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La Identidad: Concepto, Proceso y Dimensiones, Tesinas de Formación y Orientación Laboral

Una teoría sobre la identidad basada en la epistemología de la complejidad y el constructivismo social. Se aborda el concepto de identidad, su relación con el self y la identificación, y se exploran sus aspectos cognitivos, afectivos, comportamentales y volitivos. Se destaca la importancia de las conversaciones y posicionamientos discursivos en la construcción de la identidad.

Tipo: Tesinas

2020/2021

Subido el 29/08/2021

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http://www.tesisenxarxa.net/TESIS_UB/AVAILABLE/TDX-0614105-124821//
TESIS_O.LASAGA_MILLET.pdf
IDENTIDAD E IDENTIFICACION (RESUMEN)
UNIVERSIDAD DE BARCELONA
FACULTAD DE PSICOLOGIA
DEPARTAMENT DE PSICOLOGIA SOCIAL
TESIS DOCTORAL
LA IDENTIDAD EUROPEA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL COMPLEJA:
ANÁLISIS DE LA BORROSIDAD EN EL DISCURSO DE LA IDENTIDAD
EUROPEA GENERADO MEDIANTE ESCENARIOS DE FUTURO
Olga Lasaga Millet
Director:
Dr. Frederic Munné Matamala
Barcelona, 2004
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http://www.tesisenxarxa.net/TESIS_UB/AVAILABLE/TDX-0614105-124821// TESIS_O.LASAGA_MILLET.pdf

IDENTIDAD E IDENTIFICACION (RESUMEN)

UNIVERSIDAD DE BARCELONA

FACULTAD DE PSICOLOGIA

DEPARTAMENT DE PSICOLOGIA SOCIAL

TESIS DOCTORAL

LA IDENTIDAD EUROPEA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL COMPLEJA:

ANÁLISIS DE LA BORROSIDAD EN EL DISCURSO DE LA IDENTIDAD

EUROPEA GENERADO MEDIANTE ESCENARIOS DE FUTURO

Olga Lasaga Millet Director: Dr. Frederic Munné Matamala Barcelona, 2004

LA IDENTIDAD COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL COMPLEJA

"Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio hay que cambiar" (Elliot Gould). La disyuntiva a la que se enfrenta Hamlet - sin duda una de las frases más conocidas y citadas de la obra shakesperiana -refleja una de las grandes inquietudes del ser humano a lo largo de la historia: "ser o no ser: ésta es la cuestión". Este planteamiento literario en términos dicotómicos entre el ser y la nada produce un especial impacto en el lector, sin embargo desde la perspectiva de la complejidad entre el ser y el no ser se desarrolla toda la historia de cada individuo. La búsqueda de una respuesta a la cuestión planteada por Hamlet y la necesidad que todos experimentamos de dar sentido a nuestra propia historia nos conduce a afrontar uno de los temas centrales de las ciencias sociales, que ha sido tratado desde la filosofía, la psicología, la sociología, la pedagogía, etc.: la identidad. A lo largo de este capítulo se expone un modelo teórico de identidad basado en los principios de la epistemología de la complejidad y el construccionismo social. En este sentido, siguiendo a Munné (1999 b), se concibe la identidad como mismidad y el self como las dimensiones multifacéticas de la identidad. Este sistema complejo constituido por la identidad y las distintas facetas del self se configura en base a una serie de autorreferencias y heterorreferencias. Las heterorreferencias comportan un proceso de identificación de la persona con otra persona, grupo o categoría. Este proceso de identificación es un proceso social complejo que presenta distintos aspectos y que incidirá en la configuración de las distintas facetas del self. Tanto la identidad y las distintas facetas del self como el proceso de identificación y sus efectos en cuanto heterorreferencia, se modulan y se expresan a través del lenguaje. En este sentido, y aplicando a este modelo los presupuestos construccionistas, se destaca la función relacional del lenguaje y se considera que las narrativas de identidad se articulan en conversaciones y posicionamientos discursivos. 2.1. CONCEPTO DE IDENTIDAD La primera cuestión que es preciso abordar al tratar el tema de la identidad es el concepto de la misma. ¿Qué es la identidad? ¿Qué significa este término tan comúnmente utilizado? ¿Tenemos una única identidad o varias? ¿La identidad es lo que permanece invariable y nos da un sentido de continuidad o por el contrario se va modificando a lo largo de nuestra historia vital?. E n este apartado se pretende dar respuesta a estos interrogantes. Para ello se procederá, en primer lugar a analizar la etimología de la palabra y la definición que de la misma se realiza en los diccionarios tanto generales como

