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Intentos colonizadores, Monografías, Ensayos de Historia

Intentos colonizadores Gutierrez Escudero

Tipo: Monografías, Ensayos

2020/2021

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XVI
LOS
INTENTOS
COLONIZADORES
DE
FRANCIA
Y
HOLANDA
EN
EL
SIGLO
XVI
Antonio
Gutiérrez
Escudero
E
SPAÑA
pudo
mantener
su
hegemonía
y
dominio
sobre
el
Nuevo
Mundo
durante
los
primeros
años
que
siguieron
al
Descubrimiento
de
América,
de
tal
forma
que
sólo
a partir
de
1520
comienza
a preocupar
la
defensa
del
territorio y a
plantearse
la
posibilidad
de
una
presencia
no
ibérica
en
tierras
americanas.
Un
ejemplo
de
la
despreocupación
por
el
tema
lo
tenemos
en
que
la
mayor
parte
de
las
fortalezas
y
casas
fuertes
construidas
hasta
1535
en
Indias
se
levantan
gracias
a
la
ayuda
de
particulares y
no
de
la
Corona.
La
atracción
de
la
riqueza
americana
Un
efecto
inmediato
de
esta
falta
de
previsión
hispana
fue
algún
que
otro
asalto
pirático a
las
naves
españolas
que
regresaban
a
la
península,
pues
había
pocos
lugares
donde
guarecerse
con
garantías a
lo
largo
de
la
ruta
marítima.
Ya
en
1523
el
cosario
francés
Jean
Fleury
(identificado
por
algunos
autores
con
el
italiano
Giovanni
da
V
errozzano)
capturaba
la
nave
donde
Hernán
Cortés
enviaba
a
Carlos
I
parte
del
tesoro
obtenido
en
la
conquista
de
Nueva
España,
iniciando
una
serie
de
ataques
que
irían
en
aumento.
América,
a partir
de
entonces,
comenzó
a atraer
la
atención
del
resto
de
naciones
europeas.
Las
noticias
sobre
las
riquezas
de
los
imperios
azteca
e
inca
despertaron
las
ambiciones
y
envidias
de
todos
contra
el
monopolio
que
España
intentaba mantener.
Los
piratas, a
su
vez,
pasaron
de
abordar
naves
y
flotas
a
saquear
puertos
y
ciudades,
obligando
a
que
en
1542
la
Corona
española
ordenase
la
construcción
de
sistemas
defensivos,
con
cargo
al
presupuesto
real,
en
los
prin-
cipales
centros
portuarios
americanos,
que
en
gran
medida
se
vieron
completados
con
las
aportaciones
de
los
vecinos.
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XVI

LOS INTENTOS COLONIZADORES

DE FRANCIA Y HOLANDA

EN EL SIGLO XVI

Antonio Gutiérrez Escudero

E

SPAÑA pudo mantener su hegemonía y dominio sobre el Nuevo Mundo durante los primeros años que siguieron al Descubrimiento de América, de tal forma que sólo a partir de 1520 comienza a preocupar la defensa del territorio y a plantearse la posibilidad de una presencia no ibérica en tierras americanas. Un ejemplo de la despreocupación por el tema lo tenemos en que la mayor parte de las fortalezas y casas fuertes construidas hasta 1535 en Indias se levantan gracias a la ayuda de particulares y no de la Corona.

La atracción de la riqueza americana

Un efecto inmediato de esta falta de previsión hispana fue algún que otro asalto pirático a las naves españolas que regresaban a la península, pues había pocos lugares donde guarecerse con garantías a lo largo de la ruta marítima. Ya en 1523 el cosario francés Jean Fleury (identificado por algunos autores con el italiano Giovanni da Verrozzano) capturaba la nave donde Hernán Cortés enviaba a Carlos I parte del tesoro obtenido en la conquista de Nueva España, iniciando una serie de ataques que irían en aumento. América, a partir de entonces, comenzó a atraer la atención del resto de naciones europeas. Las noticias sobre las riquezas de los imperios azteca e inca despertaron las ambiciones y envidias de todos contra el monopolio que España intentaba mantener. Los piratas, a su vez, pasaron de abordar naves y flotas a saquear puertos y ciudades, obligando a que en 1542 la Corona española ordenase la construcción de sistemas defensivos, con cargo al presupuesto real, en los prin- cipales centros portuarios americanos, que en gran medida se vieron completados con las aportaciones de los vecinos.

