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En este documento, se analiza la dimensión económica del llamado 'nuevo imperialismo' a finales del siglo XIX a través de la perspectiva marxista de Eric Hobsbawm. Se comparan los análisis de Mazower y Neila sobre la Sociedad de Naciones y las lecciones históricas que integró Naciones Unidas. Se preguntan y responden sobre el fracaso de la Sociedad de Naciones, la participación de otros estados europeos en la guerra y la política de Luis XIV al terminar la guerra contra Holanda.
Tipo: Apuntes
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empresas nacionales -a menudo, en posiciones de dominio monopólico o oligopólico- y por la orientación esencialmente mercantilista de la política exterior de los Estados, que buscan así asegurarse superávits comerciales a través de la imposición de relaciones de dependencia y exclusividad con los territorios de la periferia colonial. Según esta versión, la expansión imperialista vendría motivada en primer lugar por la voluntad de hacer crecer su economía y sus grandes empresas como un instrumento para crecer también como potencias en el tablero geopolítico. Aunque Hopkins también menciona cuestiones económicas –incluyendo la necesidad de buscar nuevos mercados–, el énfasis es diferente. En el ámbito económico, Hopkins menciona la necesidad de exportar trabajadores parados como válvula para atenuar los conflictos sociales en Europa. Hopkins otorga un papel fundamental al crecimiento de la población europea de la época. Junto con la cuestión económica y demográfica, también da mucha importancia a otros factores, como los avances tecnológicos, militares y sanitarios, así como el auge de ideologías supremacistas, que llegaron a influir también en diversas disciplinas científicas. El supremacismo europeo permitió sostener ideológicamente el proceso de reparto de territorios alejados como un acto desinteresado con el objetivo de difundir los valores civilizatorios de las potencias europeas en todo el mundo. Además, los avances militares contribuyeron a reducir los costes de conquistar nuevos territorios. A nivel de política interna, la fiebre imperialista de finales del siglo XIX permitía canalizar la popularidad de los sentimientos nacionalistas y generar nuevos consensos internos. (Hopkins, 263-266) En cuanto a los efectos del imperialismo en las relaciones entre las grandes potencias europeas, hay que distinguir dos fases. En la primera, a finales del siglo XIX, el imperialismo contribuyó a atenuar los conflictos entre las potencias europeas porque resultaba fácil compensar los agravios de una potencia con nuevos territorios en otra zona. En cambio, a principios del siglo XX, a medida que avanzaba el nuevo proceso de colonización y se agotaban las posibilidades de expansión territorial, era más fácil que se produjeran choques y tensiones entre los grandes actores europeos. Además, cuando el centro de los conflictos se desplazó hacia la periferia colonial, la estructura de las relaciones entre las principales potencias europeas favoreció una sistemática marginación de Alemania, lo que acabaría teniendo consecuencias nefastas para la paz continental. (Schroeder, 230) Pregunta 2. En el siguiente fragmento, el historiador Mark Mazower plantea un balance sobre Sociedad de Naciones, con sus aciertos y sus limitaciones. Compara el análisis de Mazower con el del texto de Neila y contesta las siguientes preguntas: (a) ¿Por qué fracasó Sociedad de Naciones? (b) ¿Qué lecciones históricas integró Naciones Unidas a partir de este fracaso? (c) ¿Por qué el contexto económico y geopolítico de entreguerras resultó más complicado que el de los años inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial? “Si la Sociedad de Naciones brindaba a los idealistas la oportunidad de un nuevo orden jurídico, para los obstinados franceses el valor principal de esa organización no radicaba en su defensa de una nueva moral internacional, sino, mucho más concretamente, en su capacidad para proteger de revisiones a los acuerdos de Versalles. Los intereses franceses exigían una Sociedad de Naciones con dientes afilados. Realizaron varios intentos de crear una fuerza militar supranacional a disposición de la Sociedad de Naciones, pero no consiguieron persuadir a los británicos. Cuando Wilson fracasó en su empeño de que el Congreso de Estados Unidos aprobara el ingreso del país en la organización, buena parte del valor disuasorio de la entidad se esfumó. El estudioso británico Alfred Zimmern probablemente acertó al concebir la Sociedad de Naciones de los años veinte como un “instrumento de cooperación”. Aunque decepcionó tanto a idealistas como a los realistas, no careció ciertamente de importancia; proporcionó un foro internacional para los debates, fue una fuente de influencias y contribuyó a abordar los problemas –como la crisis de los refugiados y otras materias sociales, económicas y jurídicas– donde resultaba deseable una respuesta internacional coordinada. Si bien poseía poderes muy limitados para intervenir en los asuntos internos de los Estados miembros, podía ayudar a divulgar abusos sufridos por los grupos minoritarios y en esa medida someter a los Gobiernos a la presión de la opinión mundial.
