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Este documento explora el libro de la sabiduría, examinando su estructura, contenido y significado teológico. Se analiza el elogio de la sabiduría, su origen en dios y sus obras, así como la crítica a la idolatría y la importancia del conocimiento de dios. El documento también explora la relación entre la sabiduría y la historia, incluyendo la creación, el éxodo y la pascua.
Tipo: Apuntes
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uál es el libro bíblico que se ha dudado en clasificar en uno u otro Testamento?
Esto es lo que dice de él el Canon de Muratori, un texto cristiano de finales del siglo II que presenta los libros del Nuevo Testamento: «y la Sabiduría de Sa-
lomón (fue) escrita por Filón en honor de la susodicha Sabiduría. Y, en con- secuencia, es necesario leerla, pero no se la puede presentar oficialmente en la
Iglesia al pueblo, ni entre los profetas, cuyo número está completo, ni entre
los apóstoles en el final de los tiempos». Finalmente, La Sabiduría de Salomón
fue situada en el Primer Testamento, puesto que es la obra de un teólogo judío,
aunque éste no sea Filón.
Escrito en griego, este libro entró en los Setenta, pero queda fuera de la
Biblia hebrea (y por tanto de las Biblias protestantes). Igualmente, con frecuen-
cia queda fuera del ámbito de los lectores de la Biblia. ¿Estará eclipsado por la
figura de Jesús, prácticamente contemporáneo suyo? ¿O bien sus cualidades
literarias helenísticas confunden a los lectores, acostumbrados a los escritos hebreos? Es cierto que este gran discurso, cuidadosamente compuesto según las
reglas de la retórica griega, está completamente aislado en el Antiguo Tes-
tamento. Pero constituye un magnífico ejemplo de inculturación: su anónimo
autor es un testigo excepcional de la fe y de la tradición judías en la cultura
helenística de Alejandría, en los umbrales de nuestra era. Es él quien proporcio-
nará a Pablo y a Juan muchos de los conceptos y de las palabras para expresar el
misterio de Jesucristo, la Sabiduría hecha carne.
Daniel DORÉ, presbítero eudista en París, es especialista en estos libros
sapienciales, que enseña en los seminarios de Rennes y de Caen. Ya presentó en
los Cuadernos otros tres libros sapienciales: Qohélet, el Sirácida (nO 91) y Tobit
(n° 101). Comparte aquí los frutos de numerosos trabajos recientes, poco conocidos o poco accesibles, sobre este sorprendente libro de la Sabiduría.
Como dice su autor anónimo, la Sabiduría divina «ha formado amigos de Dios
y profetas». Que ella continúe guiando a sus lectores por el mismo camino.
Philippe GRUSON
LOS SETENTA Y LA CARTA DE ARISTEAS
Cada año, los judíos de Alejandría celebraban una fiesta de acción de gracias en la isla de Faros «por el antiguo beneficio siempre renovado», que era esta traducción de las Escrituras. Tras ser adoptada como Biblia por la Iglesia cristiana, los Setenta fue abando- nada después por los judíos de Palestina, a raíz de las controversias con los cristianos, a finales del siglo 11 de nuestra era.
El autor de la Carta de Aristeas «es ante todo un propagandista de la traducción griega de la Ley ante' los griegos. Pero mata dos pájaros de un tiro. Porque todas las garantías que atribuye a la versión griega valen tanto para los judíos como para los griegos. En efecto, aunque las disposiciones adoptadas para ase- gurar la inmutabilidad del texto pueden interesar a los griegos cultivados, atraídos por textos fieles, en un medio judío estas mismas disposiciones responden a una exigencia más radical, fundamentada en el patri- monio de las tradiciones relativas a los orígenes mis- mos de la Ley» 2.
