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La Habituación y la Institucionalización: Procesos Psychológicos y Sociales - Prof. Arnal, Ejercicios de Trabajo Social

Este texto discute sobre la relación entre la habituación y la institucionalización en el contexto de la actividad humana. La habituación implica la economía de esfuerzos y la restringección de opciones, mientras que la institucionalización surge cuando se da una tipificación reciproca de acciones habitualizadas por tipos de actores. Las instituciones implican historicidad, control y reciprocidad, y se producen a través de la interacción entre individuos.

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 22/02/2018

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LECTURA 1
Toda actividad humana está sujeta a la habituación. Todo acto se repite con frecuencia, con
economía de esfuerzos, la habituación implica que la acción de que se trata puede volver a
ejecutarse en el futuro de la misma manera y con idéntica economía de esfuerzos. La habituación
comporta la gran ventaja psicológica de restringir las opciones. La habituación las restringe a una
sola,lo que libera al individuo de la cara de ''todas esas decisiones''. La habituación provee el rumbo
y la especialización. El trasfondo de la actividad habitualizada abre un primer plano a deliberación
y la innovación. Estos procesos de habituación anteceden a toda institucionalización.
La institucionalización aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones
habitualizadas por tipos de actores. Dicho en otra forma, toda tipificación de esa clase es una
institución. Lo que hay que destacar es la reciprocidad no solo de las acciones sino también de los
actores en las instituciones. Las tipificaciones se compartes, son accesibles a todos los integrantes
de un determinado grupo social. Asimismo, las instituciones implican historicidad y control. No
pueden crearse en un instante. Es imposible comprender adecuadamente qué es una institución, si
no se comprende el proceso histórico en que se produjo. Las instituciones, también controlan el
comportamiento humano estableciendo pautas definidas de antemano. Este carácter controlador es
inherente a la institucionalización, previo o aislado de cualquier mecanismo de sanción establecido
específicamente para sostén de una institución. Estos mecanismos existen en muchas instituciones,
el uno del otro y que por lo tanto la interacción se produce en una situación que no ha sido definida
institucionalmente para ninguno de los participantes. Resulta posible imaginar que in viernes se une
a nuestro constructor de canoas en una isla desierta y que el primero es un papúa y el segundo un
norteamericano haya leido o por lo menos para él. Llamemos pues a estas dos personas A y B.
Cuando A y B interactúen, como quiera que lo hagan, se producirán tipificaciones con suma
rapidez. A observará actuar a B. Atribuirá motivos a los actos de B y viendo que se repiten.
Tipificará los motivos como recurrentes. Mientras B siga actuando, A pronto estará en condiciones
de decirse: ''Ajá vuelve a empezar''. Al mismo tiempo, A podrá suponer que B está haciendo lo
mismo con respecto a él. Desde un principio, tanto A como B supondrán esta reciprocidad en la
tipificación. En el curso de interacción, estas tipificaciones se expresarán en pautas específicas de
comportamiento; o sea que A y B empezarán a desempeñar roles vis à vis uno del otro, lo que
ocurrirá aun cuando cada uno siga ejecutando actos diferentes de los del otro.
La zonas que de esta manera probablemente resulten relevantes variarán, por supuesto, en las
diferentes situaciones. Algunas serán las que A y B encaren en términos de sus biografías previas;
otras tal vez sean resultado de las circunstancias naturales, pre-sociales, de la situación. En todos los
casos tendrá que habitualizarse el proceso de comunicación entre A y B. El trabajo, la sexualidad y
la territorialidad son otros focos probables de tipificación y habituación. En estas diversas zonas, la
situación A y B resulta un paradigma de la institucionalización que se produce en las sociedades
más grandes. En tantos las instituciones nacientes se consturyen y subsisten solo en la interacción
A y B, su objetividad se mantiene tenue, fácilmente cambiable, casi caprichosa, aun cuando
alcancen cierto grado de objetividad por el mero hecho de su formación. Dicho de otra manera, el
transfondo de rutina de la actividad de A y B sigue siendo más o menos accesible a la intervención
deliberada de los dos. Aunque las rutinas, una vez establecidas, comportan una tendencia a
persistir, siempre existe en la conciencia la posibilidad de cambiarlas o abolirlo.
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LECTURA 1

