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Asignatura: redaccion periodistica II, Profesor: , Carrera: Periodismo + Derecho, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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Principales figuras del discurso Las figuras del discurso constituyen un objeto tradicional de la retórica. De ellas procede la expresión “lenguaje figurado”: la comunicación de ideas o conceptos en términos de otros que tengan una semejanza, real o imaginaria, con los primeros. Por lo habitual se las estudia en la enseñanza secundaria como elementos ornamentales que contribuyen a embellecer el discurso. Aquí nos interesa su función persuasiva; por eso repasaremos las principales figuras empleadas por los periodistas para reforzar su argumentación, tanto en el ámbito interpretativo como en el de la opinión.
Metáfora : Tropo fundamental, la metáfora forma parte del ornatus o belleza del estilo y es el recurso retórico por antonomasia. En griego significa “traslado”, pues implica llevar una cosa de un ámbito a otro. Para Aristóteles consiste en dar a una cosa el nombre que pertenece a otra; vale decir, transferir el nombre de una cosa al ámbito de otra, logrando que la significación contenida en ese nombre se desplace a un sector diferente. La podemos definir como una comparación incompleta. Ejemplo:
Ella es (tan bonita como) una rosa. --> Ella es una rosa. Mi marido es (como/tan fuerte como) un toro. --> Mi marido es un toro.
“Cuando transportamos un nombre de una cosa a otra cosa estamos trasladando con ese nombre todo un contexto de causalidades y semejanzas, de pregnancias afectivas y simbólicas. La metáfora es en efecto el acto de transportar un conjunto de relaciones desde una realidad a otra distinta con la que se puede establecer una relación o semejanza, aplicando así una forma de razonamiento analógico”, dice Javier Otaola. De ahí que Aristóteles asociara metáfora y semejanza: «La habilidad para utilizar la metáfora entraña una percepción de las similaridades». Como recurso semántico, la metáfora participa en la construcción del cualquier tipo de discurso. Usamos metáforas cotidianamente, pues éstas nos permiten comprender nuestras experiencias. Las metáforas contribuyen a estructurar cualquier discurso (científico, literario, conversacional...) y, en consecuencia, intervienen en la delimitación de su sentido: cumplen una función cognitiva. También constituyen un importante recurso persuasivo en los procesos de políticas públicas. Los actores políticos utilizan metáforas cognitivas para etiquetar fenómenos sociales. Las metáforas
funcionan, en esas circunstancias, como símbolos clave o símbolos de condensación. En suma, cumplen funciones conceptuales que nos capacitan para pensar en situaciones novedosas, complejas o lejanas, dice Dorde Cuvardic García. De ahí que se diga que el lenguaje es básicamente metafórico (pensemos en todas las metáforas que utilizamos sin saberlo, patentes en expresiones como “se le va la olla; le falta un tornillo, tiene la cabeza bien amueblada, poner toda la carne en el asador...”). Las metáforas también estructuran el discurso periodístico. Esto es así porque recurrimos a las metáforas cuando nos topamos con algo difícil de comprender o comunicar. Tendemos a integrar tales experiencias a “esquemas” disponibles, los que nos permiten “metabolizar” las nuevas experiencias. Dice Jaynes: “comprender algo es disponer de una metáfora para esa cosa que la sustituya por algo que nos resulta más familiar”. De modo que las metáforas ayudan a hacer inteligibles los textos, una facultad que el periodismo, obligado a lidiar con lo “nuevo”, no puede despreciar. Las metáforas proliferan en los géneros informativos, comenzando por la utilizada por los periodistas para referirse a su profesión: el periodismo, espejo de realidad , hasta las empleadas para dar cuenta de diversos fenómenos: lluvia ácida (combinación de la humedad en el aire con los óxidos de nitrógeno y el dióxido de azufre emitidos por fábricas), agujero de ozono (por adelgazamiento de la capa de