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Expansión Fenicia: Orígenes y Colonias - Prof. Ozcáriz, Apuntes de Turismo

La expansión de fenicia, una civilización costera del mediterráneo, y sus colonias desde el líbano hasta la península ibérica. Se habla de las principales ciudades-estado, como arados, berytos, sidón y tiro, y su comercio marítimo de vidrio, metales, madera de cedro y tejidos. Se detalla la importancia de cartago, fundada por fenicios, y su expansión comercial hacia el noroeste de la península ibérica y las islas británicas.

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 02/09/2009

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Expansión
Inicialmente, más que de un país, habría que hablar de varias ciudades-estado
principales, con gobiernos independientes:Arados, Berytos (Beirut), Biblos, Sidón y
Tiro, todas estas ciudades localizadas en el actual Líbano y corresponden a los periodos
históricos de Fenicia. Los Fenicios enviaron barcos mercantes por todo el Mediterráneo
para fundar colonias en sus orillas, desde Asia Menor hasta la Península Ibérica, como
Trípoli, Gadir, (Cádiz), Sexi (Almuñecar), Rusadir (Melilla) y Malaka (Málaga). Sin
embargo su colonia de mayor importancia fue Cartago (al norte de África), que se
independizó tras la ocupación de Fenicia por parte de los asirios.
Todas estas ciudades eran independientes y costeras cercanas al mar, reunidas unas de
otras aunque bajo la preponderancia o hegemonía de Sidón hasta el siglo XIII a. C. y de
la de Tiro desde esta fecha en adelante, siendo como su ciudad santa o centro moral y
religioso la famosa Biblos o Gebal de donde procedían los canteros que trabajaron para
el templo de Salomón (lib. III de los Reyes c.V, v.18). . Se extiende y fortifica a orillas
del mar.
El comienzo de su despegue se remonta al 1200 a.C. después de los profundos cambios
que se produjeron en esta zona del Mediterráneo después de las invasiones de los
pueblos del mar. En las tierras que habían ocupado los cananeos empezaron a surgir las
ciudades citadas anteriormente. Eran ciudades independientes que reforzaron sus lazos
entre ellas.
Situados los fenicios en lo que es hoy el Líbano, en un territorio escaso y rodeados por
pueblos poco pacíficos, supieron buscarse el respeto de todos ellos. Se convirtieron en
los más expertos navegantes y en descubridores de nuevas rutas marítimas. El
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LA CIVILIZACIÓ FE ICIA.

Expansión

Inicialmente, más que de un país, habría que hablar de varias ciudades-estado principales, con gobiernos independientes:Arados, Berytos (Beirut), Biblos, Sidón y Tiro, todas estas ciudades localizadas en el actual Líbano y corresponden a los periodos históricos de Fenicia. Los Fenicios enviaron barcos mercantes por todo el Mediterráneo para fundar colonias en sus orillas, desde Asia Menor hasta la Península Ibérica, como Trípoli, Gadir, (Cádiz), Sexi (Almuñecar), Rusadir (Melilla) y Malaka (Málaga). Sin embargo su colonia de mayor importancia fue Cartago (al norte de África), que se independizó tras la ocupación de Fenicia por parte de los asirios.

Todas estas ciudades eran independientes y costeras cercanas al mar, reunidas unas de otras aunque bajo la preponderancia o hegemonía de Sidón hasta el siglo XIII a. C. y de la de Tiro desde esta fecha en adelante, siendo como su ciudad santa o centro moral y religioso la famosa Biblos o Gebal de donde procedían los canteros que trabajaron para el templo de Salomón (lib. III de los Reyes c.V, v.18).. Se extiende y fortifica a orillas del mar.

El comienzo de su despegue se remonta al 1200 a.C. después de los profundos cambios que se produjeron en esta zona del Mediterráneo después de las invasiones de los pueblos del mar. En las tierras que habían ocupado los cananeos empezaron a surgir las ciudades citadas anteriormente. Eran ciudades independientes que reforzaron sus lazos entre ellas.