357

358 Historia de las Américas

Las otras potencias marítimas (Francia, Holanda, Inglaterra, países escandinavos), por su parte, en un principio prefirieron reservarse «el control casi exclusivo de la redistribución de las nuevas riquezas, situando a sus hombres, sus naves y sus capitales en Sevilla y en Lisboa, núcleos de juego de los monopolios». La anterior afirmación de Chaunu trata de explicar el papel secundario que la Europa Media jugó en el Descubrimiento del Nuevo Mundo, al menos, durante el siglo XVI y debido a que en «la época de formación de los monopolios permanecía demasiado al margen, retrasada, débil, distraída y arcaica como para poderse imponen>. Bien es cierto que los rivales hispanos no pensaron jamás en desalojar totalmente a los españoles y sí en participar de las riquezas americanas, de forma legal o de manera ilegal mediante el contrabando de esclavos y mercadurías europeas, o combinando ambas cosas. Pero poco a poco fue surgiendo la idea del aprovechamiento de ciertas partes del inmenso, despoblado y mal defendido territorio indiano para la creación de almacenes desde donde comerciar directamente con las ciudades hispanoamericanas, el establecimiento de bases político-estratégicas para la orga- nización de expediciones bélicas, la ejecución de experiencias colonizadoras moti- vadas por razones religiosas (huida de grupos de diversas creencias en busca de la «tierra de promisión» ante las persecuciones que sufrían en su país) o económicas (obtención directa de cueros, maderas tintoreas y demás productos agrícolas) y la realización de descubrimientos geográficos, cuyo principal exponente fue la búsqueda de un paso que uniese el océano Atlántico con e! Pacífico.

Francia: Crisis interna y rivalidad con España

Francia fue e! primer país no ibérico que amenazó con sus naves la tranquilidad del comercio español y portugués con América, y e! primero también en situar colonias en Indias durante e! siglo XVI, aunque en ningún caso pasaron de tener una vida efímera. En líneas generales, Francia presentaba unas características muy favorables para la expansión ultramarina. Contaba con una población abundante de unos 18 ó 19 millones de habitantes, que en términos comparativos suponían más del doble de efectivos humanos que la península Ibérica, seis veces los de Inglaterra y nueve los de los Países Bajos holandeses. El territorio francés acogía a casi la mitad de la población europea occidental, con una lengua y cultura comunes, unida

. políticamente (a diferencia, por ejemplo, de! imperio y de Italia) y dentro de sólo una frontera.

Si lo anterior suponía en el terreno político un poderío considerable, las dife-

rencias económicas entre las distintas regiones de la nación contrarrestaban algunos de los efectos de esa ventaja, y la falta de un poder central fuerte seguía depositando en manos de los grandes señores parte de los destinos del país. La fachada atlántica,

360 Historia de las Américas

flota española que transportaba parte del tesoro obtenido en la conquista del Perú, consiguiendo la captura de nueve embarcaciones y el saqueo simultáneo de algunos puertos hispanoamericanos. El éxito de estas expediciones piráticas animaron a muchos mercaderes a subvencionar corsarios que marchaban a las zonas aledañas al Caribe donde esperaban a los barcos españoles que volvían a la península Ibérica cargados de productos y metales preciosos para atacarlos y hacerse de esta forma con un fácil botín. La continua hostilidad que Francia y España mantuvieron a 10 largo del siglo XVI favoreció la pervivencia de esta situación que, en determinados momentos, recibiría el consiguiente apoyo de la Corona gala y cuyos hechos más significativos son una parte importante de la historia americana en dicha centuria. Junto :t los acontecimientos reseñados citemos algunos más destacados. En el período 1542-1544, Santo Domingo , Santiago de Cuba y La Habana estuvieron expuestas a los ataques franceses que sólo remitieron ante la firma de un tratado, pero que resurgieron con mayor fuerza en cuanto se puso fin a la tregua en 1552. Un año más tarde, en 1553, Fran~ois le Clerc, más conocido por Pie de Palo (en

francés, jambe de bois), al mando de una decena de naves cayó a sangre y fuego sobre