participación de otros estados europeos, y (c) ¿Qué política inicia Luis XIV al terminar la guerra contra Holanda y en qué consiste? Respuesta: a) La guerra se desata por la predilección de Luis XIV por iniciar una confrontación con Holanda en lugar de negociar la paz. b) Porque un creciente número de estados europeos no estaba dispuesto a aceptar que Francia se anexionara directamente la república Francesa, y ésta reacciono enfrentándose a todos ellos. c) Luis XIV inicia una política de reclamaciones jurisdiccionales arbitrarias para sumar territorios más allá de sus fronteras orientales. EXAMEN 16 DE ENERO Contesta a las siguientes tres preguntas: Pregunta 1. En los textos del curso se habla de la llamada Operación Uvas de la Ira por medio de la cual el ejército israelí atacó a la milicia chiíta Hezbollah en el Líbano. Explica en qué aspectos concretos lo que dice el politólogo e historiador David Schenker en el siguiente párrafo coincide o difiere de la exposición de David Veiga en su texto. “El entendimiento de abril de 1996 entre Israel y Hezbolá, en el que las partes acordaron evitar futuros ataques contra civiles, es un buen ejemplo de cómo Estados Unidos dialogó con Siria sobre cuestiones libanesas en la década de 1990. El 11 de abril de 1996, Israel inició una operación militar en el Líbano con el propósito declarado de detener el lanzamiento de cohetes de Hezbollah hacia el norte de Israel. La Operación ‘Uvas de la Ira’, como se la conoció, duró casi dos semanas y provocó la muerte de cientos de civiles libaneses y decenas de israelíes y libaneses heridos. El secretario de Estado [estadounidense] Warren Christopher, en consulta con funcionarios sirios y libaneses, negoció un alto el fuego entre Hezbollah e Israel. El entendimiento consistió en un acuerdo para no seguir atacando a civiles a ambos lados de la frontera. Si bien muchos argumentan que el acuerdo resultó duradero (duró hasta la guerra del verano de 2006), también contenía una serie de aspectos problemáticos, el principal de los cuales fue que elevó la estatura de Hezbollah a la de un estado, legitimando aún más a la milicia chiíta. Curiosamente, a pesar de que Siria era la fuerza de ocupación en el Líbano en ese momento y era una de las partes principales en el acuerdo, no se formuló restricción alguna para Damasco respecto a Hezbollah. No es de sorprender, dado el aporte sirio, que el entendimiento aumentara la impotencia del estado libanes para controlar a Hezbollah. En última instancia, esta consecuencia del acuerdo sembró las semillas de la guerra de 2006”. Respuesta: Al abordar la cuestión de la Operación Uvas de la Ira, Schenker y Veiga hablan de aspectos tanto parecidos como distintos de la misma. En lo que coinciden es en el propósito de detener el lanzamiento de cohetes sobre Israel por parte de Hezbollah (para Veiga un pretexto), en las consecuencias en términos de víctimas (sobre todo civiles) en uno y otro país, en que las partes acaban firmando un alto el fuego, y en que éste refuerza a Hezbollah. Sin embargo, y en cuanto a sus diferencias, Veiga enmarca la operación en una estrategia militar y política a mayor escala de Simon Peres, mientras que Schenker describe el acuerdo entre las dos partes como un ejemplo del papel jugado por Estados Unidos en la región Pregunta 2. Otto von Bismarck fue una figura muy relevante en la diplomacia europea de finales del siglo XIX. Explica su papel histórico a partir de las siguientes preguntas: (a) ¿Por qué se le considera
la encarnación del pensamiento realista en política exterior? (b) ¿Qué relación tuvo con el nacionalismo alemán? (c) ¿Cuál fue su actitud ante la posibilidad de participar en conflictos bélicos? Respuesta: A Otto von Bismarck se le considera la encarnación del pensamiento realista en política exterior por su extraordinaria habilidad para aprovechar la correlación de fuerzas existente en favor de los intereses de Prusia. A lo largo de la historia, su obra diplomática ha sido admirada por numerosos académicos, diplomáticos y políticos, entre los que destaca Henry Kissinger, quien, a su vez, también es considerado como una de las grandes figuras del realismo diplomático contemporáneo. El realismo de Bismarck se puede apreciar en su relación con el nacionalismo alemán. Aunque fue el arquitecto de la unificación alemana, el motor de sus acciones fue el engrandecimiento de Prusia en el mapa europeo, más que una supuesta inclinación favorable a los ideales del nacionalismo alemán. (Schroeder, 204-205) El conflicto con Francia y las dudas sobre los beneficios de la anexión de Alsacia-Lorena es otro ámbito en el que su realismo resulta evidente. A la hora de valorar la conveniencia de la anexión, lo que más preocupaba a Bismarck era conseguir una frontera segura y, por esta misma razón, acabó dudando sobre los beneficios de la anexión, pues podía provocar daños irreperables en la futura relación con Francia. (Schroeder, 211-
