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PRESENTACIÓN SOBRE GENERACIÓN ESPONTÁNEA
Tipo: Diapositivas
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Durante siglos se ha creído que, en circunstancias favorables, podían surgir seres vivos de mayor o menor tamaño en un recinto cerrado sin la intervención de progenitores semejantes a ellos; e.g., Aristóteles en la antigua Grecia, entre otros muchos. Esta teoría se conoce como generación espontánea (GE). A partir del siglo XVII, se informaba periódicamente de experimentos favorables y contrarios a la GE; e.g., Jean Babtiste van Helmont (1577-1644) a favor y Francisco Redi (1626-1697) en contra. La creencia en la GE se revitalizó posteriormente con el empleo del microscopio, atribuyéndose a seres microscópicos nuevos, que podían verse proliferar en pocas horas con ese instrumento. Las polémicas continuaron ahora acerca del origen de estos microorganismos en caldos de cultivo, e.g., John Needham (1713-1781) a favor de la GE y Lázaro Spallanzani (1729-1799) en contra. La GE también fue apoyada por naturalistas ilustres del siglo XVIII, como George Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), que sugirió en 1778 dos formas de GE en la historia de la Tierra: una para producir las criaturas que vivieron en las condiciones iniciales calientes del planeta, y otra para dar lugar a los antepasados de las formas modernas A principios del siglo XIX, Jean Baptiste Lamarck (1744-1829) defendió la GE de organismos primitivos a partir de los cuales supuso que comenzaron las distintas líneas evolutivas (teoría transformista). Se produjo, al respecto, una larga polémica entre Isidore Geoffroy
Saint-Hilaire (1805-1861), favorable a la GE asociada al transformismo, y George Cuvier (1769- 1832), contrario a esta. En esta controversia, Cuvier mezcló sus argumentos científicos contra Geoffroy con aspectos religiosos, filosóficos y políticos para conseguir su propósito. Por ejemplo, asoció a sus oponentes con la Nathurphilosophie germana (Prusia era enemiga de Francia), pese a que Geoffroy negase numerosas veces esta asociación, y también los relacionó con el materialismo de los filósofos e ideólogos franceses de finales del siglo XVIII, a quienes se hacía responsables del régimen de terror durante la Revolución Francesa (FARLEY; GEISON, 1994). A mediados del siglo XIX se sabía que las infusiones orgánicas susceptibles de putrefacción, en las que se había eliminado cualquier posibilidad de vida por una exposición prolongada a altas temperaturas, permanecían inalteradas a menudo y, por lo general, no se desarrollaba vida microscópica en ellas mientras estuvieran protegidas del contacto del aire. La entrada de aire hacía que los líquidos fermentaran o se pudrieran, apareciendo a los pocos días una gran variedad de microorganismos. ¿Se debía esto a que el aire era un factor esencial para la generación de vida, o a que era el medio a través del cual se introducían los gérmenes vivos? Los partidarios de la GE consideraban que el aire era necesario para la GE. Sus adversarios creían, en cambio, que el aire tan solo era el vector que introducía los gérmenes vivos de la putrefacción y la fermentación en los líquidos orgánicos. Félix Archimède Pouchet (1800-1872) estaba convencido de que sus experimentos evidenciaban que la GE existía; de lo contrario, ¿cómo era posible que, tomando las debidas precauciones para evitar la entrada de cualquier germen en los frascos, siempre aparecieran seres vivos en las infusiones de heno al cabo de unos días? Hacia 1858, el estudio de los gérmenes y su papel en las fermentaciones, en las que estaba investigando desde 1855 (ACEVEDO-DÍAZ; GARCÍA-CARMONA, 2016c), llevó a Louis Pasteur (1822-1895) a interesarse por este asunto y entrar en el debate sobre la GE; una polémica en la que intervenían científicos, filósofos y teólogos. Biot y Dumas trataron de disuadirlo, pero Pasteur consideraba esta cuestión de gran importancia porque creía que le serviría para complementar sus estudios sobre las fermentaciones. Cuando comenzó el debate entre ambos sobre la GE, Pasteur, químico y académico en París, tenía 37 años.