ozono estratosférico); sol embotellado (por reactor nuclear de fusión) o autopistas de la información (por Internet). El periodista abocado a hacer comprensible conceptos científicos que al vulgo le suenan a arcanos, se ve en la continua necesidad de sustituir un término especializado por otro que no lo sea tanto, y para ello debe metaforizar. Algo similar hacen los propios científicos para popularizar sus conceptos. Metáforas sugerentes como libro de la vida (por genoma), Agujero Negro (por objeto cósmico de extraordinaria densidad), enana marrón (por un tipo de estrella), Big Bang (el estallido originario del Cosmos)… buscan simplificar fenómenos muy complejos. Los periodistas gustan referirse a las actuaciones de los políticos con metáforas teatrales (cada político es un actor que, en un escenario , hace una representación dramática) y también con las deportivas (las facciones enfrentadas son equipos que juegan para tratar, en diversos partidos , de sobrepasar al rival en puntos y ganar el juego; o, las metáforas que se valen de conceptos del boxeo para dar cuenta de un debate electoral: Rubalcaba le encajó un directo a la mandíbula a Rajoy, el candidato popular demostró ser buen encajador , tras esta andanada de argumentos, Rubalcaba s e encontró contra las cuerdas ....); o en las que utilizan la jerga del ajedrez en el análisis de la política internacional, homologando las relaciones entre las naciones al “tablero mundial”, un campo en donde las grandes potencias mueven ficha , libran guerras a través de sus peones , o realizan movimientos destinados a poner en jaque a su rival, aunque al asimilar las relaciones internacionales a una competición, un asunto lúdico, cuando no lo son en modo alguno, distorsiona la comprensión de los
cristiana para deslizar una crítica al presidente estadounidense al relacionarlo con Satanás. En 1947, Winston Churchill acuñó una metáfora que hizo histórica: la Cortina de Hierro o Telón de Acero. Empleada para referirse a los límites geográficos de la influencia soviética en la Europa del Este al final de la Segunda Guerra Mundial, connotada la dureza, impenetrabilidad, monolitismo y otras nociones asociadas con la URSS. Señala Grijelmo que “nadie podrá obtener el grado de articulista si no se licencia antes en el dominio de la metáfora” (1999:324). Pero, como se ha dicho, en ocasiones este tropo distorsiona. Debemos repetirlo: no hay metáforas neutrales, su carga semántica posee connotaciones positivas o negativas. El periodista debe ser consciente de estp para sacarle el mejor partido y no promover visiones de las cosas distintas a las deseadas.
Metonimia: Este tropo opera mediante la sustitución de un término por otro fundándose en relaciones de contigüidad, posesión, sucesión, de grado o proximidad, pertenencia a un mismo grupo, especie. Como la metáfora, la alegoría y el símbolo, se basa en la sustitución de términos que implican un desplazamiento del significado. Se diferencia de la metáfora porque en ella esa traslación se produce dentro del mismo campo semántico (causa-efecto, obra-autor, etc.), mientras en la metáfora afecta a términos pertenecientes a campos conceptuales distintos: río-vida; mar-muerte; dientes-perlas, etc. Estas son algunas de las operaciones metonímicas más comunes:
a) Cuando se designa una causa por medio de su efecto :
En periodismo la metonimia se usa para economizar espacio, en especial en los titulares (“Faltan brazos para la cosecha”, para referirse a la falta de jornaleros en el campo; “ Moncloa se niega a cambiar la ley del aborto”, una metonimia continente/contenido para referirse al Gobierno español; “El ladrillo sigue en recesión”, por aludir a la crisis del sector inmobiliario). También resultan eficaces en el discurso político, como ilustra el discurso de Benito Mussolini defendiendo la defensa del programa armamentista de la Italia fascista en detrimento del nivel de vida de la población a través de dos metonimias contrapuestas: ¡Pan o cañones!, dando a entender que los italianos debían elegir entre comer bien o tener un ejército equipado.
