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Asignatura: Literatura Inglesa Contemporánea, Profesor: , Carrera: Filologia/Estudis Anglesos, Universidad: UA
Tipo: Apuntes
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Title: Nineteen eighty-four Author: George Orwell (pseudonym of Eric Blair) (1903-1950)
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Title: Nineteen eighty-four Author: George Orwell (pseudonym of Eric Blair) (1903-1950)
1984 George Orwell Título original: 1984 Traducción: Rafael Vázquez Zamora © 1948 by George Orwell © 1980 Salvat Editores S.A. Edición electrónica de Utopía (solo en español)
Otras ediciones electrónicas (pero basadas en la misma aquí seguida): http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Orwell/GeorgeOrwell_1984_Parte01.htm http://www.docstoc.com/docs/126227/1984-George-Orwell
parte de sus compañeros de armas, lo cual lo lleva a afirmar: "Cuando el hombre blanco se convierte en tirano, destruye su propia libertad". Su renuncia a la Policía Imperial va acompañada por otra doble renuncia: a su nombre (a partir de ahora será conocido por el seudónimo George Orwell; George, por San Jorge, patrón de Inglaterra; Orwell, por un río que conoció en su infancia) y a su clase social: pasa una década al borde de la indigencia, alternando la escritura con la vida entre las clases más humildes. Fruto de esta experiencia es su primer libro, Sin blanca en París y Londres (1933). La paulatina adquisición de conciencia social, que lo ha llevado a franquear las fronteras de una vida cómoda entre las fuerzas de ocupación imperiales para sumirse en la pobreza, da paso a una nueva etapa en la que Orwell ejerce el periodismo de denuncia. Hasta ahora, Orwell ha vivido la situación de las clases inferiores; a partir de ahora, consagra su tiempo a explicar y divulgar esta situación. Su nuevo objetivo son los mineros y obreros desempleados de una región industrial atrasada. Al término del libro, El camino de Wigan Pier (1936), Orwell radicaliza su discurso. Ha descubierto el socialismo. No obstante, la dictadura del proletariado propugnada por el comunismo estalinista lo inquieta: no deja de ser una dictadura. Tras contraer matrimonio con Eileen O'Shaughnessy, viaja a España. El libro resultante, Homenaje a Cataluña (1938), su obra maestra según este conferenciante, va un paso más allá en su discurso. Orwell viaja como periodista pero se afilia a una milicia del POUM, el Partido Obrero de Unificación Marxista de Andreu Nin y Joaquín Maurín, de raíz trotskista. Es testigo de una serie de hechos que trastornan sus convicciones ideológicas. La experiencia de la autogestión colectivizadora en el frente aragonés, en un codo a codo entre trotskistas y anarquistas (con el recurrente "Mañana tomamos el café en Huesca", en alusión al objetivo militar que se pretendía conquistar), contrasta con los sucesos que presencia en mayo de 1937 en Barcelona. Herido en el frente, Orwell regresa a Barcelona. Durante su convalecencia, presencia un conato de guerra civil dentro de la guerra civil. Los enfrentamientos armados entre el ejército regular republicano (bien equipado por la Unión Soviética) y las milicias anarquista-trotskistas dan lugar a una auténtica purga a la manera de las soviéticas, y conllevan el desarme de las milicias. Las convicciones de Orwell sufren un duro revés. El comunismo ortodoxo, según él, es otra forma de dictadura equiparable al nazismo, dos caras de una misma moneda que no hacen sino despojar a las clases trabajadoras. La manipulación informativa y propagandística puede obviar los hechos de Barcelona como si no hubiesen existido. Nada diferencia al capitalismo del fascismo del estalinismo. Orwell ya maneja los dos puntos centrales de 1984. La II Guerra Mundial termina de ofrecernos un cuadro cabal de las inquietudes político-literarias de Orwell. Durante el conflicto es miembro de la Home Guard, colabora en la BBC y es director literario del periódico Tribune. Es, pues, un personaje de relieve en la vida cultural británica. Mientras Londres padece los bombardeos de las V-2, Orwell escribe Rebelión en la granja (1945). Tras aquella en apariencia inofensiva fábula acerca de unos animales que despojan al propietario de una granja y se lanzan a la autogesión de la misma se puede adivinar la parodia definitiva del comunismo estalinista. El cerdo Mayor es un trasunto de Lenin, que antes de morir marca las pautas a seguir hacia la definitiva liberación del yugo de los humanos (el capitalismo). Sus herederos, Napoleón (Stalin, evidentemente) y Snowball (Trotski), terminarán enfrentados por el control de la granja. Esta fábula muestra la progresiva degradación de los ideales revolucionarios, el linchamiento público de la memoria del cerdo traidor (Snowball), la instauración de la dictadura más opresiva, la implantación de eslóganes a cuál más surrealista (se pasa del "Cuatro patas sí, dos pies no" identificativo de la clase animal al "Cuatro patas sí, dos pies mejor" con el que se advierte el alejamiento definitivo de los principios revolucionarios por parte de la clase dirigente) y el resentimiento de Orwell contra un comunismo traidor de sus propios ideales. Aunque Bernard Crick opina que la fecha de escritura data de 1945 y que en todo caso su publicación se demoró debido a la escasez de papel, la tradición afirma que Orwell concluyó el libro en torno a finales de 1943, pero tuvo que moverlo durante más de un año, de editor en editor, sorteando una especie de censura editorial: nadie estaba dispuesto a publicar un libro que era un ataque frontal a la Unión Soviética, en un momento en el que la Unión Soviética resultaba la mayor y mejor garantía de triunfo en la
guerra frente al fascismo internacional. "Cualquier crítica seria al régimen soviético, cualquier revelación de hechos que el gobierno ruso prefiera mantener ocultos, no saldrá a la luz", escribe Orwell en su ensayo "La libertad de prensa". "Vemos, paradójicamente, que no se permite criticar al gobierno soviético, mientras se es libre de hacerlo con el nuestro. Será raro que alguien pueda publicar un ataque contra Stalin, pero es muy socorrido atacar a Churchill desde cualquier clase de libro o periódico." Éste es el Orwell que, desencantado definitivamente con la clase política británica (más celosa, según él, de defender a los comunistas soviéticos que a sus propios políticos), con la censura ejercida por los medios de comunicación (hecho que le lleva a dimitir de la BBC), con la vida misma (su mujer fallece en 1945), con su propia salud (sus problemas de tuberculosis se acentúan, postrándolo en hospitales), acomete su obra más conocida, su testamento literario, la novela que ha marcado el devenir de la literatura fantástica de carácter político en la segunda mitad del siglo XX y, por qué no, el devenir de la propia Humanidad: 1984. Tras su publicación en 1949, Orwell entra en estado terminal. Fallece el 21 de enero de 1950, recién desposado con Sonia Brownel. Orwell ya había dicho cuanto tenía que decir.
