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Orientación Universidad
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jaume magre, Apuntes de Ciencia de la administración

Asignatura: Sistema Político Español, Profesor: Manolo Artaza, Carrera: Ciencias Políticas y de la Administración, Universidad: USC

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 23/05/2017

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FATE 1. LA CULTURA POLÍTICA JAUME MAGRE FERRAN Profesor de Ciencia Política y de la Administración de la Universitat de Barcelona ENRIC MARTÍNEZ HERRERA Departamento de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra Suvario: L Contexto histórico y metodológico.—I!. El concepto de la culzura política. 1. Las per- cepciones subjetivas de la política. A) El ámbito de la subjetividad. B) Las actitudes, C) Las orienta- ciones y los objetos políticas. 2. La dimensión colectiva de las orientaciones.—11L.. Transmisión y va política: la socialización política, L. La socialización política, 2. Los agentes de socialización pal: A) La famiba. B) La escuela. C) Los medios de comunicación.—IV. Eles- tudio de la cultura política. 1. Las orientaciones hacia el sistema político en general. A) Orientacio- os hacia el régimen, B) Orientaciones hacia la comunidad política, €) La cenfianza interpersonal 2, Orientaciones relativas al propio papel en la política. A) El bxerés político subjerivo. B) La eficacia política subjetiva. C) Movilización cognitiva. 3. Orientaciores hacia cl proceso de entrada. A) La di mensión izquierda-derecha. B) La dimensión nacionalista, C. La dimensión materialismo/postmate- rialismo, 4, Orientaciones hacia el proceso de salida. A) La confianza en el gobierno. —V. El papel de la cultura política. 1. La cultura cívica. 2. El cambio cultural en las sociedades industriales avan- zadas. Bibliografía. ¿Cómo es posible que en algunos países occidentales las monarquías hayan so brevivido a las revoluciones contemporáneas manteniendo la adhesión popular? ¿A qué obedece el resurgir de los fenómenos nacionalistas? ¿Por qué motivo en Espa- ña, tras cuarenta años sin elecciones libres. se ha reproducido el mapa electoral de la Segunda República? Con insistencia a través del tiempo, a veces incluso cuando las condiciones es- tructurales han cambiado, los miembros de una comunidad o grupo político man fiestan comportamientos sorprendentemente similares. No es exiraño entonces que en la historia del pensamiento siempre haya estado presente, de una forma u otra, la idea de un conjunto de valores y creencias políticos compartidos por una deter- minada comunidad y su importancia en el funcionamiento y evolución del sistema político (Verba, 1965: 514; Almond, 1989: 4), Los antecedentes de la noción de cultura política se remontan a la antigiiedad clásica —desde Platón y Aristóteles hasta Plutarco — y aún sería posible recorrer en el tiempo el conjunto de nociones que le son afines —los conceptos de moral y religión en Maquiavelo o la idea de costumbre y moral en Rousseau—. Sin embar- go, cabe calificar el carácter de estas concepciones como literario, impresionista e 12631 da ad ro coo + cd, it a cs la a aa Y 264 EL PROCESO POLÍTICO EN LAS DEMOCRACIAS intuitivo.¡En contraste, el enfoque de la cultura política pretende tratar la relación, entre cultura y política con un planteamiento científico, _| TL. CONTEXTO HISTÓRICO Y METODOLÓGICO Pese al interés que despiertan las concepciones precursoras, aquí importa seña- lar que es principalmente en la década de los años sesenta cuando aparecen los pri- ¡meros estudios sobre la cultura política en sentido estricto. Hay, como mínimo, dos conjuntos de factores que ayudan a comprender la notable proliferación de estas es- tudios: la coyuntura política y el contexto intelectual en las ciencias sociales, En lo concerniente a la situación política, la Segunda Guerra Mundial ha sido una experiencia traumática que las ciencias sociales deben explicar. La preocupa- ción por cl ascenso de los totalitarismos, el trágico colapso de la democracia en lta- lia y Alemania, y, en