



Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Este documento recoge estadísticas históricas de españa publicadas por la fundación bbva, que muestran cómo la mortalidad infantil, la esperanza de vida y la fecundidad han evolucionado en españa entre 1870 y 2004. Se detalla cómo la mortalidad infantil ha disminuido drásticamente, la esperanza de vida ha aumentado significativamente y la fecundidad ha caído en un 75%. Además, se analiza el cambio en la nupcialidad y la proporción de personas por edades.
Tipo: Apuntes
1 / 6
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!




3.08.2006.- La obra Estadísticas históricas de España en los siglos XIX y XX, recientemente publicada por la Fundación BBVA, reúne la colección de estadísticas históricas más importante en lengua española y una de las más originales y rigurosas a nivel mundial. El libro ha sido coordinado por Albert Carreras y Xavier Tafunell, catedrático y profesor titular, respectivamente, de la Universidad Pompeu Fabra.
Desde el punto de vista de la demografía, el capítulo elaborado por Roser Nicolau, profesora titular de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Autónoma de Barcelona, ofrece una amplia panorámica sobre el proceso de modernización de la población española, consistente en la transición de un régimen demográfico antiguo –caracterizado por tasas muy elevadas de natalidad y mortalidad– a un régimen moderno en el que ambas tasas vitales tienen niveles muy bajos.
La modernización demográfica comenzó en España en los últimos años del siglo XIX, varias décadas después de iniciada en las naciones más avanzadas. Los censos españoles de 1787 y 1797, que se encuentran entre los primeros de
Europa, cifran en 10.400.000 personas el número de habitantes de nuestro país, lo que muestra una densidad (o número de habitantes por km 2 ) muy inferior a los niveles medios europeos. Entre 1787 y 1857, España creció hasta alcanzar los 15.500.000 habitantes, pero su posición relativa respecto a la mayoría de los países europeos no experimentó grandes cambios.
Entre 1900 y el último censo de 2001, la población española creció de 18.600.000 a 40.700.000 habitantes. Un crecimiento, en términos relativos, similar al de Portugal y más rápido que el de Inglaterra, Francia e Italia, por lo que la distancia relativa que separaba a España de estos tres últimos países, más densos y con mayor población, se redujo durante el siglo XX. No obstante, en las dos últimas décadas del siglo, el crecimiento de la población española ha sido más reducido, asemejándose al de otros países.
En cuanto a la natalidad, España no se ha apartado en líneas generales del patrón común de la transición demográfica, según el cual la natalidad se ajusta con retraso al descenso de la mortalidad. España, como todo el mundo occidental, experimentó un gran crecimiento demográfico en los años 1950 y 1960 (el baby boom ); con la llegada de la democracia y el fin de los años dorados de crecimiento se produjo una pronunciadísima caída de la fecundidad.
Figura 1. Evolución de las tasas brutas de natalidad (TBN) y mortalidad (TBM), 1858-200 1
Las generaciones nacidas en las últimas décadas del siglo XIX impulsaron de forma decidida y definitiva la reducción de la fecundidad en España. En 1900 el índice sintético de fecundidad era de 4,7 hijos por mujer; cincuenta años más tarde esta cifra se había reducido prácticamente a la mitad (2,4 hijos por mujer). Este descenso del índice de fecundidad, que sufrió ligeros repuntes durante las décadas de los sesenta y los setenta, se agudizó a partir de 1980 para situarse en 2001 en 1,2 hijos por mujer, colocando la fecundidad española entre las más bajas del mundo, junto con las de Italia, Grecia y, desde fechas más recientes, numerosos países de Europa del Este. En los últimos años el índice de fecundidad ha experimentado un ligero repunte hasta situarse en 1,34 hijos por mujer en 2005.