3. 1984 , la novela
3.1 Utopía y distopía
Ante la pregunta "¿Qué es 1984?", la respuesta más evidente es: la distopía más célebre de cuantas han sido escritas. Ahora bien, ¿qué es una distopía? Antes de proseguir con la exposición hemos de hacer un paréntesis y definir el término. También conocida como antiutopía, una distopía es lo opuesto a una utopía. Esta definición, facilona si se quiere, sólo puede ser entendida si definimos utopía. Tomo prestadas ambas definiciones de la obra colectiva Las cien mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX , coordinada por Julián Díez: "Utopía. Obra que describe un futuro estado feliz de la humanidad, en el que cada persona tiene satisfechas sus necesidades y existe un gobierno benévolo que provee de todo lo necesario (o bien el gobierno ha desaparecido absolutamente, tras resultar innecesario). El nombre procede de la obra homónima de Tomás Moro (que viene del griego u topos , ningún lugar)." "Distopía. Por contraposición a «utopía», obra en la que se describe una sociedad opresiva y cerrada sobre sí misma, generalmente bajo el control de un gobierno autoritario, pero que es presentada a los ciudadanos de a pie como una utopía." En resumen: la utopía es el mejor de los mundos, la libertad definitiva y absoluta, el sueño de todo ciudadano hecho realidad. La distopía es el peor de los mundos, la sumisión definitiva y absoluta, el sueño de todo gobernante hecho realidad, y será tanto más efectiva cuanto mayor grado de satisfacción produzca en el ciudadano. Es lo que Sam J. Lundwall define en su Historia de la ciencia ficción como "la pesadilla con aire acondicionado". Las utopías arrancan con la obra ya citada de Tomás Moro (1516). Concebidas en un principio como obras de carácter cuasi teórico político en las que se ofrecía luz y guía al benévolo gobernante, conforme avanza el tiempo empiezan a adquirir mayores matices. La posibilidad de plasmar el pensamiento utópico en una organización política real nos lleva a varios intentos de
3.2 Sinopsis argumental
1984 nos presenta, como ya hemos explicado, una distopía. En ella, el mundo está dividido en tres grandes superpotencias: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. La primera de ellas comprende América, Australia, Gran Bretaña y el sur de África. Eurasia es el resultado de la absorción de Europa por parte de la Unión Soviética. Asia Oriental comprende China, Japón e Indochina. El resto del planeta padece una guerra interminable que enfrenta a las tres potencias, en un cambiable ir y venir de alianzas y quebrantamientos de alianzas. Al iniciarse la novela, Oceanía está en guerra con Eurasia, siempre ha estado en guerra con Eurasia, y está aliada con Asia Oriental. Winston Smith es un funcionario del Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad, que irónicamente es el organismo encargado de falsear la realidad y manipular la opinión pública. Es un cuadro inferior del todopoderoso Partido, muy lejos del nivel de vida alcanzado por los miembros del Partido Interior (la auténtica élite de la sociedad, cuya cúspide es el todopoderoso Gran Hermano) y muy por encima de las privaciones de los proles, la clase inferior. Winston Smith es, pues, un representante de la llamémosle clase media de uno de los Estados más represores que ha presentado la literatura. Pero Winston tiene dudas. Un incidente aislado, ocurrido años antes, le hace sospechar que el Partido manipula la realidad hasta extremos inauditos. Por error, cayó en sus manos un documento que demostraba que tres disidentes políticos caídos en desgracia (Jones, Aaronson y Rutherford), a quienes él mismo había visto en una ocasión, habían sido considerados héroes del Partido para, a continuación, desaparecer de cualquier fuente documental como si nunca hubiesen existido. El trabajo de Winston consiste precisamente en eso: en alterar la prensa de tal manera que las noticias que incomodan al Partido sean sustituidas por otras que se adecuen a la verdad oficial. Al desaparecer de la prensa y de cualquier otro medio de comunicación, se puede decir que estas noticias nunca han existido. De manera análoga, las personas caídas en desgracia a los ojos del Partido dejan de existir a los ojos del mundo. Más aún: nunca han existido. Son nopersonas. Oceanía puede estar en guerra con Asia Oriental, más aún: Oceanía siempre ha estado en guerra con Asia Oriental; pero si el Partido dice que Oceanía está en guerra con Eurasia, habrá que creer al Partido: Oceanía está en guerra con Eurasia; más aún, Oceanía siempre ha estado en guerra con Eurasia. La facultad de cambiar de idea al compás de las consignas del Partido se conoce como doblepensar. Un objeto blanco puede ser negro si el Partido dice que es negro, y la tarea del buen miembro del Partido (y, por ende, del buen doblepensador) estriba en adquirir la habilidad mental necesaria para convencerse a sí mismo de cuándo un objeto blanco es negro. La capacidad del doblepensar de generar paradojas se manifiesta en la