Bajo la ficción de una carta dirigida a Filócrates, lo que presenta este documento es, de hecho, un ver- dadero elogio de la Ley judía y de su sabiduría, una apología del judaísmo. Refleja el ambiente literario y cultural del Museo y de la Biblioteca de Alejandría en el siglo 11 antes de nuestra era. Los judíos cultivados leen a Platón y a Homero y envían a sus hijos al Gim- nasio. La inculturación de la comunidad judía es tal en Alejandría, en esta época, que produce una obra lite- raria escrita directamente en griego. En este marco es donde situamos el libro de la Sabiduría y la obra del
SITUACIÓN SOCIAL DE LOS JUDíOS EN ALEJANDRíA
Ésta es objeto de evaluaciones diversas, pues Alejandría, como todas las ciudades portuarias, era muy cosmopolita. La integración de las poblaciones provenientes de sucesivas oleadas de inmigración se hace, entre otras formas, por el servicio de ar- mas, que permite adquirir la ciudadanía alejandrina, como lo atestigua un papiro que data de Ptolomeo 111 (246-221).
Con el término politeuma se designó «una her- mandad, una corporación, una comuna, una colonia o, más ampliamente, una comunidad establecida en una ciudad». Aplicando este término y la realidad so- cial así designada al estatuto civil de los judío:. de Alejandría, podemos subrayar a la vez la integración de los judíos y su relativa autonomía: «La politeuma ofrecía y garantizaba a un grupo homogéneo de una raza extranjera la posibilidad de integrarse le- galmente en una sociedad política determinada, conservando y significando su diferencia nacional;
tantes con la nación madre» 3. Ahora bien, esta si- tuación va a conocer profundas transformaciones en
la dominación romana en el año 30 a. C. condujo a un deterioro de las condiciones de vida de los judíos, que abandonan el ejército de los Ptolomeos y la administración del Estado. Algunos años más tarde, la modificación del impuesto tendrá consecuencias desastrosas: hacia el año 24-23 «se instauró en Egip- to un impuesto personal que debía pagar cualquiera
El libro de la Sabiduría
AUTOR, FECHA Y DESTINATARIOS
El autor del libro de la Sabiduría de Salomón (So- fía Sa/omonos) pertenece a la comunidad judía de Alejandría. Esta propuesta es ampliamente comparti- da en el estudio y la investigación contemporáneos. «El autor era manifiestamente un maestro en uno de los centros judíos de enseñanza en Alejandría, bien informado de la cultura contemporánea y empeñado en demostrar la importancia de los principios del ju- daísmo para los futuros maestros intelectuales de su pueblo» (J. M. Reese). Pero cualquier intento por dar al autor de este libro un nombre, célebre (como el nie- to de Jesús ben Sira o el Apolo de Hch 18,24) o no, parece una empresa que pone de manifiesto sobre todo la imaginación de los autores, pues con los mis- mos indicios o argumentos se puede llegar a resulta- dos opuestos. La ficción salomónica es común a otros escritos de sabiduría bíblica: los Proverbios, el Cantar de los cantares y Qohélet. Contentémonos, por tanto, con el anonimato del pseudo-Salomón. La fecha de composición ya no es objeto de con- senso. La «horquilla» de las dataciones se extiende desde 200-150 a. C. hasta 150 d. C. Sin embargo, los estudios de estos últimos decenios reducen esta hor- quilla y oscilan entre el reinado de Augusto (27-14) y el de Calígula (37-41). La primera propuesta parece más probable por las razones siguientes:
C. Larcher, en su voluminoso comentario, ofrece precisiones para cada una de las partes del libro. Re- conoce la unidad de autor, pero «el conjunto del libro nos parece que ha sido redactado a lo largo de los úl- timos treinta años antes de nuestra era. El orden ac- tual de las tres grandes secciones debe corresponder, sustancialmente, a la sucesión cronológica de su composición. Un mismo autor es su responsable y dio la última mano a su obra» 6. Nos parece difícil encon- trar en el propio texto argumentos para apoyar estas precisiones.
¿Quiénes son los destinatarios de nuestro libro? Por dos veces, en Sab 1,1 Y 6,1, el autor se dirige a los gobernantes, a los reyes «cuya jurisdicción se ex- tiende por toda la tierra». Semejante carta, abierta a los grandes de este mundo, ¿es una ficción literaria? Esta defensa e ilustración de la religión de Israel está destinada, sin duda, a los judíos desarraigados, tenta-
dos a veces por la apostasía, a esos judíos «que hay que alentar mediante un escrito que tuviera alguna amplitud y cuyas fórmulas no ofendieran a los genti- les, lectores eventuales e incluso lectores objetivos» (A. Gelin).
