empírico, en la nueva filosofía de la ciencia el factor organizativo es un contenido. La estructura que organiza la visión en la propuesta hansoniana, contraria a la vaciedad de la forma del idealismo trascendental, se define por la plenitud de contenido, es más, en estricto sentido, es contenido; de modo tal que, dados los mismos insumos, es posible estructurar a éstos de modo distinto en función del conocimiento previo que se posea, afirmando así la posibilidad de experiencias diferentes aun cuando se tenga frente de sí los mismos objetos, en otras palabras, la relación biunívoca entre mundo y conciencia se colapsa, uno de los más caros presupuestos de la epistemología moderna es refutado desde la noción de forma como contenido previo.
Otra consecuencia que se deriva de la naturaleza de esta forma organizativa de la visión, resulta la influencia fundamental que la formación o educación ejerce y que se constituye en una condición de posibilidad de la experiencia. En efecto, lo que previamente se ha transmitido sobre x influye para que parte del flujo de la experiencia se ordene en cierto sentido y manifieste pautas que son invisibles para quien no posea la misma educación
previa. La experiencia se encuentra condicionada por lo transmitido y enseñado, de modo que, no es posible sostener más el postulado de una base empírica neutral desde la que se pretenda encontrar una relación biunívoca y necesaria entre enunciado y hecho, a la manera empirista o racionalista; la experiencia desde la nueva filosofía de la ciencia implica, efectivamente, que se tiene que recurrir a lo que la naturaleza muestra, pero se da el caso de que esta referencia puede ser insertada en distintas organizaciones conceptuales para que adquiera sentido, desmantelándose, así, el principio fundamental de la tradición epistemológica moderna que postula una realidad inmutable y única, para afirmar que nuestra experiencia del mundo puede tener diversos modos que incluso pueden ser inconmensurables entre sí.
Para Hanson la experiencia tiene como condición de posibilidad una red conceptual previamente transmitida y asimilada, el contenido precedente organiza nuestro modo de ver al mundo y si este contenido se modifica, ello implica que necesariamente la percepción cambia. Que la forma sea contenido y no un momento vacío, resulta la piedra de toque fundamental para la conformación de un nuevo paradigma explicativo del origen y desarrollo de los saberes científicos. Efectivamente, afirmar que la organización de la experiencia no constituye una forma inmaterial, libera a la filosofía de la ciencia de un compromiso y búsqueda de verdades universales y necesarias para develar su naturaleza histórica; si lo que informa al caos proveniente de los sentidos constituye un saber previo, entonces, la educación o formación del que observa incide de modo fundamental en la constitución de lo percibido y ello implica la naturaleza corregible de dicha percepción. Si al intentar dar sentido a lo que proviene del mundo encontramos confusión o embrollo conceptual, entonces tenemos la alternativa de realizar algún ajuste o reestructuración en
mundo. Historicidad del saber científico, elementos formativos de quien observa como condición que posibilita la observación científica, negación de objetos autoidentificantes que descubre una pluralidad ontológica, resultan algunas de las derivaciones epistémico- ontológicas que se apartan de la naturaleza fija y vacía de la forma pura kantiana y que se explican a partir de la noción de forma elaborada desde conocimientos y habilidades previas, que distingue a la nueva filosofía de la ciencia. A esta forma de naturaleza histórica que organiza la experiencia, Hanson le denomina interpretación : “…la interpretación está allí en la visión. Nos atreveríamos a decir que ‘la interpretación es la visión’. El hilo y su ordenamiento es la trama, el sonido y la composición es la música, el color y su disposición es la pintura”^7. Siguiendo el sentido de esta cita, podemos afirmar que: “lo sensible y su interpretación es la experiencia”. En otras palabras, en la descripción misma del interpretar como estructura organizativa de lo que vemos, se define la relación inseparable de éste con la experiencia, en el momento en que se armoniza lo que proviene del mundo, justo en ese instante, esplende la claridad que permite la apariencia del fenómeno, uno de los rasgos definitorios de este interpretar resulta, entonces, su natural inherencia a la visión, de ningún modo se puede considerar de facto al interpretar y a la experiencia como dos momentos separados.
