Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


introduccion, Apuntes de Historia

Asignatura: historia ciencia y profesion, Profesor: DE LA ROSA, Alberto, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 03/10/2015

cristina_cuevas
cristina_cuevas 🇪🇸

3.4

(5)

14 documentos

1 / 21

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
1
HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA
Universidad Autónoma de Madrid
Tema 1
INTRODUCCIÓN.
CARÁCTER, MÉTODOS Y FUENTES
DE LA HISTORIA DE LA
PSICOLOGÍA.
Alberto Rosa Rivero
2002
Contenidos
1. Qué es la Historia de la Psicología?
2. ¿Cuál es el propósito de la Historia de la Psicología?
3. La Psicología como objeto para la Historia de la Psicología.
4. Un examen de la Historia como forma de saber.
4.1. El carácter narrativo de la Historia
5. Los saberes y las ciencias.
6. Lenguaje y realidad.
7. Literatura científica y la ciencia como literatura.
7.1. El estudio de textos: análisis e interpretación de textos en la historia
intelectual
7.2. Los textos en la historia intelectual
7.3. El comentario de texto
8. El estudio de la ciencia a través del tiempo.
8.1. La dinámica de la formación discursiva.
8.2. Una explicación del cambio en tecnociencia
9. Referencias
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe
pff
pf12
pf13
pf14
pf15

Vista previa parcial del texto

¡Descarga introduccion y más Apuntes en PDF de Historia solo en Docsity!

HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA

Universidad Autónoma de Madrid

Tema 1

INTRODUCCIÓN.

CARÁCTER, MÉTODOS Y FUENTES

DE LA HISTORIA DE LA

PSICOLOGÍA.

Alberto Rosa Rivero 2002

Contenidos

  1. Qué es la Historia de la Psicología?
  2. ¿Cuál es el propósito de la Historia de la Psicología?
  3. La Psicología como objeto para la Historia de la Psicología.
  4. Un examen de la Historia como forma de saber. 4.1. El carácter narrativo de la Historia
  5. Los saberes y las ciencias.
  6. Lenguaje y realidad.
  7. Literatura científica y la ciencia como literatura. 7.1. El estudio de textos: análisis e interpretación de textos en la historia intelectual 7.2. Los textos en la historia intelectual 7.3. El comentario de texto
  8. El estudio de la ciencia a través del tiempo. 8.1. La dinámica de la formación discursiva. 8.2. Una explicación del cambio en tecnociencia
  9. Referencias

I.- INTRODUCCIÓN.

CARÁCTER, MÉTODOS Y FUENTES DE LA HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA.

¿Qué es la Historia de la Psicología?

La Historia de la Psicología es tanto una asignatura en los planes de estudio de psicología, como una forma de saber disciplinado con su correspondiente comunidad de investigadores, su literatura propia, sus métodos de estudio y sus órganos de comunicación. El objetivo de la asignatura es aproximar al estudiante a esa forma de saber. La Historia de la Psicología es una disciplina que, por una parte se vincula con las disciplinas históricas, pues es Historia, pero, al mismo tiempo se vincula también con la psicología, al ser el cambio y transformaciones de esta última forma de saber (la Psicología) el objeto sobre el cual se hace historia. Es en este último sentido en el que puede decirse que el objeto de estudio de la Historia de la Psicología es la Psicología. Por consiguiente, un requisito previo para poder hacer historia de la psicología es tanto clarificar qué entendemos por historia, como especificar qué es lo que se entiende por psicología. Eso es algo en lo que nos centraremos algo más adelante. La Historia de la Psicología estudia a la psicología, pero no es psicología, pues su objeto de estudio no es el alma, la mente, la conciencia, el comportamiento o la personalidad humana, sino lo que los psicólogos han dicho, escrito y elaborado sobre estos y otros constructos intelectuales que hoy entendemos como vinculados con eso que llamamos psicología. En definitiva, la Historia de la Psicología es una metadisciplina, pues es una disciplina que tiene por objeto a otra disciplina. Como historia que es, la Historia de la Psicología debe describir los estados de la psicología del pasado, al mismo tiempo que explicar los cambios que se han producido en esta forma de conocimiento que la psicología es. Como toda historia, debe describir y explicar y, si puede, producir elaboraciones teóricas sobre el propio devenir de su objeto de estudio. Lo que podríamos llamar teorías de la historia de la psicología.

¿Cuál es el propósito de la Historia de la Psicología?

El objetivo de la Historia de la psicología no es alcanzar conocimientos psicológicos, sino estudiar a la psicología. Es decir, estudiar los modos en los que se hace psicología, se construye y se aplica el conocimiento psicológico. Si la psicología pretende explicar (por utilizar una de sus muchas definiciones) cómo y por qué se produce la conducta de los organismos, la historia de la psicología se dedicaría a describir y explicar cómo y por qué se le ocurrió a alguien alguna vez que la psicología debería dedicarse a semejante cosa, así como a describir y explicar por qué algunas gentes estuvieron de acuerdo con esta definición, por qué otras no, por qué a lo largo del tiempo se han dado cambios en la forma de concebir a qué se dedica o se debe de dedicar la psicología, etc. En definitiva, la historia de la psicología no “enseña” psicología, sino que tiene la función crítica de reflexionar sobre qué ha sido hacer psicología, para qué y cómo se ha hecho psicología e, inevitablemente, especular sobre cómo podríamos o desearíamos hacer mejor psicología. Así, reflexionar sobre la Psicología, es

