Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


historiografia, Apuntes de Historia

Asignatura: Historiografía, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UNICAN

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 19/12/2015

hijadera
hijadera 🇪🇸

3.8

(27)

3 documentos

1 / 46

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
2. La historiografía en el siglo XX e inicios del XXI
La historiografía ha suscitado gran interés entre los historiadores. Algunos autores
han reconocido dos fases en la construcción del saber histórico:
una anterior al siglo XIX, que arranca de la tradición clásica de Heródoto y
consiste fundamentalmente en narrar “cosas del pasado”;
y otra iniciada a comienzos del siglo XIX que recoge el pensamiento de la
escuela alemana, que le da estatus de ciencia humana a la Historia.
Como ciencia, la Historia tiene un ámbito de estudio que no es el pasado en sí, ya
que este es inexistente e inaprehensible. Su campo de estudio lo constituyen las
“reliquias del pasado”, el conjunto de restos y vestigios del pasado que perviven en
el presente bajo diversas formas. Al trabajar con estas reliquias, el conocimiento no
es el pasado, sino una parte fragmentaria y parcial del pasado.
Veamos los paradigmas historiográcos más comunes en nuestro tiempo y sus
antecedentes más signicativos.
2.1. El nacimiento de la historiografía: historicismo y positivismo
La ciencia histórica nace en Alemania en el tránsito del siglo XVIII al XIX. El
historicismo es la cuna de la historia académica del siglo XIX y de toda una
tradición de crítica de las fuentes históricas.
Uno de sus principales representantes, Leopold von Ranke, entendía la Historia
como un discurso fuertemente unitario en el que la política desempeñaba un papel
fundamental en torno al cual se desarrollaba el discurso histórico. Era una Historia
nacida al calor de la lucha por la unidad alemana y justicadora del Estado-Nación
propio de la ideología nacionalista y liberal de los años centrales del siglo XIX. En
ella, las ideas políticas y los principios morales de los protagonistas individuales (los
reyes, los jefes de Estado o los grandes personajes) dejaban de lado la historia de
las colectividades, la historia económica o la historia social. Esta historiografía
estaba claramente inuida por el positivismo. Los historiadores aparecieron como
una clase profesional, lo que les llevó a considerar su disciplina como ciencia.
La inuencia alemana hizo que se extendiese por Europa una visión de la historia
reducida a la mera reconstrucción de acontecimientos, basada en el estudio de los
documentos.
Frente a esta forma de hacer historia surgieron a nales del siglo XIX, al margen de
los círculos académicos, nuevas alternativas historiográcas: las teorías de Marx y
de algunos sectores de la historiografía dominante:
El pensamiento marxista suponía una subversión profunda de la
historiografía. Incidía en la historia del movimiento obrero y en ciencias
sociales, como la Economía y la Sociología.
Así mismo, entre los historiadores académicos surgió el cultivo de la historia
económica y social, al centrarse en el estudio de las relaciones entre el
Estado -eje del análisis historicista-, la sociedad y la economía.
Los primeros cambios se produjeron en los Estados Unidos y en Francia:
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe
pff
pf12
pf13
pf14
pf15
pf16
pf17
pf18
pf19
pf1a
pf1b
pf1c
pf1d
pf1e
pf1f
pf20
pf21
pf22
pf23
pf24
pf25
pf26
pf27
pf28
pf29
pf2a
pf2b
pf2c
pf2d
pf2e

Vista previa parcial del texto

¡Descarga historiografia y más Apuntes en PDF de Historia solo en Docsity!

2. La historiografía en el siglo XX e inicios del XXI

La historiografía ha suscitado gran interés entre los historiadores. Algunos autores han reconocido dos fases en la construcción del saber histórico:

  • una anterior al siglo XIX, que arranca de la tradición clásica de Heródoto y consiste fundamentalmente en narrar “cosas del pasado”;
  • (^) y otra iniciada a comienzos del siglo XIX que recoge el pensamiento de la escuela alemana, que le da estatus de ciencia humana a la Historia.

Como ciencia, la Historia tiene un ámbito de estudio que no es el pasado en sí, ya que este es inexistente e inaprehensible. Su campo de estudio lo constituyen las “reliquias del pasado”, el conjunto de restos y vestigios del pasado que perviven en el presente bajo diversas formas. Al trabajar con estas reliquias, el conocimiento no es el pasado, sino una parte fragmentaria y parcial del pasado.

Veamos los paradigmas historiográficos más comunes en nuestro tiempo y sus antecedentes más significativos.

2.1. El nacimiento de la historiografía: historicismo y positivismo

La ciencia histórica nace en Alemania en el tránsito del siglo XVIII al XIX. El historicismo es la cuna de la historia académica del siglo XIX y de toda una tradición de crítica de las fuentes históricas.

Uno de sus principales representantes, Leopold von Ranke, entendía la Historia como un discurso fuertemente unitario en el que la política desempeñaba un papel fundamental en torno al cual se desarrollaba el discurso histórico. Era una Historia nacida al calor de la lucha por la unidad alemana y justificadora del Estado-Nación propio de la ideología nacionalista y liberal de los años centrales del siglo XIX. En ella, las ideas políticas y los principios morales de los protagonistas individuales (los reyes, los jefes de Estado o los grandes personajes) dejaban de lado la historia de las colectividades, la historia económica o la historia social. Esta historiografía estaba claramente influida por el positivismo. Los historiadores aparecieron como una clase profesional, lo que les llevó a considerar su disciplina como ciencia.

