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Asignatura: Psicologia Basica II, Profesor: Mercè Gimeno, Carrera: Psicologia, Universidad: URL
Tipo: Apuntes
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REVISIÓN
El cerebro es, básicamente, una máquina predictiva encaminada a reducir la incertidumbre del entorno. Imagine el lector que, mientras se encuentra en su trabajo, yo me acerco hasta su casa y cambio el pomo de la puerta. Usted llega a casa de noche y la luz del portal no se enciende, agarra el pomo de su puerta con la mano y percibe que algo ‘no va bien’, es decir, su cerebro ha lle- vado a cabo una predicción de lo que se va encontrar cuando atrape el pomo entre sus manos. Cuando intentamos definir el concepto de ‘funciones ejecutivas’ nos referimos a la capacidad de establecer soluciones a un problema novedoso llevando a cabo predicciones de las consecuencias a las que nos puede lle- var cada una de las soluciones imaginadas. ¿Y qué ocurre cuan- do realizamos predicciones sobre las conductas, los pensamien- tos, las creencias o las intenciones de otros? El concepto de ‘teoría de la mente’ (ToM) se refiere a la ha- bilidad para comprender y predecir la conducta de otras perso- nas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias. Desde este punto de vista, este concepto se refiere a una habilidad ‘he- terometacognitiva’, ya que hacemos referencia a cómo un siste- ma cognitivo logra conocer los contenidos de otro sistema cog- nitivo diferente de aquel con el que se lleva a cabo dicho cono- cimiento. La terminología asociada a este concepto es variada: se han utilizado diversos conceptos, como ‘ToM’, ‘cognición social’, ‘mentalización’, ‘psicología popular’, ‘psicología intui- tiva’ o ‘conducta intencional’. El origen del concepto de ToM se encuentra en los trabajos pioneros de Premack y Woodruf [1] a finales de los años ochen-
ta, cuando intentaron demostrar que los chimpancés podían com- prender la mente humana. En el experimento de estos investiga- dores con un chimpancé de su laboratorio, o sea, en contacto habitual con humanos, le pasaron a éste un vídeo en el que se veía a alguno de sus cuidadores, encerrado en una jaula, inten- tando coger un plátano que, en un caso, estaba colgando por encima del techo de la jaula y, en otro, estaba en el suelo pero siempre fuera del alcance de la persona enjaulada. La persona disponía de instrumentos para conseguir su objetivo: una ban- queta para alzarse, un palo manipulable a través de los barrotes, etc. En el instante en que el humano iniciaba la acción instru- mental directa que podía llevarle a su objetivo, los experimenta- dores fijaban la imagen y mostraban al chimpancé dos fotogra- fías, una de ellas con la solución correcta (que, en el caso de los plátanos fuera de la jaula, mostraba la imagen del ser humano asiendo un palo largo y sacándolo entre las rejas para acceder a la fruta). La chimpancé Sarah acertó 21 veces sobre 24. Después de varias sesiones experimentales y contraexperi- mentales, Premack y Woodruf someten a discusión diversas interpretaciones de la conducta del chimpancé para finalmente aceptar que, de alguna manera, éste es capaz de atribuir al actor humano estados mentales como la intención y el conocimien- to. En concreto, argumentan que el chimpancé ‘supone’ que el actor humano ‘desea’ conseguir el plátano y ‘sabe’ cómo ha- cerlo. El chimpancé, concluyen, posee una ‘ToM’. Desde la etología se ha estudiado cómo los animales son capaces de concertar sus acciones en beneficio de la comunidad social o utilizar estrategias para engañar al enemigo. Cooperar y tam- bién competir con los congéneres requiere, en cierto modo, explorar, anticipar y manipular el comportamiento ajeno. Ello implica una habilidad cognitiva –rudimentaria en el caso de los antropoides– de acceso o reconocimiento del estado mental del otro [2]. De hecho, sólo los humanos y unas pocas especies de los grandes simios son capaces de llevar a cabo este tipo de meta- rrepresentaciones en las que parecen incluirse aspectos diferen-
