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Introduccoón a los Clásicos, Monografías, Ensayos de Historia Europea

Ensayo sobre el libro de Mary BEARD y John HENDERSON, Introducción a Los Clásicos, trabajo que narra como el concepto de clasicismo esta intimamente ligado a la historia de Europa

Tipo: Monografías, Ensayos

2016/2017

Subido el 08/04/2017

Jesus58
Jesus58 🇪🇸

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PREHISTORIA E HISTORIA ANTIGUA
Doble Grado de Periodismo y Humanidades
Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación
Campus de Getafe
Alumno: JESÚS LÓPEZ JIMÉNEZ
Empezaré por el final: no deja de ser curioso, que la primera noticia que tuve
sobre la Arcadia, fuese gracias a un cuadro del pintor francés Nicolás Poussin, el cuadro
es el de Los pastores de la Arcadia, una pintura de proporciones no muy grandes, que se
encuentra en el Museo del Louvre en Paris. Sobre ese cuadro, he tenido que volver hace
unos años, para ilustrar un trabajo sobre La Grecia Arcaica y Clásica, La invención de
la Lectura Silenciosa” de Jesper Svembro.
Continúo con mi exposición: poco a poco y gracias a este pintor clasicista, mi
contacto con la Arcadia feliz, fue fácil. Retomando las palabras del libro que comento
hoy,todos somos ya clasicistas, sin importar 1o mucho o poco que sepamos de Grecia
y Roma. Nunca podremos acercarnos a los clásicos como perfectos desconocido (M.
Beard y J. Henderson, 1998); pues de esta forma, sin prisa pero sin pausa, como nos ha
ocurrido a todos, nos hemos ido haciendo con una parte de ese Clasicismo, que es
imposible abarcar en su totalidad.
En el cuadro de Poussin, unos pastores observan una inscripción en una lápida,
“et in Arcadia, ego”, ese es un recordatorio de que la muerte, no deja de actuar incluso
en ese paraje bucólico (y tiro de nuevo de Clasicismo) de esa región griega. La Arcadia
es ese lugar feliz y salvaje, donde pastores, ninfas y faunos moraban; teniendo una vida
placida y despreocupada en su existencia, aprovechando el momento presente y sin
preocupaciones de ningún tipo. La Arcadia, incluso para los griegos de época clásica,
era el lugar de añoranza, el recuerdo de lo que fueron, pero mientras unos veían esta
región como un lugar salvaje, otros recordaban la despreocupación que allí reinaba.
Los autores, para reforzar ese aspecto salvaje de la Feliz Arcadia, nos cuenta el
culto cercano al templo de Apolo, del Zeus Lykaios, una advocación del padre Zeus que
se hace acompañar por dos lobos, y como se le ofrecen sacrificios humanos cada nueve
años. Sacrificios estos, en los que se llega a practicar la antropofagia; volvemos a los
clásicos y retomamos la idea de lucha de lo salvaje y lo civilizado. Pero si tomas el mito
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PREHISTORIA E HISTORIA ANTIGUA

Doble Grado de Periodismo y Humanidades

Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación

Campus de Getafe

Alumno: JESÚS LÓPEZ JIMÉNEZ Empezaré por el final: no deja de ser curioso, que la primera noticia que tuve sobre la Arcadia, fuese gracias a un cuadro del pintor francés Nicolás Poussin, el cuadro es el de Los pastores de la Arcadia, una pintura de proporciones no muy grandes, que se encuentra en el Museo del Louvre en Paris. Sobre ese cuadro, he tenido que volver hace unos años, para ilustrar un trabajo sobre “ La Grecia Arcaica y Clásica, La invención de la Lectura Silenciosa” de Jesper Svembro.

Continúo con mi exposición: poco a poco y gracias a este pintor clasicista, mi contacto con la Arcadia feliz, fue fácil. Retomando las palabras del libro que comento hoy, “todos somos ya clasicistas, sin importar 1o mucho o poco que sepamos de Grecia y Roma. Nunca podremos acercarnos a los clásicos como perfectos desconocido(M. Beard y J. Henderson, 1998); pues de esta forma, sin prisa pero sin pausa, como nos ha ocurrido a todos, nos hemos ido haciendo con una parte de ese Clasicismo, que es imposible abarcar en su totalidad.