menor medida, la inestabilidad de la Tercera República fran- cesa en la posguerra, estimulan investigaciones centradas en el estudio de los fundamentos del sistema democrático y los mecanismos necesarios para su correc- to funcionamiento. ¡En este período histórico se produce, además, la descoloniza- ción y el nacimiento de nuevos sistemas políticos en Asia y África, con una multi- tud de procesos de desarrollo político-social y de instauración de regímenes democráticos, situaciones que también exigen un estudio profundizado sobre los re- quisitos para la estabilidad de los sistemas democráticos. Sin embargo, en la tradicional y dominante escuela formalista-legalista de la ciencia política se hace patente una cierta incapacidad para dar cuenta de los cam- «3 bios y la rapidez con que se producen, ya que su enfoque consiste principalmente en el estudio de las instituciones políticas formales. Se hace necesario aproximarse a esas nuevas situaciones con un instrumental conceptual diferente al empleado has ta entonces (Verba, 1965: 512). El utillaje alternativo se hallará en una importante renovación metodológica que acontece en el seno de las ciencias sociales. Los métodos de investigación social están adquiriendo un rápido desarrollo y despliegue, con innovaciones, según Al: mond (1989: 15-16), en dos direcciones complementarias. De un lado, el perfec- cionamiento de las técnicas estadísticas y de inferencia no sólo permite recoger da- tos representativos de grandes poblaciones. sino también pasar de la simple descripción de las resultados a análisis más sofisticados. De otro lado, la mejora en los proce- dimientos de la entrevista y el desarrollo de sistemas objetivos de valoración y téc- nicas de medición facilitan la organización de las respuestas de los entrevistados con criterios homogéneos. ' Asimismo, el interés por la cultura política y por la utilización de estas nueve técnicas de investigación se ubica en el marco de la revolución behavioristajen la ciencias sociales y los desarrollos teóricos derivados de los planteamientos funcio- nalista y sistémico. Es natural, pues, que el paradigma de la cultura política esté fn- timamente relacionado con estas corrientes de pensamiento y análisis. Estos lazos son importantes, ya que, de un lado, el behaviorismo atribuye gran importancia a las discusiones sobre el método científico y las técnicas más apropiadas para la in- vestigación en las ciencias sociales. Por su parte, el funcionalismo parte del supuesto teórico de que las pautas o patrones sociales más importantes contribuyen a man- tener la adaptación del sistema a situaciones cambiantes.[ Por consiguiente los es- 266 FL PROCESO POLÍTICO FNLAS DEMOCRACIAS junta, de las dimensiones psicológicas y subjetivas de la pulítica». El plantea- miento de la cultura política no tiene como fuco de atención las estructuras for- males o informales de la política — los gobiernos, los partidos políticos O Jos gru- pos de presión— Y Su» interrelaciones, sino lo que la gente piensa, cree y siente sobre éstas. Tampoco se trala de lo que sucede efectivamente en el mundo de la “política, sino de lo que la gente piensa, cree y siente de lo que sucede O debería suceder en este ámbito (Verba, 1965: 516). La cultura política es la «crama invi- sible» que subyace al comportamiento de los individuos: estas orientaciones dan los supuestos y «normas» fundamentales que guían el comportamiento en el sis- tema político. B) ¡Las actitudes Para hacer de la cultura política un instrumento útil de análisis y de conocimiento se operacionaliza a través del concepto de «actitud» ¡Se parto de la premisa de que los individuos no responden de forma directa y mecánica a los estímulos que reci- ben, sino que lo hacen a través de ciertos esquemas mentales, predisposiciones u orientaciones] El planteamiento procede de un modelo psicológico particular de es- tímulo/respuesta —diferenciado del primitivo conductismo, en el que las res- puestas a los estímulos son consideradas resultado tanto de la experiencia de situa- ciones objetivas como de las elaboraciones subjetivas que de estas experiencias hacen los individuos (Eckstein, 1988: 790). Las orientaciones individuales sólo pueden ser. examinadas desde el momento en que se concretan cn referencia a situaciones específicas. Para ello se sitúa el con- cepio de «actitud» como la propensión a percibir, interpretar y actuar en relación a un objeto-estímulo determinado (Almond. 