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Orientación Universidad
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La pedagogia Ignacia, Apuntes de Pedagogía

Conocer la pedagogia y mas aala

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 28/04/2019

keneth-emanuel-ramirez
keneth-emanuel-ramirez 🇬🇹

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¡Descarga La pedagogia Ignacia y más Apuntes en PDF de Pedagogía solo en Docsity!

Claves de la Pedagogía Ignaciana P Fernando Montes, SJ En Chile, en 1973 el país entero se conmovía. Eran los últimos tiempos del go- bierno de Allende. Huelgas, piedras y paros; era un temible caos, y el Provincial me pidió, recién vuelto a mi patria desde Europa, que fuera Maestro de novicios. Era una circunstancia dolorosa y muy dura la de la Compañía de Jesús. Después de 120 años en Chile habíamos cerrado el noviciado. Se habían ido el Maestro de novicios y con él todos sus discípulos. Me pedían montar nuevamente la casa de rmación. Reinaba un cierto pesimismo, Supimos entonces que iban a entrar unos chachos. Yo lleno de ilusión preparaba lo que iba a decirles. En esas circunstan- cias le conté a un hermano viejo, un santo viejo, que iban a entrar 5 novicios. El único comentario que me hizo fue: ¡ya se saldrán!. Cualquiera comienza una obra así. Entonces experimenté algo muy claramente: a mí me educaron en la Compa- ñía, me enseñaron y me formaron, pero yo no podía usar el mismo método con los que venían. Los métodos que habían usado conmigo habían significado que la mayoría de mis compañeros no fueran capaces de resistir los cambios que llega- ron con el concilio y con los nuevos aires que soplaban por el mundo. De alguna manera, se trataba de salvar el alma, el carisma, y renovar los méto- dos. ¡Angustioso... de verdad desafiante y angustioso!, ¡Me sentí con mucha sole- dad! Por eso yo me volví a San Ignacio. Leí su autobiografía, las Constituciones de ta Compañía de Jesús, y prácticamente sus 7.000 cartas, tratando de detectar don- de estaban las claves que permitieron a ese hombre generar una pedagogía. ¿Cuál era su espiritualidad? La espiritualidad es el ángulo desde el cual uno lee el Evangelio, las cosas que uno acentúa, y aquellas a las que uno da menos importancia. Los Franciscanos acentúan la pobreza, los Jesuitas acentuamos otras cosas en la infinita riqueza de la enseñanza de Jesús. Todos nos acercamos desde una particular perspectiva al Evangelio. San Ignacio, en un momento turbulento del mundo y de la Iglesia, se acercó desde un ángulo específico al Señor y generó una Espiritualidad que es la base de toda su obra y de su pedagogía.Por eso parte de lo que hoy voy a compar- tir con Uds. es precisamente ese método, esas claves. En esa espiritualidad, en ese modo específico de leer el evangelio se encuentra el secreto que no debería faltar en el medio de los cambios radicales en que nos toca vivir. Más tarde me encontré ante un nuevo desafío. Siendo Provincial de la Compa- ñía de Jesús en Chile, hace poco más de 25 años experimentamos la necesidad de recuperar el alma de nuestros Colegios. Necesitábamos darles identidad, porque poco a poco nuestras instituciones educacionales se habían hecho como otros liceos. Ellas seguían los planes y programas del Ministerio de Educación. ¿Cómo darles un alma? Nos reunimos con todos mis colaboradores para desentrañar dónde estaba lo esencial, aquello que tenía sentido para nosotros o mejor que nos daba sentido. Todos comenzamos diciendo que la Ratio Studiorum, el documento que había di- rigido por siglos la educación de la Compañía era estupenda. Pero ninguno de hosotros la había leído y sinceramente no nos inspiraba para nada. Esa era la ver- dad. Entonces ¿qué hacer para generar un alma, para compartir algo que fuera lo esencial de San Ignacio y fuente de inspiración para nosotros? Pasaron los años y parte de esas semillas que sembramos y de esos sueños, entraron en los docu- mentos que hoy día están