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fin de una epoca, Apuntes de Periodismo

Asignatura: empresa informativa, Profesor: Manuel Fernández Sande, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 06/02/2014

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El fin de una época, Iñaki Gabilondo
Sobre el oficio de contar las cosas
El fin de una época es un libro del periodista de gran trayectoria profesional, Iñaki Gabilondo, en el
cual cuenta su visión personal acerca del periodismo y de cómo ha vivido esta profesión durante los
últimos 50 años.
El libro se desarrolla en dieciséis capítulos durante los cuales Gabilondo va desmenuzando las
claves de esta profesión a través de su experiencia profesional, de sus estudios, de anécdotas, de sus
ideas, etc.
En el primer capítulo, Gabilondo habla sobre el oficio de contar las cosas: mientras haya alguien
con algo que contar y alguien con interés de saber algo, el periodismo tendrá sentido. Y dado que
somos seres sociales con necesidad de informar y comunicar (ahora más que nunca con la
revolución tecnológica y de las comunicaciones: smartphones, internet, etc), parece que el futuro
del periodismo está garantizado. La pregunta que debemos plantearnos los futuros periodistas es:
¿cómo queremos que sea ese futuro? ¿cómo vamos a contar las cosas en el futuro?
Actualmente, parece que haya sólo una forma de contar las cosas, que viene definida por una
determinada estructura organizativa que tiene su origen en los periódicos de papel. Ordenamos y
seleccionamos noticias de acuerdo a determinadas categorías que tienen (teóricamente) actualidad
diaria: Política, Internacional, Economía, Deportes, Sociedad, Cultura, Ciencia, Servicios, etc. Cada
empresa de comunicación puede tener una determinada orientación ideológica, pero la estructura
organizativa es muy similar en la mayoría de ellas.
El partidismo ideológico a veces también implica la recepción de solo una parte de la realidad o de
una determinada visión de la realidad, que no siempre es o no tiene por qué ser, la realidad
completa. Es trabajo del lector u oyente contrastar las diferentes informaciones y versiones que
recibe para llegar al conocimiento; la información es un paso para llegar al conocimiento, pero no el
conocimiento en sí. Es más difícil llegar a conocer realmente el mundo en el que vivimos si solo
recibimos versiones sesgadas e interesadas de la realidad.
Gabilondo hace mucho hincapié en la importancia que tenía (y tiene) la función del periodismo
clásico, es decir, la ética profesional y periodística por encima de la rentabilidad económica o
empresarial. A la hora de explicar la realidad, el mundo en el que vivimos, ya sea desde una
perspectiva política, económica, sociológica o de otro tipo, la carta de presentación del periodista
debería ser siempre la profesionalidad, la transparencia, la honestidad, la exactitud, etc. Porque son
todos aquéllos valores que han logrado ganarse la confianza del lector, del oyente, de la audiencia,
etc, que son en definitiva los que hacen posibles los medios de comunicación. Cuánto más creíbles
seamos, cuánto más nos ganemos a nuestro público mediante la transparencia y honestidad de
nuestro trabajo diario, mejor funcionará esta profesión, ya no sólo a nivel empresarial, sino que
también a nivel individual.
Desde que estalló la crisis económica con la quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos (2008),
los medios de comunicación se han visto azotados por una crisis empresarial sin precedentes. Ello
ha provocado una gran caída en ingresos por publicidad por parte de las grandes empresas, lo que
ha tenido como consecuencia grandes recortes en infraestructura, personal, sueldos, etc. Todo ello
ha acrecentado la necesidad de los medios de comunicación de generar ingresos a cualquier precio,
de estar más pendientes de la venta de periódicos, de las audiencias y del número de oyentes, que no
de hacer un periodismo riguroso y de calidad, priorizando de este modo su función social. En esa
búsqueda del éxito a cualquier precio radica uno de los mayores peligros que acechan al oficio en el
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El fin de una época, Iñaki Gabilondo

