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libro de mujeres que, Esquemas y mapas conceptuales de Artes

todo lo que subo para tener dos

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2025/2026

Subido el 03/12/2025

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diana-alexandra-izquierdo-leyva 🇵🇪

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Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual, experta en teoría de género (feminismos, masculinidades, teoría queer), ha trabajado como consultora de comunicación y CORAL HERRERA género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD y AECID, y actualmente trabaja en UNED Costa Rica y en Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano(GEMA). También coordina el Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en laUniversidad de la Sorbona en París, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, 2010) ycomunicación y género. Más allá de las etiquetas (Txalaparta, 2011). Además, ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre

© CORAL HERRERA, 2018 © LOS LIBROS DE LA CATARATA, 2018FUENCARRAL, 70 28004 MADRIDTEL. 91 532 20 77 FAX. 91 532 43 34WWW.CATARATA.ORG MUJERES QUE YA NO SUFREN POR AMOR.TRANSFORMANDO EL MITO ROMÁNTICO ISBN: 978-84-9097-462-9E-ISBN: 978-84-9097-453- DEPÓSITO LEGAL: M-13.055-2018IBIC: JFFK ESTE LIBRO HA SIDO EDITADO PARA SER DISTRIBUIDO. LA INTENCIÓN DE LOS EDITORES ES QUE SEA UTILIZADO LO MÁS AMPLIAMENTE POSIBLE, QUE SEANADQUIRIDOS ORIGINALES PARA PERMITIR LA EDICIÓN DE OTROS NUEVOS Y QUE, DE REPRODUCIR PARTES, SE HAGA CONSTAR EL TÍTULO Y LA AUTORÍA.

INTRODUCCIÓN

Las mujeres que no sufrimos por amor cada vez somos más. Todavía no nos hemos liberado del dolor ni hemos encontrado la fórmula para ser felices, pero somos conscientes de que lo romántico es político, y que otras formas de relacionarnos, de organizarnos y de querernos son posibles. Las mujeres que no sufrimos por amor estamos haciendo la revolución amorosa desde los feminismos: estamos poniendo sobre la mesa la importancia de reinventar el mito romántico para sufrir menos, y disfrutar más del amor. Las redes sociales y afectivas, las emociones y los cuidados están en el centro de nuestro pensamiento, nuestros debates y nuestras luchas. Las feministas hemos logrado muchos cambios a nivel legislativo y político, y estamos despatriarcalizando todo: la ciencia, la educación, las religiones, la medicina, la filosofía, el periodismo y la comunicación, el cine, el teatro, la democracia, los deportes, las instituciones, la familia… pero nos queda mucho trabajo por hacer en el nivel sexual, emocional y sentimental. Aunque hace décadas que luchamos por alcanzar la autonomía económica, hasta hace poco se había hecho muy poco por la autonomía emocional, y cada una tenía que buscar las herramientas individualmente para poder trabajar la dependencia sentimental y despatriarcalizar sus emociones. Hoy, sin embargo, estamos trabajando colectivamente para fabricar esas herramientas para la revolución de los afectos. Nuestra forma de amar es patriarcal porque aprendemos a amar bajo las normas, las creencias, los modelos, las costumbres, los mitos, las tradiciones, la moral y la ética de la cultura a la que pertenecemos. Cada cultura construye su estructura emocional y sus patrones de relación desde una ideología concreta,