nomenclatura de los órganos gubernamentales: el Ministerio de la Verdad se encarga de manipular la mente de los ciudadanos; el Ministerio de la Abundancia gestiona los cada vez más escasos recursos alimenticios y de materias primas; el Ministerio de la Paz es el que moviliza tropas; y el Ministerio del Amor es el encargado de ejercer la coerción física y mental sobre la población. El doblepensar es sólo un estado mental conducente a afianzar una concepción inmutable de la Historia; una herramienta intelectual, en resumen, que encuentra su plasmación en la neolengua , un lenguaje artificial creado por el Partido y que modelará la mentalidad de los súbditos del Gran Hermano. El lenguaje determina la estructura del pensamiento humano. Al prescindir de determinadas palabras, se prescinde de su concepto. De este modo, el Partido puede controlar y uniformar con mayor facilidad los pensamientos de sus miembros, para así evitar el mayor de los
delitos concebibles en la sociedad de Oceanía (y, suponemos, de las otras dos potencias): el crimental , o crimen mental. El delito de pensamiento opuesto al doblepensar y las directivas del Partido (o Ingsoc, Socialismo Inglés). Un ciudadano puede tener una conducta irreprochable, ser un miembro modélico del Partido, cantar todas sus consignas y dominar la neolengua; pero, si en su fuero interno no está convencido de la verdad del Ingsoc y esquiva con pericia la tupida red de delaciones en que se sustenta la sociedad oceánica (desde la Policía del Pensamiento hasta tus propios hijos), tarde o temprano se delatará a sí mismo mediante el crimental. Un hecho, un indicio, un pensamiento a destiempo, un lapsus linguae o incluso una frase murmurada entre sueños bastarán para acabar con esa persona. Y ese "acabar con esa persona" funciona tanto en el sentido individual (será vaporizado ) como en el colectivo (al ser una nopersona , nunca habrá existido; nada demostrará que ha existido; nadie lo recordará). Syme, uno de los compañeros de charla de café de Winston, encargado de confeccionar la undécima y casi definitiva edición del Diccionario de neolengua , explica su funcionamiento: "¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado está decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre? (...) ¿Cómo vas a tener un eslogan como el de "la libertad es la esclavitud" cuando el concepto de libertad no exista?" El miedo a cometer crimental es la primera señal de que se está cometiendo un crimental. Y Winston ya ha alcanzado esa fase desde el momento en que comienza a escribir un diario. Lo hace a pluma, a hurtadillas, sorteando las telepantallas instaladas en su dormitorio que detectan su comportamiento huraño y le impelen a practicar su gimnasia. No existe intimidad. Cualquier acto solitario es antisocial, contrario a los principios del Ingsoc y conlleva la semilla del crimental. Ante semejante panorama, a Winston, como a cualquier otro habitante de este Londres espectral sacudido por los bombardeos enemigos, no le queda más remedio que adoptar las formas externas que determinan el buen comportamiento de un miembro del Partido, consciente de que ya ha comenzado la cuenta atrás para su captura. La primera manifestación de sumisión al partido es el acatamiento de sus tres grandes eslóganes:
La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.
Estas tres consignas constituyen el resumen del pensamiento del Ingsoc, son todo lo que un buen miembro del Partido necesita saber para ser un ciudadano de comportamiento correcto. La única manera de alcanzar la paz es mantenerse en estado de guerra contra las otras dos potencias, pues tarde o temprano Oceanía habrá de triunfar. La sumisión al Partido es la única manera de mantener un prurito de libertad; en caso contrario, mueres, dejas de existir. El falseamiento de la realidad es la base del sistema: creer las mentiras impuestas nos hará fuertes para mantenernos dentro del juego propuesto por el Partido; cuanto más ignorantes seamos, menos riesgo de descubrir incoherencias, menos posibilidades de caer en el crimental. El segundo acto que entraña sumisión al partido es la abstinencia sexual. Winston odia con todas sus fuerzas a dos mujeres: su esposa Katharine y Julia. Ambas son el prototipo de mujer entregada al partido. Su esposa no quiso darle descendencia, al considerar la maternidad un acto de sumisión al Partido: está condicionada para considerar el sexo por placer como una abominación, su frigidez es su fuerza. Julia encarna a la mujer militante en la Liga Juvenil Anti—Sex, que paradójicamente trabaja en el Departamento de Novela del Ministerio de la Verdad; es decir, se encarga de escribir novelas pornográficas que luego son distribuidas clandestinamente entre los proles , para hacerles creer que consumen un producto prohibido. Su cinturón de castidad es el recordatorio de que el sexo es intrínsecamente abominable. Prohibido el amor, ¿qué otra alternativa tienen los habitantes de Oceanía (y, suponemos, de las otras dos potencias)? El odio.