los puertos españoles antillanos; el culmen de su acción fue la toma de Santiago de Cuba cuya población hubo de refugiarse en Bayamo (1554). Al año siguiente , Jacques Sores, que había participado con Le Clerc en la empresa anterior, tomaba y arrasaba La Habana, luego de permanecer en ella cerca de veinte días y no aceptar el rescate que le ofrecieron el gobernador y la población española por considerarlo muy exiguo. Los resultados triunfales de estas acciones, en cierto modo aisladas y dirigidas a un objetivo concreto, llevaron a la concepción de un gran plan ideado por Gaspar de Coligny: consistía en saquear Santo Domingo, dirigirse luego hacia Panamá, tomarla, apoderarse de la flota del Sur, hacer 10 propio con la de Nueva España y regresar a Francia. La misma desmesurada ambición del proyecto, que no sería ni el primero ni el último y que también los ingleses intentarían llevarlo a cabo, fue la causa de su fracaso, pero puso de manifiesto el interés por asestar a la hegemonía hispana en América un golpe definitivo del que difícilmente pudiera recuperarse. Quizá debido a la falta de conexión entre iniciativa privada y oficial, los éxitos franceses no tuvieron consecuencias más duraderas y a la larga no consiguieron sus fines últimos. Bien es cierto que se infringieron severas derrotas, que se obtuvieron botines, que se sembró el miedo entre las poblaciones españolas de las Antillas, que se mantuvo el contrabando con muchos puertos indianos, pero a finales del siglo XVI en la amplia zona caribeña sólo había ciudades hispanas consolidadas y no parecía que ninguna otra nación tuviera intención de disputar este privilegio. En términos generales, los beneficios obtenidos por los mercaderes a través del comercio directo con América, por los armadores mediante el apoyo a empresas

Los intent os colonizadores de Francia y Holanda en el siglo XVI 361

corsarias o por los marinos de fortuna en acciones individuales no fueron de una cuantía tal que moviera a la Corona a la entrega incondicional de su total ayuda y protección. En opinión de Parry, «una política de colonización de largo aliento resultaba poco atractiva a los gobiernos comparada con los dividendos que se podían obtener por medio de ataques armados a España y sus colonias ... la acción oficial nunca fue más allá del primitivo plan de oponerse a España donde fuera que ella imperara. La fundación de poblaciones -cuando se emprendía- era solamente una acción secundaria, destinada a obtener puntos de apoyo para el ataque a España».

El viaje de Verrazzano

Hubo, sin embargo, diversos intentos privados y gubernamentales de llevar a cabo nuevos descubrimientos y colonizaciones estables debido a las causas dichas al principio. En 1523 , el omnipresente Jean Ango contrataba al florentino Giovanni Verrazzano (Val di Greve, 1485-Brasil, 1528) para que realizase la misma ruta que Caboto, se dirigiese hacia los bancos bacaladeros de Terranova y encontrase el paso que facilitaría el camino por el Norte hacia la China. Con sólo una carabela de lOO toneladas , la «Dauphine », 50 hombres y víveres para ocho meses Verrazzano emprendía viaje el 17 de enero de 1524. A principios de marzo llegaba a la actual Carolina del Norte, prosiguiendo en sentido ascendente en una navegación de cabotaje que le llevó a una ensenada que bautizó como Angouleme (el futuro puerto de New York), donde, según su relato, fueron festi- vamente recibidos por una multitud de indígenas. Continuó a la bahía de Narragansett ya las islas del Maine , arribando a Terranova de la que tomó posesión en nombre de Francia. Luego de algún tiempo, y sin encontrar el estrecho de comunicación interoceánico, Verrazzano regresará a Europa. Aunque la expedición fue positiva en el terreno geográfico y descubridor con el aporte de nuevos datos territoriales del continente americano -fue el primero en denominar a la costa oriental de América como Nueva Francia en reconocimiento al país que le financiaba-, no logró su objetivo principal, razón de más para que la Corona francesa no se decidiese a apoyar resueltamente aventuras de tan escasos resultados positivos, aparte de que Francisco 1 había sido hecho prisionero en Pavía y Francia se encon- traba por ello en situación delicada.