Esta interpretación definida como la estructura o forma que posibilita la experiencia, difiere del significado que comúnmente se otorga a “interpretación” y que la describe como un acto deliberativo o argumentativo. Es desde este interpretar como estructura de la visión del que se deriva todo tipo de conocimiento; origen de naturaleza histórica que no puede ser tematizado desde tratamientos formales y que constituye el núcleo hermenéutico que (^7) HANSON, Norwood Russell, op. cit., p. 104.
aproxima a las propuestas hansoniana y kuhniana con la fenomenología hermenéutica de Heidegger. Tanto Hanson como Kuhn denominan interpretación a esta forma que organiza la experiencia. Efectivamente, Kuhn también emplea el término interpretación para designar a esta estructura constitutiva y, por tanto, inherente a la experiencia. En el capítulo X de La Estructura^8 , el autor distingue dos tipos de interpretar, al que ahora nos ocupa, lo describe como “…destellos de intuición a través de los cuales nace un paradigma nuevo”^9 , es decir, esta interpretación no se encadena ni lógica ni gradualmente con la experiencia, en lugar de ello, reúne grandes porciones de ésta y las transforma para incluirlas en un caudal distinto que descubre fenómenos nuevos. Kuhn^10 , también declara que ninguno de los comentarios sobre la interpretación como estructura organizativa de la experiencia, pretende negar una característica distintiva de la actividad científica que consiste en la “interpretación” de las observaciones: Galileo “interpretó” las observaciones del péndulo, Aristóteles “interpretó” las observaciones de las piedras en caída, Musschenbroek “interpretó” las observaciones de una botella cargada eléctricamente y Franklin “interpretó” las observaciones de un condensador. En otras palabras, existe una “interpretación” que se ejerce sobre la experiencia de “algo como algo”. Nos detendremos en la dilucidación de la diferencia existente entre estos dos tipos de interpretar, puesto que ello clarificará la noción revolucionaria de experiencia que se defiende en La Estructura^11 y que resulta un desarrollo de la clase de experiencia que Hanson plantea como origen del conocimiento
(^89) KUHN, Thomas Samuel, op. cit., pp. 193-230. 10 Ibid.Ibid. , p. 211., p. 210. (^11) Ibid. , pp. 193-230.
a lo ontológicamente descubierto por el interpretar originario. El “algo como algo” no sólo es temporalmente anterior al “algo sobre algo”, también es una condición de su posibilidad. Esta anterioridad y posibilitación no posee la naturaleza de un fundamento último puesto que como ya se ha reiterado, el interpretar originario se elabora desde lo previamente sabido, negando la univocidad de lo dado o la necesidad de un inicio absoluto. Por otra parte, la interpretación inherente a la visión, por conformarse desde lo que previamente se sabe, no puede iluminar íntegramente al mundo, tan sólo puede “alumbrar” una región ontológica de éste, evidenciando así, que el decir algo sobre algo no sólo es posibilitado sino también acotado por la naturaleza finita del “ver algo como algo”.
El interpretar que estructura la visión de algo como algo se descubre, entonces, como un momento previo, posibilitador y al mismo tiempo limitante del interpretar enunciativo, este condicionamiento es de naturaleza histórica, no sólo por elaborarse desde saberes y habilidades previas sino porque debido a su finitud se restringe a iluminar una parcela ontológica del mundo, dejando abiertas posibilidades de constante re-interpretación y por tanto de movilidad conceptual. Tenemos entonces que en la filosofía kuhniana, la interpretación se constituye en una condición de posibilidad de naturaleza modificable, mostrando así los atributos propios de un a priori histórico que se abstrae de modo definitivo del a priori puro formal que distingue al idealismo kantiano.
Sin embargo, queda en vilo la pregunta que inquiere sobre la experiencia que se explica por la adecuación de los enunciados con los fenómenos, ¿existe alguna relación de ésta con la experiencia interpretativa originaria? Sostenemos que el experimentar algo como algo constituye el horizonte de sentido desde el cual se ejerce la verdad por correspondencia. El
“ver algo como algo” no se destruye, se mantiene implícito y constante en la labor “interpretativa” del científico, es decir, el actuar que dice algo sobre algo no “rompe” con la experiencia originaria interpretativa, más bien, su desarrollo se posibilita desde ésta, de modo que la relación de correspondencia entre enunciado y mundo persiste, sólo que ahora se restringe a la región ontológica descubierta por la interpretación de algo como algo, la labor científica consiste entonces, en hacer corresponder enunciados sobre las cosas con las cosas que conforman esta parcela ontológica del mundo iluminada por el interpretar originario: “Ciertamente, una vez que está dado un paradigma, el cual condiciona la manera de percibir el mundo y elaborar los datos, la interpretación de esos datos se vuelve una tarea central en la investigación normal, es decir, en el proceso de articulación, refinamiento y ampliación del enfoque teórico de dicho paradigma”^14.