¿QUÉ ES LA TEORÍA DE LA MENTE? Resumen. Introducción. El cerebro es, básicamente, una máquina predictiva encaminada a reducir la incertidumbre del en- torno. El origen del concepto de ‘teoría de la mente’ se encuentra en los trabajos pioneros de Premack y Woodruf y se refiere a la habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones, sus emociones y sus creencias. En un principio este término se hallaba confinado al estudio de la primatología y la etiología del autismo; se proponía que la causa de los trastornos generalizados del desarrollo era una ausencia de teoría de la mente. Desarrollo. Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a una gran proliferación de estudios sobre este complejo concepto y su afecta- ción en diversas patologías. En este trabajo se propone una división del concepto de teoría de la mente en distintos procesos y cómo evaluar cada uno de ellos. Se trata, a su vez, de establecer las estructuras cerebrales relacionadas con cada nivel de la teoría de la mente. Estos niveles de complejidad son: reconocimiento facial de emociones, creencias de primer y segundo orden, utilización social del lenguaje, comportamiento social y empatía. Conclusiones. Para finalizar, reflexionamos sobre algunos aspectos teóricos relevantes para el tema como el papel del córtex prefrontal en la teoría de la mente, lo categorial frente a lo dimensional cuando nos referimos a este tipo de conceptos, la modularidad o las redes neurales, la inteligencia emocional y social frente a la inteligencia cognitiva o el papel de la bidireccionalidad en estos procesos cognitivos complejos. [REV NEUROL 2007; 44: 479-89] Palabras clave. Cognición social. Córtex prefrontal. Creencias de primer y segundo orden. Empatía. Faux pas_. Historias de Happé. Inteligencia emocional. Teoría de la mente._
Aceptado tras revisión externa: 16.01.07. a (^) Servicio de Neuropsicología y Neuropsiquiatría. Clínica Ubarmin. Egüés, Navarra. b^ Psiquiatra, Salud Mental. Huesca, España. Correspondencia: Dr. Javier Tirapu Ustárroz. Servicio de Neuropsicología y Neuropsiquiatría. Clínica Ubarmin. Elcano, s/n. E-31486 Egüés (Nava- rra). E-mail: [email protected]
2007, REVISTA DE NEUROLOGÍA
J. TIRAPU-USTÁRROZ, ET AL
ciados como los estados emocionales o los procesos cognitivos. Como casi siempre que nos acercamos a una realidad compleja, deberíamos establecer diferentes aspectos de la ToM para poder definir adecuadamente el concepto y adecuar las medidas de evaluación a la complejidad de un término que engloba múlti- ples procesos. Baron-Cohen [3,4] y Leslie [5] han centrado sus investiga- ciones en el autismo, una grave enfermedad que afecta funda- mentalmente a niños varones. Según estos autores, estos niños tienen graves problemas para teorizar acerca de la mente de los demás. La forma más pura y menos grave del autismo se deno- mina ‘síndrome de Asperger’. Es frecuente que a estos niños se les dé mejor la física que a los niños normales; se muestran encantados con los interruptores de la luz o con cualquier máqui- na, como si fueran ingenieros escudriñando su funcionamiento. Para estudiar las mentes de estos niños, los psicólogos diseñaron dos pruebas denominadas ‘la de la falsa creencia’ y ‘la de la fal- sa fotografía’. En la primera, el niño ve al investigador pasar un objeto de un cajón a otro mientras otra tercera persona no está mirando. Cuando al niño se le pregunta dónde cree que la perso- na que no observaba buscará el objeto contesta que en el lugar donde nosotros la hemos colocado. En la prueba de la falsa foto- grafía el niño saca una foto a un conjunto de objetos; luego, mientras la foto se revela, el investigador mueve uno de los obje- tos de la escena fotografiada. Si le preguntan al niño con síndro- me de Asperger qué lugar ocupará el objeto en la fotografía, no muestra problemas para responder correctamente. En un principio, este término se hallaba confinado al estudio de la etiología del autismo y se proponía que la causa de los trastornos generalizados del desarrollo era una ausencia de ToM. La explicación del autismo más influyente desde la década de los ochenta es la del grupo de Baron-Cohen a partir de estudios realizados sobre el desarrollo de la comprensión social en los niños pequeños. Baron-Cohen et al [6] establecieron la hipóte- sis de que las personas con autismo no tienen una ToM, concep- to que trataba de expresar la incapacidad de los autistas para atribuir estados mentales independientes a uno mismo y a los demás con el fin de predecir y explicar los comportamientos. Esta hipótesis estaba parcialmente basada en el análisis de Les- lie de las habilidades cognitivas subyacentes en los niños nor- males de 2 años para comprender el juego de ficción [5,7] junto con la observación de que los niños con autismo muestran alte- raciones en la