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LA MORAL PROVISIONAL, Resúmenes de Filosofía

En este documento encontrarás el tema 6 de la historia de la filosofía. Habla sobre: LA MORAL PROVISIONAL

Tipo: Resúmenes

2022/2023

Subido el 10/03/2026

Martaa530
Martaa530 🇪🇸

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TEMA 6
MORAL PROVISIONAL
“Mientra la razón me obligara a serlo en mis juicios [teóricos], y no dejar de
vivir desde ese momento lo más feliz que pudiese, hice mía una moral
provisional que no consistía sino en tres o cuatro máximas,
de la que quiero gustosamente haceros partícipes”
I. INTRODUCCIÓN
El proyecto filosófico cartesiano incluye también una filosofía práctica, una ética para
reflexionar sobre libertad y acción humana, y sobre las llamadas pasiones humanas. Y sobre la
felicidad.
La filosofía o racionalidad teórica, sabemos, aspira a la verdad, al conocimiento, mientras
que la filosofía o racionalidad práctica reflexiona sobre nuestra libertad encaminada a dirigir la
acción.
L a duda metódica no afecta al ámbito de la racionalidad práctica porque en ella no
puedo hacer una “abstención del juicio” que sí es posible en los conocimientos teóricos, pues la
acción y la toma de decisiones no admite dilaciones; no podemos permanecer irresolutos en la
vida.
Descartes distingue claramente entre razón teórica y razón práctica, y les otorga distintos
niveles de exigencia; los conocimientos teóricos los somete a la duda metódica, al criterio de la
evidencia. Pero necesitaremos una ética porque es inevitable tomar decisiones en nuestro día a día.
Por tanto, mientras procede a la suspensión del juicio de todos los juicios teóricos -escepticismo
metódico-, se propone, en cambio, establecer un conjunto de máximas, normas o preceptos morales
para desenvolverse en la vida social y orientar de manera adecuada la libertad.
En este sentido, la siguiente redacción parte de la indagación que Descartes hace del
concepto de la libertad y su relación con el tema de las pasiones. A continuación, se justifica la
“provisionalidad” de su moral y aclara en qué consiste su ética: ¿cuáles son esas máximas que
pueden ayudarnos en la vida, en la felicidad? ¿Por qué no podemos considerar su moral como
estrictamente original? ¿En qué autores se basa Descartes para reflexionar sobre el ámbito de lo
moral? ¿Qué relación existe entre la libertad, las pasiones y las reglas de su “moral provisional”?
En definitiva, veremos qué debemos tener en cuenta a la hora de actuar y cómo deberíamos
orientar la conducta en aras a elegir bien y obtener mayor probabilidad en el logro felicidad.
II. DESARROLLO
La moral cartesiana se deduce de su afirmación de libertad como verdad evidente, clara y
distinta. Es, por ello, que es una idea innata.
La libertad es la máxima perfección del hombre: “...que la principal perfección del hombre
consiste en tener libre albedrío, y que es lo que le hace digno de alabanza o censura”. (Principios
de filosofía).
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TEMA 6

MORAL PROVISIONAL

“Mientra la razón me obligara a serlo en mis juicios [teóricos], y no dejar de

vivir desde ese momento lo más feliz que pudiese, hice mía una moral

provisional que no consistía sino en tres o cuatro máximas,

de la que quiero gustosamente haceros partícipes”

I. INTRODUCCIÓN

El proyecto filosófico cartesiano incluye también una filosofía práctica, una ética para reflexionar sobre libertad y acción humana, y sobre las llamadas pasiones humanas. Y sobre la felicidad. La filosofía o racionalidad teórica, sabemos, aspira a la verdad, al conocimiento, mientras que la filosofía o racionalidad práctica reflexiona sobre nuestra libertad encaminada a dirigir la acción. L a duda metódica no afecta al ámbito de la racionalidad práctica porque en ella no puedo hacer una “abstención del juicio” que sí es posible en los conocimientos teóricos, pues la acción y la toma de decisiones no admite dilaciones; no podemos permanecer irresolutos en la vida. Descartes distingue claramente entre razón teórica y razón práctica, y les otorga distintos niveles de exigencia; los conocimientos teóricos los somete a la duda metódica, al criterio de la evidencia. Pero necesitaremos una ética porque es inevitable tomar decisiones en nuestro día a día. Por tanto, mientras procede a la suspensión del juicio de todos los juicios teóricos -escepticismo metódico-, se propone, en cambio, establecer un conjunto de máximas, normas o preceptos morales para desenvolverse en la vida social y orientar de manera adecuada la libertad. En este sentido, la siguiente redacción parte de la indagación que Descartes hace del concepto de la libertad y su relación con el tema de las pasiones. A continuación, se justifica la “provisionalidad” de su moral y aclara en qué consiste su ética: ¿cuáles son esas máximas que pueden ayudarnos en la vida, en la felicidad? ¿Por qué no podemos considerar su moral como estrictamente original? ¿En qué autores se basa Descartes para reflexionar sobre el ámbito de lo moral? ¿Qué relación existe entre la libertad, las pasiones y las reglas de su “moral provisional”? En definitiva, veremos qué debemos tener en cuenta a la hora de actuar y cómo deberíamos orientar la conducta en aras a elegir bien y obtener mayor probabilidad en el logro felicidad.

