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Los Millares, Apuntes de Arqueología

Asignatura: La Prospeccion Arqueologica, Profesor: Francisco Carrion Mendez, Carrera: Arqueología, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 26/08/2015

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La zona arqueológica de Los Millares se encuadra en una periodización que la ubica
en el III Milenio, entre lo que suele llamar Neolítico Tardío y Cobre Inicial. Se
encuentra cerca del municipio de Santa Fe de Mondújar, en la provincia de Almería. El
complejo de Millares responde a la clasificación de poblado fortificado, donde se
desarrollan estructuras de defensa como torres avanzadas, bastiones, barbacanas o fosos
perimetrales, además de tres líneas de muralla que rodean el asentamiento y una cuarta
independiente en la zona más interna y elevada del espolón, llamada “La Ciudadela”.
Por otra parte, 13 fortines así mismo fortificados se reparten a lo largo y a ambos lados
de la rambla de Huéchar. A las afueras del recinto se encuentra la necrópolis, en una
clara separación de espacios para la vida y para la muerte.
La zona más baja del poblado la componen dos líneas de muralla concéntricas que
delimitaban su extensión, además de una tercera línea levantada más tarde para ampliar
el espacio constructivo, llegando a incorporar la zona de necrópolis a la de hábitat. El
amurallamiento muestra una clara función defensiva, que se evidencia en el grosor y
altura de los muros, la presencia de torres y bastiones, una potente barbacana en la
puerta de entrada y saeteras estratégicamente colocadas a lo largo de su perímetro (las
cuales permitían un control visual completo del entorno). Ésta muestra refuerzos
continuos, probablemente ante un desgaste igualmente constante fruto de
inestabilidades sociales, como se puede inferir de la presencia de puntas de flecha
insertas en los muros por su parte exterior.
Las viviendas de Millares están construidas en adobe secado al sol con bases de
mampostería, presentan planta circular con una única habitación en su interior, sin
compartimentación. En su interior tenían lugar las distintas actividades necesarias para
el mantenimiento de la vida social. Las más grandes se sitúan en La Ciudadela, el
recinto más elevado, y presentan hasta 6 m de diámetro, por lo que corresponderían a
las élites. Es este recinto el que presenta el perfil estratigráfico más desarrollado, con
hasta 4 m de profundidad pero que no ha sido excavado. Este es el único espacio que
permanece constantemente activo durante toda la cronología del yacimiento. Este
recinto incluía unidades de tipo doméstico y una cisterna para el abastecimiento de agua
mediante la conducción de un acueducto. También apareció una estructura rectangular
cuyas funciones son desconocidas, aunque puede tratarse de un lugar de almacenaje o
de reunión de la población. Presenta una organización interna con tabiques separadores
y un patio. En el último periodo se documentan restos de cerámica campaniforme.
Hacia el año 2600 a. C. el patrón de asentamiento cambia y se documentan niveles
de incendio y abandono repentino del recinto fortificado. El yacimiento que más
información ha ofrecido a este respecto en su registro arqueológico ha sido el
denominado Fortín 1. Se encuentra a 1 km en línea recta de la muralla exterior,
dominando todo el territorio de forma panorámica (excepto por un pequeño punto
muerto, que se salva con la presencia de una torre exterior cercana). Presenta un recinto
acotado más una línea de muralla con bastiones, rodeada por dos fosos consecutivos.
Fue construido con rocas procedentes de canteras cercanas, las cuales fueron
sistemáticamente explotadas. Hacia el año 2150 a. C. se produjo un incendio que
provocó su abandono.
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La zona arqueológica de Los Millares se encuadra en una periodización que la ubica en el III Milenio, entre lo que suele llamar Neolítico Tardío y Cobre Inicial. Se encuentra cerca del municipio de Santa Fe de Mondújar, en la provincia de Almería. El complejo de Millares responde a la clasificación de poblado fortificado, donde se desarrollan estructuras de defensa como torres avanzadas, bastiones, barbacanas o fosos perimetrales, además de tres líneas de muralla que rodean el asentamiento y una cuarta independiente en la zona más interna y elevada del espolón, llamada “La Ciudadela”. Por otra parte, 13 fortines así mismo fortificados se reparten a lo largo y a ambos lados de la rambla de Huéchar. A las afueras del recinto se encuentra la necrópolis, en una clara separación de espacios para la vida y para la muerte.

La zona más baja del poblado la componen dos líneas de muralla concéntricas que delimitaban su extensión, además de una tercera línea levantada más tarde para ampliar el espacio constructivo, llegando a incorporar la zona de necrópolis a la de hábitat. El amurallamiento muestra una clara función defensiva, que se evidencia en el grosor y altura de los muros, la presencia de torres y bastiones, una potente barbacana en la puerta de entrada y saeteras estratégicamente colocadas a lo largo de su perímetro (las cuales permitían un control visual completo del entorno). Ésta muestra refuerzos continuos, probablemente ante un desgaste igualmente constante fruto de inestabilidades sociales, como se puede inferir de la presencia de puntas de flecha insertas en los muros por su parte exterior.

