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La Insatisfacción y el Sufrimiento en el Trabajo Social: Condiciones Contextuales - Prof. , Apuntes de Trabajo Social

Este documento explora la insatisfacción y el sufrimiento experimentados por los trabajadores sociales en relación a su ejercicio profesional. Se discuten las condiciones contextuales que obstaculizan su misión, como presión de demanda, insuficiencias de recursos, carencia de feedback y desgaste laboral. Se reflexiona sobre la posibilidad de un ejercicio más genuino y relacional del trabajo social y la importancia de la empatía y la capacidad relacional en la satisfacción y realización profesional.

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 20/09/2014

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sandrita94-1 🇪🇸

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Capítulo 3. La representación de la
insatisfacción y el sufrimiento
Condiciones contextuales de insatisfacción
y sufrimiento
Los trabajadores sociales ponen el énfasis en las pocas
satisfacciones concretas que produce el ejercicio
profesional. Los entrevistados (13/21) consideran que entre
los trabajadores sociales habría un porcentaje muy elevado
que no estaría ni satisfecho, ni realizado en su ejercicio
profesional. En la atribución generalizadora que los
entrevistados realizan, la profesión aparece envuelta en un
trabajo que produce un importante desgaste emocional.
Además se reconoce el sufrimiento como una realidad que
acompaña el ejercicio cotidiano de la profesión (18/20
entrevistas)
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La profesión se vería inmersa en una situación
estresante que cansa, agota o desmotiva. Esa situación no
se atribuye a causas aisladas, sino que dibuja un ambiente
global poco estimulante que afectaría a la mayoría de los
profesionales, incluso a aquellos que se sienten satisfechos.
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El contraste con las ilusiones iniciales es muy marcado. Si miramos los
resultados entre los estudiantes (en Barbero, J.M et al, 2002), vemos que
un grupo muy mayoritario de ellos (el 90%) piensa que la profesión puede
contribuir a su realización personal. Ese resultado parecería una
declaración sobre la posibilidad de disfrutar en su ejercicio y nos habla de
una adhesión importante hacia el trabajo social, aunque sea hacia una
representación ideal de la profesión (recordemos que ellos no han
ejercido todavía la profesión).
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Capítulo 3. La representación de la

insatisfacción y el sufrimiento

Condiciones contextuales de insatisfacción

y sufrimiento

Los trabajadores sociales ponen el énfasis en las pocas satisfacciones concretas que produce el ejercicio profesional. Los entrevistados (13/21) consideran que entre los trabajadores sociales habría un porcentaje muy elevado que no estaría ni satisfecho, ni realizado en su ejercicio profesional. En la atribución generalizadora que los entrevistados realizan, la profesión aparece envuelta en un trabajo que produce un importante desgaste emocional. Además se reconoce el sufrimiento como una realidad que acompaña el ejercicio cotidiano de la profesión (18/ entrevistas)^19. La profesión se vería inmersa en una situación estresante que cansa, agota o desmotiva. Esa situación no se atribuye a causas aisladas, sino que dibuja un ambiente global poco estimulante que afectaría a la mayoría de los profesionales, incluso a aquellos que se sienten satisfechos.

(^19) El contraste con las ilusiones iniciales es muy marcado. Si miramos los

resultados entre los estudiantes (en Barbero, J.M et al, 2002), vemos que un grupo muy mayoritario de ellos (el 90%) piensa que la profesión puede contribuir a su realización personal. Ese resultado parecería una declaración sobre la posibilidad de disfrutar en su ejercicio y nos habla de una adhesión importante hacia el trabajo social, aunque sea hacia una representación ideal de la profesión (recordemos que ellos no han ejercido todavía la profesión).