La influencia alemana hizo que se extendiese por Europa una visión de la historia reducida a la mera reconstrucción de acontecimientos, basada en el estudio de los documentos.

Frente a esta forma de hacer historia surgieron a finales del siglo XIX, al margen de los círculos académicos, nuevas alternativas historiográficas: las teorías de Marx y de algunos sectores de la historiografía dominante:

  • El pensamiento marxista suponía una subversión profunda de la historiografía. Incidía en la historia del movimiento obrero y en ciencias sociales, como la Economía y la Sociología.
  • Así mismo, entre los historiadores académicos surgió el cultivo de la historia económica y social, al centrarse en el estudio de las relaciones entre el Estado -eje del análisis historicista-, la sociedad y la economía.

Los primeros cambios se produjeron en los Estados Unidos y en Francia:

  • En EE. UU., surgió la idea de la que la Historia era una ciencia social más y, por lo tanto, tenía que contribuir al descubimiento de las leyes del desarrollo humano. Así nació la historia científica, llamada “ New History ”, como una rama de las ciencias sociales.
  • No obstante, fue en Francia donde nació la historia social. Hacia 1900, en torno a Henri Berr, nació una nueva clase de historia apoyada por las nuevas ciencias sociales (“humanas”, según la terminología francesa): geografía, economía y sociología. Esta nueva historia se enfrentó con la historia académica y de la confrontación salieron beneficiados los que han sido considerados padres de la historia social: Lucien Febvre y Marc Bloch, fundadores en 1929 de la revista Annales d’histoire économique et sociale. La transición de la historiografía positivista o historicista-metódica no se produjo hasta el período de entreguerras. La primera alternativa fue la formada en torno a la revita Annales.

2.2. El cambio cualitativo: de Annales a la Nouvelle Histoire

La llamada Escuela de los Annales, formada en la década de los 30 del siglo XX, como reacción a la historia académica, intentó una reconstrucción del pasado sobre bases científicas tomadas de otras ciencias humanas o sociales, para acabar desintegrándose en los años 70 en múltiples direcciones.

Su objetivo era hacer una historia global, total, partiendo de la premisa de que los aspectos sociales y económicos formaban parte de la Historia.

Así mismo, la Escuela de los Annales amplió el concepto de documento histórico: además de los documentos escritos (como señalaban Langlois y Seignobos a finales del siglo XIX), también fueron considerados documentos históricos todas las huellas del pasado humano: las obras de arte, los restos arqueológicos, los testimonios orales y las imágenes.

La nueva historia nació con dos objetivos: sacarla de la rutina de la escuela “metódica” y primar lo económico y lo social en detrimento de lo narrativo-factual y de lo exclusivamente político.

La Escuela de los Annales tuvo tres “generaciones” de historiadores:

  • La primera generación nació en 1929 y tuvo como principales representantes a Marc Bloch y Lucien Febvre. Fue la etapa de formación de la corriente y se caracterizó por el rechazo al historicismo, la búsqueda de nuevos objetivos de estudio, con énfasis especial en lo social.
  • La segunda generación comenzó tras 1945, en torno a Fernand Braudel, y llegó hasta los años 70. Fue la etapa de mayor influencia de la Escuela. Se caracterizó por la introducción de propuestas tomadas de otras ciencias sociales.
  • La tercera generación, la de la Nouvelle Histoire o Nueva Historia, tuvo como principales representantes a Jacques Le Goff, George Duby, Pierre Chaunu, François Furet, Jacques Revel, André Burguière y Roger Chartier. Fue la etapa de la fragmentación del objeto de análisis y la búsqueda de nuevos caminos por el análisis de nuevos temas (como la mujer, la vida privada, la infancia o la familia) o por el uso de nuevos métodos (como el estudio de las mentalidades).

las individualidades o de las elites, en el sentido de minorías innovadoras y no de grupos de privilegiados. Es, además, una historia biológica, relacionada con la alimentación, la sexualidad, la enfermedad, las actitudes con respecto al cuerpo. Se interesa por los acontecimientos de larga duración, por lo que una revolución tiene un carácter de proceso que conmueve estructuras históricas. Las revoluciones estructurales son silenciosas e imperceptibles, como, por ejemplo, las revoluciones neolítica o demográfica.

2.5. New Economic History y cuantitativismo

Si bien la cuantificación de los sucesos históricos comenzó en los años 30 del siglo XX, la defensa de un paradigma cuantitativista para explicar los hechos del pasado humano apareció en Francia y los Estados Unidos en los años 70, se extendió durante los 80 y ha entrado en crisis desde entonces.

En la historiografía cuantitativista se pueden distinguir dos tendencias:

  • La cliometría, la auténtica historia cuantitativa, que matematiza la explicación del pasado mediente la elaboración de modelos cuantitativos. Un ejemplo de esta línea es la “ New Economic History ”, desarrollada en los años 60 en los Estados Unidos y con aplicación a la historia económica.
  • La historia estructural-cuantitativista, que utiliza con frecuencia la estadística o la informatización de datos numéricos como complemento o instrumento auxiliar de una explicación histórica puramente verbal y no matematizada. Esta tendencia está muy presente en la tercera generación de la Escuela de los Annales y abarca temas muy variados, generalmente en el ámbito de lo social.

