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C o l e c c i ó n A v e r r o e s C o n s e j e r í a d e E d u c a c i ó n y C i e n c i a
J u n t a d e A n d a l u c í a
Buen carnaval.
CIUTTI. (A BUTTARELLI.)
Buen agosto para rellenar la arquilla.
BUTTARELLI. ¡Quia! Corre ahora por Sevilla poco gusto y mucho mosto. Ni caen aquí buenos peces, que son cosas mal miradas por gentes acomodadas y atropelladas a veces.
CIUTTI. Pero hoy...
BUTTARELLI. Hoy no entra en la cuenta, Ciutti: se ha hecho buen trabajo.
CIUTTI. ¡Chist! Habla un poco más bajo, que mi señor se impacienta pronto.
BUTTARELLI. ¿A su servicio estás?
CIUTTI. Ya ha un año.
BUTTARELLI. ¿Y qué tal te sale?
CIUTTI. No hay prior que se me iguale; tengo cuanto quiero y más. Tiempo libre, bolsa llena, buenas mozas y buen vino.
BUTTARELLI. ¡Cuerpo de tal, qué destino!
CIUTTI. (Señalando a DON JUAN.) Y todo ello a costa ajena.
BUTTARELLI. ¿Rico, eh?
CIUTTI. Varea la plata.
BUTTARELLI. ¿Franco?
CIUTTI. Como un estudiante.
BUTTARELLI. ¿Y noble?
CIUTTI. Como un infante.
BUTTARELLI. ¿Y bravo?
CIUTTI. Como un pirata.
BUTTARELLI. ¿Español?
CIUTTI. Creo que sí.
BUTTARELLI. ¿Su nombre?
CIUTTI. Lo ignoro en suma.
BUTTARELLI. ¡Bribón! ¿Y dónde va?
CIUTTI. Aquí.
BUTTARELLI. Largo plumea.
CIUTTI. Es gran pluma.
BUTTARELLI. ¿Y a quién mil diablos escribe tan cuidadoso y prolijo?
CIUTTI. A su padre.
BUTTARELLI. ¡Vaya un hijo!
CIUTTI. Para el tiempo en que se vive, es un hombre extraordinario. Mas silencio.
D. JUAN. (Cerrando la carta.)
Firmo y plego. ¿Ciutti?
BUTTARELLI. Excelencia, no está en Sevilla.
D. JUAN. ¿Su ausencia dura en verdad todavía?
BUTTARELLI. Tal creo.
D. JUAN. ¿Y noticia alguna no tienes de él?
BUTTARELLI. ¡Ah! Una historia me viene ahora a la memoria que os podrá dar...
D. JUAN. ¿Oportuna luz sobre el caso?
BUTTARELLI. Tal vez.
D. JUAN. Habla, pues.
BUTTARELLI. (Hablando consigo mismo.)
No, no me engaño: esta noche cumple el año, lo había olvidado.
D. JUAN. ¡Pardiez! ¿Acabarás con tu cuento?
BUTTARELLI. Perdonad, señor: estaba recordando el hecho.
D. JUAN. ¡Acaba, vive Dios!, que me impaciento.
BUTTARELLI. Pues es el caso señor, que el caballero Mejía por quien preguntáis, dio un día en la ocurrencia peor que ocurrírsele podía.
D. JUAN. Suprime lo al hecho extraño; que apostaron me es notorio a quien haría en un año, con más fortuna, más daño, Luis Mejía y Juan Tenorio.
BUTTARELLI. ¿La historia sabéis?
D. JUAN. Entera; por eso te he preguntado por Mejía.
BUTTARELLI. ¡Oh! Me pluguiera que la apuesta se cumpliera, que pagan bien y al contado.
D. JUAN. ¿Y no tienes confianza en que don Luis a esta cita acuda?
BUTTARELLI. ¡Quia! Ni esperanza: el fin del plazo se avanza, y estoy cierto que maldita la memoria que ninguno guarda de ello.
D. JUAN. Basta ya. Toma.
BUTTARELLI. ¡Excelencia! (Saluda profundamente.)
¿Y de alguno de ellos sabéis vos?
D. JUAN. Quizá.
BUTTARELLI. ¿Vendrán, pues?
D. JUAN. Al menos uno; mas por si acaso los dos dirigen aquí sus huellas
MIGUEL. Che comanda?
BUTTARELLI. Presto, qui servi una tavola, amico: e del Lacryma più antico porta due bottiglie.
MIGUEL. Si, signor padron.
BUTTARELLI. Micheletto, apparecchia in carità lo più ricco che si fa: affrettati!
MIGUEL. Già mi affretto, signor padrone. (Vase.)
D. GONZALO. Aquí es. ¿Patrón?
BUTTARELLI. ¿Qué se ofrece?
D. GONZALO. Quiero hablar con el hostelero.
BUTTARELLI. Con él habláis; decid, pues.
D. GONZALO. ¿Sois vos?
BUTTARELLI. Sí; mas despachad, que estoy de priesa.
D. GONZALO. En tal caso, ved si es cabal y de paso esa dobla, y contestad.
BUTTARELLI. ¡Oh, excelencia!
D. GONZALO. ¿Conocéis a don Juan Tenorio?
BUTTARELLI. Sí.
D. GONZALO. ¿Y es cierto que tiene aquí hoy una cita?
BUTTARELLI. ¡Oh! ¿Seréis vos el otro?
D. GONZALO. ¿Quién?
BUTTARELLI. Don Luis.
D. GONZALO. No; pero estar me interesa en su entrevista.
BUTTARELLI. Esta mesa les preparo; si os servís en esotra colocaros, podréis presenciar la cena que les daré... ¡Oh! Será escena que espero que ha de admiraros.
D. GONZALO. Lo creo.
BUTTARELLI. Son, sin disputa, los dos mozos más gentiles de España.
D. GONZALO. Sí, y los más viles también.
BUTTARELLI. Al momento.
D. GONZALO. No cabe en mi corazón que tal hombre pueda haber, y no quiero cometer con él una sinrazón. Yo mismo indagar prefiero la verdad..., mas, a ser cierta la apuesta, primero muerta que esposa suya la quiero. No hay en la tierra interés que, si la daña, me cuadre; primero seré buen padre, buen caballero después. Enlace es de gran ventaja, mas no quiero que Tenorio del velo del desposorio la recorte una mortaja.
BUTTARELLI. Ya está aquí.
D. GONZALO. Gracias, patrón: ¿Tardarán mucho en llegar?
BUTTARELLI. Si vienen no han de tardar: cerca de las ocho son.
D. GONZALO. ¿Ésa es hora señalada?
BUTTARELLI. Cierra el plazo, y es asunto de perder, quien no esté a punto de la primer campanada.
D. GONZALO. Quiera Dios que sea una chanza, y no lo que se murmura.
BUTTARELLI. No tengo aún por muy segura de que cumplan, la esperanza; pero si tanto os importa lo que ello sea saber, pues la hora está al caer, la dilación es ya corta.
D. GONZALO. Cúbrome, pues, y me siento.
BUTTARELLI. (Curioso el viejo me tiene del misterio con que viene... Y no me quedo contento hasta saber quién es él.) (Limpia y trajina, mirándole de reojo.)
D. GONZALO. (¡Que un hombre como yo tenga que esperar aquí, y se avenga con semejante papel! En fin, me importa el sosiego de mi casa, y la ventura de una hija sencilla y pura, y no es para echarlo a juego.)