Sin embargo, no hay que olvidar la realeza de la Sabiduría, de la que Salomón es su personificación eminente. La figura del rey en los escritos sapiencia-
trata de hacer una obra de educación, de instrucción.
el que mañana ocupará su lugar en el manejo de los asuntos de la sociedad y de las relaciones internacio- nales. La educación de hoy debe conducirle a descu- brir la sabiduría de Dios y a conformar su vida a ella.
Las aproximaciones literarias actuales pueden ha- cerse en dos direcciones distintas y complementarias:
Ahora bien, en el caso del libro de la Sabiduría, los dos acercamientos están profundamente vinculados, como veremos.
La división en tres partes parece comúnmente admitida, pero con variantes bastante importantes re- lativas al comienzo de las partes segunda y tercera. E. Osty presenta la siguiente división:
C. Larcher retoma la misma división para las dos primeras partes, pero vincula el capítulo 10 a los capítulos 6-9.
Las investigaciones de P. Bizzeti y M. Gilbert han dado un paso decisivo en el estudio de la estructura literaria al poner de relieve las construcciones con- céntricas en las dos primeras partes. Ciertamente, las delimitaciones entre cada una de las grandes partes son aún objeto de discusión, pues algunas conclusio- nes de un conjunto desempeñan también una función de anuncio e introducción del tema tratado en el texto que sigue, pero las grandes líneas de esta división de Sab están bien establecidas.
EXORDIO (1-6,21) A. 1,1-15: exhortación a los príncipes: la Sabiduría no se revela al impío; éste será juzgado. B. 1,16-2,24: proyecto de los impíos. C. 3,1-4,20: las paradojas de la existencia: el justo y los impíos. B'. 5,1-23: balance de los impíos. Pi. 6,1-21: exhortación a los príncipes.
ELOGIO DE LA SABIDURíA (6,22-9,18) 6,22-25: introducción, anuncio de los temas. A. 7,1-6: Salomón, un hombre como los demás. B. 7,7-12: Salomón prefirió la Sabiduría a todos los bienes. C. 7,13-22a: la Sabiduría, artesana de los bienes morales y culturales de Salomón.
sentido para la comunidad presente, se puede con- siderar que todas las partes del libro entroncan o re- curren al midrás» 9. El midrás que se menciona aquí es más un estilo, un método de lectura de los textos bíblicos, que un género literario bien determinado. Podremos verificarlo en la lectura de los textos de la tercera parte (Sab 10-19), donde los elementos de los signos y prodigios de la salida de Egipto (las «plagas de Egipto») son releídos y reinterpretados con los acontecimientos de Israel en el desierto siguiendo el relato de Ex y Nm.
El elogio
Por lo que respecta a la «reflexión más sintética» o a las reglas de la retórica griega, es P. Beauchamp quien, desde 1964, ha orientado la investigación. ¿Hay que situar a Sab en las categorías del discurso exhortativo (logos protreptikós) o en las del discurso demostrativo (logos epidiktikós)? Y en el discurso de- mostrativo, ¿hay que establecer una subdivisión titula- da «elogio» (enkomion)? Siguiendo a P. Beauchamp, se puede considerar todo el libro como un elogio de la Sabiduría, elogio construido según las reglas de la retórica greco-latina. Pero las particularidades del li- bro de la Sabiduría se dejan sentir a lo largo del texto: el autor está marcado por una mentalidad hebrea, manifestada ya en los capítulos 1-6, pero, sobre todo, en las comparaciones de los capítulos 11-19. Los judíos y los egipcios no intervienen solos: aparece un tercer compañero, el cosmos, por el que Dios mani- fiesta su acción.
"El autor insiste en la búsqueda y la adquisición de la Sabiduría, pero sabe que el hombre sólo puede
recibirla y que, como Salomón (1 Re 3), conviene pedirla a Dios, lo que es ya inteligente (y don de la Sabiduría misma, ef. Sab 8,21). Dicho de otra mane- ra, todo el elogio cae hacia la oración: Sab 9 está en el centro» (M. Gilbert, ibíd.).