Hay de todo, conozco gente que está muy contenta con lo que hace, muy satisfecha, que se siente muy bien y conozco gente muy quemada. De todas maneras incluso los que están satisfechos porque les gusta el trabajo están quemados por las condiciones que no son adecuadas, (…) Condiciones a todos niveles: económicas, de falta de personal y eso al final te desgasta. Yo creo que hay un número elevado de profesionales que llega un punto que se plantean que tienen que cambiar de profesión (…) Yo de momento me siento satisfecha y no me imagino haciendo otra cosa pero quizá llegará un día que me sentiré cansada, esta profesión esta poco compensada. (E12)

Los trabajadores sociales dibujarían un ejercicio profesional que se convierte en penoso como efecto de unas condiciones contextuales que obstaculizan su misión:

A) Excesiva presión de la demanda de los usuarios y de la institución, insuficiencias de recursos, niveles de exigencia que no se corresponde con las condiciones organizativas en que se desenvuelve el ejercicio profesional, incomprensión de las políticas de discriminación positiva por parte de otros ciudadanos o usuarios, carencia de feedback o de contraste técnico-profesional (supervisión), desgaste o cansancio que produce un contexto económico-social y laboral sin recompensas para la profesión (insuficiente reconocimiento, condiciones económicas inadecuadas, insuficiencias de personal, etc.), características de las poblaciones destinatarias de las atenciones que provocan relaciones difíciles y resistentes, cronificación de sus situaciones, sentimientos de instrumentalización del trabajador social.^20

(^20) La insatisfacción de los trabajadores sociales fue estudiada mediante

encuesta en la investigación realizada por Col.legi oficial de DTS de Catalunya/Progess, SL (1997). Los resultados de aquella encuesta señalaban que en comparación con los licenciados (que, según creemos son los profesionales que los trabajadores utilizan como referencia comparativa), los trabajadores sociales presentaban grados de satisfacción más bajos con respecto: a los trabajos que le son encargados, a la variedad de tareas y encargos, a la flexibilidad de horarios, a la calidad de los resultados conseguidos, a las relaciones con

Si la satisfacción podría ser interpretada como posibilidad de un ejercicio más genuino del trabajo social (más relacional), la insatisfacción se conecta con una situación que imposibilita el verdadero ejercicio del trabajo social. Los sentimientos serían de no poder hacer trabajo social: lo que emerge es una presión de la demanda en un sentido unidireccional (sobretodo solicitud de prestaciones económicas) que se asienta en una dinámica de abordaje gestionista (que los usuarios, una vez malacostumbrados, realimentarían constantemente). La posibilidad de un ejercicio verdadero y la posibilidad de disfrutar del trabajo social exigirían romper con esas prácticas.

[La posibilidad de sentirnos satisfechos y realizados con la profesión] resulta muy difícil. Es por esto que pienso que se debe buscar en uno mismo (…) Yo siempre digo (y mis compañeros se enfadan mucho) que desde que trabajo aquí no hago trabajo social, que no puedo hacerlo. Siempre digo “soy un cajero automático” (…) Es un sentimiento (...) En este territorio las demandas son siempre las mismas, siempre son de tipo económico y aunque tu intentes reconducir las demandas es muy difícil, está muy viciado. (...) [En este barrio] cuesta un poco que la gente se de cuenta de lo que estas haciendo. Si en el resto de barrios o de servicios la gente no entiende cual es la tarea del trabajador social o del equipo de servicios sociales, en este se entiende aún menos, es todavía más complicado (...) Aquí, seguramente, somos demasiado asistenciales (...) A mi me gustaría que me dijesen (...) puedes gastar tanto dinero y cuando lo hayas acabado no puedes gastar más y ver lo que pasaría (...) ¡Nada, es que no pasaría absolutamente nada, nadie se moriría de hambre, a nadie le cortarían la luz, a nadie le cortarían el agua! (…) Pienso que nosotros con esta comprensión les hemos acomodado en una situación, están demasiado mal acostumbrados. (E22)

B) En algunos casos habría también una actuación institucional muy particularista: cada organización marca su sistema y cada equipo sus formas de hacer. Ese

particularismo favorece el aislamiento de los profesionales, la falta de contacto y de intercambio profesional con el exterior. El profesional se vería así encerrado en su entorno organizativo, en sus formas de hacer y en sus problemas particulares. Esos comportamientos de la organización y del profesional se refuerzan mutuamente y favorecerían cierto ostracismo en el ejercicio profesional.

