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hablamos del leonés, Apuntes de Filología hispánica

Asignatura: Fonetica historica, Historia de la lengua II, Profesor: Maria Jesus Mancho Duque, Carrera: Filología Hispánica, Universidad: USAL

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 14/05/2017

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LEONÉS' por JuLio BORREGO NIETO Las hablas leonesas: situación geográfica y sociolingiiística Es el objeto de este capítulo dar cuenta del estado de las hablas lla- madas «leonesas» en las provincias de León, Zamora y Salamanca. Tal acotamiento geográfico no debe hacer olvidar el hecho de que los restos del viejo complejo dialectal que aquí perviven son prolongación de los que con más coherencia se hablan todavía en Asturias, y a su vez enla- zan con los muy escasos que se rastrean en las provincias limítrofes de Palencia y Valladolid —fruto de la mayor extensión que tuvo en un prin- cipio el reino de Léon—, con los que la reconquista difundió por el sur —occidente de Extremadura y de Andalucía fundamentalmente—, y con los que los colonizadores occidentales llevaron a Canarias e Hispa- noamérica. Pero si es cierto que las «hablas leonesas» rebasan los límites de las tres provincias, también lo es que no llegan a abarcar todo su territorio. Como veremos después con más detalle, sólo en la parte más occidental de León y el noroeste de Zamora el dialecto mantiene una cierta coherencia de código distinto, al menos en determinados hablantes; más al sur, el oes- te zamorano conserva restos abundantes, que se siguen percibiendo, aun- que mermados, en la parte noroccidental de Salamanca, y en las sierras meridionales de esta misma provincia. Por el oeste los límites coinciden con los de Galicia y Portugal, pero sólo en líneas generales. En los confines occidentales de León y de Sa- nabria los rasgos leoneses propios de la zona se van gradualmente mez- clando con los gallegos hasta que éstos llegan a predominar. Por lo que se refiere a León, predominan ya claramente en Los Ancares; en El Bier- zo se viene considerando zona de transición la que corresponde al par- tido de Villafranca, entre el Cúa y el Sil. En efecto, estudios sobre la l, Me han proporcionado datos para este trabajo, ayuda para conseguirlos o algún tipo de apo- yo material o intelectual don Manuel Alvar, Amalia Pedrero, Pilar García Mouton, Luis Santos, Juan Carlos González Ferrero, Carmen Fernández Juncal y David García López, D. Antonio Llorente Mal- donado, que debió ser, en realidad, el autor de este capítulo, prácticamente lo es, dada la medida en que he abusado de sus materiales, su colaboración y sus saberes. A todos ellos, gracias. 140 EL ESPAÑOL DE ESPAÑA zona* demuestran que incluso para un mismo fonema latino se dan los dos tipos de soluciones: diptongación y no diptongación para las vocales bre- ves, resultados palatales y no palatales tanto para L- y N- como para -LL- y -NN-, mantenimiento, pero también caída, de -L- y -N- intervocálicas, etc. La situación podría resumirse simbólicamente en el diminutivo predominan- te, que es -fn en el singular, pero -¡Ros en el plural. En la provincia de Zamora la «mezcla de dialectos»? afecta al oeste de Sanabria, aunque aquí además del gallego y el leonés están implicados los dialectos portugueses de Tras-os-Montes, alguno con rasgos peculiares, in- cluso de tipo leonés. En Salamanca, el pueblo fronterizo de Alamedilla tie- ne por lengua el portugués. Hablado en zonas tradicionalmente aisladas y deprimidas, el dialecto carece del prestigio necesario para ser mantenido como signo de identidad social, lo que explica su descomposición. Los hablantes más capaces de ac- ceder a la norma, principalmente por medio de la instrucción escolar, co- mienzan a abandonarlo. Pero como su falta de normalización y fijación hace que resulte difícil percibirlo como un código distinto, la sustitución suele hacerse término a término, empezando por los más extendidos en la lengua general y terminando por los más específicos de la zona (aperos, he- rramientas, plantas, labores...), vivero típico de recolección para el dialec- tólogo. Este sector léxico seguirá siendo usado por toda clase de hablantes, pero en los demás sectores el vocabulario patrimonial se diversifica y co- mienza a aparecer con frecuencia desigual según el usuario o el tipo de si- tuación. Es más, una parte creciente de este vocabulario acaba marcada por estereotipos negativos y reducida, para los hablantes más innovadores, a situaciones y empleos jocosos (jaronismo), lo que constituye el preludio de su desaparición. Ante tal situación, lo típico es que en las comunidades en que el dia- lecto muestra aún huellas abundantes haya tres tipos de hablantes: a) Aquellos en que predomina claramente la variedad prestigiosa que llega del exterior (y que en muchas facetas no coincide con la académica, sino con la que marcan los medios de comunicación, los núcleos urbanos, las zonas económica y socialmente florecientes). En este grupo predominan los jóve- nes, pero no simplemente por serlo sino porque tienen mayor acceso a esa norma