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Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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El mundo moderno es ruidoso, veloz, caótico, frente al panorama de las apariencias, los defectos, la irracionalidad de las conductas y la desinformación de las conexiones. Sólo existe una herramienta humana que puede brindar tranquilidad en las conciencias: la virtud. En los últimos decenios surgió un renovado interés por la vida virtuosa. En primer lugar, es una reacción contra la ética kantiana de la modernidad que reducía la moral a la formulación de normas y reglas. Es evidente que en la vida no se trata solamente de respetar normas. André Comte Sponville, filósofo materialista, afirma que todos, ateos y creyentes, debemos asumir la ética de las virtudes. ¿Está de moda ser un hombre virtuoso?, ¿Puede el hombre moderno trabajar en pro de las cualidades? La respuesta es sí, el hombre de hoy tiene grandes recursos para ser un hombre de virtudes, pese a que los mensajes atacan la bondad, la paciencia, la comprensión por refrendar que el siglo XXI es de competencias, é xitos, economías.No existe nada más amplio que el panorama actual para las virtudes. La gran virtud que el mundo necesita es una mente positiva, de fuerza y valor para poder enfrentar todo aquello que obstaculiza a los seres humanos para obrar con integridad y ánimo. Las adversidades golpean a los seres humanos. La pobreza, el hambre, la desigualdad son embates que hacen creer que un hombre moderno no puede ser virtuoso; sin embargo, hoy presentamos tres formas de poder serlo: Virtudes para ser felices Nada preocupa más a los seres humanos que la búsqueda de la felicidad. Para ello, la principal receta es ser un hombre de virtudes intelectuales y morales, llenar nuestros actos con inteligencia y hacer el bien a los demás. ¿Cómo empezar? Integrando hábitos de ayuda a los demás, de amor hacia uno mismo, de fortaleza para resistir a las tentaciones. El mundo actual requiere de nuevas virtudes como la prudencia y la paciencia humana; con ellas el mundo se tornará más humano, menos violento y, por lo tanto, más feliz. Se busca la felicidad y no se encuentra porque no se ha alimentado el espíritu de la humanidad; para ello es necesario integrar virtudes como la fe, la esperanza y la caridad. El hombre actual, sobre todo a causa de la ira, la envidia y la pereza, no confía en las virtudes. El miedo al futuro y la incertidumbre del existir han robado la paz y la tranquilidad para ser felices. Cuando se integran las virtudes de la felicidad se deja a un lado la existencia de uno mismo para poner atención al prójimo, justo donde se encuentra el secreto para ser plenos. El encuentro con la plenitud Existen grandes vidas que inspiran y se pueden imitar. Es necesario voltear a verlas para ser personas llenas de plenitud. Las virtudes logran vincularnos con los actos de bondad, a fin de evitar las inquietudes y los desasosiegos. La gratitud es la capacidad de valorar lo que nos rodea como humanos. La amabilidad es quererse a uno mismo y a los demás. El esfuerzo implica la posibilidad de cambiar de vida. No podemos resignarnos a las épocas actuales cuando tenemos la capacidad de transformarlas. Es urgente la paz interior: el ruido comienza desde dentro; si lo dejamos iniciar quizás no lo podamos frenar. No obstante, una vida plena requiere de coraje y capacidad de recuperación. El hombre busca reinventarse de forma positiva y resolutiva, apagar los enojos y las decepciones, buscar su crecimiento espiritual y compartir su existencia con los demás.