Jacques Cartier en Terranova y el San Lorenzo

Pese a estas expediciones que se zanjaron sin resultados espectaculares, los franceses seguirán insistiendo. En escena aparece un marino de Saint-Malo cuyos

Los intentos colonizadores de Francia y Holanda en el siglo XVI 363

Sin alcanzar todos los fines propuestos, Cartier regresa al punto de partida. No obstante, en su haber hay que apuntar la constatación de la insularidad de Terranova, la exploración de nuevas tierras y el ponerle nombre al lugar visitado. En efecto, preguntado un indio hurón cómo llamaban ellos a su país, éste respondió Kanatá (en su lengua, «poblado»), pensando que deseaba saber la palabra que empleaban para designar a una aldea. El término, modificado (Canadá), se convirtió en expresión popular para denominar a la Nueva Francia y posteriormente en el de la nación soberana. El segundo viaje de Cartier se inicia el 19 de mayo de 1535. En esta ocasión llevará tres navíos de 220 toneladas y pretenderá un mejor conocimiento de los territorios apenas vislumbrados la vez anterior. Se decide a penetrar por el río San Lorenzo, guiado por indios, entrando en contacto con las tribus situadas en sus márgenes. Aguas arriba llega hasta el poblado de Stadaconé (en la actualidad Quebec) de donde eran algunos de los nativos llevados a Francia en el primer viaje y que regresaban con él. Cercano el invierno se ancló junto al río Saint-Charles, afluente del San Lorenzo, para pasar los meses de intenso frío. Durante este período el jefe hurón Donnaconna le habla de unas tierras situadas más arriba, el Reino de Saguenay, habitadas por hombres blancos y llenas de minas de oro, plata, piedras preciosas e incluso especias. Llegado el buen tiempo, Cartier se adentra por el cauce fluvial y arriba a un lugar que llamará Mont-Royal (hoy Montreal), desde donde ve el Otawa, principio del país de la riqueza según los nativos. El 16 de julio de 1536 se emprende el regreso a Europa. Ya en Francia los rumores sobre las fabulosas tierras se extienden rápidamente. Ello hizo que Fran- cisco 1 -pensando encontrar un nuevo México y sus mismos tesoros- se decidiese a intentar colonizar oficialmente dichas tierras, proporcionando los medios necesarios para que en 1541 Cartier emprendiese, al frente de 10 naves y un considerable número de personas, su tercer viaje al Canadá. A esta expedición seguiría inmedia- tamente otra con 200 colonos; al mando de ella iría Jean Frans;ois de la Roque, señor de Roberval, que había recibido el nombramiento de primer virrey del territorio. Esta primigenia experiencia colonizadora es un auténtico fracaso. Se remontó de nuevo el río San Lorenzo hasta latitudes jamás antes alcanzadas, pero los grandes y ricos imperios supuestos no aparecían. Al fin se decidió establecer una colonia en Cap Rouge, que se llamará Charlesbourg-Royal. Poco tiempo después, en las aguas del río cercano, encontraron «unas hojas del Oro más fino, del grosor de una uña» y de los montes próximos se trajeron «diamantes tan maravillosamente tallados como a un hombre le sea posible ven). Sorprendido por el hallazgo, Cartier no esperó la llegada de Roberval y marchó a Francia a mostrar la riqueza hallada. La decepción no pudo ser mayor; examinados los objetos el pretendido metal

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R. RICHELlEU

Los viajes de Jacques Cartier,

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tal objeto, otra vez el marqués de La Roche (el noble bretón Troilüs de Mesgouez), renueva su nombramiento como lugarteniente general del rey en la Acadia y países circundantes y organiza un viaje en el que incluye gran número de aventureros y presidiarios. Llegados a su destino se establecieron en la isla de Sable -en el mismo lugar donde en 1518 el barón de Lery levantó una colonia desaparecida poco después a causa del hambre. Lo inhóspito del lugar provocará la muerte de la mayor parte del contingente y el fracaso de la expedición cuyas acciones no pasaron de explorar las tierras de la península de Nueva Escocia. Un año más tarde , en 1599, el comerciante Pontgravé, asociado con Chauvin , obtiene el monopolio del comercio de pieles; ambos marchan al Canadá y fundan Tadoussac, a orillas del río San Lorenzo. El relativo éxito del viaje mueve a imitación y toda una serie de compañías y sociedades, apoyadas por el gobierno, se lanzarán a la aventura. Muy pocas cumplieron con los compromisos estipulados y casi ninguna consiguió sus propósitos, sin embargo sirvieron para dar entrada en escena a Samuel de Champlain, ya en el siglo XVII, con quien se inicia la primera fase de la colonización efectiva de la Nueva Francia.

