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CAPITULO 1 A 8 TEXTO DE "LA ARGENTINA COLONIAL"
Tipo: Resúmenes
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Paraguay : en 1537 se funda la ciudad de Asunción, núcleo a partir del cual se expandieran los españoles luego hacia el norte y hacia el sur. Allí, suprimieron a las comunidades indígenas estableciendo un sistema de encomienda de servicio personal de dos tipos: las mitayas (trabajo por turnos en la tierra del encomendero) y las yanaconas (indios que viven y trabajan en la tierra del encomendero). Para ello, se crearon pueblos para alojar a estas comunidades y racionalizar el proceso de explotación, lo cual produjo revueltas e insurrecciones que solo serían apaciguadas mediante la aparición de otra estructura brindada por las órdenes religiosas: las reducciones. Fundadas en un primer momento por franciscanos y luego por jesuitas, este sistema logró sofocar las revueltas y convertir en lo espiritual y lo laboral el modo de vida de las comunidades de la región. Tucumán: en 1553 se funda la ciudad de Santiago del Estero, ciudad que será el núcleo económico y expansionista de la región hasta el auge de la ciudad de Córdoba, fundada en 1573. La zona, debido a su ubicación geográfica, funcionaba como área de paso entre distintas corrientes mercantiles, por lo que el trasporte fue la actividad principal mediante el uso de la mano de obra indígena sometida a encomiendas (basadas en el servicio personal, como en Paraguay). Aquí también formaron pueblos de indios, resultado de la reagrupación de distintas aldeas indígenas. Cuyo: en 1561 se funda la ciudad de Mendoza. En esta región los encomenderos residen en Chile, por lo que los indios se trasladan para servir allí, primero en las minas y luego en el sector agrícola. Litoral: Buenos Aires se convierte en el motor del área a través del comercio y contrabando de plata y esclavos entre el Alto Perú y el Océano Atlántico. A esto se le sumará la explotación de ganado vacuno y el transporte de vacas y mulas al Alto Perú.
Tucumán: se dedicaron principalmente al transporte de vacas, mulas, yerba, tabaco, azúcar y textiles. Para ello, se organizaban compañías entre encomenderos y mercaderes con uso de fuerza indígena para llevar a cabo dicha empresa.
Cuyo: producción de vinos, aguardiente y frutos secos a través de yanaconas en chacras irrigadas. Paraguay: producción de yerba mate a través de dos métodos: los mandamientos (asignación de un grupo de indios para una tarea o tiempo determinado) y el beneficio yerbatero (asignación de un grupo de indios para la recolección y preparación de la yerba. Acompañaban el azúcar, el tabaco y los lienzos de algodón de las reducciones jesuíticas. Litoral: a mediados del SXVII, Buenos Aires se independiza de Paraguay y recibe un envío de plata regular debido al establecimiento de un ejército regular por su ubicación estratégica. Sumado al comercio legal e ilegal de esclavos y mercancías y a la corriente de vacas y mulas enviadas al Alto Perú, esto consolida el crecimiento económico y demográfico y el desarrollo de una elite burocrática y mercantil, y con frecuencia también de estancias ganaderas.
Centro económico y político Nexo al alto Perú de las mercancías de Catamarca, santa fe, bs as, Tucumán y córdoba. Área receptora de migración de la península Ingresos de mercancías desde el alto Perú de ropa, la coca, lana de vicuña. Producción de maíz y más tarde azúcar. San miguel de Tucumán: fundada en el siglo XVI Cabecera de jurisdicción. Producción de maderas. Área receptora de migración interna. Córdoba: funda en 1783 Ciudad universitaria. Sector mercantil consolidado. Producción de ponchos ´ burros
jurisdicción del imperio español: la invasión europea había encontrado un límite a su expansión, recién a finales del siglo XIX fueron sometidos estos pueblos. De esta forma, algunos espacios coloniales como córdoba, o santa fe quedaron fijados por una doble frontera con los pueblos chaqueños y pampeanos.