2.6. La crisis de los grandes paradigmas

La crisis de los grandes paradigmas es el nombre de un período de la Historiografía iniciado a finales de la década de los 70 del siglo XX, que se agranda con el hundimiento del socialismo (1989) y conduce a la incertidumbre de los 90, agravada en los inicios del siglo XXI por los efectos de la globalización, la expansión del terrorismo y las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Frente a los paradigmas de la historia marxista, la historia estructural, el cuantitativismo o la Nouvelle Histoire , ha surgido en los últimos años una reivindicación de la historia narrativa, una vuelta al relato histórico, que no supone una vuelta a los modos de hacer historia del siglo XIX. Este retorno, unido a la inmensa fragmentación que ha experimentado la historiografía en las últimas dos décadas, son síntomas claros de la crisis de la historia analítica como ciencia. Esta crisis de los grandes modelos historiográficos no supone, en cambio, una pérdida de interés por la Historia. Al contrario, el crecimiento de los problemas políticos a escala global hace mayor la necesidad de información que el conocimiento del pasado proporciona para la comprensión del presente. En esta “era de la incertidumbre” la Historia es necesaria. Este hecho y la creciente demanda de novela histórica revelan la atracción que siente el ser humano por el conocimiento, el estudio y la lectura sobre las raíces históricas de las distintas culturas existentes en el planeta.

La vuelta a la historia narrativa se planteó a finales de los años 70 y comienzos de los 80. Surgió como consecuencia de un debate mantenido en la revista Past and

Present entre Lawrence Stone y otros autores, entre los que cabe destacar al marxista Eric Hobsbawm:

  • Stone comentaba la existencia de un cansancio de la historia sociológico- estructural dominante, en la que se relegaban los factores intelectuales, culturales, religiosos, psicológicos e incluso políticos por un determinismo económico-demográfico en el que la cuantificación tenía un papel relevante. Este cansancio había llevado a un resurgimiento del interés por los factores culturales y políticos o por la historia de las ideas, aunque concebidos de forma muy distinta a los de la historia tradicional del historicismo y el positivismo.
  • Howsbawm criticó la exposición de Stone, asegurando que los cambios historiográficos producidos no tenían tal importancia y defendiéndose del reduccionismo economicista en que habían caído algunos historiadores marxistas o de la Nouvelle Histoire. Así mismo, afirmó que los marxistas británicos nunca perdieron el interés por los acontecimientos o la cultura y que tampoco aceptaron nunca el determinismo económico que consideraba a la “superestructura” siempre dependiente de la “infraestructura”. La vuelta a la historia narrativa ha dado paso a la “microhistoria”, en contraposición a los grandes análisis estructurales. De esta manera, han surgido la historia de la vida cotidiana, de la vida privada, o la “nueva historia social de la política”, en la que los dos objetivos básicos son el poder y los hechos que se relacionan con él.

De la crisis de los grandes paradigmas han surgido nuevas formas de hacer historia, que han marcado la historiografía de los últimos 15 años; entre esas nuevas formas historiográficas destacan las siguientes:

  • La microhistoria. Tiene su origen en Italia, tras la publicación en 1976 por Carlo Ginzburg del libro El queso y los gusanos. El cosmos de un molinero del siglo XVI. Se basa en la reducción de la escala de la observación, en un análisis microscópico y en un estudio intensivo del material documental. Es más una práctica historiográfica que un paradigma teórico. Las relaciones con la antropología y otras ciencias sociales y su proximidad a la historia local la hacen estar próxima a la creación literaria y la narración.
  • La nueva historia cultural. Influida por la antropología y la lingüística, incide en el mundo de las “representaciones”. Va más allá de la historia de las mentalidades y la tradicional historia cultural o intelectual. Pretende el estudio de las creencias populares colectivas como objeto etnográfico, lo que se ha llamado el “imaginario colectivo”. En este sentido, sería una especie de antropología histórica, pero que más que describir las prácticas socioculturales del pasado, resalta la manera en que esas formas se representan en la mente de los distintos grupos sociales.
  • La ciencia histórica socioestructural o historia socioestructural. Es la más renovadora de todas estas nuevas formas de hacer historia. Su máximo representante es Christopher Lloyd, que se inserta dentro de la amplia vía de la historia social. Ligada a la sociología histórica, defiende un estatus “científico” que se niega a las otras dos corrientes señaladas, enmarcadas en el narrativismo. La historia socioestructural pretende descubrir la real estructura oculta de la sociedad, el proceso real del cambio social estructural.

Orígenes de la historiografía social y económica

institucional académico para aislar, marginar y desprestigiar a la mayoría de los críticos.

Entre los debates críticos de la historiografía historicista, podemos señalar los siguientes:

  • Robert von Mohl, en su polémica con el historicista Heinrich von Treitschke, planteó la constitución de una sociología (más que una historia social) que tuviese en cuenta las aportaciones de disciplinas como el arte, el derecho, la economía o la religión.
  • Polémica entre Eberhard Gothein y Dietrich Schäfer. Influido por Jacob Burckhardt y Wilheim Dilthey, Gothein consideraba que la historia, como principal ciencia del espíritu, había de asumir como objeto de estudio la cultura, que integraba, además de la política, el arte, el derecho, la economía o la religión. La política solo era, para Gothein, una parte de la cultura y, por tanto, de la historia.
  • El debate Lamprecht. Karl Lamprecht escribió una historia nueva, de pretensión científica, carácter populista (señalaba la fuerza del pueblo alemán y aseguraba su éxito político y económico, lo que le dio un gran éxito editorial), herencia positivista (defendía la acumulación de pruebas documentales para el análisis), estilo explicativo (alejado de la mera descripción factual), y que trataba de comprender la evolución histórica por medio del análisis de las condiciones generales de la sociedad como colectivo humano (y no de las acciones de los dirigentes políticos en el ámbito del Estado). Los planteamientos de Lamprecht fueron criticados por los historiadores historicistas alemanes e, incluso, por los defensores de la “historia de la cultura” (como Gothein). Con la derrota de Lamprecht, el debate sobre la historia cesó en Alemania y la historiografía historicista “rankeana” permaneció vigente durante décadas. Otros países, como Francia o los Estados Unidos, se mostraron más receptivos hacia los esfuerzos por establecer una relación más estrecha entre la historiografía y las ciencias sociales.