Desde luego que se deroga toda clase de homologación universal y necesaria entre enunciado y mundo, el ajuste se circunscribe a este sector ontológico que por ser descubierto desde una experiencia histórica, no es cerrado sino abierto a la movilidad de sentido y por tanto, de conceptos; la adecuación se realiza entre los enunciados y las cosas que emergen desde la interpretación originaria y no con “las cosas en sí”. En el enlace del juicio, lo que se busca es la correspondencia del enunciado sobre la cosa con la cosa de la experiencia interpretativa. La adecuación entonces no se erradica desde la propuesta kuhniana, tan sólo se evidencia su carácter derivado y restringido. La naturaleza del interpretar que organiza la experiencia se define por una doble propiedad de posibilitación y limitación, es esta limitación lo que garantiza la movilidad del mismo, todo interpretar conlleva un momento estructural de ocultamiento, ello explica la imposibilidad de abarcar (^14) Ana Rosa PÉREZ RANSANZ, Kuhn y el cambio científico , México, F.C.E., 2000, p. 48.
enfatizar el carácter pre-enunciativo del interpretar originario, puesto que, este tipo de interpretar resulta el núcleo filosófico revolucionario desde el cual se construye un paradigma nuevo que rompe con la tradición metafísica y epistemológica moderna. La dimensión hermenéutica de esta experiencia constituye el punto de encuentro de dos tradiciones que rebasa una cuestión meramente terminológica.
En la fenomenología hermenéutica, la existencia humana y el mundo conforman una unidad indiscernible desde la que el ser humano comprende e interpreta mundo. Para Heidegger, el problema del adecuado acceso al mundo exterior constituye en estricto sentido, un pseudoproblema que deriva de supuestos equivocados ya que se defiende una separación abstracta entre conciencia y mundo: “… si se viera el todo de la distinción y conexión del ‘dentro’ y ‘fuera’, supuesto en la demostración, si se comprendiera ontológicamente lo que en esta suposición queda supuesto, se derrumbaría la posibilidad de considerar la demostración de la ‘existencia de las cosas fuera de mí’ como algo necesario y que aún sigue faltando”^16 , en otras palabras, el estar-en-el-mundo como estructura ontológica que todo ser humano tiene, implica que el mundo no constituye una entidad exterior cuyo acceso sea problemático, desde este estar-en-el-mundo se aprehende mundo, el escándalo de la filosofía no radica en que no se haya podido resolver la conexión del “en mí” y el “fuera de mí”, el escándalo de la filosofía consiste en que tal demostración siga siendo esperada e intentada y el absurdo se evidencia al intentar y esperar unir lo que ontológicamente no está ni puede estar separado: “El ‘escándalo de la filosofía’ no consiste
(^16) HEIDEGGER, Martin, op. cit., p. 226.
en que esta demostración aún no haya sido hecha hasta ahora, sino, más bien, en que tales demostraciones sigan siendo esperadas e intentadas ”^17.
El ser humano desde siempre se encuentra en el mundo pero este en no implica una relación de contención sino más bien de copertenencia, el problema entonces no radica en demostrar que exista y cómo exista un mundo exterior. Desde la estructura unitaria del estar-en-el- mundo, el ser humano comprende e interpreta mundo, este interpretar-comprender constituye un modo de ser constitutivo de la existencia humana y, por tanto, una estructura ontológica que se da desde el trato mismo con el mundo y no desde una conciencia reflexiva que intenta inútilmente alcanzar la “realidad exterior”. La fenomenología hermenéutica heideggeriana, se separa de la postulación moderna que afirma la percepción de la realidad mediante la conciencia para afirmar una aprehensión interpretativa del mundo. El supuesto ontológico que sustenta esta aprehensión originaria, es precisamente la co-pertenencia que desde siempre tiene el ser humano con el mundo, esta aprehensión nada tiene que ver con procesos lógico-formales que se concatenen de manera deductiva o inductiva, tan sólo se da , es decir, la comprensión originaria es un modo de estar en el mundo, un modo de ser del ser humano, una estructura ontológica que explica la ontologización del comprender distintivo de la hermenéutica heideggeriana y que le separa de la hermenéutica diltheyana todavía con aspiraciones epistemológicas de universalidad y necesidad. Ahora bien, si la comprensión del mundo se da de manera natural, sin artificios formales, entonces, la pregunta que acucia y merece nuestra atención concentrada es cómo se entiende dicha comprensión, cuáles son los rasgos que la describen.