libertad sexual. En un mundo puritano, Julia predica con el ejemplo el amor libre, pero tiende a creerse de manera acrítica todas las proclamas del Partido y los principios del Ingsoc. Ello lleva a Winston a definir su rebeldía como exclusivamente «de piernas abajo». El amor clandestino entre Julia y Winston es desesperado: ambos saben que sus días están contados. No hacen planes de futuro: no tiene sentido hacerlos. Justo en ese instante entra O'Brien en acción. O'Brien viene a cerrar el proceso de rebeldía a los tres principios motores de la sociedad de Oceanía. Perpetrado el crimental gracias a su inteligencia y su capacidad de síntesis, vulnerada la abstinencia sexual gracias a Julia, Winston penetra en el mundo del odio gracias a O'Brien. O'Brien lo ayudará a odiar al Partido introduciéndolo en la Hermandad. El juramento de fidelidad a esta organización es una buena muestra de ello: "—¿Qué estáis dispuestos a hacer? —Todo aquello de lo que seamos capaces. —¿Estáis dispuestos a dar vuestras vidas? —Sí. —¿Estáis dispuestos a cometer asesinatos? —Sí. —¿A cometer actos de sabotaje que puedan causar la muerte de centenares de personas? —Sí. —¿A vender vuestro país a potencias extranjeras? —Sí. —¿Estáis dispuestos a hacer trampas, a falsificar, a hacer chantaje, a corromper a los niños, a distribuir drogas, a fomentar la prostitución, a extender enfermedades venéreas... a hacer todo lo que pueda causar desmoralización y debilitar el poder del Partido? —Si, por ejemplo, sirviera de algún modo a nuestros intereses arrojar ácido sulfúrico a la cara de un niño, ¿estaríais dispuestos a hacerlo? —Sí. —¿Estáis dispuestos a suicidaros si os lo ordenamos y en el momento en que lo ordenásemos? —Sí. —¿Estáis dispuestos, los dos, a separaros y no volveros a ver nunca? —No —interrumpió Julia." Juramentados ambos, Julia y Winston brindan con O'Brien por el pasado. Por el pasado que existió, no por el pasado eternamente mutable que defiende el Partido. Es el momento en que ambos pasan a formar parte de la Hermandad. Por fin pueden leer el libro clave de la rebelión, el tratado teórico escrito por Emmanuel Goldstein: Teoría y práctica del colectivismo oligárquico. En realidad, se trata de un ensayo analítico, sin apenas contenido subversivo: es una simple descripción de las instituciones y la historia de Oceanía. La respuesta a la pregunta que Winston se había formulado alguna que otra vez en su diario: "Comprendo CÓMO. No comprendo POR QUÉ". La certeza del porqué de las cosas, la comprensión por parte de Winston de por qué odia al Partido y todo lo que encarna, es el último paso en su trayectoria moral y política. Sólo ahora, y no antes, podrá enfrentarse a la siguiente etapa, referida en la tercera parte de la novela: su tortura. Evidentemente, Winston no podía eludir su destino: ser encarcelado. El propio O'Brien, comisario de la Policía del Pensamiento, se encarga de capturarlo y conducirlo al Ministerio del Amor. Allí sufrirá todas las vejaciones imaginables, un lavado de cerebro que lo lleve a amar al Partido y el Gran Hermano. La temible habitación 101 marca el final de Winston como persona; en ella ha de enfrentarse a sus fantasmas más terribles. Una vez superada la humillación que anida allí adentro, Winston estará dispuesto a creer cualquier consigna del Partido. Los discursos adoctrinadores de O'Brien surten efecto. Winston ya es capaz de doblepensar. Ve cinco dedos cuando O'Brien le enseña cuatro. Y, mejor aún, ama al Gran Hermano. Ya es un miembro respetable del Partido.
3.3 Control social, dictadura, realidad y violencia
Tras este resumen de la novela, podemos detenernos en los cuatro aspectos fundamentales de la exposición de Orwell.
3.3.1 Control social
El sistema político presentado por Orwell está encaminado a alienar al individuo, a hacerlo virtualmente incapaz de pensar por sí mismo. Siguiendo la definición anteriormente expuesta de distopía, es una sociedad cerrada sobre sí misma, que se presenta como la sociedad perfecta. Sólo aislando las influencias externas se podrá realizar el ideal del Ingsoc. El exterior sólo puede ser malo. Sólo el Gran Hermano y el Partido son capaces de ofrecer algo bueno al ciudadano de Oceanía. A tenor de lo que hemos leído en la obra de Goldstein, todo nos hace suponer que este esquema de sociedad es idéntico en Eurasia y en Asia Oriental. La guerra exterior frente a dos enemigos identificables (un enemigo físico: las potencias enfrentadas a Oceanía; un enemigo ideológico: Goldstein) es el factor de cohesión, que llega adonde el Gran Hermano no alcanza con sus eslóganes. Existen medios coercitivos para asegurarse este control. El Ministerio del Amor dispone un aparato represor sin fisuras. No es infrecuente que tu propio hijo te delate, a semejanza de los jóvenes camisas pardas nazis. Así pues, vemos que existen diversos niveles de control social:
3.3.2 Dictadura
El régimen así caracterizado es, evidentemente, una dictadura. Se ejerce un autoritarismo sin límites. No se contempla ninguna institución de participación ciudadana, ni siquiera un parlamento ficticio en el que exista una democracia fingida. No hay que convencer a nadie de las bondades del régimen. Al estar cerrado al exterior, el Estado no tiene que rendir cuentas a institución o potencia extranjera alguna. Al ser la dictadura perfecta, la opinión pública es irrelevante. Es más: la opinión pública no existe.
mejorar el futuro. Anulando la línea temporal se atajan de raíz estas posibilidades. El único pasado existente es aquel que el Partido dispone, y puede cambiarlo a su antojo, si una cifra de producción de chocolate no cuadra, si un objetivo del plan trienal no se cumple, si tres líderes antirrevolucionarios deben ser vaporizados. Cualquier discordancia entre el pasado y la propaganda oficial puede inducir a pensar que el presente no es perfecto o no está completamente controlado. Ante la imposibilidad de viajar en el tiempo para modificar esos parámetros descontrolados, la única manera posible de eliminar el problema es borrándolos de la memoria. Si se manipulan y adulteran, los nuevos registros pasarán a ser la única verdad. La antigua verdad nunca habrá existido, luego no será verdad. No será. Una persona incómoda para el régimen, un culpable confeso de crimental (pues el crimental siempre conlleva una confesión de culpabilidad), será anulado como persona, primero se le despojará de su personalidad y más tarde, cuando su ejemplo viviente ya haya sido interiorizado por el súbdito, será vaporizado, será una nopersona. No será. No habrá sido nunca. Esta realidad configura un futuro perfecto. El pasado, en perpetuo movimiento, dará lugar a un futuro inmóvil, en el que no quepa la disidencia porque ya no existirá palabra para la disidencia. La neolengua se encargará de ello. El lenguaje modelará la mentalidad de los hombres y mujeres futuros, en la misma medida que la manipulación de la Historia. Llegará un momento en que el tiempo se estanque, pues, como todo cuerpo perfecto, la entropía habrá desaparecido y se encontrará en estado de reposo absoluto. Sólo en ese momento darán igual el pasado y el futuro, puesto que sólo se vivirá en el presente. Ese momento no está lejano. Los expertos prevén que hacia 2050 se publicará la edición definitiva del Diccionario de neolengua. Esa es la fecha que el Ingsoc se ha marcado para controlar la realidad. Una fecha tal vez utópica, puesto que (y esto sólo puede significar que el Partido está próximo a alcanzar sus fines) Winston no tiene la certeza de la fecha en que vive. Elige 1984 como fecha para comenzar su diario por aproximación, no porque le conste. Es probable que la acción de 1984 ni siquiera transcurra en el año 1984. El tiempo está dejando de existir. Pero este ideal puede no alcanzarse. En tanto no se hayan borrado todos los registros del pasado que puedan comprometer el presente, y en tanto no se haya perfeccionado la estructura mental de los habitantes de la Oceanía futura, existe el riesgo del libre pensamiento. Y sólo con la violencia se puede erradicar el germen del individualismo.