(3) Por el contrario, cuando nos centramos en la definición psicológica del término, identidad supone simultáneamente mismidad y diferenciación. La identidad es a la vez aquel conjunto de características que nos permiten reconocernos a nosotros mismos a lo largo de nuestra vida otorgándonos un sentido de continuidad y aquello que nos hace diferentes a los demás y que permite distinguirnos. (4) El concepto psicológico de identidad no tiene una dimensión exclusivamente personal sino que se predica también de los grupos y colectivos siendo en ese caso el conjunto de características que marcan la pertenencia o membrecía y a la vez que lo diferencian de otros grupos o colectivos. (5) La identidad es estática y dinámica, es estructura y proceso. Por una parte, es el conjunto de características que permanece constante y nos da una sensación de continuidad y mismidad pero, por otra, evoluciona y cambia fruto de la reflexividad inherente al propio concepto (García Sierra, 1998). Tras esta primera aproximación terminológica de carácter genérico, procederemos a centrarnos exclusivamente en el ámbito psicológico para analizar los distintos términos y conceptos que se han utilizado en esta disciplina para referirse a la identidad. 2.1.2. Diversidad terminológica y conceptual Tal y como pone en evidencia Morales (1989) y como se ha constatado en el apartado anterior, el término identidad es uno de los más polisémicos de nuestro vocabulario lo cual refleja la importancia y riqueza que tiene en nuestra cultura. Pero, no sólo nos enfrentamos a una pluralidad de significados sino que, cuando exploramos la literatura psicológica al respecto, hallamos una multiplicidad de significantes para referirse, con diversos matices, al mismo fenómeno. A pesar de la heterogeneidad en el uso de los términos si puede afirmarse, siguiendo a Morales (1989), que hablar de identidad conlleva necesariamente hablar del yo o el self y viceversa. En consecuencia, el fenómeno del self y de la identidad se hallan inextricablemente unidos. A continuación se expondrá el modelo que sobre identidad, self e identificación se sostienen en la presente tesis. 2.1.3. Self, identidad e identificación. Como ponen de manifiesto Ellemers, Spears y Doosje (2002), uno de los principales problemas que con frecuencia se dan en la literatura psicológica sobre identidad es la utilización indiferenciada de los términos. A lo largo del presente apartado se definirán los conceptos sobre los que se construye el modelo teórico en que se sustenta la presente tesis y que son, tal y como enuncia el título: el self, la identidad y la identificación. El modelo teórico que se presenta es un modelo integrador en el que se pretende una aproximación al fenómeno de la identidad sin reducir su complejidad.

En consecuencia, para entender el complejo fenómeno de la configuración de la identidad de una persona o de un colectivo no sólo debemos atender a las relaciones entre las distintas caras o aspectos del self y el núcleo de identidad sino también al proceso de identificación. IDENTIFICACION Entendemos por identificación, siguiendo a Deaux (1996), el procedimiento a través del cual se produce una conexión entre una persona y otra o un grupo. Con la introducción este concepto se hace especial hincapié en la dimensión procesual y social del fenómeno identitario. Así mismo conviene ya poner de relieve que, tal y como sostienen Ellemers, et. al (1999), el grado de identificación de una persona con otra o con un determinado grupo variará no sólo respecto de cada individuo sino dependiendo del contexto y circunstancias de dicho individuo en cada momento de su vida. En el proceso de identificación se dan aspectos cognitivos, emocionales, comportamientos o volitivos que se analizarán con el fin de constatar la formación dinámica de la identidad. 2.2. LA IDENTIFICACION La identificación o mejor dicho, la multiplicidad de identificaciones con otras personas, grupos sociales, colectivos o categorías constituyen el conjunto de heterorreferencias que, en cada momento y junto con las autorreferencias, configuran el self de un individuo y conforman su identidad. Este proceso de identificación supone la apertura al mundo que le rodea. Abarca desde la identificación del niño con las figuras parentales, a la adopción de los colores e himno de un equipo deportivo, la utilización del lenguaje y costumbres de una determinada profesión o el sentimiento de pertenencia a una nación o una etnia. En consecuencia, en algunos supuestos la identificación se produce con personas o grupos con los que existe un contacto directo y físico mantenido en el tiempo (relaciones familiares, pertenencia a un equipo de fútbol…) y en otros la identificación se puede producir, con la misma o mayor intensidad, sin que se de esta relación física (afiliación política, sentimiento nacionalista…). En algunos supuestos la identificación implica una adscripción voluntaria y positiva (afiliación política, pertenencia a una asociación…), en tanto que en otros supuestos se produce de forma automática con independencia de la voluntad del sujeto (identidad nacional, relaciones familiares…). En ocasiones, la identificación comporta necesariamente una actividad conjunta (identificación como miembro de una entidad empresarial…) mientras que en otras no es preciso ningún tipo de interacción con los demás miembros de la categoría (identidad nacional…). Incluso cabe la posibilidad, como apuntan Polleta y Jaspers (2001), de que la identificación se produzca con grupos que inicialmente han sido creados por terceros (un ejemplo de ello serían los “hispanos” de EE.UU.). Sin duda, se trata de un fenómeno psicosocial complejo con diversas facetas y que ha sido abordado por distintas corrientes teóricas.