Como el descenso de la fecundidad española se produjo con un cuarto de siglo de retraso con respecto a la mayoría de los países occidentales, sus efectos sobre la estructura por edades de la población se manifestaron más tarde que en aquellos países donde la caída de la fecundidad fue más precoz y alcanzó antes un nivel inferior. Hasta los años setenta, la población española conservó una composición por edades más joven que la de los países del centro y del norte de Europa, pero a partir de entonces, el descenso muy rápido de la fecundidad ha reducido la proporción de menores de 15 años de un 28% del conjunto de la población española en 1970 a un 15% en 2001. La proporción de personas de más 65 años de edad ha crecido en los mismos años desde el 10% hasta 17% y la proporción de población en la franja central de edades (de 15 a 64 años), que en 1970 era ya del 63% —muy elevada, como en los otros países occidentales—, ha aumentado hasta el 68%, y es en la actualidad una de las más altas del mundo.
La cifra anual de defunciones y la tasa bruta de mortalidad de la población española siguieron, desde finales del siglo XIX hasta la década de 1950, una clara tendencia decreciente, alterada profundamente en tres ocasiones: la epidemia de cólera de 1885, la de gripe de 1918 y la Guerra Civil española. Durante las cuatro últimas décadas, la tasa bruta de mortalidad se ha estabilizado (alrededor de ocho defunciones anuales por cada 1.000 habitantes) como consecuencia del progresivo envejecimiento de la población española y del descenso más lento de los niveles de mortalidad.
Durante el tercer cuarto del siglo XIX, la esperanza de vida al nacer de la población española era aún inferior a los 30 años, mientras que se acercaba a los 40 años en la mayoría de los países de Europa occidental. La intensa y rápida caída de la mortalidad durante la primera mitad del siglo XX se tradujo en un aumento de cerca de 30 años en la esperanza de vida al nacer.
La esperanza de vida aumentó un 20% (7 años) entre 1900 y 1910, y avances de dimensiones similares se produjeron en los años veinte (8,8 años) y en los años cuarenta (12 años). El aumento fue aún de 7 años en la década de 1950 y, aunque a un ritmo más lento, entre 1960 y 2002 la esperanza de vida ha aumentado en total 9,8 años más hasta situarse en 79,7 años.
La esperanza de vida de la población femenina española en 2002 (83 años) es la más alta de la Unión Europea. La esperanza de vida al nacer de la población masculina (76,3 años) no se encuentra en una posición tan aventajada.
La prolongación de la vida media de las generaciones en España, como en otros países, se ha debido fundamentalmente a la disminución de la mortalidad en la infancia. Las tasas de mortalidad posneonatales y del segundo año de vida, que reflejan sobre todo el efecto de las enfermedades infecciosas, descendieron significativamente hasta los años setenta gracias a las mejoras terapéuticas, la extensión de la penicilina, los antibióticos y la difusión de nuevas vacunas.
A partir de los años setenta, la mortalidad neonatal (de las primeras cuatro semanas de vida) se convirtió en el componente más importante de la mortalidad infantil, ya que las defunciones en estas cuatro primeras semanas superaban a las de los restantes once meses del primer año. El descenso de la mortalidad neonatal desde entonces ha reducido la tasa de mortalidad infantil durante el primer año de vida desde un 21 por 1.000 en 1970 a un 4 por 1. en el año 2004, un nivel que se sitúa entre los más bajos del mundo (ver figura 3). Esta reducción ha sido consecuencia, en gran medida, de la extensión de los cuidados obstétricos y perinatales que se producen a partir de aquellos
años, reflejada en un incremento de la proporción de partos atendidos por personal sanitario y, entre estos, los atendidos en centros hospitalarios.
Figura 3. Tasa bruta de mortalidad infantil por países. 2004
Defunciones de menores de 1 año por 1000 nacidos
Dinamarca 4, Alemania 4, España 4, Francia 3, Irlanda 4, Italia 4, Países Bajos 4, Austria 4, Portugal 4, Finlandia 3, Suecia 3, Reino Unido 5, Islandia 2, Noruega 3, Suiza 4, Estados Unidos
6,8 *
*Datos correspondientes a 2003
Fundación BBVA a partir de datos de INE, Eurostat y National Center for Health Statistics
Finalmente, otro indicador del estado de salud de las generaciones españolas, es la altura media de la población: la estatura de los reclutas ha pasado de 162, centímetros para los nacidos en 1875 a 175,1 para los nacidos en 1980.