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Una de las separata de los temas que vienen en los cursos generales.
Tipo: Apuntes
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PROGRAMA DE ESTUDIOS GENERALES
Globalización
y
Realidad Nacional
Coordinador responsable:
Este material de apoyo académico se reproduce para uso exclusivo de los alumnos de la Universidad de Lima y en concordancia con lo dispuesto por la legislación sobre los derechos de autor: Decreto Legislativo 822.
PRESENTACIÓN
La presente separata es una selección de las lecturas obligatorias del curso
GLOBALIZACIÓN Y REALIDAD NACIONAL propuesta a los estudiantes del
ciclo 2022-2 del Programa de Estudios Generales de la Universidad de Lima,
de acuerdo con los temas que comprende la asignatura, referidos a la historia
contemporánea y reciente en el escenario mundial y nacional y que tienen por
eje transversal la globalización. Estas lecturas se presentan como material de
apoyo y complemento a las clases teóricas, y su contenido será evaluado en
los exámenes escritos programados durante el semestre.
El material de lectura se divide en dos partes. En la primera, se recogen textos
que analizan el actual fenómeno de la globalización y los diversos procesos
que han marcado el devenir del mundo contemporáneo, desde la Guerra Fría
hasta el fin del “socialismo real” y la configuración del “nuevo orden mundial”.
Anthony Giddens dilucida la globalización y su trascendencia en la sociedad
contemporánea, presentando los avances tecnológicos que le han dado
impulso. Asimismo, se refiere a la globalización económica y el papel
fundamental que, en este ámbito, desempeñan las corporaciones
multinacionales. Otros temas enfocados por Giddens son la globalización
política y la consolidación de gobiernos internacionales y regionales. Además,
presenta las escuelas de pensamiento de la globalización, y explica,
finalmente, cómo la globalización influye en las culturas locales, fomenta el
individualismo y hace necesaria una gobernanza global.
Ramón Villares y Ángel Bahamonde exponen un panorama de la Guerra Fría
(1947-1991), su gestación, la compleja psicología de desconfianza entre ambas
superpotencias, los principales escenarios de conflicto (como las guerras de
Corea y Vietnam), los esfuerzos por alcanzar una “coexistencia pacífica”, su
rebrote (entre 1979 y 1985) y su etapa final con el surgimiento de la perestroika
y la caída del Muro de Berlín.
El trabajo de Gabriel García Higueras , profesor y coordinador del curso, nos
introduce en el mundo de la Unión Soviética con las reformas emprendidas por
interno” la decisión de Sendero Luminoso de iniciar lo que denominaba “guerra
popular” contra el Estado, además de explicitar los factores de largo plazo y los
de carácter institucional y coyuntural. Asimismo, se esclarece la duración del
conflicto, la crueldad desplegada con el estallido de la violencia y la derrota de
las organizaciones terroristas.
El texto “La segunda gran transformación”, de la autoría de Carlos Iván
Degregori , examina los procesos de transformación sociocultural en el Perú
desde mediados de los ochenta hasta los primeros años del siglo XXI, período
en el que se intensifican los lazos de la globalización. En este contexto, se
explica la masificación de los medios electrónicos y el acceso a Internet, que ha
contribuido a reducir la tradicional brecha entre el mundo urbano y rural en el
país. También se refiere a los cambios en el consumo, manifestados desde los
años noventa, y describe cómo la globalización ha reforzado identidades y
tradiciones locales.
Monterrico, agosto de 2022.
Este material de apoyo académico se hace para uso exclusivo de los alumnos de la Universidad de Lima y en concordancia con lo dispuesto por la legislación sobre los derechos de autor: Decreto Legislativo 822.
CONTENIDO
Antonio Zapata, “Indigenistas. Aprismo y marxismo auroral”.
Carlos Iván Degregori, “La primera gran transformación”
Comisión de la Verdad y Reconciliación, “Los factores que hicieron posible el conflicto”
Carlos Iván Degregori, “La segunda gran transformación”
LA GLOBALIZACIÓN
Anthony Giddens
Adaptación realizada de: Giddens, Anthony (2014) Sociología. 7ª. ed. Madrid: Alianza Editorial. Capítulo 4 La Globalización y el cambio social (fragmento) (páginas 159-184).
