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Diversidad en la Educación Musical, Esquemas y mapas conceptuales de Educación Plástica, Visual y Audiovisual

Este documento aborda la importancia de la diversidad en la educación musical, enfatizando la necesidad de atención a la diversidad de conocimientos y habilidades de los alumnos. Se discuten factores que pueden influir en la diversidad, como el nivel de conocimientos previos y la influencia del ambiente socio-cultural y familiar. Se proponen estrategias para promover la inclusión y el aprendizaje cooperativo en el aula de música.

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2020/2021

Subido el 02/04/2024

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Atención a la diversidad (I)
Para que os vayáis entreteniendo, dando ideas. ¡Nada de copiarlo tal cual!
En el conjunto del aula se pueden encontrar diversas maneras de pensar, vivir y comportarse. La
falta de uniformidad entre sus discentes obliga al profesorado a idear una serie de estrategias
educativas con vistas a llegar a todos, optimizando así el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Independientemente de la existencia de vías concretas recogidas a la hora de tratar al alumnado
con dificultades de aprendizaje, hay que entender la atención a la diversidad como el medio por
el que la docencia, a través de la puesta en marcha de estrategias concretas y variadas, puede
intervenir sobre todo su alumnado.
De esta forma, se entiende la enseñanza como un proceso durante el que se hace preciso ofrecer
respuestas diferenciadas en función de la diversidad del alumnado. En la Educación Musical
esta atención a la diversidad es fundamental, ya que los recursos en los que se basa la enseñanza
(práctica vocal, instrumental y corporal) conllevan un importante porcentaje de aptitud, sin
negar la importancia del ambiente socio cultural y familiar, que incide en la apreciación y, sobre
todo, en la valoración de la materia, con el consiguiente interés y motivación del alumnado.
En principio, la atención a la diversidad puede partir de las actividades cotidianas, con vistas a
obtener datos sobre la manera en que se manifiesta el alumnado y establecer, a través de la
correspondiente evaluación inicial o diagnóstica, sus aptitudes y carencias.
Por otra parte, en el aula de música es habitual que se realicen agrupamientos del alumnado para
la realización de diversas tareas (creatividad, improvisación, coreografías, práctica
instrumental...), lo que puede propiciar la inclusión de este alumnado en el seno de un grupo
más compensado (heterogéneo, mentores, tutoría entre iguales), o bien de manera específica,
con otros de nivel similar (afines).
5.9.1 Factores
La diversidad presente en el grupo puede deberse a factores de diversa índole:
a) De conocimientos, ya que algunas personas pueden haber emprendido estudios especializados
de música (en “Conservatorios” o “Centros Autorizados” de Música o Danza, Escuelas de
Música o de Danza o, simplemente, asistiendo a academias o a clases particulares).
Si hubieran comenzado con ocho años (edad mínima para comenzar) en centros oficiales, fueran
Conservatorios (de titularidad pública) o Centros Autorizados (de titularidad privada), se
encontrarían cursando tercero de primaria. A partir de ahí, podemos calcular (3º de primaria con
1º de Enseñanzas Elementales, luego 6º de Primaria equivaldría a 4º de Enseñanzas
Elementales, último curso de esas enseñanzas). La ESO correspondería a 1º-4º de Enseñanzas
Profesionales y 5º y 6º de Enseñanzas Profesionales a Bachillerato. De todas formas, la relación
no es tan directa, dado que según la normativa el alumnado puede acceder a las Enseñanzas
Elementales de Conservatorio entre los 8 y los 14 años de edad (sería difícil prever todas las
posibilidades existentes).
En estos casos, al igual que si estudian en Escuelas de Música o bien de otra forma, coexistirían
en el aula personas que practican ya con un instrumento de forma extraescolar con otras cuyos
conocimientos se reducen a lo aprendido durante los cursos anteriores, con lo que esto supone
de establecimiento de niveles diferentes.Esta diferencia afecta en gran medida a los contenidos
de índole funcional de este curso, especialmente en lo que se refiere al lenguaje musical, además
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Atención a la diversidad (I)