1989: 13). Con la adopción de las actí- tudes como unidad básica de análisis, el planteamiento de la cultura política puedo desmenuzar analíticamente las reacciones de los individuos hacia los objetos polí- ticos en unidades controlables, facilitando el estudio científico del comportamiel- to humano. Á partir de esta unidad de análisis, será en parte merced a los principios de la estadística y el muestreo como se podrá realizar la conexión entre la vertien- te individual y el agregado social, como veremos después.) Por otra parte, aunque las orientaciones de culturá política no sean inmuta- bles, arrojan una acentuada persistencia temporal y sus modificaciones devienen de forma gradual, lo que facilita la validación de las hipótesi :A diferencia de las variables de opinión pública, opiniones relativas a contextos coyunturales. las orientaciones consideradas como cultura política suelen manifestar una pre- sencia continuada en largas series temporales. Sin embargo, se trata más bien de una distinción en la focalización Los estudios de cultura política se centran en las orientaciones consideradas básicas respecto al sistema político. mientras los de opinión pública, más inclusivos. se interesan por las actitudes relevantes res- pecto a cuestiones circunstancialmente importantes. que tienden a ser más sen- sibles a los cambios del entorno —aunque no lo sea de manera necesaria—. Si se nos permite la metáfora, unos atienden a las corrientes de fondo, los otros a los movimientos de superticie (cf. López Pintor, 1981: 9-10; López Pintor ef ab. 1994: 577-579 LA CULTURA POLÍTICA 267 C) Las orientaciones y los objetos políticos Hasta ahora hemos tratado de la orientación hacia la política genéricamente. *, Hay que concretar de qué orientaciones se trata y qué estímulos hacen manifestar- ¿e las actitudes. Puesto que ol número de las orientaciones es prácticamente ¡limi- tado es necesario introducir algún principio de organización ¡Considerando como objetos políticos todos aquellos lerientos que compo- nen un sistema político - los actores, las instituciones, sus roles y sus actuacio- nes—., es posible obtener un primer criterio. Las orientaciones apuntan en una di- rección: hacia los objetos políticos. Con la clasificación según clases de objetos se procura ubicar las orientaciones psicológicas hacia cada objeto dentro de un esquema del sistema político en relación con el individuo. El esquema consta de cuatro grandes apartados: (a) los atríbutos generales del sistema (por ej... régi- men, comunidad políti ): (b) los procesos y estructuras de entrada (input) (par- tidos. elecciones) ; (c) los procesos y estructuras de salida (output) (autoridades), y (d) los papeles que corresponden al mismo individuo que manifiesta sus aclitu- des (súbdito, participante). Algunos objetos pueden corresponder a más de una categoría clasificatoria; cuando esto sucede se opta por su cualidad predominan- te (Almond y Verba, 1970: 31-33). Asimismo, Almond y Verba —siguiendo las categorías analíticas de Talcot Par- sons— proponen una clasificación de las orientaciones individuales por modos de sujeto y objeto. Con ella se pueden dividir en cognitivas, afectivas y evaluativas. Las primeras, como indica su nombre, hacen referencia al conocimiento —preciso o no — que los miembros de una sociedad tienen del sistema político, sus institu ciones, actores, roles y productos. El segundo bloque está formado por los senti- mientos de afección, de adhesión o rechazo a estos mismos elementos. Al lercero — aunque otros autores no lo contemplen separadamente de las orientaciones afec- tivas—, corresponderían aquellas orientaciones que implican una cierta valoración. 