C uando trabajas en una institución quedas como un poco aislado (…); conecto poco con el resto de trabajadores sociales (…) hay una tendencia de que cada uno se mire lo suyo (…): yo en mis cosas, que los demás no me miren. (…) Si yo hablo con otra compañera que también es de una residencia, cada residencia marca un sistema, cada equipo marca una forma de ser; (…) O sea, que no es el problema del trabajador social en si, sino de cómo funciona la institución. (E2)

El aislamiento profesional vendría a ser un obstáculo a la disciplinariedad del ejercicio: el particularismo jugaría a la contra del universalismo y contra la transferencia de innovaciones.

C) La naturaleza de las situaciones que tratan los trabajadores sociales sería también una fuente de agotamiento profesional. El trabajo social quemaría porque aborda situaciones dolorosas, muy problemáticas, que hacen sufrir, que hacen consciente al profesional de las limitadas posibilidades con que cuenta (a veces, se pasa del sentimiento de omnipotencia al de impotencia). Son situaciones que, además, permiten resultados poco estimulantes; los avances son lentos, las satisfacciones pocas o diluidas en el tiempo.

Yo creo que se sufre mucho, porque estamos delante de situaciones dolorosas (…) Hay familias con las que tú tienes un contacto corto en momentos puntuales, que no son familias a las cuales tu hagas un seguimiento; en cambio, con las situaciones más difíciles siempre estás en contacto.

profesionales que responden a cierto modelo: personas con inquietudes, activas, con ganas de movilizarse y de crecer, etc. Los profesionales que no reúnan esas condiciones no disfrutarían del ejercicio profesional. Esa motivación de carácter vocacional (querer ser útil, deseo de ayudar), al conectar lo profesional con lo personal, tendería a provocar que el trabajador social no desconecte el mundo de lo profesional del de lo personal, que no le ponga límites (o que no se sienta tanta necesidad de poner límites).

Bueno yo puedo hablar por mi experiencia y por la experiencia de otros compañeros (…) Hay una gran satisfacción (...) A la gente le gusta el trabajo social, quizá también con los que comparto estas inquietudes y estas limitaciones son de mi línea (…) Somos personas activas con ganas de movilizar, de crecer, construir, yo pienso que si (...) Y también pienso que hay muchas experiencias en la práctica social interesantes que me encantaría conocer porque aprendes mucho con la práctica de los compañeros de otros municipios y de otras instituciones. (E11)

M e siento satisfecha porque me gusta. Ahora, tienes que decir que eres profesional, pero yo soy vocacional y como soy vocacional me gusta (…) La satisfacción es porque me gusta no porque... el equipo te reconozca. (E5)

La capacidad de empatía (ponerse en el lugar del otro, identificarse con su problema, vivir esos problemas como no ajenos a nuestra propia vida) sería también un componente de esa posibilidad de satisfacción y realización profesional: sentirse recompensado en la medida en que identificándose con los problemas de la gente que atiende, convierte su acción profesional en una lucha por algo que afecta la propia vida del trabajador social.

Yo creo que quien se dedica al trabajo social, tendría que estar satisfecho y sacar provecho de su trabajo como recompensa, sobretodo, personal. Mi recompensa del trabajo es mi crecimiento como persona, es que los

problemas de estas mujeres a mi me resuenan dentro, yo me identifico con muchos de sus problemas. (E13)

El tercer elemento que puede contribuir a la satisfacción estaría relacionado con la capacidad o la posibilidad de dar relevancia al componente relacional del ejercicio profesional: intervención abierta, de acompañamiento, sin caer en relaciones rutinarias o estereotipadas, la disposición a establecer relaciones cálidas, el trabajo en relación a las dinámicas relacionales, etc.

Me gusta escuchar y eso pienso que es una parte importante, el poder escuchar y, a lo mejor, [no] siempre escuchamos bien; depende de los momentos de tu propia vida. Te das cuenta de que cuando tú tienes más problemas, también te cuesta más [escuchar]. No es algo mecánico, es cuestión de poner imaginación, ganas. (E3)

Cuando las satisfacciones deben de proceder del exterior, se hacen más matizadas y puntuales.

