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Asignatura: Historia do mundo contemp., Profesor: profesor de historia Balboa, Carrera: Ciencias Políticas y de la Administración, Universidad: USC
Tipo: Apuntes
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Este ensayo se encuentra planteado desde una perspectiva correspondiente a los encargados de realizar un informe para altos representantes políticos, cuyo fin es la continuidad del sistema de base y cuerpo capitalista en nuestro siglo.
La autora de dicha creación ensayística, divide en diferentes capítulos los distintos elementos de este sistema para facilitar su análisis y comprensión.
El punto de partida lo protagonizan las “amenazas y obstáculos” a los que actualmente se enfrenta, y establece los mecanismos de control destinados a poder encauzar la evolución de una manera posible. El tercer capítulo es el encargado de estas actuaciones. Para ello, establece las bases o “pilares” de lo que debe ser la solución al sistema, ayudado por los principales “flagelos” o “destructores” que posibilitarían dicha solución, y la prevención de los factores de más riesgo para la eliminación. En el capítulo noveno, expone los principales inconvenientes, que; si se abordan desde otra perspectiva, pueden ser beneficiosos.
Susan George, a quien se le atribuye la autoría de dicha obra, culmina el Informe con un “anexo” en el que proponen las alternativas a seguir si el deseo es la preservación capitalista; esta vez, desde la perspectiva más razonable o, si se prefiere, menos cruel (a riesgo de parecer hipócrita) que las salidas dadas a lo largo del Informe.
Comenzamos el análisis examinando las amenazas a las que se ve sometido el capitalismo: el desastre ecológico, un excesivo crecimiento económico, el extremismo ideológico, la corrupción y la posibilidad de una ruptura financiera a corto plazo (un nuevo “crack”). Estas amenazas son reales y evidentes. Quizás, la más visible sea la que afecta al medio ambiente. La trágica pérdida del respeto por el medio –y digo pérdida con el conocimiento de que pueda no ser la palabra más correcta, pues el respeto al medio, a lo largo de la Historia fue escaso; y las consecuencias no se vieron hasta ahora, debido a la ausencia de tecnología que lo dañara-. Expone que el problema de dicha amenaza es que no se paga el precio del consumo de elementos naturales –sea aire o demás factores del medio-. Claro está que no todos son gratis; como ejemplo representativo es suficiente con querer comprar una parcela o una porción de terreno.
Con todo, no es del todo cierto.
En mi opinión (siempre personal y nunca concluyente), para poder pagar o cobrar el precio de los bienes naturales es necesaria una conciencia medioambiental más efectiva; pues no es el dinero un factor del ecosistema propiamente dicho, sino que éstos son limitados, por lo que el mercado de este tipo de bienes debería, no eliminarse, pero sí reducirse a un monopolio de una entidad internacional legitimada por todos y que controlara su uso. Hecho, por otro lado, utópico; pero que podía ser precedente de algunas alternativas al problema.
Las otras amenazas que cita la autora con el crecimiento excesivo de la economía, que no implica siempre bienestar. Por el contrario, una gran economía no se puede utilizar como sinónimo de buenas prestaciones, y en muchos casos, es, más bien; todo lo contrario, y las situaciones de desigualdad están a la orden del día.
Precisamente, estas desigualdades son las que provocan otra amenaza: el extremismo. Los dos polos situados en ricos y pobres, producen, a veces, un sentimiento de ira contra los más favorecidos económicamente, por parte de los que no lo son, que se acentúan por la influencia de los medios de comunicación y la proximidad espacial entre ellos. Esto puede provocar, si la potencia de la respuesta es considerable, una fuerte desestabilización económica que, en casos extremos, conduciría a un hundimiento en determinados sectores. Por último, la amenaza que puede afectar al sistema, está íntimamente ligada a él. Es la corrupción a nivel internacional. Con la globalización económica, ciertos actos delictivos aprovechan el anonimato que ésta produce para lograr beneficios que, si llegan al extremo, acabarían por suplantar a las actividades legítimas.
Todas estas amenazas tienen que ver con la propia naturaleza del sistema: la inestabilidad propia de éste, la no predicción del punto de inflexión que determina una etapa u otra…
Por ello, existen unos mecanismos de control, aunque son ineficientes. La consecuencia podía derivar en un derrumbe económico, debido a causas aparentemente menores, provocadas, a su vez, por las interacciones económicas a nivel planetario. Esta desprotección tiene su origen en unas instituciones cuya misión no ofrece una “barrera” efectiva. Éstas son algunas de las creadas después de la II Guerra Mundial (sólo cumplen una función reguladora); el BIP, el Banco Mundial, el FMI, la ONU, la OMC…
Además, la globalización, produce un mercado de información instantánea que lleva a la consiguiente incertidumbre, agravada por el desconocimiento histórico de algún antecedente con características mercantiles similares.