2. LA DIMENSIÓN COLECTIVA DE LAS ORIENT 'ACIONES Llegados a este punto sólo hemos tenido en cuenta la unidad básica de análisis, considerando las actitudes en su dimensión individual. Para acceder al nivel de la cultura política propiamente dicho debemos examinar las actitudes en su dimensión colectiva: la cultura política de una nación consiste en la particular distribución de las pautas de evientación hacia objetos políticos entre los miembros de dicha nación (Almond y Ver- ba, 1970: 31) Para comprender esta segunda cláusula debemos incorporar a la presente expo- sición tres nuevos elementos: 1. | En primer lugar, una culmra política se define por una particular distribu- ción de las orientaciones de la población hacia los diferentes objetos del sistema po- títicojLa población a estudiar es definida previamente por el investigador, que pue orientación, que atiende a la forma en que se produce la relación psicológica entre / LA CULTURA POLÍTICA 269 TRANSMISIÓN Y CAMBIO DE LA CULTURA POLÍTICA: LA SOCIALIZACIÓN POLÍTICA as predisposiciones individuales hacia la política y los procesos a través de los les éstas son adquiridas son aspectos de crucial importancia, No en vano, los de socialización política puedon contribuir a la estabilidad o inestabilidad le un sistema, a niveles más o menos altos de participación política y electoral o a ma cierta filiación partidista y sindical. Las formas de aproximarse a los mecanismos de socialización pueden ser múl- iples dependiendo del aspecto que se decida destacar. [Así, habitualmente se ha de finido la socialización como el conjunto de los procesos de interiorización de la realidad, de identificación con los roles atribuidos a cada persona en la estructura social y de transmisión de la cultura de una gencración a otra. La sociedad ha de asegurarse la continuidad generacional y provenir los cambios bruscos con el pa- sado que podrían hacer peligrar el funcionamiento estable de las instituciones (Erik. son et al., 1988: 136).]En este enfoque, pues, el i 's radica en la contribución de la socialización en todo lo referente a la conservación y estabilidad del sistema ¡Ahora bien, aunque uno de los aspectos más destacados de este proceso de trans- sión sea el adoctrinamiento más o menos consciente, no hay que considerar la so- cjalización como un proceso unidireccional ni al individuo como un receptáculo pa- : o que sólo recibe información y la procesa. Al contrario, la socialización no funciona £omo un simple mecanismo de reproducción de lo existente, sino que representa un instrumento importante de reorganización y reinterpretación de la información reci- ida) Efectivamente, no se puede entender como la simple aceptación de actitudes y comportamientos pautados, sino como un proceso de construcción de la identi- ad del individuo. |Bajo esta perspectiva destaca, en primer lugar, la apropiación por rie del sujeto de los valores, normas y conocimientos de su grupo que recibe como una herencia y, en segundo lugar, la rcubil 'n personal activa de estas referencias y conocimientos (Percheron, 1987: 1985). La socialización es, a la vez, mecanismo de continuidad y de cambio para el sistema y mecanismo de desarrollo y formación ¿del «yo» social para cl individuo (Percheron, 1974: 25 1. LA SOCIALIZACIÓN POLÍTICA La posible diferenci re la socialización específicamente política y la socia- “lización en general es un aspecto difícil de resolver. Si tenemos en cuenta la íntima á tente entre los diferentes subsistemas sociales, probablemente tendre 'mos que considerar a la socialización política como un aspecto de la socialización general y no como un proceso particular, A pesar de esta dificultad. la socialización puede ser considerada «política» en tanto que con ello se intenta explicar el desarrollo de ciertas actitudes, el origen de ¿ciertos comportamientos y la predisposición a desempeñar un determinado rol políti- * o (Percheron, 197. De este modo. la social mn política engloba tanto los me- canismos a través de los cuales la sociedad transmite las orientaciones específicamente políticas —conocimientos, acliludes, normas y valores de generación en genera- ción, como