Las viviendas de Millares están construidas en adobe secado al sol con bases de mampostería, presentan planta circular con una única habitación en su interior, sin compartimentación. En su interior tenían lugar las distintas actividades necesarias para el mantenimiento de la vida social. Las más grandes se sitúan en La Ciudadela, el recinto más elevado, y presentan hasta 6 m de diámetro, por lo que corresponderían a las élites. Es este recinto el que presenta el perfil estratigráfico más desarrollado, con hasta 4 m de profundidad pero que no ha sido excavado. Este es el único espacio que permanece constantemente activo durante toda la cronología del yacimiento. Este recinto incluía unidades de tipo doméstico y una cisterna para el abastecimiento de agua mediante la conducción de un acueducto. También apareció una estructura rectangular cuyas funciones son desconocidas, aunque puede tratarse de un lugar de almacenaje o de reunión de la población. Presenta una organización interna con tabiques separadores y un patio. En el último periodo se documentan restos de cerámica campaniforme.

Hacia el año 2600 a. C. el patrón de asentamiento cambia y se documentan niveles de incendio y abandono repentino del recinto fortificado. El yacimiento que más información ha ofrecido a este respecto en su registro arqueológico ha sido el denominado Fortín 1. Se encuentra a 1 km en línea recta de la muralla exterior, dominando todo el territorio de forma panorámica (excepto por un pequeño punto muerto, que se salva con la presencia de una torre exterior cercana). Presenta un recinto acotado más una línea de muralla con bastiones, rodeada por dos fosos consecutivos. Fue construido con rocas procedentes de canteras cercanas, las cuales fueron sistemáticamente explotadas. Hacia el año 2150 a. C. se produjo un incendio que provocó su abandono.

Este asentamiento fortificado constituye un poblado en sí mismo, habiendo contenido zonas diversas con actividades económicas de procesado de alimentos como la molienda de cereales y sal (con especialización de los materiales elegidos en función de su futuro uso) y descuartizamiento de animales procedentes de aldeas cercanas. El consumo de carne es diferencial en función al estatus social de la población. Las clases más bajas se alimentarían de los animales más viejos y desgastados mientras las clases más altas consumirían los animales más jóvenes. Se encuentra un espacio de producción metalúrgica de cobre, con un hogar central y plataformas con diversos focos de combustión, integrado o cercano a unidades domésticas. Por otra parte, los productos agrícolas eran obtenidos también de las aldeas agrícolas cercanas y procesados en el fortín. Este asentamiento produce en su interior más productos de los necesarios para la población que podían contener, por lo que podría tratarse de un lugar de redistribución.

En Millares se producen principalmente objetos, desde herramientas de cultivo, útiles de procesado de alimentos hasta la cerámica. Sin embargo, este entorno geográfico no disponía de recursos adecuados para la elaboración de artefactos líticos. Por ello, existía un flujo de materiales hacia Millares procedente de la zona del Cabo de Gata (jaspes) y un flujo regional de las zonas cercanas y del valle del Guadalquivir (ópalos y sílex), además de una importante importación de marfil y huevos de avestruz del norte del continente africano.

Uno de los problemas a la hora de estudiar el horizonte de Millares es la escasez de registro óseo que permita conocer en detalle las condiciones materiales de los individuos. Esta falta de información la debemos no sólo a los posibles expolios, sino también a la poca eficacia de las primeras excavaciones realizadas a manos de Siret. La necrópolis de Millares se sitúa en el llano bajo la zona de poblado y cuenta con unas cien sepulturas tipo “tholoi” con una morfología común. Se trata de cámaras construidas con una base de mampostería reforzada mediante ortostatos y cubiertas con falsas cúpulas realizadas mediante aproximación de hiladas, con la parte superior cerrada con una laja de pizarra. Posteriormente fueron cubiertas de tierra para impedir su derrumbe y posiblemente mimetizarlas con el paisaje. Estas cámaras contienen enterramientos múltiples, algunas pudieron contener hasta cien individuos con sus respectivos ajuares. Los útiles que se amortizan están en proporción con el número de individuos. Los individuos infantiles no se incluyen en el recinto de inhumación, sino que aparecen en cámaras especiales a los lados del pasillo de entrada, el cual se transita a través de hasta cuatro puertas de pizarra perforada. También aparecen unos cilindros de piedra llamados betilos que supuestamente representan a las personas inhumadas en cada túmulo.

Cuando se habla del grupo arqueológico de los Millares, no se incluye solo a los habitantes de los asentamientos fortificados y a su necrópolis, sino a todos los grupos sociales que convivieron durante este periodo en el mismo marco territorial. Junto a las comunidades agrícolas asentadas en la ciudad y que se entierran en tumbas circulares, se encuentran restos de otros grupos cuyos enterramientos son de tipo megalítico y se integran en el mismo paisaje que la necrópolis de Millares. Dividir ambos grupos en culturas diferentes sería erróneo y estaría produciendo una exclusión que probablemente no sea real. Esto se evidencia en el hecho de que en las tumbas megalíticas se