en la Compañía Universal que orientan y que son, en cierto modo, la nueva Ratio Studiorum. Para comenzar nuestro trabajo yo recordé al Padre Nadal, ese gran colaborador de San Ignacio que comprendió como nadie a su maestro. Ese gran catalán decía que “conocer la vida de Ignacio era fundar la Compañía” Por eso, él presionó al Santo y le pidió y le suplicó que contara su vida. San Ignacio a pedido de su discí- pulo dictó su autobiografía. Sin embargo, aunque parezca extraño, la vida de San Ignacio ha sido mal cono- cida y ciertamente, a menudo mal interpretada. De hecho la autobiografía que Ignacio dictó fue retirada como peligrosa de las bibliotecas de los jesuitas y per- maneció desconocida para sus hijos por casi tres siglos. En nuestras actuales circunstancias, deseando reformular lo esencial de nues- tra identidad yo repetiría el consejo de Nadal: conocer ta vida de Ignacio y contar radio a galena hasta los sofisticados aparatos con transistores). Una sola y misma persona vio llegar la computación y presenció en la televisión la llegada del primer hombre a la luna. En verdad, es demasiado para una vida humana. En una sola existencia, en una generación, se habían producido más cambios que todos los que la humanidad había experimentado en su historia. Eso quiebra cualquier alma, quiebra cualquier cultura. Fue ésa, de alguna manera, la experiencia de Ignacio. Se le quebró su mundo. En su tiempo se produjo la primera globalización porque los barcos por primera vez salían de la estrechez del mediterráneo y navegaban por los mares dando vuel- tas a la tierra. Cuando nuestro fundador murió los jesuitas estaban en Japón, en la India y en Brasil. Ellos debían aprender a predicar el evangelio en lenguas extrañas y vivir en medio de las más novedosas civilizaciones. Este formador de hombres tuvo entonces que releer el evangelio de Jesús en tiempos de cambio, releerlo a partir de un mundo nuevo que era necesario enfren- tar y crear. El debió hacer una nueva hermenéutica, una nueva interpretación de la enseñanza de Jesucristo y formular una espiritualidad de discernimiento que le permitiera interpretar los signos de su tiempo. Tuvo que asumir lo provisorio y esto no es fácil porque al ser humano le cuesta mucho lo provisorio. Yo recuerdo a una religiosa después del Concilio cuando volví a Chile que vien- do desesperada los cambios de su congregación me decía: “Padre, ¡por favor que se acaben los cambios, que nos digan qué que tenemos que hacer y que los de- más, los que no quieran, se vayan!” No entendía nada, estábamos recién comen- zando. Yo compadezco al papá de un adolescente, hoy día, porque todos los valores que teníamos con claridad total y los métodos pedagógicos se nos han nublado. Nos ha sucedido a los seres humanos que vamos caminando, lo que les sucede a las hormigas cuando alguien les rompe la fila que las lleva al hormiguero. Un gran manotazo nos ha borrado la senda y cuesta mucho que la caravana vuelva a reha- cerse. San Ignacio vivió en su vida tremendos quiebres y fue pasando y aprendiendo de los quiebres y de los cambios el camino nuevo y abriéndose a la esperanza.Esto es apasionante, y es eso lo que nos propone San Ignacio. LA HUELLA DE IGNACIO Permítanme contarles brevemente la vida de ignacio. iremos descubriendo cómo fue superando los fracasos y fue aprendiendo en cada etapa lo que era ne- cesario hacer para avanzar. Cada paso le dejó una enseñanza imborrable. Nació en el medio de un nudo de montañas en el País Vasco en el seno de una familia campesina noble. Era el décimo tercer hijo y prácticamente no conoció a su madre. Su primer desgarrón fue partir a la Corte de Castilla donde lo manda su padre a vivir con el Contador del Reino, el Ministro de Hacienda, el Ministro de Economía. Era una pequeña Corte dentro de la corte de España. Ahí vive San ignacio su ado- lescencia dejando atrás sus aires campesinos, su vida de Loyola para acomodarse al mundo cortesano. Nuestro fundador, contra lo que