Conflicto con Portugal en el Brasil

Si bien los franceses dedicaron tiempo y aplicación al territorio canadiense, de manera continuada y más constante que en otros lugares, no desperdiciaron la oportunidad de pretender imponer su presencia también en la América Central y del Sur. La ocupación de estas zonas guarda puntos diferenciales respecto a la expuesta anteriormente, siendo el principal el carácter particular de las empresas pobladoras como consecuencia de las guerras religiosas que en larga serie afectarán a Francia desde 1562 y que obligarán a un gran número de personas a abandonar el país. Las primeras noticias de llegadas de comerciantes franceses a las costas brasileñas se remontan a fechas tan tempranas como la de 1504. La relativa facilidad de viajar a Indias para quienes tuvieran buenos conocimientos marineros, la poca atención que el gobierno portugués prestó en principio a su colonia y el escaso peso específico de Portugal en los asuntos europeos hicieron pensar en la viabilidad de mantener contactos con dicho litoral meridional y establecer relaciones comerciales con los indígenas. Hasta 1554 se suceden intentos por situar pequeñas colonias y ataques piráticos galos con ánimo de saqueo , a la par que los cada vez más prometedores cultivos de caña de azúcar y palo brasil, iniciados por los colonos portugueses, despertaban la envidia y avaricia de las metrópolis europeas. En 1555 los deseos franceses van a traducirse en hechos concretos y el almirante Gaspar de Coligny apoyará al aven-

Los intentos colonizadores de Francia y Holanda en el siglo XVI 367

turero Nicolás Durand de la Villegaignon en su intento de asentarse en el Brasil. La experiencia brasileña francesa durará poco más de una década, con el lustro 1556-1560 como período de mayor esplendor, y su fin se deberá tanto a la oposición de Portugal como a las disensiones internas. La primera expedición, bajo el man- do de Villegaignon, que cuenta con la ayuda monetaria y naval del rey Enrique 11 (10.000 libras y dos navíos), yen la que se mezclan hugonotes con presidiarios, se establecerá en una isla ubicada en la bahía de Guanabara, frente al lugar que en 1502 el navegante portugués Andrés Gon~alves había bautizado con el nombre de Río de Janeiro. En la isla, que será conocida como «de los franceses», se levantará el fuerte Coligny, y más tarde, ya en la costa, se fundará Henryville, en recuerdo del rey de Francia. Durante algún tiempo la colonia prospera: afluyen más contingentes hu- manos, se exporta el brasilete y las relaciones con los indígenas son excelentes. Incluso se piensa en la expansión y así se construyen diversas instalaciones en el litoral. Portugal, obviamente, no podía permitir que el asentamiento se consolidara de manera definitiva, pues hubiera supuesto la pérdida de su monopolio sobre esta región americana, y ordena al gobernador del territorio, Men de Sá, expulse a los intrusos. Pese a ciertos éxitos parciales -toma del fuerte Coligny- la campaña resultó dura al producirse la unión entre galos e indios contra los lusos. Fueron necesarios el empleo de un mayor número de tropas portuguesas, repetidos enfren- tamientos, la construcción de trincheras, viviendas y otros edificios en el morro del Pan de Azúcar (génesis de la futura capital brasileña, San Sebastián de Río de Janeiro) para impedir el retorno de los franceses y la influencia de los jesuitas Nóbrega y Anchieta sobre los indígenas, a quienes consiguieron apaciguar y con- vencer de que no interviniesen en el conflicto, para alcanzar el éxito. Con todo, hasta 1567 no se lograría el desalojo total. De nuevo, el sueño francés de establecer colonias en América había fracasado, y la llamada guerra de la confederación de los tamoios, por los aborígenes que intervinieron, acabó en derrota. Las riquezas agrícolas del territorio brasileño aún facultaron dos nuevos y últimos intentos galos de establecimiento en el país. En 1581, un año después de que las coronas de Portugal y España quedaran unificadas bajo Felipe Il, una flota al mando de Francisco Strozzi que se dirigía al Brasil con ánimo de ocupar una amplia zona fue detenida a tiempo por la escuadra del marqués de Santa Cruz. La acción se englobaba dentro del acuerdo alcanzado entre Catalina de Médicis y el prior de Crato, aspirante al trono portugués, de oposición conjunta a la hegemonía del rey español y que incluía la cesión de regiones americanas a cambio de ayuda militar. En 1594 se organizó una expedición dirigida por Carlos de Vaulx con la pretensión de fundar colonias en Brasil. Llegados a destino , se establecieron en Maranhao y Paraibo y, al igual que en ocasiones anteriores, procuraron mantener