En el cuadro de Poussin, unos pastores observan una inscripción en una lápida, “et in Arcadia, ego”, ese es un recordatorio de que la muerte, no deja de actuar incluso en ese paraje bucólico (y tiro de nuevo de Clasicismo) de esa región griega. La Arcadia es ese lugar feliz y salvaje, donde pastores, ninfas y faunos moraban; teniendo una vida placida y despreocupada en su existencia, aprovechando el momento presente y sin preocupaciones de ningún tipo. La Arcadia, incluso para los griegos de época clásica, era el lugar de añoranza, el recuerdo de lo que fueron, pero mientras unos veían esta región como un lugar salvaje, otros recordaban la despreocupación que allí reinaba.

Los autores, para reforzar ese aspecto salvaje de la Feliz Arcadia, nos cuenta el culto cercano al templo de Apolo, del Zeus Lykaios, una advocación del padre Zeus que se hace acompañar por dos lobos, y como se le ofrecen sacrificios humanos cada nueve años. Sacrificios estos, en los que se llega a practicar la antropofagia; volvemos a los clásicos y retomamos la idea de lucha de lo salvaje y lo civilizado. Pero si tomas el mito

de Odín, ves que esa representación de Zeus Lykaios, es idéntica a la del dios nórdico, que aunque nadie lo confirme, no sabemos si se le sacrificaban seres humanos o no. Otra imagen que me viene son las fiestas de las Lupercales en Roma, donde se rendía culto al lobo, protegido por el Fauno Luperco, dichas fiestas que se celebraban en el mes de febrero romano, podrían perfectamente ser junto a las Bacanales, el antecedente de nuestro Carnaval (incluido el de Rio de Janeiro); en esas celebraciones, los sacerdotes miembros de ese clan, que protegían la cueva donde supuestamente había sido amamantado Rómulo y Remo, hacían diferentes sacrificios a Luperco y corrían semidesnudos azotando con tiras de cuero a todo el que se ponía por delante, como señal de purificación anual (¡que malos eran! o ¡somos!, que necesitaban o necesitamos purificarnos con azotes anualmente). Nos movemos por tanto, por terrenos en los que la mitología y la antropología, también tiene algunas casualidades que otros estudiarán.

Si a eso añadimos la facilidad que se tenía para imponer cultos donde no los había, la falta de imaginación de muchos guionistas de Hollywood a la hora de desenterrar viejos mitos para aterrorizar a chicos y grandes, durante dos horas en una sala de cine, pues ahí tenemos al hombre lobo mordiendo a diestro y siniestro incluso en películas rodadas en España.

Lo que sorprende es la construcción del Templo de Bassae al dios Apolo, en aquel lugar y los motivos por los que se santifica esa zona. Cuando Pausanias, relata su paso por allí, según los autores, no deja de observar con ojos de griego romanizado el templo, comentar el motivo de la construcción para pasar raudo a otra descripciones de lugares más interesantes. Como casi todo está inventado, podríamos decir, que Pausanias, junto y después de Homero, crearon sin saberlo, el género “libro de viajes”, del que tanto se han servido aburridos ingleses y alemanes para descubrir la cálida Italia o la reseca Grecia y como consecuencia, redescubrirnos a los clásicos por quinta vez.

Que las tropas venecianas despojaran los cuatro caballos de bronce, que lucían majestuosos tirando de una cuadriga en el Hipódromo de Constantinopla, durante el asalto a esa ciudad, durante la Cuarta Cruzada para llevarlos a Venecia, es saqueo; que posteriormente dichos caballos fuesen llevados a Paris por Napoleón, para que decorasen el Arco de Triunfo del Carrusel antes de ser devueltos a Venecia, es saqueo; que el Friso del Partenón saliese de Atenas camino de Londres en el siglo XIX, para nunca más volver, no deja de ser un repetir la historia de saqueo y triunfo que viene llevándose a cabo desde la antigüedad, eso sí, lo puedes cubrir con miles de libros que