la leyenda dice,nunca fue un militar... fue un hombre de corte, un cortesano con alma caballeresca. Esa expe- riencia se quebró de un modo brusco y dramático. El Padre Aldama, uno de los mejores biógrafos de Ignacio, dice que su conversión probablemente comienza cuando este hombre lleno de lealtad, de sueños caballerescos, ve que la persona que era su maestro, su patrón, su nuevo padre, Velázquez de Cuéllar, cae en desgra- cia. Ignacio tiene que irse de la casa, porque el contador de Castilla no puede con- servar una Corte propia. Fue un primer desencanto, el hombre que había vivido en la Corte tenía que dejar ese mundo que le encantaba. Pero lo que pareció ser un fracaso, un inmenso desencanto fue el comienzo de una nueva aventura. Allí per- dió la seguridad y su mundo se hizo incierto... Y empezó a buscar y a caminar. Este soñador pasa a servir al duque de Nájera que le encomienda una misión en Pamplona que estaba siendo atacada por los franceses. El no era ni el jefe, ni el capitán, era el representante civil del duque que tiene que alentar con su palabra y con su ejemplo a los soldados que defienden la plaza. En el fragor del sitio de la ciudad, una bombarda le pasa, como él dice, por “entre ambas las piernas” lo tira al suelo y lo hiere gravemente. Humanamente fue el fin de todo:sus sueños de caba- llería, sus galanterías con mujeres, todo se derrumbó. Pero visto desde el otro lado de la historia, desde un hombre que vive para el cambio, es el comienzo de algo mejor. Eso lo obliga a un largo período de inactividad forzada, a una larga convalecen- cia en Loyola que cambiará definitivamente su vida. Allí, tirado en su cama, el des- cubrirá sus batallas interiores, descubrirá que hay un mundo profundo, más apa- Por último, al final de un largo itinerario, el grupo, lleno de carisma, llega a Roma y allí dan todos un gran paso en la madurez: descubren que su carisma, su entu- siasmo necesita institucionalizarse si quieren que perdure en el tiempo. Se dan cuenta que no bastan los lazos de amistad ni siquiera los lazos de fe... hay que crear una institución. Ellos sentían una gran resistencia a crear obras y sobre todo a fundar una orden religiosa porque las órdenes antiguas estaban desprestigiadas y muy llenas de reglamentos. Luego de una gran deliberación, de un discernimiento, cuyas actas conserva- mos, deciden fundar la Compañía. Descubren en Roma que la misma Iglesia, que guarda el carisma de Jesús necesita ser institución. Es una ley de la encarnación. Y si hoy día estamos en una Universidad es porque esos primeros jesuitas en- tendieron que el carisma necesita de una institución que lo prolongue en el tiem- po y en el espacio.Esto es complicadísimo. Los jóvenes que entran a nuestros novi- ciados, quieren tener experiencias y les cargan las instituciones. Muchos no desea- rían verse amarrados por colegios o universidades. Aceptar la institución es tam- bién aceptar las limitaciones. Hoy día somos críticos de los defectos de la Iglesia, muchos están conmovidos con los sacerdotes pedófilos. En ese tiempo, Ignacio nace y a los pocos días es ele- gido como Papa Alejandro VÍ, el Papa Borgia, padre de Lucrecia, César y Juan que pelean entre ellos no escatimando el veneno y los asesinatos... Una Iglesia tremen- da que escandalizó a Lutero y a los reformados. San Ignacio, tal vez porque había sido muy débil, reconoce el misterio y no se escandaliza. Entiende que el carisma sólo puede realizarse a través de la Institución. Tal vez descubrió por su propia experiencia el misterio porque un nieto o bisnieto del papa con el mismo ADN, con la misma sangre de los Borgia entra a la Compañía y es un Santo, San Francisco de Borgia. A todos se nos ofrece la posibilidad, aún a los Borgia, de ser Santos. Es pues en ese contexto de profundas mudanzas que yo he contado brevísimamen- te, en medio de estos quiebres, de esta especie de discontinuidad propia de un tiempo de cambio radical, que San Ignacio lee el Evangelio. En ese tiempo busca un camino y nos enseña a buscar ¿Cuáles son las claves? Yo los invito a hacer una reflexión que nos permita desarrollar nueve claves de lectura. 