imaginación [8]. Estos datos condujeron a la hipótesis de que el autismo podría constituir una alteración específica del mecanismo cognitivo necesario para representar- se estados mentales o ‘mentalizar’. Leslie ha sugerido que este mecanismo puede ser innato y específico (el ‘módulo de la ToM’, ToMM o theory of mind module ) [5], lo que haría posible que esta función estuviera dañada en una persona con una inte- ligencia normal en otros aspectos. El primer test de esta teoría consistía en reconocer la creen- cia falsa de un personaje en la prueba de Sally y Ana (una va- riante de la tarea de Maxi de Wimmer et al [9] que posterior- mente veremos). Como se puede observar, los primeros acerca- mientos al estudio de la ToM se circunscribían a la primatología y a los trastornos generalizados del desarrollo; posteriormente, se extendían a otras alteraciones como el daño cerebral adquiri- do [10-12], la esquizofrenia [13] o las alteraciones cognitivas relacionadas con el envejecimiento [14]. Como bien se sabe, los lóbulos frontales se han considerado cruciales en cuanto a su función en las conductas más específi-
camente humanas como la autoconciencia, la personalidad, la inteligencia o el juicio ético [15-17]. En este sentido, diversas regiones cerebrales se han relacionado con la ToM y, cómo no, la corteza prefrontal y, particularmente, la corteza prefrontal del hemisferio derecho. La experiencia clínica y la bibliografía se- ñalan que las lesiones del hemisferio derecho producen altera- ciones del uso pragmático del discurso, afectación del lenguaje no verbal, incapacidad para comprender el sarcasmo o la ironía, incapacidad de empatizar y, en definitiva, todas aquellas capaci- dades que impliquen inferencias o atribuciones [18-22]. Sin em- bargo, otros modelos han incluido otras estructuras como la amígdala en los modelos explicativos de la ToM como parte de una red distribuida que incluye otras regiones del lóbulo tempo- ral, los lóbulos frontales y la corteza cingulada anterior [23-26]. Es propósito de este trabajo intentar profundizar en la compleji- dad del concepto de ToM, en su evaluación y en las estructuras cerebrales que la sustentan.
Como podemos observar en los aspectos introductorios sobre la ToM, este concepto hace alusión a un conjunto de habilidades metacognitivas complejas, por lo que se adivina que su evalua- ción también ha de resultar compleja y recoger diferentes com- ponentes. En aras de intentar ordenar la información sobre el tema, planteamos diferentes niveles de complejidad en la ToM y en las pruebas de evaluación de ésta.
Reconocimiento facial de emociones El reconocimiento facial de emociones parece guardar más rela- ción con estructuras como la amígdala, sobre todo cuando se refiere a expresiones de emociones básicas como el miedo o el asco. Para el reconocimiento de expresiones faciales de estas emociones básicas aconsejamos el test de las expresiones facia- les que puede descargarse de Internet [27]. La amígdala parece desempeñar una importante función en las emociones y la conducta social ya que su principal cometido es ‘convertir’ las representaciones perceptuales en cognición y conducta para dotar de valor emocional y social a dichos estí- mulos. Los estudios en humanos con lesión en la amígdala han demostrado la implicación de ésta en el reconocimiento de ex- presiones faciales de emociones, especialmente del miedo, por lo que podemos afirmar que la amígdala desempeña una fun- ción crucial en el reconocimiento y la identificación de las emo- ciones. Además, algunos trabajos han señalado la participación de la amígdala en el reconocimiento de la prosodia emocional, particularmente, de las expresiones de ira y miedo [28,29]. Sin embargo, otros estudios no han podido replicar estos hallazgos [30]. En términos generales podemos afirmar que los estudios lesionales han encontrado dificultades en el reconocimiento fa- cial de emociones como consecuencia del daño cerebral amig- dalino bilateral: algunos han hallado dificultades en reconocer la expresión del miedo [17], mientras que en otros esta dificul- tad se ha hecho extensiva a otras emociones negativas como el asco, la rabia o la tristeza. Aunque estos datos pueden generar cierto debate, parece plausible afirmar que la amígdala recono- ce el peligro y la amenaza con el fin de procesar los estímulos y ayudarnos a resolver la ambigüedad del ambiente para poner en marcha conductas de retirada.