Las mismas prácticas iban definiendo los atributos de la vecindad. Uno, de no menor relevancia, era tener el domicilio fijado en la ciudad, pero, sobre todo, era importante ofrecer demostraciones de lealtad hacia ella. De igual modo, se esperaba que el sujeto fuera cabeza de una familia y tuviera la casa poblada. El lazo de lealtad y el honor social, debían manifestarse en múltiples formas: ejerciendo cargos que sirvieran a la ciudad, aunque no fueran renumerados, contribuyendo con auxilios en caso de necesidad y, sobre todo, con su defensa (servicio de milicia). Se buscaba excluir de ella a los sacerdotes, a los militares regulares y a los burócratas reales, pues se consideraba que eran integrantes de otros cuerpos y se debían a otras fidelidades. Las ciudades y el mestizaje En las ciudades no residían solo los vecinos de origen europeo, al contrario, convivían en ellas grupos heterogéneos y variables en cuantos más se descendiera en la escala social. Estos grupos alertaban a las elites, que durante el siglo XVIII apelaron cada vez con mayor frecuencia a exigir certificados de “pureza de sangre” para ejercer algunos cargos u oficios. Durante la segunda mitad del siglo XVIII se vivió una segunda fase de urbanización. Aumento el número de ciudades y de villas; las antiguas crecieron demográficamente y adoptaron modos de vida y administración territorial más urbanos. Por otra parte, estas ciudades estaban lejos de ser blancas y españolas como la utopía fundadora hubiese preferido. Por el contrario, tanto las ciudades portuarias como las mineras fueron polos de atracción de población de muy diversos orígenes provenientes de la Península, de África y Brasil, de otras regiones americanas y de las mismas áreas rurales que las circundaban. En síntesis, la mayor parte de las ciudades eran de tamaño reducido, estaban implantadas en áreas con muy diferente grado de urbanización y solo algunas destacaban por su tamaño e importancia. Con todo, seguían siendo los espacios donde se concentraba la población española, pero también la mayor parte de los esclavos y los grupos mestizos de origen afroamericano, que conformaban casi siempre el núcleo fundamental de los sectores bajos urbanos. Las villas y los pueblos A finales del siglo XVI, la Corona intento que las comunidades indígenas se adoptaran a un modo de vida urbanizado. El pueblo debía edificarse en torno a una traza con su plaza y su
iglesia en el centro; cada uno debía sostener un cura doctrinero y adoptar formas institucionales hispanas como el cabildo de indios o las cofradías. La trayectoria de estos pueblos fueron variables y se alejaron completamente de aquel ideal social. Ante todo, porque la mayor parte fue dejando de ser propiamente pueblo de indios e incorporo sujetos españoles, mestizos y castas. Sin embargo, hubo poblados que adquirieron un estatuto particular y se transformaron en villas. De tal modo, ellos también contaban con su propia jurisdicción y su Cabildo. Las normas y las practicas La inmigración Peninsular fue muy importante en las últimas décadas del siglo XVIII y su influencia estuvo lejos de restringirse a aquellos individuos que se incorporaron a las elites urbanas. Junto a ellos llego una variedad de sujetos que ocuparon escalones más bajos en la jerarquía social urbana (tenderos, pulperos, artesanos, etc.) que contribuyeron a darle a la vida de las ciudades una fisonomía más urbana. También en esta época creció enormemente la población esclava, así como las castas de pardos y morenos libres. Esta segunda oleada de urbanización fue acompañada por migraciones internas que abigarraron aún más las poblaciones urbanas. En tales condiciones, al menos dos procesos se hacían cada vez más evidentes entre las elites urbanas: un interés creciente por controla y disciplinar esta población y modificar sus costumbres, y algunos intentos por modernizar la gestión urbana. El interés se dirigió hacia aquellos segmentos de la población que se escapaban a su control; se trata de los llamados “vagamundos” que irán mutando a “vagos y mal entretenidos”. A su vez, durante la mayor parte del siglo XVII, “vagamundo” era aplicado a mulatos, negros libres y a los españoles que vivían entre los indios. La persecución de la “vagancia” tenía en ese momento un propósito principalmente urbano y, el dispositivo de punición solía incluir castigos corporales y la expulsión de la ciudad, en la década de 1770 comienzan la persecución de estas prácticas sociales también en el ámbito rural. ¿Cómo urbanizar la vida de la ciudad? Para ello se requería de la “policía”, la palabra mentaba más un ideal social que una realidad y hacía referencia a un modo y un estilo de vida urbano: “policía” era el “buen orden” que debía observarse en las ciudades. Los Cabildos eran los primeros encargados de este poder, y fue también desde la década de 1770 que comenzó a fortalecer su capacidad de acción cuando las ciudades comenzaron a ser divididas en barrios, y las tareas de policía, asignadas a los llamados “alcaldes de barrio”.
