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Asignatura: griego, Profesor: , Carrera: Ciencias y Lenguas de la Antigüedad, Universidad: UAM
Tipo: Apuntes
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REV.: 03/09 PREPARADORES DE OPOSICIONES PARA LA ENSEÑANZA C/ Génova, 7 – 2º • 28004 Madrid Tel.: 91 308 00 32
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TEMA 1: El griego en el contexto de las lenguas indoeuropeas. Los sistemas alfabéticos griegos: su origen, estructura, valores grafemáticos; su adopción por Roma: el alfabeto latino. Signos ortográficos y de puntuación en griego. El acento griego. La transcripción y transliteración de términos griegos.
Autor: José Antonio Castilla
Esquema:
El griego es una de las pocas lenguas que cuentan con una tradición escrita de más de tres milenios. Pero no se deben confundir, como a menudo sucede, estas dos dimensiones distintas, independientes y de
origen heterogéneo: lengua y escritura. Por una parte, la lengua es un lenguaje articulado, consistente en una serie de hechos fonéticos, morfológicos, sintácticos y léxico-semánticos organizados en un sistema; por otra, la escritura es un sistema de representación gráfica de los conceptos o sonidos de la lengua.
En el caso del griego, hablamos de una lengua perteneciente a una familia llamada indoeuropea. Fue llevada a Grecia, casi con toda seguridad, por un pueblo invasor del Norte en torno al año 2000 antes de Cristo. Sin embargo, aún quedan por resolver cuestiones diversas, como el emplazamiento originario del pueblo protoindoeuropeo y la afiliación dialectal del griego dentro de esta familia lingüística.
Por lo que se refiere a su representación, son dos las escrituras en que se ha transmitido esta lengua. Cronológicamente, la primera de ellas es el silabario Lineal B, que será estudiado en los Temas 52 y 67 : surgió de un silabario anterior, el Lineal A (empleado en Creta durante el II milenio a. C. para representar una lengua desconocida) y, tras ser usado en los reinos micénicos durante la segunda mitad del II milenio a. C., fue abandonado para siempre en el siglo XIII a. C. El segundo sistema de escritura, del que se ocupa el presente tema, fue el alfabeto griego, que no sólo mejoró el complejo y deficiente silabario micénico, sino que además fue el primero de la historia, si entendemos alfabeto como un sistema de representación fonética donde se registran valores no sólo consonánticos, sino también vocálicos. El alfabeto griego, a diferencia de la lengua, tiene un origen oriental: los griegos lo crearon a partir de la escritura consonántica fenicia, con varias modificaciones, entre ellas la reutilización de algunos signos para representar los sonidos vocálicos y la adición de otros para reproducir algunas consonantes.
El alfabeto griego no adoptó su forma actual hasta la Edad Media, cuando comenzaron a utilizarse sistemáticamente las letras minúsculas y los signos ortográficos. Para entonces, tanto la lengua griega como la escritura alfabética ya habían extendido su poderoso influjo sobre los pueblos que se habían helenizado o enriquecido con aportaciones de la cultura griega: el griego, a través del latín, penetró en las principales lenguas de Europa, dotándolas de múltiples préstamos léxicos y recursos de derivación y composición; por otro lado, el alfabeto griego dio origen primeramente al alfabeto latino, convertido más tarde en una escritura universal, y, por último, desde el siglo IX después de Cristo, al cirílico, empleado actualmente por millones de eslavos.
comienzan a moverse en el terreno de la pura especulación. Según la teoría del árbol genealógico (Stammbaum) del alemán A. Schleicher (1868), las semejanzas observables entre las lenguas indoeuropeas se deben a que todas remontan a un antepasado común, el indoeuropeo, que se fragmentó en dos ramas dialectales: la eslavo-germánica y la ario-greco-italo-celta, de las que más tarde habrían surgido nuevas ramificaciones. Por ejemplo, al griego se habría llegado del siguiente modo: de la segunda rama habría surgido la rama greco-italo-celta, y de ésta las lenguas albanesa y griega.
Árbol genealógico de Schleicher.
