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Asignatura: Principios de Economia, Profesor: pepa gallego, Carrera: Derecho, Universidad: UC3M
Tipo: Apuntes
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6.4. LA INFLACI ON Y LOS SALARIOS................... 165´
4 Macroeconom´ıa Para Casi Todos
El objetivo de los cap´ıtulos que siguen es ayudarnos a entender c´omo fun- cionan y c´omo se gestionan las econom´ıas individuales y la econom´ıa global en su conjunto. Una forma de empezar a pensar en una econom´ıa es tratarla como si fuera una gran empresa o, mejor todav´ıa, como si fuera un conjunto formado por innumerables empresas. Entendiendo la palabra “empresa” en su sentido m´as amplio y abstracto de “proyecto”, ya sea individual o colectivo. Todos estos proyectos se realizan en un entorno econ´omico y est´an sujetos a unas normas concretas, las cuales determinan los derechos de propiedad, establecen los incentivos, y en general, configuran las reglas del juego. La macroeconom´ıa es el estudio sistem´atico de ese entorno econ´omico. Los macroeconomistas es- tudiamos las consecuencias agregadas de todas las decisiones econ´omicas que toman las empresas individuales, y tambi´en estudiamos c´omo las normas y las pol´ıticas econ´omicas condicionan esas decisiones. Dicho de otra forma, en las p´aginas que siguen vamos a estudiar c´omo funciona y c´omo se gestiona Espa˜na Sociedad An´onima —o, si se prefiere, La Econom´ıa Global Sociedad An´onima— y c´omo las normas y las pol´ıti- cas econ´omicas que dimanan de esa gesti´on condicionan las posibilidades de actuaci´on de las personas y las organizaciones establecidas en su territorio. Aunque como muy bien dijo Krugman (1996) “un pa´ıs no es una empresa” — por su complejidad incomparablemente mayor y porque los pa´ıses son sistemas cerrados— y sea peligroso confundirlos. Tambi´en vamos a aprender c´omo funcionan los sistemas cerrados. La eco- nom´ıa global es un sistema cerrado porque en ella todo se determina end´oge- namente. En los sistemas cerrados las intervenciones pueden tener consecuen- cias insospechadas. Un ejemplo un poco manido de esas consecuencias es el de la mariposa que bate sus alas en Islandia y que inadvertidamente provoca un tif´on en los Mares del Sur. Familiarizarnos con los sistemas cerrados es importante porque tienen una l´ogica especial, distinta a la que usamos para entender o tomar decisiones en sistemas abiertos —como son las empresas, tanto las individuales como las colectivas, por grandes y complejas que sean. Para decidir mis actividades de esta tarde, o la estrategia a medio plazo de una empresa, s´olo tengo que considerar las consecuencias de esas decisiones para mi proyecto, y no me hace falta preocuparme por nada m´as. En cambio, si el gobierno decide negociar con los transportistas que solicitan un trato de favor ante la subida de los precios de los carburantes, debe plantearse muchas otras cosas adem´as de estudiar las consecuencias de sus decisiones para los transportistas. Por ejemplo, deber´a plantearse c´omo se va a modificar el comportamiento de los dem´as colectivos afectados por la subida, c´omo va a cambiar el grado de dependencia energ´etica del pa´ıs, o incluso cu´anto va a variar la cantidad de emisiones de gases contaminantes incluidos en el Tratado de Kyoto.^1 (^1) Para una discusi´on sobre los sistemas abiertos y cerrados, v´ease Krugman (1996).
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0.2 El COSTE DE OPORTUNIDAD
La caracter´ıstica esencial de las decisiones econ´omicas es que pretenden re- solver los problemas derivados de la escasez. En realidad, la relaci´on entre la econom´ıa y la escasez no puede ser m´as sencilla: sin escasez, la econom´ıa no tiene sentido. Los inmortales que se imagin´o Borges en la cita que abre este tema no estudian econom´ıa porque no tienen nada que economizar. Pueden pasarse meses sin ni siquiera moverse, porque saben que les sobra el tiempo para hacer todas las cosas, y para vivir todas las vidas una y otra vez y para siempre. En el mundo real las cosas no son as´ı. Es cierto que algunos recursos no son escasos y, en consecuencia, no son objeto de decisiones econ´omicas. Algunos de esos recursos son tan abundantes en relaci´on con sus usos que ni siquiera se han definido derechos de propiedad sobre ellos. El aire atmosf´erico y la arena de las playas son ejemplos de recursos muy abundantes. Que los motores de un avi´on en un viaje transatl´antico utilicen la misma cantidad de ox´ıgeno que una persona en toda su vida no nos importa demasiado, porque el aire atmosf´erico todav´ıa contiene ox´ıgeno de sobra para todas las personas, para todos los aviones y para todos los dem´as usos que queramos hacer de ´el. Pero si exceptuamos dos o tres ejemplos m´as o menos rebuscados, nuestro tiempo, nuestros ingresos y la mayor´ıa de las cosas que nos interesan son escasas y, por lo tanto, son objeto de decisiones econ´omicas. Por esta raz´on, aunque sea inconscientemente, el an´alisis econ´omico ocupa un lugar central en nuestras vidas, y aprender econom´ıa nos ense˜na a decidir mejor.