En los últimos años ha comenzado a utilizarse frecuentemente el concepto de globalización tanto en debates políticos y empresariales como en los medios de comunicación. Hace treinta años, este término era relativamente desconocido, pero en la actualidad parece estar en boca de todos. Para algunos, la globalización hace referencia al conjunto de procesos relacionados con el incremento de flujos multidireccionales de objetos, personas e información por todo el planeta (Ritzer, 2009). No obstante, aunque esta definición hace hincapié en la mayor fluidez o liquidez del mundo contemporáneo, para muchos académicos la globalización trata del hecho, que cada vez más cierto, de que vivimos en «un solo mundo», de manera que los individuos, empresas, grupos y naciones se hacen más interdependientes. Como vimos en el capítulo introductorio, esto ha venido ocurriendo a lo largo de un periodo muy prolongado de la historia, humana y, con toda seguridad, no está limitado al mundo contemporáneo (Nederveen Pieterse, 2004; Hopper, 2007). Góran Therborn explica muy bien este punto:
Algunos segmentos de la humanidad han mantenido contactos globales, o al menos transcontinentales o transoceánicos, desde hace mucho tiempo. Hace 2.000 años, ya existían vínculos comerciales entre la antigua Roma y la India. La incursión de Alejandro Magno desde Macedonia hasta el Asia Central hace 2.300 años resulta evidente si contemplamos las estatuas de Buda de apariencia griega que se exhiben en el Museo Británico. Lo que resulta novedoso es la escala masiva del contacto y el contacto de las masas, los viajes y la comunicación de masas.
Tal y como sugiere Therborn, los debates actuales se centran mucho más en el ritmo y la intensidad de la globalización de los últimos treinta años aproximadamente. Esta idea fundamental de aceleración del proceso de globalización es la que caracteriza este periodo de tiempo como radicalmente diferente, y es el sentido del concepto que nos interesa aquí. Con frecuencia, el proceso de globalización suele presentarse únicamente como un fenómeno económico. Se da mucha importancia al papel que tienen las corporaciones multinacionales, cuyas enormes operaciones cruzan las fronteras de los países, influyendo en los procesos de producción global y en la distribución internacional del trabajo, Otros apuntan a la integración electrónica de los mercados financieros y al enorme volumen de los flujos de capital, ambos elementos de carácter global. Además, otros se centran en el alcance sin precedentes del comercio mundial, que afecta a una multiplicidad de bienes y servicios nunca vista hasta ahora. Como veremos, la globalización
contemporánea se comprende mejor si la contemplamos como una conjunción de factores políticos, sociales, culturales y económicos.
La aceleración de la globalización se ha visto impulsada sobre todo por el desarrollo de unas tecnologías de la información y de la comunicación que han intensificado la velocidad y el alcance de las interacciones que establecen las personas por todo el mundo. Como sencillo ejemplo, piense en la Copa Mundial de Fútbol de 2010. Gracias a la tecnología por satélite, las conexiones globales de televisión, los cables submarinos de telecomunicaciones, las conexiones de Internet por banda ancha y la generalización del acceso a los ordenadores, los partidos pudieron ser vistos por miles de millones de personas de todo el mundo. Este ejemplo es una muestra de cómo la globalización empieza a estar integrada en las rutinas del día a día de cada vez más personas en más regiones del planeta. Esto crea experiencias compartidas auténticamente globales, un prerrequisito de la sociedad global.
Avances de la tecnología de la información y la comunicación
La explosión registrada en las comunicaciones globales se ha visto facilitada por algunos importantes avances tecnológicos y por otros relativos a la infraestructura de telecomunicaciones del mundo. Después de la Segunda Guerra Mundial se registró una profunda transformación del alcance e intensidad de los flujos de las telecomunicaciones. La comunicación telefónica tradicional, que dependía de señales analógicas transmitidas a través de alambres y cables con la ayuda de cambios cruzados mecánicos, ha sido sustituida por sistemas integrados en los que se comprimen y transmiten grandes cantidades de información mediante tecnología digital. El uso del cable se ha hecho más eficiente y más barato; el desarrollo del de fibra óptica ha extendido enormemente el número de canales que puede transmitirse. Mientras que los antiguos cables transatlánticos tendidos en los años cincuenta no tenían capacidad más que para cien rutas sonoras, hacia 1992 un único cable transoceánico podía transmitir unas 80.000 conversaciones. En 2001 se instaló un cable transatlántico submarino de fibra óptica capaz de transmitir la asombrosa cantidad de 9,7 millones de canales telefónicos (Atlantic Cable, 2010). Actualmente, esos cables no sólo transmiten telefonía, sino datos de Internet, vídeo y muchos otros tipos de información. La proliferación de los satélites de comunicación, que comenzó en la década de los sesenta, también ha sido crucial para la expansión de las comunicaciones internacionales. En la actualidad, una red compuesta por más de 200 de estos satélites facilita la transferencia de información por todo el planeta, aunque el grueso de la comunicación transcurre todavía por cables submarinos, que suelen ser más fiables.