1? La vida de Ignacio se explica por su capacidad de hacer experiencias profundas. De un modo especial su capacidad de llegar al fondo de sí en una experiencia fundante. La continua referencia a una experiencia es la que de algu- na manera me hace crecer en el conocimiento no líbresco capaz de gustar, de con- vertirse en sabiduría Hoy día tenemos conciencia de que la verdadera razón no es sólo racionalista. Touraine, en su trabajo sobre la modernidad, analiza como la cul- tura occidental que se construye sobre la libertad y la razón termina encerrándose en un racionalismo que se comió la libertad. Por eso surgió Nietzche. Ignacio funda su pedagogía en la experiencia de lo más hondo del ser. A nosotros que andamos corriendo, sumergidos en el consumo esta experien- cia de la profundidad del ser nos resulta particularmente interesante. Por algo hoy hay tanta gente que hace cursos de autoconocimiento, y se escriben muchos li- bros de desarrollo personal. ¿Quién soy? ¿De donde vengo? ¿A donde voy? Hay hoy muchos intelectuales y científicos que conocen el mundo pero son incapaces de entrar en ellos mismos y conocer la fuente última de todos sus anhelos. Me parece difícil hacer un proceso serio de educación en un mundo en cambio si profesores y alumnos no son capaces de experiencias en hondura, si viven sólo de lo superficial, de la moda o el éxito. La experiencia en Loyola cambió el corazón y los ojos de Ignacio y le dio den- sidad a su vida. Le dio un “insightí una intuición honda que le permitió compren- der al ser humano y su destino...le dio una antropología.Los grandes filósofos han comenzado su Filosofía con una especie de captación intuitiva de lo que es el ser humano. Descartes cuando estaba sentado en la chimenea en el norte de Europa, se descubre de repente pensando: "Cogito ergo Sum". En esa experiencia basa todo su sistema. Heidegger tiene esa terrible experiencia del ser y la finitud, sabe que va a morir, que es un ser para la muerte y tiene por eso como principio de su filosofía la angustia. Sartre percibe el yo y se da cuenta de que la nada es parte del yo y tiene esa terrible expresión de que el ser, la primera experiencia del ser humano es el asco, náusea. ¿En qué consistió esa experiencia fundante de Ignacio? La más profunda experiencia de lgnacio, al captar su ser, es que él se percibe como criatura, que él ha sido creado por Dios pero que ese Dios lo ama al llamarlo a la existencia, le ha dado todas las cosas y lo espera al final. Ahí hay toda una antropología. El ser humano no es Dios, pero es grandioso porque Dios lo convidó a la vida y lo está esperando al final. Esa experiencia profunda, esa capacidad de no vivir desde afuera, sino vivir desde dentro es un punto de partida de la espirituali- dad y de la pedagogía ignaciana. Sólo eso permite tener experiencias marcantes y reflexionar sobre ellas. Eso da una brújula interior que hace posible sortear las tem- El Cristianismo no evangeliza moralizando sino que moraliza evangelizando. El encuentro radical y personal con el Dios vivo, con Jesucristo, y una conciencia que su vida tiene una Misión oscura que la tiene que buscar, pero que tiene que conti- nuar la misión de Jesús. Y por eso yo creo que es importante, si Uds. están en Uni- versidades ligadas con la Compañía, encontrar cuál es su Misión. Si Uds. miran per- sonalmente su propia vida, ésta es la nota: haberse encontrado con alguien que te pide como servicio y favor que siga su Misión. Y será una Misión que supone estar muy unido al que te manda e inmensamente unido a aquél a quién tú eres envia- do. Si yo estoy enviado a mi ciudad, a mi país, tengo que entender mi país, enten- der mi cultura para hablarle a mi gente. Yo hablo en nombre de otro pero le hablo y me dirijo a alguien de carne y hueso. Y aquí hay una idea muy fundamental, esta idea de Misión que es clave en el mundo que nos toca vivir. Y a partir de esta idea de Misión hay tres notas que explican por qué San igna- cio fue capaz de procesar sus derrotas, procesar sus desafíos, primero el discerni- miento. El tuvo dos períodos largos de reflexión, uno en Loyola y otro en Manresa y ahí aprendió las claves. 