Sinécdoque: Esta figura toma la especie por el género o el género por la especie, al todo por la parte o a la parte por el todo (algunos autores la consideran una forma específica de metonimia). Ejemplos: decir por cabeza en lugar de “por persona”; lío de faldas (por enredo amoroso con mujeres); París (por Francia) no acepta la propuesta alemana ; La Cruz Roja ( por la dirección de la Cruz Roja) denuncia el reparto de las ayudas ; o Volkswagen (por el consejo de Administración de VW ) retirará los modelos defectuosos. La sinécdoque puede servir de principio organizador de los argumentos en conflictos de políticas públicas. Cuando los ecologistas hablan del lince o de las ballenas utilizan a estos animales de emblemas, es decir, como una parte que representa a una biodiversidad concreta (el ecosistema mediterráneo en el primer ejemplo, los océanos en el segundo caso). Cuando los ecologistas se disfrazan de mazorcas, utilizan al maíz transgénico como sinécdoque de organismos modificados genéticamente. En periodismo las sinécdoques resultan muy eficaces para ahorrar espacio o para no repetir palabras, empleándolas como una suerte de
socialista...'? Creo que nunca se debe definir una acción del Gobierno de un país con el nombre genérico del mismo, sobre todo en países donde el pueblo está prisionero y reprimido". La jefa de la sección de Internacional, Mariló Ruiz de Elvira, nos envía una nota con la intención de despejar las dudas de Fernández: "El Gobierno de un Estado y la persona que lo encabeza son utilizados habitualmente en éste y en todos los medios de prensa españoles y extranjeros, se trate o no de una dictadura, como sinónimo en los titulares, debido sobre todo a la escasez de espacio de que se dispone. Se trata, efectivamente, de una licencia periodística, entendemos que correcta, que engarza con la sinécdoque, 'tropo consistente en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa; un género con el de una especie, o al contrario; una cosa con el de la materia de que está formada...' (Diccionario de la Real Academia Española). Ello no impide, más bien obliga, que en el texto se describa el tipo de gobierno del Estado en cuestión (dictadura, de partido único, democrático ... )". La presencia de la sinécdoque (sida por vih-sida) es elevada; en algo más de un tercio de las piezas aparece. Es un error que provoca confusión y aumenta el dramatismo de la informaciones; la sinécdoque es aprovechada para atraer la atención del lector. La sinécdoque puede ser estigmatizadora.
Un uso peligroso de la sinécdoque muy frecuente en periodismo es tomar lo que opina un sector de la opinión pública sobre un asunto por el conjunto de la opinión pública, tomar la “opinión publicada” (la opinión que recogen y promueven los medios) por la totalidad. Lo explica Grossi (2007:137): “se escoge como interprete privilegiado de las tendencias de la opinión pública en su conjunto a uno de sus componentes: los periodistas y comentaristas políticos que ‘sienten’ o ‘entienden’ por dónde sopla el viento’: los encuestadores o expertos que certifican e interpretan las tendencias de la opinión pública según investigaciones científicas”. Este error, a menudo inconsciente, conduce a errores mayores de análisis, o puede ser consciente y en tal caso es una forma de manipulación a favor o en contra del gobierno de turno; en lugar de registrar las corrientes de opinión se busca inducirlas y provocarlas, añade Grossi.
Símil/comparación Estas figuras destacan el parecido o comunidad de elementos de una cosa con otra, incluyendo la partícula como , que, cual o tal , o utilizando el verbo parecer o el adverbio así. Se puede resumir en la fórmula: A se parece a B, o A es como B. Recurso más elemental y primitivo que la metáfora, según el poeta Gotfried Behn, la eficacia de la comparación depende de su precisión y originalidad. Fijémonos en este poema de Juan Ramón Jiménez:
Tus dientes blancos como perla. Sus ojos azules como el cielo. Tus labios rojos como rubí de mahjará. La arena tan caliente como el sol que la saludaba. Pasaba el tiempo tan lento como pasa el agua por el dique. Era tan alto como secuoya de California. Como muñeca de porcelana posaba para el retrato.
Fría como el viento. Peligrosa como el mar. Negra como la noche. Ardiente como el infierno. Tenía la nariz como zanahoria. Orejas largas y caídas como de perro triste. Cabello rizado como enredaderas en la pared
El habla coloquial se apoya en esta figura: fuma como un carretero ; se defendía como un león ; pobre como una rata ; deja de comportarte como un niño; eres más lento que una tortuga. Con ella el discurso político establece asociaciones favorables o desfavorables. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero asumió el liderazgo del PSOE, cierta prensa lo comparaba con Felipe González, con la intención de negar su carácter renovador y sugerir que se trataba de la misma política fracasada.