idea de que «la comunidad internacional» tiene la obligación de actuar en situaciones de crisis para proteger los derechos humanos de personas cuyas vidas están amenazadas. En el caso de los desastres naturales, tales intervenciones se manifiestan en forma de ayuda humanitaria y asistencia técnica. También han aumentado en fechas recientes las llamadas a la intervención en casos de guerra, conflicto étnico y violación de los derechos humanos, aunque tales movilizaciones resultan más problemáticas que las ocasionadas por los desastres naturales.
Immanuel Wallerstein y el sistema mundial moderno
Planteamiento del problema Muchos estudiantes acuden a la sociología para encontrar respuestas a las grandes preguntas de la vida social. Por ejemplo, ¿por qué hay países ricos y otros sumamente pobres? ¿Cómo las han arreglado algunos países que antes eran pobres para alcanzar la prosperidad, mientras que otros no lo han conseguido? Estas cuestiones relativas a las desigualdades globales son la base de la obra del sociólogo histórico estadounidense Immanuel Wallerstein (1930). Para abordarlas, Wallerstein intento proyectar las teorías marxistas del cambio social en la era global. En 1976 contribuyo a la fundación del Centro Fernand Braudel para el Estudio de las Economías, los Sistemas Históricos y las Civilizaciones, de la Universidad de Binghamton, Nueva York, que se ha convertido en un punto focal para la investigación del sistema mundial.
La explicación de Wallerstein Con anterioridad a la década de los setenta, los sociólogos tendían a tratar las sociedades mundiales en términos de Primer, Segundo y Tercer Mundo, en función de la situación de las empresas capitalistas, la industrialización y la urbanización (Véase el cuadro 4.4). Por tanto, se pensaba que la solución al desarrollo del Tercer Mundo era incrementar el capitalismo, la industria o la urbanización. Wallerstein rechazo esta categorización dominante de las sociedades, argumentando que existe un solo mundo y que todas las sociedades están interconectadas mediante las relaciones económicas capitalistas. Describió este complejo entrelazado de las economías como el “sistema mundial moderno”, avanzando así las teorías de la globalización. Sus principales argumentos sobre cómo surgió este sistema mundial están descritos en una obra de res volúmenes, El moderno sistema mundial (1974; 1980; 1989), en que se desarrolla su perspectiva macrosociológica
Los orígenes del sistema mundial moderno se encuentran en la Europa de los siglos XVI y XVII, cuando el colonialismo permitió que países como Gran Bretaña, Holanda y Francia explotaran los recursos de los países que colonizaban. Esto les posibilito una acumulación de capital, que al ser reinvertido en la economía sirvió para que mejoraran aún más la producción. Esta división global del trabajo creo un grupo de países ricos, pero también empobreció a muchos otros, dificultando su desarrollo. Wallerstein afirma que el proceso produjo un sistema mundial constituido por un núcleo central, una semiperiferia y una periferia (véase la figura 4.3). Y aunque es posible que un determinado país “ascienda” al núcleo central (como ha sido el caso de algunas sociedades de reciente industrialización) o “descienda” a la semiperiferia o la periferia, la estructura del sistema mundial moderno permanece constante.