Sobre el oficio de contar las cosas El fin de una época es un libro del periodista de gran trayectoria profesional, Iñaki Gabilondo, en el cual cuenta su visión personal acerca del periodismo y de cómo ha vivido esta profesión durante los últimos 50 años. El libro se desarrolla en dieciséis capítulos durante los cuales Gabilondo va desmenuzando las claves de esta profesión a través de su experiencia profesional, de sus estudios, de anécdotas, de sus ideas, etc. En el primer capítulo, Gabilondo habla sobre el oficio de contar las cosas : mientras haya alguien con algo que contar y alguien con interés de saber algo, el periodismo tendrá sentido. Y dado que somos seres sociales con necesidad de informar y comunicar (ahora más que nunca con la revolución tecnológica y de las comunicaciones: smartphones, internet, etc), parece que el futuro del periodismo está garantizado. La pregunta que debemos plantearnos los futuros periodistas es: ¿cómo queremos que sea ese futuro? ¿cómo vamos a contar las cosas en el futuro? Actualmente, parece que haya sólo una forma de contar las cosas, que viene definida por una determinada estructura organizativa que tiene su origen en los periódicos de papel. Ordenamos y seleccionamos noticias de acuerdo a determinadas categorías que tienen (teóricamente) actualidad diaria: Política, Internacional, Economía, Deportes, Sociedad, Cultura, Ciencia, Servicios, etc. Cada empresa de comunicación puede tener una determinada orientación ideológica, pero la estructura organizativa es muy similar en la mayoría de ellas. El partidismo ideológico a veces también implica la recepción de solo una parte de la realidad o de una determinada visión de la realidad, que no siempre es o no tiene por qué ser, la realidad completa. Es trabajo del lector u oyente contrastar las diferentes informaciones y versiones que recibe para llegar al conocimiento; la información es un paso para llegar al conocimiento, pero no el conocimiento en sí. Es más difícil llegar a conocer realmente el mundo en el que vivimos si solo recibimos versiones sesgadas e interesadas de la realidad. Gabilondo hace mucho hincapié en la importancia que tenía (y tiene) la función del periodismo clásico, es decir, la ética profesional y periodística por encima de la rentabilidad económica o empresarial. A la hora de explicar la realidad, el mundo en el que vivimos, ya sea desde una perspectiva política, económica, sociológica o de otro tipo, la carta de presentación del periodista debería ser siempre la profesionalidad, la transparencia, la honestidad, la exactitud, etc. Porque son todos aquéllos valores que han logrado ganarse la confianza del lector, del oyente, de la audiencia, etc, que son en definitiva los que hacen posibles los medios de comunicación. Cuánto más creíbles seamos, cuánto más nos ganemos a nuestro público mediante la transparencia y honestidad de nuestro trabajo diario, mejor funcionará esta profesión, ya no sólo a nivel empresarial, sino que también a nivel individual. Desde que estalló la crisis económica con la quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos (2008), los medios de comunicación se han visto azotados por una crisis empresarial sin precedentes. Ello ha provocado una gran caída en ingresos por publicidad por parte de las grandes empresas, lo que ha tenido como consecuencia grandes recortes en infraestructura, personal, sueldos, etc. Todo ello ha acrecentado la necesidad de los medios de comunicación de generar ingresos a cualquier precio, de estar más pendientes de la venta de periódicos, de las audiencias y del número de oyentes, que no de hacer un periodismo riguroso y de calidad, priorizando de este modo su función social. En esa búsqueda del éxito a cualquier precio radica uno de los mayores peligros que acechan al oficio en el