Con respecto a la relación de la religión y la política, los sacerdotes de cualquier poblado se encontraban habilitados a obligar a cualquier vecino de asistir a misa, caso contrario estaban sujetos a denunciar ante el cabildo a cualquiera que no obedeciese. Las fiestas religiosas como ser eran las llevaban el ritmo de la vida de las ciudades y pueblos. Con respecto a las fiestas profanas, eran las únicas de carácter movible en el calendario cristiano, en el caso del carnaval, el último día de su celebración daba el inicio a la cuaresma. En dicha festividad se podía observar el carácter de desenfreno, por ejemplo, el cambio de roles de los vecinos (hombres vestidos de mujeres y viceversa, ricos vestidos de pobres y viceversa, etc.). En ella se mezclaban aspectos europeos con elementos indígenas. Para evitar el desorden se encontraban los granaderos, alcaldes, alguaciles, sargentos y cabos; las fiestas al tener carácter de dinamismo social no siempre eran controladas. Una continuidad en ellas fue que todas se siguieron realizando luego de la independencia de las colonias. Rebeliones Una de las más importantes fue la del Paraguay entre los jesuitas que poseían el mercado yerbatero del litoral contra los encomenderos, los cuales obligaban a realizar tareas de tipo esclavista a los indios. Otra de las rebeliones fue la Guerra de Fronteras de 1752 y que catamarqueños y riojanos se sublevaron porque se les obligaba a acudir a al aguerra de frontera y no a la gente poderosa de las colonias. En la sociedad ibérica del “Antiguo Régimen”, la relación entre la religión y la política estaba íntimamente ligada.
Durante el siglo XVIII, la monarquía hispana introdujo modificaciones en sus dominios coloniales, estas políticas son conocidas como las “reformas borbónicas”, dado que fueron efectuadas por una nueva dinastía que paso a gobernar el imperio a principios de siglo, los Borbones. Reformas controvertidas El periodo más álgido de reformas coincidió con el reinado de Carlos III (1763-1787). Para mediados del siglo XVIII, los dominios coloniales debían funcionar efectivamente como colonias.
Era preciso dotar al imperio de una burocracia más profesional desmembradas de compromisos con los grupos dominantes coloniales. Esta nueva reforma estaba destinada a centralizar mucho más el poder. Se delineo una estrategia destinada a pasar de un sistema de defensa de algunos puntos estratégicos a uno de defensa total. Se trataba de un dispositivo que consistía en la fortificación de algunos emplazamientos, la dotación de regimientos regulares (fijos) y la reorganización del sistema de milicias. A su vez, para la designación de los principales funcionarios (virreyes e intendentes) fueron preferidos los oficiales de máxima graduación de la armada como así también del ejército. La expansión de los jesuitas y el regalismo borbónico La política reformista no podía sino afectar los intereses eclesiásticos, la expulsión de la compañía de Jesús de todos los territorios imperiales en 177. Detrás de esta decisión se movieron múltiples factores, entre ellos, la expulsión barría con el mayor grupo de oposición a la política de regalías. La prosperidad del reino acompañaba sin desplazar a la meta del bien común, y la utilidad de los habitantes se postulaba como un valor tan importante como su religiosidad. La corona obtuvo la colaboración tanto del orden del clero ilustrado como de integrantes de otras ordenes que, aunque no fueran entusiastas participes de la nueva sensibilidad, el eje de la política eclesiástica oficial se orientó y propicio fundamentalmente la reforma del clero secular. En el mundo rioplatense, las relaciones entre jesuitas, elites y autoridades habían tenido una importancia fundamental, someter a los vecinos díscolos de Asunción, en 1736. La resistencia indígena adopto la forma de un levantamiento encabezado por el cacique Nicolás Ñeenguirú, quien enfrento a los destacamentos militares de ambos imperios, por lo que el primer paso de la reforma fue poner sanción que dispuso la expulsión de la compañía de todos los dominios españoles. La expulsión, sin embargo, encontró resistencias, aunque no fueron articuladas ni generalizadas. En esas resistencias convergían varios conflictos. Los casos de Salta y Jujuy resultan ilustrativos. Cuando el gobernador hizo efectiva la orden de expulsión, los vecinos de Jujuy y Salta, con la colaboración de los tenientes de gobernación de ambas ciudades, se levantaron para repudiarlo.