la formación de una personalidad política por parte de los individuos. Pl 270 EL PROCESO POLÍTICO EN LAS DEMOCRACIAS Si bien es cierto que la socialización política da al individuo un trasfondo qué le sirve para organizar los acontecimientos políticos futuros, y a pesar de que sea difícil borrar del todo las orientaciones formadas durante la socialización tempra na, no se puede restar importancia a la socialización en la edad adulta (Eckstein, 1988: 793)Es decir. se ha de extender el proceso de socialización política a todo el ciclo vital del individuo, incluyendo las experiencias en la edad adulta, ( El sujeto se va apropiando valores, preferencias y normas que encuentra en los medios sociales en los que se inserta, pero él está disposición de modificar su contenido y uso, pudiendo además enriquecer el acervo cultural transmitido con la aportación de sus propias exper iencias. Así, aunque existe la transmisión de una he rencia, no se trata de una «repr oducción de lo idéntico», ya que el sujeto puede des- componer. enriquecer y recomponer las pautas heredadas! En palabras de Perche- ron (1985: 184-185), «no habrá forzosamente reproducción pero habrá siempre continuidad». Por otra parte, la interrelación entre cultura política y socialización no implica que siempre haya de existir plena congruen: :ia entre ambos conecptos. Toda socia- lización es lenta y gradual y € todos los sistemas políticos es posible que se pro- duzcan tensiones debido a que el proceso de socialización no puede modificarse con Ta misma rapidoz que el proceso político o, incluso, los acontecimientos pueden exi gir cambios en la cultura política que sean contrarios a la socialización de Un mo- mento muy concreto. ¡ Finalmente. la socialización se apoya en los procesos fundamentales: la trans misión y la adquisición. La transmisión es la herencia de un cierto capital, siendo característica del medio familiar y, en cierta medida, del escolar, y aparece como , particularmente eficaz con normas y valores ideológicos, propiciando la continui- dad, La adquisición, en cambio. «se apoya en la acumulación y la estructuración de hechos observados, experimentados O aprendidos»| y es una fuente de innovación, con la reelaboración subjetiva de las experiencias y conocimientos. Los mecanis- mos en los que se apoyan tales procesos son la familiarización y la inculcación [La familiarización se define como «una imposición dulce» de pautas culturales a pa tir de la repetición cotidiana de comportamientos y conversaciones en la familia y otros ambientes, mienlras que la inculcación se funda en discursos deliberados y aleccionadores (Percheron, 1985: 209), 2. Los AGENTES DE SOCIALIZACIÓN POLÍTICA ; La socialización, pues, nO £s resultado sólo de la exposición a enseñanzas ex- ternas, sino que es el producto también de las experiencias propias de los indivi duos. De esta manera, el proceso de la socialización se alarga hasta el punto en que comprende todo el cielo vital del individuo, conllevando este enfoque una multi- plicación de los agentes de socialización. A lo largo de los años la importancia de los distintos agentes ha variado tanto en sus efectos como en la atención que han recibido de los investigadores. y $e han: incorporado nuevos factores. En primer lugar, han perdido importancia las cerradas redes de relación que se aglutinan. p. €]. En tomo 4 los partidos políticos. sindica= tos o iglesias, y han adquirido una mayor importancia las redes de influencia infor> 272 EL PROCESO POLÍTICO EN LAS DEMOCRACIAS Entre esos contenidos que se transmiten se cuentan 1 ria y. a veces, la religión La cuestión es que se $ ciedad que favorece el mantenimiento del orden estab existir incongruencia entre lo que S conocimiento adquirido.mediante las prác! enseñanzas democráticas y prácticas auloritarias) (Percl ¿Por otro lado, la participación en una instancia importante en el primer contacto Con ciel uele presentar una imagen de la so- la vida de la clase lleva a ver la escuela como la educación cívica, la histo- lecido. Sin embargo, puede e aprende en la enseñanza formal y abstracta y el