La teoría de Wallerstein intenta explicar por qué los países en vías de desarrollo tienen tantas dificultades para mejorar su situación, pero también amplia la teoría de Marx de la lucha de clases sociales a un nivel global. En términos globales, la periferia mundial se convierte en la clase obrera, mientras que el núcleo forma la clase capitalista explotadora. Según la teoría marxista, esto significaría que, en la actualidad, sería más probable una futura revolución socialista en los países en vías de desarrollo que en el núcleo opulento, tal y como predijo Marx. Esta es una de las razones por la que las ideas de Wallerstein han sido bien recibidas por los activistas políticos de los movimientos anticapitalistas y antiglobalización.
Puntos críticos
Al estar basada en la obra de Karl Marx y el marxismo, la teoría de los sistemas mundiales se ha enfrentado a críticas similares a las que afectan a aquel. En primer lugar, esta teoría tiende
hacer hincapié en la dimensión económica de la vida social y subestima el rol de la cultura a la hora de explicar el cambio social. Se ha defendido, por ejemplo, que una de las razones por las que Australia y Nueva Zelanda pudieron abandonar la periferia económica más fácilmente que otros países fue los estrechos lazos que mantenían con la industrialización británica, lo que permitió que enraizase ms rápidamente una cultura industrial.
En segundo lugar, la teoría subestima el rol de la etnicidad, a la que se considera meramente como una reacción defensiva contra las fuerzas globalizadoras del sistema mundial. Por ello, las grandes diferencias en religión o lengua no se consideran particularmente importantes. Por último, se ha reprochado a Wallerstein que utilice su teoría para explicar acontecimientos actuales, pero no acepte que dichos acontecimientos puedan refutarla, o que otras teorías proporcionen una explicación mejor.
Trascendencia actual
El trabajo de Wallerstein ha sido fundamental para que los sociólogos cobraran conciencia del carácter interconectado de la economía mundial capitalista moderna y de sus efectos globalizadores. Por tanto, se debe reconocer su papel entre los primeros que advirtieron del significado de la globalización, aunque su énfasis en la actividad económica se considere algo limitado. Su enfoque ha atraído a muchos estudiosos y gracias a su base institucional en el Centro Fernand Braudel y a una publicación académica dedicada a su difusión – The Journal of World-Systems Research, fundada en 1995-, el análisis de los sistemas mundiales se ha convertido en una escuela de investigación bien asentada.
Las interacciones del turismo internacional
¿Alguna vez ha mantenido una conversación cara a cara con una persona de otro país o se ha conectado con una página web extranjera? ¿Ha viajado a otras partes del mundo? Si ha respondido «si» a alguna de estas preguntas, usted ha comprobado los efectos que tiene la globalización en la interacción social. La globalización, un fenómeno relativamente reciente, ha transformado la frecuencia y la naturaleza de las interacciones entre personas de diferentes naciones. El sociólogo histórico Charles Tilly la define en función de estos cambios; según él, «la globalización significa un aumento en la proyección geográfica de las interacciones sociales localmente importantes (1995:1-2). Dicho de otra manera, con la globalización, una proporción mayor de nuestras interacciones implica la intervención, directa o indirecta, de personas de otros países.
La globalización ha aumentado enormemente las posibilidades de viajar al extranjero, tanto que fomenta el interés en otros países como porque fomenta el interés en otros países como porque facilita el movimiento de los turistas a través de las fronteras. Evidentemente, la gran cantidad de turismo internacional se traduce en un incremento del número de interacciones cara a cara que se produce entre personas de diferentes países. Según el sociólogo John Urry (2002; Urry y Larsen, (2011), muchas de las interacciones se configuran a partir de la «mirada del turista», que alude a las expectativas que tiene este de vivir experiencias exóticas en sus viajes al extranjero.
Urry compara la «mirada del turista» con el concepto de la mirada medica de Foucault (que veremos en el capítulo 11, «Salud, enfermedad y discapacidad»), ya que esta tan organizada socialmente por especialistas profesionales y es tan sistemática en su aplicación y tan distante como la mirada médica, pero en este caso se organiza en busca de experiencias «exóticas». Se trata de experiencias que vulneran nuestras expectativas cotidianas sobre cómo se supone que ha de desarrollarse la interacción social y la que mantenemos con el medio físico.
Por ejemplo, a los británicos que viajan a Estados Unidos les puede encantar el hecho de que se conduzca por la derecha, lo cual a su vez puede resultar desconcertante para los conductores británicos. Las normas de circulación están tan enraizadas que vulnerarlas nos parece algo extraño y exótico. Imagínese la decepción que sentiría si viajara a otro país y se
factores culturales, políticos económicos tengan el mismo peso como motor de los procesos globalizadores.