Así, cuando hablamos de los aspectos cognitivos del proceso de identificación nos referimos tanto al sentido de la experiencia individual de pertenencia al grupo, cuanto a la conciencia de la diferenciación con otros grupos y los motivos de dicha diferenciación así como al conjunto de significados compartidos por los miembros del grupo. 2.2. Aspectos afectivos del proceso de identificación Cuando hablamos de los aspectos afectivos del proceso de identificación nos situamos en el marco teórico de las teorías psicoanalíticas y de la psicología evolutiva. Freud (1955) destaca especialmente los elementos afectivos cuando desarrolla la teoría sobre la identificación que se produce en la infancia con las figuras parentales. Define la identificación como la percepción de una comunalidad de cualidades con otra persona significativa. Esta identificación, que en la infancia puede producirse de una forma más inconsciente, se convierte en un proceso de elección consciente en las etapas evolutivas posteriores. Es en los procesos de identificación que se dan en la adolescencia y en la adultez donde los aspectos emocionales adquieren una mayor relevancia. Los afectos y las emociones que surgen en el proceso de identificación contribuyen a configurar la autoestima del individuo. Tal y como expone Meaux (1996), el individuo tenderá a mantener la afiliación con los grupos que le supongan una valoración positiva y consecuentemente contribuyan a mejorar su autoestima en tanto que si la pertenencia le comporta sentimientos negativos tenderá a marchar del grupo. Ello ha llevado incluso a algunos autores a desarrollar modelos que miden la autoestima para determinar el grado de identificación de los miembros con el grupo (Crocker, et al. (1993), Luthanen y Crocker (1992)). Ahora bien, a pesar de la presencia del componente afectivo del proceso de identificación, es fácil constatar que su importancia variará en los distintos tipos de identificaciones. Probablemente, la presencia de elementos afectivos y emocionales gozarán de una especial trascendencia en el sentimiento de identidad de minorías étnicas, en cambio tendrá menor significación en los grupos generados más artificialmente, por ejemplo en entornos laborales. Por otra parte, tal y como señalan Breakwell (1986) y Ethier y Meaux (1994), los sentimientos y emociones que reporta la identificación con un determinado grupo cambian y evolucionan a lo largo del tiempo. Incluso cabe la posibilidad de que concurran sentimientos contradictorios, positivos y negativos, respecto de la pertenencia a un determinado grupo. Ahora bien, aún así, como sostiene Jasper (1998), la concurrencia de sentimientos positivos es un elemento clave para que se dé una efectiva identificación. 2.2.3. Aspectos comportamentales del proceso de identificación La referencia a los aspectos comportamentales nos sitúa en el marco de la teoría de los roles y del interaccionismo simbólico. Ambas teorías se caracterizan por considerar que el individuo desempeña un conjunto de roles, entendidos como pautas o reglas, más o menos estandarizadas, de comportamiento social (Munné, 1995 a), que variarán y se irán redefiniendo a los largo de su vida.

