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Asignatura: literatura española, Profesor: Ana Maria Gomez Elegido, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Resúmenes
Subido el 14/02/2014
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(40)19 documentos
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Maese Pérez es un anciano ciego de nacimiento de 76 años de edad y poseedor de un don especial para tocar el órgano. No posee amigos, y sólo tiene una hija. Solitario, austero y sin mucho dinero, pero que hace todo lo posible por compartirlo con los más desfavorecidos. El misterio gira entorno a la muerte de maese Pérez y cómo su espíritu sigue tocando después de muerto.
RESUMEN
La leyenda empieza el día de Nochebuena, cuando se iba a celebrar la misa del Gallo en el convento de Santa Inés, en Sevilla. La iglesia estaba iluminada de forma asombrosa, y allí se encontraba lo mejor de la nobleza sevillana, el arzobispo y su familia porque maese Pérez era el mejor organista de la ciudad.
Era la hora de empezar la misa y ésta no comenzaba porque maese Pérez se había puesto enfermo. La noticia corrió al instante entre toda la gente, y entonces un hombre mal trazado, seco, huesudo y bisojo (bizco) se presentó delante del prelado y se ofreció para tocar él el órgano. El arzobispo aceptó el ofrecimiento, pero de repente, se oyeron gritos de alegría que decían que maese Pérez había llegado al convento.
Maese Pérez estaba pálido y desencajado y entraba en la iglesia conducido en un sillón. Él sabía que era la última noche que podría tocar el órgano y quería despedirse de él. Empezó la misa y el órgano sonaba majestuoso, hasta que de repente, se oyó un grito desgarrador de mujer, era la hija de maese Pérez que acababa de ver cómo su padre moría.
Al año siguiente, a la iglesia del convento de Santa Inés, llegó el organista de San Román (el que el año anterior se había ofrecido cuando maese Pérez no llegaba), al que todos consideraban un mal músico, pero cuando empezó a tocar, el órgano sonaba igual que con maese Pérez. La gente estaba maravillada, pero el organista cuando acabó juró que no volvería a tocar ese órgano, y entonces el arzobispo le invitó a que tocara el de la Catedral al año siguiente, y él aceptó.
Al año siguiente, es decir dos años después de la muerte de maese Pérez, la abadesa del convento de Santa Inés le pidió a la hija de maese Pérez, (se había metido a monja a la muerte de su padre), que tocara el órgano en la misa del Gallo. Ella le contestó que tenía mucho miedo porque la noche anterior había visto a su padre tocar el órgano. La abadesa le dijo que eso eran fantasías y que lo olvidara, porque su padre estaba en el cielo y desde allí la inspiraría para que tocara bien en esa ceremonia solemne.
Comenzó la misa y no ocurrió nada notable hasta que llegó la consagración, en ese momento se oyó un grito de la hija de maese Pérez, a la vez que decía que veía a su padre tocar el órgano. El órgano estaba solo, pero seguía sonando. Era el espíritu de maese Pérez quien tocaba el órgano.
Así también se resolvía el misterio del organista de San Román, es decir, él no tocó el año anterior sino que fue el espíritu de maese Pérez.
El relato se divide en dos partes:
I. En la primera parte se cuenta como don Dionís va de caza acompañado de su hija, Constanza y sus monteros. Al llegar el mediodía se paran a descansar al lado de un riachuelo y mientras cuentan historias aparece un joven llamado Esteban con un ganado de corderos. Sabedor de las peripecias del mozo un montero insta al joven a que le cuente una historia a don Dionís, y Constanza presta especial atención a esta historia. Esteban les cuenta que estando en la iglesia hablando con unos peones que labran la tierra se enteró de que habían encontrado el rastro de una manada en un lugar donde Esteban hacía tiempo que no veía ningún animal como consecuencia de la caza. Esa misma noche Esteban acudió a ese lugar para ver a los ciervos, pero sólo logró escuchar sus bramidos y al llegar el día descubrió sus huellas en el suelo junto a unas huellas humanas que compara, en tamaño, con los pies de Constanza. Esteban decidió quedarse todo el día escondido en un lugar en el que dónde previó que iban a pasar los ciervos, pero al llegar la medianoche se quedó dormido. Al despertar escuchó gritos, cantares y carcajadas, y de repente alguien detrás de él le habló. Al darse la vuelta vio a una corza blanca que guiaba a una tropa de corzas de color natural que no bramaban sino que reían a carcajadas. El caballero, su hija y los
eternidad. Desde entonces dicen que todas las noches se ve el ánima de la joven yendo a por agua para su amado
Manrique es un noble muy encerrado en sí mismo, solitario. Le encantaba la poesía y por ello su carácter solitario le permitía pensar y poder remover su mente. Una noche cálida de verano vio como una mujer se dirigía al monasterio de los Templarios, él la siguió e intentó alcanzarla y hablar con ella, pero a pesar de todos sus intentos no consiguió alcanzarla hasta que llegó a la que él supuso que era su casa. Pero cuando tocó la puerta y preguntó que quién vivía allí, la persona que le abrió le dijo que era la casa de Alonso de Valdecuellos que era el montero mayor del rey y que vivía solo. Pasado un tiempo volvió a verla desde su balcón y la volvió a seguir pero mucho más de cerca y así pudo darse cuenta de que lo que veía era un rayo de luna por el medio del bosque, al que le daba voz el viento que chocaba contra los árboles. Esto llevó a nuestro protagonista en una gran melancolía pensando que la vida era un engaño y el amor era un simple rayo de luna.