J. TIRAPU-USTÁRROZ, ET AL
rias el personaje decía algo que no debía entenderse en sentido literal y se solicita al sujeto una explicación de por qué el perso- naje afirma eso. A continuación se exponen tres ejemplos de historias extra- ñas [51-56]:
Happé [51] plantea que este tipo de historias nos sitúa en un ter- cer nivel de complejidad en la ToM ya que éstas se centran en la capacidad para extraer un significado en función de un contexto social particular, lo que conllevaría la necesidad de una ‘cohe- rencia central o global’ que debe superar la literalidad para ge- nerar un significado determinado en un contexto concreto. Para esta autora, este déficit en la coherencia central sería más uni- versal y persistente que la inhabilidad para atribuir estados men- tales (falsas creencias). Estudios con tomografía por emisión de positrones han de- mostrado que este tipo de tareas produce un incremento del flu- jo cerebral en el giro frontal medial izquierdo (área 8 de Brod- mann) [57] y una activación significativa en la corteza cingula- da posterior. En una revisión más reciente llevada a cabo por Frith et al [58] se defiende que la corteza frontal medial sería la encargada de diferenciar las representaciones de estados menta- les de la representación de situaciones físicas, que la región temporal superior sería la responsable de la detección y la anti- cipación de la conducta del otro y que los polos temporales guardarían más relación con el acceso al conocimiento social del argumento de la historia.
Meteduras de pata ( faux pas )
En 1999, el grupo de Baron-Cohen propuso un nuevo test para la valoración de la ‘sensibilidad social’ y que permitía diferen- ciar la ejecución de niños normales de la ejecución de niños afectados por el síndrome de Asperger [59]. En esta prueba, los sujetos deben leer 10 historias en las que el protagonista ‘mete la pata’ en distintas situaciones sociales y 10 historias de control de tipo ‘aséptico’. Una de las historias de faux pas es la siguiente: Julia compró a su amiga Esther un jarrón de cristal como regalo de bodas. Esther hizo una gran bo- da y había tal cantidad de regalos que le fue imposible llevar la cuenta de qué le había regalado cada invitado. Un año después, Julia estaba cenando en casa de Esther. A Julia se le cayó una
botella de vino sin querer sobre el jarrón de cristal y éste se hizo añicos. ‘Lo siento mucho. He roto el jarrón’ dijo Julia. ‘No te preocupes –dijo Esther–, nunca me gustó; alguien me lo regaló por mi boda.’ ¿Ha dicho alguien algo que no debería haber di- cho o algo inoportuno? Si dice sí, preguntar: ¿quién ha dicho algo que no debería haber dicho o algo inoportuno? ¿Por qué no lo debería haber di- cho o por qué ha sido inoportuno? ¿Por qué crees que lo dijo? ¿Se acordaba Esther de que Julia le había regalado el jarrón? ¿Cómo crees que se sintió Julia? Preguntas control: en la historia, ¿qué le regaló Julia a Esther por su boda? ¿Cómo se rompió el jarrón? Como se puede observar, estas historias resultan algo más complejas y se insiste en la capacidad del sujeto para haber comprendido la situación y en su capacidad para ‘ponerse’ en el lugar de los diferentes protagonistas de la historia. Además, las preguntas control pretenden corregir los errores que podrían atribuirse a fallos en la memoria de trabajo. Otros trabajos han planteado la sensibilidad de esta prueba en pacientes con daño cerebral frontal adquirido [60], en pa- cientes con lesiones bilaterales de la amígdala [61], en la de- mencia frontotemporal [62], así como en sujetos afectados por epilepsia frontal [63]. Sin embargo, otros trabajos han plantea- do que las lesiones frontales mediales no afectan a la ejecución en este tipo de tareas aunque reconocen que las respuestas del paciente estudiado en este caso único demuestran ‘cierta falta de empatía con los personajes’ [64]. Como veremos posterior- mente, no es casual que este paciente presentara también una afectación en la región ventromedial de la corteza prefrontal. En esta misma línea, un interesante trabajo que pretende evaluar la ToM en sujetos con trastorno de la personalidad antisocial con y sin psicopatía concluye que los sujetos antisociales pueden cap- tar y comprender las historias de faux pas pero se observa que éstas no provocan ningún impacto emocional, es decir, los suje- tos pueden definir lo que siente el personaje pero no podrían sentir lo que siente dicho personaje (empatía) [65]. Milders et al estudian a 17 pacientes afectados por traumatismos craneoence- fálicos graves en los que hallan afectada su habilidad para detec- tar meteduras de pata y no encuentran relación entre este aspec- to y los problemas conductuales [66]. MacPherson establece la diferenciación entre las funciones ejecutivas y la memoria de tra- bajo por un lado (que relaciona con la corteza prefrontal dorsola- teral), y las tareas de toma de decisiones, las meteduras de pata y el reconocimiento emocional por otro (que relaciona con el cór- tex frontal ventromedial). Concluye que en el envejecimiento normal se produce una afectación de las primeras funciones y no así de estas últimas (aunque es discutible la localización que ha- ce de las funciones cerebrales) [67].