Otra de las escisiones que postularon los partidarios de esta teoría es la que daría lugar a una rama occidental y otra oriental. La primera habría estado constituida por las lenguas centum, que conservaron la serie de consonantes oclusivas velares originaria (*k, *g, *gh, *kw, *gw^ y *gwh), y la rama oriental por las lenguas satem^1 , que la transformaron en palatal (c, s, š, ś, z, j, etc.). Al primero pertenecían el germánico, el itálico, el celta y el griego. Así, del ie. *klew-os- “palabra”, “fama”, “gloria” proceden las formas gótica hliuÞ^2 , latina in-clŭ-tus, griega klevFo" / sánscrita śrávas, eslava slovo; de *dékm ¢ “diez” respectivamente taihun, decem, devka / dáśa, dese ¶-ti.
Sin embargo, la tradicional división en lenguas centum/satem quedó superada a principios del siglo XX con el desciframiento del tocario y del hetita, dos lenguas centum situadas en la zona oriental del dominio ie. (la primera de ellas en su extremo, en el Turquestán chino). Por otro lado, la palatalización afecta a las lenguas ie. en distintas épocas y así el latín, lengua centum, la registra en fecha tardía, probablemente al mismo tiempo que el eslavo, lengua satem. Finalmente, existe un considerable número de innovaciones que sólo se dan en lenguas orientales y occidentales, sin que se correspondan con esta división.
Cuatro años después de Schleicher, J. Schmidt publicó una hipótesis que se oponía radicalmente a la del árbol genealógico. Se trata de la
(^1) Denominaciones tomadas del nombre del número cien en latín (centum) y avéstico (sat∂m) < *km ¢tóm). (^2) La consonante oclusiva velar k se conservó en germánico en principio, pero pronto evolucionó hacia la fricativa aspirada h.
teoría de las ondas (Wellentheorie), según la cual el cambio lingüístico se propaga a partir de un epicentro hacia zonas crecientemente distantes. Aquellas que son afectadas por un cambio determinado comparten un rasgo que las asemeja, llamado isoglosa. Según los defensores de esta teoría (Schrader, Pisani, Schrijinen), la semejanza entre las lenguas ie. se debería exclusivamente a la progresiva extensión de isoglosas entre los diversos pueblos de Europa y Asia.
Esquema de la teoría de las ondas según J. Schrijinen (Einführung in das Studium der indogermanischen Sprachwissenschaft, 1921).
Desde los años 50, se tiende a adoptar posturas eclécticas (Meillet, Trager, Smith, Adrados). Así, aunque la mayor parte de los estudiosos conciben las distintas lenguas ie. como dialectos derivados de una lengua común, se acepta al mismo tiempo que en ellos surgen isoglosas que se extienden a los dialectos vecinos, acercándolos entre sí.
Una vez asumido el parentesco entre las lenguas ie., se impone determinar de dónde partieron y cuándo, es decir, dónde y en qué época estuvo asentado originariamente el pueblo indoeuropeo que habló la lengua común, el protoindoeuropeo, antes de escindirse en tribus que llevaron en varias direcciones sus dialectos (las lenguas ie.). Sobre la época no existen muchas discrepancias y suele situarse entre los milenios V y IV a. C., pero la cuestión del emplazamiento originario (Urheimat) es más compleja, ya que exige una labor interdisciplinaria de ciencias tan dispares como la Lingüística, la Historia, la Arqueología, la Paleontología, la Paleobotánica e incluso la Genética, que se ocupan de una época muy remota en la que aún no existía la escritura. Por lo demás, el objeto de estudio último, la lengua, está sujeto a las arbitrariedades que le son inherentes.
Un caso muy ilustrativo es uno de los argumentos de Arqueología Lingüística utilizados por K. Penka para ubicar la patria originaria en Escandinavia. A partir del galo bāgos, alemán Buche y latín fāgus, todos con el significado de “haya”, se reconstruye para el indoeuropeo la forma *bhāgos, por lo cual dedujo que en el hábitat originario de los ie. existía
Apunta también hacia el Norte la reconstrucción de términos para la nieve (*sneigwh-) y para una flora y fauna de tipo septentrional (haya, encina, roble, pino, oso, lobo, ciervo, castor, lince^4 ), pero no meridional (palmera, arroz, tigre, león, camello, elefante, etc.). Por otro lado, Adrados hace notar la repetición, ya en fechas históricas, de similares movimientos migratorios desde Asia Central hacia el Oeste y el Sur (celtas, germanos, eslavos, cimerios, kusanes, partos, ávaros). Finalmente, en favor de una localización oriental próxima a los Urales, se ha señalado que en protourálico “cerdo” y “cien” se decían *porsas y *sata, préstamos evidentes de una lengua indoeuropea satem (cf. ie. *pórkos y *km ¢tóm).