Al aplicar las características del elogio (enkomion) al libro de la Sabiduría, podemos releer la estructura literaria establecida precedentemente. Esto se lleva a cabo de manera sencilla en la presentación que sigue, debida a M. Gilbert.
«El discurso comienza con un exordio (1,1-6,21), donde el autor trata de mostrar ante todo el interés que ve en proceder a un elogio de la Sabiduría. Este exordio se inicia con una página muy densa donde el tema principal del libro está englobado en una apre- miante exhortación dirigida a los lectores (1 ,1-7).
Para hacer sentir de qué manera el tema no es evi- dente por sí mismo, el autor hace que hablen sin tar- dar los adversarios de su tesis, los "impíos" (2,1-20), antes de ofrecer su interpretación de algunas situa- ciones paradójicas vividas por los que practican la virtud (3,1-9; 4,7-15). El autor argumenta a partir del problema humano fundamental, el de la muerte. Des- de la fe, afirma que "la justicia es inmortal" (1,15) Y que "Dios ha creado al hombre para una existencia
exhortación (6,1-11) Y con una presentación clásica del motivo del elogio: la Sabiduría (6,12-16).
En principio, el elogio (6,22-9,18) debe describir a la vez el origen, la naturaleza y las obras de la Sabi- duría. Pero, a propósito del origen, el autor, que se presenta con los rasgos de Salomón, el sabio por ex- celencia, comienza mostrando cómo le ha sido dada la Sabiduría (7,7-11). Subraya que sólo la oración está en el origen de este don de Dios. Luego, después de una breve súplica en la que pide a Dios hablar bien de
propiamente dicho de la Sabiduría: describe su natu-
como se debe en una ardiente oración: es el centro
A modo de confirmación con ejemplos, el autor pasa entonces a la mención de las obras de la Sa-
Recuerda en primer lugar su acción en favor de los
en los beneficios concedidos a Israel en esta época. El aspecto irrisorio de algunas plagas provocadas por bichos le proporciona la ocasión para alabar a Dios por su amor y su paciencia hacia todos, incluso hacia
conducen luego al autor a mostrar que el culto de la naturaleza, aunque erróneo, era menos grave a sus ojos que la veneración de algunos animales practi-
a continuación su relato de las plagas de Egipto, el autor se detiene en la noche pascual, en la que se
pasado de Israel termina con una reflexión sobre el
autor puede entonar entonces una última acción de
típica de las preocupaciones del autor. Los judíos fieles encuentran en ella la historia de los Patriarcas y del Éxodo, fuente tradicional de donde el pensa- miento judío saca su fuerza y su inspiración. Pero los incrédulos y los indecisos serán seducidos por una
que excitará su perspicacia (lo mismo que en otros es- critos antiguos, a ningún personaje se le llama aquí por su nombre). En resumen, la antigua historia de Is- rael está aquí cubierta con una vestidura y acompa- ñada por una reflexión que debía hacerla seductora para los espíritus ganados por la cultura griega. Deci- didamente, la fe de Israel no es una religión superada, sino exactamente la que necesitan los "bárbaros"» 10. Nuestro propósito en este Cuaderno es ílustrar la inculturación de la tradición bíblica en el mundo del ju- daísmo alejandrino. Por tanto, proponemos el estudio de algunos textos tomados de cada una de las tres grandes partes del libro de la Sabiduría.
Jr 22,15-16). Una idea recta de Dios entraña normal- mente un comportamiento justo, relaciones humanas justas y rectas. Este tema será ilustrado en la digresión de los capítulos 13-15, donde el desconocimiento de Dios tiene como consecuencia la perversión de la vida.
«Buscadlo con sencillez de corazón». El v. 2 ofre- ce el fundamento de esta exhortación: «Porque se manifiesta a quienes no exigen pruebas, se revela a quienes no desconfían». El pensamiento está aquí próximo a la predicación de los profetas del final del exilio: Is 55,6-7. ...
poder, puesto a prueba, confunde a los necios» (1,3). Este versículo justifica, por contraste, lo que acaba de ser dicho. La expresión es común a la enseñanza de los antiguos sabios (Prov 21,8; 2,11-15) Y a la predicación de los profetas (Is 59,1-2). «El poder» (he Dynamjs) es el sustituto del nombre divino en los rabinos palestinenses (en hebreo, ha Geburá), pero también, en el mundo helenístico, el Principio que actúa en el mundo es visto más como un Poder que como una razón.