Cuando en el Renacimiento o el Neoclasicismo se toman modelos arquitectónicos griegos, que fueron usados y difundidos en la antigüedad, por todo el mundo que formaba el Imperio Romano, solo se trataba de resucitar los valores arquitectónicos y por extensión, políticas imperantes en la antigüedad grecolatina. León es como es, por la distribución romana de edificios a lo largo de su Cardo Máximus, perpendicular al Decumanus Maximus, con orientación Norte-Sur la primera y perpendicular Este-Oeste la segunda, a semejanza de los campamentos y castros romanos. Bajo el suelo de Córdoba, se podría encontrar la misma distribución si no hubiese sido capital de Al-Ándalus. Más de cuarenta mil ciudades fundadas por españoles en América, siguen esta orientación, según lo ordenó Felipe II. La Carolina o La Carlota, sigue una división en cuadricula en el siglo XVIII, porque nuestros ministros e ingenieros ilustrados, continuaban bebiendo en fuentes clásicas y se seguía imitando aquella idea practica de que los caminos rectos, son los más convenientes. Y qué decir de la orientación de las propias viviendas y su habitabilidad, haría sonrojar a cualquier estudioso chino del Feng Shui, porque han llegado a teorizar donde ya se sabía todo sobre el “buen chi”.

Con el Gran Cisma Católico, el Cristianismo “perdió los papeles”, después de la condena de León III a la representación de imágenes (las que eran planas y las que proyectaban sombra), la Iglesia Oriental, tomó un camino (el de la Ortodoxia) y el resto del mundo, menos culto o más pagano, seguimos consumiendo cuadros, tallas en madera, estampitas, relicarios, etc. durante mil cuatrocientos años más. Pues como decía, después del Gran Cisma, la Iglesia Heterodoxa, o sea, la nuestra, vio un filón inagotable en el mundo clásico (pagano le llaman ellos), para copiar temas, modelos, historias o tradiciones anteriores al Cristianismo. Me viene a la cabeza esta reflexión, pensando en el cuadro del Martirio de San Bartolomé de José Ribera, que para no quedar a mal con Dios ni con el Diablo, aprovecha el tema y recrea El desollamiento del Sátiro Marsias a manos del dios Apolo; dicho episodio mitológico, sucedió cuando Marsias, desafía a Apolo a una contienda musical, que el sátiro perdió ante el dios, y como todos sabemos, eso de desafiar a los dioses, se paga caro; de esta forma Ribera obtuvo un “dos por uno” que seguro que no dejó indiferente a nadie.

La anterior historia de Marsias y Apolo, transmitida por escritores latinos a través de copistas medievales, algunos restos de aquel grupo escultórico que pueden verse en los Museos Capitolinos en Roma, que no se si había visto o no Ribera, han servido para “paganizar” nuestro santoral. Como ejemplo de ese trabajo de “copia y

pega”, podemos recurrir a muchísimas otras obras más o menos artísticas, que sobre todo en escultura, han servido como modelo; se me ocurre la estatua de Hermes con Dionisos o la de Sátiro con Dionisos, que es imitada por devotos escultores en madera (en piedra casi nunca), en una de San Antonio con el Niño o la de San José con el niño, que adorna tantísimas iglesias europeas.

Durante la Edad Media, y como hemos dicho antes, gracias a los copistas, tanto musulmanes como cristianos, que se encargan de salvaguardar y difundir lentamente documentos de la Biblioteca de Alejandría, también se lee, comenta y adapta la filosofía de Platón y la de Aristóteles a la Teología o mejor dicho a la Metafísica Cristiana, hasta el punto que dos filósofos de hace dos mil quinientos años, aún siguen marcando discusiones teológicas en muchas universidades católicas donde se practica este “sano entretenimiento”.

Como conclusión final, Europa no podría ser Europa, si no fuese por todo lo que los clásicos, incluido, los romanos, nos han legado; como dicen los autores, “descubrir Roma ya sea sobre e1 terreno, entre las ruinas o leyendo latín en una biblioteca, siempre ha llevado a Grecia, a descubrir el mundo griego a través del romano” (M. Beard y J. Henderson, 1998). Estoy de acuerdo con ellos, aunque podríamos ampliar la frase diciendo que descubrir Europa, siempre acaba llevándote a Roma para terminar en Grecia.