Posible emplazamiento originario del pueblo protoindoeuropeo, distribución del lobo (Canis lupus) y del lince (Lynx lynx) en Eurasia y vista de un kurgán de las estepas.
2.2. Situación del griego dentro de la familia indoeuropea
Es evidente que el griego es una lengua ie.: desde los orígenes de la Lingüística Indoeuropea se suele aceptar que la mayor parte de su léxico y de sus flexiones es herencia de una época que precede con mucho a su existencia por separado. Pero determinar qué lugar ocupa el griego en un esquema genealógico es una tarea ardua que suele incurrir en contradicciones.
Ya vimos que el griego participa de la isoglosa centum, pero esta conclusión se contradice con el hecho de que el griego comparte en muchos otros casos isoglosas con las lenguas satem. Para unos (Hoffmann, Debrunner, Scherer) el griego pertenece a un denominado “grupo oriental”, junto con el indoiranio, el tocario, el armenio, el hetita, el frigio, el albanés y el baltoeslavo (como se puede ver, lenguas indiferentemente satem y centum).
Las coincidencias entre el griego y el itálico se deben, según el punto de vista actual, a evoluciones paralelas o a isoglosas por contacto antiguo, y no a un antiguo parentesco. Entre éstas se encuentran el gen. pl. - avwn, lat. -ārum y osco -āzum de los temas en -a según el modelo pronominal
(^4) Oso: *r ¢ktos > a. irl. art, arm. arj, a. ind. r ¢ksa, lit. irštvà, lat. ursus, gr. a[rkto", etc. Lobo: *wl ¢kwos > gót. wulfs, lit. vilkas, a. esl. vlĭkŭ, a. ind. vr ¢kas, toc. B walkwe, lat. lupus, gr. luvko", etc. Ciervo: *elen- > arm. eln, lit. ellenis, a. esl. elenĭ, toc. A yäl, gr. e[lafo" (Hesiquio e[nelo"), etc. Castor: *bhebhrus > a.a.a. bibar, lit. bebrùs, ruso bobr, a. ind. babhrú-, lat. fiber, etc. Lince: *luk- > irl. m. lug, a.a.a. luhs, lit. lúšis, arm. lusanunk (pl.), gr. luvgx, etc.
*tāsōm > hom. tavwn, lat. istā-rum; los nom. pl. - ai, - oi, lat. -ae, - ī, según el modelo pronominal *tai, *toi (frente al a. ind. sēnās “ejércitos” < *-ās < *-ā-es y vr ¢kās < *wl ¢kwōs < *wl ¢kwo-es “lobos”).
El siguiente cuadro recoge las principales correspondencias fonéticas, a veces simplificadas, que, de acuerdo con la Gramática Comparativa tradicional, se dan entre el indoeuropeo y varias lenguas derivadas, entre ellas el griego (las variantes dependen del dialecto o de la posición del sonido dentro de la palabra):
ie. griego latín a. indio gótico a. eslavo tocario
Hoy se postula que los diversos dialectos ie., lejos de surgir a partir de una sola lengua común, aparecen por desmembración escalonada, es decir, unos a partir de un estadio y otros a partir de otro. Así, Adrados habla de tres estadios del ie.:
Del IE IIIA habría surgido, pues, el griego común, que debía de hablarse ya poco antes del 2000 a. C. en algún lugar del norte de Grecia. Este griego común, anterior a su fragmentación en dialectos, había conservado del IE III los siguientes rasgos fonéticos: cinco vocales breves (ă, ĕ, ĭ, ŏ, ŭ) y cinco largas (ā, ē, ī, ō, ū), frente al antiguo indio, que fusiona a, e, o en a; cinco sonantes (y, w, r, l, m, n); las tres series de consonantes oclusivas con sus cuatro puntos de articulación: labial (p, b, ph), dental (t, d, th), velar (k, g, kh) y labiovelar (kw, gw, kwh, atestiguado por el micénico^5 ); la fricativa silbante s, aunque en posición inicial o intervocálica ya había pasado a aspiración (h) o estaba a punto de hacerlo^6.