Ejercicio 0.1: Conteste a las siguientes preguntas relacionadas con la escasez: (a) proponga otros dos ejemplos de recursos que no sean escasos; (b) imagine dos o tres circunstancias en las que el aire sea un bien escaso; (c) utilice la idea de la escasez para justificar la prohibici´on de fumar en determinados lugares; (d) proponga una explicaci´on que relacione la escasez y los derechos de propiedad; (f) relacione la extensi´on de las aguas jurisdiccionales con la idea de la escasez, ¿por qu´e cree que a principios de siglo la extensi´on de estas aguas era de doce millas, y ahora en muchos casos ha aumentado hasta doscientas millas?; y (e) suponga que el universo es finito y relacione esta idea con la existencia de recursos que no sean escasos.
La escasez de los recursos a la que nos hemos referido en el p´arrafo anterior no se debe entender en sentido absoluto, sino en relaci´on con los distintos usos que se pueden dar a esos recursos. Por ejemplo, aunque el tiempo de Lucas sea limitado, le cuesta mucho m´as ponerse a estudiar un mi´ercoles por la tarde si retransmiten un partido de f´utbol que le interesa, o si Irene le propone que le acompa˜ne a una fiesta, que si no tiene plan. Del mismo modo, las discusiones sobre la asignaci´on de los presupuestos del sector p´ublico no ser´ıan tan encarnizadas si no hubiera tantos usos que compiten por esos fondos, y si aumentar las prestaciones sociales no nos obligara a reducir el gasto en carreteras, por ejemplo. Por lo tanto, desde el punto de vista econ´omico, un recurso es escaso cuan- do tiene m´as de un uso excluyente o, dicho con otras palabras, cuando dedicar
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tiene previsto dedicar el tiempo que antes dedicaba a trabajar a completar su colecci´on de mariposas, y valora en w euros mensuales la satisfacci´on que le proporciona esta actividad. ¿Cu´al es el coste de oportunidad en el que incurre Mat´ıas por trabajar? Si Mat´ıas tuviera que elegir entre trabajar o no hacerlo, ¿qu´e cree que elegir´ıa?
Ejercicio 0.3: Un club de f´utbol est´a dispuesto a pagar 1 mill´on de euros al a˜no por contar con los servicios de un futbolista. Suponga que antes de dedicarse al f´utbol, el jugador trabajaba como dependiente en la mercer´ıa de su familia y cobraba 5.000 euros anuales, y calcule el coste de oportunidad en el que incurre el futbolista si se decide a fichar por ese club. ¿Por qu´e cree que el club est´a dispuesto a pagarle al jugador esa cantidad?
Una forma relativamente sencilla de contestar las preguntas relacionadas con el coste de oportunidad como las que plantean los Ejercicios 0.2 y 0. es la siguiente: En primer lugar identificamos el recurso escaso —la tarde de un mi´ercoles en el ejemplo de Lucas—. A continuaci´on identificamos los usos alternativos de ese recurso —ver el partido de f´utbol, salir con Irene o ponerse a estudiar—. Despu´es adjudicamos un indicador de valor a cada alternativa teniendo en cuenta todos los aspectos que contribuyen a hacerlas agradables o desagradables. Una vez que sabemos cu´anto vale cada alternativa, la m´as valorada ser´a la elegida y, seg´un la Definici´on 0.1, el coste de oportunidad de esa elecci´on es el valor de la mejor de las alternativas rechazadas. El Gr´afico 0. ilustra este m´etodo. Seg´un ese gr´afico, Lucas decide ver el partido de f´utbol y renuncia a salir con Irene y a estudiar. El coste de oportunidad de la decisi´on de Lucas son las 120 unidades de valor que adjudica a salir con Irene, que es la mejor alternativa rechazada.