3"- La relación personal de lealtad, el deseo de cumplir una misión explica otra nota esencial del espíritu de Ignacio: el servicio.La segunda clave la descu- brió en Manresa. Él quería ser Santo y quería hacer lo que habían hecho los Santos. Era normal en ese tiempo poner la santidad en extravagancias, en cosas raras. Las vidas de los santos que tuvo a mano mostraban a hombres extraordinarios y a la vez muy raros como San Onofre que vivió setenta años haciendo las más terribles penitencias. San Ignacio decía:“si él lo hizo ¿por qué no lo puedo hacer yo?“Enton- ces, no comía, se cortaba la suela de los zapatos para hacer sacrificios, hasta que un día descubrió, y lo dice en su autobiografía, que él podía hacer bien a otra gente. El discernimiento le enseñó que la verdadera caridad (La discreta caridad, la caridad discernida) era más sencilla y simple. Consistía en entregarle su vida a los demás y a Dios. Amar es servir. El servicio es una clave particularmente relevante en una sociedad y en una cultura como la nuestra centrada en el yo, en el ego y la competencia. Perdonen que ponga un ejemplo de mi patria. Los publicistas son tan hábiles, Ellos como nadie captan los rasgos de una cultura. Un día subí al metro de Santiago y en el mismo carro encontré tres avisos que son símbolos de la cultura que hoy día atra- viesa mi país y como estamos globalizados, la misma de acá. En el primer aviso se anunciaba un desodorante marca Ego, después me di vuelta y se ofrecían helados de la Fábrica Nestlé, llamados Egocéntricos. Un poco más allá había otro aviso que promocionaba un remedio para adelgazar que se llamaba £golín. Ego, ego, Ego.En Chile se nos ha ido olvidando conjugar el verbo en otras personas que no sea el yo, y esto es dramático en pedagogía. Este es un rasgo de nuestra cultura que nuestra pedagogía debe enfrentar. Se desdibujó la figura del paternal, la figura del padre que nos inserta en una tradi- ción, nos hace pertenecer a una sociedad que va mas allá de la estrecha relación afectiva con la madre. En nuestra Educación Primaria les enseñamos los Derechos del Niño y nadie les enseña deberes. Estamos en una situación de formar peque- ños monstruos vueltos sobre sí mismos. Yo celebro Misa los domingos, en una Igle- sia grande. Me llama la atención niños de 6, 7 años, salen corriendo, suben al altar, dan vuelta y nadie les dice:"no molestes a los demás”Estamos formando reyezuelos incapaces de vivir para los demás que nunca sabrán vivir tratando de hacer felices alas otras personas. El hijo de Ignacio es un ser para los demás cuya clave de lectu- ra es el servir. El Colegio donde yo fui Rector (le agradezco a Dios) tenía como divi- sa: "entramos para aprender, salimos para servir Esto lo encuentro genial, y ojalá toda institución nuestra sea entendida a San Ignacio porque eso le da sentido a la vida. A los jesuitas nos recuerda Ignacio que debemos ser “hombres crucificados al mundo y para los cuales el mundo esté crucificado” 49 - Quien se siente profundamente amado y quiere servir no puede con- tentarse con poco.La vida de Ignacio no se entiende sino porque está atrave- sada por el sentido de to gratuito y la generosidad. Precisamente porque ha percibido su vida como un regalo se vuelve a Dios regalándole todo su haber y su poseer. Eso unido al sentido de lealtad y amistad lo lleva rechazar todo sentido de mediocridad en la entrega y el servicio. En la jerga ignaciana esto lo llamamos el “Magis”Continuamente en sus escritos está la palabra “más” que imprime un dina- mismo formidable a todo lo que se emprende. Si Ignacio caminó tantos caminos y buscó con tanto ahínco