Analogía Puede considerarse una comparación más extensa, en la medida en que coteja dos categorías de objetos o ideas con el objetivo de explicar la menos familiar por comparación con la más familiar. La analogía, sostenía Aristóteles, “no guarda la relación de la parte con respecto al todo, ni del todo con la parte, ni del todo con el todo, sino de la parte con la parte, lo semejante respecto de lo semejante”. Su fortaleza argumentativa radica en que, en vez de multiplicar ejemplos para apoyar una generalización, discurre de un ejemplo a otro, argumentando que, debido a su semejanza en muchos aspectos, se parecen también en un aspecto más específico. La analogía busca una realidad –existente o no- que se parezca a otra Como demuestran Perelman y Olbrechts (1989:375), la argumentación no podría avanzar sin comparaciones de este tipo. Sin embargo, dichos autores se muestran cautos ante el uso de la analogía como un medio probatorio. Se puede resumir el pensamiento analógico del siguiente modo: A se parece a B como C se parece a D, cono lo resulta que A es igual a B y B a C. En otras palabras: si decimos: “La situación de los rebeldes libios recuerda a la de los kosovares masacrados por Milosevich”, damos a entender que los rebeldes libios son tan víctimas como lo fueron los kosovares, y que Gadafy es un tirano asesino como el gobernante serbio. El doctor House de la serie televisiva homónima gustaba de las analogías médicas, como la siguiente: “El hígado es como un barco haciendo agua. Cuando comienza a hundirse, emite un SOS, solo que en vez de ondas de radio lo hace mediante enzimas. A más enzimas en la sangre, peor es el estado del hígado. Una vez que el banco se hundió, se acabaron los SOS. Crees que tu hígado está bien, cuando ya se encuentra en el fondo del mar”. El periodismo, en su afán de aportar inteligibilidad a hechos novedosos, recurre a la comparación con acontecimientos del pasado. Tomemos un ejemplo reciente, los titulares del siguiente análisis:
Ejemplos de paradojas: Vivo sin vivir en mí , La ley produce mucha inseguridad jurídica (Juan José Millás), Lo barato cuesta caro , o la consigna del Mayo Francés, prohibido prohibir. En política española, recordamos la lanzada por el entonces líder de la oposición, Mariano Rajoy, al presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en relación a su política con ETA: Si usted no cumple le pondrán bombas; y si no le ponen bombas es porque ha cedido. En cualquiera de las alternativas, Zapatero es culpable, aunque esta paradoja ignora otras interpretaciones posibles (ETA puede no poner bombas porque se halla debilitada, o porque ha adoptado otra táctica para la coyuntura, y si las pusiera bien podría significar que no ha llegado a ningún acuerdo con el Gobierno).
Parábola: Modo de argumentación que busca inculcar una idea a través de la narración de una anécdota, facilitando su captación y recuerdo a mentes sencillas. Es una comparación formal y obliga al auditorio, a fin de hallar su significado, a ir más allá del relato presentado. Por ello se destaca como una modalidad del lenguaje figurado. Su finalidad, como la de todo lenguaje figurado, es la de embellecer y presentar ideas y enseñanzas morales en forma atractiva e impresionante. En Oriente fue una forma favorita de transmitir instrucción moral y la encontramos en la literatura de la mayoría de las naciones. Las parábolas del Nuevo Testamento iluminan una verdad espiritual a través de un relato breve acerca de la vida cotidiana de la época. Su abundancia en los textos bíblicos es el legado de un discurso concebido originariamente para la predicación oral (en particular en sociedades donde el analfabetismo campaba a sus anchas). Tomemos una de las más conocidas, la parábola del sembrador (Mateo, 13:3-4,19 ):
Dijo Cristo: Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga». Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone». Y les dice: « ¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del
camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».
Con este relato Cristo advierte que el creyente puede no entender todo lo que se dice en la Biblia, pero debe hacer un esfuerzo constante de comprensión, y entonces Dios le dará conocimiento y entendimiento; pero hay personas que carecen de un deseo real de conocer a Dios, y son como las semillas que caen fuera del camino. Se aprecia claramente el hilado de metáforas que la estructuran (las aves, metáfora de Satanás; las plantas que se secaron pronto, metáfora de las almas inconstantes, y así). Analizada con detalle, se percibe otro mensaje subyacente: una teoría de la persuasión cristiana, dirigida no a los fieles sino a los predicadores, advirtiéndoles cómo funciona el mecanismo persuasivo de la fe: muchos recibirán el mensaje, mas sólo unos pocos lo captarán y se convertirán al cristianismo. Los escritores modernos recuperaron la parábola con el propósito de expresar una verdad existencial o filosófica. Tal es el caso de la ideada por el escritor Franz Kafka, Ante La Ley , en la que expresa su idea de la justicia y el aparato judicial; o de la parábola del imán pergeñada por Oscar Wilde con la intención de refutar la noción del libre albedrío:
Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.