ticas cotidianas en la misma escuela (p. EJ.. heron, 1985: 215-216). | rtas formas de participación 1 les como las elecciones de de- formalmente cercanas a lo que es la vida política, (a legado de clase y fechas de examen, por el lación social y de autoridad. Asimismo se aprenden cies ciales: horizontales tl puede contribuir al desarrollo de actitudes de partici; sumisión y alienación (Percheron, 1985: 217). €) Los medios de comunicación 9) = La atención de las invesligadores de los medios l aprendizaje de ciertos elementos de re- rtas formas de relaciones so- entre iguales y verticales con el profesorado) La relación vertical ación o, por el contrario. de de comunicación de masas (prensa, radio, televisión) ha revelado que su impacto socializador es limitado, y particularmente débil cuando han de competil mediatos y personaliza política y el proceso político en las democracias occi dos. No obstante, su gran contribución a la socializa: 1 con agentes socializadores más in- ¡ón dentales estriba en su aciua= «2 ción como difusores de información política que ha elevado los niveles de cono- cimiento político poblacionale dadanos. y diversificado las fuentes de información, con el efecto subsiguiente de dotar con una mayor autonomía de juicio político a los ciu- Respecto a otros agentes sucializadores, los media cuentan con la ventaja de estar. presentes a lo largo de todo el proceso soci puesto que su mensaje alcanza más lejos, a más gent ubicados en las democracias occidentales ( sobre todo, €: el primer contacto de los niños con la política tiende a venir do acceden al sistema educativo, en ella encuentran ¡lustra- que posteriormenic, cuan dos con animadas imágenes los con cional que se les enseña en la escuel: cientes de la distancia existente entre la real Una de las aportaciones de los med ios de comunica ¡ceptos acerca del si niveles de conocimiento de aquellos que siguen las informacio: 'Es en la adolescencia cuando devienen más cons- lidad y lo que transmite ese medio. lizador y de ser en cierto modo ubicuos, les y a Un menor coste. Estudios 1 EEUU) han evidenciado que a través de la televisión, y stema político y la historia na jón ha sido la elevac mes políticas. En igual. dad de condiciones estructurales, los lectores de prensa (sobre todo) y los fuertes con= sumidores de noticiarios televisivos presentan un Maye ticos. Si bien los más adictos a la programación televisi es un medio de entretenimiento— presentan niveles de siguen los noticiarios telev! n segundo lugar los media logran competir con nes ideológicas (partidos, sindicatos, iglesias) dentro de sus olrora excl sización inferiores a la media poblacional, merced a estudios de «panel» se ha con» probado que personas inicialmente desinformadas inercmentan sus conocimientos isivos (Chaffee y Yang, 1990: 138-139). or nivel de conocimientos polí va en general información, opinión e ideol las tradicionales organizacio: Jsivas ate LA CULTURA POLÍTICA 273 diencias en la vehiculación, selección y explicación de la información política, por lo que han diluido hasta cierto punto aquella compartimentación del público, al- canzando además a sectores que se encontraban al margen, con lo que diversifican los canales de intermediación informativa entre el individuo y su entorno político (Pallarés, 1995). Por añadidura, los fuertes consumidores de noticiarios demuestran mayor inde- pendencia en sus orientaciones políticas, diferenciándose más de las actitudes de sus padr siendo menos influidos por la persuasión de los media. Empero, el aprendizaje político por esta vía parece ir asociado también a escepticismo y des- confianza del sistema político (Chaffee y Yang, 1990: 139-140). IV. EL ESTUDIO DE LA CULTURA POLÍTICA El interés que reviste la noción de cultura política no consiste en haber estable- cido la importancia de la dimensión cultural en los procesos políticos, ya que esta perspectiva tiene una larga tradición intelectual. Tampoco el arsenal conceptual en el que se apoya es una invención de los creadores del concepto, ya que estos con- ceptos en gran medida se toman