La Tesis de la Frontera de Turner en los Estados Unidos

En los Estados Unidos, la historiografía de la segunda mitad del siglo XIX presentaba características típicas del historicismo europeo: orientación narrativa descriptiva, búsqueda de valor literario, temática política ajena al análisis de aspectos sociales y económicos, uso pedagógico, y estudio de élites y grandes hombres.

No obstante, el interés por explorar nuevas vías historiográficas se tradujo entre 1886 y 1890 en la aparición de cinco publicaciones académicas que acercaban la historia a otras disciplinas, trataban de reforzar su carácter científico e introducían perspectivas sociales y económicas en la construcción histórica: Political Science Quarterly , Quarterly Journal of Economics , Annals of the American Academy of Political and Social Sciences , Journal of Political Economy y American Historical Review. En este contexto y con motivo de la reunión conmemorativa del cuarto centenario del descubrimiento de América, organizada por la American Historical Association, en Chicago, en 1893, un historiador apenas conocido, llamado Frederick Jackson Turner (1861-1932), pronunció una conferencia titulada The Significance of the

Frontier in American History , que tuvo una enorme repercusión, tanto socio- histórica como historiográfica.

  • En el plano socio-histórico, la Tesis de la Frontera de Turner obtuvo un gran éxito porque ensalzó los ideales patrióticos de la sociedad estadounidense. Relacionaba el concepto de frontera con la conquista del Oeste, y esta con el nacimiento de una nueva nación, de una nueva sociedad, más abierta, demográficamente joven, integradora de aportes migratorios extranjeros, emprendedora, gobernada por instituciones nuevas y democrática.
  • Así mismo, la tesis de Turner también tuvo una gran repercusión historiográfica por varios motivos:
  • Introdujo el estudio de colectivos sociales, alejándose de la tendencia anterior al análisis de élites políticas y grandes personajes.
  • Amplió el objeto del análisis histórico a los aspectos sociales y económicos. Entre ellos, Turner propuso el análisis de los problemas laborales, las oleadas migratorias, las revueltas de campesinos, la inestabilidad urbana, la depresión económica, el transporte y la revolución en las comunicaciones, el final de la expansión continental y el comienzo del imperialismo ultramarino.
  • Enfatizó la explicación de los procesos históricos (el avance hacia el Oeste), abandonando la tendencia descriptiva factual anterior.
  • Amplió la perspectiva geográfica humana del estudio histórico (antes centrada en un único Estado), proponiendo una historia multi-regional, apoyada en el método historiográfico comparativo. Turner estudió varias regiones, distintos “Oestes” y diferentes líneas de frontera. No obstante, no solo distinguió las regiones y situó las fronteras atendiendo a criterios de la geografía física; al considerar la región como un espacio articulado económica y socialmente, estableció regiones y fronteras en función de sus actividades productivas principales (agrícolas, ganaderas, mineras, comerciales, industriales o urbanas).

Las tesis de Turner promovieron la realización de estudios históricos de carácter social y económico en los Estados Unidos, una moda que llevaría a principios del siglo XX a la aparición de una nueva tendencia historiográfica: la New History.

Enfrentamientos contra la Escuela Metódica en Francia

Tras la derrota en Alemania, a principios del siglo XX los debates sobre la reforma de la historia se trasladaron a Francia, donde diversos intelectuales (no solo historiadores, sino también filósofos o sociólogos) impulsaron una nueva concepción historiográfica, más relacionada con las ciencias sociales.

No obstante, al contrario que en Alemania, las nuevas ideas historiográficas, que pretendían principalmente la ampliación del objeto de la historia a la sociedad, la economía y la cultura, y el acercamiento de la historia a las ciencias sociales empíricas, sí fueron tomadas más en serio. Autores como Henri Berr o el belga Henri Pirenne comenzaron a enfrentarse a la escuela “metódica”, remarcando la importancia de los factores socio-económicos en la construcción histórica. Sus planteamientos tuvieron una influencia decisiva en la creación de la Escuela de los Annales, que acabó rompiendo el monopolio académico historicista.

El darwinismo social y las teorías racistas

sociología, de la mano de teóricos como el francés Émile Durkheim o el alemán Max Weber. Émile Durkheim Émile Durkheim (1858-1917) fue uno de los creadores de la sociología moderna. Fundó la primera revista dedicada a la sociología, L’Année Sociologique , en torno a la que se concentró un grupo de estudiosos dedicados a la investigación sociológica. Entre sus obras, destacan Las reglas del método sociológico y La división del trabajo social. Durkheim fue uno de los principales críticos de la escuela historiográfica metódica, asentada en las universidades francesas. Pensaba que la historia dependía de fenómenos específicamente sociales (“hechos sociales”), de cuyo estudio había de ocuparse exclusivamente la sociología. Concebía los hechos sociales como modos de actuar, pensar y sentir colectivos, como normas y reglas culturales (como, por ejemplo, la lengua, la escritura o la moneda), con poder para influir sobre los comportamientos, ideas y sentimientos de los individuos. Le negó a la historia el rango de ciencia, porque se ocupaba de la narración de hechos concretos y no podía, por ello, llegar a producir afirmaciones generales empíricamente comprobables.