La psicología, pues, es saber disciplinado, en algunas de sus acepciones es también ciencia, es literatura, pero también son personas, son grupos, son instituciones y procedimientos de acción. Una vez que hemos aplicado este criterio nos encontraremos con un conjunto de ejemplares pertenecientes al dominio de la psicología (psicólogos, escritos sobre psicología, instituciones de investigación, de enseñanza, profesionales, etc.), que constituirían aquello sobre lo que vamos a hacer historia. Este algo (la psicología, el conjunto que engloba todos estos ejemplares) no ha sido eterno, ha tenido un momento de nacimiento, ha tenido sus padres y sus abuelos, además de sus parteras, así como un ciclo vital. Apurando la metáfora organicista, podríamos decir que su ser actual depende tanto de la herencia como del ambiente. Si pensamos que la psicología es algo que existe, tenemos que empezar por preguntarnos qué tipo de entidad tiene. Toda entidad, en tanto que permanece (y cambia) en el tiempo, en un momento particular, primero adquiere y luego conserva una identidad, algo que la caracteriza como sí misma, características que sirven, por una parte, para incluirla en una clase de cosas, pero, por otra, la distingue de los otros elementos del conjunto al que pertenece. Esta identidad en parte la hemos establecido ya cuando hemos dicho que es una forma de saber sobre lo psicológico, pero en otra parte sigue indefinido en una forma un tanto nebulosa. Esto ciertamente es un problema, pero es un problema al que se tiene que enfrentar la historia de la psicología, una de cuyas funciones es precisamente participar en el proceloso proceso de intentar delimitar qué es la psicología. Por eso, la cuestión de la identidad de la psicología en lugar de ser un problema que debe ser despejado antes de empezar a elaborar su historia, es parte de la propia tarea de la misma historia de la psicología. Esto en absoluto es exclusivo de la historia de la psicología, sino que es consustancial a toda historia. La propia Historia de España tiene entre sus tareas tratar de entender qué es eso que llamamos España, una entidad imaginada que no ha sido ni será eterna, que tuvo su principio y seguro tendrá también su fin, pero que mientras exista marca nuestra vida hasta el extremo de formar una parte no pequeña de nuestra propia identidad personal. Se habla de identidad porque hay cambio. Decimos que cada uno de nosotros conserva su identidad a pesar de cambiamos de aspecto, estatura, peso, edad, etc., estado civil, profesión, etc. a lo largo de nuestra vida. Igualmente le sucede a España o a la Psicología. La identidad es algo que permanece (supuestamente) idéntico a través del cambio. Por eso se dice desde el saber psicológico que sólo puede tenerse identidad si hay memoria, si hay conciencia de las formas de ser que hubo en distintos pasados, si éstas se relacionan con el presente y con el futuro imaginado. Literalmente no puede haber sentimiento de identidad sin memoria. Si me preguntan quién soy, inmediatamente recurro a mi memoria para saber quién soy. Sin mi pasado yo no se quien soy (es el caso de los amnésicos). Sin mi pasado no existe mi futuro. Si la identidad personal descansa sobre la memoria, la identidad social descansa sobre la memoria colectiva, sobre eso que se llama “historia”. No podemos saber qué es la psicología sin hacer una reflexión histórica sobre ella, sin mirar a su deriva temporal. Ya hemos hecho un primer examen de lo que consideramos el objeto de estudio de la asignatura: Los textos sobre materias psicológicas, así como las acciones que dieron lugar a ellos. Acciones que lo son de sujetos humanos y, por tanto, incluidas en entornos sociales e históricos concretos.

En definitiva, estudiaremos textos, personajes e instituciones que generaron discursos sobre lo psicológico. Además, nos fijaremos en cómo esos discursos han sido recibidos, usados o desechados en diversos momentos temporales. Esa reflexión sobre la psicología se va a realizar desde una aproximación histórica, es decir, mediante una aproximación al estudio del pasado. Dicho de otra manera, para poder entender qué es la psicología nos va a ser de gran utilidad hacer historia de la psicología. Pero para hacerlo con cierto rigor precisamos previamente de reflexionar tanto sobre la forma que toman los saberes y la ciencia, como sobre lo que es la Historia.

Un examen de la Historia como forma de saber.