Toda actividad humana está sujeta a la habituación. Todo acto se repite con frecuencia, con economía de esfuerzos, la habituación implica que la acción de que se trata puede volver a ejecutarse en el futuro de la misma manera y con idéntica economía de esfuerzos. La habituación comporta la gran ventaja psicológica de restringir las opciones. La habituación las restringe a una sola,lo que libera al individuo de la cara de ''todas esas decisiones''. La habituación provee el rumbo y la especialización. El trasfondo de la actividad habitualizada abre un primer plano a deliberación y la innovación. Estos procesos de habituación anteceden a toda institucionalización.

La institucionalización aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por tipos de actores. Dicho en otra forma, toda tipificación de esa clase es una institución. Lo que hay que destacar es la reciprocidad no solo de las acciones sino también de los actores en las instituciones. Las tipificaciones se compartes, son accesibles a todos los integrantes de un determinado grupo social. Asimismo, las instituciones implican historicidad y control. No pueden crearse en un instante. Es imposible comprender adecuadamente qué es una institución, si no se comprende el proceso histórico en que se produjo. Las instituciones, también controlan el comportamiento humano estableciendo pautas definidas de antemano. Este carácter controlador es inherente a la institucionalización, previo o aislado de cualquier mecanismo de sanción establecido específicamente para sostén de una institución. Estos mecanismos existen en muchas instituciones, el uno del otro y que por lo tanto la interacción se produce en una situación que no ha sido definida institucionalmente para ninguno de los participantes. Resulta posible imaginar que in viernes se une a nuestro constructor de canoas en una isla desierta y que el primero es un papúa y el segundo un norteamericano haya leido o por lo menos para él. Llamemos pues a estas dos personas A y B. Cuando A y B interactúen, como quiera que lo hagan, se producirán tipificaciones con suma rapidez. A observará actuar a B. Atribuirá motivos a los actos de B y viendo que se repiten. Tipificará los motivos como recurrentes. Mientras B siga actuando, A pronto estará en condiciones de decirse: ''Ajá vuelve a empezar''. Al mismo tiempo, A podrá suponer que B está haciendo lo mismo con respecto a él. Desde un principio, tanto A como B supondrán esta reciprocidad en la tipificación. En el curso de interacción, estas tipificaciones se expresarán en pautas específicas de comportamiento; o sea que A y B empezarán a desempeñar roles vis à vis uno del otro, lo que ocurrirá aun cuando cada uno siga ejecutando actos diferentes de los del otro.

La zonas que de esta manera probablemente resulten relevantes variarán, por supuesto, en las diferentes situaciones. Algunas serán las que A y B encaren en términos de sus biografías previas; otras tal vez sean resultado de las circunstancias naturales, pre-sociales, de la situación. En todos los casos tendrá que habitualizarse el proceso de comunicación entre A y B. El trabajo, la sexualidad y la territorialidad son otros focos probables de tipificación y habituación. En estas diversas zonas, la situación A y B resulta un paradigma de la institucionalización que se produce en las sociedades más grandes. En tantos las instituciones nacientes se consturyen y subsisten solo en la interacción A y B, su objetividad se mantiene tenue, fácilmente cambiable, casi caprichosa, aun cuando alcancen cierto grado de objetividad por el mero hecho de su formación. Dicho de otra manera, el transfondo de rutina de la actividad de A y B sigue siendo más o menos accesible a la intervención deliberada de los dos. Aunque las rutinas, una vez establecidas, comportan una tendencia a persistir, siempre existe en la conciencia la posibilidad de cambiarlas o abolirlo.

Si consideramos el factor más importante de socialización, el lenguaje, vemos que para el niño