Pocos historiadores aceptaron la subordinación de la historia a la sociología. No obstante, su perspectiva sociológica de la historia reforzó entre los historiadores críticos la conciencia de la importancia de los aspectos sociales en la construcción histórica.

Max Weber Max Weber (1864-1920) fue una de las principales referencias intelectuales del tránsito del siglo XIX al XX. Destacó como filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y, sobre todo, como sociólogo. De hecho, junto a Durkheim, es considerado uno de los padres de la sociología moderna.

Weber nació en Erfurt, en el seno de una familia protestante, bien relacionada con los políticos y académicos locales. Fue intelectualmente precoz y entró en la Universidad de Heidelberg (1882), habiendo escrito ya varios ensayos históricos. Estudió Derecho, Economía e Historia. Completó su formación en las universidades de Berlín y Goettingen. A finales de los 80 entró en política y se doctoró en leyes. En los 90 se casó, se dedicó a escribir y empezó a ejercer como profesor en las universidades de Freiburg y Heidelberg. Tras la muerte de su padre, en 1897, Weber tuvo algunos problemas de salud, que le hicieron abandonar temporalmente la docencia universitaria en 1899. En 1903 renunció a su cargo de profesor universitario, para trabajar como profesor privado. En 1905 publicó La ética protestante y el espíritu del capitalismo. En 1907 recibió una herencia, que le facilitó el mantenimiento. En 1912 trató sin éxito de organizar un partido político de izquierdas (liberal, social-demócrata). Durante la guerra dirigió los hospitales militares de Heidelberg. Tras actuar como consultor en el Tratado de Versalles, elaboró un borrador de la Constitución de Weimar. En 1918, retomó la docencia en la Universidad de Viena. En 1919, consiguió una plaza en la de Munich. Y en 1920 murió de neumonía. Las características principales de su pensamiento son las siguientes:

  • Recibe influencias de Marx y Nietszche, aunque se separa de ambos.
  • Objeto de estudio: las sociedades (conjunto de estructuras y prácticas colectivas).
  • Perspectiva neutra: ausencia de juicios o consideraciones morales en la construcción sociológica.
  • Renuncia a transformar la sociedad.
  • Primacía de la ideología (ética, moral) sobre los factores económicos para explicar la sociedad. Los valores forman estilos de vida sobre los hombres y sobre las sociedades.
  • Método de estudio:
  • Necesidad de lucidez de análisis (erudición bibliográfica y uso de técnicas estadísticas).
  • Etapas del estudio sociológico: comprensión, interpretación (mediante creación de tipos ideales, conceptos abstractos que ayudan a comprender y ordenar los hechos históricos singulares) y explicación.
  • Aplicación de la sociología a diversos campos: política, derecho, economía, música y religión.

De la ingente producción intelectual de Weber podemos destacar los trabajos relacionados con la sociología de la religión: La ética protestante y el espíritu del capitalismo , La religión en China: confucianismo y taoísmo , La religión de India: la sociología del hinduismo y del budismo y Judaísmo antiguo. De todos ellos, la obra más importante es la que dedica al tipo ideal del espíritu del capitalismo. En ella, Weber se interesó por el capitalismo por ser uno de los temas de estudio más demandados en su época. En contra de la interpretación marxista, que defendía que los aspectos económicos eran el motor de la sociedad capitalista, Weber afirmó que los factores que ejercían una mayor influencia sobre ella eran los ideológicos, como los elementos religiosos, éticos o morales.

Para llegar hasta esa conclusión, partió de un análisis estadístico de la concentración de la riqueza económica según la confesión religiosa. Dicho estudio le permitió comprobar que la mayor parte de las propiedades y las empresas pertenecían a protestantes. Buscó las causas de tal acumulación y el determinismo geográfico (los protestantes ocupaban territorios más favorecidos para la actividad económica) no le pareció suficiente para justificarla. En cambio, sí consideró más interesante el hecho de que la riqueza generada a lo largo del tiempo por las distintas familias se transmitiese por herencia. Por ello, comenzó a analizar las ideologías de las dos confesiones (católica y protestante) para comprobar si tenían una influencia tan decisiva sobre el espíritu del capitalismo, un tipo ideal que definía como el conjunto de ideas y hábitos que favorecían la búsqueda racional de ganancias económicas, y que iba a utilizar para lograr identificar una ley general que justificase el desarrollo del capitalismo.

Weber analizó los perfiles generales de los católicos y los protestantes, y halló diferencias considerables en sus concepciones vitales. Mientras los católicos preferían la estabilidad económica, aun sacrificando la posibilidad de mejorar su calidad de vida, los protestantes se mostraban más emprendedores, más dispuestos a asumir riesgos profesionales o empresariales, con el objeto de promocionarse o de incrementar sus ingresos.

Y localizó las causas de dichos puntos de vista opuestos en la ideología de la Reforma protestante y, especialmente, en la ética calvinista:

consumo, la población, los matrimonios, los nacimientos, las defunciones, etc.

  • Ampliación de los tiempos históricos analizados.
  • Cambio del sujeto histórico: de los grandes personajes o los Estados a las masas sociales.
  • Innovación metodológica: aplicación de métodos estadísticos de cuantificación de datos para la observación y el análisis histórico.
  • Utilización de métodos hipotético-deductivos para la explicación de los procesos históricos.