3.3.4 Violencia
El Estado debe ejercer la coerción para asegurarse el cumplimiento de las leyes. Esto es aplicable a cualquier tipo de Estado, sea totalitario o democrático. Sólo el nivel en que se ejerce esa coerción determina el tipo de régimen político. Un Estado en el que priman los mecanismos violentos de coerción es un Estado totalitario. La Oceanía de 1984 lo es. Bajo la apariencia de utopía, todos saben lo que les espera si caen en desgracia. El crimental es arbitrario, no respeta a nadie, padres de familia o miembros del Partido. Ni siquiera Syme, el ideólogo de la neolengua, escapa a la prisión, a las siniestras mazmorras del Ministerio del Amor. La violencia es el último recurso, al que tarde o temprano llegarán todos los culpables de crimental, y se ejerce de una manera desmedida. El Gran Hermano parece un dios bíblico, ejerciendo su castigo. O'Brien es una figura casi paternalista, intenta por todos los medios enseñar a Winston sus errores, convencerlo de lo erróneo de su actitud, modelando su mente al antojo del Partido, induciéndolo al doblepensar. Para ello, Winston ha de traicionar aquello que más quiere y, pese a que Orwell se recrea sin piedad en las escenas de tortura física (las referencias a la Inquisición son abundantes), lo más terrible de la novela es lo que acontece dentro de la habitación 101, donde Winston se enfrenta a lo que más teme. Violencia intelectual y violencia física van unidas en un binomio indisoluble que sólo tiene una finalidad: perpetuar el Estado de terror y opresión, y no sólo eso, sino hacerlo con el beneplácito y la firme adhesión y convicción de los ciudadanos oprimidos. En palabras de O'Brien: «Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente».
4. Influencias literarias en 1984
1984 es la más famosa de las distopías. Pero, como hemos visto, no es la primera de ellas. Tal vez no sea la mejor desde el punto de vista literario. Ni siquiera es la más terrible. Todos los aspectos analizados por Orwell están presentes en obras anteriores. Lo cual, evidentemente, no es un demérito para 1984. Podemos afirmar que 1984 es el ejemplo más depurado de distopía, la continuación de una tradición narrativa que no hace sino advertirnos de los riesgos que entraña la concentración de poder en unas pocas manos y trata de adoptar una postura ética para evitar tales situaciones. El antecedente más claro de 1984 es la novela Nosotros , de Yevgueni Zamiatin. Su autor era un ingeniero ruso (1884-1937) que hizo la Revolución con los bolcheviques y cayó en desgracia, hasta el extremo de padecer el exilio gracias a la intercesión directa de Stalin. Fruto de su experiencia es la novela Nosotros (1921). En ella se nos presenta un futuro remoto en el que en apariencia sólo existe el Estado Único dominado por el Bienhechor. La intimidad es imposible: las paredes son transparentes y las prácticas sexuales están reglamentadas muy estrictamente. El pronombre "yo" está proscrito. Los habitantes del Estado Único ni siquiera tienen derecho a emplear un nombre propio. D-503 anota sus experiencias en un diario. D-503 es el ingeniero encargado de construir la primera nave espacial del Estado Único. Una mujer, I-330, irrumpe en la vida de D-503 y lo pervierte. D-503 empieza a soñar y desarrolla un alma. El Estado Único tiene que intervenir para extirparle la fantasía y las ansias individualistas. La novela de Zamiatin no llegó a ser publicada en Rusia hasta fechas recientes. Sin embargo, circuló por Europa Occidental durante la década de los 20 y los 30, y sin duda Orwell la leyó para perfilar algunos de los aspectos argumentales de 1984. La dictadura que nos presenta Nosotros es más terrible aún que la de 1984 , puesto que se nos presenta como un Estado Único y los ciudadanos carecen de derecho a la intimidad (con las paredes de cristal de Nosotros , ¿qué necesidad hay de utilizar las telepantallas de 1984 ?). Podemos considerar a I-330 como el antecedente de Julia, aunque con una salvedad: Julia permanece inmune a las enseñanzas de Winston, no lo pervierte ni se deja influir por él, tan sólo vive una historia de amor con él y expresa una rebelión a su manera (mediante la liberación sexual), pero por lo demás es una persona completamente acrítica. I-330, por el contrario, enseña a pensar a D-503, le abre las puertas de la duda metódica, lo lanza hacia la clandestinidad. En este aspecto, el personaje de I-330 resulta más atractivo y poderoso que el de Julia, mientras que el de D-503 se nos presenta dotado de mayor personalidad que Winston. Otra novela que sin duda ejerció una fuerte influencia en 1984 es Un mundo feliz , de Aldous Huxley (1932). Este británico (1884-1963), curiosamente alumno de Eton, al