permite concluir con una moraleja irónica, en realidad una anti-moraleja: Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros. También detectamos fábulas en el discurso político. No hace mucho, la presidenta argentina Cristina Fernández se refirió a las demandas salariales del líder sindicalista Hugo Moyano diciendo: “están tratando de pinchar el bote con la lógica del escorpión”. Con estas palabras se valía de la fábula de la rana y el escorpión para advertir a su aliado que controlase sus exigencias o hundiría al gobierno y a la vez se hundiría a sí mismo. Algunos textos del periodismo de opinión son fábulas, cuya moraleja implícita o explícita que les otorga sentido es el mensaje ideológico con el cual el autor quiere persuadirnos. Manuel Vicent y Juan José Millás sobresalen entre los autores aficionados a las fábulas. De hecho, el premio Mariano de Cavia de Periodismo le fue concedido en 1999 a Millás por una columna que era una fábula apenas disimulada.
“Lo real” Una chica estadounidense se tomó por juego una Viagra y tuvo una erección fantasmal. Pese a que los médicos han advertido que cuando el miembro permanece en tensión más de cuatro horas seguidas hay que acudir a un servicio de urgencias para evitar daños irreparables en el tejido de la uretra, la joven no fue al hospital hasta el tercer día, presa ya de unos dolores insoportables en el pene hipotético aparecido tras la ingestión de la pastilla eréctil. Dado que los facultativos no sabían cómo detener aquella erección inexistente, pasaron todavía unas horas preciosas antes de que al jefe de urología se le ocurriera proponer a la chica una eyaculación fantasmal para acabar con aquel caso de priapismo extravagante. Los padres, que eran mormones, se opusieron a que la joven se masturbara, pues además de no estar de acuerdo con el onanismo en general, les parecía que éste podría ser más condenable si se practicaba con un miembro ilusorio. Un médico muy culto que había ese día de guardia intentó explicarles que el miembro masculino objeto de la masturbación es siempre imaginario, aún cuando se pueda tocar. Pero no hubo forma de sacar a los padres de sus trece y el hospital tuvo que conseguir una autorización del juez para proceder a la descarga imaginaria, en el caso de que haya alguna que no lo sea, cesando de inmediato los dolores de la joven y desapareciendo al instante el miembro falso, si hay alguno verdadero. La noticia es que han congelado el semen quimérico obtenido de la eyaculación irreal y ahora pretenden fecundar con él un óvulo aparente para obtener un embrión fantasma. Si los fundamentos teóricos no fallan, podrían conseguir un individuo invisible. A mí, personalmente, me parece que eso no tiene ningún mérito. Lo novedoso a estas alturas sería fecundar a alguien real.
Hipérbole: Exageración desmesurada con propósitos poéticos y enfáticos que desborda la realidad, por exceso o por defecto, y no debe ser tomada literalmente. No cualquier exageración es hiperbólica, solo la que denota una situación físicamente imposible. Decir que Lionel Messi es el mejor jugador de fútbol del mundo puede ser discutible, pero no se refiere a algo imposible; de hecho, ese título es un galardón que cada año concede la FIFA. Sí sería hipérbole afirmar que es el mejor jugador del universo (nunca sabremos cómo son los futbolistas de otras galaxias para hacer una comparación). El habla coloquial abunda en hipérboles: morirse de risa ; una sonrisa de oreja a oreja, hablar por los codos, quedar hecho polvo .... (es un hablar figurado porque nadie se muere de risa ni habla por los codos, ni se disuelve en polvo estando vivo). Los escritores recurren a ella con fines poéticos (la hipérbole nutre el estilo del realismo mágico, siendo García Márquez uno de sus narradores más hiperbólicos por su afición a la desmesura). Puede funcionar como recurso cómico: Era tan feo que le dolía la cara , su fealdad era capaz de hacer recular a las estrellas, érase un hombre a una nariz pegado, o Me duele la cara de ser tan guapo. El discurso político las utiliza con objetivos de autobombo o dramatización (el genocidio financiero mentado por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas para referirse al drama de los desahucios). También proliferan en el discurso publicitario. En su afán por enfatizar las bondades de los productos, los anuncios son hiperbólicos, y el público lo sabe y no se escandaliza. Nadie acusará a la compañía Ford de publicidad engañosa porque afirme que su último todoterreno “no corre, vuela”. El periodismo echa mano de ellas para acentuar la importancia de un hecho o cosa: bomba de tiempo demográfica (por el aumento de la población), Capilla Sixtina de la prehistoria (por cuevas de Altamira). Prolifera en los diarios populares, sensacionalistas ( ríos de sangre ) o deportivos: El estadio se vino abajo ; Toda España se volcó con la Selección (Grijelmo, 1999:477); en la prensa del corazón (la actriz se presentó con un vertiginoso escote ); y también en el periodismo económico: los precios subieron por las nubes; la economía se estrelló. Pero incluso las hay en el periodismo más serio, cuando busca imprimir tintes dramáticos a sus crónicas, ya sea diciendo que se produjeron escenas dantescas (vale decir, propias del infierno descrito por Dante), ya sea aludiendo a la avalancha inmigratoria (en la vida real no existen avalanchas de inmigrantes que bajen de lo alto a velocidades arrolladoras). Esta figura tiene amplio uso en viñetas y caricaturas, cuyo lenguaje gráfico se apoya en una pronunciada distorsión de las proporciones. Mostrando a un político sumergido en el agua hasta el cuello para expresar su situación apurada, o dibujando a un gobernante con una larguísima nariz para subrayar su mendacidad, los viñetistas componen hipérboles visuales.