Para que os vayáis entreteniendo, dando ideas. ¡Nada de copiarlo tal cual! En el conjunto del aula se pueden encontrar diversas maneras de pensar, vivir y comportarse. La falta de uniformidad entre sus discentes obliga al profesorado a idear una serie de estrategias educativas con vistas a llegar a todos, optimizando así el proceso de enseñanza-aprendizaje. Independientemente de la existencia de vías concretas recogidas a la hora de tratar al alumnado con dificultades de aprendizaje, hay que entender la atención a la diversidad como el medio por el que la docencia, a través de la puesta en marcha de estrategias concretas y variadas, puede intervenir sobre todo su alumnado. De esta forma, se entiende la enseñanza como un proceso durante el que se hace preciso ofrecer respuestas diferenciadas en función de la diversidad del alumnado. En la Educación Musical esta atención a la diversidad es fundamental, ya que los recursos en los que se basa la enseñanza (práctica vocal, instrumental y corporal) conllevan un importante porcentaje de aptitud, sin negar la importancia del ambiente socio cultural y familiar, que incide en la apreciación y, sobre todo, en la valoración de la materia, con el consiguiente interés y motivación del alumnado. En principio, la atención a la diversidad puede partir de las actividades cotidianas, con vistas a obtener datos sobre la manera en que se manifiesta el alumnado y establecer, a través de la correspondiente evaluación inicial o diagnóstica, sus aptitudes y carencias. Por otra parte, en el aula de música es habitual que se realicen agrupamientos del alumnado para la realización de diversas tareas (creatividad, improvisación, coreografías, práctica instrumental...), lo que puede propiciar la inclusión de este alumnado en el seno de un grupo más compensado (heterogéneo, mentores, tutoría entre iguales), o bien de manera específica, con otros de nivel similar (afines). 5.9.1 Factores La diversidad presente en el grupo puede deberse a factores de diversa índole: a) De conocimientos, ya que algunas personas pueden haber emprendido estudios especializados de música (en “Conservatorios” o “Centros Autorizados” de Música o Danza, Escuelas de Música o de Danza o, simplemente, asistiendo a academias o a clases particulares). Si hubieran comenzado con ocho años (edad mínima para comenzar) en centros oficiales, fueran Conservatorios (de titularidad pública) o Centros Autorizados (de titularidad privada), se encontrarían cursando tercero de primaria. A partir de ahí, podemos calcular (3º de primaria con 1º de Enseñanzas Elementales, luego 6º de Primaria equivaldría a 4º de Enseñanzas Elementales, último curso de esas enseñanzas). La ESO correspondería a 1º-4º de Enseñanzas Profesionales y 5º y 6º de Enseñanzas Profesionales a Bachillerato. De todas formas, la relación no es tan directa, dado que según la normativa el alumnado puede acceder a las Enseñanzas Elementales de Conservatorio entre los 8 y los 14 años de edad (sería difícil prever todas las posibilidades existentes). En estos casos, al igual que si estudian en Escuelas de Música o bien de otra forma, coexistirían en el aula personas que practican ya con un instrumento de forma extraescolar con otras cuyos conocimientos se reducen a lo aprendido durante los cursos anteriores, con lo que esto supone de establecimiento de niveles diferentes.Esta diferencia afecta en gran medida a los contenidos de índole funcional de este curso, especialmente en lo que se refiere al lenguaje musical, además

de a la técnica instrumental que, en el caso de estudiar un instrumento de viento-madera o de percusión, los situarían muy por encima del resto en ejecución en flauta dulce o instrumental Orff, respectivamente. Por ello, se tendrá en cuenta lo que supone esta diversidad a la hora de:

  • Asignar el instrumental escolar: conviene que el alumnado se familiarice con la orquesta Orff al completo, independientemente de que pueda mostrar ciertas lógicas preferencias por instrumentos concretos. Por su importancia a la hora de interpretar melodías, y por su posible continuidad en la etapa siguiente, es habitual que toquen la flauta dulce, pero no obligatorio (no aparece en los currículos). Si el alumnado ya estudia este o similar instrumento, o el nivel alcanzado en los cursos previos es más elevado que el que presenta el resto de la clase, se diseñarán actividades de ampliación para ellos que no interfieran con la ejecución del resto del grupo, como por ejemplo interpretar segundas voces o practicar con flautas de otras tesituras (contralto, sopranino o tenor). Puede ser conveniente que, algún día, traigan a clase su instrumento, de forma que puedan mostrarlo a los demás y explicar su funcionamiento; en ese caso, lo incorporarán al conjunto instrumental (el profesorado cuidará de realizar las oportunas trascripciones cuando se trate de instrumentos transpositores, dado que el alumnado no dispone aún de los rudimentos necesarios para hacerlo, ni siquiera si sigue un plan de estudios oficial).
  • Leer partituras: dado que el nivel trabajado en la etapa no es demasiado elevado (partiendo de los contenidos presentes en el currículo), este curso resulta fundamental a la hora de sentar las bases en la lectura musical que le permitan afrontar los contenidos de la etapa posterior. La necesaria incidencia en el lenguaje musical puede causar monotonía en el alumnado que ya lo conoce, por lo que se considerará la oportunidad de:
    • Realizar trabajos en pequeños grupos, en los que este alumnado asuma la supervisión de la aprehensión de los contenidos correspondientes por parte de sus compañeros y compañeras, o bien su explicación, la escritura de obras o motivos creados grupalmente, etc.
    • Diseñar, por parte del profesorado, actividades de ampliación sobre las de desarrollo realizadas de forma cotidiana, que les permitan aumentar sus conocimientos sobre el lenguaje musical. Se cuidará que estas actividades no interfieran el desarrollo normal de la clase partiendo, para ello, del empleo de fichas individualizadas, partituras, particellas, agrupamientos, etc.
    • Evitar la tentación de atender a los que más saben, en detrimento del alumnado que no tuvo ocasión (o, simplemente, deseo) de desarrollar aficiones musicales, sino de otra índole.
    • Trabajar en grupos: en determinadas actividades de aula (como las que se corresponden a la creación musical, la lectura y escritura grupal, la interpretación vocal y/o instrumental en pequeño grupo, la elaboración de coreografías...), los conocimientos previos pueden ser muy útiles a la hora de establecer estrategias de aprendizaje cooperativo. Así, el alumnado que ya posee conocimientos sobre la materia aprenderá a teorizar al tener que explicarla a los demás, a la vez que estos aprovecharán sus conocimientos (sin olvidar la motivación que pueda suponer para ambos tipos de alumnado). Por tanto, es fundamental que el profesorado establezca los grupos en base a criterios docentes y no sobre preferencias, rendimiento, amistad entre sus componentes, etc. Cuidará de que los grupos estén compensados, evitando que los que estudian música extraescolarmente formen uno más avanzado sino, más bien, considerando que todos queden igualados, fomentando así la integración, el aprendizaje cooperativo y el trabajo grupal.

grupales (de grupo pequeño, como improvisación de movimientos, creación de coreografías, etc.).

  • La lectura musical: no es frecuente que el alumnado muestre una facilidad ante la lectura que resulte independiente de la mostrada hacia la práctica instrumental o vocal, es decir, que su interés por leer música viene impulsado por el de interpretar obras; es corriente que presente un mayor interés (que no aptitud) el alumnado acostumbrado a los procesos de razonamiento, que se muestran brillantes en las materias relacionadas con la lógica pero que, en ocasiones, no destacan excesivamente en nuestra materia.
  • La creación: suele ir unida a otras aptitudes, sobre todo a la mostrada ante la práctica instrumental.
  • La audición: habitual en personas con una educación musical muy consolidada o ambiente favorable en su hogar. c) De actitud, esto es, de interés: en el aula de música se pueden encontrar personas que presentan diferentes grados de interés por nuestra materia:
  • Muy interesados en general, por lo que supone de vivencia, de primar los contenidos procedimentales sobre los conceptuales, de práctica en definitiva.
  • Con un interés concreto, sea cantar, tocar instrumentos, leer música, bailar...
  • Con gustos musicales diversos. En otro orden de cosas, es habitual encontrar en el aula personas con gustos musicales diferentes, incluso contrapuestos en cuanto a corrientes estéticas. El profesorado mostrará siempre una actitud de tolerancia y respeto, máxime al tratarse en esta etapa de proporcionar los rudimentos básicos de la práctica y la lectura musical, para lo que puede emplearse cualquier tipo de música, aumentando así la motivación del alumnado. El interés de los y las discentes por la materia ha de ser observado por la docencia día a día, partiendo de las experiencias y prácticas que se hagan en cada sesión. El único control que resulta posible ante planteamientos de tipo afectivo es una medición a partir de afirmativo o positivo (+) y negativo (-), contestando a una serie de cuestiones de tipo general y que también pueden incluirse en la ficha particular de cada discente o bien como seguimiento de todo el grupo. Algunas ideas valorables, entre muchas otras y a un nivel general, podrían ser: si su actitud es participativa, colabora, pide ayuda, muestra una actitud positiva al inicio de la sesión, se esfuerza, se divierte, ayuda a los otros miembros del grupo, da muestras de aburrimiento, se distrae o bosteza, pregunta la hora o el tiempo que falta para terminar la clase, acepta sus fallos y sus limitaciones... y a un nivel más concreto si canta habitualmente en clase o fuera de ella, improvisa letras y música, baila espontáneamente ante una música apropiada, propone canciones conocidas, enseña a los otros nuevas canciones, toca instrumentos, memoriza esquemas rítmicos y/o melódicos, cuida los instrumentos y el material, se expresa corporalmente, usa correctamente la percusión corporal, le gusta leer y escribir música, compone música y la escribe, muestra una actitud participativa y crítica en las audiciones, emite correctamente su voz, respira apropiadamente, se relaja con facilidad... En todos los casos se hace necesario valorar el grado de interés, ya que los principios de esta Programación Didáctica no parten de la evaluación de los conocimientos, sino de los aprendizajes, es decir, que partiendo de lo detectado en la evaluación diagnóstica el profesorado valorará los avances producidos, considerando el grado de aptitud y el interés mostrado.