Entre las innovaciones que presenta el griego con respecto al IE IIIA se encuentran las siguientes: el paso de la serie sonora aspirada (*bh, *dh, *gh, *gwh) a sorda aspirada (ph, th, kh, kwh), frente al antiguo indio, que conserva la sonoridad; el gen. pl. en *-sōm de los temas en *- ā, isoglosa compartida con el latín: -ārum; el dat. pl. temático en -si en lugar de *-su; el formante de aor. -sa- y el de perf. -k-.
Según Adrados, dentro del griego común comenzaron ya a perfilarse dos áreas dialectales que cristalizarían en el griego oriental, hablado por los griegos que marcharon hacia el sur en torno al 2000 a. C., representado posteriormente por el micénico, el arcadio-chipriota, el jonio y el eolio, y caracterizado principalmente por las formas del pron. dem. oiJ, aiJ, el pron. pers. suv y las desin. de 3ª sig. - si (divdwsi)^7 y 1ª pl.
2.3. Los dialectos griegos
La tesis tradicional (Kretschmer, Tovar) defendía que los griegos, antes de asentarse en Grecia, eran ya portadores de los dialectos conocidos en época histórica. Posteriormente (Hoffmann, Pisani, Gamkrelidze) se llegó a afirmar que el griego común del II milenio se había creado por confluencia de varios dialectos hoy desconocidos. La investigación actual (Porzig, Risch, Adrados) tiende a sostener que los dialectos se conformaron no sólo en suelo griego, sino incluso puede que después del siglo XII a. C., una vez que los dorios llegados desde el Norte actuaron como cuñas divisorias en medio de las tribus griegas ya
(^5) Por ejemplo, en la conjunción enclítica -qe = -kwe = lat. -que < ie. *-kwe. (^6) Esta ley fonética ya ha dejado de estar en vigor cuando los griegos descienden al sur de Grecia y toman prestadas palabras del sustrato mediterráneo, como su'kon “higo”. El micénico ya ha perdido la s inicial ie.: e-qe-ta-i = hekwétai > eJpevtai 7 , del ie. *sekw- “seguir” (cf. lat. sequor). Dentro del eolio, sólo en lesbio (al parecer por influjo jónico), ya que el tesalio y el beocio conservan tuv y -ti-
asentadas allí. El micénico sería un representante del griego oriental del II milenio, caracterizado por numerosos arcaísmos. Los dialectos históricos del I milenio a. C. son el jónico-ático, el arcadio-chipriota, el eolio (con sus subdialectos tesalio, beocio y lesbio), el griego del Noroeste y el dorio.
El jónico-ático se caracteriza, entre otros rasgos, por el paso de a@ a h (da'mo" > dh'mo"), el alargamiento compensatorio en ei y ou (eijmi < *es- mi, fevrousi < fevronsi < fevronti), la pérdida de digamma (Favnax > a[nax), la nueva flexión de povli" (povlew" < povlho" a partir del loc. povlhi, frente a la flexión povlio" de los demás dialectos), las nuevas formas de los pronombres personales “nosotros” y “vosotros” (hJmei'" y uJmei'" frente al dórico aJmev" / uJmev" y el lésbico a[mme" / u[mme"), la 3ª p. sg. del impf. del verbo copulativo h\n^8 (frente a h"), la partícula modal a[n (en lugar de ke, ka), la conjunción eij (en lugar de aij/hj), la preposición prov" (en vez de potiv, pov") y la aproximación de u a la articulación palatal [y]. A su vez, el ático presenta frente al jónico algunos arcaísmos (dual, xuvn) y algunas innovaciones, como la vuelta de h a a@ tras r, i, e (hJmevrh > hJmevra@), la contracción de vocales en contacto (filevomen > filou'men), el gen. neanivou, el grupo tt en vez de ss (qavlatta, también en Eubea y como en beocio) y la asimilación de rs en rr (cerrovnhso" < cersovnhso"). Por su parte, el jónico se ha destacado por la evolución de la labiovelar ie. *kw^ a k en pronombres y adverbios interrogativos (pou' frente a kou'), la psilosis o pérdida de aspiración (ujmei'") y la tardía pronunciación palatal de u^9.
