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El anarquismo es una ramas del pensamiento socialista que busca abolir la explotación humana y el Estado, considerado el peor prejuicio que ciega al hombre. Stirner y Bakunin denuncian el engaño de la democracia burguesa y la tiranía del Estado, mientras que Proudhon critica la revolución social producida a través de la revolución política. Los anarquistas mantienen su pureza revolucionaria y se mantienen fuera del Parlamento.
Tipo: Apuntes
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Anarquismo: Historia Americana Anarquía significa, e ausencia de autoridad o de gobierno. La palabra anarquía pasó a ser, sinónimo de desorden, de caos, de desorganización. Para Proudhon y Bakunin la anarquía era, simultáneamente, el más colosal desorden, la absoluta desorganización de la sociedad y, más allá de esta gigantesca mutación revolucionaria, la construcción de un nuevo orden estable y racional, fundado sobre la libertad y la solidaridad. Anarquía es, ante todo, sinónimo de socialismo. El anarquista es, un socialista que busca abolir la explotación del hombre por el hombre, y el anarquismo, una de las ramas del pensamiento socialista. Adolph Fischer, uno de los mártires “todo anarquista es socialista, pero todo socialista no es necesariamente anarquista”. UNA REBELDÍA VISCERAL El anarquismo constituye, lo que podríamos llamar una rebeldía visceral., Augustin Hamon llegó a la conclusión de que el anarquista es, en primer lugar, un individuo que se ha rebelado. Rechaza en bloque a la sociedad y sus cómitres. Es un hombre que se ha emancipado de todo cuanto se considera sagrado, proclama Max Stirner. Ha logrado derribar todos los ídolos. LA AVERSIÓN POR EL ESTADO Para el anarquista, de todos los prejuicios que ciegan al hombre desde el origen de los tiempos, el del Estado es el más funesto. ¿Cuáles son, a los ojos de los anarquistas, los delitos del Estado? Stirner: “El Estado y yo somos enemigos”. “Todo Estado es una tiranía, la ejerza uno solo o varios”. El Estado, cualquiera que sea su forma, es forzosamente totalitario, como se dice hoy en día: “El Estado persigue siempre un solo objetivo: limitar, atar, subordinar al individuo, someterlo a la cosa general. El Estado no me permite desarrollar al máximo mis pensamientos y comunicárselos a los hombres. Proudhon eco de las palabras de Stirner: “El gobierno del hombre por el hombre es la esclavitud”. “Quien me ponga la mano encima para gobernarme es un usurpador y un tirano. “Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado, por seres que carecen de títulos, ciencia y virtud para ello [...]. Ser gobernado significa ser anotado, registrado, empadronado, arancelado, sellado, medido, evaluado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado,
amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido, al realizar cualquier operación, cualquier transacción, cualquier movimiento. Bakunin, el Estado es una “abstracción que devora a la vida popular” CONTRA LA DEMOCRACIA BURGUESA El anarquista denuncia más vigorosamente que el socialista “autoritario” el engaño de la democracia burguesa. El Estado burgués democrático, bautizado “nación”, es para Stirner tan temible como el antiguo Estado absolutista. En opinión de Proudhon, “la democracia no es sino una arbitrariedad constitucional”. En realidad, el pueblo es un rey sin dominios, el mono que remeda a los monarcas y que de la majestad y la munificencia reales sólo conserva el título. Pero la teoría de la soberanía del pueblo lleva en sí su propia negación. Si el pueblo entero fuese verdaderamente soberano, no habría más gobierno ni gobernados. Para Bakunin, “en lugar de ser garantía para el pueblo, el sistema representativo crea y garantiza la existencia permanente de una aristocracia gubernamental opuesta al pueblo”. El anarquista no tiene mucha fe en la emancipación por gracia del voto. Proudhon Estima que “la revolución social corre serio riesgo si se produce a través de la revolución política”. Votar sería un contrasentido, un acto de cobardía, una complicidad con la corrupción del régimen: “Si queremos hacer la guerra a todos los viejos partidos juntos, es fuera del Parlamento y no dentro de él donde debemos buscar lícitamente nuestro campo de batalla”. “El sufragio universal es la contrarrevolución”. Lo que temen y condenan son las equívocas alianzas electorales con los partidos del radicalismo burgués, del tipo “1818” o “frente popular”, como se diría en la actualidad. También se percatan de que, cuando son elegidos diputados y trasladados a las condiciones de vida burguesas, cuando dejan de ser trabajadores para convertirse en gobernantes, los obreros se tornan burgueses, quizá más que los propios burgueses. La actitud de los anarquistas respecto del sufragio universal no es, ni con mucho, coherente y consecuente. Malatesta se niega rotundamente a hacer concesiones. Admite que, según la situación, el resultado de las elecciones podría tener consecuencias “buenas” o “malas” y depender, a veces, del voto de los anarquistas, sobre todo cuando las fuerzas de las organizaciones políticas opuestas fueran casi iguales. “Los anarquistas se han mantenido siempre puros y siguen siendo el partido revolucionario por excelencia, el partido del porvenir, porque han sido capaces de resistirse al canto de la sirena electoral”. En 1930, los anarquistas harán frente común con los partidos de la democracia burguesa a fin de derrocar al dictador Primo de Rivera.