ser rescatada de la pobreza, de la explotación, de un encierro, de un hechizo, o de una vida aburrida. Cuando él termina su misión, va a buscarla y se la lleva a palacio, donde ambos vivirán felices y comerán perdices”. Por culpa de estos cuentos, desde pequeñas nos convertimos en adictas a la droga del amor romántico, y así nos tienen entretenidas soñando con nuestra utopía romántica. Al patriarcado le conviene que permanezcamos encadenadas a esta ilusión, cada cual buscando la manera de ser rescatada por un príncipe azul. El milagro romántico nos aísla de las demás: para el patriarcado no hay nada más peligroso que las mujeres unidas, alegres y empoderadas trabajando en equipo en busca del bien común. El romanticismo patriarcal es un mecanismo de control social para dominar a las mujeres bajo la promesa de la salvación y el paraíso amoroso en el que algún día seremos felices. La monogamia, por ejemplo, es un mito inventado exclusivamente para nosotras; ellos siempre han disfrutado de la diversidad sexual y amorosa y nos han prohibido que hagamos lo mismo. En el pasado, las leyes permitían a los hombres matar a sus esposas adúlteras. Hoy en día, la infidelidad femenina sigue siendo inaceptable, mientras se disculpan las “canitas al aire” de los hombres. Las mujeres seguimos sacrificándonos, renunciando, aguantando y sufriendo “por amor”, seguimos trabajando gratis en casa y en los cuidados “por amor”, seguimos soñando con la salvación personal a través del amor. El patriarcado sigue vivo en nuestros corazones y goza de una excelente salud, por eso es tan importante hablar en términos políticos de nuestras emociones y relaciones. Desde mi perspectiva, el amor es un arma muy potente para revolucionar nuestro mundo y cambiarlo de abajo arriba. Podemos liberarlo de toda su carga patriarcal y expandirlo más allá de la pareja, hacia la comunidad. Podemos eliminar las jerarquías y luchas de poder entre nosotros, y construir nuestras relaciones con los demás desde la ternura, la empatía, la generosidad, la solidaridad y el compañerismo. ¿Os imagináis cómo sería el mundo si las mujeres, en lugar de despilfarrar

nuestro tiempo en el amor romántico, lo dedicásemos a la lucha por una sociedad más libre e igualitaria? ¿Os imagináis a millones de mujeres trabajando unidas por la defensa de la naturaleza y los derechos humanos? Yo sueño con el día en que el amor rompa la barrera del dúo y pueda expandirse para cambiar toda nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos. Ese día aún está muy lejos: las ideas evolucionan a toda prisa, y somos geniales a la hora de imaginar nuevos modelos amorosos y nuevas formas de relacionarnos, pero las emociones avanzan lentamente a lo largo de las décadas, y no podemos cambiar en dos semanas nuestra forma de sentir. Son muchos siglos de patriarcado los que llevamos a cuestas, y no tenemos herramientas aún para gestionar nuestras emociones. Seguimos con la misma madurez emocional de los primeros Homo sapiens : sentimos las emociones más básicas (alegría, ira, tristeza, miedo) de manera similar. La mayor parte de la humanidad resuelve sus conflictos con violencia, porque no nos educan para hacer frente a los tsunamis emocionales que nos invaden cada vez que sufrimos y hacemos sufrir a los demás. En las escuelas no nos enseñan a querernos bien, y cuesta mucho trabajo aprender a relacionarse con amor con nosotras mismas, con nuestro entorno y con la gente a la que queremos. Sin embargo, estamos… en ello. Cada vez somos más mujeres pensando y debatiendo sobre nuestra forma de querernos y relacionarnos, cada vez somos más las que queremos liberar al amor del patriarcado, y las que reivindicamos nuestro derecho al bienestar, al placer y a la felicidad. Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos analizando nuestra cultura amorosa para transformarla de arriba abajo, buscando otras formas de querernos, fabricando colectivamente herramientas para aprender a usar nuestro poder sin hacer daño a nadie, y para construir relaciones bonitas con los demás. Relaciones desinteresadas, relaciones basadas en el amor compañero, relaciones basadas en el placer, la ternura y la alegría de vivir. Estamos con la imaginación activada, buscando nuevas formas de relacionarnos con nosotras mismas y con los que nos rodean. Queremos un

Queremos cambiar nuestra relación con nosotras mismas, y entre nosotras. Y queremos acabar con el patriarcado, la desigualdad, la pobreza y la violencia. Se trata de reinventar el amor para que nos alcance a todos y a todas. El amor es una herramienta maravillosa para la transformación individual y colectiva. Cuando el amor no se reduce a la pareja y llega al vecindario, al barrio, al pueblo, entonces es un motor para construir una sociedad libre de explotación, violencia, jerarquías y dependencias. La revolución amorosa que estamos llevando a cabo las mujeres feministas pone en el centro la alegría de vivir, los afectos, los cuidados y el placer. Sabemos que otras formas de quererse y organizarse son posibles, y aquí estamos: unidas, creativas y combativas, reivindicando el disfrute y el placer. Somos las mujeres que ya no sufren por amor.