exterior. b) En el polo opuesto, aquellos otros en que los restos del dialecto son más evidentes, es decir, los informantes mimados por los dia- lectólogos tradicionales: ancianos, analfabetos y poco viajados. En reali- dad, cualquier hablante de cualquier sexo y edad, confinado en la comuni- dad y sin estudios. c) Por último, el grupo más numeroso, el usuario me- dio más o menos familiarizado, según los casos, con las dos variedades. Es el que posee mayor flexibilidad estilística, es decir, mayor capacidad para cambiar de registro si lo exigen el interlocutor o la situación. Si ha de usar 2. Véase M. Gutiérrez Tuñón, «Apuntes dialectales sobre El Bierzo», RDTP, XXXVI, 1982, 129-136; Leonés, gallego y asturiano en la zona de Villafranca del Bierzo (resumen de tesis doctoral), Oviedo, Uni ad de Oviedo, 1975. 3. El título corresponde a un trabajo clásico de F, Krúger, publicado en el Homenaje a Menén- dez Pidal, 1, Madrid, Lib. Hernando, 1925, 121-166. k=] » “ o a - " E 52 E O o a a E] 3 26 e pal El 5 5 5 38 $3 CS a Ñ Ñ Ñ Ñ 28 238 UN ñ ¿EEG 7 5] 32 £5 ! 15 1 ¿in | o 568 uu 3)37T 4u 2522 22 » 4 ss E a N 38 | ye W yA Ls wr Y 9 Picos de Europa Rio_Duero EL ESPAÑOL DE ESPAÑA 142 LEONÉS 143 mayor número de palabras) y vitalidad (esto es, son empleados por mayor número de hablantes), hasta el punto de que el dialecto se percibe como un código distinto, capaz de alternar con el castellano en una especie de jue- go diglósico. Tales rasgos son básicamente los siguientes: * A) Vocalismo + Diptongación de É, Ó breves latinas, y ello incluso: a) ante yod: fueya hoja”, gúeyo, giiecho “ojo', nueite “noche”, gíúey, "hoy, tiengo, etc.; b) en de- terminadas formas del verbo ser: ye, yes, yéramus, yeran; c) en la conjun- ción copulativa ÉT, casi siempre bajo la forma ya.* * Los diptongos pueden mantener, si bien en muy escasa medida, la inestabilidad de su segunda vocal, que el castellano resolvió con prontitud. De modo que aún parecen quedar determinadas voces con soluciones wa, ja, y, sobre todo, wo, wó, No sería descabellado, quizá, relacionar el fenó- meno con el acusado relieve que en todo el dominio presenta la sílaba tó- nica y que desdibuja el timbre de las átonas circundantes, incluidas las fi- nales. Es verdad que en estos diptongos el acento recae en la vocal más abierta, pero no parece casualidad la frecuencia con que en la zona Í que ahora tratamos y en otras limítrofes se han descrito dislocaciones acentua- les del tipo pía “pie”, díaz “diez”, lúegu, núez, ete. * Mantenimiento de -¿e- ante 1 (o sonido palatal resultante de éste: véa- se más abajo) y s: amariella, oriella, custiellas, riestra, priesa. * Conservación, con bastante sistematicidad, de los diptongos decre- cientes ou y —con mayor amplitud y vitalidad— ei: cousa, pouco, toupo, outro, cantón, queiso, eije, cantéi, sufijo -eiro, etc. » Cierre de las vocales finales, fenómeno que alcanza a todo el domi- nio, pero de modo desigual según las zonas y el tipo de vocal de que se tra- te. La velar -o llega con frecuencia a -4 más o menos cerrada, pero el cie- rre afecta mucho menos a -e, que sólo en áreas muy restringidas —y no, desde luego en la que ahora nos ocupa— experimenta con amplitud desta- cable el paso a -¿; por lo que respecta a -a, resulta la vocal más estable, pero no se muestra ajena del todo al fenómeno: Krúger señaló —bien que hace ya demasiados años— cómo en San Ciprián de Sanabria era sistemático el paso -as, -an > -es, -en, lo mismo que en el centro de Asturias, y un marca- do carácter palatal de -a final, con tendencia, por tanto, a convertirse en -e, ha sido detectado por ejemplo en la zona de Villafranca del Bierzo, An- diñuela, Ribera del Órbigo, Sayago o El Rebollar salmantino,” 5. Para su exposición tengo en cuenta los trabajos clásicos de Álvarez Fernández, Casado Lo- bato, Krúger, García del Castillo, etc., pera también otros más recientes, entre los que se encuentran las encuestas (inéditas) para el Atlas Lingiúístico de España y Portugal (ALEP), dirigido por don Ma- nuel Alvar, 6. La diptongación de la conjunción parece na extenderse a toda la zona: falta, por ejemplo, en La Cabrera y en Sanabria. 7. Cfr. Gutiérrez Tuñón, «Apuntes...», nota 9; Gregorio Salvador, «Encuesta en Andiñuela», Ar- chivum, KV, 1965, p. 210; L. C. Nuevo Cuervo, Investigación Sociolingitística del Léxico de la Ribera del Órbigo, Universidad de Salamanca, tesis doctoral (ejemplar mecanografiado y en microfichas), 1991, p. 731; A. Iglesias Ovejero, El habla de El Rebollar, Salamanca, Diputación Provincial y Universidad, 1982, p. 47. LEONÉS 145 como la que ahora nos ocupa, ilustren parcamente el fenómeno (así, no pa- rece darse en Babia y Laciana). * PL-, KL-, FL- > € (Cano, camar, ¿ama). Una segunda solución (propia de los casos que en castellano no se convirtieron en /- y extendida a todos los grupos de cons. + 1, incluso en interior de palabra) es pr-, br, fr, etc.: pranta, igresia, nebrina, cravo, etc. * Existencia de un sonido [$] de diversos orígenes (1-, G+"', -KS-, -SS-, -SC-). Con frecuencia genera una semiconsonante palatal más o menos per- ceptible: jabón, jelu. Muy de vez en