II. DESARROLLO

La moral cartesiana se deduce de su afirmación de libertad como verdad evidente, clara y distinta. Es, por ello, que es una idea innata. La libertad es la máxima perfección del hombre: “...que la principal perfección del hombre consiste en tener libre albedrío, y que es lo que le hace digno de alabanza o censura”. ( Principios de filosofía).

La libertad según Descartes no está determinado a nada ajeno que no sea su propia voluntad

  • voluntad indeterminada -. La libertad es, pues, la característica esencial de la voluntad y es ella la que nos puede llevar a la verdad o al error ( racionalidad teórica, epistemología) , al bien o al mal, a la acción correcta o incorrecta ( racionalidad práctica, moral/política ); que la libertad nos conduzca al bien o al mal, a lo correcto o incorrecto depende de cómo la ordenemos y la orientemos. Por ello, se hace necesario poseer una moral para regir nuestra vida, nuestra acción. La acción no está sometida al dictado de ninguna ley natural porque parte del “COGITO”, del atributo DEL PENSAMIENTO. No obstante, la libertad debería estar subordinada a unos principios morales que el entendimiento o el pensamiento le proponga como los más adecuados. En todo ello está en juego nuestra felicidad o bienestar. O, al menos, las acciones más hábiles o correctas. Por tanto, para Descartes es claro que la libertad consiste precisamente en que la voluntad elija aquello que el entendimiento le presenta con claridad y distinción como lo bueno (ámbito práctico) y lo verdadero (ámbito teórico). La libertad consiste, pues, en el sometimiento de la voluntad al entendimiento, y este sometimiento es la idea central de la ética cartesiana. En efecto, para Descartes el entendimiento debe presentarnos como buenas y correctas el contenido de unas máximas o reglas morales. El matemático francés nos presenta las suyas en la denominada MORAL PROVISIONAL. Esta forma de entender la libertad sometida en todo momento a la razón la encontrábamos también en el intelectualismo moral de Sócrates que identificaba Razón, virtud y felicidad. Y en el mismo Aristóteles. En la misma línea, Platón nos presenta la verdadera libertad humana en su “Alegoría del carro alado ”: el alma racional -el Auriga- debe en cada momento dominar el alma irascible -el Caballo Blanco- y apetitiva -el Caballo Negro- para lograr lo que denominó Justicia individual. La escena del Auriga tratando de dominar a sus “caballos” se asemeja al combate que en la vida, según Descartes, se da entre los apetitos naturales o pasiones, que son lo propio del cuerpo. Y la razón y voluntad, que son facultades propias del alma, de la res cogitans. En ambos autores las pasiones nos pueden apartar de la felicidad, del bienestar, de la paz interior. Por tanto, existen claros paralelismos entre la psicología y la ética de Platón y la moral de Descartes. En su Tratado sobre las pasiones, el filósofo francés reflexiona sobre la psicología humana , sobre las pasiones humanas que pueden esclavizar al ser humano. La tarea del alma en relación a la pasiones consiste en someterlas y ordenarlas conforme al dictado de la razón, quien debe establecer “juicios firmes y determinados referidos al conocimiento del bien y del mal, según los cuales ha decidido conducir las acciones de su vida . Así, la fuerza del alma consistirá, precisamente, en tratar de controlar y dirigir las pasiones por medio del entendimiento. Descartes propone una serie de máximas o principios morales que ayudarán a la voluntad a encauzar las pasiones racionalmente y a conducir nuestras acciones en la vida.