Los intentos colonizadores de Francia y Holanda en el siglo XVI 369

A todo lo anterior se unía que entre los planes de Avilés figuraba la construcción de una base fortificada en las costas de Florida, enfrente de La Habana, para así mejor controlar el paso marítimo formado por la península y la isla. En consecuencia, su primera medida como adelantado fue la destrucción de la colonia de hugonotes franceses en una acción de gran dureza -los supervivientes de los enfrentamientos fueron ajusticiados- que ensombrece toda su anterior y posterior labor. Donde antes se levantaba Fuerte Carolina los españoles erigieron San Mateo, se fundó San Agustín y toda la costa hasta las Carolinas se jalonó de misiones y fuertes (Charles Fort pasó a ser Fuerte San Marcos). Verdaderamente positivo de la breve presencia francesa en la Florida fue la introducción del tabaco en Francia y también en Inglaterra, gracias a una visita que John Hawkins realizó a la colonia gala. El siglo XVI finalizaba sin que se consolidase ninguno de los intentos de asentamiento en América. La mirada, ya despuntando el siglo XVII, se volverá de nuevo hacia el Canadá.

Holanda: desarrollo económico y comercio marítimo

En la Europa continental, la región atlántica más desarrollada económicamente y con mayor número de habitantes por kilómetro cuadrado era la de los Países Bajos. La estratégica ubicación de sus puertos -a orillas del Rhin y del Escalda, que le permitían adentrarse hacia el interior europeo-, la cercanía a Inglaterra y la proximidad a la zona báltica controlada por la Hansa, le conferían un papel comercial importantísimo. Desde los Países Bajos se enviaban a puntos muy lejanos todo tipo de manufac- turas textiles, cereales, maderas, sal y vino, en una acción que relacionaba el norte yel sur de Europa a través del enclave neerlandés. A comienzos del.siglo XVI los holandeses disponían de los mayores astilleros navales y eran los armadores europeos con mayor capital. Además, sus puertos se habían convertido no sólo en centros de redistribución de mercancías, sino en grandes almacenes -como luego harán también en América- donde podían depositarse los productos durante el descanso tras una larga travesía marítima, en la época invernal o bien a la espera del enlace con embarcaciones rumbo a otros lugares. El aumento demográfico que afectó a Europa durante el siglo XVI se hizo notar en los Países Bajos que a finales de la centuria habían alcanzado los tres millones de habitantes, aunque luego sufriría un estancamiento ya avanzado el siglo XVII. Muchas de las ciudades del territorio crecen (Amsterdam, por ejemplo, pasa de 30.000 habitantes en 1585, a 105. 000 en 1622), se desarrollan y se urbanizan, caso de Rotterdam, Haarlem, Delft y Leiden. Al igual que otros pueblos, los holandeses, cuya tradición marinera les venía de

(^370) Historia de las Américas

muy antiguo, se habían aventurado por e! Atlántico norte para hacerse con arenques y llevarlos a Prusia, Polonia y Letonia. En sus correrías navales llegarían hasta los bancos pesqueros de Terranova en fecha cercana a 1550, aproximándose al continente americano. Incluso en años anteriores, 1486 y 1487, algún marino flamenco al servicio de Portugal -Fernando van Olmen (o Fernao Dulmo para los lusos)- habría viajado más allá de las Azores en busca de islas supuestamente míticas, en un claro precedente de la posterior travesía colombina. Pese a estos precursores, no tuvo Holanda, en principio, interés por la inversión de parte de su capital en la colonización de! recién descubierto Nuevo Mundo. La oposición de España a la presencia de otras naciones en Indias podía hacer peligrar e! dinero invertido y e! mal resultado de los asentamientos franceses -con la secuela de muertes por hambre, ataques indígenas o hispanos- sentaban unos antecedentes que no movían a la imitación. Para la conexión con Asia se prefirió, en un primer momento, la ruta africana y así Corne!ius Houtman zarpaba en 1595 con cuatro naves hacia e! cabo de Buena Esperanza , Madagascar y e! archipiélago de la Sonda. En 1598 le seguirían otras expediciones por idéntico camino.