presente. Es posible que solo unas pocas empresas periodísticas sean capaces de tener como baluarte los valores del periodismo clásico. Es posible que los dueños y accionistas de los medios de comunicación tengan mucho más interés en generar beneficios y ser rentables que no en priorizar criterios puramente periodísticos. Pero es por ello que tenemos que ser nosotros, los periodistas de hoy y de mañana, quienes tenemos que reivindicar una forma radical de entender esta profesión: la importancia del periodismo como función social. Un periodismo dedicado al ciudadano, el periodismo entendido como un servicio a la sociedad. Un periodismo que vigila al poder y que informa a la sociedad sobre sus intereses y sobre todas aquéllas cosas que le afectan en su día a día. Esta forma de entender el periodismo, estos principios éticos, son la mejor carta de presentación de un periodista y la razón de su credibilidad. Para ello, el buen periodista debe aprender y estudiar contínuamente. Formarse, leer, conocer... comprender es fundamental para luego poder explicar. Iñaki Gabilondo cita The New York Times y el Washington Post como paradigmas de periódicos y empresas periodísticas que se han mantenido fieles al ideal periodístico. Los años de universidad son una oportunidad para explotar nuestro aprendizaje, la cultura del esfuerzo y del trabajo, para aprender a trabajar en equipo... si estamos dispuestos a ello. Esa es la base que tenemos que ir forjando ahora, para recoger los frutos una vez terminan los estudios universitarios. Y todo ello no termina en las paredes de la universidad. Esa voluntad por aprender e implicarse la podemos desarrollar en nuestro barrio, en nuestro día a día, en hipotéticos puestos de trabajo, prácticas... durante nuestras relaciones del día a día, que pueden transcurrir incluso en el autobús, en el metro o durante el transcurso de un pequeño viaje en taxi mientras hablas con el taxista. ¿Para qué sirve la información? Gabilondo dice que la información tiene una función cuasi ritualística en nuestra sociedad. Dependemos de la información para infinitud de cosas: nos comunicamos a través de móviles y smartphone, de internet, de los medios de comunicación clásicos... pero no sólo eso. Nada más salimos a la calle estamos inundados de información y de diferentes señales, símbolos y formas que intentan llamar nuestra atención y transmitirnos algo. Hoy día, no es posible vivir sin información. Es una cuestión de supervivencia. Pero, ¿qué tipo de información queremos? En los medios de comunicación digitales lo observamos con mayor facilidad. Las noticias son muy escuetas, muchas veces vienen directamente de las agencias de comunicación o de gabinetes de prensa. Además, la mayoría de los ciudadanos no demanda información en profundidad. Por ejemplo, un reportaje trabajado y detallado acerca de por qué han quebrado casi todas las cajas de ahorros que había en España. Siempre suele ser una minoría la que demanda mayor profundidad, mayor calidad... la que tiene un mayor interés por la política, la economía, la cultura, y en definitiva, por saber en qué clase de mundo vive. Qué ocurre y por qué ocurre. Tanto para los periodistas como para los ciudadanos, uno de los mayores inconvenientes para poder trabajar en profundidad con la información es el tiempo. Los periodistas trabajan a contrarreloj y los ciudadanos tienen familia, trabajo, tareas de casa, reuniones, compromisos, etc, que dificultan el tiempo al que le podrían dedicar a la información de no tener tantas ocupaciones. No son pocas las personas que apenas tienen tiempo de leer un periódico de arriba a abajo con total tranquilidad, ya no hablemos de leer varios, contrastar informaciones y noticias, etc. Y muchas veces escogemos simplemente el medio de comunicación que nos dice aquello que queremos leer o escuchar y que refuerza nuestras ideas y opiniones. Son muy pocas las personas que se cuestionan sus creencias o que se preguntan por qué han llegado a esta determinada forma de pensar mediante, tal vez (o no) un análisis crítico, una serie de preguntas y cuestiones que uno se plantea, experiencia personal,

El periodismo necesita de mucha preparación, sobriedad, solvencia, exactitud, trabajo, voluntad, contextualización... y a poder ser de la mano de una pluma que haya demostrado su credibilidad mediante una firma con nombres y apellidos reconocibles. De los tres medios de comunicación tradicionales, a saber, radio, prensa y televisión, ésta última es la que se ha convertido en un auténtico espectáculo de masas. El espectáculo y el entretenimiento han sustituido la información en un sentido clásico. Un caso sangrante de esto fue el caso de Mediaset y el cierre de CNN+ para dar ese espacio a Gran Hermano. Parece claro que la televisión no va a dedicar mucho espacio a la información de calidad, a excepción de tal vez los informativos o los grandes acontecimientos a los que no se les puede negar un espacio en televisión. Por ejemplo la muerte de Lady di o el atentado del 11-S... En estos tiempos de crisis económica que estamos viviendo y que está afectando brutalmente a los medios de comunicación, se nos van a presentar oportunidades nuevas que nos indican, tímidamente, el cambio a nuevas formas de hacer periodismo. Es la muerte de un ciclo; la muerte de una determinada forma de entender el periodismo, de lo cual surgirá una nueva forma de entender esta profesión. Ahora estamos viviendo todavía la transición de un modelo a otro. Todo está por hacer, todo está por inventar. Seguro que cambiarán mucho las empresas periodísticas tal y cómo las conocemos hoy en día. Probablemente las infraestructuras actuales en muchos casos no sean sostenibles. Probablemente pasemos de empresas que tienen 2000 trabajadores a empresas de sólo 50 o 100 trabajadores. O menos. Pero lo que seguro que no morirá son los valores que siempre han formado parte de esta profesión y que deberían ser el baluarte de cualquier periodista: los valores tradicionales. Profesionalidad, precisión, exactitud, honestidad, veracidad, credibilidad, etc. Será interesante también ver la evolución que hacen organizaciones como Wikileaks, dedicadas a impedir la ocultación de información por parte de los gobiernos y de las instituciones de poder. Todo ello evolucionará por el terreno digital y eso nos abre todo un abanico de posibilidades y preguntas sin respuesta. Lo que está claro y debe quedar claro a los futuros periodistas, es que este oficio tiene un papel social fundamental que no se puede desdeñar, esto es, una responsabilidad para y con los ciudadanos. Y para ello debemos mantener los valores esenciales del periodismo clásico. Teoría de la Empresa Informativa 1ºD Nicolás Ribas Leopold DNI: 47253420N