La historia social y económica en los Estados

Unidos

The New History

La presentación de la tesis de la frontera de Frederick Jackson Turner promovió en los Estados Unidos, a principios del siglo XX, la realización de estudios históricos de carácter social y económico.

Siguiendo la línea avanzada por Turner, James Harvey Robinson propuso en 1912 la creación de una Nueva Historia cuyas bases rompían radicalmente con la “escuela científica” historicista:

  • Ampliación de la perspectiva del estudio de los hechos políticos, los grandes personajes y el Estado al conjunto de la población.
  • Ruptura con el objetivismo en beneficio de la interpretación hipotético- deductiva.
  • Consideración de los métodos y aportaciones de las ciencias sociales.
  • Relación directa con la sociología y la economía.
  • Intento de aprovechamiento del conocimiento del pasado en el presente.
  • Utilización política por la sociedad democrática estadounidense y el nacionalismo americano.
  • Alejamiento de la ideología marxista y de la lucha de clases.

Esta propuesta innovadora propició el surgimiento de una corriente progresista cuyo desarrollo tuvo como consecuencia la consolidación de la New History como la tendencia historiográfica dominante en los Estados Unidos hasta los tiempos inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Los seguidores de esta Nueva Historia fueron denominados “progressive historians”. Entre ellos, los más destacados fueron Carl Becker, Vernon Parrington, Perry Miller y, sobre todo, Charles Beard. Charles Beard fue el líder de los “progressive historians”. Sus obras reflejan claramente posiciones historiográficas de la New History, como la búsqueda de razones socio-económicas para la explicación de los acontecimientos y los procesos históricos o la aproximación a las ciencias sociales.

Su aportación más célebre fue la interpretación economicista de la Constitución de los Estados Unidos. Beard partió de las tesis de otro historiador progresista, Carl Becker, quien en su obra History of Political Parties in the Province of New York, 1760-1776 , publicada en 1909, explicó que la revolución americana había sido doble: la lucha por la independencia contra los británicos y la lucha de los distintos

grupos sociales por el dominio de la nueva nación. Beard desarrolló esta última idea sobre los conflictos entre clases en su obra más popular, An Economic Interpretation of the Constitution of the United States , publicada en 1913. Tras analizar los Federalist Papers de los padres fundadores de la nación estadounidense (Alexander Hamilton, James Madison y John Jay), Beard llegó a la conclusión de que la Constitución fue motivada por motivos económicos, más que filosóficos. En su opinión, la Constitución fue una “contra-revolución”, una respuesta de las clases altas contra los granjeros y plantadores, y fue elaborada con la intención principal de proteger la propiedad privada o, de forma más general, los intereses de la clase alta frente a las tendencias radicales democráticas desencadenadas por la Revolución. Las ideas de Beard sobre la Constitución estadounidense tuvieron una gran repercusión y recibieron múltiples críticas, especialmente en los años 50 y 60 del siglo XX, en el contexto histórico de la Guerra Fría:

  • Algunos historiadores refutaron los planteamientos de Beard por simplistas, argumentando que la Constitución no se vio influida únicamente por el conflicto de intereses entre las clases altas y las masas populares, sino que hubo mucho más factores que intervinieron en la elaboración de la carta magna.
  • (^) Otros, en cambio, criticaron a Beard afirmando que los padres de la nación no se dejaron llevar por sus propios intereses y que actuaron en beneficio de la unidad política, el desarrollo económico de la nación y la seguridad diplomática.

The New Economic History, la Cliometría o la Historia Cuantitativa

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Nueva Historia de los historiadores progresistas entró en crisis y fue sustituida como tendencia historiográfica dominante por la New Economic History, también llamada Cliometría o Historia Cuantitativa. El cambio se debió a diversas causas:

  • La evolución histórica de los Estados Unidos, que aparecía tras el conflicto bélico como una sociedad sin clases, libre, que no había sufrido grandes conflictos políticos o sociales (tras la Guerra de Secesión) y que se hallaba en pleno crecimiento económico al amparo de la expansiva economía de mercado capitalista. Esta nueva imagen de los Estados Unidos requería una historiografía modernizada y cientificista.
  • La crítica generalizada a los planteamientos de los historiadores progresistas, que basaban fundamentalmente sus explicaciones históricas en los conflictos sociales.
  • Los avances en la teoría económica efectuados por John Maynard Keynes y sus discípulos (especialmente en los conceptos de medición macroeconómicos, como la contabilidad social o el cálculo de productividad).
  • La importancia de los estudios económicos realizados por economistas, como Simon Kuznets (que sería uno de los pioneros de la Cliometría) o Walter Rostow (quien presentó en su obra Las etapas del crecimiento económico la teoría del desarrollo).
  • El avance de la tecnología informática, que permitió el tratamiento y la explotación de ingentes cantidades de información estadística.

la investigación de la historia económica a partir de la aplicación de técnicas cuantitativas para la explicación de cambios económicos e institucionales. Su obra más destacada es Railroads and American Economic Growth , publicada en 1964. En ella, consiguió refutar la creencia general (basada en los estudios de Schumpeter y Rostow) de que el desarrollo capitalista estadounidense había sido posible gracias a la red de ferrocarriles creada en el país. Para ello, construyó un modelo contrafáctico, imaginario, sin ferrocarriles, pero con otros medios de transporte alternativos, y aplicando técnicas de análisis cuantitativas, logró demostrar que la red ferroviaria no había sido un factor decisivo para el desarrollo económico de los Estados Unidos.