Los ojos verdes
Íñigo es un viejo jefe de un grupo de cazadores que se encuentra muy molesto porque lograron herir a un ciervo, pero este se escapó y él lo quería para ser cazado. Entonces llega Fernando de Argensola, el joven rey, quien lo regaña bruscamente por haber perdido la presa. Vieron los cazadores entonces, que el cervatillo había huido hacia un lugar conocido como “la fuente de los Álamos”, donde según se dice, habita un espíritu del mal. Iñigo le advierte que con el diablo uno no se puede hacer el valiente y agrega “presa que se refugia en esa fuente misteriosa, presa perdida”. Aun así Fernando decidió ir tras su presa. Días después, Iñigo va a visitar a su amigo Fernando y le dice que lo encuentra distinto, siempre meditabundo. Entonces Fernando le confiesa que él sí fue a La Fuente de los Álamos” y le describe como es el lugar, dice que es un hermosa fuente que brota escondida entre una peña, que allí hay mucho silencio y solo se escuchan los murmullos de la soledad y las voces de los espíritus de la naturaleza; además le dice que logro ver unos hermosos ojos verdes entre el rocío de aquel hermoso y calmado lugar, unos ojos verdes pertenecientes a la mujer más bella de este planeta y que además él se había enamorado de aquellos ojos; que en un comienzo le parecieron ser gotas de agua de la fuente, por lo irrealmente bellos que se veían, pero que ahora hasta ha hablado ya varias veces con la mujer de esos hermosos ojos tal como estaba hablando con Íñigo ahora. Entonces Iñigo le advirtió muerto de terror y asombro que esa mujer era en realidad un demonio que quería apoderarse de su alma. Pero Fernando le responde totalmente obsesionado: ¿Sabes tú lo que más amo en este mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida, y todo el cariño que puedan atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos... ¡Cómo podré yo dejar de buscarlos! A lo que Iñigo respondió muy triste y con resignación “¡Cúmplase la voluntad del cielo!” Después, en el último capítulo de esta leyenda, se ve cómo Fernando se declara a la mujer quien se encuentra parada en una roca muy alta cuyo borde daba al precipicio del lago. Fernando después de declarársele espera una respuesta suya, pero esta solo lanza un suspiro y el siente burlada sus esperanzas de amor y le dice nuevamente a manera de advertencia: “oh, no querrás que de crédito a lo que me han dicho de ti, si
realmente eres una mujer” A lo que ella le respondió “O un demonio, ¿y si lo fuera?”, y el, casi demente y loco y en un arrebato de su amor le respondió que sí, que si ella fuese un demonio, igual la amaría siempre y en la eternidad. A lo que ella le confesó que vivía en el fondo de un lago y que era en realidad un espíritu, le ofreció además un beso y Fernando enloqueció por eso, que era lo que siempre deseó. Como estaban parados en esa roca, ella se fue suspendiendo en el aire sin y yéndose hacia atrás provocó que Fernando se fuera acercando cada vez más al precipicio, hasta que cayó. Cayó al agua y su cuerpo se evaporó y se convirtió en un espíritu incorpóreo que habitaría de ahora en adelante en aquel lago que pertenecía a La Fuente de los Álamos, que era en realidad, el infierno.
Noche de Difuntos. El narrador decide escribir una historia que le contaron y que aún le estremece.
(En la noche del Día de Difuntos salen las almas de los muertos por el monte de las Ánimas)
I. Beatriz y Alonso, primos, van en caballo por el monte y Alonso procede a contarle a Beatriz la historia del monte de las Ánimas:
El monte, en Soria, pertenecía a los Templarios (religiosos & guerreros), traídos tras la conquista de Soria a los árabes, para defenderla de estos.
Este hecho fue considerado como un agravio para los nobles castellanos, que consideraban que ellos se sobraban para defender Soria de los árabes, igual que la habían conquistado.
Durante años se fue gestando una enemistas entre Templarios y nobles castellanos.
Los Templarios tenían limitado el monte, en el que cazaban abundantemente. Hartos, los nobles deciden organizar una batida en el coto, con lo que el odio mutuo crece hasta que tiene lugar una batalla entre los dos, con numerosos muertos. Ante esto, el rey decide dar el monte por abandonado y la capilla del mismo queda en ruinas.
Se dice que, desde entonces, en la noche de Difuntos, suenan las campanas de la capilla abandonada y las almas de los muertos vagan por el monte.
II. Los primos están cenando en Soria con muchos otros invitados. Ella, de Francia, mira el fuego aburrida mientras su primo la observa.
Alonso sabe que su prima volverá pronto a Francia y no volverá a verla, así que quiere darle un recuerdo: un “joyel” que pertenecía a su madre. Ella lo acepta con reparos y le quiere dar a cambio una banda azul de su vestido, pero se da cuenta de que la ha perdido en el monte. El primo palidece, pero luego se envalentona afirmando que en Castilla le llaman “rey de los cazadores”. La prima, maliciosamente, le reta a que vaya al monte, por lo que Alonso, deseoso de impresionarla, decide ir.
III. Pasada la medianoche, Alonso no ha vuelto. Beatriz cree oís, mientras intenta dormir, una voz “doliente” que dice su nombre. Siente una presencia y tiene mucho miedo. Empieza a oír unas pisadas que van hacia ella.