Situados los fenicios en lo que es hoy el Líbano, en un territorio escaso y rodeados por pueblos poco pacíficos, supieron buscarse el respeto de todos ellos. Se convirtieron en los más expertos navegantes y en descubridores de nuevas rutas marítimas. El

florecimiento de este territorio terminó con la conquista de Alejandro Magno que tuvo lugar el 332 adC.

Cada ciudad tenía su rey y su consejo de ancianos (integrado por unos 100 miembros). Sus actividades económicas eran principalmente el comercio marítimo de vidrio, metales, madera de cedro (que sacaban de Biblos) y tejidos (que teñian por el caracol del Mediterráneo, el múrice). De esta forma, se constituyeron en las más poderosas talasocracias del Mediterráneo, a imagen de la extinta civilización minoica. Sus rutas comerciales llegaban hasta las Casitérides en el Atlántico.

Cultura

El pueblo fenicio constituye un poderoso lazo de unión entre las civilizaciones y más aún entre las formas artísticas del mundo antiguo, por la imitación, fusión y difusión de ellas, aunque no se le considere como original inventor de alguna.

Los fenicios utilizaban un alfabeto fonético, que los griegos adoptaron a su propia lengua y, con el tiempo, sirvió de base para todos los alfabetos occidentales. Este alfabeto tenia puntos para las vocales y 22 signos para las consonantes, pero fue muy importante, ya que, el alfabeto no era secreto a diferencia de algunos pueblos que lo dejaban solo para autoridades superiores.

La cultura fenicia fue muy importante en su época, pero, sorprendentemente, han quedado pocas huellas de su historia. Conocemos su existencia, sobre todo, a través de los textos de otros pueblos que entraron en contacto con ellos, en particular los asirios, los babilonios y, más tarde, los griegos.

La religión fenicia estaba tutelada por el dios Melqart, que luego se identificaría con Hércules.

Arte

El arte fenicio se estudia principalmente en las ruinas de las ciudades que fueron colonias sidonitas o tirias, como las de Cerdeña y Andalucía y, sobre todo, en las establecidas en la isla de Chipre.

A diferencia de otras civilizaciones como la mesopotámica o la egipcia, contaban con abundante madera, lo que les permitía construir numerosos barcos. Pudieron perfeccionar las técnicas de construcción naval y, avanzando en el conocimiento de las rutas, se convirtieron en la auténtica marina mercante de los pueblos del Oriente mediterráneo. Los metales fueron el objetivo principal de estos navegantes, que exportaron objetos y joyas en oro, plata y piedras preciosas y duras, así como tallas de marfil, a menudo imitando tipos y modelos egipcios. Ellos fueron los verdaderos difusores del hierro por el mediterráneo, que fue usado en primer lugar por los hititas. Y fueron también conocidísimos por su incansable afán de búsqueda del estaño, uno de los dos componentes necesarios para la elaboración del bronce, el metal más utilizado en la antigüedad. Llegaron, incluso, a las islas británicas.

Su expansión se produjo en un primer momento a su territorio más cercano como Chipre, pero desde comienzos del primer milenio se dirigen a todo el Mediterráneo. Los propios reyes son los que costeaban estas expediciones, ya que eran los principales empresarios de todo este negocio comercial. Casi en la misma época, los griegos empiezan a surcar las aguas del Mediterráneo con fines comerciales. Sin embargo, gracias a la arqueología podemos deducir que existía una serie de intercambios normalizados desde las etapas más remotas, como en algunas fundaciones del sur de Italia. Además de grandes comerciantes, fueron unos excelentísimos diplomáticos, hasta el punto de que no se llevaron mal con casi nadie.

Los fenicios encontraron mucha competencia en el Mediterráneo oriental, pero poca en el occidental. De este modo, podemos reconocer casi sin dificultad la importancia que tuvieron en la formación de culturas como la Etrusca o ibérica (desarrollar en religión, arte y estilo orientalizante).