La Historia es una forma social de recuerdo que se ha institucionalizado con objeto de cumplir su función social, al mismo tiempo que sus productos cumplen requisitos que ofrecen garantías de verdad aceptables. En este sentido, la historia tiene cosas en común con otras formas sociales de recuerdo, al mismo tiempo que también tiene sus peculiaridades distintivas. (ver tabla 1). La Historia no es un mero saber de anticuario. Contiene una manera de concebir qué somos y qué debemos hacer. No es neutral, incluye una moral. Por una parte, al ser la interpretación de la experiencia acumulada por un grupo social, tiene componentes ideológicos y morales. Pero, por otra parte, la Historia es una forma de saber reglado, es una disciplina científica, sigue unas reglas que son las que suministran las garantías de fiabilidad y validez de sus interpretaciones. La Historia es también una disciplina particular. Su sustancia es el tiempo, el devenir, el cambio. Tiene que construir imágenes virtuales de diferentes presentes (que para nosotros son ya pasados) y cómo unos presentes se convierten en pasados para otros. Además, el historiador cuenta con la ventaja de conocer algunos futuros de esos presentes del pasado. En nuestro caso sirve para orientarnos sobre qué psicología hacer, a partir del examen de las psicologías que se han hecho y para qué han servido. Esto es una cosa que no se puede hacer de forma irreflexiva y apresurada, sino con fundamento. Hay que aprender a hacer historia, a utilizar los recursos que han ido depurando los historiadores a lo largo del tiempo. El historiador, como todo agente que recuerda, se encuentra ante un dilema por lo menos aparente. Por una parte, el recuerdo se presume que, para ser fiel, tiene que ser lo más parecido posible a la situación que se recuerda. En términos historiográficos se habla de actitud historicista para referirse al intento de estudiar el pasado en los términos contemporáneos al presente de aquel pasado que se evoca. No obstante, todo recuerdo, aunque está referido a acontecimientos del pasado, es una acción que se ejecuta en el presente. Por consiguiente, el acto de recordar responde a demandas del presente y se sitúa en el contexto contemporáneo al acto del recuerdo. Se habla de actitud presentista en historiografía para referirse al tratamiento de acontecimientos pasados en términos de la situación presente. El historiador se halla ante el imperativo metodológico de guardar una actitud historicista, para lo que debe tratar de describir, explicar e interpretar los hechos desde la perspectiva del modo de su ocurrencia en el momento en que se produjo, aunque, al mismo tiempo, se dirige a aquellos acontecimientos desde la ventaja y la orientación del presente, lo que le ofrece una ventaja a la que ni puede ni debe

2abla 2 Tabla 1 PRÁCTICAS SOCIALES DE RECUERDO

Tipo de práctica Materia prima^ Instituciones^ Producto^

Función social y personal

Criterios de verdad

Prácticas sociales del recuerdo

Relatos de recuerdos personales o historias relatadas. Monumentos, iconos, ritos, etc. Relatos populares. Mitos. Ficción literaria de género histórico. Cine, teatro, música. Etc.

Familia Comunidad Festivales Iglesia Instituciones políticas y culturales Prensa y otros medios

Relatos sobre el pasado. Imágenes

Representación del pasado. Interpretación del presente. Producir experiencias emocionales. Compartir social.

Utilidad justificativa de la identidad personal y social.

Sostenimie nto de la moral social.

Asignaturas de historia en la enseñanza obligatoria

Productos de la práctica historiográfica. Objetivos político- ideológicos de la enseñanza.

Escuela Fuerzas armadas

Relatos sobre el pasado. Discursos indicativos, imperativos y subjuntivos sobre la identidad nacional.

Las mismas, además.

Ejercitar la identidad personal y grupal

Utilidad para la orientación de la acción colectiva futura considerad a como útil.

Historio- grafía. Ciencia histórica

Rastros físicos del pasado. Documentos Productos historiográficos previos. Conocimientos de ciencias auxiliares

Archivos Universidades Instituciones de investigación

Constructos historiográficos Narraciones históricas

Proyecto de futuro. Conservación e interpretación de la experiencia acumulada.

Criterios científicos de verdad.

El carácter narrativo de la Historia

Con frecuencia sus productos finales del trabajo del historiador tienen una forma narrativa, es decir, aparecen con la forma de un relato que describe y explica lo sucedido en un momento pasado. Esto hace que haya autores que defienden que el contenido de la Historia (escrita con mayúsculas para diferenciarla de otras acepciones de esta palabra y señalar que nos referimos a una forma de saber disciplinado y empíricamente fundado) no esté constituido solamente por los eventos que se relatan, sino, también, por la forma en que esos eventos se presentan y explican, además de incluir de forma inevitable implicaciones ideológicas y morales. Es en este sentido en que se llega a decir que la forma es ella misma contenido (White, 1989). Los usos que recibe la palabra historia en el lenguaje común recogen los aspectos que se acaban de comentar. La tabla 2 los recoge de forma sumaria

Usos de la palabra historia

Término Referente Fuente Función historia (lo ya pasado)

Lo acontecido en el pasado

Acontecimientos sucedidos en el pasado

Suministra la causa material para la Historia Historia Historiografía

La disciplina histórica

Rastros materiales del pasado (monumentos y documentos)

Describir qué pasó y explicar por qué pasó. Aporta la Causa eficiente. Historia- ficción (cuento-relato). Forma narrativa.

Producción lingüística en forma narrativa

Géneros discursivos culturales.

Artefacto literario para crear significados. Aporta la Causa formal. Historia General (Ideología)

Lo acontecido en el pasado y lo que acontecerá en el futuro

Acontecimientos imaginados (pasados y futuros)