es porque lo hacía avanzar. Es el secreto del Magjis. Si el magis se entiende como una exigencia brutal del super yo, se convierte en un mecanismo arrollador, fuente de orgullo y de descontento. Si Uds. leyeron la Carta a su Padre de Kafka: podrán comprender como el se sintió aplastado por su padre que le pedía siempre más.Si no obtenía la nota máxi- San Ignacio es un Maestro del discernimiento y ésta es una clave esencial de su pedagogía. ¿Cómo plantear bien las preguntas? ¿Cómo buscar? ¿Cómo limpiar el corazón y los ojos para que las pasiones y prejuicios no nos cieguen? Walt Whitman, ese poeta norteamericano, les dice a sus compatriotas en el S. XIX”“Americano ven para que te limpie los ojos, acostúmbrate al resplandor de la tuz7 Algo de eso tiene San Ignacio: una especie de limpiarse los ojos de muchas escamas, que el tiempo, las ideologías, la clase social, el sexo, han ido poniendo en nuestros ojos quitándo- nos la libertad e impidiéndonos avanzar. San Ignacio fue avanzando bien porque ciertamente fue poniendo las pregun- tas apropiadas en cada época y fue atreviéndose a responder dichas preguntas. La pedagogía de Ignacio es una pedagogía de búsqueda, de corazón inquieto particularmente interesante en una época en que las certezas se rompen. Marcela Serrano, una escritora chilena, en su libro “Antigua vida mía” tiene una frase que a mi me conmovió. Ella dice “nuestros profesores nos enseñaron tantas cosas y nos aprendimos de memoria todas las respuestas... Y ahora nos cambiaron las pre- guntas” Lo que sabíamos de memoria se volvió obsoleto ¡Eso es tremendo!. Esta- mos en una época en la que nos cambiaron las preguntas. El que tiene la clave de lo que viene es el que sabe preguntarse bien y honestamente la pregunta a Dios: ¿en este momento, qué quieres que yo haga aquí, ahora en esta circunstancia? 6? - Para servir mejor hay que hacerse un buen instrumento en las manos de Dios. San Ignacio acuña una fórmula que está en las constituciones una y otra vez, como consecuencia de su idea de servicio, es la noción de instrumento. El dice: “que debemos ser un instrumento en las manos de Dios” Lo propio de un instrumento es tener dos cualidades: ser apropiado para aque- Ho que se quiere usar y estar unido al que lo usa. Por ejemplo, un cincel es un instrumento que usa el escultor. Para ser buen instrumento tiene que tener un filo adecuado para ir modelando el mármol y tiene que tener la posibilidad de que el artista lo pueda coger, lo pueda tomar para que pueda transmitir su idea a través del cincel. El cincel es esencial para hacer la estatua, sin él el artista no podría traba- Jar. Sin nosotros Dios no puede hacer su obra. Los que estudiaron la teoría de la causa instrumental recuerdan que un buen instrumento debe tener una virtuali- dad propia, el filo, y estar unido al agente principal, la mano del artista y su cerebro. Son las dos notas importantes. San Ignacio dice que tenemos que ser instrumentos. Yo tengo que prepararme, tener filo, debo matarme estudiando para ser un instrumento más apto, y estar unido a Dios para que la idea de Dios pase por mí. Yo debo ser inmensamente humilde porque el autor es Dios y ser orgulloso porque la obra del Señor depende, en cierto modo de mí. Las dos notas, el instrumento tiene su filo, pero que Dios lo pueda agarrar, o sea, ¿cómo formo a un muchacho en la Universidad, para que sea un profesional de primera y que Dios a través de él pueda dejar su huelta en la sociedad? Esta es una noción clave de San lgnacio porque nos hace a la vez humil- des y responsables. Si hoy viviera San Ignacio ¿qué instrumentos querría poner en las manos de Dios? ciertamente gente bien preparada para hacer justicia, gente preparada para los medios de comunicación, gente que entendiera la globaliza- ción y sus consecuencias etc. 7 La evolución de Ignacio no se entiende si no se comprende que él fue capaz no sólo de vivir la experiencia sino de reflexionarla, corregirla, profun- dizarla. El