un viandante); ironía histórica (la del pueblo víctima de la limpieza étnica que, años más tarde, expulsa de su hogar a otro pueblo); ironía de los acontecimientos…. ; pero no hay situaciones sarcásticas; únicamente las personas pueden serlo. En la prensa prima la ironía verbal: el autor que afirma algo en lo que no cree con la esperanza de que el lector identifique en su texto el significado invertido. La perspectiva irónica permite denunciar las incongruencias de una situación con una pizca de humor. Una obra maestra de la ironía tiene por autor a Jonathan Swift, el renombrado autor de Los Viajes de Gulliver y formidable periodista de opinión: en su opúsculo Una modesta proposición para acabar con el hambre en Irlanda (1729) recomendaba a los irlandeses que se comiesen a su excesiva prole como forma de evitar las hambrunas que les asolaban, y acompañaba esta recomendación con una serie de consejos prácticos de cómo cebar, sacrificar y guisar niños. Con este truculento consejo, buscaba llamar la atención de la opinión pública británica sobre las espantosas penurias de sus compatriotas, y en definitiva suscitar la ira del lector contra las políticas que habían provocado la miseria de los campesinos irlandeses. La ironía es fundamental en los análisis, las viñetas y los textos argumentativos. En la prensa informativa española no suele haber ironías; pero en la extranjera no es raro ver titulares como éste: ¿Mentirosos y tramposos? Denles una medalla ( Observer , 15 de enero de 2006).Entre sus modalidades figura la tapínosis (rodear aquello que se quiere dar a entender con palabras que rebajan su importancia: Su señora, señor, con el pretexto de que trabaja en un prostíbulo vende géneros de contrabando ) y la antífrasis: referirse a algo o alguien con un nombre indicativo de cualidades contrarias (llamar Peludo a un calvo). Debe manejarse con destreza para evitar el riesgo de confundir a los lectores y ser malinterpretado y tomado al pie de la letra. Por esta razón los periodistas se decantan por formas explícitas de ironía, introducidas por expresiones tales como “Resulta irónico que...”, o “hay cierto ironía en el hecho de que...”, o marcadas tipográficamente por cursivas, subrayados o comillas, o presentadas como preguntas retóricas (una de las funciones de las risas grabadas de los programas televisivos consiste en indicar al espectador que lo dicho por un personaje debe ser tomado en sentido irónico y, por tanto, juzgado risible). Sus ventajas: entablar un vínculo más estrecho entre autor y lector, ya que la ironía presupone un nivel común de sobreentendidos, un marco de referencias y valores morales compartidos. Existe un juego gozoso en reconocernos en la comunidad de la ironía compartida. “Sabemos que el autor sabía que nosotros sabríamos lo que el autor ha querido que reconociésemos como que él nunca habría dudado de que nosotros sabríamos precisamente” (Holland, 2000:50). La ironía le resultará al lector un recurso más ligero que una denuncia necesariamente seria y hasta solemne. Como señala Elisabeth El Refaie, “la ironía puede animar a los lectores a ser conscientes y evaluar lo que de otra manera sería aceptado sin cuestionar, generando un lenguaje del disenso completamente novedoso”.
