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Rasgos de cada género literario, en general y, en especial, del género dramático (orígenes, aspectos discursivos propios y subgéneros).
Tipo: Apuntes
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Tomado del Libro de los Exemplos del Infante Don Juan Manuel (Transformado de texto narrativo a texto dramático). Personajes: Rey Moro; Jamet, hijo mayor; Omar, segundo hijo; Asad, hijo menor; Consejero; Ayuda de cámara; Sirviente uno; Sirviente dos. Escenografía: Acto 1, 2 y 3: Recámara del rey. Al fondo, una o dos ventanas en el estilo de la arquitectura árabe. Varios cojines en el suelo. Un banco cubierto por una tela y un taburete. Primer Acto (Al abrirse el telón aparece el rey moro en camisón. Está recostado entre cojines. Se sienta y se despereza con mucho trabajo. Está viejo y achacoso. Tose varias veces. Tocan a la puerta.) Rey:- Adelante... adelante. Consejero (entra):- ¿Cómo ha pasado la noche Su Majestad? Rey:- Mal... mal... mi buen consejero. Te iba a llamar. Me alegro de verte. La tos no me dejó dormir. Tampoco esta preocupación que tengo. Consejero:- ¿Cuál es, Majestad? Rey:- Amanezco cada día más viejo y achacoso... y muy cansado. Es hora de que uno de mis hijos gobierne el reino en mi lugar. Consejero (pensativo):- Cualquiera de los tres sería un buen rey. Los tres son buenos, inteligentes, sanos y valientes. Rey:- Ese es el problema: ¿Cómo saber cuál de los tres gobernará mejor? (Los dos se quedan pensativos un rato, sin hablar. Se rascan la cabeza, caminan de un lado para otro como leones enjaulados) Consejero (feliz):- ¡Tengo una idea! ¡Una buena idea, Majestad! (Los dos se secretean. Con sus gestos y ademanes el rey muestra que aprueba y que está satisfecho. Sale el consejero. El rey toca una campanita. Aparece el sirviente número uno y hace una gran reverencia juntando las palmas de las manos cerca de su cara, al estilo oriental). Rey:- Hazme el favor de decirle al príncipe Jamet, el mayor de mis hijos, que venga enseguida a ayudarme a vestir. (El sirviente sale de escena después de hacer una reverencia. El rey espera. Se sienta, se levanta, mira hacia la puerta, se pasea de un lado a otro cada vez más impaciente. Al cabo de un rato Jamet aparece corriendo) Jamet:- ¡Discúlpame, padre mío!, se me hizo tarde porque... El Rey (interrumpe):- Bueno, bueno, basta de disculpas y ayúdame a vestir. Jamet:- Sí, sí, enseguida... (Grita) ¡Ayuda de cámara! (Aparece en escena el ayuda de cámara. Hace una gran reverencia) ¡Anda, trae pronto el traje del rey mi padre! Ayuda de cámara:- Pero... ¿cuál de todos? Jamet (dudoso):- Pues... pues... déjame preguntar. (Va hacia el rey.) ¿Qué traje quieres ponerte hoy? Rey:- El traje de brocado azul con adornos amarillos. Jamet (corriendo hacia el ayuda de cámara):- ¡Que traigan el traje azul de brocado con adornos amarillos para el rey! Ayuda de cámara:- Está bien, príncipe Jamet. (Hace bocina con las manos y grita.) ¡Sirviente número uno!
(Aparece el sirviente número uno y hace una gran reverencia) Ordena que traigan los adornos amarillos para el traje de brocado azul del rey. (El sirviente número uno hace una reverencia. Forma bocina con las manos y grita) Sirviente 1 ¡Sirviente número dos! (Sirviente número dos aparece. Hace una reverencia) ¡Ordena que traigan el traje para el rey azul de brocado con amarillos adornos! (Mientras, el rey bosteza, muestra impaciencia y aburrimiento. El ayuda de cámara lo va vistiendo a medida que recibe las prendas de vestir, completamente diferentes a las que pidió) Rey (muy impaciente):_ ¡Se ha hecho tardísimo, hijo mío! Tendrás que recorrer tú solo la ciudad. Cuando regreses, me contarás lo que viste. Jamet:- Sí, padre mío, así lo haré. Rey:- Ordena que te den un buen caballo. (Jamet hace una reverencia y sale de escena. Luego sale el rey cabizbajo. Para dar la idea de que ha transcurrido un día, pasa alguien por toda la escena llevando un gran sol en la mano. Camina despacio) Segundo Acto Misma escenografía. Al abrirse el telón, está el rey en camisón, sentado entre los cojines. Tocan. Rey:- Adelante. (Entra Jamet muy cansado y se sienta en el taburete) Jamet:- Buenas noches, padre mío. ¡Vengo tan cansado! Rey:- Dime: ¿Cómo te fue?, ¿qué viste?, ¿qué oíste? Jamet:- ¡Me divertí tanto! A mi paso toda la gente gritaba: "¡Que viva el hijo de nuestro buen rey!" Los músicos tocaron todo el tiempo y los grandes del reino me ofrecieron un banquete. Rey (Bosteza):- Bien, hijo mío, puedes retirarte. Estás cansado de tanta fiesta y yo no me siento bien. Jamet:- Que descanses, querido padre. (Hace una reverencia y ademán de irse.) Rey:- ¡Ah! Pídele a tu hermano Omar que venga mañana temprano para que me ayude a vestir. Jamet:- Sí, padre mío. (Sale de escena.) (El rey se recuesta en los cojines y duerme. Cruza la escena alguien con una luna en la mano. Camina despacio y de puntitas. Apenas desaparece la luna, otro asoma el sol en una orilla de la escena. El rey despierta, se sienta, tose, se levanta, ve por la ventana. Ve hacia la puerta. Da vueltas con impaciencia. Omar entra corriendo) Omar:- ¡Discúlpame, padre mío, anoche no dormí bien y no pude levantarme! Rey:- No perdamos más tiempo y ayúdame a vestir. Omar (grita):- ¡Ayuda de cámara, ven pronto! ¡Trae la ropa del rey mi padre! Ayuda de cámara Pero ¿qué ropa he de traer? (Aparece, hace una reverencia) Omar:- ¿Qué traje deseas ponerte hoy? Rey:- Me gustaría el traje verde con adornos dorados. (El ayuda de cámara va vistiendo al rey a medida que van llegando las prendas, completamente distintas a las que pidió)
Rey:- ¿Qué? ¿No usaste mi caballo negro? Asad:- No, querido padre, quise ir a pie y vestido como el más humilde de tus criados. Así nadie me reconoció y pude meterme por todas partes. Abrí los ojos y los oídos: hablé con mendigos, artesanos, vendedores y..., estoy muy triste. Rey:- Anda cuenta, Asad, sigue contando. Asad:- Estoy triste porque tu reino es menos feliz de lo que parece: el que trabaja más es el que menos tiene. Vi gente sin oficio vagando por las calles. Rey:- Sigue tu relato, Asad. Asad:- Supe que los grandes del reino acumulan en sus graneros el trigo de todo el año, para venderlo más caro en el invierno..., y... Rey:- ¡Basta, hijo mío, basta! Ya sabía yo todo eso, pero estoy demasiado viejo y poco puedo hacer. Tú eres joven y sabrás gobernar porque estás dispuesto a servir. Tú serás mi sucesor. Reinarás desde mañana para que yo pueda morir tranquilo. (Se abrazan.) FIN