Evidentemente, no todos están de acuerdo. Los sociólogos que mantienen un enfoque más culturalista sostienen que la globalización actual se basa en la integración actual de economía mundial, muy influida por la cultura. Veamos el ejemplo del turismo, hoy en día es una enorme «industria» en muchos países. En Gran Bretaña es el tercer sector en ingresos de exportación, por valor de 90.000 millones de libras y proporciona alrededor de 1,3 millones de empleos (DCMS, 2011). Por su parte, los ciudadanos británicos realizan más de 50 millones de visitas al extranjero cada año (Tirry, 2002: 6). Se cree que el deseo de viajar y conocer escenarios y culturas diferentes procede de la evolución de los gustos culturales de «la mirada del turista» (Urry y Larsei, 2011). Esta idea se resume en «Sociedad global 4.3».
Para Waters (2001), el ámbito de la cultura es crucial para la globalización porque a través de las formas culturales el desarrollo económico y el político se liberan de las restricciones materiales de la geografía. Se llama economía ingrávida a aquella en la que los productos se basan en la información, como es el caso de los programas informáticos, los medios de comunicación y los productos para el entretenimiento en formato electrónico, y en los servicios que se ofrecen a través de Internet (Quab, 1999). Este nuevo contexto económico ha sido descrito utilizando diversas denominaciones, entre ellas las de «sociedad del conocimiento», «sociedad de la información» y «nueva economía». La aparición de la sociedad del conocimiento se ha vinculado con el desarrollo de una amplia base de consumidores que, diestros desde el punto de vista tecnológico, incorporan con entusiasmo a su vida cotidiana los nuevos avances informáticos y los que tienen que ver con el entretenimiento y las telecomunicaciones. Tal vez el mejor ejemplo sea el de los usuarios de juegos por ordenador, que aguardan con viva expectación la aparición de nuevas versiones o la última aventura gráfica.
La «economía electrónica» es el puntal de la globalización económica más general. Bancos, corporaciones, gestores de capital e inversores individuales pueden desplazar fondos de un lugar a otro del mundo con sólo pulsar su ratón. Sin embargo, esta nueva capacidad para mover el «dinero electrónico» de forma instantánea resulta muy arriesgada. Las transferencias de grandes cantidades de capital pueden desestabilizar las economías, desatando crisis financieras internacionales. Al incrementarse la integración de la economía global, un desplome financiero en una zona del mundo puede tener enormes consecuencias para economías lejanas.
El propio funcionamiento de la economía global refleja los cambios que han tenido lugar en la era de la información. Ahora muchos aspectos económicos funcionan a través de redes que rebasan los límites nacionales en vez de detenerse ante ellos (Castells, 1996). Las pequeñas y grandes empresas, con el fin de ser competitivas en un contexto que se globaliza, se han reestructurado para adoptar un carácter más flexible y menos jerárquico. Las prácticas de producción y las pautas organizativas se han flexibilizado, la asociación entre diversas firmas se ha hecho habitual y la participación en las
redes de distribución mundiales se ha convertido en una parte esencial de los negocios, dentro de un mercado global que cambia rápidamente.
Corporaciones multinacionales
Entre los muchos factores económicos que impulsan la globalización, el papel de las corporaciones multinacionales es especialmente importante, a pesar de que su número sea relativamente pequeño. Son compañías que producen bienes o comercializan servicios en más de un país. Pueden ser firmas relativamente pequeñas, con una o dos fábricas fuera del país en el que tienen su base de operaciones, o gigantescos complejos internacionales cuyas operaciones entrecruzan el globo. Algunas de las multinacionales más grandes son conocidas en todo el mundo: Coca-Cola, General Motors, Unilever, Nestlé, Mitsubishi y otras muchas. Las multinacionales, incluyo aquellas que tienen una base nacional, están orientadas a mercados y ganancias de carácter global.