Pienso que es difícil eso de sentirse realizado, pero tiene sus momentos. Yo, sobretodo, cuando veo a una persona que ha venido con una dificultad y la está superando (…), cuando te explican cosas que no explican a nadie... (...) ¡La profesión] tiene sus momentos! (E24)

SEPARATA: La dimensión simbólica en el trabajo social

Las herramientas de los trabajadores sociales son las de la palabra: escuchar, acoger, ayudar a expresarse, comunicar, negociar. Todo esto es un trabajo sobre la identidad. El trabajo social empieza por producir sentido, por producir definiciones. “El actor, el que construye actos, dice Annah Arendt, solo es posible si al mismo tiempo expresa palabras. La acción que él empieza se revela humana mediante el verbo. El acto toma sentido solo por la

Relaciones de trabajo social, insatisfacción

y sufrimiento

La insatisfacción y el sufrimiento que explicitan los trabajadores sociales se manifiestan, en primer lugar como un malestar contextual generalizado, pero también como efectos directos en las personas y como consecuencias en las relaciones de trabajo social: desencanto, distanciamiento emocional respecto del usuario, adaptación de las preferencias, de las expectativas o deseos, formas de agresión y/o culpabilización del usuario (culpabilizarle del fracaso de la relación, por ejemplo), queja improductiva, somatizaciones, etc. Una entrevistada realiza una aguda descripción de esas consecuencias:

En este momento hay gente que se lo pasa muy mal y que está respondiendo ante este pasárselo mal de diversas maneras. Les hay que están en enfermedad; es decir, que están con un encargo que no pueden abarcar completamente. Y como no puede analizar o identificar el que sí y el que no hacer, entonces están poniendo su cuerpo (…) Otra gente lo que está haciendo es defenderse de esta situación de impotencia colocando una barrera entre el usuario y ellos (…), se están haciendo funcionarios, pero en el peor sentido de la palabra; es decir no comprometiéndose más allá, (...) no haciendo la valoración más global, (…) tomando distancia mediante una barrera entre uno y otro (...) [Hay] quienes están agrediendo al usuario, (…) que se están violentando con el usuario porque el usuario no está haciendo las demandas adecuadas. Yo diría que se están dando las diferentes vertientes de un malestar que no pueden identificar. (E20)

La insatisfacción entre los profesionales aparece vinculada con lo que, a veces, apuntaría a la presencia del síndrome de “burn out”, con la vivencia de pérdida de un ideal. Una posible reacción ante una situación que impide

realizar nuestras aspiraciones y que no tendría que ver con la adaptación realista de nuestros objetivos, sería una adaptación de nuestras preferencias o aspiraciones. En ese mecanismo adaptativo podría inscribirse, en su extremo, la posibilidad de renuncia o un “tirar la toalla” y ejercer de manera más distante, una renuncia al mejor hacer (arrinconar la proactividad) respondiendo a las determinaciones de la situación.

Hace mucho que asumí que no puedo hacer todo mi trabajo y que no lo puedo hacer bien, pero no es problema mío y entonces yo voy trabajando con la gente que viene, con los usuarios que vienen y que quieren iniciar un proceso de cambio con aquellos que vienen porque no tienen más remedio y necesitan becas, ayudas muy puntuales. Y los que se descuelgan ya me los reenviara algún terapeuta en el momento que crea que debe ser. Ya hace mucho que opté; sí ¡Es que lo otro no seria posible! (E10)

Al principio, el trabajador social tendría expectativas de realización de los ideales profesionales, pero después esas expectativas se van yendo porque es muy difícil conseguir buenos resultados si faltan recursos, si el contexto de realización de la tarea no es favorable, etc. A la perdida de confianza en la posibilidad de cambiar las cosas, seguiría un centrarse en un ejercicio menos angustioso: en primer lugar, la posibilidad de entender de manera diferente los problemas (“que la vida de las personas depende de ellos mismos”) y que esa comprensión permite estar prevenido ante el fracaso; en segundo lugar, buscar satisfacciones más personales: ganar habilidades profesionales, que las cosas vayan con más naturalidad, etc.

Yo pienso que una de las cosas que aprendí es que la vida del otro depende, en el fondo, del otro (...) Tu decisión siempre depende del otro (...) que puede echar por tierra todo el trabajo hecho durante unos cuantos años. Claro, si tu ya [lo] tienes claro y ya [lo] prevés tienes dolor, pero no tienes quemazón. Yo diferenciaría entre un dolor de tener