Es tal la ausencia de regulación en los mercados, que sólo el de bienes y servicios está afectivamente regulado por la OMC, mientras que los financieros, laborales y medioambientales carecen de una organización supranacional que puede predecir éxitos, fracasos o simples actuaciones.
Todo este cúmulo de libertades encierra una contradicción: para que todos gocen de libertad debe existir una mínima regulación que abarque a todos, lo que implica la renuncia a algún beneficio. Por lo tanto, la propuesta “más nacional” sería una normativa que albergue todos los agentes económicos (incluido el medio natural) pero se debe llevar a cabo también en el ámbito político, no sólo el económico y el psicológico.
Todos estos parámetros son los responsables del impacto que produce el sistema, pero, en la práctica; se reducen a tres: el consumo, la tecnología y la población.
El primero de ellos, y como la autora muestra, es el consumo, del que deduce que una disminución de éste en el Norte no implica un aumento en el Sur. Tendemos a aprobar a aquellas personas que sacrifican su alimento en lo que, dicen, es un atenuante del sufrimiento de los subdesarrollados. Esto no es cierto. El mercado en el que estamos inmersos no funciona de esta forma, sino que sigue la ley de la oferta y la demanda: si en el Norte, por ejemplo, no reclamamos productos del Sur, simplemente éstos no lo “fabrican”. A riesgo de ser demasiado simple en mi anotación, ésta es, básicamente, la norma en la actualidad.
La tecnología y sus avances tampoco son un alivio para el planeta: si producimos con factores más eficaces, no provocamos el impacto tan destructor, pero los consumidores demandarían más y las consecuencias serían similares.
Con respecto a la población, encontramos el mayor problema que, según la autora, supone para el capitalismo. Y comparto la opinión. El liberalismo económico representa también un liberalismo, al menos, “semisocial” y, en consecuencia, político. Sin embargo, ¿hasta que punto es legítimo que el aumento de
F 0 A 8Económicas (crecimiento y eficiencia del capitalismo: no implica bienestar de todos, pues el dinero y las recompensas irán “hacia los propietarios de los conocimientos y del capital” y no de los trabajadores). F 0 A 8Políticas (la paz y la seguridad, que pasan por establecerse en democracia –esta afirmación puede ser discutida, pues no todos los estados democráticos tienen seguridad y paz-. La democracia implica participación de todos los ciudadanos y, por lo tanto, igualdad legal, pero no conlleva que esos ciudadanos, por medio de sus representantes, no mantengan una lucha por sus intereses en otros estados). F 0 A 8Comerciales (comercio e inversión sin restricciones: tampoco da lugar a un justo reparto de recursos: la inversión puede hacerse en vistas al trabajo infantil, pues el rendimiento es mayor, y no con ello se respetan los derechos –si el trabajo significa explotación-.)
F 0 A 8Financieras (la movilidad monetaria –que puede dar lugar al mayor enriquecimiento de los más ricos, pues los pobres, cuando tienen poder económico, adquieren lo de aquellos, que; por otro lado, hacen posible el funcionamiento de la economía). F 0 A 8Ecológicos. F 0 A 8Demográficos.
La contradicción se eliminaría si supiésemos detener a los responsables de la crisis. La autora propone una “democracia internacional”, y reforzar la local y la nacional, y la creación de una globalización alternativa con un régimen fiscal internacional.
Es, en definitiva, un intento por llevar el capitalismo a la supervivencia, que pasa por dar impulso a su consecuencia: el proceso de globalización. Sólo con un régimen mundial común, sea político, económico, financiero… se puede llevar a cabo esta tarea, pues las fronteras son el peor enemigo de esta práctica.
La cuestión moral que subyace es inevitable formularla, aunque no responderla..., ¿es realmente, el capitalismo, el sistema económico más favorable para ésta nuestra sociedad?; ¿no somos capaces de “inventar” un híbrido que pueda agrupar las máximas ventajas de todos los sistemas y los mínimos perjuicios y que sea más efectivo que el capitalismo? Sea por las circunstancias que fueren, lo cierto es que hasta la fecha, dicho sistema, si es que se puede llevar a la práctica; nadie lo ha puesto de manifiesto.