igual que el joven Orwell, se muestra más preocupado por la psicología de personajes. Fiel a sus inquietudes sobre el consumo de sustancias psicotrópicas, Huxley fundamenta su distopía en el consentimiento de los alienados. La alienación se produce gracias al consumo de una droga, el soma , que hace posible ese mundo feliz. Mediante el consumo de soma los ciudadanos huyen de sus problemas. La sociedad de consumo hace el resto. Vivimos en el año 632 después de Ford, el santo patrón de este Estado Mundial. El consumo es una necesidad. Para concienciar a las masas, nada mejor que convencerlas desde la misma cuna. Gracias a la ingeniería genética se ha perfeccionado lo que en la actualidad llamaríamos clonación. Legiones de seres idénticos, producidos en tubos de ensayo, rígidamente divididos en castas (desde los superiores alfa, dotados para el trabajo intelectual y directivo, hasta los disminuidos épsilon, simple mano de obra), todos son meros engranajes necesarios de una enorme cadena de montaje, y todos ellos están condicionados desde la infancia mediante el aprendizaje hipnagógico. Bernard Marx, un alfa con una tara de nacimiento, trabaja como diseñador de esos programas hipnagógicos, elabora las frases que, a fuerza de ser repetidas durante el sueño de los infantes, determinarán el pensamiento de las masas. Pero Bernard, debido a su tara física, es antisocial. Es contrario al amor libre imperante, representado por Lenina Crowne, una beta trabajadora en la Sala de Decantación (el lugar donde los fetos crecen). Ella accede a acompañarlo a
narración de su reinserción. Pero no se trata de una reinserción destinada a erradicar la violencia de su ser (se intenta en un primer momento, dejándolo indefenso ante el mundo exterior), sino encaminada a hacerle recuperar el instinto agresivo y violento. Es tal vez la única concomitancia entre ambas obras: un largo proceso, mezcla de rehabilitación y tortura, que da como resultado una persona del agrado del poder, hecha a imagen y semejanza de las directrices gubernamentales.
5.2 Influencias cinematográficas
Podemos hablar de dos adaptaciones cinematográficas de 1984. o mejor dicho, de dos y media. La primera data de 1956. Fue dirigida por Michael Anderson y estuvo protagonizada por Edmond O'Brien (como Winston), Jan Sterling (como Julia), Michael Redgrave y Donald Pleasence. La segunda, fechada precisamente en 1984, fue dirigida por Michael Radford y protagonizada por John Hurt (Winston), Suzanna Hamilton (Julia) y Richard Burton (O'Brien). Ambas son correctas, pero demasiado literales, fallan precisamente por su intento de ser fieles a la novela de Orwell. Puestos a destacar, destaquemos un elemento heterodoxo en la segunda: la música, a cargo del grupo Eurythmics. Además de estas dos películas, cabe consignar al menos dos adaptaciones televisivas, una fechada en 1954 (dirigida por Rudolph Cartier y protagonizada por Peter Cushing) y la otra en 1965 (dirigida por Christopher Morahan y protagonizada por David Buck). De este modo, nos vemos en la obligación de hablar de la adaptación cinematográfica que haría el lugar "dos y medio": Brazil , de Terry Gilliam (1985). El director nunca se cansa de repetir que no había leído el libro, si bien el título provisional de la película era 1984 y medio , un claro homenaje a la novela de Orwell y a la película de Federico Fellini 8 y medio. La odisea burocrática de Sam Lowry (Jonathan Pryce) se da un aire al ambiente en que trabaja Winston; muy bien podría ser el Ministerio de la Verdad, del mismo modo que Ian Holm en el papel de Kurtzmann parece un doble de George Orwell. Las ensoñaciones de Sam con Jill Layton parecen los momentos más arrebatados de la historia de amor entre Winston y Julia. El mundo opulento en que vive la madre de Winston podría ser el ambiente de las élites del Partido Interior. La caída en desgracia de Sam y su posterior tortura parecen la plasmación en imágenes más perfecta y estremecedora de la tercera parte de 1984 novela. Por supuesto, Gilliam confiere al conjunto un tono satírico (esas bromas acerca de la inoperancia de la policía secreta, incapaz de horadar un agujero de las dimensiones adecuadas para capturar –por error—— a un supuesto disidente político porque «se han vuelto a pasar al sistema métrico decimal»), así como un componente entre kafkiano y onírico (ese fontanero comando encarnado por Robert De Niro) de los que carece la novela de Orwell. Se podrían encontrar ecos marginales de 1984 en otras películas como The Wall (Alan Parker, 1982), que nos presenta otra "pesadilla de aire acondicionado" con el leitmotiv de la música de Pink Floyd, pero sus similitudes con la novela no dejan de ser eso: marginales.