Expresión emocional a través de la mirada Otro ejercicio usado en las evaluaciones de la ToM es el test de los ojos de Baron-Cohen [68]. Esta prueba consta de 28 foto- grafías para niños y 38 para adultos en las que se observan las miradas de hombres y mujeres que expresan un sentimiento o pensamiento. Cada fotografía tiene cuatro respuestas posibles que aparecen en la pantalla y el sujeto debe elegir la más ade- cuada. Según el propio Baron-Cohen [68] existen pocas pruebas para valorar la cognición social en adultos con inteligencia nor- mal pero que pueden presentar dificultades en el dominio perso- nal y social. Se trataría de un test más complejo y ‘avanzado’ en la medida en que valora aspectos emocionales complejos y que
TEORÍA DE LA MENTE
surgen en la interacción social, además de que el sujeto debe ponerse en ‘el lugar de la otra persona’. En este sentido, el autor nos está proponiendo que esta prueba es compleja ya que:
Como señala el propio autor, una limitación del test es que se trata de fotografías con expresiones de los ojos estáticas, lo que resta ‘validez ecológica’ a la prueba. Otra limitación importante puede ser la calidad de los actores elegidos para fotografiar las expresiones emocionales ya que no sabemos si lo hacen ‘sintien- do la emoción o aparentando sentirla’ (no sería igual interpretar una emoción expresada por Sean Penn o por Sylvester Stallone). En cuanto a la relación existente entre la ejecución del test ‘la mente en los ojos’ y las estructuras cerebrales, Platek et al [69] aplicando imagen por resonancia magnética (RM) obser- van una activación de las regiones frontales bilaterales, sobre todo, en el giro frontal medial bilateral, en el giro temporal superior izquierdo, en el polo temporal y en el giro frontal supe- rior medial. Otros estudios han intentado demostrar la ejecución diferen- cial de ciertos perfiles en esta prueba. Así, un estudio [70] refie- re que la ejecución en esta prueba no diferencia a un grupo de psicópatas de la población normal y concluye que estos sujetos no tendrían problemas en aspectos relacionados con la ToM como función y en la amígdala como estructura con lo que se asume como cierto que esta prueba valora la activación de esta estructura cerebral y que es una buena prueba para valorar la ToM (ninguna de estas dos afirmaciones tiene por qué ser cier- ta). En otro interesante y reciente estudio del grupo de Baron- Cohen [71] se estudia a padres de niños diagnosticados de sín- drome de Asperger con el test de los ojos y se encuentra que los varones controles muestran una mayor activación en el giro frontal inferior izquierdo que las mujeres controles mientras que los padres y madres presentan una mayor activación en esta área. En el análisis posterior concluye que un patrón de activa- ción mujeres más que hombres y hombres más que madres y padres (éstos por igual) puede observarse en el giro temporal medial izquierdo y la corteza prefrontal dorsolateral izquierda. El resultado más importante de este estudio es que las diferencias que se observan entre hombres y mujeres controles no se obser- van entre padres y madres de niños con síndrome de Asperger.
Empatía y juicio moral
Un aspecto que ha suscitado un gran debate y polémica entre los estudiosos de la conducta humana, y que tiene relación con la ToM, son los juicios éticos o los denominados ‘dilemas morales’, como el conocido ‘dilema del prisionero’. En nuestro protocolo de evaluación de la ToM hemos optado por el ‘dilema del tren’: Un vagón de tren se dirige sin control hacia un grupo de cin- co operarios que realizan obras de mantenimiento en la vía. Todos ellos morirán aplastados por la máquina si no encontra- mos una solución. Usted tiene la posibilidad de apretar un botón que activará un cambio de agujas y desviará el tren hacia otra vía donde se encuentra un trabajador realizando obras de repa- ración. El vagón mataría a este hombre pero los otros cinco se salvarían. ¿Pulsaría el botón?
