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es acerca de la soledad de Dios, doctrina
Tipo: Monografías, Ensayos
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Por: Mélany Ochoa Estudiante de Bachillerato en Estudios Teológicos Curso: ¿QUIÉN ES DIOS? – TEOLOGÍA PROPIA Profesor del Curso: Pastor Jaime F. León V. MINTS International Seminary Seminario Internacional MINTS en El Salvador | ECO Septiembre de 2022
Al escuchar la frase “La soledad de Dios” tiende a ser un poco confuso entender como es que Dios estuvo solo y muchas veces se malinterpreta su soledad. Sin embargo, este termino es algo maravilloso y una de las características más “personales” de Dios. “En el principio, Dios (Génesis 1:1). Hubo un tiempo, si “tiempo” puede llamársele, cuando Dios, en la unidad de su naturaleza aun existiendo la trinidad habitaba solo. “En el principio, Dios.” No había cielo ni tierra, no había ángeles ni universo. No habla nada ni nadie sino Dios; y esto, no durante un día, un año, o una época, sino “desde el siglo”. Durante una eternidad pasada, Dios es uno: perfecto, suficiente, satisfecho de sí mismo, sin necesidad de nada. Si el universo, los ángeles o los hombres le son necesarios de algún modo, son llamados a existir desde la eternidad. Cuando fueron creados, no agregaron nada a Dios. Él no cambia, así como lo dice Malaquías 3:6 “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”. Dios no es forzado, responsable u obligado a crear. Su voluntad de hacerlo es únicamente su acto soberano, y se origina nada menos que en Él mismo, ya que El “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11). Dios no sale ganando nada ni siquiera con nuestra adoración. El no necesitaba esa gloria externa de su gracia que procede de sus redimidos, porque es suficientemente glorioso en sí mismo sin ella. ¿Qué fue lo que le movió a predestinar a sus elegidos para la alabanza de la gloria de su gracia? Fue, como nos dice Efesios 1:5, “el puro afecto de su voluntad.” Si Dios quiere, puede estar solo para siempre sin introducir la gloria de la creación. Si lo hace o no, lo determina su propia voluntad. Antes de crear a la primera criatura o darle vida, Él se santificó completamente. No sólo esto, sino que nuestro Señor Jesucristo no añadió nada a la existencia y gloria de Dios, ni por sus obras ni por sus sufrimientos, porque tenía toda la plenitud de Dios y la eterna presencia de gloria. “He aquí que las naciones son reputadas como la gota de un acetre, y como el orín del peso; he aquí que Él hace desaparecer las islas como polvo. Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. Como nada son todas las gentes delante de Él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. “¿A qué pues haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?” (Isaías 40: 15-18). Este es el Dios de las Escrituras, el Dios de las naciones y este Dios no necesitó, necesita o necesitara de nada para existir a diferencia de sus seres creados que necesitan de él.