5.3 Influencias en la vida cotidiana
Lo más terrible de 1984 es que ha trascendido el ámbito puramente literario y podemos encontrar ecos de la novela en la vida cotidiana. Cabe hablar de la capacidad anticipatoria de la novela, un asunto que ha levantado multitud de controversias y que en torno al año 1984 se convirtió prácticamente en el asunto del día en las columnas de prensa. ¿Qué había en al año 1984 de la novela 1984 ?, se preguntaban periodistas, columnistas y tertulianos. La conclusión más extendida era que Orwell había fracasado como profeta: la dictadura predicha en sus páginas no había tenido lugar. El mundo parecía respirar tranquilo: el Gran Hermano nunca gobernó. Orwell ya no era fiable. Sin embargo, huelga decir que Orwell no era un profeta, sino un escritor concienciado. No es pequeña la diferencia: como buen distopista, como buen escritor, como buena persona, Orwell no intentaba adivinar el futuro, sino evitar un futuro posible mediante un alegato que sacudiese conciencias e indujese a la reflexión. El futuro previsto en 1984 resultaba terrible no por el hecho de que Orwell creyese que iba a tener lugar, sino porque temía que, si las cosas seguían así, podría llegar a suceder. ¿A qué temía Orwell? Ya hemos visto que la posibilidad de una dictadura casi mundial, capaz de manipular los medios de comunicación y anular la voluntad y la memoria de los ciudadanos, le parecía la peor de las posibilidades. 1984 es una advertencia demasiado poco sutil, desesperada, muy evidente. Homenaje a Cataluña llegaba en mal momento: la Unión Soviética aún era la mejor garantía en la lucha contra el fascismo internacional. La II Guerra Mundial aún no había empezado. Rebelión en la granja tampoco llegó en buen momento: la guerra estaba recién ganada, la Unión Soviética había salvado la democracia en el mundo y la fábula moral propuesta por él resultaba demasiado evidente. Por momentos, Orwell cree que la batalla está perdida, que de nada servirá denunciar el totalitarismo. Parece que la Unión Soviética ha formado una alianza contra natura con las potencias democráticas occidentales, con el único fin de silenciar la verdad. El inicio de la guerra fría da lugar a una lucha de bloques que, con la irrupción de la China comunista, conforma un panorama internacional inquietante: el fantasma de una guerra total acecha. Es una guerra de baja intensidad, manifestada en conflictos puntuales, pero siempre con el fantasma de la conflagración mundial rondando. Puesto que la guerra militar no resulta conveniente, las mejor arma para ganar el conflicto no declarado es otra: la guerra propagandística. Para ganarse a la opinión pública, ambos bandos crean un ambiente de confrontación (un enemigo identificable) y no dudan en tergiversar los medios de comunicación, e incluso la historia, de acuerdo con sus propios fines. Sólo así se tendrá una ciudadanía completamente convencida de la maldad del enemigo (lo cual garantiza la cohesión del grupo) y dispuesta a casi todo por defender su integridad territorial. La disidencia interna se castiga con la cárcel y la tortura (los gulags soviéticos) o con el silenciamiento (la caza de brujas maccarthista en los Estados Unidos). Si el odio al rival no bastase para mantener unida a la nación, existen otros métodos para hacerlo: el recurso a una figura carismática, un líder. Si aun así ello no bastase, el poder dispone de suficientes medios de comunicación y mecanismos ideológicos para anular todo vestigio de discrepancia. Si el equilibrio de poderes variase, si cambiasen las circunstancias o las alianzas, el sistema no puede permitirse el lujo de reconocer su error. Necesita, por tanto, modificar la realidad, hacer creer a la ciudadanía que todo lo que sucede obedece al interés común, que éste siempre ha sido inmutable y que quien se atreva a desenmascarar las contradicciones surgidas a lo largo de este proceso es necesariamente antipatriota y, por tanto, merece ser castigado. El ciudadano tiene que aprender a pensar que el
No es el único punto de la realidad cotidiana en que el lenguaje orweliano se ha infiltrado en el habla coloquial. La manipulación informativa a veces hace aflorar las referencias a Orwell y su obra. Cuando el político de turno afirma como dogma de fe indiscutible una opinión que poco antes denigraba, la expresión doblepensar acude a nuestras mentes. Ya ha dejado de resultar extraño que expresiones que parecen salidas de 1984, tales como "la guerra es la paz", estén en boca de la clase dirigente y, peor aún, ya no nos extrañen. Ya están asumidas como parte indisoluble de su discurso político.
6. Conclusiones
A modo de conclusión, ¿qué hay de 1984 en nuestro mundo actual? Parece ser que mucho, y más de lo que quisiéramos. La advertencia de Orwell parece haberse convertido en realidad, tal vez de una manera más sutil y, por supuesto, menos lesiva para la sensación de libertad individual. El futuro opresivo descrito por Orwell se ha convertido en un presente en el que impera la sensación generalizada de libertad y comodidad, de utopía realizada, pero en realidad los mecanismos de control son los mismos. En resumen, la definición misma de distopía, tal como la enunciábamos en otro momento de esta conferencia. Una situación más próxima a la distopía descrita por Aldous Huxley en Un mundo feliz , en la que la sumisión de las masas pasaba ineludiblemente por el condicionamiento hipnagógico, las drogas de diseño y la sociedad de consumo; un modelo igual de impersonal que el de 1984 , pero envuelto en una apariencia mucho más humana y deseable. Motivos que hacen que la distopía de Aldous Huxley sea mucho más temible que la de George Orwell. Pese a su fama, 1984 no nos presenta, ni de lejos, el peor de los futuros posibles. A decir verdad, es probable que 1984 ni siquiera sea el libro más terrible de Orwell. Demasiado maniqueo, como por otra parte la mayoría de su obra, carece de los matices de Rebelión en la granja y de la espontaneidad y vividez de Homenaje a Cataluña. Es demasiado poco sutil, y ello le hace perder parte de su pretendido efecto denuncia. Pese a que su fin último es denunciar cualquier forma de totalitarismo, tanto los existentes en el momento de ser escrita como los que probablemente habrían de surgir (siguiendo la cronología interna de la novela, el Gran Hermano no aparece en la historia hasta los años 60, con la revolución ya consolidada), es asimismo una metáfora demasiado transparente del estalinismo. El Gran Hermano es Stalin. Emmanuel Goldstein es Trotski, su archienemigo, su compañero de revolución, a la cual supuestamente traiciona. Orwell ha vivido la persecución de las milicias trotstkistas del POUM durante su estancia en Cataluña y Aragón. También sabe lo que es exponerse a la censura por divulgar opiniones opuestas al estalinismo. Todo ello lo convierte en un compañero de viaje de Trotski. Aunque la ideología de Orwell no era propiamente trotskista, el hecho de denunciar los excesos del estalinismo (en Homenaje a Cataluña , por la vía del periodismo de denuncia; en Rebelión en la granja , mediante una fábula animal; en 1984 , recurriendo al tremendismo), en la práctica termina por servir a los intereses de Trotski. La crítica abierta de la represión de las milicias del POUM en Homenaje a Cataluña , la persecución de Snowball en Rebelión en la granja y la introducción del personaje de Emmanuel Goldstein en 1984 son manifestaciones de un alineamiento inequívoco del lado de Trotski. O tal vez no. Del mismo modo que jamás vemos al Gran Hermano, es tan sólo una referencia abstracta, una suerte de divinidad que encarna los valores fundamentales del Estado de Oceanía, tampoco sabemos a ciencia cierta quién es ni cómo se comporta Emmanuel Goldstein. Las únicas manifestaciones de la existencia de Goldstein, aparte de la confusa Hermandad (en realidad, un cebo para atraer disidentes a las garras de la Policía del Pensamiento), es un texto completamente inocuo y meramente descriptivo del funcionamiento de Oceanía y de las interioridades del Partido. Teoría y práctica del colectivismo oligárquico apenas tiene elementos escandalosos; no es más que un manual de divulgación. De hecho, podría ser un libro de texto para los cuadros del Partido Interior, ya convencidos de las bondades del régimen gracias al proceso del doblepensar.