Las corporaciones multinacionales ganaron importancia a partir de 1945. En los primeros tiempos de la posguerra la expansión provino de empresas radicadas en los Estados Unidos, pero en los años setenta las europeas y japonesas también comenzaron a invertir en el extranjero. A finales de los ochenta y en los noventa, las multinacionales se expandieron de forma espectacular con el establecimiento de tres poderosos mercados regionales: Europa (con el mercado único), la región asiática del Pacífico (con la Declaración de Osaka, que garantizaba la existencia de un comercio libre y abierto para el 2010) y Norteamérica (con el NAFTA, acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México). Desde finales de la década de los noventa, los países de otras áreas también han eliminado las restricciones a la inversión extranjera. Al finalizar el siglo XX, en el mundo había pocas economías que estuvieran fuera del alcance de las multinacionales. En los últimos años, han sido especialmente activas en la expansión de sus operaciones en los países en vías de desarrollo y en las sociedades de la antigua Unión Soviética y de Europa Oriental.
Estas empresas ocupan un lugar primordial en el proceso de globalización económica: realizan dos tercios del comercio mundial, son cruciales en la difusión de las nuevas tecnologías por el orbe y también actores de primera categoría en los principales mercados financieros internacionales (Heid et al., 1999). Unas 500 multinacionales facturaron en 2001 más de 10.000 millones de dólares, mientras que en ese año sólo había 75 países que pudieran presumir de tener un producto nacional bruto que alcanzara por lo menos esa cifra. Dicho de otro modo, las principales multinacionales del mundo son más grandes, desde el punto de vista económico, que la mayoría de los países (véase la figura 4.4). De hecho, la facturación total de las 500 principales multinacionales del mundo ascendió a 14,1 billones de dólares, casi la mitad del valor de los bienes y servicios producidos en el mundo entero.
Suele hablarse de cadenas globales de artículos para referirse al proceso de fabricación cada vez más globalizado del que forman parte las redes mundiales
Estados Unidos. La primera muñeca se fabricó en Japón en 1959, cuando el país aún estaba recuperándose de la Segunda Guerra Mundial y los salarios eran bajos. Cuando esto aumentaron en Japón, Barbie se trasladó a otros países asiáticos de salarios reducidos. Sus múltiples orígenes pueden enseñarnos mucho hoy día sobre la forma de actuar de las cadenas globales de artículos.
La Barbie se diseña en Estados Unidos, donde se idean su estrategia de marketing y sus campañas publicitarias y donde deja la mayor parte de los beneficios. Pero la única parte de Barbie «made in USA» es su estuche de cartón, junto a algunas de las pinturas y esmaltes utilizados para decorarla.
El cuerpo y el vestuario de Barbie proceden de todo el planeta:
Entonces, ¿de dónde procede en realidad la Barbie? El estuche de cartón y celofán que contiene el conjunto de Barbie «Mi primera fiesta de té» viene etiquetado «Made in China», pero, tal como hemos visto, casi ninguno de los materiales que la componen procede en realidad de aquel país. De los 9,99 dólares del precio de venta al público en Estados Unidos, solo llegan a China unos 35 centavos, principalmente en forma de salarios pagados a las 11.000 campesinas que la ensamblan en sus dos fábricas. Una vez en Estados Unidos, Mattel consigue alrededor de un dólar de beneficio por muñeca.
¿Qué pasa con el resto del dinero que se consigue al venderla por 9,99 dólares? Solo se necesitan 65 centavos para cubrir los costes del plástico, la tela, el nylon y los otros materiales utilizados en su manufactura. La mayor parte del dinero sirve para pagar la maquinaria y el equipo, el flete transoceánico y el transporte interno en camiones, la publicidad y la mercadotecnia, el espacio de suelo que ocupa la tienda y, por supuesto, los beneficios que reporta a los comercios minoristas. La producción y venta de Barbie nos muestra la eficacia de los procesos de globalización a la hora de conectar las economías del mundo. Sin embargo, también sirve para mostrar el desigual impacto de la globalización, que permite que algunos países se beneficien a costa de otros. Por tanto, no podemos asumir que las cadenas globales de artículos vayan inevitablemente a promover el desarrollo en todas las sociedades involucradas en la producción.
REFLEXIONES CRÍTICAS
¿Qué grupos sociales, organizaciones y sociedades se benefician del funcionamiento de las cadenas globales de artículos? ¿Cuáles son las consecuencias negativas y quienes salen
perdiendo? ¿Cree que la globalización ayuda al progreso económico de los países en vías de desarrollo o que, por el contrario, lo entorpece?