La revuelta holandesa contra España

La atención holandesa por América se produjo a causa de motivos políticos. En 1555 los Países Bajos pasaron a depender de Fe!ipe 11, de España, quien trató de aplicar en e! territorio e! mismo sistema autoritario que en e! resto de sus posesiones mundiales. La prepotente burguesía flamenca no vio con simpatías la pretensión de! rey hispano -contraria a sus intereses y que interpretaron como una arbitrariedad más a sumar a la serie de humillaciones recibidas de los monarcas extranjeros (casas de Borgoña y Austria) que les gobernaban desde hacía tiempo. A este clima un tanto enrarecido vino a añadirse e! factor religioso. El calvinismo

caló hondo en todas las capas sociales de los Países Bajos y se convirtió en bandera

de protesta contra e! gobierno español. Nacionalismo y religión acabaron identi- ficándose y las medidas que Fe!ipe II tomó para atajar la difusión de las creencias protestantes no hicieron sino empeorar aún más la situación. Las drásticas inter- venciones del duque de Alba en Flandes enconó las posiciones de ambos bandos, que no pudieron atemperarse ni con la promesa de una amnistía ni con la sustitución de aquél por Luis de Requesens, más dispuesto al diálogo. A partir de 1572 se desató una guerra de independencia, no finalizada hasta 1609, en la que toda oposición a

España buscó refugio en el Norte, en las provincias de Holanda y Zelanda.

Desde el mismo momento del estallido de los enfrentamientos, holandeses y zelandeses unieron sus fuerzas a los corsos franceses e ingleses que en aguas atlánticas atacaban barcos y flotas hispanas, robaban parte de los metales preciosos que

372 Historia^ de^ las^ Américas

importancia en la historia de Holanda, William Usselinx (1567-1647), calvinista de Amberes huido al norte de los Países Bajos a raíz de las guerras nacionalistas contra España; promotor de la creación, en 1621, de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, desde 1592 presentó sucesivas propuestas, ninguna con éxito, para la fundación de colonias protestantes en Indias que sirvieran de base de aprovisiona- miento de los filibusteros y de almacenes de productos de contrabando.

Los holandeses en el Pacífico americano

Tras el relativo buen viaje de Houtman en 1595, de 1598 a 1602 partieron catorce flotas -65 barcos en total- rumbo a tierras asiáticas, algunas de las cuales eligieron la ruta americana para llegar a su destino. La primera de éstas zarpaba en el año inicial indicado con cinco navíos, 547 hombres y bajo el mando de Simón Cordes. Repleta de mercancías, la suerte no acompañó a la expedición que en la larga travesía se vio atacada por el escorbuto y diezmada. Se consiguió pasar por el estrecho de Magallanes y adentrarse en el océano Pacífico, pero en la isla de Santa María (en el archipiélago de las Galápagos), donde se realizó una obligada escala, sufrieron el ataque de los indígenas que causaron nuevas muertes. La precaria situación hizo surgir las desavenencias dentro del grupo que acabó escindido. Una parte continuaría viaje a Oriente con tan mala fortuna que sucumbiría en su empeño. La otra, capitaneada por Cordes, regresó a Holanda no sin antes atacar y pasar a cuchillo a la población española de Castro en Chiloé (Chile). Sólo tres meses después de la partida de Cordes se hacía a la mar Oliverio van Noort con idéntico objetivo y con la misión, además, de entorpecer en lo posible el tráfico naval español en el Pacífico. Sin problemas de enfermedades lograrían llegar hasta la isla Mocha, próxima a las costas chilenas y proseguir la ascensión hasta latitudes cercanas a Valparaíso. De aquí a la Sonda no hubo mayores contra-

tiempos, sal dándose el viaje con resultados positivos.

Todos estos intentos holandeses, que son los únicos de cierta envergadura

llevados a cabo durante el siglo XVI y que cierran la centuria, sirvieron para

demostrar las ventajas de la ruta del cabo de Buena Esperanza sobre la de Hornos en las relaciones comerciales con Java y Sumatra, que sería la preferida en adelante. Respecto a América, los esfuerzos se centraron en el Caribe donde junto a la pretensión de establecerse en territorio brasileño se ocuparon las islas de Cura~ao y Bonaire, convertidas en poco tiempo en centros del contrabando con Tierra Firme, si bien esta época de esplendor corresponde ya al siglo XVII. Sin colonias importantes en Indias, los holandeses contribuyeron decisivamente al desarrollo americano gracias a su afán mercantilista y al interés que pusieron en todas sus acciones comerciales.

Los intentos colonizadores de Francia y Holanda ene! siglo XVI 373

Orientación bibliográfica

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