Ni el Gran Hermano ni Goldstein se nos muestran a lo largo de 1984. Tan sólo disponemos de referencias inconcretas: el Gran Hermano es bueno, es la esencia y elemento unificador del Estado, es amor; Goldstein es malo, es el enemigo externo e interno que amenaza con disgregar el Estado, es odio. Sin el uno, el otro no podría existir. El Gran Hermano necesita a Goldstein para que su dictadura y el estado de guerra perpetuo que su régimen mantiene adquieran algún sentido. Siguiendo la lógica de la novela, el Gran Hermano tiene agentes muy poderosos encargados de perpetuar al Partido en el Poder. El Ministerio del Amor es el más notable. Todo el peso del Estado se encamina a mantener a los súbditos fuera del alcance de la nefasta influencia de Goldstein. O'Brien es el máximo ejemplo, capaz de tender una trampa a Winston y Julia para anularlos como personas, pues han caído en el crimental. Ahora bien, ¿cuáles son los agentes de la Hermandad de Goldstein? En los Dos Minutos de Odio se proyectan imágenes de Goldstein, el enemigo eterno, sobre un fondo bélico, la guerra que Oceanía libra con Eurasia. Pero Goldstein no es el Gran Hermano eurasiático, sus motivaciones pueden haberlo llevado a traicionar a su país, probablemente se encuentre refugiado en Eurasia si con ello ayuda a derrocar al Gran Hermano, pero en ningún caso resulta creíble la idea de que domine los destinos de los eurasiáticos. Goldstein lucha contra el Gran Hermano (y, por ende, contra Oceanía), pero no es un líder con poder efectivo. Según la propaganda de guerra, es identificado con Eurasia, el actual enemigo de Oceanía. Pero, como vemos al final de la novela, el enemigo de Oceanía ya no es Eurasia sino Asia Oriental, y siempre ha sido el enemigo, el único enemigo. Goldstein pasará entonces a ser un traidor vendido a Asia Oriental. Realmente hace falta un esfuerzo de doblepensamiento, al alcance de todos los miembros del Partido y muchos de los perfectos ciudadanos, para creer en estos vaivenes. Pero el combate contra el Gran Hermano no se desarrolla en el frente exterior, sino en la realidad cotidiana. La Hermandad es una organización que funciona dentro de Oceanía. Necesita, pues, agentes infiltrados en la sociedad. ¿Quiénes son estos agentes? Durante un tiempo, Winston y Julia. Son los únicos que conocemos. O'Brien les advierte de que tarde o temprano los detendrán y sustituirán por otros, en una espiral aparentemente sin fin, en la que el crimental conduce irrevocablemente a la Hermandad, la Hermandad conduce irremediablemente al Ministerio del Amor (la temida habitación 101) y el Ministerio del Amor conduce irremediablemente a la vaporización y la nopersona, el no ser, el no haber existido nunca. "Tú no existes", replica O'Brien a Winston en un momento de su lavado de cerebro. O'Brien. Siempre O'Brien. El agente secreto de la Policía del Pensamiento. El amigo de Winston que se le aparece en sueños para inducirlo al crimental. El agente de la Hermandad. Gran Hermano. Hermandad. O'Brien. Tres vértices de un triángulo. Una persona que, en apariencia, actúa como agente doble. Aunque, si nos detenemos a pensar, se trata de un pésimo agente doble, pues siempre, inevitablemente, los agentes que gana para la causa de la Hermandad (Goldstein) terminan siendo torturados por él mismo en el Ministerio de la Verdad. La pregunta que uno se plantea es: ¿Existe verdaderamente Emmanuel Goldstein? ¿No se tratará de un cebo que las autoridades ponen a disposición de los incautos cuyas convicciones flaquean y, no siempre por su propia voluntad, incurren en el crimental? Goldstein es el enemigo del Gran Hermano, resulta evidente que su naturaleza ha sido desvirtuada por la propaganda del régimen para convertirlo también en el enemigo de Oceanía, en la encarnación de todos sus males. El juramento que Winston y Julia realizan de sumisión a la Hermandad es una declaración de guerra al Estado. Si la naturaleza de Goldstein ha sido desvirtuada tras su presunta huida de Oceanía; si nada de lo que asegura la propaganda es cierto; si nadie ha visto a Goldstein y sus únicos agentes son en realidad miembros de la policía secreta del régimen, ¿qué nos impide pensar que en realidad Goldstein es una fabulación, un invento del régimen, un archienemigo diseñado para glorificar por defecto al Gran Hermano y para cazar a los disidentes? Es probable que en el pasado existiera un Emmanuel Goldstein, que se enfrentase con el Gran Hermano y que tuviese que huir de Oceanía; pero de ahí a suponer que ejerza una influencia decisiva en la lucha contra el régimen media todo un abismo. Sabemos que el trotskismo no influyó en la lucha interna contra el estalinismo. Había otras fuerzas (religiosas, nacionalistas, cívicas) que, indiscutiblemente apoyadas desde el exterior (por el