En los vv. 4-5 observemos los paralelismos: «alma perversa» y «cuerpo esclavo del pecado»; «doblez, pensamientos sin sentido» e «injusticia» y, sobre todo, «Sabiduría» y «Espíritu». El alma y el cuerpo no son aquí las dos partes distintas de la persona, como en la antropología griega (con el juego de palabras: soma, «cuerpo», y serna, «prisión» del alma, psyjé); por el contrario, según la antropología semítica, am- bos designan a la persona, como lo atestiguan varias expresiones de nuestro autor: 3,1; 8,19-20 Y9,15 ". El
11. Gf. PLATÓN, Fedón, 66b-67b, 81b-c y Fedra, 247b.
vocabulario es muy griego, pero el pensamiento está corregido por la tradición bíblica. Aquí, «cuerpo» y «alma» son calificados de manera negativa para significar la condición pecadora del hombre entero (cf. Jn 8,34 o Rom 7,14).
Después del Poder, y antes de la Sabiduría (1,6), el Espíritu santo es «un espíritu que ama a los hom- bres» (1,6). La expresión «Espíritu santo» ya era em- pleada para expresar algo de la relación del Señor con sus fieles en Is 63,10-11 o en Sal 51,13 (de la misma manera en Dn 5,12; 6,4 griego).
«El Espíritu santo que educa»: la educación (paj- deja) no es aquí la formación humanista de los griegos, sino la formación judía para vivir conforme a la Ley de Dios, guiada por su Espíritu. Los tres verbos del v. 5 sugieren imágenes militares:-.es la es~ategia del Espíritu santo..
2ª ESTROFA (1,6-11)
La segunda estrofa de la exhortación no retoma sólo la enseñanza tradicional de los sabios sobre el buen uso de la lengua y de la comunicación en la vida social; introduce también el «discurso de los impíos»: un discurso que conduce a la muerte (Sab 2-5).
Esta unidad (1,6-11) podría titularse «hablar co- rrectamente ante Dios». Los términos que designan la palabra y la escucha sobreabundan en ella: «blasfe- mia, maledicencia, labios, lengua, sonido, hablar, pa- labra, escucha, eco, oído, cuchicheo, rumor, murmu- ración, boca, calumniador».
Jesús ben Sira ya había tratado abundantemente sobre la conversación del sabio y las trampas de la
palabra; por ejemplo, en Eclo 37,16-18 '2. Los antiguos
3ª ESTROFA (1,12-15)
12. Gr. Eclo 5,9-6,5; 20,5-8.18-23; 22,27; 23,12-15; 27,4-7.16-21; 28,13-26; 37,16-18.
13. Gr. M. GILBERT, «La relecture de Gn 1-3 dans le livre de la Sagesse», en ACFEB, La création dans I'Orient ancien (Lectio Divina 127; París, Cerf, 1987) 323-344.
, El proyecto de los impíos (1,16-2,24)
INTRODUCCIÓN (1,16)
Pero los impíos llaman a la muerte con gestos y
un pacto con ella, pues merecen compartir su suerte.
DISCURSO DE LOS IMPíos SOBRE sí MISMOS (2,1-11)
Primera estrofa
La consideración de su nada física es lo que con- duce a los impíos a establecer una alianza con la muerte. Evocan aspectos de la precariedad que les condena a desaparecer: el fuego desaparece en la ceniza (2,3), el frío es vencido por el calor (2,4). «Aquí se esboza el tema de la destrucción-conservación de los cuerpos, antes de que sea retomado en detalle en los capítulos 16 y 17», observa Paul Beauchamp'6.
El sentido de la vida y de la muerte para los im- píos contrasta desde el principio con la afirmación de 2,1: «No hay remedio para el hombre cuando llega su fin». Ahora bien, el autor acaba de afirmar que «las criaturas del mundo son saludables», buenas para la salud, aptas para mantener la especie (1,14). «Dos tesis se enfrentan: hay remedio, dice una; no hay remedio, dice la otra, y la enfermedad de la que se tra- ta es la muerte» (Beauchamp). El tono del conjunto es triste y desesperado: una verdadera elegía o lamento fúnebre.