Cerrar la narración. Añade la Causa final

Así en ocasiones se habla de la “historia” como lo realmente sucedido, como “lo que de verdad pasó” (en la primera acepción), sin estar mediado por la experiencia de ningún agente humano, lo que no deja de ser un supuesto improbable, pues el dilucidar lo que “de verdad” está sucediendo en las acciones e interacciones un momento presente es muy difícil, y recordarlo aún más (piénsese, por ejemplo, en como un grupo humano –de amigos, una familia o una pareja- interpreta lo que está pasando o lo que ‘realmente’ pasó en un momento anterior). La expresión “somos producto de nuestra historia” recoge el uso de esta acepción del término. En otras ocasiones se habla de la “historia” como refiriéndose a un proceso transcendental, como una especie de drama universal que se desarrolla a lo largo del tiempo. Esta acepción aparece en expresiones del estilo de “el tribunal de la historia dirá quién tiene la razón”. Este es el uso que se recoge en la cuarta acepción del cuadro 1 bajo el término de Historia General. Se trata de un uso que presupone la existencia de una cierta teleología, de un fin, un punto hacia el cual tienden la sucesión de acontecimientos que se producen. En el fondo, tras esta noción late la existencia de la idea de progreso (p.e., hacia la hermandad universal, el conocimiento de la ‘verdad’, la sociedad sin clases o la salvación eterna), lo que permite considerar a unas u otras

La relación de los organismos con el entorno en el que se desenvuelven hace que en cada uno de los individuos se produzcan aprendizajes de pautas de conducta que revelan que el paso del tiempo ha transformado los modos en que organismo y ambiente se acoplan entre sí. Si suponemos que un organismo tiene la capacidad de representarse el entorno, y a sí mismo actuando en ese entorno, podríamos llegar a decir que ese individuo conoce ese entorno, se conoce a sí mismo, dicho de otra manera, que alcanza conocimientos, que es susceptible de tener experiencias, asimilando una situación nueva a situaciones anteriores. El uso que hasta ahora hemos dado al término conocimiento lo limita al ámbito subjetivo, incluso a lo meramente procedural (por lo menos en la primera acepción que hemos utilizado en el párrafo anterior). Pero, ¿es ése conocimiento meramente individual o es transmisible entre diversos individuos? Responder cabalmente a esta pregunta nos desviaría del objetivo que aquí pretendemos en este momento, por eso nos vamos a limitar a ofrecer un esbozo de respuesta que sea de utilidad para los propósitos que aquí nos guían. A grandes rasgos podríamos decir que hay dos formas de transmitir el conocimiento adquirido: una primera, a través del aprendizaje de conocimientos procedimientales a través de la relación social entre individuos que interactúan en cooperación en un ambiente compartido; y otra, más elaborada, en la que se establece un sistema de símbolos en el que éstos se vuelven sobre sí mismos, actuando no sólo como reguladores de la acción de los otros a través de la comunicación, sino que sirven para regular la comunicación mutua, o incluso el propio uso de los sistemas simbólicos. Dicho en forma más simple. Sólo puede haber transmisión de conocimientos cuando existe un código simbólico de comunicación que libera el conocimiento de las cosas de la experiencia directa de cada individuo con esas cosas; es decir, cuando uno puede comunicarle su experiencia a otro. Eso requiere del lenguaje y, en forma más precisa, de formas discursivas que protocolicen la comunicación, haciéndola más fluida, facilitando tanto la expresión como la comprensión. Los sistemas simbólicos permiten que el conocimiento individual procedimental se transforme en declarativo, convirtiéndose en discurso, lo que tiene consecuencias importantes. Por un lado, hacia dentro, la acción sobre las cosas puede pasar a representarse a través de actos del habla (para representarse una acción ya no es preciso realizarla, sino basta con describirla); mientras que, hacia fuera, la expresión verbal se convierte en una forma de representación social de una realidad que al mismo tiempo se hace subjetiva y compartida, social. Dicho de otra forma, aparece la cultura, la posibilidad de comunicar experiencias, de comunicar conocimientos individuales, de acumular saber. Los grupos humanos a lo largo del tiempo han desarrollado muchos tipos de productos culturales, de formas de saber. Los mitos, la religión, la filosofía o la ciencia están entre ellas. Cada una de estas formas tiene su deriva propia y, además, se entremezclan con toda una maraña de productos y prácticas culturales demasiado intrincada como para que aquí siquiera pretendamos aproximarnos a una descripción. Nos vamos a limitar a señalar dos aspectos que resultan de utilidad para los propósitos que aquí nos guían. Por una parte, esas formas de saber a lo largo del tiempo van generando sistemas de regulación propia, de ortodoxia; es decir, van generando reglas que regulan cómo producir nuevo saber, cómo generar experiencias, cómo comunicarlas y cómo codificarlas. Por otra, la aparición de los sistemas de notación escrita (la escritura y la alfabetización) han ido haciendo posible que esas formas de saber se plasmen en productos estables, en objetos

susceptibles de un estudio pormenorizado; en definitiva, que aparezcan en forma de textos. De este modo alcanzan una estabilidad no siempre garantizada por el recurso a la memoria de los recitadores, además de liberarse su utilización de su uso en rituales colectivos, haciéndose posible la lectura privada. La filosofía y la ciencia son formas de saber relativamente recientes en la historia de la humanidad. Ambas comparten el ser formas de saber naturalistas y racionales; es decir, no recurren a entidades con poderes que van más allá de lo que se da en la naturaleza y, además, generan sistemas de explicación denominados lógico-racionales. En el caso de la ciencia, además, se han generado un conjunto de normas que regulan el modo en el que la experiencia individual puede expresarse públicamente, las formas en que pueden generarse explicaciones y, en definitiva, cómo el conocimiento individual se puede convertir en saber colectivo. En cualquier caso, lo que nos llega de los saberes, de la ciencia son sus productos finales: los textos, la literatura científica, el resultado de poner en tinta sobre papel expresiones lingüísticas sobre los aspectos que se estudian.