Entre los columnistas españoles con un talento irónico descolla el veterano Miguel Ángel Aguilar Fijémonos en esta columna suya publicada en Cinco Días el 10 de mayo de 2002:
El fútbol, amenazado U n fantasma de inestabilidad recorre Europa y afecta fundamentos tan sólidos de nuestras sociedades como el fútbol. El deporte del balompié, que tanto contribuyó a la vertebración de las naciones, se halla en situación comprometida. Por todas partes se anuncian desastres empresariales en el ámbito de las plataformas digitales de las televisiones de pago -en Alemania, Kirch; en Gran Bretaña, ITV, y así sucesivamente- y aquí mismo anteayer se fusionaban Canal Satélite Digital y Vía Digital para salir de las dificultades que representaba para su supervivencia en la prosperidad la aventura de la competencia que tanto se pondera en la economía de mercado. Dictaminan los expertos, siempre dispuestos a presentar a toro pasado las decisiones que convienen a sus clientes en términos de racionalidad económica ineludible, que esas desapariciones o fusiones resultan de las leyes del mercado, pero, como señalaba José García Abad en el programa Hora 25, de la Cadena SER, queda todavía pendiente que nos expliquen, más allá de las cuentas de resultados de las empresas, los beneficios que nos esperan a los de a pie como resultado del monopolio de la oferta. En todo caso, la captación de abonados dejará de hacerse en esas condiciones cada vez más atractivas que impone la competencia y la contratación de contenidos se hará fuera del sistema de subasta al alza interminable tan lucrativo para los proveedores. Y ahí es donde empiezan a asomar los efectos, que se barruntan inmediatos y letales, sobre la economía de los clubes de fútbol instalados en los últimos años en ese edén maravilloso donde era posible alimentar sus despilfarros con el recurso creciente de sus derechos televisivos, maná que creyeron ingenuamente inagotable. Se ha pinchado otra burbuja como consecuencia del fin de las fantasías de las nuevas tecnologías y se anuncia el aterrizaje en el refugio de los antiguos valores. Los presidentes de clubes volverán a ser constructores adiestrados en la recalificación urbanística, empeñados en dar cumplimiento a la consigna de 'la tierra para el que la recalifica'. Atentos, pues, a las propuestas que de nuevo van a cundir para edificar complejos inmobiliarios sobre los terrenos de los actuales estadios, siempre presentadas en términos de grandes ventajas para la ciudad de que se trate, sobre la base de torres interminables con jardincillos y mobiliario urbano a base de bancos, papeleras y toboganes para delicia de mayores y pequeñitos según se anticipará en preciosos folletos a todo color impresos en papel couché. Entre tanto, las estrellas del momento, remuneradas con miles de millones, quedarán fuera de los alcances de los clubes, serán insostenibles y alcanzarán la velocidad de escape, serán vistas como causantes de las pérdidas, entrarán en fase de enfriamiento y terminarán como irrelevantes meteoritos, mientras va oscureciéndose el firmamento. Su futuro será el que nos vaticinaba Julio Cerón. Quedarán 'arrumbadas por el viento de la Historia en la playa de la insignificancia'. Pero además asistimos a una nueva comprobación del principio de que no hay miseria digna. Las penurias inminentes han venido presagiadas por otras vergüenzas encubiertas que ahora cobran lacerante visibilidad. Nos referimos a los desvaríos del entusiasmo hasta la ofuscación de la violencia. El fútbol, como el moderno cultivo de otros deportes, era deudor en sus orígenes a ese espíritu del fair play al que tanto potencial educativo daban las instituciones escolares
meteorólogos, aficionados asignar a los huracanes y tormentas tropicales nombres propios de personas: Katrina, Charley, Michelle…. Favorece la personificación la preferencia del estilo periodístico por las frases construidas con un sujeto y un objeto unidos por un verbo transitivo (denotativo de una acción contundente). Esta práctica convierte en agentes a los objetos inanimados y abstractos: en vez de redactar: “El Consejo Social se dividió en torno al debate”, se opta por poner: “El debate divide al Consejo Social”, haciendo del “debate” el sujeto de la frase. En las noticias económicas, instituciones e indicadores económicos se convierten en protagonistas ( El Gobierno ha vencido a la inflación ). La recesión se presenta como un adversario que ataca los beneficios sociales. En cambio, cuando aparecen resultados desfavorables en los indicadores económicos, los actores sociales cortan el vínculo causal que establecieron previamente y los tipifican como entes antropomórficos que desarrollan ciclos biológicamente determinados de crecimiento y recesión. Es la personalización de los procesos. Mediante esto se convierten los procesos en entes autónomos, todopoderosos, a los que debemos subordinarnos. Se suele acusar al relato informativo de personalizar en demasía, de centrarse en líderes a las que convierte en únicos personajes del espectáculo político. Semejante personalización reduce asuntos socio-políticos y estratégicos altamente complejos a cuestiones de psicología individual (la prepotencia de Putin, el exhibicionismo de Berlusconi, el matonismo de Saddam Hussein), sugiriendo que los promotores u obstaculizadores de la política son personas específicas, en lugar de instituciones. “En la comunidad internacional, poblada por naciones-personas, hay naciones- adultas y naciones infantiles, entendiendo metafóricamente por madurez industrialización. Los niños son las naciones ‘en vías de desarrollo” del Tercer Mundo, en proceso de industrialización, a las que hay que enseñar la manera de desarrollarse adecuadamente y a las que se debe sancionar (digamos, por parte del Fondo Monetario Internacional) cuando dejan de seguir las instrucciones que se les han dado (…) Irak, a pesar de ser la cuna de la civilización, es considerada como una especie de gamberro adolescente, armado y desafiante, que se niega a cumplir las normas y al que hay que dar una lección”, observa Lakoff (2007:106).