para Estados Unidos, dado su poder militar y económico y su distancia con otras potencias importantes, es muy difícil justificar su política exterior global como una reacción defensiva a una amenaza externa inmediata y, por lo tanto, resulta en parte natural que su política exterior se justifique en términos más ideológicos que geopolíticos (concretamente, en la defensa de un sistema de relaciones internacionales que proporcione seguridad a las democracias). Pregunta 2. Al estudiar la política internacional del siglo XVIII es importante prestar atención al papel que juega la noción de equilibrio de poder. Consulta las secciones relevantes de los textos de David Parrott y John Lynn y explica si coinciden en lo que plantean respecto al equilibrio de poder en el siglo XVIII con lo que dice sobre este equilibrio el historiador James Sofka en el siguiente pasaje de un artículo suyo publicado en la Review of International Studies. “Como señala Waltz, todos los estados tenderán a apoyar el sistema y sus ‘reglas’ y buscarán racionalmente la seguridad a través de medios competitivos, más que absolutos. Los Estados que busquen alterar radicalmente —y, según la teoría, irracionalmente— el sistema existente serán disuadidos por poderes compensatorios, todos los cuales, a pesar de los intereses heterogéneos, rechazarán la subyugación a un poder dominante. […] la evidencia empírica refuta esta lógica. A lo largo del siglo XVIII, los monarcas y los estadistas desplegaron intentos ingeniosos y despiadados de desmembrar, despoblar, desmilitarizar y destruir a los rivales sin tener en cuenta la fidelidad a un conjunto de reglas doctrinales. A menudo, esto se intentó mediante la manipulación de una crisis dinástica, como en Austria en 1740, Polonia en 1733 y 1763, Suecia en 1773 y Baviera en 1778, por nombrar solo los ejemplos más notables. Los intentos de partición fueron legión y la ambición de destruir por completo a un oponente (generalmente se piensa que esto comienza con Napoleón) se evidenció dolorosamente a lo largo del siglo, aunque tales intentos generalmente fracasaron en la práctica.” Respuesta: Lynn nos dice en su capítulo que el equilibrio de poder es clave en el siglo XVIII, y que el equilibrio resultante se debe en buena medida al hecho de que cinco grandes estados compitan en la arena internacional sin que ninguno de ellos llegue a obtener el suficiente poder como para dominar al resto. Esto pone en duda la creencia de que fueran políticas decididas expresamente las que pusieran en pie las estructuras diplomáticas e institucionales que permitieron que el siglo XVIII estuviera caracterizado por el equilibrio. Sofka parece ir en la misma dirección argumentativa que Lynn, al contraponer la “evidencia empírica” a la teoría de Waltz, que apunta a un comportamiento racional de los estados para mantener el equilibrio. Por el contrario, dice Sofka, los estados no perdieron oportunidad de atacar y desafiar a otros estados, dejando de lado planteamientos más racionales que los hubieran llevado a hacer lo posible por mantener un equilibrio de poder mutuamente beneficioso. Pregunta 3. Consulta las secciones relevantes en los textos de la asignatura en lo que respecta a la integración europea y responde breve pero concretamente a las siguientes tres preguntas: (a) Explica cuál era el problema fundamental de la economía europea a principios del siglo XXI y qué se propuso para abordar el problema, (b) Explica con tus propias palabras por qué la Unión Económica y Monetaria es una respuesta a la reunificación alemana de 1990, y (c) ¿Qué coincidencias de los estados miembros de la Unión Europea hubo en la creación del Acta Única Europea en 1986? Respuesta: a) El problema fundamental era el desempleo. Se necesitaba más gente trabajando y que lo hiciera de un modo más eficiente, y ello requería de reformas económica, política y sociales en varios niveles.
b) Alemania emergía de la guerra fría y de su reunificación tan potente que sus decisiones económicas y financieras tenían consecuencias inmediatas en el resto de países. Al aceptar la UEM, los países europeos perdían el control de su política monetaria, pero otro tanto ocurría con Alemania, que no iba a poder determinar sus tipos de interés de forma autónoma y a partir de ese momento debía consensuar sus decisiones con el resto de los miembros del club. c) Los estados miembro coincidían en que el Acta Única Europea no contenía solamente reformas relativas al mercado único, sino que una mayoría de ellos quería avanzar hacia lo que entonces se empezó a conoer como la Unión Europea.