mero tener experiencias poco enseña. Porque en la esencia de la expe- riencia ignaciana, lo que permitió que él avanzara fue esta noción del proceso re- flexionado, examinado y evaluado. El examen, es el hábito de evaluar. Evaluar para que se corrijan las cosas malas, pero no sólo eso.Yo creo que el examen de concien- cia de San Ignacio,fundamenta!lmente es para darle sabor a la vida. A uno la vida se le va yendo de los dedos. Cuando yo era niño entre un cumpleaños y otro pasaban 7 años, hoy día no alcanza a 7 días. La vida va rápida, se me va yendo, y en la noche me acuesto y a veces no me acuerdo con quién he hablado y a quién he visto. El examen de conciencia nos enseña a recoger la vida para saborearla a fondo. Nos enseña a convertir una experiencia puntual en parte de un proceso general de crecimiento. Todo conocimiento y toda pedagogía es un proceso que se prepara, se reflexio- na, se corrige y que hay repeticiones. Por eso, en Pedagogía antigua está la pre- lección, la lección y la repetición para ir ahondando en el proceso, que no se detie- ne, y algo muy importante, no se encasilla. Cuando uno fracasa no puede bajarse del tren. Una profecía autocumplida y fatal. Uno puede encasillar a los alumnos ¿por qué no darles una oportunidad más? Tercer elemento clave, me parece a mí de la pedagogía de San Ignacio, que no tuvo casi maestros y Dios lo fue formando. crisis más sería de la cultura porque termina arrebatándonos el sentido de todo lo que hacemos y de lo que somos. Yo compré el libro del Guiness y me impactó mucho. Lo compré porque es un símbolo de la estupidez del S. XX y XXI. Ahí yo les recomiendo ver el que más me impactó, que es un muchacho y una muchacha que quisieron aparecer en el Guiness, dándose el beso más largo de la historia. Un beso es un medio para expre- sar cariño. Si yo lo convierto en un fin, se convierte en una crueldad, La primera media hora de un beso entre un muchacho y una chica que se quieren es una belleza, romántica. A las 16 horas uno mira desesperado el reloj ¡y a las 72 horas el beso se convirtió en algo atroz! Un medio convertido en fin es una cárcel y esta- mos llenos de cárceles. En la espiritualidad de San Ignacio se nos enseña a clarifi- car nuestros fines y a elegir los medios adecuados, eso a uno lo hace señor de la historia y además, eso genera esperanza. Dirigir una institución es poner esperanza más que enseñar cosas concretas, es ser capaz de influir para proponer metas que valgan la pena y en eso San Ignacio era genial. Era un hombre encarnado, su encarnación era buscar los medios con- cretos, grande en el soñar y concreto en el actuar. Una difícil unión entre la utopía y la política. Sueño lo más grande que se pueda y que puedo hacer aquí y ahora y para ver mañana qué puedo hacer, qué pasitos cortos voy dando para avanzar al fin. Creo que la pedagogía que he descrito en nueve puntos encierra una tremen- da sabiduría y es de una enorme relevancia en el mundo globalizado y cambiante en que nos ha tocado vivir. Con ella uno puede soñar en hacer grandes cosas por Dios y por nuestros países. Tratando de formar personas capaces de amar y servir en todo. Yo hoy soy rector de una nueva universidad y me encuentro con el inmenso desafío de darle una identidad y una misión, darle un alma que la anime... por eso hoy me vuelvo nuevamente a Ignacio que aprendió de sus fracasos y sus éxitos. En él quiero inspirarme. Casi siempre cuando hablo por primera vez uso un verso que a mí me conmue- ve y me encanta porque está escrito por un vasco que admiraba a San Ignacio. Él dejó una poesía que es tremendamente ignaciana y que la encontraron en su mesa de trabajo cuando murió. Es una oración a Dios y le dice: Agranda la puerta, Padre porque no puedo pasar la hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar y sino agrandas la puerta achícame por piedad vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar. Ser ignaciano es soñar y ser inmensamente humilde para servir.