Anáfora Muy utilizada en poesía y en oratoria, por el ritmo y sonoridad que imprime al discurso, esta figura consiste en la repetición de una o varias palabras al principio de verso o enunciado. Ejemplos:
Maldita sea el alma desalmada... Maldita sea España con verrugas malditos sean los daños a terceros..." (Joaquín Sabina )
Decía Fernando Lázaro Carreter en su obra El nuevo dardo en la palabra: “ el hablar de algunos políticos -no irrelevantes ha confirmado en esas jornadas tribunicias la vieja figura retórica llamada anáfora como marca personal. Consiste, se sabe bien, en repetir algo al principio de enunciados sucesivos: “ No venimos a pediros el voto sólo para conseguir escaños; no venimos a pediros el voto sólo para gobernar; no venimos a pediros el voto para amparar con él nuestros intereses personales. Venimos a pediros el voto para servir a la sociedad, venimos a pediros el voto para hacer más clara y transparente la política española, para limpiarla de podredumbre”. Más conocido es el “ I have a dream ....” utilizado recurrentemente por Martin Luther King en su discurso homónimo. La figura inversa es la antistrofa: consiste en repetir una o más palabras al final de los diversos miembros del período. Un reciente y exitoso ejemplo lo ofrece el yes, we can con el que el candidato electoral Barak Obama concluía sus frases: “Era una idea plasmada en los documentos originales que marcaron el destino de una nación: ¡Sí, podemos! Fue susurrado por esclavos y abolicionistas mientras forjaban el camino a la libertad a través de las noches más oscuras. ¡Sí, podemos! Lo cantaron los inmigrantes que llegaron de costas lejanas y pioneros que se abrieron camino hacia el Oeste por el implacable desierto. ¡Si, podemos! ”.
Oximorón: Consiste en la armonización de dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercero (hay autores que dicen que se trata de una paradoja resumida en dos palabras). Figura muy habitual en la poesía, género proclive a las combinaciones sugerentes de realidades superiores a las antinomias vulgares: Soledad sonora ; fuego helado ; calor gélido , instante eterno …. La encontramos asimismo en la publicidad: Un poco de Magno es mucho (alusión a la marca de brandy Magno); e incluso en la heráldica ( festina lente - apresúrate lentamente - era el lema de Cósimo I de Médici). En el periodismo aparecen en titulares de textos de opinión ( El muerto vivo ) o en el repertorio de tópicos de los géneros informativos e interpretativos ( calma tensa, dulce derrota, estudiada indiferencia …). Su función persuasiva salta a la vista en el ejemplo de comida basura , un oxímoron que transmite una visión muy negativa de la comida rápida. Se aprecia igualmente cuando un cronista parlamentario comenta que, tras las graves acusaciones realizadas por el líder de la oposición, la mayoría oficialista se sumió en un clamoroso silencio , una manera de decir que este mutismo, tras los cargos vertidos contra el gobierno, llamaba poderosamente la atención. En cambio, el oxímoron ejército pacificador cumple una función propagandística similar al eufemismo misión de paz , aplicado a ciertas intervenciones militares en el extranjero. Resulta eficaz como crítica o burla cuando se utiliza señalando aposta su condición retórica, por ejemplo, al decir: “...ese oxímoron, la inteligencia militar ”; …