Bakunin admira vivamente la capacidad intelectual de Marx, cuya principal obra, El capital, tradujo al ruso. Adhiere plenamente al concepto materialista de la historia y aprecia mejor que nadie la contribución teórica de Marx a la emancipación del proletariado. Pero lo que no admite es que la superioridad intelectual confiera el derecho de dirigir el movimiento obrero: “Pretender que un grupo de individuos, aunque sean los más inteligentes y mejor intencionados, está capacitado para ser el pensamiento, el alma, la voluntad rectora y unificadora del movimiento revolucionario y de la organización económica del proletariado de todos los países, implica una herejía tal contra el sentido común y la experiencia histórica que uno se pregunta, asombrado, de qué modo un hombre de tantas luces como Marx pudo concebir semejante idea [...]. En lo que concierne al peligro de la centralización estatista dentro de un régimen comunista, el exiliado ruso no se mostró menos clarividente. Bakunin vislumbra la Revolución Rusa: “Si los obreros de Occidente tardan demasiado, serán los campesinos rusos quienes les den el ejemplo”. En Rusia, la Revolución será esencialmente “anárquica”. Debemos destruir este Estado o bien “aceptar la mentira más vil y temible que haya engendrado nuestro siglo. Todo poder político crea inevitablemente una situación de privilegio para los hombres que lo ejercen. El anarquismo impugna categóricamence su supuesta necesidad. Diego Abad de Santillán hizo el siguiente planteamiento respecto del socialismo “autoritario”: “La revolución brinda la riqueza social a los productores o no se la brinda. Si los productores se organizan para producir y distribuir la producción colectivamente, el Estado ya no tiene nada que hacer. LAS FUENTES DE ENERGÍA: EL INDIVIDUO El anarquista prefiere recurrir a dos fuentes de energía revolucionaria: el individuo y la espontaneidad de las masas. El libertario es, más individualista que societario o más societario que individualista. Stirner rehabilitó al individuo en una época en que, dentro del mundo filosófico, predominaba el anti individualismo hegeliano. El mundo contemporáneo parece haberse impuesto la tarea de salvar al individuo del cúmulo de alienaciones que lo aplastan, tanto las de la esclavitud industrial como las del conformismo totalitario. No hay más libertad que la que el individuo conquista por sí mismo. La libertad dada por otros, concedida, no es tal, sino un “bien robado”. Para emanciparse, el individuo debe primero pasar por tamiz el bagaje con que lo cargaron sus progenitores y educadores. Tiene que emprender una gigantesca tarea de
“desacrosantificación”. Ha de comenzar por la llamada moral burguesa. La moral se ha convertido en “una potencia interior a la cual no puedo sustraerme”. Pero quizás estos ocasionales arrebatos no traduzcan el verdadero fondo de su pensamiento. El individuo tiene necesidad de amigos, de ayuda; si, por ejemplo, escribe libros, necesita lectores. Al tratar sobre los partidos políticos, el autor de El único y su propiedad tocan uno de los problemas que más preocupan al mundo contemporáneo. Para él, el partido es simplemente una partida, y él es de la partida, toma parte en ella. “Se asocia libremente y puede recuperar sin obstáculos su libertad”. Lo asocial y lo social se enfrentan en el pensamiento de este rebelde sin llegar siempre a fundirse. No sin razón, los anarquistas societarios le reprocharán esta deficiencia. Proudhon censura la utopía individualista porque ésta aglomera individualidades yuxtapuestas, carentes de todo vínculo orgánico y de fuerza de colectividad, y porque se muestra incapaz de solucionar el problema de la conciliación de intereses. En conclusión: ni comunismo ni libertad ilimitada. “Tenemos demasiados intereses solidarios, demasiadas cosas en común”. La sociedad en la cual el individuo ha entrado por libre elección sólo figura en segundo lugar en la mencionada enumeración de responsabilidades. Además, la sociedad tiene más deberes que derechos respecto del individuo: a condición de que éste sea mayor, no ejerce sobre él “ni vigilancia ni autoridad” y, en cambio, está obligada a “proteger su libertad”. En su preocupación por la libertad, Bakunin llega a admitir que el individuo adhiera a grupos cuyos fines sean corromper y destruir la libertad individual o pública. Espíritu amplio y sintético, Bakunin propone echar un puente entre los individuos y el movimiento de masas: “La vida social no es otra cosa que esa incesante dependencia mutua de individuo y masa. Todos los individuos son, en cada instante de su vida, promotores al mismo tiempo que producto de la voluntad y la acción de las masas”. A juicio de los anarquistas, el movimiento revolucionario es obra de tal acción recíproca; por ello, desde el punto de vista de la productividad militante, atribuyen igual importancia a la acción individual y a la colectiva, autónoma, de las masas. LAS FUENTES DE ENERGÍA: LAS MASAS La Revolución de 1848 le reveló a Proudhon que las masas son la fuerza motriz de las revoluciones. “Las revoluciones no reconocen iniciadores; se producen cuando el destino las llama; se detienen cuando se agota la fuerza misteriosa que las hizo florecer”. “Una revolución social [...] no se produce por orden de un maestro poseedor de una teoría perfectamente elaborada o por dictado de un profeta. La revolución tiene que hacerse desde abajo, no desde arriba. Y una vez superada la crisis revolucionaria, la subsiguiente reconstrucción social debe ser obra de las propias masas populares.