Grupos de griegos asentados en el Peloponeso antes de la invasión doria se instalaron en Chipre y en Panfilia. El resto pudo resistir a los dorios en la montañosa Arcadia, en el centro del Peloponeso, y continuó hablando la lengua griega predoria que en el I milenio aparece como dialecto arcadio. Por su parte, aquellas poblaciones llegadas a Chipre y Panfilia conservaron los rasgos del griego traído desde el Peloponeso, de modo que sus dialectos, el chipriota y el panfilio, suelen quedar englobados en un grupo denominado arcadio-chipriota. Uno de sus rasgos más arcaicos es la conservación de las desinencias - soi, - toi,
(^8) Originariamente una 3ª p. pl. < h\en < *ēs-ent (con vocalismo e en la desinencia, como en fevroi-en). (^9) Probablemente confirmada por la conservación de la pronunciación velar en el paso al latín de palabras jónicas de las colonias establecidas en Italia desde el siglo VIII a. C.: Cumae < Kuvmh, purpura < porfuvra, etc.
Dialectos griegos y situación de Chipre y Panfilia.
2.4. Las lenguas indoeuropeas vecinas
Posiblemente los griegos, antes de penetrar en los Balcanes, estuvieron en contacto con poblaciones afines que en época histórica continuaron siendo fronterizas. Así, el Epiro fue ocupado por tribus ilirias que al mismo tiempo debieron de avanzar hasta el sur, dejando en Grecia un considerable número de huellas lingüísticas, como el nombre de los esclavos en Tesalia, Penevstai, idéntico al de una tribu ilírica, los Penestae; el tesalio Dwvtion pedivon, presente en las ciudades ilirias de jAr-dwvtion y Epi-dōtium; y antropónimos como Baiulo" (alfarero ático), Teutivaplo" (un eleo) e incluso algunos micénicos, como ne-ri-to, pa-ti, pa-to-ro sa-sa-jo y te-u-to, que tienen sus correlatos en los nombres ilíricos Baiula, Neritus, Pantis, Patrwn, Sasaius y Teuvta (nombre de una reina y también de una tribu, cf. osco touto “comunidad”, lit. tautà “pueblo”, a.a.a. diot “ídem” < *teut-).
Los escasos restos de macedonio conservados presentan fuertes semejanzas con el griego. Coincide con el ilirio, el tracio y el frigio en el paso de las aspiradas indoeuropeas bh, dh, gh a las sonoras b, d, g, como en las siguientes formas atestiguadas por Hesiquio^10 : davno": qavnato", a[de: aijqhvr; ajbrouvte": ojfruve" “cejas” (a. ind. bhrus, ing. brow), kovmbou" “muelas” (ac. pl.) < gombh- (gr. govmfo" “clavo”, a. ind. jambhas) y Berenivkh (Ferenivkh); nivba: nifav" < *snigwh- “nieve”. Por otro lado, parece que la sonante *w consonantiza, como en bevdu < *wed- “agua” (ingl. water, wet).
La semejanza del frigio con el griego llamó la atención de Platón^11. En efecto, en estas dos lenguas existen similitudes como eti “y”: e[ti (lat. et); germe: qermov" < *gwherm- (ingl. warm); pron. rel. io": o{" (a. ind. yas);
(^10) Hesiquio de Alejandría era un lexicógrafo que vivió en el siglo V d. C. Compiló un glosario de unas 51.000 entradas que incluía formas dialectales griegas y de lenguas vecinas. 11 Crátilo 410 (ed. de Gredos): “Mira, entonces, si este nombre, pyr, no es bárbaro. Pues no es fácil encajarlo en la lengua griega y es evidente que los frigios llaman al fuego de esta forma con una pequeña variante, e, igualmente, al agua (hýdor) y a los perros (kýnas), etc.”
meka-: mevga" y wit- “saber”: Feid-. Puede que con las tribus griegas se infiltraran en Grecia elementos frigios: Tucídides sitúa una localidad llamada Fruvgia entre Beocia y el Ática.