Lenguaje y realidad.

La ciencia se presenta a veces con la pretensión de ofrecer una imagen objetiva de la realidad. Pero esta pretensión se basa en algunos supuestos que deben ser examinados. Por una parte, la idea de que existe una realidad inmutable más allá de la experiencia de los sujetos humanos, por otra, que la percepción nos permite acceder de manera directa a esa realidad (lo que con cierta sorna ha sido denominado a veces el “dogma de la inmaculada percepción”) y, por último, que el lenguaje actúa como un receptáculo vacío y transparente, capaz de contener la realidad tal y como ésta es, haciendo así posible la expresión y comunicación del conocimiento obtenido de esa realidad. Sin embargo, la moderna teoría de la ciencia no siempre mantiene unas pretensiones tan altas. Por una parte, trata de rebajar sus asunciones sobre lo que la realidad es (la reflexión sobre el ser real de las cosas es el área de trabajo de la metafísica) para trabajar con los resultados de la experiencia (lo que se conoce como experiencia empírica), tratando entonces de regular (establecer reglas sobre) el modo y las condiciones para tener esas experiencias (regulaciones metodológicas, como el método experimental, el observacional, el correlacional, etc.), al igual que los procedimientos para reportar esas experiencias (léxico, lenguaje científico) y hacer inferencias sobre su fiabilidad, validez y significación (requisitos de verdad, lógica, reglas sobre la construcción de teorías). De esta forma, el saber científico tiene siempre un carácter de verdad provisional. Esto por lo que se refiere solamente al proceso que figurativamente podemos llamar “poner la realidad en el lenguaje” (con las cautelas que acabamos de señalar), por lo que, además, hay que considerar el proceso simétrico, el que consiste en aproximarse a la realidad desde el conocimiento que de ésta nos llega a través de los textos científicos. Lo que sería el proceso de comprensión de textos científicos y de aprendizaje de conceptos científicos. Así vistas las cosas, la verdad del conocimiento científico no resulta directamente de la aplicación de un método que haga posible que la realidad se nos revele (algo así como la fórmula mágica para hipotéticamente “ponernos en el punto de vista de Dios”), sino que es resultado de un proceso de construcción social de la

específico de discurso destinado a referirse a una parte de realidad acotada por una práctica disciplinada. Cuando una forma de saber disciplinado, una ciencia, se convierte ella misma en objeto de escrutinio, uno de los aspectos centrales para su estudio es precisamente la literatura que genera. Este estudio se puede realizar desde diversas perspectivas. Por un lado desde la consideración de los textos mismos y los contextos en los que éstos se generan

EL ESTUDIO DE TEXTOS: ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE TEXTOS EN

LA HISTORIA INTELECTUAL

Los textos en la historia intelectual La Historia intelectual es la historia de producciones intelectuales que generalmente, aunque no exclusivamente toma la forma de textos (hay que considerar también otros productos como los gráficos, aparatos, procedimientos de acción, etc.). Por eso, los textos constituyen una parte muy importante del material empírico que permite acercarse al estudio histórico de las producciones intelectuales. Esta es la razón por la que resulta importante familiarizarse con procedimientos de aproximación a este material, además de un conjunto de técnicas de análisis de textos. Los textos no son materiales como otros cualquiera, son productos culturales, es decir, son resultado de la acción humana confeccionados a través del uso de artefactos artificiales (papel, tinta, léxico, estructuras gramaticales y recursos literarios, entre otros) desarrollados en el seno de la vida colectiva. Pero, además, son artefactos destinados a la comunicación, contienen un mensaje. Un mensaje que ha sido construido por un agente humano con los recursos de que dispone en ese momento para transportar al papel (categorizar con el léxico y las estructuras teóricas disponibles) los resultados de su mirada sobre una parte de la experiencia de quien lo escribe. Es decir, tiene como referente fenómenos que son externos al propio texto, pero que sólo pueden expresarse a través de los recursos culturales aprovechados por el autor. Esos fenómenos son constituidos a través del lenguaje, de recursos léxicos y retóricos. Por eso, resulta imprescindible contemplar cuáles son esos recursos, de dónde provienen, qué usos recibían en el momento en que el autor los utiliza, pues el mismo léxico es susceptible de recibir usos diferentes en autores, culturas y tiempos distintos y, por consiguiente, alcanzar significados distintos. Podemos decir que las categorías científicas tienen una historia de uso, que les hace ir cambiando de significado a lo largo del tiempo. Lo mismo puede decirse respecto de la forma de expresión utilizada (metafórica, algebraica, gráfica, etc), o de los recursos literarios puestos en juego (descriptivo, expositivo, argumentativo, etc.). Nos encontramos, pues, con que el texto es un producto confeccionado para comunicar. En este proceso de confección hay un conjunto de entresijos que no pueden dejar de contemplarse. El texto, como toda forma de habla (escrita en este caso), no puede dejar de contener elementos de tipos muy diversos que toma de los diálogos sociales e intelectuales en los que el autor está implicado. En este sentido se dice que el texto es dialógico, que está siempre incluido en un diálogo; es la emisión de un hablante (escribiente en este caso) que utiliza su voz, pero que evoca voces de otros hablantes de su pasado o de su presente que el autor ventriloquiza; este carácter dialógico, con una pluralidad de voces interviniendo en la fábrica del texto, le confiere un carácter polifónico. Por otra parte, el texto no es una salva que el autor lanza al sol, sino que es un mensaje dirigido a uno o unos destinatarios, a una audiencia situada en un contexto

