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En este documento, el autor revisa la obra de bryan ward-perkins sobre la caída de roma y el fin de la civilización occidental. El autor compara las ideas de ward-perkins con las de pirenne y discute sus puntos de vista sobre la decadencia del imperio romano y las invasiones germánicas. Además, se analizan las diferentes opiniones sobre la decadencia previa y la sociedad romana hiperespecializada.
Tipo: Apuntes
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Hace poco me terminé La caída de Roma y el fin de la civilización (2005) de Bryan Ward-Perkins. Y me ha gustado. Me ha gustado mucho a pesar de que el libro defiende una idea central de la que no ha logrado convencerme. Eso sí, por el camino dice muchas otras cosas valiosas, y todo muy bien defendido, muy bien citado, y...y...¡maldición!, que cuesta trabajo llevarle la contraria. Aparentemente Ward-Perkins defiende justo lo contrario a lo que decía Pirenne en su día: vamos, que vuelve a la idea de una extinción brusca y dramática del Imperio Romano. Aparentemente, porque en realidad ambos defienden lo mismo en muchas ocasiones, la continuidad de muchos aspectos notables del Imperio en los reinos germánicos. El problema que tengo con Perkins no es lo que dice para el después de la caída, sino para el antes. A ver, en los últimos tiempos algunos historiadores defendieron una visión muy rosa de la desaparición del Imperio como unidad política, sin violencias de ningún tipo y con muy buen rollo todo. La reacción vino en 2005 con dos británicos que recuperaban una visión más tradicional: Peter Heather y La caída del Imperio Romano y el señor que nos ocupa hoy. Ward-Perkins defiende que el Imperio Romano fue brillante hasta los últimos momentos antes de la caída, que el nivel de bienestar de la gente era enorme hasta sus últimos días, que el campesino más humilde tenía acceso a productos de calidad, y que todo cambia por un único factor externo, chispa de todos los internos: las invasiones germánicas. Y que si Occidente cae y el Oriente no, es por mala suerte (como suena) y unos pocos errores de gestión. Vamos, ni decadencia ni causas sociales: conquista pura y dura. Esto, que dicho así suena muy mal, lo defiende admirablemente bien y con sentido del humor: se nota que Ward-Perkins viene del mundo de la arqueología, y acude a una herramienta utilísima que todo estudiante de historia aprende a odiar con toda su alma: los putos cacharritos de cerámica. Con ellos demuestra una bajada dramática de la población a principios de la Alta Edad Media, un descenso en el comercio y en general en el nivel de vida. Pero hasta que todo se acaba de golpe y porrazo, el Imperio se conservaba con una salud envidiable, como diría uno que yo me sé: Roma va bien. Cosas que opongo: Siglo III : el Imperio entró en una anarquía política y militar de 75 años en que hasta la guarnición del último pueblo de Britania nombraba a su propio emperador. Cuando se recupera el orden ya en el siglo IV lo hace Diocleciano partiendo el Imperio en 4 trozos, Constantino lo reunifica después, pero a partir de ese día, la división no hará sino agrandarse.
sólo lugar suponía dejar sin abastecimiento a regiones muy alejadas incapaces de producir por sí mismas incluso los bienes más básicos. Los pueblos menos complejos eran los más autosuficientes. Imaginen si eso ocurriese hoy: el Ikea consistiría en tener que ir al bosque a cortarse los maderos uno mismo. Un drama. Pero en fin sigo pensando que hubo decadencia previa. En cuanto a las causas de ésta...un estudioso alemán se dedicó en 1984 a glosar todas las posibles causas de la decadencia que se habían ido alegando en la historiografía: reunió 210. Incluyendo las más chorras como la ¡impotencia! (Cipolla hace buena burla de esto en Allegro, ma non troppo ). Y yo, como todo hijo de vecino, tengo mis propias opiniones...pero las veremos en el próximo episodio que ya me estoy colando. Entretanto los invito a que opinen: ¿decadentistas o rupturistas?