Ahora vamos a por otra versión del mismo dilema. Usted se halla sobre un paso elevado que cruza sobre la vía y situado en un punto vertical entre la vía y las cinco personas. Un señor con aspecto desaliñado y con pintas de estar bebido se encuentra a su lado. Una manera de frenar el ‘vagón asesino’ consiste en empujar al señor para que caiga sobre la vía y resulte atropella- do, lo que provocará que el maquinista reaccione, frene el tren y salve las cinco vidas. ¿Le daría un empujón? Lo más probable es que los sujetos contesten que ‘sí’ al pri- mer planteamiento y que ‘no’ al segundo, lo que pone en un primer plano el problema de la empatía ya que la clave parece ser la idea de aplicar nuestra acción sobre un ser inanimado co- mo un botón o sobre un ser animado como un ser humano. Ade- más, cuando los sujetos responden que ‘no empujarían al señor’ les planteamos qué harían si los cinco sujetos que se hallan en la vía son sus seres más queridos, lo que logra, en la mayoría de los casos, modificar la orientación de sus respuestas. Esta distinción entre juicios personales e impersonales es relevante en el estudio de la ToM dado su carácter evolutivo tan- to ontogénico como filogénico. Las observaciones en grandes simios sugieren que nuestros ancestros vivían las relaciones so- ciales guiados por emociones tales como la empatía, la ira, la gratitud o los celos [72]. Cuando nos referimos a este razona- miento moral estamos haciendo referencia a aspectos que impli- can abstracción e introspección. Aspectos como la empatía pue- den contener componentes en los que una situación determina- da activa un estado visceral de verme ‘yo en esa situación, como sujeto activo’ (por posible activación de memorias episódicas que guarden relación con la situación planteada) y ese cambio visceral produce una activación emocional. Recientes estudios han utilizado la neuroimagen funcional para el estudio de los juicios morales. En una prueba con RM, y basándose en este tipo de dilemas morales, se observó [73] que en la ‘condición moral personal’ se produce una mayor activa- ción en el giro frontal medial y en el giro angular bilateral. De hecho, algunos estudios han relacionado estas áreas cerebrales con la emoción. Sin embargo, las áreas relacionadas con la me- moria de trabajo se hallan menos activas en la condición moral personal (frontal derecho dorsolateral y parietal bilateral). En otro estudio [74] también con RM y en el que se presentaban al sujeto historias simples o con contenido neutro o contenido moral se destaca el incremento de la actividad en el polo frontal y temporal, en el giro frontal medial, en el cerebelo derecho, en el surco temporal superior, en el córtex orbitofrontal izquierdo y en el globo pálido. En otra variante de estos estudios, en los que se enfrenta a los sujetos con tareas que implican juicios morales o emociones básicas como el asco, se observó una gran activación en el córtex orbitofrontal medial para los juicios morales y una activación lateral orbital izquierda y de la amíg- dala izquierda para la condición ‘emocional básica’. Estos tra- bajos sugieren una activación del córtex orbitofrontal en el pro- cesamiento de información que implica juicios sociales y carga emocional. Un tercer estudio de este mismo grupo encontró un patrón similar de respuestas ante la visión de escenas con carga moral (abandono de niños o agresiones físicas). La corteza fron- tal medial y las regiones del cingulado posterior también se ac- tivaban en otro estudio con RM donde se valoraban la empatía y la compasión [75]. Otro reciente trabajo ha relacionado la corteza frontal (más la izquierda que la derecha) con el razona- miento social [76]. Völlm et al [77] establecen una diferencia- ción entre pruebas de la ToM y pruebas de empatía (Fig. 1) y
TEORÍA DE LA MENTE
ventanas de plasticidad más reducidos, desde un punto de vista filogenético, lo categorial cobra más sentido (Fig. 4). Sin em- bargo, observemos que los lóbulos frontales responden a lo di- mensional posiblemente porque sus períodos de plasticidad ce- rebral son más amplios y esto les hace ser más susceptibles a las experiencias y al ambiente. Si un sujeto tiene una lesión en la región occipital conocida como V4 dejará de percibir los colo- res (acromatopsia), pero no diremos que ve ‘un poco el verde o el azul’. Sin embargo, cuando se produce una afectación frontal no decimos que el sujeto ha perdido totalmente las funciones ejecutivas sino que nuestras referencias se tornan más matiza- bles, más