Tarde de miércoles
V(F) = 150
Salir con Irene
Estudiar
V(I) = 120
V(E) = 35
Ver el partido de fútbol
Gr´afico 0.1: El coste de oportunidad de una tarde de mi´ercoles.
Si usamos este mismo procedimiento para contestar a las preguntas que plantean los Ejercicios 0.2 y 0.3, descubriremos que el coste de oportunidad de un recurso s´olo es cero si es tan abundante que nunca hay que renunciar a ninguno de sus usos posibles, o si es tan in´util que todos esos usos carecen de valor; que las decisiones m´as dif´ıciles de tomar son aquellas en las que valoramos las distintas alternativas por igual; que el coste de oportunidad en
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el que incurre Mat´ıas por trabajar es 2w, y que los dos usos alternativos de su tiempo le resultan indiferentes porque los valora por igual; y que el caso del jugador de f´utbol es un poco m´as complicado. Si aplicamos directamente la Definici´on 0.1 al enunciado del problema, tendr´ıamos que contestar que el coste de oportunidad en el que incurre el futbolista si ficha por el club son los 5.000 euros que hubiera ganado trabajando en la mercer´ıa. Sin embargo, esta respuesta deber´ıa dejarnos un poco intranquilos porque resulta dif´ıcil de entender que el valor de un recurso —en este caso el mill´on de euros de la ficha del jugador— y su coste de oportunidad —los 5.000 euros que hubiera ganado trabajado en la mercer´ıa— est´en tan alejados. Si pensamos un poco m´as all´a del enunciado, nos daremos cuenta de que el mejor uso alternativo del tiempo del futbolista no es trabajar en la mercer´ıa familiar. Si el equipo en cuesti´on est´a dispuesto a ficharle por un mill´on de euros, seguramente ser´a porque otro equipo estar´ıa dispuesto a pagarle una cantidad similar. Por lo tanto, aunque el enunciado del Ejercicio 0.3 no mencione esa alternativa, el coste de oportunidad en el que incurre un futbolista si se decide a fichar por un equipo determinado es el valor que le supondr´ıa fichar por otro equipo, y no el de realizar cualquier otro trabajo para el que no tiene ning´un talento especial.
Una de las misiones de los economistas es contestar acertadamente a las preguntas muchas veces complejas y urgentes que nos hacen los pol´ıticos y los empresarios. Antes de empezar a describir c´omo cumplimos con esa misi´on, muchas veces poco menos que imposible, conviene hacer una precisi´on impor- tante: los economistas somos expertos en econom´ıa, pero no somos adivinos. Para que nadie se d´e por aludido, perm´ıtasenos que lo repitamos en primera persona y con otras palabras: los autores de estas p´aginas no tenemos ni idea de lo que va a ocurrir ma˜nana. O m´as precisamente, sabemos lo mismo sobre el futuro que cualquiera, que un taxista, que un ciclista, que una abogada laboralista, que el portero de mi finca, o que Madonna. En los m´as de sesenta a˜nos que colectivamente los autores de este libro hemos dedicado a estudiar econom´ıa hemos aprendido algunas cosas, pero nadie, nunca, nos ha ense˜nado a utilizar una bola de cristal, a echar las cartas, a descifrar las profec´ıas de la esfinge, o a encontrar en las entra˜nas de las ocas los presagios del futuro. Puede que parezca lamentable pero es as´ı: hemos estudiado el crecimiento y los ciclos econ´omicos, el desempleo, la inflaci´on, la pol´ıtica fiscal, la pol´ıtica monetaria y un mont´on de matem´aticas. Pero a estudiar futurolog´ıa no hemos dedicado ni un minuto. Claro que el hecho de que seamos economistas nos da una ventaja quiz´as algo injusta sobre las dem´as profesiones: estamos completamente convencidos de que no hay ni un solo adivino fiable ah´ı afuera. Y para demostrarlo, vamos a ayudarnos con una pregunta.
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Ejercicio 0.5: Supongamos que queremos estimar la altura media de los hu- manos y que vamos a hacerlo con la ayuda de una muestra de mil personas. Seleccionamos a esas personas al azar entre todas las poblaciones humanas, las medimos cuidadosamente y calculamos su altura media: un metro y sesen- ta y ocho cent´ımetros. Ahora busquemos al humano m´as alto y a˜nad´amosle a la muestra. Supongamos que despu´es de mucho buscar damos con un gigante de tres metros. ¿Cu´anto cambia la altura media de la muestra?