CAPÍTULO 1 QUÉ BONITO ES EL AMOR

Una de las experiencias más hermosas y alucinantes de la vida es enamorarse de alguien y ser correspondida. Querer y que te quieran, estar en el mismo momento, en la misma onda, con la misma energía puesta en el amor, con la misma curiosidad y fascinación que la otra persona. Tener el mismo ritmo, las mismas ganas, la misma ilusión, y parecidas ideas sobre el amor y la pareja. Que nos apetezca a los dos lo mismo, que nos pase a los dos lo mismo, que nos veamos los dos inundados de la borrachera del enamoramiento a la vez. Es bien difícil que esto ocurra, porque todos llegamos al amor con nuestros miedos, resistencias, intereses y deseos, y con nuestro pasado a las espaldas. Y lo más complicado es que dure: cuando nos vamos conociendo mejor y va disminuyendo la intensidad de la borrachera, empiezan los problemas. A mí me ha pasado algunas veces en mi vida y lo he disfrutado mucho. Lo más delicioso para mí es ese tiempo en el que aún no hemos puesto palabras a lo que sentimos, ni hemos definido qué somos, ni necesitamos hacerlo. Me he siento muy libre para amar cuando solo nos mueven las ganas de estar juntos y nada nos condiciona: no hay normas, no hay pactos, no hay horarios, no nos sometemos a ninguna estructura predefinida sobre cómo debemos comportarnos. No hay límites, no hay miedos, no hay obligaciones, no hay futuro ninguno: nuestro único deber es disfrutar al máximo el presente, saborear el aquí y el ahora, y olvidarnos del mundo para entregarnos al placer. Después de este breve y extraordinario tiempo de felicidad desbordante y colocón permanente, generalmente se impone la realidad, a veces de un modo aplastante. Es cuando nos sentamos a hablar de lo que nos está pasando, de cómo

Disfrutar del amor es un arte que requiere de mucho entrenamiento. Para poder vivirlo con alegría y placer necesitamos herramientas que nos permitan querernos bien, cuidar y alimentar nuestra relación el tiempo que dure, y cerrar la historia con el mismo amor con el que la empezamos.

CAPÍTULO 2 EL AMOR TOTAL: INCONDICIONAL Y PARA SIEMPRE

Las mujeres que ya no sufrimos por amor nos juntamos en el año 2015 en un grupo de estudio internacional en el que estudiamos el amor, el sexo y las emociones mezclando lo personal con lo político. Mi idea al crear esta comunidad virtual de mujeres era poder trabajarnos lo romántico en buenas compañías, compartir recursos, ideas, reflexiones y experiencias personales para elaborar herramientas que nos permitan explorar otras formas de querernos. En el Laboratorio del Amor hablamos mucho sobre la necesidad de tener pareja, y sobre lo difícil que es no soñar con un compañero o compañera con la que compartir la vida. Muchas de nosotras somos mujeres autónomas y empoderadas, vivimos solas y somos independientes económicamente, pero no renunciamos al sueño de encontrar el “amor verdadero”. Muchas de nosotras somos feministas, y vivimos la contradicción de querer un mundo mejor y a la vez seguir soñando con el paraíso romántico. Sabemos que las relaciones de pareja no son tan maravillosas, ni tan fáciles, ni tan perfectas como en los mitos. Pero seguimos soñando con el amor total, y fantaseamos con encontrar a alguien que nos quiera incondicionalmente, y para siempre. Ese alguien que nos haga compañía hasta el final de nuestros días, que esté en las buenas y en las malas, que nos apoye en todo, que nos acune y nos sostenga cuando el mundo se nos venga encima. Anhelamos una relación que nos proporcione estabilidad, que nos haga sentir seguras, protegidas, y cuidadas. Que nos autorrealice como mujeres, que nos haga sentir plenas y nos permita dar lo mejor de nosotras mismas. Es un deseo muy íntimo y a veces nos cuesta reconocernos a nosotras mismas