Ahora bien, en la formulación inicial de la teoría de los roles la libertad de elección de los mismos queda limitada a los disponibles en función del papel que desempeña. Según esta teoría, la identificación coloca al individuo en una determinada posición en relación a todas las demás personas que ocupen roles complementarios. Ello es así dado que cada rol comporta un conjunto de pautas o reglas. La identificación del individuo con determinado rol dará lugar a que comparta, con las restantes personas que desempeñen idéntico rol, el conjunto de reglas, pautas y expectativas atribuidas al mismo. Por ejemplo, ocupar el rol de profesor no sólo supone la existencia del rol complementario, es decir alumno, sino una comunalidad con los restantes profesores con los que compartirá una serie de comportamientos, conductas y objetivos. En el interaccionismo simbólico el individuo tiene una mayor responsabilidad en la elección de los roles que decide desempeñar. Desde esta perspectiva, la identificación supone “un proceso activo de construcción en el cual la identidad se desarrolla tanto en base a la experiencia personal como a las normas sociales” (Deaux, 1996, p.778). En consecuencia se amplían, desde esta perspectiva, los roles posibles: ya no sólo se consideran roles las posiciones socialmente pautadas o regladas como padre, arquitecto o estudiante sino también otras menos reglamentadas como aficionado al deporte, simpático, o depresivo. Esta mayor flexibilidad en la concepción de los roles se hace evidente en el uso de la metodología del TST (Twenty Statements Test) desarrollada por Kuhn y McPartland (1954) y consistente en contestar veinte veces a la pregunta ¿quien soy yo?. En respuesta a esta cuestión surgen, tal y como explica Codina (1998), afirmaciones consensuales que se refieren a pertenencia a grupos o clases socialmente definidos (madre, arquitecto, catalana…) y otras no consensuales que requieren de la interpretación por parte del emisor (simpático, interesado por los deportes de riesgo, aficionado a coleccionar…). Tanto la teoría de los roles como el interaccionismo simbólico se sitúan en el ámbito de la actuación y el comportamiento y ello, en materia de identificación, lleva a plantear la relación de interdependencia entre los miembros de una misma categoría. Esta interacción puede tener distinto significado y producirse con distinta intensidad en las diferentes identificaciones. Brown (1988) diferencia entre la interdependencia de destino y la interdependencia de función. En el primer supuesto se comparte un sentimiento de comunalidad, de “estar en el mismo barco”, que tanto puede darse de forma continuada y sostenida en el tiempo (por ejemplo, por formar parte de una etnia minoritaria) o puntualmente fruto de unas circunstancias concretas (por ejemplo, la tripulación y los pasajeros de un vuelo que es secuestrado). En el segundo caso, se comparten tareas con un objetivo común con lo cual la interdependencia adquiere un papel principal en la consecución de las metas u objetivos perseguidos. En consecuencia, los aspectos comportamentales del proceso de identificación suponen tanto el análisis de las reglas y pautas de comportamiento que comparten los miembros de un determinado grupo cuanto de las metas y objetivos compartidos que contribuyen a generar una determinada imagen del grupo o clase.

paciente, atenta a las necesidades de mis hijos… (como profesional) soy eficiente, trabajadora, puntual …, (como amiga) soy una organizadora nata…. Por autoconcepto se entenderá, la definición que hacemos de nosotros mismos como personas racionales. Así, nos podemos definir como una persona trabajadora, experta en temas financieros, responsable, etc. Por autoestima se entenderá, la definición que realizamos de nosotros mismos en términos de valores, emociones y sentimientos. Nos podemos definir como apasionados, vitales, defensores de la igualdad de oportunidades, etc. Por autorrealización se entiende, la definición que hacemos de nosotros mismos como personas capaces de conseguir unos objetivos o metas. En este sentido nos podemos definir como personas constantes, con capacidad de superación, autoexigentes, etc. Estas distintas facetas o caras del self, en mayor o menor grado, se hallan presentes en la configuración del mismo. A lo largo de una trayectoria biográfica puede ir variando el aspecto o faceta que la persona considera central. Por otra parte, la separación entre las distintas facetas o caras del self no presenta unos límites claros. No estamos ante conceptos cerrados y autocontenidos que no mantienen relación alguna entre ellos, sino ante conceptos borrosos. Por concepto borroso se entiende, según Kosko (1999), el grado en que el mismo se iguala con su opuesto. La identidad se concibe como mismidad. La identidad nos confiere una sensación de unidad y permanencia, el sentido de ser nosotros mismos a pesar de las vicisitudes de nuestras historias La relación entre las distintas caras del self y la identidad surge a la vez de las autorreferencias, entendidas como relaciones subjetivas, y de las heterorreferencias, entendidas como relaciones con otros constituyendo por tanto la dimensión social. De hecho, cualquier atribución que nos hagamos tiene sentido por y en el contexto socio - histórico en el que nos movemos. Así pues autorreferencia y heterorreferencia se implican mutuamente. Si una persona puede definirse como un médico de reconocido prestigio y fama internacional es porqué en la sociedad de la que forma parte, la clase médica es un colectivo con una identidad social propia y dicho colectivo se caracteriza por ser altamente competitivo desde un punto de vista científico, en el que para ser reconocido como alguien importante es necesario destacar por una labor innovadora y reconocida por el resto del colectivo. De lo expuesto parece derivarse una relación directa entre los distintos aspectos del proceso de identificación y las cuatro caras del self emparejándose:

(1) el autoconcepto con el aspecto cognitivo del proceso de identificación. (2) la autoestima con el aspecto afectivo del proceso de identificación. (3) la autoimagen con el aspecto comportamental del proceso de identificación. (4) y la autorrealización con el aspecto volitivo del proceso de identificación. Ahora bien, para entender correctamente el proceso de identificación y su relación con el self y con la identidad deben tenerse en cuenta las siguientes características del mismo:

  • La identificación es un proceso complejo configurado, como mínimo, por todos los aspectos que se han expuesto anteriormente. Es decir en dicho proceso se hallarán presentes, en mayor o menor grado, los aspectos afectivos, cognitivos, comportamentales y volitivos.
  • Al igual que ocurría con las distintas caras del self, tampoco pueden marcarse una fronteras nítidas entre los distintos aspectos sino que frecuentemente se crean espacios comunes entre ellos.
  • En consecuencia, la identificación constituye, al igual que el self, un sistema borroso en el que cada uno de los aspectos comparte espacios de comunalidad con los restantes.
  • El grado de identificación puede ser diverso entre los distintos componentes del grupo y además variará para cada individuo a lo largo de su vida en función del contexto en que se halle y las circunstancias que concurran. 2.3. LA DIMENSIÓN NARRATIVA DE LA IDENTIDAD Tras exponer el concepto de identidad, self e identificación que se sustentan en la presente tesis es necesario afrontar el tema de cómo se construye y cómo se expresa esta identidad. Indudablemente la pregunta nuclear en materia de identidad - ¿quién soy? - genera no una, sino múltiples respuestas y ello nos introduce en la dimensión narrativa de la identidad. Por dimensión narrativa de la identidad se entiende la exposición del conjunto de acontecimientos relevantes para una determinada persona, en un determinado momento y contexto, que tienen una dimensión temporal y le permiten conectar su pasado con las esperanzas del futuro. Es decir, se trata de una historia expuesta de un modo temporal que no tiene porque responder a un orden cronológico estricto y que permite al individuo dar sentido a su existencia. Ahora bien, las respuestas a quién soy yo, no sólo tienen una función comunicativa e informativa para los demás acerca de cómo somos y cómo nos vemos afectados por las relaciones, las circunstancias y hechos que nos envuelven sino que tiene también una función constructiva de la propia identidad. En este sentido Gergen & Gergen (1984), sostienen que por medio de las narrativas de identidad, “En lugar de ver su vida como simplemente 'una maldita cosa después de otra', el individuo intenta entender sus acontecimientos vitales relacionándolos sistemáticamente. Tales creaciones de

Codina, N. (1998). Autodescripción del self en el TST: posibilidades y límites. Psicologia & Sociedade, 10, 1, (pp. 141 - 156). Codina, N. (2000). Una aproximación cualitativa a la complejidad del self. En D. Caballero, M. Méndez y T. Pastor (Eds.) La mirada psicosociológica: Grupos, procesos, lenguajes y culturas. Madrid: Biblioteca Nueva. (pp. 750- 755). Codina, N. (2002). El ocio en el sistema complejo del self. En M.J. Cava Mesa (Ed.) Propuestas alternativas de investigación sobre ocio. Bilbao: Universidad de Deusto. (pp.57-72). Codina, N. (2004, en prensa). La complejidad del self y análisis empírico de su borrosidad. Deschamps, J.C y Devos, T. (1996). Relaciones entre Identidad Social e Identidad Personal. En J.F. Morales, S. Worchel, D. Páez y J.C. Deschamps (Eds.) Identidad social: Aproximaciones psicosociales a los grupos y a las relaciones entre grupos. Valencia: Promolibro. Doise, W., Deschamps, J. & Mugny, g. (1980). Psicología social experimental. Barcelona: Hispano Europea. : Gecas, V. (1982). The self-concept. Annual Reiew of Sociology. 8, pp. 2-

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