La respuesta al ejercicio anterior es que la media aumentar´ıa aproximada- mente 13 mil´ımetros. O sea, pr´acticamente nada. El aumento es tan peque˜no porque la altura de los humanos tiene una distribuci´on gaussiana. En las dis- tribuciones gaussianas la probabilidad de las realizaciones extremas disminuye muy deprisa a medida que nos alejamos de la media. Esta propiedad nos per- mite estimar con mucha precisi´on las caracter´ısticas de la poblaci´on utilizando muestras peque˜nas. Ahora usemos la misma muestra aleatoria para estimar la riqueza media de los humanos. Exageremos mucho y atribuy´amosle a la muestra la riqueza media de los hogares estadounidenses en 1998: 288.000 d´olares seg´un el Survey of Consumer Finances. Busquemos al humano m´as rico y a˜nad´amosle a la muestra. Pongamos que es Bill Gates. Seg´un la revista Fortune el valor de su patrimonio ronda los 60.000 millones de d´olares.^4 Si calculamos la riqueza media de la muestra ampliada, pasamos de 288.000 d´olares a nada menos que 60.227.772 d´olares, o sea a˜nadimos a una persona a la muestra y la media se hace aproximadamente 209 veces mayor. Esto ocurre porque la distribuci´on de la riqueza no es gaussiana. Al no serlo, la probabilidad de que se produzcan realizaciones todo lo alejadas que queramos de la media es razonablemente grande. Y las estimaciones de las caracter´ısticas de las poblaciones basadas en muestras se vuelven muy imprecisas. Este argumento estad´ıstico est´a basado en datos de secci´on cruzada o, dicho de otra forma, en datos de una poblaci´on numerosa en un momento del tiempo. Si lo traslad´aramos a una serie temporal de observaciones de una va- riable no gaussiana, el resultado que obtendr´ıamos es que el comportamiento de la variable en el pasado es poco ´util para predecir su comportamiento en el futuro. Dicho de otra forma, obtendr´ıamos que en los mundos no gaussia- nos las sorpresas son frecuentes, y las t´ecnicas de predicci´on se vuelven muy imprecisas porque los errores de predicci´on pueden llegar a ser muy grandes. As´ı es que predecir el futuro de la econom´ıa es un negocio muy complicado. Entonces si los economistas no somos capaces de predecir el futuro, ¿qu´e es lo podemos hacer y c´omo podemos ayudar a los empresarios a decidir? Los ex- pertos en econom´ıa nos parecemos mucho m´as a los expertos en medicina que a los adivinos. Los m´edicos y los economistas estudiamos el comportamiento de sistemas muy complejos —la fisiolog´ıa humana y la econom´ıa global. Por eso a los m´edicos no les pedimos que adivinen cu´ando nos vamos a enfermar de gripe, ni que predigan la duraci´on exacta de una enfermedad terminal o de un resfriado. Las mismas razones —la complejidad de las econom´ıas— hacen (^4) Si la persona m´as rica de la tierra es Mukesh Ambani o Carlos Slim, tanto da, porque los valores de sus patrimonios no se alejan mucho de esa cifra.
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que tampoco tenga mucho sentido pretender que los economistas adivinemos cu´ando se va a reducir la tasa de crecimiento de la econom´ıa china, o cu´ando va a volver a crecer por encima del cuatro por ciento anual la econom´ıa es- pa˜nola. Ni los m´edicos ni los economistas podemos contestar a ese tipo de preguntas sencillamente porque no somos adivinos. En cambio, igual que a los m´edicos les pedimos que diagnostiquen correctamente las enfermedades y que propongan remedios eficaces para su curaci´on, a los macroeconomistas podemos pedirles que diagnostiquen con rapidez los problemas que afectan a una econom´ıa determinada, o a la econom´ıa global en su conjunto, y que propongan medidas eficaces para corregir esos problemas.