Reivindica así la virtud de la prudencia, la “inteligencia dianoética” y la doctrina del “término medio” de Aristóteles. En este mismo precepto, Descartes nos invita a prestar atención más a lo que hacen las personas, a su conducta, que a lo que dicen, dado que no todos dicen lo que piensan. Y muchas actúan de manera distinta a lo que dicen y presumen ser. Por último, recomienda que en nuestra vida tomemos decisiones que no comprometan demasiado nuestra libertad, que no nos “aten” demasiado a factores externos a nosotros SEGUNDA MÁXIMA MORAL Nos recomienda que una vez que se ha aceptado una opinión, ser firme y resuelto en seguirla: ser constante en ella. Asimismo no demorar nuestras acciones más de lo debido ni permanecer irresolutos en la vida; es decir, frente a un problema o una dificultad, actuar. Para explicar esta moral, Descartes hace uso de la “analogía del hombre perdido en el bosque” ; con ella trata de reflejar la importancia de ser firmes en nuestras decisiones, constantes incluso con aquéllas que se han tomado y que pudieran resultar dudosas; al menos nos llevarán a algún sitio. Y tratarán de resolver el problema que debemos afrontar. Con esta máxima Descartes pretende que nos libremos de los arrepentimientos, remordimientos, la volubilidad - la inconstancia - y la inacción – la pasividad - en la vida. TERCERA MÁXIMA MORAL Estas ideas están recogidas sobre todo en el estoicismo del filósofo romano Séneca. Comienza diciendo lo siguiente: “... procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y modificar mis deseos antes que el orden del mundo” : n ada está en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos y las acciones que se derivan de ellos. “Vencerse a sí mismo antes que a la fortuna” , es decir, estar más dispuesto a controlar las propias inclinaciones, deseos, apetencias que aquello que no está en nuestra mano ni a nuestro alcance. En efecto, la “fortuna”, esto es, las adversidades de la vida no podemos cambiarlas, pero sí adecuar mis pensamientos y actos a las circunstancias que no nos son propicias: es importante saber adaptarse a las dificultades de la vida y estar por encima de los infortunios, elementos clave en nuestro equilibrio y felicidad. Además, en esta máxima Descartes nos recomienda en tanto que podamos adecuar nuestros deseos, metas y objetivos de la vida a nuestras posibilidades, a nuestra naturaleza. El entendimiento debe proponer a la voluntad desear cosas que no sea imposibles ni que estén fuera de nuestro alcance porque, en caso contrario, cosecharemos dolor, frustración y desdicha. En este entendimiento, la virtud del “autoconocimiento”, la máxima socrática del “conócete a ti mismo” es importante para seguir este principio moral. En esta misma máxima nos dice Descartes: “hacer de la necesidad virtud” , esto es, aceptar el orden o la realidad de las cosas que no se pueden modificar, pero aprender a sacarle el máximo provecho; tratar de obtener algo positivo de lo negativo, algún beneficio de la desgracia o de nuestras limitaciones.

Esta máxima tiene una clara influencia estoica; la virtud fundamental del estoicismo es la llamada ataraxia: la imperturbabilidad del ánimo, de nuestro carácter, el autodominio, estado que se alcanza cuando se aprende a controlar las pasiones y los deseos, a someterlos al entendimiento. Asimismo, cuando asumimos ciertas limitaciones y afrontamos con fortaleza las desgracias y los sufrimientos del destino. Todo esta filosofía, inspirada en los estoicos Séneca y Marco Aurelio, opina Descartes, tiene mucha más importancia que el que nos haya favorecido la naturaleza y las riquezas en la vida. CUARTA MÁXIMA MORAL En esta máxima, Descartes hace una revisión de todas las ocupaciones humanas posibles para elegir la mejor. Opina que la filosofía es la mejor de todas. Con esta idea, el autor francés no está diciendo a los alumnos que vayan a estudiar a la Facultad de Filosofía, ni que solo lean Filosofía, sino que dediquen tiempo en su vida a cultivar la razón, el pensamiento, atributo fundamental del ser humano. Por tanto, pone en “acto” o “materializar” la esencia del “cogito”. Ésta según él es la forma de vida más elevada y noble. Por ello afirma que, de entre todas las ocupaciones humanas, el saber y la cultura son una gran fuente de satisfacción y placer. Por ello, nos recomienda dedicar tiempo en nuestra vida a adquirir nuevos conocimientos, a reflexionar sobre las cosas que pasan en el mundo, a interrogarnos...: cultivar nuestra razón. En esta máxima hay una clara influencia de Aristóteles, quien vinculó un modelo de felicidad con el cultivo de la razón; recordemos que para el filósofo griego el cultivo de la inteligencia es fundamental para el perfeccionamiento y autorrealización humana. Pero necesitamos también cultivar nuestra razón para orientar bien nuestra voluntad que a través de la cualidad de la libertad debe en todo momento estar subordinada o determinada por el entendimiento: “ Basta con juzgar correctamente para obrar bien”. En estas líneas vemos la impronta del intelectualismo moral (Sócrates y Platón), en la medida en que Descartes también consideró que la inteligencia, la reflexión y la educación nos ayuda a elegir mejor en la vida. Y, en cualquier caso, a ser más libres, a vivir de manera más libre.

III. CONCLUSIÓN

Para concluir, recordemos que en los saberes teóricos se rechazaba como falso aquello que pudiera suscitar la más mínima posibilidad de duda, lo “verosímil”; sólo aceptamos lo evidente (claro y distinto). Sin embargo, Descartes habrá de conformarse con la probabilidad en lugar de con la evidencia en el terreno de la moral, de la racionalidad práctica. Nada nos garantiza que mis decisiones y acciones tengan siempre el éxito que esperamos, algo que aparece reflejado en la tercera máxima. Ni siquiera en la política podemos aspirar a que las leyes sean perfectas, como ya nos advertía la “Analogía de los caminos de la montaña” al comienzo de la Parte II del D****. M. No obstante, Descartes defiende que un individuo que siga o tenga en cuenta las máximas descritas tendrá mayores garantías de ser feliz, de vivir con mayor equilibrio y armonía. Y con más libertad. Descartes dejó para el final de su sistema su filosofía moral. Nunca llegó a elaborar una ética