social, ideológico, intelectual y político determinado. Además, el texto pretende siempre convencer, utiliza siempre recursos persuasivos, por lo que conviene tener en cuenta los procedimientos retóricos utilizados. Esto que acabamos de decir tiene algunas consecuencias que no pueden dejar de ser de nuestro interés. El autor con su escritura construye un mundo de papel, una visión de la realidad a la que se refiere, que aparece directamente incluida en la matriz teórica particular que nos presenta, la cual a menudo contiene un conjunto de supuestos que no aparecen explícitamente en el texto, pero que supone comparte (explícita o implícitamente) la audiencia a la que se dirige. Pero esta audiencia varía a lo largo del tiempo y a lo ancho del espacio, lo que hace que el texto sea interpretado de diversas maneras o, dicho de otra manera, que sea susceptible a diversas lecturas. En definitiva, el texto incluye un mensaje, pero los mensajes nunca son unívocos, aunque esta multivocidad puede intentar reducirse mediante el uso de sistemas de notación altamente descontextualizados, junto con su inclusión en formas de prácticas sociales altamente regladas que propicien contextos de interpretación lo más similares posible. Esto hace que los contextos del texto (el de su producción y los de las interpretaciones que ha sufrido) no puedan considerarse como un mero passe-partout que enmarque la figura constituida por el texto, como hace el marco con un cuadro, sino que resulta imprescindible considerarlo a la hora de atribuir significado al texto mismo, pues el significado lo entendemos como resultado de un proceso activo de semiosis que realiza un agente humano en el seno de las condiciones concretas en que se produce su acción. De este modo, no puede pretenderse ‘alcanzar’ un significado auténtico e inmutable, a través del desvelamiento de un contenido fijo e inmutable de carácter sustancial. En el caso de los textos considerados como clásicos su lectura informada puede llegar a ser compleja cuando se pretende una interpretación exhaustiva. Si supusiéramos, lo que es mucho suponer, que el autor confeccionó su texto con una intención unívoca y situado en un contexto unívoco, lo que permitiría que el texto tuviera un significado unívoco, no podríamos dejar de reconocer que tanto la intención como los contextos de quienes han efectuado lecturas de ese texto a lo largo del tiempo han podido ir dejando su poso en el texto, a través de las interpretaciones a las que ha sido sometido y que llegan hasta nosotros sin que podamos ignorarlas. Esto es algo así como el precio que los clásicos han de pagar por lo que con cierta pretenciosidad se denomina la inmortalidad. En último término, el mejor destino que puede sufrir un texto es convertirse en un instrumento útil para la generación de significados para otros, para la elaboración de nuevos pensamientos en los interlocutores que vaya encontrando a lo largo de tiempo. Dicho de otra manera, el texto que nació como consecuencia de una intención de su autor, resulta siendo más o menos expropiado de ésta a lo largo de su utilización por parte de los demás al servicio de sus propias intenciones e intereses. Por eso, la lectura de los textos clásicos difícilmente puede considerarse como una aproximación virginal a su significado original, sino que necesariamente debe tener en cuenta la propia historia de la interpretación que esos textos han ido recibiendo a lo largo del tiempo. La metáfora de la excavación arqueológica que va retrocediendo en el tiempo atravesando diversos estratos de material resulta particularmente adecuada. Nos aproximamos al texto desde nuestras intenciones y desde el contexto de nuestro presente, atravesando (pero al mismo tiempo cartografiando, analizando y clasificando) las diferentes significaciones que han ido atribuyéndosele al texto en los diversos entornos culturales en que ha sido utilizado, sobre las cuales no podemos evitar construir la nuestra propia. Por eso, la lectura que nosotros hagamos del texto es sólo una de las lecturas posibles, la que nos permiten los recursos de interpretación de que nosotros disponemos

conjunto de instrumentos que pueden, pero no siempre deben, utilizarse para la interpretación de según qué textos y con qué intenciones se dirija uno a ellos. Quien utilice el esquema que aquí ofrecemos no debe considerarlo como ítems de un cuestionario que debe ser completado, sino más bien como un conjunto de sugerencias que pueden ayudar a la realización de su tarea, sin que deban siempre seguir obligatoriamente el orden que se indica en el esquema. Un comentario de texto es un trabajo académico que debe cumplir los requisitos y normas propios de la comunicación científica, lo que requiere seguir un conjunto de convenciones. Entre ellas están la obligatoriedad de citar las fuentes que se utilicen según las normas al uso (ver normas de citación), así como incluirlas por orden alfabético en la lista final que cierra el trabajo (ver normas de referenciación). El no cumplimiento de estas normas puede llevar al autor del comentario a ser acusado de plagio, una de las acusaciones más graves contra la honorabilidad intelectual.

EL ESTUDIO DE LA CIENCIA A TRAVÉS DEL TIEMPO.

La dinámica de la formación discursiva.