parciales o más dimensionales. Estas habilidades me- tacognitivas más complejas emergen con la maduración cere- bral fruto del desarrollo individual (experiencial) a través del cual un sujeto logra una representación de sí mismo (autocon- ciencia) y de los demás (ToM) [80,81]. En este mismo sentido podríamos afirmar que los procesos cognitivos se tornan más complejos cuando las redes neurales implicadas abarcan un número más amplio de regiones y circuitos. Aunque poseemos distintos modelos y explicaciones sobre los contenidos de la ToM, no hemos sabido combinarlos; así, obtenemos soluciones imprecisas y parciales a un problema complejo. Es por esto que parece adecuado combinar los distintos modelos e hipótesis pa- ra obtener una aproximación optimizada a procesos cognitivos complejos como el que nos ocupa. Otros autores [82] han establecido la interesante diferencia- ción entre empatía cognitiva y empatía emocional. La primera focalizaría su atención en los procesos cognitivos relacionados
con la capacidad para adquirir el punto de vista del otro desde la perspectiva más clásica de la ToM, como las creencias de pri- mer y segundo orden [83]. La segunda haría referencia a la em- patía propiamente dicha ya que la definen como la capacidad para reaccionar emocionalmente ante las experiencias de los demás [84]. En el trabajo de estos autores [82] se comparan la ejecución en pruebas de funciones ejecutivas y los resultados en cuestionarios de empatía en pacientes afectados por daño cere- bral frontal, daño cerebral parietal y sujetos controles sanos. Cuando el daño cerebral es frontal, ya sea derecho o izquierdo, se observa una afectación de la empatía tanto cognitiva como emocional. Cuando la lesión afecta al lóbulo parietal derecho, la empatía también se ve afectada. Aunque este último dato no se ha comunicado en otros estudios, no olvidemos que el hemisfe- rio derecho se ha relacionado con la cognición social [85,86]. El estudio concluye que las respuestas empáticas requieren de la integración de procesos cognitivos y emocionales y que la re- gión medial del córtex prefrontal desempeña una función cru- cial en la red implicada en la empatía. En un trabajo previo, este mismo grupo estableció una interesante diferencia al observar que los pacientes con afectación dorsolateral exhibían una baja empatía relacionada con su inflexibilidad cognitiva mientras que los afectados por lesión ventromedial presentaban altera- ción en las tareas de la ToM relacionadas con el reconocimiento afectivo [87]. Posteriormente, y valorando la ToM con pruebas como las de faux pas y de ironía como las de Happé, además de creencias de segundo orden, observaron que los sujetos con le- sión ventromedial, pero no los dorsolaterales, ejecutaban co- rrectamente las creencias, pero de forma inadecuada las pruebas de ironía y faux pas. Este tipo de trabajos presenta varios problemas ‘prácticos’ que conviene señalar:
Cuando establecemos la diferenciación entre cognitivo y emo- cional es sólo una diferencia artificial. El primero se utiliza para hacer referencia al procesamiento de la información y el segun- do a los aspectos emocionales y afectivos. En este sentido, re- sulta muy difícil precisar si cada individuo realiza una tarea de las propuestas ‘tirando’ sólo de aspectos emocionales o sólo de aspectos cognitivos ya que esto dependerá de factores tales co- mo su historia personal, que, de alguna manera, ha modulado sus conexiones sinápticas. Otro aspecto relevante es que algunas prue- bas de ironía o mentira pueden responderse por similitud con situaciones que el sujeto recuerda y que son previas al daño cere- bral. Por ejemplo, un paciente nuestro afirma que le gusta la fo- tografía por deducción, ya que antes del accidente le gustaba, y de ello deduce que le debe de seguir gustando. Parece, pues, que es importante diferenciar la ejecución en estas pruebas entre in- dividuos con alteraciones del desarrollo como el autismo o el síndrome de Asperger y sujetos con daño cerebral adquirido. Evidentemente, existe un sistema neural complejo implica- do en la ToM. La amígdala parece cumplir un importante papel en el procesamiento emocional de los objetos y de los rostros; el lóbulo temporal izquierdo desempeña una relevante función en
Figura 2. Regiones asociadas al ‘cerebro moral’. 1. Giro frontal medial. 2. Cingulado posterior. 3. Surco temporal superior. 4. Córtex frontal orbito- frontal ventromedial. 5. Polo temporal. 6. Amígdala. 7. Córtex frontal dor- solateral. 8. Lóbulo parietal.