Un segundo factor importante que conduce a la intensificación de la globalización es el crecimiento de formas de gobierno internacionales y regionales, que reúnen a los estados nacionales y acercan las relaciones internacionales a formas de gobernanza global. Las Naciones Unidas y la Unión Europea son los ejemplos más llamativos de unas organizaciones internacionales que reúnen a los estados-nación en foros políticos comunes. Mientras que en la ONU los países se asocian a título individual, en la DE, que constituye un ejemplo pionero de entidad política transnacional, los estados miembros ceden parte de su soberanía nacional. Los gobiernos de cada uno de ellos están ligados por directivas, reglamentos y sentencias judiciales emitidos por sus organismos comunes, pero su participación en la unión regional también les reporta beneficios económicos, sociales y políticos. Finalmente, la globalización está siendo impulsada por las organizaciones intergubernamentales (OIG) y por las no gubernamentales (ONG). Una organización intergubernamental es una entidad establecida por los gobiernos participantes y a la que se otorga la responsabilidad de regular o supervisar un determinado ámbito de actividad cuyo alcance es internacional. El primer organismo de ese tipo, la Unión Telegráfica Internacional, se fundó en 1865. Desde entonces, se ha creado un gran número de organismos similares, con el fin de regular cuestiones que van desde la aviación civil o la radiodifusión hasta la gestión de los residuos peligrosos. En 1909 existían 37 OIG para regular asuntos internacionales; en 1996 había 260 (Heid et al., 1999).
Como su nombre indica, las ONG internacionales se diferencian de las intergubernamentales porque no están vinculadas a los gobiernos, puesto que son organizaciones independientes que trabajan junto a los organismos gubernamentales en la elaboración de políticas y ocupándose de problemas internacionales. Algunas de las ONG internacionales más conocidas —como Greenpeace, Médicos sin Fronteras, la Cruz Roja y Amnistía Internacional— participan en la solución de problemas medioambientales y labores de ayuda humanitaria. Pero las actividades de otros miles de grupos menores también sirven para conectar países y comunidades. Toda esta variedad cada vez mayor de entes políticos transnacionales es una muestra de la globalización política, centrada en cuestiones internacionales y globales que van más allá de los intereses nacionales.
En los últimos años la globalización ha sido objeto de un debate muy candente. La mayoría de las personas acepta que están teniendo lugar importantes transformaciones a su alrededor, pero se discute el hecho de que sea válido explicarlas a partir de la «globalización». David Heid y otros autores (1999) han revisado la polémica, dividiendo a sus participantes en tres escuelas de pensamiento: los hiperglobalizadores, los escépticos y los transformacionistas. En el cuadro 4.6 se resumen estas tres tendencias, que conviven dentro del debate sobre la globalización. Observe que los autores citados debajo de cada
coordinadora de la actividad económica. Son la fuerza que impulsa, por ejemplo, muchos acuerdos comerciales y políticas de liberalización económica.
Los escépticos aceptan que puede que ahora haya más contacto entre los países que en épocas anteriores, pero, para ellos, la economía del mundo actual no está lo suficientemente integrada como para ser considerada auténticamente global. Esto se debe a que el grueso de las actividades comerciales tiene lugar dentro de tres conjuntos regionales: Europa, la zona asiática del Pacífico y Norteamérica. Los países de la Unión Europea, por ejemplo, comercian predominantemente entre ellos. Lo mismo puede decirse de los otros grupos regionales, con lo que se invalida la idea de que exista una única economía global (Hirst, 1997).