prestados, con una vocación interdisciplinar, de la psicología, la antropología y la sociología. El valor de esta concepción se debe a su forma de desentrañar la estructura de creencias y valores políticos interrelaciona- dos de un determinado grupo de individuos (Lane, 1992: 365). La cultura política no es una teoría, sino que hace referencia a un conjunto de variables que pueden ser utilizadas cn la construcción de teorías. El potencial ex. plicativo de los indicadores con que sc capta la cultura política es una cuestión em: - pírica, de contrastación de hipótesis (Almond, 1989: 26). Puesto que son innume- tables los aspectos que pueden atracr la atención del investigador, las variables deben ser seleccionadas de acuerdo con el fenómeno que se desee explicar y las hipótesis teóricas que se manejen a tal fin (cf. Verba, 1965: 515). Sin pretensión alguna de proporcionar un catálogo exhaustivo de todas las ac- titudes ante los múltiples objetos políticos, de entre la gran variedad de indicadores actitudinales existente aquí mencionamos algunos: aquéllos que se utilizan para es- tudiar la principales dimensiones de la cultura política. Para ilustrarlos presentamos algunos ejemplos tomados de estudios españoles Para ordenarlas imitaremos el criterio de clasificación por «clases de objetos» f de Almond y Verba, acórde con el esquema de análisis sistémico de David Easton, resultando así cuatro grandes clases de orientaciones, relativas a: a) Las características gencrales del sistema político, como el tipo de régimen político y la comunidad política, N b) Los papeles correspondientes a cada individuo singular controntado con el sistema. £) El proceso de incorporación de demandas al sistema (entradas tos como las elecciones y los partidos políticos. dj El proceso de salida «lel sistema, con la imposición de decisiones y acuio- nes de las autoridades políticas con ubje- A A A A A A A ci LA CULTURA POLÍTICA 275 CUADRO N: 1 Principios democráticos y autoritarios de gobierno en España, 1966-1993 1966 | 1974 | 1976 | 1976 | 1979 | 1980 | 1981 | 1982 | 1993 encro | mayo Es mejor que una sola persona decida | | poz nosotros ni 124 E ol . 1 O IO Es mejor q lecisión la tome un l ! ! upo de personas elegidas por los | l | udadanos 35 150S6 78 76 dé 7 E] 76 Ns/ Ne | a e E o Fuente: Pare 1966-1980. López Pintor (1981: 20): para 1981 y 1982, Montero y Torcal (1990: 41 para 1993, López Pintor ef al. (1994: S81). Es clarificador también un indicador con el que se mide más directamente la legitimidad de la democracia, pero que no se utilizó hasta los años 80, por lo que no dice respecto al cambio actitudinal desde el autoritarismo.JLa preferencia por la forma de gobierno democrática se mostró durante los años 80 bastante estable, cosechando a partir de la consolidación del régimen porcentajes siempre en torno. al 70 por 100 de las respuestas frente a unas tendencias autoritarias muy estables en el 10 por 100 (véase el Cuadro 2).] CUADRO N.' 2 Legitimidad de la democracia en España, 1980-1990 1980 | 1984 | 1985 | e ps 1989 : 1990 la es preferible a cualquier otra forma de 49 69 W|Tn17.) | En algunes circuestancias un régimen autoritario. | i | dictadura. puede ser preferible al sistema demoe: | tico A O A O A las gentes como yo. lo mismo nos de un régimen | Ñ l 1 l l que otro ¡A PU Ta 16 3 | Ns/ Ne ¡3 | 6 | 8 2 5 Fuente: Para 1980-1989, Montero y Torcal (1990: 53); para 1990, Morán y Benedicto (1995: 101). B) Orientaciones hacia la comunidad política | El sistema político se sustenta y actúa sobre una comunidad política, el conjun- to de miembros que lo componen La identificación de los individuos y grupos con esta comunidad es considerada de capital importancia para la estabilidad del siste- ma, ya que expresa una reserva de apoyo difuso en el sentido de Easton. El reco- nocimiento con ella supone que aceptan sú existencia como tal conjunto, con inde- 276 EL PROCESO POLÍTICO EN LAS DEMOCRACIAS CUADRO N» 3 Evolución de la identificación nacional en Cataluña 1984-1992% Fecha 3-84 | 6-85 5-86 | 3-88 6-88 Español/a 11 8 11 | 12 9 E>C 11 7 8 10 $ LE 45 50 48 35 40 E