Los únicos restos idiomáticos del tracio dentro de Grecia se reducen a los Qra/kivdai (linaje sacerdotal de Delfos), el hidrónimo Struvmwn (<*sru- /sreu-, cf. rJevw) y los nombres de los dioses Dioniso (ya en micénico, gen. di-wo-nu-so-jo) y Semele (cf. a. esl. zemlja “tierra”). El tracio es una lengua satem: [Arzo" (río): ajrgov" “blanco”, jEsbevneio" (antropónimo derivado de esvas “caballo” < *ekwos), JRh'so" (nombre de rey, rezas, cf. lat. rex, galo -rix, a. ind. raj-), Buvza" (rey tracio epónimo de Bizancio, Buzavntion) y la tribu de los Busnai'oi < *bhug- “cabra”, persa buz; sufijo toponímico - diza < *dheigh- (cf. gr. tei'co"). El paso de consonante aspirada a sonora también se observa en gevnton “carne” < *gwhen-to- “matado” (a. ind. hatá, gr. qeivnw) y en el nombre de una tribu de Bitinia, Bevbruke" (< *bhebhru- “castor”, cf. el topónimo búlgaro Bebrovo).
El lidio y el cario están actualmente englobados dentro del grupo hetito- luvita o anatólico. A éste podrían pertenecer elementos prehelénicos (pelásgicos) presentes en la toponimia y el léxico griegos, como Govrtu", Gurtwvn (cfr. frigio Govrdion y Mane-gordum, esl. *gordǔ, del ie. *ghordh-); su'" frente a u|", tuvmbo" junto a tavfo", etc.
3.1. Origen
El origen semítico del alfabeto griego está confirmado por la propia tradición griega (que lo denomina con expresiones del tipo foinivkeia gravmmata)^12 , las formas de las letras (salvo cuatro excepciones), sus nombres^13 , sus valores y su ordenación. En teoría, la escritura que sirvió de modelo a los griegos pudo ser cualquiera de las utilizadas por los diversos pueblos semíticos que habitaban la zona comprendida entre Cilicia y el norte del Sinaí: arameos, amorreos y cananeos, estos últimos llamados fenicios por los griegos.
(^12) Heródoto 5.58: oiJ de; Foivnike"... ejshvgagon didaskavlia ej" tou;" { Ellhna" kai; dh; kai; gravmmata (“Los fenicios introdujeron en Grecia muy diversos conocimientos, entre los que hay que destacar el alfabeto”). En una inscripción de Teos (Asia Menor), 13 foinikhia significa “letras” y en otra de Creta poinikazen sirve para “escribir”. Aunque en su conjunto sólo conocemos los nombres hebreos de las letras, en algunos casos se han conservado los fenicios (así, sabemos que en lugar de reš y mem los fenicios decían roš y mu).
Siguiendo el principio acrofónico, los protocananitas adoptaron unos 22 glifos egipcios, algunos de ellos ya usados como fonogramas por los egipcios, y les dieron valores fonéticos consonánticos. Por ejemplo, adoptaron el signo , ligeramente simplificado en , para representar el sonido m, inicial de la palabra mem, con que los semitas designaban el agua. Posteriormente, la forma protocananita evolucionó hasta dar la m (mem) fenicia.
La escritura fenicia está en la base no sólo del alfabeto griego, sino también de las escrituras aramea, hebrea y árabe. Nos es conocida desde la inscripción del sepulcro del rey Ahiram de Biblos, del siglo XIII a. C. Constaba de 22 signos consonánticos, todos adoptados por los griegos, aunque a la postre sólo tendrían continuidad 20 de ellos (en el alfabeto milesio). La escritura fenicia era defectiva, es decir, carecía de signos que indicasen las vocales (matres lectionis)^16.
3.2. Estructura y valores
3.2.1. Origen de las formas
A continuación se reseñan aquellas letras del alfabeto griego que en su evolución a partir de la escritura fenicia se consideran más dignas de comentario. La letra wau, w, conservando esta forma, dio lugar a la ypsilon (U) y, con una modificación, derivó en la digamma^17 (F, divgamma, Fau'), de valor semiconsonántico (w). El signo z, zajin, conservó al principio su forma I, pero luego, para evitar la confusión con iota, desarrolló un trazo quebrado, derivando en Z. El signo x, het, se simplificó en la eta (H), que conservó el valor originario de aspiración (h). La letra jod, y, se simplificó en I y finalmente perdió el trazo quebrado, dando lugar a la iota, I, que sólo muy tardíamente recibió los dos remates horizontales (I)^18. Samek, s, cuyo valor era el de la silbante sorda s, fue reutilizada para representar el grupo consonántico ks, recibiendo el nombre de xi (C, luego X) y dando el suyo a la sigma. El signo kof, q, adoptó la forma Q, recibió el nombre koppa y se empleó ante vocales velares. Reš, r, dio la ro (R), que a veces desarrolló un ligero trazo inferior que explica la forma de la R latina. En šin, $ (que representaba la silbante palatalizada, como en inglés sh), se puede ver la sigma griega, que experimentó un giro de 90º y una pérdida de la línea quebrada inferior (s), origen de la S latina, aunque más tarde ese trazo se restableció (S).