cuando se rastrea aún la variante so- nora [2]. * -NN-, -MN- > -n-: anu, pena, escano. La simplificación no abarca a toda la zona (sí se da en Babia y Laciana). Cuando el grupo es de origen romance tras la caída de una postónica (M'N) la solución es -m-: ¿lume, fame, home. * Conservación de -mb-: llamber, palomba, ¿ombu. * -LY-, -CL-, -G'L- producen resultados palatales diversos que, una vez más, obligan a distinguir varias subzonas: a) La que tiene como centro a Babia y Laciana conoce é, consonante todavía distinta de la $ procedente de -LL-: aguéa, navaéa, abeiéa; b) en La Cabrera es y la solución predomi- nante: aguya, navaya, abeya; c) En el Bierzo y Sanabria y no es desconoci- da, si bien se mantiene viva la solución l, que parece la más primitiva: »mu- ller, fillo, viella. * -KT-, -ULT- se mantienen preferentemente en la etapa arcaica ff, con algún ejemplo de la posterior ¿é: feito, Seite, truita, peién, proveión. = Conversión en [ de la primera de las dos consonantes oclusivas que quedan en contacto por pérdida de una vocal átona: trelde, caldal, julgar. Si bien es verdad que los ejemplos son abundantes en los textos antiguos, en la actualidad se repiten en escaso número y siempre los mismos por todo el dominio.'” + Por lo que respecta a las consonantes finales de sílaba y/o de pala- bra, lo normal es que: a) la -1 final absoluta y final de palabra ante vocal sea marcadamente velar; b) La -d final de palabra que no conserva detrás la -e etimológica se pierda o se articule como [6]; e) los archifonemas /B, D, G/ del castellano culto experimenten transformaciones diversas: pérdida o vocalización en las voces patrimoniales y conversión en otra consonante, casi siempre [6], en los cultismos de importación. C) Fenómenos morfológicos + Son habituales los cambios de género en una serie de sustantivos (miel, sal, coz, ubre), de los cuales los que forman serie más sistemática son los nombres de árboles frutales. Lo tradicional es que muestren el sufijo -al (guindal, manzanal, cereisal, castañal) y que tengan género femenino, 10. De hecho en Babia y Laciana, quizá el enclave más arcaizante, sólo se menciona pielga. Tampoco hay, para la zona, otros testimonios vivos ni en las obras consultadas ni en las encuestas del ALEP, 146 EL ESPAÑOL DE ESPAÑA aunque la vacilación es intensa y el masculino parece predominar en Ba- bia, Laciana y La Cabrera. + Por lo que respecta a los diminutivos, -ín parece el dominante en la zona, que se muestra menos uniforme en relación con los otros sufijos. En el norte, por ejemplo, llama la atención la vitalidad de -u4co, con frecuencia teñido de matices despectivos; -ico, en cambio, no tiene la vigencia que ad- quiere más al sur, en zonas menos dialectales y, pese a ser tan habitual en Zamora, carece de uso intenso en Sanabria. * Por lo que respecta a determinantes y cuantificadores,'' cabe señalar: a) Determinadas formas del artículo, algunas de ellas coincidentes con las gallegas (o, a) y otras con el antiguo leonés (lo masculino, hoy muy poco frecuente). En contacto con las preposiciones con, por en experimenta con- tracciones diversas: 2u, na, cunu, cuna, pol, pola. b) El posesivo muestra en la zona un destacado polimorfismo, si bien algunas formas como tot, sou se detectan con insistencia en lugares diversos. Cabe destacar también la distinción, languideciente en general pero conservada en varios puntos, entre masculino y femenino incluso en posición prenuclear: la mfa muyer (Nogar, en La Cabrera),* la mía mucher (Torrebarrio, Babia). c) Está aún vivo en la zona el uso del femenino para el numera] dos: dias (Nogar, en La Cabrera: Fabero, en El Bierzo, [dwés), Palacios del Sil). En cualquier forma y posición los posesivos son tónicos. * También en los pronombres personales se da un cierto polimorfis- mo. Además de las variaciones originadas por las causas fonéticas habi- tuales (así el dativo es ye, lle en unos puntos, ¿e en otros, y no falta del todo £), conviene señalar la persistencia de MOS, vos Como formas tónicas y la ex- tensión y vigencia que aún conserva you "yo" y, lógicamente, vos “os”. * El conjunto de los verbos regulares e irregulares ofrece tantas parti- cularidades comarcales y locales que conviene ceñirse a los rasgos que se extiendan de modo más uniforme por toda la zona estudiada. He aquí al- gunos: a) Pérdida de -e en la persona ÉL del presente de indicativo tras lí- quidas, nasales o 6% tien, vien, suel, quier, diz, plaz, etc. b) Conservación de la -d- en la desinencia de la Persona vos en varios tiempos verbales: face- des, tenedes, entrásedes, etc. c) En la persona vos de imperativo, alternan- cia de formas en -de (cantade, traede, venide) con las variantes en que cae la consonante intervocálica: cantál, traéi, vení. » Mención especial merecen las desinencias del perfecto simple. Los fenómenos fonéticos y analógicos actúan tan intensamente que el paradig- ma dialectal más puro se aleja del castellano en casi todas las personas de las tres conjugaciones. Las variantes polimórficas —muchas de ellas debi- das a los grados diversos de cierre de las vocales finales— giran en torno a un modelo que, aunque quizá no aparezca tal cual en ninguna de las loca- lidades de la zona, parece punto válido de referencia: M1. Lógicamente en éste, como en muchos de los apartados que siguen, se impone una drásti- ca selección, que no tendrá en cuenta, por ejemplo, las divergencias con el castellano que resulten de las tendencias fonéticas de la zona. 12. Los datos sobre este pueblo y los otros que se mencionan a continuación proceden de las encuestas del ALEP, 148 EL ESPAÑOL DE ESPAÑA taba a las formas del verbo ser y a la conjunción copulativa. Los diptongos decrecientes pierden claramente vigencia, sobre todo los velares, aunque aún se consiguen fácilmente ejemplos, incluso en voces de uso normal. B) Consonantismo: En esta área faltan totalmente las soluciones afri- cadas para L- inicial (y, claro está, para LL. y -LY-, -CL-, etc.). La solución / sí cuenta con ejemplos, aunque ya hay que rastrearlos y tienden a refugiarse en el léxico más técnico. Apenas queda algún caso suelto de PL-, etc. > é (aun- que sí muchos de conversión de la / en +, como en cravo, igresia, etc,), de NN, MN > n, de MN > m, del sonido 3. -1Y-, -C'L-, etc., ofrecen todavía con cierta profusión resultados y, pero muy pocas veces [. -KT-, -ULT- muestran solucio- nes castellanas, sin que apenas aparezcan casos ni de it ni del paso interme- dio ¡é, típico de la zona, según las descripciones clásicas. C) Morfología: Las formas del artículo se corresponden ya con las castellanas, y sólo hay que señalar la vigencia de contracciones como nel, pol, col y mucho más raramente, si es que aún persiste,* nu, na. Hay una fuerte tendencia a eliminar las formas de los posesivos que no coinciden con las estándar, aunque aún se oyen esporádicamente (por ejemplo en La Cepeda), y lo mismo ocurre con la diferenciación de género en posición prenuclear (aunque aún en La Carballeda la mía casa, el mío coche). Ape- has se rastrean ya el femenino de dos, las formas nos y vos como tónicas, you por yo, y, en la parte zamorana de la zona, el diminutivo -uco. Por lo que respecta al verbo, son reliquias las desinencias -de en el im- perativo y -des en otros tiempos; las formas cantón y canteimios tienen aún vigencia en la parte leonesa de la zona e incluso en La Carballeda, pero apenas en Aliste; no se da la distinción, para la persona ÉL, entre la 2.* yd: conjugación, que el registro dialectal uniforma (generalmente en -¿4);"" la persona ELLOS de perfecto simple sigue presentando formas analógicas di- versas, algunas ligeramente distintas de las vistas arriba: -orun (Cepeda, Carballeda), -onen (Aliste, Carballeda), -oren, -ón (Aliste), pero se encuen- tran en situación precaria y en general fuertemente estigmatizadas. Por lo que respecta a la segunda característica, esto es, los rasgos que No aparecen con intensidad o no han sido descritos para la zona 1, resulta curioso comprobar cómo los fenómenos dialectales languidecientes no siempre son sustituidos por los normativos; a menudo los que penetran son otros de tipo vulgar —dando a este término un sentido técnico y no valo- rativo— ampliamente extendidos o pertenecientes a la norma regional no estrictamente dialectal. En el área que nos ocupa podría mencionarse, por ejemplo, la notable tendencia antihiática que, tenida tópicamente por ara- gonesa, parece sin embargo que se da con fuerza en todas las hablas po- pulares y, desde luego, en las occidentales.” En relación con este fenóme- 15. La recoge G. Salvador en Andiñuela, pero en 1965 (véase artículo citado, p. 225). 16, En Aliste llegaron a confluir en -ón las tres conjugaciones (cantón, cavón, durmión), pero ya se ha señalado el poco uso actual de esta desinencia, 17. Pero no en las propiamente dialectal uya tendencia a más cerrada, creando así un hiato, ya he comentado. acentuar los dipongos en la vocal LEONÉS 149 no cabe destacar: a) La notable proporción de verbos terminados en -iar, una de cuyas fuentes más importantes —aunque desde luego no la única— es el paso -ear > -iar. Estos verbos, que inundarán progresivamente el do- minio cuanto más nos vayamos hacia el sur, combinan el cierre de su vo- cal con la retrotracción del acento en todas aquellas formas de la conjuga- ción en que sea necesario para deshacer el hiato [el acento es fonético, no gráfico]: bérria, cócia, várias 'vareas', golosias “goloseas', etc. bh) La tenden- cia creciente a convertir las desinencias en -ía del imperfecto y el condi- cional en desinencias en -¿á (con palatalización más o menos intensa de a, que puede desembocar en e): cumiá, tinié, cumirié. La tendencia se mani- fiesta poco en la parte leonesa de esta zona 2, pero mucho más en la za- morana. c) El procedimiento de la consonante antihiática es esporádico salvo en Aliste, donde la aparición de y en las terminaciones -¿o/íu, -ía ofre- ce numerosos ejemplos: cayida, criya, criyado, ideya, judiyo, etc., etc. Pero hay otros rasgos que también pueden adscribirse a normas más ampliamente regionales y no estrictamente dialectales. Como ya ocurría con alguno de los anteriores, tienden a aparecer más donde más se debili- ta el dialecto, es decir, más en Zamora que en León. Es el caso del sufijo diminutivo -ico, que se va introduciendo con fuerza en el campo de -ín, hasta desplazarlo ya del primer lugar en La Carballeda y probablemente en Aliste; de los archifonemas /B,D,G/, cuya tendencia a convertirse en O se acentúa; e igualmente de los perfectos fuertes dijon, vinon, trajon, estuvon, desconocidos al parecer en la parte de la zona que ocupa la provincia de León pero habituales en la que penetra en Zamora. Más carácter dialectal tiene un fenómeno hasta ahora no mencionado y que reviste un notable interes: se trata del cambio al masculino para indicar la poca calidad de un referente o el poco aprecio que por él siente el hablan- te. El fenómeno probablemente se extienda por todo el dominio, pero son los trabajos referidos a Aliste y otras comarcas más meridionales los que aluden a él como procedimiento sistemático y vivo en todo tipo de hablantes y no como mero recurso fosilizado de creación léxica, Se usa, en efecto, para seres ani- mados o inanimados (chaqueto, patato, gallino, mujerato) y para realidades antiguas y nuevas: los ancianos hablan de alforjos o sendíos, pero los niños se quejan, cuando juegan al frontón, de los pelotos y los raquetos, a los adoles- centes no les funciona bien el bicicleto y un padre de familia recién estableci- do va a cambiar de coche porque el furgoneto ya no responde demasiado. '* ZONA 3 Comprende, en León, la Ribera del Órbigo; quizá también las tierras si- tuadas más hacia el norte a lo largo del curso de este río y de las cuencas 18. En realidad se trata de aplicar la oposición masculino / femenino a nociones distintas del sexo, procedimiento que el castellano conoce, pero que el leonés parece explotar de forma especial: me- diante ella, en efecto, puede aludirse al tamaño (formiga / formigo 'parásito pequeño"; cortina 'linca cer- cada'/ cortino finca cercada pequeña), la materia frente al objeto (corcha “corcho' / corcho “colmena de corcho”), el colectivo frente al individuo (gfievo / gúeva “conjunto de huevos”, la significación general frente a la especializada (rueda / ruedo "rueda tejida de paja para apoyar la caldera en la matanza'), etc. LEONÉS 151 En definitiva, para la zona ahora estudiada no cabe ya señalar qué fe- nómenos se pierden, sino cuáles son los que aún conservan cierta vigencia. Dejando de lado, como hasta ahora, los sintácticos, pueden señalarse los si- guientes: A) Vocalismo y consonantismo: No están lexicalizados o no lo están claramente la vacilación, con tendencia al cierre, de las vocales átonas no finales; el cierre, en grados diversos, de -o final; la caída de -r de infinitivo delante de los clíticos (comprálo, cumélo, sentáse), la pronunciación como [6] de /p,D/. En la provincia de León, además, la velarización de -1n final ab- soluta o final de palabra ante vocal siguiente y, en alguna localidad, la -£ paragógica tras -r de infinitivo. Están lexicalizados, pero con ejemplos relativamente abundantes, la conservación de F- inicial, fenómeno caduco y estigmatizado, pero con la fuerza suficiente como para que haya una cierta conciencia global de él; el paso de -LY-, -C'L-, etc., a y, la epéntesis de yod en la terminación, y la con- servación de -MB- (si bien los ejemplos se repiten monótonamente, y mu- chos de ellos están ligados al verbo lamber). Mención aparte merece el caso de L- inicial palatalizada, no por el nú- mero de ejemplos que ofrece, muy escasos, sino por el carácter delimitador que tiene el fenómeno. En efecto, dado que es uno de los pocos rasgos al parecer ajenos a etapas anteriores del castellano, puede servir para trazar fronteras. La isoglosa extrema tradicional va unida a la de F- salvo en la parte nororiental de León (en que L- > abarca también el ángulo de Val- deón y Sajambre, donde F- se aspira), y en el noroeste de Sayago, área de F- pero no de /-.* B) Morfología: En el terreno nominal hay que señalar la supremacía de -ín como diminutivo, que en Sayago alterna, prácticamente en igualdad de condiciones, con -¿co; la vigencia del sufijo -al para frutales, con género vacilante (está más desprestigiado el femenino que el sufijo, aunque el gé- nero puede conservarse incluso entre las personas cultas de la zona); el masculino despectivo, que funciona a pleno rendimiento en Sayago; los po- sesivos tónicos en todas las posiciones; la pervivencia (si bien en muchos casos languideciente y mal considerada) de vos por os. En el terreno verbal abundan (al menos en Sayago) los verbos en -iar de todos los orígenes, con la retrotracción del acento exigida para evitar el hiato (bérria, cócia, pástia). Son formas aún detectables, en hablantes ar- caizantes, las terceras personas del presente de indicativo vien, sal, tien, et- cétera, los imperativos tipo cantái, cuméi, los imperfectos y condicionales en -ié, las formas de perfecto compreste, metiú, saliú, compremos. Mayor vi- gencia tienen la reducción de la desinencia -aís, -eis a -is en ciertos tiem- 23. En Sayago, no obstante, hay rastros de la palatal en toponimia (Llagona, Llagonina, Yine- ras, Teso Cabeza Llucha) y en media docena de apelativos (véase J, Borrego, Norma y dialecto en el sa- yagués actual, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1993, pp. 35-36). En relación con £- incial cabe señalar también la posible pervivencia de soluciones africadas en la zona de Los Argúellos, continua- ción natural de las comarcas de Babia y Laciana, ya estudiadas, 152 EL ESPAÑOL DE ESPAÑA pos (comistis, comprabis) y los perfectos fuertes tipo dijon, vinon, trajon, más propios, una vez más, de Zamora que de León.** ZONA 4 Integro en esta zona 4 por un lado el ángulo nororiental de la provin- cia de León, es decir, la zona leonesa de los Picos de Europa (comarcas de Valdeón y Sajambre); por otro lado, las comarcas salmantinas de La Ribe- ra del Duero y El Rebollar, con prolongación, para algunos rasgos, por las sierras de Gata y Francia. El carácter artificioso que pudiera dar a la zona su fragmentación geográfica viene compensado por la existencia de fenó- menos lingúiísticos comunes, algunos de ellos dotados de evidente perso- nalidad. El principal de ellos es la aspiración de F- que, de acuerdo con la división tradicional de Pidal, haría que la zona descrita constituyese, junto con el este de Asturias, lo que el ilustre investigador denominó «leonés oriental». Los restos de aspiración que aún puedan mantenerse se han con- fundido en toda la zona con la pronunciación del fonema /x/, que es [x] en la comarca leonesa,” aspiración o [x] en La Ribera, y aspiración en El Re- bollar y las sierras salmantinas. Por lo demás, las comarcas que constituyen esta zona 4 se caracterizan Por ser, por comparación con su entorno, un reducto conservador de ras- gos dialectales, aunque casi siempre en estado languideciente. Algunos de ellos son comunes a toda la zona (aparte de los de extensión general, pue- den mencionarse las formas de perfecto comiú, saliú, cantoren, comioren o la abundancia de verbos en -¿ar); otros resultan más específicos de cada una de las comarcas: así, es leonesa pero no salmantina, la vitalidad de -uco o los posibles restos del llamado «neutro de materia», fenómeno que, suma- mente vivo aún en Asturias y Cantabria, se manifiesta aquí en la concor- dancia de los nombres no contables femeninos con adjetivos y pronombres masculinos: lleche frío, cereza prieto, madera prieto, tierra gordo y fresco. Por su parte, La Ribera y El Rebollar” cierran acusadamente sus voca- les finales, que llegan al grado extremo incluso en el caso de -e, transfor- man con notable intensidad los grupos con 1 (PL, KL, FL, GL, BL) en grupos con r, practican asiduamente la metátesis rl, -n > lr nr (palrar, galrito, yen- 24. Cabe señalar, como fenómeno nuevo, la pronunciación del diptongo -we inicial de palabra sin consonante de refuerzo, pronunciación que yo había percibido en Moralina de Sayago incluso tras consonante anterior ([los-wébos], [kon-wéso], pero que había atribuido al apego a la imagen escrita propio de ciertos hablantes. Ahora Llorente detecta el mismo fenómeno en el pueblo, también saya- gués, de Torrefrades, y describe una tendencia similar, aunque menos extrema, «en algunos pueblos zamoranos, sólo zamoranos» («Las hablas vivas...», p- 122). 25. En ésta, de todos modos, la [x] procedente de F- ya se describía como propia de ancianos en el año 1959, Véase A. R. Fernández González, El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre, Oviedo, Inst. de Estudios Asturianos, 1959, p. 45. La encuesta realizada para el ALEP en Soto de Val. deón recoge sólo cuatro voces con F- > x=, y describe la velar procedente de éste y otros orígenes como muy relajada. 26. Véase el trabajo clásico de Llorente sobre La Ribera, y, además, su artículo «El habla de Salamanca y su provincia», Boletín de la Asociación Europea de Profesores de Español, n.” 26, pp. 91- 100, Para El Rebollar, el estudio de Iglesias Ovejero ya citado. 154 EL ESPAÑOL DE ESPAÑA nómenos leoneses, sobre todo en toponimia, que demuestran que el dia- lecto llegó en algún momento a ese lugar, en el límite más oriental posi- blemente siempre se habló castellano. Eso sí, un castellano teñido de occi- dentalismos más o menos generales que afectan a todas las parcelas de la lengua, pero sobre todo al léxico.** Los que en fonética y morfología aún se perciben son los menos marcados dialectalmente y exceden, por tanto, in- cluso los límites del viejo leonés. Se trata de la transformación (sobre todo en 0) de los archifonemas /5, D, 6/, la epéntesis de yod en algunos vocablos, el cierre de átonas (ya lexicalizado), el cambio cons +1 > cons + »- (10 % de los casos posibles en Toro), la conservación de -má- en palabras aisladas, la supresión de -r de infinitivo ante los clíticos (propio de hablantes rurales y arcaizantes), algún caso de -al para frutales, una cierta vitalidad de -í1 (más perceptible en León), vulgarismos occidentales en la conjugación Gear > -iar, las formas de perfecto cantemos, cantastis/icantaistis, los per- fectos fuertes dijon, trajon, vinon...), algún arcaísmo común con el caste- llano (imperativos tipo entrál, coméi, salí: vos por os), los posesivos tónicos. Lógicamente, en una zona tan extensa sería posible distinguir subzo- nas —en Salamanca, por ejemplo, son más abundantes los rasgos leoneses en La Ramajería, El Abadengo y Los Campos de Argañán que en la sierra de Béjar o en la Tierra de Alba—, pero para ello se requeriría descender a un estudio minucioso que no es el momento de abordar.” Señalemos tan sólo que la franja más oriental de las tres provincias (en León el límite oc- cidental sigue la línea del Esla, pero con un pico a la altura de la capital, para dejarla dentro; en Zamora sólo incluye pequeños entrantes en Tierra de Campos y La Guareña; en Salamanca la línea discurre por Béjar y Alba de Tormes. Véase mapa) está fuertemente caracterizada por un rasgo sin- táctico: a diferencia de lo que ocurre en el resto del dominio, en que sólo a veces es posible detectar un cierto leísmo para personas, el uso del sistema de clíticos no es el académico y el leísmo, laísmo y loísmo son claramente perceptibles. Pero, como se ha demostrado recientemente, las permutacio- nes no se producen al azar, de modo que se originan al menos cuatro sub- sistemas distintos.” Lo más llamativo es que en dos de ellos, uno vigente en León, al este del Cea, y otro en la franja salmantina antes mencionada, aparece una distinción que hasta ahora sólo crefamos propia de las tierras 28. Parece, de todos modos, que incluso en el léxico los porcentajes disminuyen. En Toro, por ejemplo, sólo entre el 5 % y el 7 % de los vocablos recogidos pueden considerarse leoneses, de los que apenas la quinta parte son de uso general (según J. C. González Ferrero, «Rasgos occidentales del ha- bla de Toro [Zamora]», Studia Zamorensia, X1, 1990, 83-57). En las comarcas zamoranas de Tierra de Campos, Tierra del Pan y Tierra del Vino el porcentaje de leonesismos en el léxico agrícola (uno de los campos nocionales en que mejor se conservan) oscila entre el 20,65 % de Moreruela de los Infan- zones y el 11,73 % de Vezdemarbán (según A. Álvarez Tejedor, Estudio lingúlístico del léxico rural de la zona este de la provincia de Zamora, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1989). En Bercianos del Real Camino (León), más del 60 % del léxico recogido se corresponde con la norma culta castellana (según D. Aguado, El habla de Bercianos del Real Camino [León], León, Ins. Fray Bernardino de Sa- hagún, 1984) y, aunque no sabemos el porcentaje de léxico leonés incluido en el casi 40 % restante, podemos aventurar, porque así suele suceder en estudios similares, que no será más de un tercio, 29. Pueden verse más detalles en Llorente, «El habla de Salamanca y su prov , ya citado. 30. Véase, para toda esta cuestión, Inés Fernández-Ordóñez, «Isoglosas internas del castellano El sistema referencial del pronombre átono de tercera persona», REE, LXX1V, 1994, 71-125, LEONÉS 155 del norte (Asturias, Santander, noreste de León) en que pervive el neutro de materia: para entidades contables, los pronombres son le (acusativo y dati- vo masculinos) y la (acusativo y dativo femeninos), pero en el caso de nom- bres no contables o de materia se usan, sin distinción de géneros, lo para el acusativo, y lo/le para el dativo («la leche lo traen en botellas», «la madera lo vende a un maderero», etc.). Rasgos sintácticos Salvo por lo que se refiere a los usos no etimológicos de los pronom- bres y al neutro de materia, mencionados ya por su claro valor diferencia- dor de zonas, no se ha hecho alusión hasta ahora a los fenómenos sintác- ticos más caracterizadores del dialecto, y ello por la razón ya aducida: en general se les ha prestado una atención escasa y asistemática, lo que difi- culta su distribución por zonas. Tal distribución es, además, objetivamente menos clara, puesto que está demostrado que escapan con más frecuencia a la atención del hablante y que, por tanto, se mantienen mejor. Los rasgos sintácticos que con mayor asiduidad suelen mencionarse son los siguientes: 1) De extensión restringida a las zonas más dialectales: + Formas de imperfecto de subjuntivo en -ra con valor de pluscuam- perfecto de indicativo e incluso de perfecto simple: «Faía cinco meses que muriera.» » Supresión de preposiciones en determinadas perífrasis: he date, voy faer, voy marchar, vo llegáme. * Clíticos pospuestos a las formas personales del verbo; a veces ante- posición en las no personales: Duelme mucho; quísolo ella; confesóuse; hay que lo llevar. + Interrogativas con refuerzos, partículas, pronombres o adverbios que no funcionan como en la lengua estándar: «—¿du "1 reló? —aquí. —c¿aúlu? —pus aquí» (Sarracín de Aliste); «lu/u ¿Por qué?» (Rebollar); «¿Qué quéi 0?» (Babia y Laciana). + Predominio del perfecto simple sobre el compuesto, que en algunas zonas (las más dialectales, sobre todo en León) no se usa prácticamente nunca. + Fórmulas especiales de tratamiento: tío/a (con variantes diversas, se- gún las zonas y los contextos: [1jó/tíe, tjá, tjé; tí, ti]) era la forma habitual de dirigirse o referirse a una persona después del matrimonio. Aún sigue te- niendo vigencia en muchos lugares. Más arcaizante y, por tanto, menos vivo, es utilizar la 2.* persona de plural del verbo, generalmente con el pro- nombre usté(z) si se menciona el sujeto: «¿Y usté qué 'stáis haciendo, tía María?» En La Ribera y El Rebollar salmantinos pueden oírse, aunque cada vez menos, él/ella con el valor de usted: «Tía María, que canti tio Mar- ún una, y ella (= usted), otra.» LEONÉS 157 « Términos como ninguno, nadie, nunca, tampoco, etc., que sirven por sí mismos como negación cuando se anteponen al verbo, van acompañados de no: «Yo tampoco no lo quiero»; «aquí nadie no llamó»; «yo ninguno no tengo», etc, + Acumulación de preposiciones (pa es frecuentemente una de ellas): «Vienen de a pol patatas»; «diba hacia pa la sierra»; «lo trajo de pa Pino». Vocabulario Es el sector en que perviven más restos dialectales, si bien, como ilus- tran algunas de las estadísticas ya citadas, no es inmune al proceso de de- terioro. Muchos de los vocablos que figuran en los repertorios y monogra- tías son, efectivamente, leonesismos, es decir, vocablos que no sobrepasan por el oriente los límites del viejo dialecto, aunque sí pueden aparecer en las hablas portuguesas o gallegas. La lista sería interminable. He aquí una pequeña muestra:" serano Teunión nocturna, primero para hilar y luego simplemente para charlar”, aseranar “trasnochar”, jera (< DIARIA) tarea', abe- se(dJo 'umbria”, agarimarse 'refugiarse de la lluvia”, adi! “erial', andurina 'go- londrina”, apechar “cerrar con llave”, orvayo, orvayada “rocío, llovizna', babo, bago “grano de uva”, beche 'macho cabrio”, bichonda “cabra en celo”, boraco “agujero', botillo “estómago del cerdo y embutido que se hace con él', ca- muñas personaje con que se asusta a los niños”, caspuyo 'escobajo del ra- cimo', empuntar “empujar, acompañar un trecho”, estinar 'escampar, fungo “gangoso', garrapo, gurriato “cría del cerdo”, jeijo, jejo “guijarro', lambrucias “goloso', moceña, mojena, morceña, cte., 'pavesa!, muña polvo de la paja”, fal, falero mido de la gallina', orniar 'mugir, ril “testículo de los animales, ronar “rebuznar”, borrajo 'rescoldo', samagusa 'sanguijuela”, sartigallo “salta- montes”, tartamelo “lartamudo', teso “cerro', trizar “pillar con una piedra, puerta, etc. Además de las voces que, como alguna de las anteriores, son comunes al Iconés y al gallego-portugués, existen en las zonas fronterizas verdaderos portuguesismos, cs decir, préstamos de la lengua vecina, fruto de los con- tactos con sus hablantes. El portuguesismo sólo es detectable o por su fo- nética, distinta a la esperable en la zona (duente “doliente, enfermo”, fariñía “restos harinosos de la molienda' en La Ribera salmantina; chumbadoiru “gozne', sapu careiru 'sapo grande' en El Rebollar), o porque realmente los hablantes tengan conciencia de cómo ha penetrado la palabra. El léxico dialectal está integrado también en buena medida por ar caísmos castellanos que nuestros clásicos emplearon y que luego cayeron en desuso en la lengua común: antruejo “carnaval”, bacín, bacinilla “orinal”, hacer la barba “afeitar”, livianos “pulmoncs', abondo "abundante, mucho, en- cetar “empezar a gastar una cosa”, malingrar “infectarse una herida”, maleria “pus”, grifo “rizo”, regoldar “eructar”, etc. Algunos de los empleados popular- 31. Lógicamente, cada término puede tener otras variantes. 158 EL ESPAÑOL DE ESPAÑA mente en leonés suenan hoy en castellano a exquisitos cultismos: escanciar, enjugar, piélago, tildar, dechao, etc. Además del fondo léxico común al leonés y a las hablas de Hispanoa- mérica, se dan en las provincias estudiadas una serie de americanismos que son fruto de la intensa emigración que se produjo, principalmente a Argentina y Cuba, cn los años veinte y treinta: mecanudo, sacu “traje”, grin- go “extranjero”, “caballería poco de fiar”, lindo, no más, relajo “desorden, des- barajuste”, canfinflar "hacer el vago, andar sin trabajar de una parte a otra', etcétera. Más recientemente ha sido la fuerte emigración a Europa la que ha marcado social y lingúísticamente determinadas zonas: en El Rebollar de Salamanca se oyen galicismos como cava 'bodega, subterráneo, garaje”, usina Tábrica”, comuna “municipio”, seguranza “seguro”, posta “correos', re- molca remolque”, pubela “basura”, etc.” No quiero terminar este breve apartado dedicado al vocabulario sin mencionar un proceso que afecta a todo el dominio y que sin duda resulta típico de las hablas en retroceso: cuando en la comunidad penetra un tér- mino nuevo puede desplazar al viejo, pero también restringir su alcance se- mántico y especializarlo cn la designación de una realidad local muy con- creta. Aparecen así dobletes que recuerdan a los producidos en las lenguas romances por la introducción de los cultismos latinos: majar/mayar “majar lino”, fibra/febra fibra de lino', cenicero/ceniciero lugar donde se echa la ce- niza del horno', badajo/badallo 'badajo del cencerro', radio/rayo “radio de la rueda del carro”, anzuelo/anjuelo trampa para cazar perdices”, etc., elc. 32. Quizá sea interesanle destacar la presencia en Salamanca capital de un buen número de gilanismos: achantar callar”, canguelo miedo”, currelar trabajar”, churumbel niño pequeño”, fetén 'mag- nifico”, guipar 'ver”, jamar “comer”, pinreles pies', etc. (cfr. Llorente, «El habla de Salamanca...», p. 99).