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Un extracto de la tesis de mª pilar ruesga ramos sobre el papel del lenguaje simbólico en la educación infantil. El texto aborda cómo el uso de símbolos, conceptos y técnicas matemáticas permite tratar el mundo real con precisión y generalidad, y cómo el aprendizaje simbólico evoluciona a lo largo de la infancia. Se discute la importancia de la representación en el proceso de aprendizaje y cómo las formas de representación se distinguen según su amplitud de campo de representación. Además, se analiza la relación entre el lenguaje natural y el lenguaje matemático, y cómo ambos se diferencian a medida que el niño avanza en su educación.
Tipo: Apuntes
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“La esencia misma del ser humano descansa en el empleo de símbolos” (Bruner 1988:184)
La matemática utiliza un lenguaje consistente en conceptos, símbolos y técnicas propios que permiten tratar lo real de forma precisa y general y, recíprocamente, volver a lo real para comprobar empíricamente las conclusiones.
Cuando hacemos matemáticas utilizamos para razonar una diversidad de signos y códigos operacionales que conforman una compleja red de significados, esto es, un lenguaje creado a lo largo de la historia y recreado por cada uno en su proceso de aprendizaje (Alcalá 2002).
En la vida corriente operamos con representaciones de objetos que remiten a los objetos mismos. Los signos gráficos, los sonidos verbales ordenados, los iconos, se muestran a nuestros sentidos y se convierten en portadores de significado haciendo posible el pensamiento conceptual y la comunicación. Para pensar nos apoyamos en las simbolizaciones de los objetos mediante un proceso de conceptualización constituyendo de esta manera el pensamiento representacional.
En los primeros años de vida se conforma la inteligencia representativa a través del lenguaje y gracias a la concurrencia de procesos de simbolización. Crecemos en un entorno simbólico que exige un pensamiento representacional, es decir: conocer a través de mediadores y comunicarnos a través de mediadores simbólicos.
De acuerdo con Bruner las representaciones son necesarias para convertir en útiles las regularidades del entorno. El aprendizaje simbólico sigue un itinerario temporal que comienza en las representaciones de tipo enactivo propias de la etapa sensorio motora a la que siguen las representaciones icónicas, propias del período 3 a 12 años, que desembocan, por efecto de desarrollo del lenguaje, en las representaciones simbólicas mas poderosas, flexibles y desvinculadas de lo concreto (Bruner 1988: 49).
Peirce entiende la representación como algo que se supone está por otro y que puede expresar este otro a una mente que verdaderamente pueda entenderlo. Conocemos absolutamente las representaciones mientras que las formas y las cosas las conocemos sólo a través de representaciones.
Para Peirce, las formas de representación se distinguen por la amplitud de su campo de representación en iconos, índices y símbolos, siendo la representación icónica la mas ligada a lo representado.
“El único modo de comunicar directamente una idea es por medio de un icono; y todo método indirecto de comunicar una idea tiene que depender para su fundamentación de la utilización de un icono” (Peirce 1988:147)
Este leguaje representacional conduce a la lengua escrita y a la notación numérica que
guardan una diferencia fundamental relativa al dominio de referencia de ambos.
Ambos pueden tener un comienzo simultáneo pero se van diferenciando progresivamente a medida que el niño va tomando conciencia de la diferencia de dominios. Pontecorvo (1996:74 citado por Alcalá 2002:25) en experiencia con niños de entre 4 y 6 años sobre la noción de cantidad y su relación con la escritura mantiene la elaboración de la escritura de palabra es relativamente más tardía con respecto a la producción e interpretación de números y de las comprensiones aritméticas generales. A medida que vamos avanzando en la escolaridad el dominio de referencia aritmético se amplia hacia aspectos espaciales, el código inicial es más complejo, debido a las nuevas relaciones y propiedades de los símbolos mismos; pero mientras la escritura normal remite a la lengua oral, la escritura matemática remite a un ámbito específico, diferente de aquel aunque relacionado estrechamente con el lenguaje natural.
La matemática toma términos de la lengua ambiental pero les asigna un significado preciso y peculiar, las palabras: plano, agudo, total, más... son ejemplos de ello. Esta discrepancia conceptual se añade a los aspectos de operatividad lógica, discrepante también entre el dominio del razonamiento matemático y el de la lógica común operante en el medio ambiente (que antes se ha mencionado).
El tiempo que trascurre entre los 2 y los 6 años, es de una importancia tal que sobre él, se edifica toda educación posterior, ya sea formal o informal, sobre la presuposición de la competencia simbólica (Gardner 1993:69 citado por Alcalá 2002:23)
Cuando hacemos matemáticas utilizamos las creaciones simbólicas, los signos propios de este ámbito como mediadores, como herramientas para razonar y comunicar. Pero para que estas herramientas sean tales, han de tener un significado consensuado previamente que remita a conocimientos previos compartidos. Por otra parte, la construcción del lenguaje simbólico desde el lenguaje natural tiene lugar por incorporación de términos técnicos procedentes del nuevo campo teórico usados en la interpretación de la realidad (Skovsmose 1994:109).
Es decir que, la construcción del lenguaje simbólico, requiere incorporar la significación de los códigos propios del lenguaje. Esta incorporación tiene lugar desde lenguajes simbólicos anteriores que van ampliando su campo representacional y separándose de lo representado progresivamente.
Durante la etapa de Educación Infantil la representación necesita adecuarse a los
campos de conocimiento presentes en los niños de esta edad, siendo la representación
icónica, más ligada a lo representado la pertinente durante la etapa. El manejo de estos sistemas representacionales es precursor del lenguaje simbólico.