(^16) A diferencia del arameo y el hebreo, que a veces usaron algunas letras (he, wau, jod y a veces alef) como signos vocálicos para facilitar la lectura. 17 18 Así llamada porque semeja dos gammas superpuestas. V., por ejemplo, la imagen de la inscripción de época imperial en Tema 2, pág. 15.
3.2.2. Innovaciones y valores. Los alfabetos epicóricos
Sin embargo, los griegos no se limitaron a copiar las formas y valores de los signos fenicios, sino que introdujeron dos importantes innovaciones. Por una parte, dieron a cuatro signos fenicios con valores consonánticos inexistentes o irrelevantes en griego sendos valores vocálicos. Así, el aleph ()), cuyo valor era el de una consonante oclusiva laríngea^19 , recibió el valor de a; he (h), que representaba el sonido aspirado [h], se reutilizó para registrar el sonido e; y ajin ((), que valía para otro tipo de aspiración, se destinó a la representación de la vocal o. En cuanto a la yod (y) y la wau (w), ya tenían valores de semivocales j y w en fenicio. La creación de signos vocálicos tenía como finalidad evitar los numerosos equívocos a que la propia naturaleza de la lengua griega podía dar lugar: ejn, ajnav, oi[nw/, o[nw/, aijnevw, etc. se habrían escrito indistintamente como N (N). La creación de signos vocálicos supone la invención del primer alfabeto completo de la historia.
Por otra parte, para los sonidos ph, kh y ps, los griegos crearon ex novo tres letras: F, C y Y (cuyas formas arcaicas eran F, c y X), aunque las dos últimas recibieron valores discrepantes en las distintas partes del dominio griego. Precisamente, esas discrepancias son las que sirvieron de base a A. Kirchhoff, en sus Studien zur Geschichte des Griechischen Alphabets, Berlín, 1877), para la clasificación de los sistemas alfabéticos griegos. Este investigador elaboró un mapa en el que representó con cuatro colores las zonas donde se usaba cada variedad de alfabeto. Cada alfabeto se suele conocer desde entonces con los nombres de esos colores:
(^19) O glotal, fonéticamente representada como [/] y también como ’ (v. punto 4.2 y nota 28). Se da, por ejemplo, ante la vocal inicial de los postcomponentes del alemán (Beamte [be/amtə]), en la s andaluza de cualquier sílaba trabada (p. ej. cuesta [kwe/ta]) y, en general, ante cualquier vocal inicial no precedida de dicción (anda [/anda]). En árabe existe como fonema y es representado por el grafema hamza (^): qára’a.
(dextrorsum), seguramente por motivos prácticos (para evitar arrastrar la mano sobre lo escrito y para permitir verlo, puesto que la mayor parte de la población era diestra). Este sistema permaneció inalterado desde el período clásico. Los signos ortográficos (acentos y espíritus) y de puntuación no aparecieron hasta la época helenística, mientras que las letras minúsculas se desarrollaron plenamente sólo a partir del siglo IX d. C. a partir de dos sistemas antiguos, el cursivo y el uncial (para los detalles, véase Tema 67 puntos 3.3, 3.4 y 3.5).
Resumiendo, de los 24 caracteres del alfabeto griego, los 20 primeros fueron tomados directamente de la escritura consonántica fenicia, mientras que los cuatro últimos fueron creaciones originales de los griegos, que las colocaron precisamente al final de la serie porque eran más recientes.