Como iremos descubriendo en estas p´aginas, ser economista tiene sus ventajas, pero no siempre es f´acil. Por ejemplo, cuando en una fiesta tu inter- locutora descubre a qu´e te dedicas, o cuando te encuentras con la vecina del quinto en el ascensor, es casi inevitable que te pregunten “y t´u, ¿c´omo ves las cosas?” o algo parecido. Invariablemente, cuando eso pasa, uno tiende a enco- gerse de hombros y a decir “pues, yo, la verdad es que las veo... pchee”. Uno contesta as´ı porque describir en unas pocas frases la coyuntura econ´omica ha- ciendo justicia a sus muchos matices suele ser complicado. Adem´as, uno hab´ıa ido a la fiesta para relajarse y hablar de cualquier cosa menos de econom´ıa. O se hab´ıa subido al ascensor con prisa para llegar a tiempo a una cita, y a esas horas de la ma˜nana uno est´a para un “buenos d´ıas” dicho sin demasiado entusiasmo y poco m´as.^5 Pero la frecuencia con la que se repite esa pregunta, y la cara de inter´es, a veces mezclada con angustia, con la que se espera la respuesta nos hacen pensar que merece la pena intentar contestarla. Y qu´e mejor sitio para hacerlo que el primer cap´ıtulo de un texto sobre macroeconom´ıa. Es cierto que a principios de agosto de 2012, la coyuntura econ´omica espa˜nola y europea en general se ve´ıa mal —o sea, peor que “pchee”—. Pero antes de comentar los detalles de la coyuntura, vamos a describir c´omo ser´ıa la coyuntura econ´omica perfecta. Esa que nos permitir´ıa contestar a nuestros interlocutores con una gran sonrisa, “pues yo las cosas las veo simplemente perfectas. Imposibles de mejorar”. Para un economista, la caracter´ıstica que mejor resume y describe la co- yuntura es el crecimiento econ´omico. Lo que tiene que crecer es la actividad econ´omica, o concretando un poco m´as, la producci´on de bienes y servicios o, si nos ponemos t´ecnicos del todo, el Producto Interior Bruto. El Producto Interior Bruto es la forma m´as frecuente de estimar la actividad econ´omica. Todos los pa´ıses lo calculan. Su objetivo es estimar el valor de los bienes y servicios que se producen en un territorio durante un periodo de tiempo de- terminado. El Producto Interior Bruto es uno de los conceptos fundamentales en macroeconom´ıa y el Tema 2 de este libro se dedica a estudiarlo en detalle.
(^5) Nuestros amigos m´edicos nos cuentan que a ellos les ocurre algo parecido y que conocidos
casuales aprovechan cualquier ocasi´on para solicitar sus opiniones profesionales.
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de propiedad y dejar funcionar a los mercados. Frente a esta visi´on, los eco- nomistas que defienden la visi´on activista proponen que los poderes p´ublicos deben intervenir en la econom´ıa con un amplio y variado abanico de pol´ıticas y regulaciones econ´omicas. A los economistas nos gusta defender nuestros argumentos utilizando analog´ıas o par´abolas. Y una de las analog´ıas favoritas de los economistas liberales es comparar el funcionamiento del mercado con la vida de la na- turaleza. En la selva las especies compiten por unos recursos limitados. Los organismos que son capaces de aprovechar mejor esos recursos prosperan y se multiplican. Y los que no lo consiguen desaparecen. La competencia genera una gran biodiversidad que ocupa todos los nichos del ecosistema. La vida en la selva no es f´acil ni relajada. Para sobrevivir tienes que comer y tienes que evitar que te coman. Pero aunque la vida en la selva sea inc´omoda, al decir de los economistas liberales, la vida en la selva es justa. Las reglas del juego est´an bien definidas. Llorar no sirve para nada. Y sobreviven las especies m´as competitivas que son las m´as eficientes. Si sustituimos organismo por empresa y ecosistema por mercado, est´a he- cha analog´ıa. Aceptemos provisionalmente que el mercado libre es duro pero justo. Y a continuaci´on pregunt´emosle a un economista liberal por los m´as de cinco millones y medio de parados en Espa˜na en marzo de 2012, o por los mil doscientos millones de personas que viven con menos de un d´olar al d´ıa en el planeta por esas mismas fechas. Casi seguro que el economista liberal admi- tir´a que los parados de una pa´ıs rico como Espa˜na son un problema serio, y que la pobreza extrema es una tragedia y una verg¨uenza. Si le presionamos un poco para que proponga una soluci´on distinta a la de definir y defender mejor los derechos de propiedad y dejar funcionar a los mercados, quiz´as apriete los dientes, carraspee un poco y, antes de criticar las propuestas de los activistas, quiz´as nos cuente el cuento de las cebras y las leonas que hemos reproducido en el Recuadro 0.1.