  • Robert Fogel y Stanley Engerman. Junto a Engerman, Fogel publicó años más tarde, en 1974, otro estudio cliométrico de gran trascendencia, Time on the Cross: The Economics of American Negro Slavery. En ella, trataron de rebatir algunas ideas generalizadas por la historiografía anterior sobre el sistema de producción esclavista: su estado de decadencia en los momentos previos a la Guerra de Secesión, su ineficiencia, el hecho de que hubiese sido la causa del estancamiento del sur de los EE. UU., las extremadamente penosas condiciones de vida de los esclavos o la creencia de que la Guerra Civil norteamericana solo adelantó su final unos años. Gracias a la aplicación de técnicas cuantitativas y al apoyo de la tecnología informática, Fogel y Engerman pudieron demostrar que la esclavitud era una institución vigorosa y eficiente, que su eliminación se debió a la voluntad política y que las condiciones de vida de los esclavos eran mejores que las de los trabajadores libres de las fábricas. Las afirmaciones de los dos cliometristas generaron una gran polémica. No obstante, no solo fueron objeto de crítica los resultados de las investigaciones de los historiadores de esta nueva tendencia cuantitativista. El debate sobre la cliometría enfrentó a sus representantes con historiadores de otras corrientes:
  • Lawrence Stone dirigió sus críticas contra la falta de fiabilidad y la disparidad de las fuentes utilizadas para los estudios, los problemas de verificación de los resultados de los análisis, y la dificultad para comprender las obras, en las que se primaba el análisis matemático sobre la explicación de los resultados y su interpretación histórica.
  • David S. Landes polemizó sobre el fetichismo del número y de la cuantificación en perjuicio de la interpretación histórica.
  • Eric Hobsbawm criticó la aplicación de modelos contrafactuales y el presentismo de los enfoques.
  • (^) Jon Elster atacó igualmente los modelos contrafácticos.
  • Douglas North revisó la evolución de la cliometría y descubrió algunos problemas: la elaboración de análisis superficiales de eventos y de problemas microeconómicos, sin realizar interpretaciones de procesos históricos, como la transformación de los sistemas económicos o el crecimiento a largo plazo.

La historia social y económica en Europa

Gran Bretaña

Desde los años finales del siglo XIX, con el desarrollo del capitalismo y la difusión de las tesis económicas marxistas, el estudio de la historia económica experimentó un considerable auge en Gran Bretaña. Hitos claros de este período son los trabajos de los siguientes historiadores:

  • Las Lecciones sobre la Revolución Industrial de Arnold Toynbee (1884).
  • El libro La organización industrial en los siglos XVI y XVII (1904) de George Unwin.
  • La clásica obra de John Clapham, El desarrollo económico de Francia y Alemania (1921). Paralelamente a la New History y la historia social marxista, en Gran Bretaña apareció una corriente historiográfica del movimiento obrero no marxista, cuyos temas de estudio principales tuvieron relación con la revolución industrial, el desarrollo del capitalismo y las formas organizativas obreras. Entre los representantes de esta tendencia, podemos destacar dos matrimonios:
  • Beatrice y Sidney Webb. Iniciaron en 1894 el estudio de las organizaciones sindicales con la publicación de la obra The History of Trade Unionism. El ensayo relataba el origen y crecimiento de los sindicatos desde el siglo XVII. Recuperaba abundante documentación sindical de enorme valor para la historia industrial. En su contra, se puede señalar que se trataba de una simple descripción, carente de análisis histórico, y que su enfoque era moralista, parcial, idealizado y paternalista (retrataba al obrero bueno y sufridor frente al patrono malo y explotador).
  • Barbara y John Hammond. Escribieron una trilogía sobre los efectos de la industrialización sobre las clases trabajadoras populares: The Village Labourer (1911), The Town Labourer (1917) y The Skilled Labourer (1919). En ellos, describen las condiciones de vida de los campesinos, los obreros y los mineros, incidiendo en temas como los desequilibrios económicos y sociales, las reacciones populares contra la opresión de los propietarios y el maniqueísmo moralista entre buenos y malos. Los tratados cuentan con abundante bibliografía y una mínima reflexión plasmada en sendos capítulos de conclusiones. Tras la publicación de estos autores socialistas fabianos, la historia económica británica cobró auge y a partir de 1929 los historiadores económicos contaron con un excelente instrumento de difusión de sus trabajos: The Economic History Review (aún activa en la actualidad).

Francia y Bélgica

Como ya indicamos, en Francia las nuevas ideas historiográficas que pretendían la ampliación del objeto de estudio de la historia a la sociedad y la economía y el acercamiento a las ciencias sociales tuvieron mejor acogida que en Alemania.

Diversos autores comenzaron a enfrentarse abiertamente a la escuela “metódica”, remarcando la importancia de los aspectos sociales y económicos en la construcción histórica:

  • El sociólogo Émile Durkheim propuso la subordinación de la historia a la sociología.
  • Henri Berr realizó una propuesta integradora: la introducción de aportaciones de las ciencias sociales en la síntesis histórica.
  • La necesidad moral de los historiadores por investigar la evolución del Estado alemán desde el siglo XIX hasta la dictadura nacionalsocialista para llegar a comprender y explicar los crímenes nazis.

Si bien ambas labores fueron desarrolladas por algunos historiadores tradicionales, el surgimiento de una nueva generación de historiadores, formados tras el conflicto bélico e influidos por las propuestas de Kehr, enriqueció considerablemente la historiografía alemana, dando origen a una nueva corriente llamada Historia Social Alemana.