en una habitación, no sabemos si van a ser solo dos minutos o si nos van a abandonar para siempre. Todos necesitamos sentirnos queridos y acompañados, y si no logramos cubrir nuestras necesidades básicas (comer, beber, amar, dormir...), nuestro cerebro y nuestro sistema emocional se dañan. La mayor parte de los problemas emocionales tienen que ver con el sufrimiento que nos causa la falta de amor. Pero no les damos importancia porque nos hacen creer que estos son problemas individuales a los que tenemos que hacer frente solas y solos, cuando en realidad es un problema colectivo de extrema gravedad. Vivimos en un mundo cada vez más individualista y deshumanizado. Los adultos seguimos siendo bebés que necesitan desesperadamente que los cuiden y los amen. La carencia de afecto es el mayor de los sufrimientos que experimenta el ser humano, junto con las pérdidas de seres queridos. El miedo al abandono, al rechazo y a la soledad es un miedo universal. Dependemos de los demás al principio y al final de nuestras vidas: somos seres sociables cuya supervivencia depende de las redes humanas de cuidado y afectos. El romanticismo nos hace creer que es posible volver a sentir la fusión total que experimentamos en el vientre materno y durante algunos meses más de vida, en los que creíamos que éramos la misma persona que mamá. No importa si lo vivimos durante cinco minutos o durante cinco años de nuestra vida: todas, todos soñamos con ser queridos así, sin condiciones, sin límites, sin miedos. Este anhelo de fusión es muy humano, pero es un espejismo. El amor no es incondicional, o no debería serlo: si no hay condiciones para amar, si amar duele, si no nos tratan bien, si abusan de nosotros, entonces no es posible construir una relación amorosa. No somos seres perfectos, y nuestra forma de querernos tampoco lo es. Nada es eterno, y el amor tampoco lo es, porque es una energía viva que crece, disminuye, desaparece o se multiplica. Por eso el amor no es inmutable, ni tampoco es mágico: no es fácil quererse bien. Las relaciones humanas son

conflictivas y, a veces, muy dolorosas, y requieren de mucha empatía, asertividad, generosidad y habilidades sociales para elaborar pactos de convivencia y para resolver problemas. Todas las relaciones humanas pasan por periodos difíciles, luchas de poder, desencuentros, conflictos… y no todas las historias tienen un final feliz. A veces estamos mejor separados que juntos. El sufrimiento nunca nos lleva al paraíso, aunque la cultura cristiana nos haga creer que para ser felices tenemos que pasarlo muy mal y aguantar todo lo que nos pase. Este mecanismo de com- pensación está pensado para que las mujeres creamos que cuanto más suframos, mayor será el premio que nos espera. Muchas mujeres viven en un ciclo de ilusión-decepción-ilusión del que es muy difícil salir. Cuanto más idealizamos el amor, cuanto más le pedimos al amor, más nos decepcionamos. La espera nos sitúa siempre en otro lugar que no es el presente, para que podamos evadirnos de él y así no nos resulte tan dura la realidad en la que vivimos. Si siempre estamos soñando con lo que no tenemos, al final experimentamos una pérdida total de sentido de la vida. Si vivimos siempre en un futuro idealizado en el que seremos felices, el presente está vacío. Si creemos que el amor está en el paraíso romántico, no podemos disfrutar de los afectos que nos rodean en la realidad. El amor es una forma de relacionarse con el mundo, por eso no puede encerrarse en una sola relación. No deberíamos exigirle a nadie que cubra toda nuestra necesidad de afecto, que nos llene la vida por completo, que nos haga felices y nos mantenga entretenidas todo el tiempo. Ni siquiera el amor de madre más intenso da para tanto: las mamás, además de mamás, somos personas autónomas con nuestros proyectos, nuestros afectos, nuestras necesidades, nuestros sueños, nuestras pasiones propias. Lo único que podemos hacer es aprender a convivir con esa necesidad de amor total. Cuanto más vivimos la ilusión del romanticismo, menos importancia damos a nuestros afectos reales, a la gente que nos quiere y a la que queremos. El