Recuadro 0.1: El Cuento de las Cebras y las Leonas Amanece en la sabana. La ma- nada de cebras empieza a desper- tarse. Para las cebras comer no requiere mucho esfuerzo. S´olo tie- nen que agacharse y masticar. Pero las cebras saben que las herb´aceas pueden esconder un peligro mor- tal. Leonas al acecho. En alg´un mo- mento de ese d´ıa va a tener que co- rrer. Y que si quiere llegar al d´ıa siguiente tendr´a que correr m´as de- prisa que la leona m´as r´apida. No muy lejos de donde pastan las cebras, se despierta un grupo de leones. Una leona de poco m´as de un a˜no abre los ojos y lo primero
que ve es la pradera que se extiende hasta donde alcanza el horizonte. A las leonas las gram´ıneas s´olo le sirven de escondite. Les reconforta saber que ese a˜no han crecido m´as altas que otras veces y que acercar- se a las cebras sin ser descubiertas les va a resultar relativamente f´acil. La leona lleva tres d´ıas sin cazar y tiene hambre. Se despereza y ol- fatea el viento con desgana. Com- prende que en alg´un momento de ese d´ıa que amanece va a tener que correr. Y que si quiere llegar al d´ıa siguiente tendr´a que correr m´as de- prisa que la cebra m´as lenta.
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Ese cuento es otra analog´ıa. Un recurso ret´orico cuya finalidad es con- vencernos de que la pol´ıtica econ´omica debe procurar no intervenir en los mercados. Porque la mayor´ıa de sus consecuencias son dif´ıciles de anticipar. Y porque muchas veces los efectos secundarios de las intervenciones agravan los problemas coyunturales en vez de paliarlos. Para intervenir en equilibrio “duro pero justo” de la sabana, primero te- nemos que elegir el bando al que queremos favorecer. ¿A qui´en ayudamos: a las cebras o a las leonas? Y esa decisi´on casi siempre es complicada. Primero porque el problema de las cebras y las leonas es id´entico: correr deprisa. Lo mismo que ocurre en la econom´ıa. Todas las personas y de todas las empre- sas se enfrentan al mismo problema: sobrevivir y prosperar en el mercado. Y segundo porque cualquier intervenci´on es costosa y nos obliga a privilegiar a unos grupos a expensas de otros. Si aceleramos a las cebras, probablemente terminemos por quedarnos sin leones. Si aceleramos a las leonas, probable- mente nos quedemos primero sin cebras y poco despu´es sin leones. A pesar de su atractivo, objetar a esta analog´ıa no es muy complicado. Si insistimos, el economista liberal terminar´a por admitir que en los pocos casos en los que las intervenciones de la pol´ıtica econ´omica en los mercados est´an justificadas, el ingenio y el tes´on de las personas y el sistema de incentivos que generan los mercados hacen que muchas de las intervenciones sean ineficaces. Y nos pondr´a ejemplos como la externalizaci´on. O cuestionar´a la eficacia de las rebajas fiscales cuando las familias que se benefician de esas rebajas pueden simplemente ahorrarlas. O enumerar´a los ingeniosos mecanismos que inventa el sistema financiero para ampliar su negocio a pesar de las m´ultiples normas y obligaciones que les imponen las Directrices de Basilea. En las p´aginas que siguen reflexionaremos sobre la pol´ıtica econ´omica y discutiremos con detalle estos y otros ejemplos y las propuestas de los economistas liberales. Frente a la visi´on liberal de la pol´ıtica econ´omica, los economistas que defienden la visi´on activista mantienen que la pol´ıtica econ´omica debe inter- venir en los mercados y que sus intervenciones son eficaces para conseguir los fines que persiguen. Los partidarios de esta visi´on proponen y defienden mul- titud de pol´ıticas econ´omicas y de regulaciones de los mercados. Ejemplos de estas pol´ıticas son las pol´ıticas fiscales y distributivas entre las que destacan la provisi´on de mercanc´ıas p´ublicas, los impuestos, la seguridad social y las transferencias; las pol´ıticas monetarias y cambiarias, que determinan los tipos de inter´es de intervenci´on, regulan del sistema financiero, y eligen el r´egimen de los tipos de cambio; la multitud de regulaciones de los mercados de trabajo que limitan las modalidades de contrataci´on, establecen salarios m´ınimos y costes de despido, obligan a participar en el seguro del desempleo o regulan la duraci´on de la jornada de trabajo; y otro tipo de intervenciones en los merca- dos como los controles de precios, las regulaciones ambientales, la prohibici´on de determinados tr´aficos y un largo etc´etera de regulaciones. En las p´aginas que siguen tambi´en nos ocuparemos de discutir estas y otras propuestas de los economistas partidarios de la intervenci´on en los mercados.