J. TIRAPU-USTÁRROZ, ET AL
el lenguaje, que, a su vez, parece soportar un importante rol en la sintaxis y en el sig- nificado de las falsas creencias; los lóbulos frontales se encargarían del funcionamien- to ejecutivo implicado en la resolución de las tareas y las áreas no frontales del he- misferio derecho se encargarían del proce- samiento de aspectos no sintácticos y de los aspectos visuoespaciales de la memoria de trabajo [88]. Otros autores [89] obser- van que la afectación en aspectos gramati- cales en pacientes con daño cerebral no in- fluye en la ToM. Para Frith et al [90], la mentalización revela un sistema con tres componentes con- sistentemente activados durante las tareas de la ToM. El córtex prefrontal medial se encargaría de diferenciar las representacio- nes de estados mentales de las representa- ciones físicas (inanimadas), el surco tem- poral superior (sobre todo, derecho) sería la base de la detección del movimiento o de la predicción de la conducta del otro, mientras que el polo temporal estaría implicado en el acceso al conocimiento social de tal ma- nera que se accede a las experiencia pasadas para dotar de signi- ficado semántico y emocional al material presentado. Sea como fuere, existe un gran consenso en señalar la re- gión frontal como crucial para la ToM. Algunos autores indican que el córtex frontal desempeña un papel crítico en las tareas de la ToM tales como el engaño y, sobre todo, el córtex frontal ven- tromedial, quizá porque sus conexiones con la amígdala y otras estructuras límbicas desempeñan una función esencial en las conductas mediadas por aspectos emocionales y motivacionales [91]. Sin embargo, el córtex frontal dorsolateral sólo se vería im- plicado en tareas que requieren una gran carga para la memoria operativa o de trabajo, como las creencias de segundo orden [92]. Otro aspecto de especial interés es el de las neuronas espejo estudiadas por el grupo de Rizzolatti [93]. Se ha localizado en la corteza cerebral un grupo de neuronas que tienen la facultad, desconocida hasta hace poco tiempo para una neurona, de des- cargar impulsos tanto cuando el sujeto observa a otro realizar un movimiento como cuando es el propio sujeto quien lo ejecuta. Estas neuronas, a las que se ha denominado ‘neuronas espejo’ (mirror neurons) , forman parte de un sistema percepción/ejecu- ción de modo que la simple observación de movimientos de la mano, de la boca o del pie activa las mismas regiones específi- cas de la corteza motora que si se estuvieran realizando esos movimientos [94], aun cuando esta activación motora no se transforme en movimiento actuado visible. Este descubrimiento es muy relevante para explicar algunos aspectos de la conducta humana como la interacción social, ya que podíamos hipoteti- zar que un mecanismo neural basado en neuronas espejo puede ser crucial para explicar la representación que nos hacemos de las conductas de otros y la empatía (cuando observamos a al- guien emocionarse puede ser que nuestras ‘neuronas espejo’ para la emoción se activen, lo que hace que sintamos empatía, que posiblemente se encuentre en la base de las conductas de cooperación entre miembros de un grupo). De forma resumida, podíamos establecer una ordenación de la complejidad de la ToM y de los contenidos y las estructuras cerebrales de ésta (Fig. 5 y tabla).
El estudio de la ToM nos sitúa, además, en el controvertido tema de la inteligencia emocional y social y la inteligencia cog- nitiva. El concepto de inteligencia emocional y social recoge, básicamente, los siguientes componentes [95]:
Como podemos ver, este concepto de inteligencia emocional va unido al de inteligencia social y la inteligencia social comparte algunos aspectos con la ToM (y otros aspectos con el concepto de funciones ejecutivas o con la hipótesis del marcador somáti- co). Ya en 1920 Thorndike [96] definió la inteligencia social como la capacidad de percibir los propios estados mentales y el
Figura 3. M odelo de cognición social de Adolphs.
Figura 4. Lo dimensional y lo categorial en el cerebro.
J. TIRAPU-USTÁRROZ, ET AL
and executive functions in a patient with early left amygdala damage. Brain 2001; 124 (Pt 2): 287-98.
TEORÍA DE LA MENTE
encoding/retrieval asymmetry in episodic memory: positron emission tomography findings. Proc Natl Acad Sci U S A 1994; 91: 2016-20.
WHAT IS THEORY OF MIND? Summary. Introduction. The brain is, basically speaking, a predictive machine, designed to reduce environmental incertitude. The theory of mind originated from a concept found in the pioneer works of Premack and Woodruf and refers to the ability to understand and predict the behaviour of other people, their knowledge, intentions, emotions and beliefs. This term was initially confined to the study of primatology and aetiology of autism, proposing that the cause of generalised disorders in development was an absence of theory of mind. In recent years however we have observed a great proliferation of studies on this complex concept and its affectation in various pathologies. Development. This work proposes dividing the concept of theory of mind into different processes and how to evaluate each one. It furthermore aims at establishing the brain structures related with each level of theory of mind. These levels of complexity are: facial recognition of emotions, first and second order beliefs, social usage of language, social behaviour and empathy. Conclusions. To conclude, we reflect on certain relevant theoretic concepts on the matter such as the role of prefrontal cortex in the theory of mind, the categorial versus dimensional when we refer to this type of concept; modularity or neural systems, emotional and social intelligence versus cognitive intelligence or the role of bidirectionality in these complex cognitive processes. [REV NEUROL 2007; 44: 479-89] Key words. Emotional intelligence. Empathy. Faux pas_. First and second line beliefs. Happé stories. Prefrontal cortex. Social cognition. Theory of mind._