Muchos escépticos se centran en los procesos de regionalización que tienen lugar en la economía mundial, como son la aparición de grandes bloques financieros y comerciales. Para los situados en esta tendencia, el aumento de la regionalización es una prueba de que la economía mundial está menos integrada, no más (Boyer y Drache, 1996; Hirst y Thompson, 1999). Señalan que, en comparación con las pautas comerciales predominantes hace un siglo, la economía mundial contemporánea es menos global en cuanto a su amplitud geográfica y está más concentrada en zonas restringidas de intensa actividad. Según ellos, los hiperrealistas están interpretando mal las pruebas.
c. Los «transformacionistas»
Los transformacionistas se sitúan en una posición intermedia. Consideran que la globalización es la fuerza esencial que subyace en un amplio espectro de cambios que están conformando las sociedades modernas en este momento. Para ellos, el orden global se está transformando, pero se mantienen muchas de las antiguas pautas. Los gobiernos, por ejemplo, aún conservan gran parte de su poder, a pesar de los avances de la interdependencia global. Los transformacionístas indican que el actual nivel de globalización está acabando con los límites establecidos entre lo interno y lo externo, lo internacional y lo nacional. Las sociedades, instituciones e individuos, al intentar adaptarse a este nuevo orden, se están viendo obligados a maniobrar en contextos en los que las estructuras anteriores han sufrido «sacudidas».
A diferencia de los hiperglobalizadores, los transformacionistas contemplan la globalízación como un proceso dinámico y abierto, sometido a influencias y cambios. Se desarrolla de forma contradictoria, incorporando tendencias que con frecuencia operan oponiéndose entre sí. La globalización no es un proceso de una sola dirección, como algunos plantean, sino un flujo de imágenes, información e influencias que tiene dos sentidos. Las corrientes migratorias, los medios de comunicación y las telecomunicaciones de carácter global están contribuyendo a la difusión de las influencias culturales. Las vibrantes «ciudades globales» del mundo, como Londres, Nueva York y Tokio, son profundamente multiculturales, con grupos étnicos y culturas entremezclándose
y viviendo codo con codo (Sassen, 1991). Según los transformacionistas, la globalización es un proceso descentrado y reflexivo que se caracteriza por flujos culturales y vínculos que funcionan de modo multidireccional. Como la globalización procede de la intersección de numerosas redes globales, no puede decirse que esté impulsada por una determinada parte del mundo (Heid et al., 1999).
Los países, más que perder soberanía, se están reestructurando para responder a nuevas formas de organización económica y social que no tienen una base territorial (como son las corporaciones, los movimientos sociales y los organismos internacionales). Los transformacionistas señalan que ya no vivimos en un mundo que gira en tomo al Estado; los gobiernos se están viendo obligados a adoptar una postura más activa y extravertida para poder ejercer su función en las complejas condiciones de la globalización (Rosenau, 1997).
Evaluación
¿Qué perspectiva se acerca más a la realidad? En este momento, probablemente la de los transformacionistas, que sugieren que los procesos globales están teniendo un fuerte impacto en muchos aspectos de la vida social en todo el mundo, aunque dicho impacto no esté transformando por completo las sociedades. Sin embargo, no podemos saber exactamente cómo continuará progresando la globalización en un futuro, ya que en parte dependerá de las acciones y reacciones de los grupos, organizaciones y gobiernos atrapados en ella, lo cual es difícil de pronosticar. Muchos escépticos se equivocan porque subestiman el grado de transformación que experimenta el mundo: por ejemplo, los mercados financieros mundiales están organizados de forma mucho más global que nunca. Lo mismo ocurre con el incremento de los movimientos de personas a lo largo de todo el mundo, que, junto con las formas de comunicación más inmediatas, está transformando la experiencia cotidiana de estas personas en relación con el mundo y su visión de él.
Los hiperglobalizadores, por su parte, consideran la globalización desde un punto de vista excesivamente económico e insisten demasiado en su carácter unidireccional, con un final claramente definido: una economía global. En realidad, el proceso de la globalización es algo mucho más complejo y no puede determinarse cuál será el desenlace a partir de las tendencias presentes, ya que éstas pueden cambiar. Por ejemplo, la crisis financiera global de 2008 hizo vivir en carne propia a muchos gobiernos los peligros derivados de una «economía sin fronteras». En la Unión Europea, los rescates económicos a la República de Irlanda, Grecia y Portugal volvieron a cuestionar la moneda única creando dudas en aquellos países todavía fuera. Si los países pierden la fe en el euro, la tendencia centrípeta hacia una mayor integración puede revertirse, en caso de que los gobiernos decidan proteger su propia economía. En realidad, muchos países de todo el mundo pretenden reforzar el control fronterizo, precisamente para evitar la creación de un mundo sin fronteras que transforme las pautas actuales de emigración.