A la hora de tomar a una ciencia como objeto de nuestro estudio (como la Psicología) debemos de tener muy claro que el objeto de nuestro estudio no es lo que esa ciencia estudia (en el caso de la psicología la mente, la conciencia, la conducta, etc.), sino la propia ciencia. Por eso, el primer paso necesariamente debe ser especificar lo más claramente posible a qué nos referimos cuando decimos que vamos a estudiar una ciencia. Ya hemos dicho que entendemos que una ciencia es una forma reglada (sujeta a normas) de saber (público, no conocimiento subjetivo), fundamentado empírica y teóricamente, resultado de una práctica social canalizada institucionalmente, con sus procedimientos para la producción, distribución y consumo de los productos simbólicos y tecnológicos que genera. Las ciencias no existen desde siempre, tienen una deriva histórica, apareciendo, expandiéndose, diversificándose y transformándose a lo largo del tiempo. Una ciencia alcanza una cierta madurez cuando se constituye como formación discursiva, cuando establece un espacio para la producción de discurso sobre su objeto de estudio y sobre cómo producir una literatura específicamente suya, aunque este espacio siempre tenga unos límites borrosos. Una ciencia es un tipo de práctica social (práctica científica) porque constituye un modo socialmente reglado de construir productos manufacturados (textos) a partir de materias primas previamente existentes (otros textos, aparatos, procedimientos de acción). Esta práctica es llevada a cabo por agentes (seres humanos individuales y en grupo), que utilizan los instrumentos de que disponen (productos anteriores de esa práctica, en forma de categorías para el análisis de la experiencia, aparatos, procedimientos de acción, etc.) para llevar a cabo sus propósitos, cuyo origen suele estar en las condiciones sociales en las que se desempeña su labor, la mayoría de las veces instanciada a través de instituciones vinculadas con esa práctica. Dicho de otra manera, la ciencia es resultado de la acción humana. Una acción canalizada y regulada a través de instituciones sociales. Al estudiar la ciencia no podemos limitarnos sólo al proceso de generación de sus productos, que es a lo que acabamos de referirnos, sino que también hemos de

referirnos al modo en que esos productos circulan a través de la formación discursiva. Es decir, a los procesos de distribución y consumo de esos productos. Los productos de la ciencia son, en una parte muy importante, productos simbólicos. Estos productos se ponen a disposición de consumidores potenciales. Podemos hablar, entonces, de la existencia de un mercado simbólico (Bourdieu, 1991) en el que esos productos se ofrecen, se aceptan o se rechazan, se usan o no se usan, se consideran como valiosos o inútiles. En definitiva, una mercado de símbolos en los que cada uno de ellos recibe una atribución de valor por parte de sus potenciales consumidores. La ciencia constituye un tipo de mercado simbólico particular, que podemos llamar mercado epistémico, porque el valor dominante es el de la verdad que se atribuye a los productos que en él circulan. Pero la ciencia rara vez es pura, en el sentido de que se dedique exclusivamente a la producción de saber teórico, sino que muy frecuentemente es aplicada. Es más, en ocasiones se puede hablar de tecnología como algo distinto a la ciencia, aunque muy frecuentemente ambas vienen de la mano. Lo que diferencia a la ciencia de la tecnología (cuando esta diferenciación es posible) es que las categorías científicas obtienen (por lo menos una parte significativa de su) valor de verdad a través de su referencia recursiva a las construcciones teóricas y empíricas generadas, mientras que la tecnología se preocupa sobre todo del uso práctico, relegando el rigor teórico a un segundo plano. En este sentido, podríamos hablar de un mercado tecnológico no siempre coincidente con el epistémico, en el que la atribución de valor a los productos que por él circulan estaría vinculada a la utilidad práctica de los productos que en él se ofrecen y se demandan. La dinámica de ambos mercados con mucha frecuencia no es coincidente, produciéndose desfases que constituyen un acicate para el desarrollo de cada uno de ellos. El proceso de construcción de conocimiento científico tiene mucho de trabajo cooperativo, de diálogo y de comercio simbólico (de ideas, de procedimientos, de categorías) entre diferentes prácticas epistémicas, de manera que los nuevos productos de conocimiento que van apareciendo no sólo son resultado de desarrollos internos de una formación disciplinar particular, sino, con mucha frecuencia, de importación de elementos de otras prácticas vecinas. Estos elementos de origen externo, al introducirse en la red semántica de la formación disciplinar que los importa, suelen cambiar su significación, constituyendo innovaciones importantes. Piénsese, por ejemplo, en la importación del concepto de “reflejo” desde la fisiología, del de “computación” desde las matemáticas, o del de “factor” desde la estadística. Los conceptos que acabamos de manejar pueden esquematizarse en la forma de un modelo gráfico del cambio en la tecnociencia. Este modelo, necesariamente esquemático, trata de integrar de forma simplificada la dinámica de producción, distribución y consumo de los resultados de la práctica científica y tecnológica en el seno de una formación discursiva. Al tener la forma de una representación bidimensional este gráfico recoge únicamente el caso ideal de una formación discursiva aislada. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la acción de los científicos de una rama determinada del saber está incluida en una sociedad compleja en la que la división del trabajo ha producido toda una red muy compleja de prácticas sociales y de formas discursivas. Estas redes no están aisladas entre sí, muy al contrario están en continuo intercambio mutuo, de manera que se dan continuamente complejos procesos de importación y exportación mutua de elementos pertenecientes a unas y otras. Esto quiere decir que el gráfico debería desplegarse en el espacio en muchos planos superpuestos (como un pastel milhojas) de manera que también hubiera flechas que conectaran recuadros pertenecientes a diferentes formaciones disciplinares, representadas en planos distintos.