Los principales representantes de esta línea historiográfica fueron los alemanes Hans-Ulrich Wehler, Jürgen Kocka y Hartmut Zwahr, y el austriaco Michael Mitterauer. En los años 70, la nueva tendencia de la historia social empezó a romper el monopolio del historicismo clásico en las universidades. Además, como consecuencia de las fundaciones de la serie de monografías Estudios críticos sobre la ciencia histórica en 1972 y de la revista Historia y Sociedad en 1975, las posibilidades de publicación para estos nuevos historiadores se multiplicaron. Los historiadores sociales de la República Federal Alemana buscaron respuestas a las necesidades historiográficas que se plantearon en aquella época.

En cuanto a la revisión del historicismo, sus planteamientos presentaron las siguientes características generales:

  • Promovieron la inclusión de aspectos sociales y económicos en los estudios históricos.
  • Criticaron la instrumentalización política de la Historia.
  • Se centraron especialmente en el estudio del movimiento obrero y de la evolución de la sociedad industrial.
  • Introdujeron la demografía histórica, con sus métodos cuantitativos, en los estudios de historia social y económica.
  • Pretendieron reforzar el carácter científico de la historia.
  • Intentaron identificarse con el nuevo Estado social democrático de su época.

En cuanto al estudio del movimiento nazi y de sus catastróficas consecuencias, rompieron radicalmente con las interpretaciones de los historiadores tradicionales:

  • Buscaron las causas del triunfo del nacionalsocialismo en precedentes ideológicos y políticos (teorías anexionistas, antisemitas y antidemocráticas).
  • Desmontaron el planteamiento historicista que presentaba el período de la

dictadura nazi como unparéntesis accidental y sorprendente de la

democracia alemana, provocado por el excesivo poder de un

dirigente, Adolf Hitler, y el genocidio subsiguiente como una

más de las manifestaciones del horror, habitual en el siglo XX

en todo el mundo y especialmente en el marco del stalinismo

de la URSS.

Las diferentes interpretaciones sobre las causas y las consecuencias del nazismo llevaron a los historiadores de ambas tendencias a entablar un duro debate en los años 80, que enfrentó inicialmente a Ernst Nolte(historicista) y a Jürgen Habermas (historiador social), y que tuvo una importante repercusión social al tener eco en

los medios de comunicación de masas. El debate perduró hasta bien entrados los años 90.

Orígenes de la historiografía marxista

Karl Marx

Karl Marx nació en Tréveris, en 1818, en el seno de una familia burguesa judía convertida al protestantismo y atraída por el espíritu de la Ilustración. Realizó sus estudios, entre los años 1830 y 1835, en el instituto de Tréveris, y después, entre 1835 y 1840, en las universidades de Bonn (Humanidades) y Berlín (Derecho y Filosofía). Defendió su tesis sobre el pensamiento griego (el estoicismo, el epicureísmo, etc.) en Jena en 1841. Colaboró en revistas -Gaceta renana, los Anales franco-alemanes- y, tras un largo noviazgo, se desposó conJenny von Westphalen, en 1843. El “joven Marx” asimiló la filosofía de Hegel y después la puso en duda, dialogó con los “jóvenes hegelianos” - Arnold Ruge, Bruno Bauer, Ludwig von Feuerbach- y redactó sus primeros “cuadernos de trabajo” - Manuscritos económicos y filosóficos (1844), La ideología alemana (1845-1846)-. Entre 1844 y 1850 vivió en París, Bruselas, Colonia y Londres. Trabó con Friedich Engels una amistad a toda prueba y una entente intelectual fructífera. Entró en contacto con los socialistas franceses, polemizando conPierre-Joseph Proudhon - Miseria de la filosofía (1847)-. Participó en la Liga de los Comunistas y se entusiasmó con las revoluciones europeas - Manifiesto del partido comunista (1848)-. Estudió especialmente los acontecimientos que se desarrollaron en Francia

  • La lucha de clases en Francia (1850); El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1852)-. A partir de 1851, Marx y su familia se instalaron con carácter definitivo en Londres, y vivieron de los artículos que Marx escribía para grandes diarios -como el New York Tribune o el Neue Rheinische Zeitung-, beneficiándose de vez en cuando de la ayuda financiera que le prestaba su amigo Engels. En 1864, Marx intervino en la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, cuyos “estatutos” y “discurso inaugural” redactó. En los años siguientes se enfrentaron, en el seno de la organización, los amigos de Marx con los partidarios de Proudhon y, después, con los de Mijaíl Bakunin. Tras la experiencia de laComuna - La guerra civil en Francia (1871)-, los marxistas abandonaron la AIT, dominada por los anarquistas. Durante más de treinta años, Marx consagró lo esencial de su energía a leer muchísimo, a acumular voluminosos cuadernos y a publicar algunos bosquejos - Los principios de economía (1857), La crítica de la economía política (1859)-, hasta llegar a la publicación de su obra más importante: el libro I de El Capital , en 1867. Después, Marx continuó dedicado a su tarea, pero la enfermedad le fue debilitando, y murió en 1883. Engels acabó El Capital , a partir de las notas dejadas por su amigo y de sus propias reflexiones, publicando ellibro II en 1885 y el libro III en 1894.

El materialismo histórico

El marxismo apareció durante la segunda mitad del siglo XIX, en un momento en que el historicismo era la tendencia historiográfica dominante tanto en Europa como en Norteamérica.

La nueva corriente de pensamiento, conformada inicialmente a partir de los escritos de Karl Marx y, en menor medida, de Friedrich Engels, tuvo las siguientes raíces intelectuales: