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Este documento analiza la causa inmediata de la gran recesión global y cómo españa ha sido afectada por el neoliberalismo y la polarización de las rentas. Se examinan los efectos de estas condiciones en la economía española actual y se citan fuentes para apoyar las afirmaciones.
Tipo: Apuntes
Subido el 30/05/2014
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Hay alternativas
Propuestas para crear empleo y bienestar social en España
sequitur ATTAC España
sequitur [sic:sékwitur]: Tercera persona del presente indicativo del verbo latinosequor : procede, prosigue, resulta, sigue. Inferencia que se deduce de las premisas: secuencia conforme, movimiento acorde, dinámica en cauce.
Diseño cubierta: Miguel Vagalume
© del texto, Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa, 2011
© de la edición, Ediciones sequitur, Madrid 2011 www.sequitur.es
© de la edición, ATTAC España, 2011 www.attac.es
ISBN: 978-84-95363-94- Depósito legal: Impreso en España
V ICENÇ N AVARRO (www.vnavarro.org; Twitter: @VicencNavarro) politólogo y economista, es catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y ha sido catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y de la Complutense de Madrid. Exilado por motivos políticos es y ha sido Profesor de Políticas Públicas de la The Johns Hopkins University de EEUU durante 40 años. Autor de veintiocho libros tra- ducidos a varios idiomas, es uno de los científicos sociales españoles más cita- dos en la literatura científica internacional.
J UAN T ORRES L ÓPEZ (www.juantorreslopez.com; Twitter: @juantorreslopez) es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla. Ha ocupado diversos cargos de responsabilidad académica y ha sido secretario general de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía. Autor de numerosos artículos cientí- ficos y de divulgación económica y de una veintena de libros, además de diri- gir o participar en numerosas obras colectivas como el best seller Reacciona.
A LBERTO G ARZÓN E SPINOSA (www.agarzon.net; Twitter: @agarzon) es licenciado en Economía y diploma- do en Administración de Empresas y Máster en Desarrollo Económico; ac- tualmente realiza su tesis doctoral sobre modelos de desigualdad y creci- miento. Coordina la revista digital Economía Crítica y Crítica de la Economía, fundada en el seno del movimiento de jóvenes economistas críticos en España.
Prólogo de Noam Chomsky 9
Introducción 11
I. Las causas de la crisis mundial 17
II. Las singularidades de la crisis española 37
III. Lo que hay que solucionar: agenda para una economía más justa y eficiente 61
IV. Las condiciones para crear empleo decente 83
V. La hipoteca del déficit social 103
VI. ¿Bajar los salarios o subirlos para crear empleo y recuperar la economía? 119
VII. La financiación de otro modelo de actividad económica 141
VIII. Otra Europa, otro mundo 167
IX. La economía al servicio de las personas y en armonía con la naturaleza 191
X. 115 propuestas concretas 209
Prólogo
En 1978 el presidente del sindicato más poderoso de Estados Unidos, Douglas Fraser, de la federación de los traba- jadores de la industria del automóvil United Auto Workers (UAW) condenó a los "dirigentes de la comunidad empresarial" por haber "escogido seguir en tal país la vía de la guerra de cla- ses (class war) unilateral, una guerra de clases en contra de la clase trabajadora, de los desempleados, de los pobres, de las minorías, de los jóvenes y de los ancianos, e incluso de los sec- tores de las clases medias de nuestra sociedad". Fraser también los condenó por haber "roto y descartado el frágil pacto no escrito entre el mundo empresarial y el mundo del trabajo, que había existido previamente durante el periodo de crecimiento y progreso" en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial conocido comúnmente como la "edad dorada" del capitalismo (de Estado). El reconocimiento de la realidad por parte de Fraser fue acertado aunque tardío. Lo cierto es que los dirigentes empre- sariales y sus asociados en otros sectores de las élites dominan- tes estaban constantemente dedicados a una siempre presente guerra de clases, que se convirtió en unilateral, sólo en una dirección, cuando sus víctimas abandonaron tal lucha. Mientras Fraser se lamentaba el conflicto de clases se iba recru- deciendo, y desde entonces ha ido alcanzando unos enormes niveles de crueldad y salvajismo en Estados Unidos que, al ser el país más rico y poderoso del mundo y con mayor poder hegemónico desde la Segunda Guerra Mundial, se ha converti- do en una ilustración significativa de una tendencia global.
Durante los últimos treinta años el crecimiento económico ha continuado −aunque no al nivel de la "edad dorada"−, pero para la gran mayoría de la población la renta disponible ha per- manecido estancada mientras que la riqueza se ha ido concen- trando, a un nivel abrumador, en una facción del 1 por ciento de la población, la mayoría de los ejecutivos de las grandes cor- poraciones, de empresas financieras y de alto riesgo, y sus aso- ciados. Este fenómeno se ha ido repitiendo de una manera u otra a nivel mundial. China, por ejemplo, tiene una de las desi- gualdades más acentuadas del mundo. Se habla mucho, hoy en día, de que por el hecho de que "Estados Unidos esté en declive" hay un cambio en las relacio- nes de poder a nivel global. Esto es parcialmente cierto, aunque no significa que otros poderes no puedan asumir el rol y la supremacía que ahora tiene Estados Unidos. El mundo se está convirtiendo así en un lugar más diverso en algunos aspectos, pero más uniforme en otros. Pero en todos ellos existe un cambio real de poder: hay un desplazamiento del poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme concentración de poder y riqueza. La litera- tura económica del mundo empresarial y las consultorías a los inversores súper ricos señalan que el sistema mundial se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con enormes riquezas, y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento −que en una gran parte es des- tructivo y está muy desperdiciado− beneficia a una minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales recursos. Y por otra parte existen los "no ricos", la enorme mayoría, referida en ocasiones como el "precariado" global, la fuerza laboral que vive de manera precaria, entre la que se incluye mil millones de personas que casi no alcanzan a sobre- vivir. Estos desarrollos no se deben a leyes de la naturaleza o a leyes económicas o a otras fuerzas impersonales, sino al resul- tado de decisiones específicas dentro de estructuras institucio- nales que los favorecen. Esto continuará, a no ser que estas
H AY ALTERNATIVAS
Introducción
Semanas antes de que termináramos de escribir este libro el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, afirmaba refiriéndose a la situación en la que se encontraba Grecia: "No hay alternativas ni plan B para Grecia. La alternativa es la catástrofe". Siempre dicen lo mismo: sólo se puede hacer lo que digan quienes están en el poder. Y cuando también insisten tanto en que la alternativa es el desastre, la catástrofe, como dice Barroso, ¿a quién puede extrañar que la gente normal y corriente, que se informa leyendo sus diarios o viendo los telediarios en sus televisores, termine sintiendo miedo y acepte sin rechistar esa "única" alternativa? Una única alternativa que siempre viene a ser lo mismo: recortar salarios (directos, indirectos en forma de gasto social o diferidos como pensiones). Cuando la economía va bien, di- ciendo que es para que no vaya mal y, cuando va mal, para que vaya bien. Los autores de este libro, como otros muchos científicos, sabemos que los argumentos que los políticos y los economis- tas neoliberales dan para justificar lo que proponen son falsos. Sabemos que hay alternativas, que se pueden hacer otras cosas distintas a las que proponen la patronal, los banqueros, los directivos de los bancos centrales y los políticos que com- parten con ellos la ideología neoliberal. Lo sabemos sencillamente porque leemos, porque no recu- rrimos sólo a las investigaciones de quienes se dedican a refor- zar el pensamiento dominante sin tener en cuenta los trabajos
aumenta el empleo, o que privatizar las pensiones o los servi- cios públicos aumenta su cobertura y calidad, como dicen. Lo que hacen, sin embargo, es imponerlas sin respetar las preferencias sociales, sin que haya un auténtico debate democrático sobre ellas. Evitan el debate y las imponen como si fueran directrices técnicas inapelables porque saben que no es cierto lo que mantienen, que nada de lo que afirman se puede demostrar. La realidad muestra sin ningún tipo de dudas que cuando se han aplicado las medidas que ahora nos están pro- poniendo siempre ha bajado la calidad de vida, del trabajo y la cantidad de empleo existente y que sólo han mejorado los bene- ficios de los banqueros y de las grandes empresas. Y todo esto es lo que hemos querido desvelar con este libro a nuestros lectores. Lo escribimos, pues, con el propósito de divulgar la falsedad en que se basa esa idea tan difundida de que no hay alternati- vas, para demostrar que sí las hay y que, además, son más efi- caces para salir de la situación en la que nos encontramos, para crear empleo decente y estable y para generar bienestar social. Y, por supuesto, mucho más justas y humanamente satisfacto- rias. No hemos pretendido hacer un libro académico, razón por la que sólo hemos aportado las referencias bibliográficas esen- ciales y no nos hemos extendido en los razonamientos y las demostraciones más complejas, pero los lectores y las lectoras que estén interesados en profundizar más en los temas que abordamos aquí no tendrán muchas dificultades para encontrar multitud de trabajos que confirman nuestras tesis a poco que se esfuercen por ir más allá del pensamiento ortodoxo que tanto abunda. Tampoco es, ni pretende serlo, un prontuario de solu- ciones o un programa político aunque lo hemos querido con- cluir con propuestas concretas para demostrar que no estamos hablando simplemente de generalidades, sino que hacemos un análisis del que se derivan opciones políticas que tenemos al alcance de nuestra mano si la ciudadanía se empeña en que medidas como las que proponemos se pongan en marcha.
I NTRODUCCIÓN
En suma, el libro es el resultado de nuestro deseo de satisfa- cer una demanda muchas veces sentida cuando hemos dado en los últimos tiempos docenas de charlas, seminarios o conferen- cias tratando de aclarar lo que estaba pasando y de aportar solu- ciones, sobre todo a personas que nos escuchaban sin tener for- mación económica alguna. Por eso hemos procurado escribir- lo, incluso cuando se refería a asuntos ásperos y complicados, con la mayor sencillez y claridad para que los pueda entender todo el mundo (algo muy despreciado, por cierto, por muchos economistas neoliberales que parecen creer que hay más rigor científico cuanto más ininteligible es el lenguaje que se utiliza). Y finalmente nos satisface reconocer que este libro se escri- be pensando de forma particular en esos miles de personas a quienes se lo hemos dedicado, a quienes desde el 15M han sali- do a la calle reclamando un debate realmente democrático sobre la crisis y sobre las soluciones más justas que se le pueden dar. Pero también a quienes, sin haber salido a las calles, sabe- mos que ven con simpatía lo que está ocurriendo porque tam- bién comparten el ideal de justicia de "los indignados" y porque −aunque todavía no hayan ido a ninguna manifestación− saben que crear más desempleo y pobreza, bajar cada vez más los sueldos, los salarios y las pensiones, permitir que miles de fami- lias pierdan sus viviendas, dejar sin financiación y sin clientes a las pequeñas y medianas empresas o a los trabajadores autóno- mos, o destrozar el medio ambiente... no se puede considerar de ningún modo que sea una verdadera solución de los problemas económicos. Y que, en consecuencia, saben que es necesario poner en marcha otras políticas alternativas.
y A LBERTO G ARZÓN E SPINOSA Barcelona y Sevilla, julio de 2011
H AY ALTERNATIVAS
Cuando eso ocurrió, los bancos dejaron de conceder crédi- tos y enseguida las empresas y los consumidores que dependen de esa financiación no pudieron seguir produciendo o com- prando, lo que provocó una gran caída de la actividad econó- mica y el aumento del paro, lo cual llegó a ser calificado como la Gran Recesión. Los gobiernos inyectaron entonces miles de millones para salvar a los bancos creyendo que así se lograría que volvieran a dar crédito y llevaron a cabo planes de gasto multimillonarios para evitar que no cayera más el empleo y que no se siguieran cerrando empresas. Pero bien porque fuese insuficiente, bien porque los bancos utilizaron el dinero para otra cosa, lo veremos enseguida, lo cierto es que lo único que se consiguió con ello fue aliviar o fre- nar un poco la parálisis económica que se había provocado pero no resolver completamente la situación. El resultado fue que al disminuir la actividad cayó la recau- dación de ingresos y que el gasto de los gobiernos se multiplicó, así que los déficits se dispararon y la deuda subió de forma ace- lerada. Los bancos que habían provocado la crisis aprovecharon la necesidad de financiación de los gobiernos y entonces sí les prestaron grandes cantidades, aunque a costa de imponerles condiciones draconianas a través de reformas muy profundas basadas, sobre todo, en recortar el gasto social y los salarios para que la mayor parte posible de los recursos se dirigiera a retribuirles a ellos. Y con menos gasto, es decir, con menos capacidad de compra, las empresas volvieron a resentirse y su actividad de nuevo se vino abajo, lo que empeoró el empleo y llevó a economías como las de Grecia, Irlanda o Portugal a una situación mucho peor.
La sucesión de medidas equivocadas por parte de los gobier- nos o, en realidad, de medidas dirigidas principalmente a que
H AY ALTERNATIVAS
los bancos se recuperaran sin modificar las reglas de juego que habían dado lugar a la crisis es lo que ha llevado a que ahora, algo más de tres años después de que la crisis de las hipotecas basura se iniciara, no haya seguridad de haberla superado a pesar de que hace meses todos los gobiernos engañaban a su población diciendo que aparecían "brotes verdes" y que la crisis se aproximaba a su fin. La realidad, como muchos economistas habíamos adverti- do, es que ni mucho menos estábamos en esa feliz situación. Al revés, puesto que no se habían querido poner sobre la mesa de operaciones las causas reales de la crisis y, por tanto, tomar medidas que le hicieran frente, lo normal era que el enfermo siguiera padeciendo los males que sufría desde el principio, e incluso en algunos países, agravados. Así, muchos países, empezando por el todopoderoso Estados Unidos, tienen ahora, además de los problemas origi- nales que dieron lugar a la crisis, otros muy graves como resul- tado de la deuda que han generado. En el momento de escribir estas líneas algunos, como Grecia, están siendo literalmente saqueados y han tenido que poner a la venta sus riquezas más preciadas; otros, como Irlanda y Portugal, han sido interveni- dos, y España o Italia se encuentran bajo la amenaza y la extor- sión constantes de los "mercados", sufriendo lo que nada más y nada menos que el presidente de la Junta de Andalucía calificó hace unos meses como "terrorismo financiero".
Esta historia es ya bastante bien conocida pero es insufi- ciente si se quiere actuar con eficacia para resolver todos los problemas que se han generado. No basta con conocer las cau- sas más inmediatas de la crisis (los problemas financieros que la originaron) sino que hay que poner también en claro las cir- cunstancias estructurales que dieron lugar a que estas últimas aparecieran.
L AS CAUSAS DE LA CRISIS MUNDIAL