superficie. Pasteur eliminó la fuente de contaminación de los líquidos y del aire utilizando matraces con forma de balón y cuello de cisne. El uso de estos matraces especiales le fue sugerido a Pasteur por Balard, que había sido profesor suyo. Debido a las curvaturas del cuello y a que sus paredes estaban húmedas, las partículas de polvo quedaban atrapadas y no llegaban desde el exterior hasta el líquido aunque el aire circulase libremente. De este modo, la infusión podía permanecer sin microorganismos por un tiempo indefinido, como lo confirma que algunos de estos matraces aún se conservan inalterados en el Instituto Pasteur de París. Pasteur también diseñó un experimento para mostrar indirectamente la existencia de microorganismos en el aire y filtrarlos. Además, las observaciones de las muestras del aire filtrado en diferentes lugares le permitieron mostrar que existían grandes diferencias entre la cantidad y el tipo de microorganismos que aparecían, dependiendo del grado de contaminación de las muestras. Asimismo, preparó diversos experimentos para averiguar cuál era la menor cantidad de aire necesaria para contaminar los cultivos, lo que le sirvió de ayuda en el desarrollo de su teoría germinal. Pasteur conjeturó que el aire puro sin calentar sería incapaz de producir la alteración de los líquidos orgánicos, si no tiene los gérmenes vivos de la fermentación, y que la cantidad de microorganismos que se encuentran en el aire variaría con la altitud. Hizo experimentos en el campo a poca altitud, en una de las montañas del macizo del Jura (a 850 m de altura) y en el glaciar La mer de glace (Montenvers, en los Alpes franceses, a 2000 m de altura). Encontró que los gérmenes aéreos son más abundantes en los lugares bajos, sobre todo cerca de las tierras cultivadas; y que hay menos cuando el aire permanece tranquilo durante largos periodos de tiempo, como en los sótanos y en las montañas, lejos de tierras habitadas o cultivadas. De los veinte matraces que abrió en el campo se alteraron ocho, cinco de los veinte abiertos en el Jura, y uno solo de los otros veinte desprecintados en La mer de glace. Pasteur hizo estos experimentos indirectos porque no era posible observar directamente si había o no microorganismos en el aire que entraba en los matraces.
fomentar la investigación, la Academia instituyó el 30 de enero de 1860 el premio Alhumpert, bajo el lema “Para arrojar, mediante experimentos cuidadosamente dirigidos, nueva luz sobre la cuestión de la llamada generación espontánea”. Los experimentos de los dos investigadores se repetirían ante una comisión, que daría su dictamen sobre las pruebas presentadas. Según Farley y Geison (1994), esta comisión quedó constituida por una lista de miembros contrarios a la GE. Pasteur y Pouchet se inscribieron para competir por el premio. Sin embargo, Pouchet y sus colegas Joly y Musset no estaban interesados en repetir las experiencias de Pasteur usando las infusiones de heno; querían hacer investigaciones diferentes. Si lo hubiera hecho, habría puesto en serios apuros a Pasteur, que había utilizado infusión de levadura como material putrescible en sus experimentos, mientras que Pouchet había usado infusión de heno. La esterilización por calor de la infusión de levadura puede conseguirse a los 100 °C, mientras que se necesitan más de 120 °C para eliminar todos los gérmenes de la infusión de heno. El tratamiento mediante calor aplicado por Pasteur (100 °C) habría sido insuficiente para eliminar los gérmenes del caldo de heno. La comisión no aceptó el extenso programa de investigación de Pouchet, porque no creía que así pudieran llegar a resultados claros. Pouchet y sus colegas no
listo para la prueba, pero Pouchet y sus colegas tampoco se presentaron esta vez4. El fallo de la comisión a favor de Pasteur, dictaminado el 20 de febrero de 1865, fue cuidadosamente enunciado y referido estrictamente a los resultados, sin involucrar a los aspectos teóricos más generales de la GE. La actitud tan desigual con Pasteur y Pouchet de las dos comisiones nombradas por la Academia nos lleva a incluir la influencia de los aspectos sociológicos internos a la comunidad científica. Según varios autores (e.g., FARLEY; GEISON, 1994; LATOUR, 1991), todos los miembros de ambas comisiones de la Academia eran favorables a Pasteur y, por tanto, Pouchet consideró que no se le daba una oportunidad equitativa para exponer sus ideas y sus experimentos. Sin embargo, Raynaud (1999) sostiene que la correspondencia disponible entre Pouchet y los miembros de la Academia muestra claramente que este tenía buena relación con muchos de ellos, incluido alguno de los comisionados, y que las dos comisiones, constituidas en 1861 y 1864, no se confabularon a favor de Pasteur.