Tupac Amaru II, se proclamó Inga-rey y fue reconocido por buena parte de las comunidades quechuas del sur andino que vieron en la insurrección locación para restaurar el Tawantisuyo. La proclamación fue rechazada por otros jefes y curacas andinos que se alinearon activamente con el orden colonial. En enero de 1781, los españoles aplastaron a las fuerzas de Tupac Amaro II el cual fue juzgado, muerto y descuartizado en el Cuzco. La rebelión había estallado en el Alto Perú, en Oruro, se estructuro un heterogéneo movimiento rebelde en el que convergían criollos, mestizos e indios, pero no duro mucho tiempo, poco después era protagonizado por pueblos Aymaras. Fue un enfrentamiento violento. En 1781 Katari corría la misma suerte que Tupa Amaru II. También en el Norte de Potosí había habido otro foco rebelde. El movimiento se radicalizo en tal punto que en 1781 los rebeldes situaron la ciudad de La Plata y amenazaron a acabar con toda la población hispana. La magnitud de la gran rebelión debe integrarse a las dinámicas resistencias y movilización que en los pueblos andinos venían desplegando desde mucho antes, pero es indudable que las reformas tuvieron incidencia en la simultaneidad de los movimientos insurgentes. A su vez, las decisiones de 1770 acrecentaron los descontentos, la multiplicación de las aduanas recaudadora, etc. Con todo, los resultados fueron indudablemente durables. Tras la represión violenta y sangrienta, las reformas se profundizaron, el sistema de reparto fue prohibido y los corregidores desplazados, fueron los intendentes y los sub delegados los nuevos responsables dan la recaudación de tributos. Las reformas y las elites coloniales El sistema político, funcionaba como un delicado e inestable equilibrio entre los requerimientos metropolitanos, los intereses, las elites locales y la forma de resistencia de los grupos sociales subalternos. Era una situación de negociación y de renegociación. Las reformas estabas orientadas a romper ese equilibrio, en partículas la instalación de intendencias. Pero introdujeron una nueva jerarquía entre las ciudades: En un primer nivel que daba la capital virreinal, que a la vez fungía de capital de su propia intendencia, el segundo nivel se situaban las cabeceras de intendencias, y por ultimo las ciudades subordinadas. Los cabildos se veían limitada en su autonomía por la presencia de intendentes y sub delegados.
La intendencia de Salta extrajo de la órbita de los cabildos la recaudación de la sisa (Impuesto Mercantil a sostener la guerra de fronteras), además se trasladó la oficina recaudadora de Jujuy y Salta y poco más tarde, la Puna quedo bajo la delegación dependiente del gobernador intendente y fue sacada de la jurisdicción del cabildo de San Salvador. Otra ciudad subordinada era Tucumán, donde la elite fortaleció su autoridad. En la capital Salta, la elite tubo bastante éxito en limitar el poder del intendente. Era un patrón típico de la lucha política colonial, que tendía a organizarse en bandos, partidos o pandillas, estructurados entornos a lazos sociales previos y amparados por alguna autoridad. En Córdoba, los lazos entre la elite y el primer gobernador intendente el marqués de Sobre Monte fueron muy intensos, construyeron una política de consenso en plena reforma. La intendencia asumía atribuciones del cabildo, también le abría nuevas oportunidades, como la multiplicación de los jueces pedáneos. En Buenos Aires hasta 1776, el cabildo había compartido el poder de la ciudad con un entramado burocrático que prácticamente se reducía al gobernador, el comandante y el obispo. Con la transformación de la ciudad en capital Virreinal, las cosas cambiarían radicalmente para los capitulares porteños. Entre 1776 y 1810 tuvieron conflictos con todas las nuevas autoridades. Los cambios en el comercio y las transformaciones de las elites Con las reformas se acentuó la inmigración peninsular, la habilitación del puerto de Buenos Aires al trafico directo con los puertos españoles, facilitaron la emergencia de nuevos grupos mercantiles en los que tenían un papel decisivo los mercaderes. El azogue era un insumo básico de la minería, y su provisión y precio determinaba el ritmo y la rentabilidad de la producción. Las minas de Huancavelica resultaban insuficientes, la corona comenzó a subsidiar la provisión de azogue y en 1778 dispuso que los barcos pudieran desembarcar ese cargamento en Buenos Aires, la legalización de este tráfico permitió la instalación de asentistas de azogue que obtenían el monopolio de abastecimiento. Otro factor decisivo de las importaciones eran los esclavos pertenecientes de África o Brasil donde se hacían concesiones a ingleses y franceses permitiéndole la aceptación de negreros en Buenos Aires; El cual se llevó a cabo en forma pasiva. Desde la década de 1780 con la liberalización de la trata de negros impulso a algunos comerciantes de Buenos Aires