3.3 El alfabeto latino: estructura, origen, modificaciones y valores
Originariamente, el alfabeto latino constaba de 21 letras: A B C D E F Z H I K L M N O P Q R S T V X. Todas derivaban del alfabeto rojo usado por las colonias calcídicas del sur de Italia y Sicilia. Esta deducción se basa en el hecho de que ciertos signos presentan formas y valores que sólo se daban conjuntamente en ese alfabeto. Así, la C procede de la C calcídica (G); la Q de la Q, la F de la F (digamma), la H de la H y la X de la C. Por otro lado, el signo numérico M (= 1000) remonta a la Φ alterada en M
M por influjo de mille; D (= 500) es la mitad de este mismo signo; C (= 100) es la (theta) modificada en C por influencia de centum. El sentido de la escritura latina era de izquierda a derecha, aunque en algunas inscripciones antiguas se da el inverso e incluso el sistema bustrófedon en la inscripción de la Piedra Negra del foro (en la imagen adjunta, donde se lee SAKROS ESED = sacer erit “será sagrado”).
En el período más arcaico existía, a juzgar por el testimonio del gramático Velio Longo, una s sonora [z] que se representaba probablemente por medio de la Z, pero a mediados del siglo IV a. C. la s sonora sufrió rotacismo y el signo Z se hizo superfluo, de modo que fue eliminado por el censor Apio Claudio el Ciego en el año 312 a. C. En su lugar se colocó la G, de nueva creación (véase infra). No obstante, en el siglo I d. C. se restableció la Z para reproducir la Z griega, pero pasó a ocupar el último lugar.
Según la creencia más extendida^22 , los romanos no tomaron su alfabeto directamente de los griegos, sino de los etruscos, que sí lo adoptaron de los calcidios sin intermediación (véase en la imagen adjunta una inscripción etrusca del s. V a. C., donde se lee Khalkhas “Calcante” con X = kh y no ps). Los 26 caracteres del alfabeto etrusco quedaron fijados con las formas siguientes: A B C D E V Z H t I K L M N S O P $ Q R s T U c F X. Que la transmisión del alfabeto calcídico a Roma tuvo como paso intermedio el alfabeto etrusco parece claro por varios hechos.
En el alfabeto calcídico se empleaba la K ante vocales palatales (e, i), pero Q ante el resto (u, o, a). En la lengua etrusca la oposición de sonoridad no tenía carácter relevante (es decir, los sonidos c y g no eran fonemas distintos), de modo que la C (gamma) se usaba con valor sordo. Por otro lado, empleaba Q ante las vocales velares (o, u), C ante las palatales y K ante a o consonante.
Así pues, en latín se empleó C (C) simultáneamente con los valores k y g, lo cual suponía un contrasentido (recei = regei), de modo que a mediados del siglo III a. C., a propuesta de Espurio Carvilio Ruga^23 , se creó la G, tras la adición en la C de un trazo horizontal. Pero C con valor G siguió persistiendo en dos abreviaturas: C = Gaius y CN = Gnaeus. Por su parte, la Q se usó sólo ante [u] en algunos términos técnicos (pequnia, hasta la época de Cicerón) y siempre ante [w] (quis).
Por otro lado, la K fue abandonada, excepto en abreviaturas del lenguaje oficial, de tendencias conservadoras (Kal, de calendae; K de calumnia; K de causa).
Finalmente, en el siglo I a. C. se introdujo a continuación de la X la Y para transcribir palabras griegas y luego para reproducir el sonido redondeado de la i en contexto labial (lybens, clypeus).
(^22) Según T. J. Cornell (Los orígenes de Roma, Barcelona, Crítica, 1999, pág. 132), existen buenas razones, reforzadas por un reciente hallazgo de una inscripción griega en la necrópolis latina de Osteria dell’Osa, para pensar que el proceso de transmisión fue más complejo y que los romanos tomaron el alfabeto directamente de los griegos, aunque con influencias etruscas. 23 Caruilius y no Seruilius, error que se ha extendido a partir de la obra de Bassols. La noticia está en Plutarco, Quaestiones Romanae 54.59: ojye; ga;r ejcrhvsanto tw/' gavmma Karbilivou Sporivou prosexeurovnto". Ruga era un liberto que estableció una escuela en Roma alrededor del 231. a. C. e introdujo el cambio, probablemente movido por las confusiones a que podía dar lugar su propio nombre.