d) Socio culturales: la música es un reflejo de la sociedad que la entraña, por lo que el alumnado se encontrará supeditado, en mayor o menor medida, a su entorno socio cultural, dando lugar a distintas situaciones ante la música dentro del aula. De hecho, en el desarrollo del aprendizaje musical siempre intervienen los procesos sociales, desde dos puntos de vista:

  • Considerando las fórmulas de influencia musical social sobre el sujeto, debido a la existencia de modelos musicales en la sociedad que el individuo adopta de forma involuntaria, sin que exista intencionalidad en la transmisión ni en la recepción.
  • Teniendo en cuenta el aprendizaje, debido a la situación de la enseñanza de la música en un sistema educativo que es controlado, en mayor o menor medida, socialmente. El ambiente socio cultural afecta a la familia, grupo de amigos, y lugar donde vive:
  • La influencia de la música en el seno de una familia es habitual desde el nacimiento; las unidades familiares suelen cantar en las reuniones y celebraciones, e incluso tienen obras características en su repertorio, bien por composición o modificación de letras y/o de música, o por recreación de piezas entrañables (asociadas a recuerdos o escogidas por otros motivos más lúdicos); dado que el alumnado de esta etapa aún se encuentra muy apegado a la familia, esta influencia será enormemente perceptible en el aula. Este ascendente dependerá de varios factores:
    • Nivel cultural y educacional de la cabeza de la unidad familiar ya que, en general (y debido al escaso interés de nuestro país por la cultura en los últimos años), un mayor nivel de estudios se corresponde con un mayor gusto por la buena música. Este aspecto se dispara si el nivel cultural y/o profesional está relacionado con la música, es decir, si uno de los progenitores desarrolla su actividad como docente, investigador o instrumentista.
    • Interés por el fenómeno musical siguiendo una tradición familiar que incluso puede remontarse en el pasado varias generaciones. [Dado que este factor es muy habitual en determinadas Comunidades Autónomas, la persona aspirante considerará insistir o no sobre él en función del lugar donde oposita.]
    • Poder adquisitivo de la unidad familiar, que puede constituir una barrera a la hora de apoyar actividades extraescolares, profesores particulares o, simplemente, al comprar instrumentos, soportes (discos, DVD...), o aparatos reproductores.
  • En cuanto a la influencia del grupo, hay que señalar que existe una clara correspondencia entre la música y los distintos subgrupos sociales, de manera que cada grupo se identifica con un tipo de música y todo lo que conlleva: una serie de parámetros identificativos externos y reglas de conducta tales como ropa y vestimentas, variaciones idiomáticas y giros del lenguaje (dialecto, argot), adornos (de cuero o metálicos, abalorios…), adornos corporales (de escasa presencia en nuestro nivel educativo, tales como piercings, cortes de pelo...), y un largo etcétera. En el caso de los preadolescentes es muy apreciable, llegando incluso a valorar marcas concretas de productos ligadas al cien por cien a la música de determinados solistas o grupos musicales. La articulación y vertebración social del grupo, a través del establecimiento de gustos musicales es una constante en esta edad, en la que el alumnado se encuentra muy sujeto a las opiniones de los que le rodean (especialmente si hay “líderes” en clase).
  • El lugar donde vive es también importante. En el caso de grandes urbes existe además un escalón ambiental intermedio: la barriada. El ambiente musical de una ciudad dormitorio o de un barrio pobre no es el mismo que el de un barrio céntrico. Igualmente influirá en el instituto (según dónde esté situado) y la familia (por la zona en que vivan, dependiendo de su situación económica). Los factores que influyen en el alumnado (en el caso de barrios o ciudad), son