Los punicos o cartagineses

La ciudad de Cartago fue fundada por fenicios procedentes de Tiro. Según la leyenda, fue la hermana de Pigmalión (rey de Tiro) quien llegó primero en el 814 a.C. Su desarrollo e importancia se debieron en gran parte al comercio con Tartessos, con lo que su vinculación con la Península fue muy temprana y suponía un conocimiento detallado del potencial minero de la zona. De ahí se obtenía plata y, sobre todo, estaño.

Con el declive de Tartessos, Cartago tuvo que extender su búsqueda de metales hacia el noroeste de la Península, incluso hasta las islas británicas. Sus expediciones llegaron también hasta Senegal de donde importaron abundante oro.

Todas las referencias al modo de vida y costumbres cartaginesas las debemos a autores griegos y romanos, enemigos declarados de Cartago. Por tanto, carecemos de una visión objetiva de su realidad. Dicho esto, no resulta sorprendente que una de las costumbres en las que más hacen hincapié los historiadores sobre los cartagineses fuese el sacrificio de niños. Los arqueólogos han recuperado en el cementerio de Tofet los restos de 20.000 urnas que contenían restos de niños incinerados en un período de 200 años, desde fetos hasta los dos años. Esto indica que pudo haber algo de cierto en lo transmitido por los historiadores griegos y romanos, pero por otro lado nos informa de que los cartagineses tenían una sensibilidad especial hacia los niños, ya que en la sociedad romana, en la mayor parte de los casos, los fetos o muertos neonatos no solían merecer la menor consideración.

El modo de gobierno era la oligarquía, mediante unos magistrados (sufetes), que en origen habrían sido los gobernadores nombrados por la metrópoli de Tiro. Al igual que los cónsules romanos, eran nombrados para el cargo de manera anual, pero no contaban con poder militar. Las principales familias cartaginesas estaban representadas en un gran Consejo, y todos ellos se regían por una Constitución que asombró entre otros a Eratóstenes de Alejandría y a Aristóteles por su desarrollo.

Resulta complicado establecer el momento en el que Cartago superó a la Metrópoli en importancia. Sin embargo, nunca llegó a romper sus lazos, ya que siguió enviando impuestos a Tiro y mostró especial sensibilidad en los momentos en los que la Metrópoli necesitó ayuda.

El ejército desarrollado por los cartagineses tenía la característica de estar formado casi exclusivamente por fuerzas mercenarias de todos los puntos del Mediterráneo. El personal cartaginés era muy reducido y se limitaba prácticamente a los puestos de mando. Se trataba de una opción muy arriesgada porque requería la cantidad

y muy intensa. En el siglo VII a.C. su influencia llega al curso central del Guadalquivir, a varios puntos de la actual provincia de Córdoba y a la zona minera de Cástulo. Aquí se han detectado, entre otros indicios, vino y bronces fenicios. También en este momento se extienden por la costa mediterránea hacia el norte, llegando su influencia hasta el litoral catalán y el golfo de León.

Muchos de los asentamientos costeros fueron desapareciendo a lo largo del siglo VI a.C., aunque otros pervivieron y se consolidaron como núcleos urbanos estables como Malaca (Málaga), Sexi (Almuñécar) o Abdera (Adra). Las colonias fenicias quedan bajo la órbita de Cartago cuando Fenicia es conquistada por Alejandro Magno.

Los viajes fenicios

No es casualidad que no conservemos ningún viaje mítico de los fenicios. Al ser los viajes algo habitual, el viaje imaginario no es tan atractivo como para otros pueblos. Sin embargo, no quiere decir que no existiesen.

Los viajes de exploración, sin embargo, fueron muy importantes. Ya en el año 1. a.C. nos los encontramos viajando hasta la otra punta del Mediterráneo y fundando colonias como Gadir (aunque los primeros restos arqueológicos conocidos se fechan en el siglo VIII). Diodoro de Sicilia nos da noticias importantes de estos primeros viajes. Todo parece apuntar a que desde estos primeros momentos las Columnas de Hércules (Gibraltar) fueron un punto de referencia para las navegaciones fenicias. Numerosos viajeros levantaron monumentos en la zona, y problablemente de ahí viene el nombre de las “columnas”.

Las colonias fenicias guardaban siempre unos anales por escrito de su fundación y su historia. Estrabón, autor romano de época de Augusto, nos narra algunos aspectos de esta fundación. Estrabón cuenta que los fenicios ya conocían el Estrecho hacía tiempo, pero desconocían los detalles para establecerse y crear una colonia. El Oráculo de Tiro

dictaminó que se creara la colonia y que se hiciese un viaje exploratorio y una serie de ritos para detectar el lugar exacto que marcaba la voluntad de los dioses. Tras tres viajes infructuosos, por fin los dioses se mostraron de acuerdo en fundar la ciudad en el sitio en el que la conocemos hoy día.

Dejando de lado la importante labor de creación de colonias, conocemos varias historias verídicas de periplos o viajes exploratorios fenicios. Dentro de este grupo entraría un supuesto viaje (hoy en día tenido por falso) que habría partido del mar Rojo, habría cruzado el cabo de Buena Esperanza y, por los vientos desfavorables, habría sido desviado a Brasil. Ahí habrían realizado una inscripción que fue descubierta en el siglo XIX y que desapareció cuando se empezó a plantear su veracidad. Tampoco apareció ningún otro resto arqueológico asociado que lo corroborase.

Otra histora que sí es verosímil es la que nos cuenta Estrabón en su libro IV: “En este sentido, es evidente que Libia (África) está rodeada de agua por todas partes, salvo por el lado en que confina con Asia; que nosotros sepamos, el rey de Egipto Neco fue el primero que lo demostró, ya que, desde el Nilo, se dirigía al golfo arábigo, envió en unos navíos a ciertos fenicios, con la orden de que, a su regreso, atravesaran las Columnas de Heracles hasta alcanzar el mar del norte y llegar de esta manera a Egipto. Los fenicios, pues, partieron del mar Eritreo y navegaron por el mar del sur. Y cuando llegaba el final del otoño, atracaban en el lugar de Libia en el que, en el curso de la travesía, a la sazón se encontraran, sembraban la tierra y aguardaban hasta la siega. Y, una vez recogida la cosecha, reemprendían la navegación, de manera que, cuando habían transcurrido dos años, en el tercer año de travesía doblaron las Columnas de Heracles y arribaron a Egipto. Y contaban –cosa que, a mi juicio, no es digna de crédito, aunque puede que lo sea para alguna otra persona- que, al contornear Libia, habían tenido el sol a la derecha”. Este último testimonio que para Estrabón sirve para poner en duda la veracidad del viaje, nos sirve a nosotros para certificarla. La posición alterada del sol es la lógica al navegar en el hemisferio sur. Resulta sorprendente que pasasen sin problemas el cabo de Buena Esperanza por las grandes dificultades que presenta. Pero pudieron llevarlo a cabo por hacer el viaje en esa dirección y no en la contraria. La estrategia de desembarcar en invierno les permitió ahorrar fuerzas y aumentar las

lixitas, con quienes permanecimos cierto tiempo y entablamos amistad.

  1. Y por cierto que en el hinterland de esos nómadas, residían unos etíopes poco hospitalarios que ocupaban un territorio plagado de fieras y surcado por grandes montañas de las que, según dicen, procede el Lixo y en cuyos aledaños habitan unas gentes de singular aspecto, los trogloditas, que, a la carrera, aventajan a los caballos, según testimonio de los lixitas.
  2. Acto seguido nos procuramos unos intérpretes entre estos últimos y, en dirección Sur, costeamos el desierto por espacio de dos días, para, posteriormente, continuar rumbo a Levante por espacio de una jornada, durante la que, en el fondo de una bahía, encontramos una pequeña isla (de cinco estadios de perímetro) que colonizamos, denominándola Cerne. Y, a juzgar por nuestro periplo, dedujimos que se hallaba a la altura de Cartago, ya que la duración de la travesía desde Cartago a las Columnas y de éstas a Cerne era similar.
  3. Desde allí, y navegando por un gran río (el Cretes), llegamos a un lago, que contenía tres islas mayores que Cerne. Partiendo de ellas, empleamos una jornada de navegación para llegar al fondo del lago, que se hallaba dominado por enormes montañas llenas de salvajes, ataviados con pieles de animales, que nos arrojaron piedras y nos obligaron a alejarnos, impidiéndonos desembarcar.
  4. Zarpamos de allí y arribamos a otro río, grande y ancho, repleto de cocodrilos e hipopótamos. Ante esta circunstancia, pues, volvimos a virar de bordo y regresamos a Cerne.
  5. Y, desde allí, navegamos con rumbo Sur, por espacio de doce días, costeando el litoral, que se hallaba, en su totalidad, habitado por etíopes, quienes, ante nuestra presencia, huían sin esperarnos (por cierto que su idioma resultaba ininteligible hasta para los lixitas que viajaban con nosotros).
  6. Pues bien, durante el último día, fondeamos en las inmediaciones de unas grandes y frondosas montañas (por cierto que la madera de los árboles era fragante y de diversos colores).
  7. Tras haber circunnavegado dichas montañas por espacio de dos jornadas, llegamos a un inmenso espacio de mar abierto, a uno de cuyos lados -en la parte de la costa- había una llanura en la que, por la noche, vimos alzarse por doquier fuegos a intervalos, de mayor o menor intensidad.
  8. Y, después de aprovisionarnos de agua, zarpamos de allí, prosiguiendo nuestra singladura, por espacio de cinco días, a lo largo de la costa, hasta que llegamos a una

gran bahía que los intérpretes manifestaron que se llamaba «Cuerno del Oeste». En dicha bahía había una gran isla y en ella un lago formado por el mar; a su vez, en el lago había otra isla en la que desembarcamos, sin que de día viéramos otra cosa que no fuera selva, pero, por la noche, advertimos que se encendían numerosas hogueras y escuchamos sonido de flautas, así como ruido de címbalos y timbales, y un incesante griterío, por lo que el terror se apoderó de nosotros y los adivinos recomendaron que abandonásemos la isla.

  1. Zarpamos, pues, con celeridad y pasamos junto a una costa ardiente, llena de emanaciones y de la que enormes torrentes de lava desembocaban en el mar; de ahí que, a causa del calor, la tierra resultara inabordable.
  2. En consecuencia también zarpamos con celeridad de allí presas del pánico. Durante cuatro días de travesía divisamos, por la noche, la costa llena de llamas, en medio de las cuales había una especie de altísima hoguera, mayor que las otras, que daba la impresión de que tocaba las estrellas. De día, sin embargo, pudo verse que se trataba de una enorme montaña llamada «Soporte de los dioses».
  3. Tras dos días de navegación desde dicha zona, costeando torrentes de lava, arribamos a una bahía que recibe el nombre de «Cuerno del Sur».
  4. En su interior, por cierto, había una isla semejante a la primera: tenía un lago y en él había otra isla, llena de salvajes. Las hembras, que tenían el cuerpo peludo y a las que los intérpretes denominaban «gorilas», eran mucho más numerosas. Pues bien, pese a perseguirlos, no conseguimos apresar machos: todos huían, aprovechando su facilidad para la escalada, y se defendían con lo que tenían a mano; en cambio, nos apoderamos de tres hembras, que se dedicaron a morder y a arañar a sus captores, ya que se resistían a seguirlos; así que las matamos y las desollamos, transportando sus pieles a Cartago. Lo cierto es que ya no proseguimos nuestro periplo, dado que nos faltaron las provisiones. Traducción de Carlos Schrader, en ídem, «El mundo conocido y las tentativas de exploración: los orígenes de la geografía descriptiva en Grecia», en Francisco Javier Gómez Espelosin y Joaquín Gómez-Pantoja (eds.), Pautas para una seducción. Ideas y materiales para una nueva asignatura: Cultura Clásica, Ediciones Clásicas, Madrid, 1991, pp. 81-149, 102-106.

La navegación de altura: fue muy utilizada por los fenicios. De hecho, colonias como Ebusus (Ibiza) se encuentran a más de 25 millas de la escala más próxima. La localización de esa colonia indica que era muy utilizada. Exigía la navegación nocturna. Para ello utilizaban iluminación y conocimiento de las estrellas.

La navegación a larga distancia se hacía sólo desde primavera hasta octubre, al igual que sucede con griegos y romanos. Es difícil medir la velocidad de las naves, pero sabemos que desde Cartago hasta Gadir se llegaba en 7 días. Desde Tiro a Gadir eran entre 80 y 90 días, con lo que aquellos que hacían el viaje tenían que pasar el invierno en su lugar de destino.

Los barcos fenicios:

“Las naves de Biblos”, como eran conocidos los barcos fenicios, tenían gran fama desde el III milenio a.C. Y no sólo sus barcos, sino como expertos ingenieros, constructores, pilotos y expertos en todos los ámbitos de la navegación. De esta manera, nos encontramos siendo reclamados por monarquías como Israel, Egipto o Asiria. Pero para llegar a esta situación tuvo que pasar mucho tiempo. Con gran seguridad, el precedente de las naves fenicias fueron las egipcias que se dirigían al Punt: destacaban las formas redondeadas y panzudas de sus barcos. La diferencia en el Mediterráneo es que el fuerte oleaje y la irregularidad de las costas hacía necesaria la colocación de grandes remos.

En las cercanías del año 1.000 a.C. utilizan el carguero panzudo con gran número de remeros. A los fenicios se les atribuye el descubrimiento de la quilla y el espolón. También el calafateo con betún de las junturas de las maderas de los barcos. Conocían la vela orientable y el remo de timonel doble, que permitía girar y maniobrar con gran facilidad.

3 tipos de naves diferentes:

Naves de transporte local: pequeñas embarcaciones de transporte provistas de unos ocho remeros, con los extremos redondeados, y mascarón de proa en forma de cabeza de caballo. De aquí viene su nombre: “hipois”, que significa caballo en griego. Se seguían utilizando en Cádiz en época helenística y eran conocidas en todo el Mediterráneo como típicias de los fenicios, de sus ciudades y colonias.

Naves mercantes: Impulsadas por una enorme vela cuadrada, tenían suficiente capacidad para transportar víveres, provisiones y mercancías. Eran aptas para la navegación en alta mar. Fueron conocidas con el nombre de “bañeras”. Eran barcos con la proa y la popa levantadas, cuya fuerza principal era la de la vela. Contaban con remos, pero no se utilizaban más que para maniobrar y mantener la estabilidad del barco. Podían llevar unas 45 toneladas de carga. Se conocen flotas de hasta 50 barcos de este tipo.

Naves de guerra: a pesar de ser expertos en diplomacia, su flota era temible. El barco de guerra era una galera impulsada a remo y provista de espolón. Tenían una doble fila de remeros y por eso se les llamaba “birremes”. El eslabón de proa, puntiagudo, era un rasgo distintivo de los navíos de combate. Fue inventado por los fenicios al menos en el 800 a.C. Para que fuese útil en la guerra a la hora de chocar tenía que llevar gran velocidad y por eso se incorporan hasta 50 remeros a los barcos. En el 670 a.C. se inventa la trirreme por los fenicios de Sidón y los griegos de Corinto, incorporando hasta 170 remeros. Eran naves estrechas y poco estables, con poco espacio para las provisiones. Tenía que llevar una navegación de cabotaje o a poca distancia de la costa. Los griegos serán los que más la adopten y a partir de estos momentos las guerras marítimas no se limitarán a lanzarse flechas y lanzas, sino a embestir en los lugares clave de las naves enemigas.