(^17) Ibidem.
Otro rasgo distintivo de esta interpretación que ejerce la función de articular nuestra comprensión del mundo, es que ésta se funda siempre en un haber previo, es decir, en una manera de ver previa que posibilita la inteligibilidad: “La interpretación se funda siempre en una manera previa de ver [ Vorsicht ] que ‘recorta’ lo dado en el haber previo hacia una determinada interpretabilidad”^21 , la estructura organizativa de nuestro comprender, entonces, no constituye una forma vacía, más bien, se funda en lo que previamente se tiene y se sabe: “La interpretación de algo en cuanto algo está esencialmente fundada en el haber previo, en la manera previa de ver y en la manera de entender previa. La interpretación no es jamás una aprehensión, sin supuestos, de algo dado”^22 , en otras palabras, la interpretación originaria de la fenomenología hermenéutica de Heidegger manifiesta un carácter histórico, no se trata de una estructura puramente formal, sino que se encuentra materialmente condicionada por los conceptos, saberes, habilidades y capacidades previas, que posibilitan la comprensión del mundo. Del mismo modo que el interpretar de la filosofía de Kuhn, el interpretar de la fenomenología heideggeriana se estructura desde lo previamente heredado.
Colegimos entonces que la convergencia no se reduce a una mera cuestión del uso de los mismos términos, la confluencia se explica desde un revolucionario tratamiento de la noción de forma, que efectivamente concibe a ésta como un momento estructurador de la experiencia, pero que a diferencia de la forma vacía kantiana, se elabora desde un conjunto de saberes previos que posibilitan la comprensión de los fenómenos. Por otra parte, este revolucionario tratamiento que implica asumir la naturaleza de la forma como inseparable
(^2122) HEIDEGGER, Martin, op. cit ., 174. Ibidem.
del contenido, explica también que en las propuestas citadas se descubra la inherente circularidad hermenéutica existente en la construcción del conocimiento para dar cuenta de su historicidad: “Toda interpretación que haya de aportar comprensión debe haber comprendido ya lo que en ella se ha de interpretar”^23 , este movimiento circular devela la cualidad histórica de todo saber, incluyendo el que versa sobre los fenómenos de la naturaleza. En una sugerente cita de Ser y Tiempo , Heidegger nos dice: “…el ideal sería, incluso en opinión de los propios historiadores, que el círculo pudiese ser evitado y hubiese esperanza de crear algún día una ciencia histórica que fuese tan independiente del punto de vista del observador como presuntamente lo es en el conocimiento de la naturaleza”^24 , la cita es relevante porque sugiere que incluso en el conocimiento que versa sobre la naturaleza el punto de vista del observador influye en la constitución de la experiencia, los saberes previos posibilitan la comprensión de toda clase de fenómeno.
Por otra parte, lo mismo que en la propuesta de Kuhn, el tratamiento que Heidegger realiza sobre la interpretación como estructura organizativa que permite la comprensión de algo en cuanto algo no niega, de ningún modo, a la interpretación derivada que brota precisamente de esta interpretación estructuradora de la experiencia; la interpretación temática o derivada se funda siempre en un interpretar originario y aunque aquélla es la que distingue a la actividad científica normal, no por ello, se desarrolla sin supuestos, por esta razón, las ciencias naturales lo mismo que las ciencias sociales explican su devenir mediante la circularidad hermenéutica de sus saberes, ya que la interpretación aun cuando haya pasado
(^2324) HEIDEGGER, Martin, op. cit ., 176. Ibidem. , cursivas añadidas.