El tema de la brevedad de la vida es frecuente en la reflexión de los sabios, tanto en la Biblia como en la sabiduría de las naciones. Recordemos algunos textos bíblicos: Gn 47,9; Sal 144,4; 39,5-6; Job 7,6-7; 14,1-2; Ecl 5,12-47 17 • La finitud del hombre es el tope que no puede eludir ninguna filosofía, ninguna refle- xión sobre el hombre. El término «fin» (teleuté) desig- na aquí la muerte física (2,5; 4,17; cf. 5,4). La reacción
ante la muerte puede ser la aceptación impasible de un estoico o la inútil protesta de los hedonistas y materialistas. La apelación a la experiencia universal «<nadie ha vuelto del abismo») habla del desconoci- miento total sobre el más allá.
Los vv. 2-3, introducidos por «pues», ofrecen las motivaciones filosóficas que sirven de fundamento a sus reflexiones. No estamos aquí en presencia de una corriente filosófica particular -por ejemplo el epicu- reísmo, como se ha mantenido-, sino más bien ante reflexiones bastante eclécticas, extendidas en el mun- do helenístico: un materialismo mecanicista que daría cuenta de la vida. iUn destello, fuego, llama, ceniza! Sin duda, estos versículos también se oponen a la tradición bíblica de la creación del hombre mediante el
. soplo divino de Gn 2,7 y Job 27,3.
Los vv. 4-5 son la consecuencia lógica de la doc- trina de los impíos, que consiste en el olvido del tiempo. Los impíos no pueden considerar ni la in- mortalidad de la persona ni la perennidad del re- cuerdo en las generaciones futuras. Se trata de una doctrina sin esperanza que ya está presente en los textos bíblicos. Puede expresar entonces el castigo de los impíos, como en Os 13,3, pero lo más frecuen- te es que la meditación de los sabios sobre la con- dición del hombre mortal utilice los mismos temas: Job 7,9; 8,8-9; 14,1-2; Sal 39,6-7; 144,3-4.
En Sab 2,5, la imagen del sello remite a la imagen de la muerte misma, según Job 3,7 (griego), o incluso al sello del propio sepulcro, como en Mt 27,66.
Segunda estrofa (2,6-9)
Los vv. 6-9 son una exhortación a aprovechar la vida como si se tratara de una fiesta y de un banque- te permanente. Es el carpe díem de Horacio: «Apro-
cularmente a M. Gilbert 18, presentamos los resultados siguientes. Las identificaciones de los impíos que se han propuesto: los saduceos, los epicúreos o los judíos apóstatas pueden contener un elemento u otro del discurso de Sab 2-5. Pero parece que el autor hu- biera querido delimitar perfectamente un marco en el que los diversos rasgos son generalizados y carac- terizados. Su texto no hace alusión a ningún hecho concreto, aunque menciona actitudes llevadas al ex- ceso que, sin embargo, sólo pueden recordar acon- tecimientos conocidos en Egipto y, quizás aún más, en Palestina.
La identificación del justo de Sab 2 plantea los mismos pr.oblemas. No se puede mencionar de ma- nera segura un personaje histórico preciso o un gru· po determinado del que este personaje sería como su encarnación. Teniendo en cuenta la manera en que el discurso habla del justo o de los justos, pa- sando fácilmente del plural al singular, incluso en los capítulos 3 y 4 (la esposa estéril, el eunuco y el jus- to que muere prematuramente), que mencionan ca- sos de justicia, de fidelidad al Señor, se podría llegar incluso a decir que el autor trata de presentar tipos de justicia, de fidelidad a Dios. El cuarto canto del siervo del Señor (Is 52,13-53,12) Yla súplica del justo perseguido en Sal 22 le han proporcionado elemen· tos de inspiración. Los mismos elementos, así como los rasgos de Sab 2 y 5, son retomados en el relato de la pasión de Jesús en Mt 27,40-43. De hecho, el justo de Sab 2 y 5 es un retrato robot del israelita fiel: los diversos rasgos son naturalmente acentuados, esquematizados.