CAPÍTULO 3 EL AMOR TE CAMBIA LA VIDA: EL MITO ROMÁNTICO DE LA TRANSFORMACIÓN

Uno de los mitos románticos más potentes de nuestra cultura patriarcal es la idea de que la magia del amor nos cambia la vida, nos salva de todos los males y nos soluciona todos los problemas. El amor convierte a los sapos asquerosos en príncipes azules, deshace el hechizo de las bellas durmientes, rescata de su encierro a las muchachas, transforma a la criada que limpia chimeneas en una princesa. En su versión contemporánea, el amor romántico también convierte a periodistas en reinas, como le pasó a Letizia de España. El mensaje que nos lanzan las historias de Blancanieves y Cenicienta es que el amor nos libera de las tareas domésticas, de los abusos de madrastras malvadas y enanitos tiranos, de la pobreza y la explotación del mercado laboral. Solo tenemos que saber esperar y tener fe, como cuando esperamos el regreso de Jesucristo a la Tierra en el siglo XX: nos piden que confiemos ciegamente en la llegada de ese día en el que el amor llamará a nuestra puerta y nos cambiará la vida. Es curioso cómo en los cuentos los cambios siempre son mágicos: nunca tienen que ver con el esfuerzo personal o colectivo. El amor convierte a los malos en buenos: la Bestia es un maltratador que se convierte en príncipe azul gracias a la ternura de su enamorada. Ella se libera del maltrato sin hacer nada, solo esperando a que la Bestia cambie algún día. El gran mito en el que se sustenta casi toda nuestra cultura amorosa es la idea de que el amor lo puede todo. Es el mejor argumento para que no nos sintamos responsables de nuestro bienestar y nuestra felicidad, y para que creamos que el responsable es un apuesto príncipe. Es la mejor arma para mantenernos esperando, pasivas, dependientes y necesitadas de amor. Es la mejor manera de

asegurarse de que las mujeres no vamos a alterar el orden patriarcal: solo vamos a confiar en que la magia del amor transforme nuestras vidas. El mito de la omnipotencia del amor nos hace mucho daño, porque nos hace creer que no importa que ese hombre no te trate bien o no te valore: si tú persistes en tu empeño, si eres paciente y bondadosa, si te muestras sumisa y desvalida, al final él se dará cuenta de lo mucho que vales, de lo especial que eres y de lo grandiosos y puros que son tus sentimientos. La recompensa por amar con tanta devoción es que seremos correspondidas en algún momento. Y así es como el amor nos atrapa, haciéndonos creer que el sacrificio merece la pena y que él no podrá resistirse a la idea de ser amado con tanta abnegación y entrega. Por eso el amor es una trampa: millones de mujeres se enamoran de donjuanes creyendo que el amor los transformará en hombres monógamos, fieles y honestos. Otras tantas creen a los hombres casados, aunque pasen años prometiendo que el próximo mes se divorciarán de sus esposas. También hay muchas que aguantan la violencia de su pareja creyendo que en algún momento algo ocurrirá y él cambiará. Así es como interiorizamos el patriarcado: nos autoengañamos para autoboicotearnos, y para hacernos daño a nosotras mismas. Además, buscamos la salvación adoptando el rol de salvadoras, de mujeres que te solucionan todos los problemas, de esposas-madres que lo dan todo por sus hijos. Por eso hay tantas mujeres que creen que podrán curar al alcohólico, al ludópata, al corrupto, al mentiroso, al problemático… Salvar a otra persona no es un acto puramente altruista: lo hacemos para obtener a cambio su agradecimiento infinito y eterno, su lealtad y su amor. A las mujeres nos resulta muy atractiva la idea de convertirnos en salvadoras, porque nos convierte en seres imprescindibles y porque nos da poder sobre la persona a la que salvamos la vida: estará siempre en deuda con nosotras, no tendrá más remedio que amarnos toda su existencia. El milagro del amor es un mito muy potente, parecido al milagro de la lotería, que te convierte en millonaria sin tener que trabajar, o al milagro de la dieta que