En el nivel de análisis de la actividad aparecen flechas de dos colores, unas negras que apuntan hacia la generación de productos discursivos, y otras de color anaranjado que apuntan hacia las demandas sociales. Las primeras se refieren a las prácticas propiamente discursivas, declarativas (que pueden ser epistémicas o tecnológicas – como es el caso de los manuales de aplicación-), mientras que las segundas se refieren siempre a prácticas aplicadas, directamente dirigidas a responder a demandas sociales concretas de la sociedad, que suelen tener un contenido tecnológico. Ya se ha señalado anteriormente que en este momento resulta más adecuado hablar de tecno-ciencia, en lugar de establecer una separación tajante entre estos dos dominios, si bien sigue resultando útil distinguir entre ciencia y tecnología, por los diferentes criterios de verdad que se aplican en uno o en otro caso. También conviene recordar que técnica y ciencia no tienen por qué seguir un desarrollo plenamente acompasado, sino que frecuentemente se dan desfases, con una u otra adelantándose, planteándose así retos mutuos. En la figura aparecen también los términos distribución y consumo. Se refieren a que no basta con que se generen productos discursivos (epistémicos o tecnológicos), sino a que éstos deben distribuirse para que su uso sea accesible, al mismo tiempo que quienes están en disposición de usarlos, deben de considerarlos como útiles. Ambos procesos (distribución y consumo) son también resultado de acciones humanas, y resultan de gran importancia para la explicación del cambio en tecnociencia, pues la generación de un producto no garantiza que su influencia perviva en el tiempo; sólo lo hará si llega a afectar a acciones posteriores de los miembros de la comunidad científica; es decir, si es adecuadamente distribuido y, además, es considerado como merecedor de ser utilizado, lo cual es resultado de un juicio por parte de los consumidores. La historia de la ciencia está llena de ejemplos en los que productos epistémicos, que más tarde son considerados como brillantes, no han recibido la atención de sus contemporáneos, y viceversa. La explicación de fenómenos como éste sólo es posible teniendo en cuenta el proceso de cambio epistémico como un todo. Finalmente, vamos a referirnos a la parte izquierda del diagrama, la que viene bajo el título de nivel de análisis socio-institucional, con cajas y flechas de color amarillento. Aquí se presenta cómo a lo largo del tiempo el cambio social plantea diferentes necesidades que, cuando son identificadas, conducen al planteamiento de demandas concretas y a intentos de solución diferentes. Así, se establecen formas de organización del trabajo, se crean instituciones, se establecen sistemas de incentivos (asignándose presupuestos, creando formas de promoción personal, etc.). Cuando estas demandas son respondidas, de una forma más o menos satisfactoria, éstas se transforman. Lógicamente existe un desfase entre demandas y ofertas (demandas no satisfechas y ofertas que no se aceptan), lo cual conduce a reajustes entre unas y otras, con la consecuencia de la generación de nuevas dinámicas. En definitiva, el cambio en tecnociencia es un proceso complejo, pero estudiable a través del uso de categorías de análisis organizado en niveles de explicación interrelacionados. Una historia de las ideas se limitaría a describir los cambios en el nivel del discurso, mientras que la sociología de la ciencia se ceñiría al nivel socio- institucional y la etnología (o la psicología) de la ciencia se fijarían en aspectos del nivel de la actividad. La historia de la ciencia, que pretende al mismo tiempo describir y explicar el cambio debe de tratar de integrarlas, utilizándolas como disciplinas auxiliares. Nótese que en el intento que aquí se presenta, cada uno de los niveles de análisis se articula como un sistema abierto respecto de los demás, al igual que cada formación discursiva es también un sistema abierto, respecto de las demás, y todas ellas respecto a la dinámica socio-histórico-cultural en la que están inmersas.

UN MODELO DE CAMBIO PARA LA TECNOCIENCIA

CONSUMO

Aplicaciones prácticas

DISTRIBUCIÓN

CONSUMO CONSUMO

Aplicaciones prácticas DISTRIBUCIÓN

CONSUMO CONSUMO

DISTRIBUCIÓN

NIVEL DELNIVEL DELNIVEL DELNIVEL DEL

DISCURSODISCURSODISCURSODISCURSO

NIVELNIVEL^ NIVELNIVEL SOCIOSOCIOSOCIOSOCIO---- NSTITUCIONALNSTITUCIONALNSTITUCIONALNSTITUCIONAL

NIVEL DE LA

ACTIVIDAD

grupal o individual

DISCURSOS

  • Qué es el objeto
  • Cómo se comporta el objeto.
  • Cómo estudiar al objeto

Artefactos Procedimientos Conceptos

Motivos Intereses

INSTITUCIONES Grupos e individuos División del trabajo

DISCURSOS

  • Qué es el objeto
  • Cómo se comporta el objeto.
  • Cómo estudiar al objeto

Demanda social

Demanda social

Demanda social

INSTITUCIONES Grupos e individuos División del trabajo

Motivos Intereses

Artefactos Procedimientos Conceptos

Cambio aplicado

CAMBIO TEÓRICO

Dirección del tiempo