18. Gr. M. GILBERT, «Le juste traqué, 8g 2,12.17-20»: Assamblées du Seígneur66 (París, Cerl, 1974) 30-35.
Pero «si es verdad que Sab 2,12-20 es un retrato robot, ya no podemos limitar su interpretación a la pa- sión de Jesús. Pues aunque el autor no parece hacer alusión a acontecimientos históricos precisos, no se puede excluir una aplicación de este texto a otros jus- tos que no son Cristo en la cruz. Estos justos pueden haber vivido en el Antiguo Testamento, lo mismo que pueden ser también cristianos. Pero siempre es en razón de su fe como los justos sufren el martirio, y sabemos que el mártir cristiano es, por encima de todo, un imitador de Jesús».
DISCURSO DE LOS IMPíos SOBRE sí MISMOS (2,17-20)
El último desafío de los impíos revela· concre- tamente sus intenciones: quieren poner a prueba al justo, para decidir quién tiene razpn entre ambos. La insistencia en las afirmaciones de{ justo (w. 17 Y 20) subraya le. importancia de la prueba. ¿Será escucha- da la confianza del justo, «hijo de Dios»? La preten- sión de la filiación divina, ya anunciada en los w. 13 Y 16, es ahora tratada de manera irónica, pues es el Señor mismo quien es puesto a prueba. El precepto de Dt 6,16: «No tentéis al Señor, vuestro Dios», en- contrará un eco en la tentación de Jesús en Mt 4,3-7.
relato de la pasión en Mt 27,43.
CONCLUSiÓN DEL AUTOR (2,21-24)
Antes de proclamar su fe en Dios y su fe en el hom- bre, en una preciosa relectura de Gn 1,26 que parece insistir en la eternidad divina, nuestro sabio pronuncia
, su veredicto sobre el discurso de los impíos (w. 21-22): «Están ciegos ... ignoran ... no confían». La forma ne- gativa traduce su extravío fuera del camino recto. Este extravío no tiene la excusa de 13,6. Las reflexiones están aquí más próximas al Sal 73. Al no conocer a Dios ni sus proyectos sobre el hombre, los impíos no pueden imaginar una retribución divina para los que responden en su vida a la llamada del Dios santo. Las paradojas de la existencia: el justo y los impíos (Sab 3·4) Los capítulos 3-4 forman la sección central de la primera parte del libro de la Sabiduría. Es la res- puesta a los'discursos de los impíos de Sab 2 y 5. Frente al nihilismo afirmado por éstos, el discurso de Sab 3-4 afronta las paradojas de la existencia de los , justos desarrollando una concepción positiva de la vida humana. Los capítulos 3-4 están organizados en cuatro díp- ticos:
impíos (3,13-19),
los impíos (4,1-6),
los impíos (4,7-20). PRIMER DíPTICO (3,1-12)
formada del justo,
El autor opone la prueba de los justos (3,1-9) Y el castigo de los malvados (3,10-12). La persecución y el sufrimiento de los justos es lo que aparece «según los hombres, a los ojos de los insensatos» (3,1-4), pero la realidad a los ojos de Dios es completamen- te distinta.. Según V. d' Alario, Sab 3 parece refutar la doctrina de Ecl 9,2-3. Contrariamente al igualitarismo de Ecl -para el que un aniquilamiento sin retorno es el tér- mino de toda v"ida humana-, Sab 3 canta la acogida de los justos en la gloria de Dios como recompensa de su prueba. La victoria de los justos junto a Dios se traduce aquí mediante un vocabulario e imágenes que igualmente están atestiguadas en la tradición apocalíptica del judaísmo (especialmente Dn 7-12). Sin embargo, aunque la noción de «resplandor» de los justos se aplica en otros lugares a los elegidos resucitados (Dn 12,3; Mt 13,43), la doctrina de una resurrección corporal no se explicita en ninguna parte en el libro. El castigo de los impíos (Sab 3,10-12) es una con- dena muy dura. Qohélet calificaba cualquier obra, cualquier empresa del hombre bajo el sol, como «va- nidad». Este vocabulario es retomado aquí y redobla-