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Este documento aborda la compleja cuestión de por qué algas personas tienen dificultades para controlar sus impulsos y cometen actos violentos. El autor examina factores biológicos y sociales que influyen en la agresividad, incluyendo edad, sexo, alteraciones cerebrales y niveles de serotonina. Además, se discuten conceptos relacionados como el libre albedrío y la moralidad.
Tipo: Apuntes
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A veces me pregunto por qué algunas personas no pueden evitar, aunque quieran, controlar sus impulsos. Puede ser que en su niñez sufrieron un trato cruel o tal vez tengan la agresividad grabada en sus genes. Lo que está claro es que influye tanto lo biológico; un déficit neurofisiológico, como lo social; situaciones de riesgos psicosociales. Por lo tanto, el comportamiento violento no se puede reducir a una sola causa, podemos decir que son una combinación de factores de riesgo que se refuerzan unos a otros.
Para empezar, un factor a tener en cuenta es la edad. Normalmente suele aparecer un comportamiento antisocial entre los 13 y los 15 años ya que la amígdala madura en una etapa más temprana. En cambio, la corteza prefrontal madura al final de la infancia y comienzo de la edad adulta. No obstante, hay una minoría en que este comportamiento aparece en la niñez, a los 5 años de edad, donde probablemente sea la falta de estímulos sociales lo que le produzca un comportamiento antisocial.
En segundo lugar, la agresividad dependerá también del sexo. Por ejemplo, en el caso de los hombres, la violencia será física y directa. Los roles sexuales juegan un papel importante ya que de pequeños nos enseñan que las niñas no se pegan y en cambio, los niños deben saber defenderse. Esto provocará que la agresión por parte de las mujeres sea una agresión indirecta, lo que requiere un nivel alto de inteligencia social.
Para continuar, hay que mencionar que las alteraciones cerebrales pueden llevar a la realización de acciones violentas, sin embargo, estas alteraciones no condenan a las personas a convertirse de forma necesaria en unos delincuentes. Una de las funciones de la corteza prefrontal es inhibir les impulsos agresivos de la amígdala, ergo si hay una alteración en la corteza, la persona no sabe que está bien y que no. Si es la amígdala quien actúa de forma deficiente, la violencia aumentará y el individuo mostrará escasa empatía y ausencia de sentimientos de culpa. Un ejemplo es una persona que amenaza a la gente, estos se asustan y a él le gusta. Otro concepto relacionado con la agresividad es la serotonina. La actividad serotoninérgica inhibe la agresión. Un
nivel bajo de serotonina provoca tendencias antisociales y sentimientos de miedo, angustia y amenaza, lo que crea una agresión reactiva; me siento atacado, tengo que defenderme. Hay que tener en cuenta que la actividad, concentración y eficiencia de los transportadores y receptores de la serotonina varían dependiendo de la carga genética. Es por esto que a veces nos podemos encontrar con deficiencias de serotonina antes del nacimiento o durante la primera infancia. Estas deficiencias afectan al desarrollo cerebral y pueden ocasionar alteraciones anatómicas.
Un ente que me resultó curioso de la revista “Mente y cerebro”, es el comportamiento tan impulsivo que tienen las personas agresivas. Basta con una mínima provocación para que les invada la ira y no piensen en las consecuencias de sus actos; utilizan la violencia gratuita. Esto quiere decir que no acostumbran a pegar por pegar, con solo una mirada, se sienten amenazados y de inmediato se ponen en guardia. A veces se les pregunta por que ejecutan estas conductas perjudiciales para ellos, muchos dicen que no lo saben.
Como en todas las cosas, siempre hay el listo y el “tonto”. En el caso de los psicópatas pasa lo mismo. Por un lado, están los psicópatas sin éxito; los más impulsivos. Por otro lado, se encuentran los psicópatas con éxito; los listos. La diferencia entre los primeros y los segundos es que los primeros sufren una reducción del volumen de la sustancia gris prefrontal y esto les provoca que sean más impulsivos. En cambio, los segundos tienen una estructura cerebral relativamente intacta lo que puede proporcionar a estos los recursos cognitivos para manipular y engañar. Esto quiere decir que hacen los “delitos” conscientemente, con “sangre fría”. Cabe a decir que no está probado todavía que estos tipos de psicópatas no padezcan algún tipo de alteraciones cerebrales. En mi opinión, creo que los psicópatas de sangre fría no logran reinsertarse en la sociedad porque ellos no encuentran motivación en lo que una persona “normal” hace. Esto provoca que no puedan seguir un tratamiento, básicamente porque no consiguen un beneficio personal.
Para concluir con el dilema de “mad or bad” podemos alegar que el libre albedrío esta íntimamente relacionado con la moral. El hecho de que la ciencia se utilice para promover que la gente sea moralmente mejor esta pasado de moda. Lo que no está pasado de moda es descubrir los mecanismos neuronales que influyen en la moralidad. Para descubrir dichos mecanismos nos debemos remontar a los orígenes evolutivos de la empatía y los genes que predisponen algunas personas a ser violentas sin sentido. Un artículo titulado “Química de relojería”, mantiene que los científicos han encontrado algunas vías cerebrales que influyen en nuestras decisiones éticas. Por ejemplo, un estudio ha demostrado que cuando se administra oxitocina, aumenta el comportamiento de confianza y cooperación. Evidentemente, nadie está desarrollando una píldora de la moral ya que nuestra capacidad de distinguir entre el bien y el mal es algo que debemos proteger. Cabe a decir que la mayoría de nosotros no necesita condicionamiento para identificar si algo es éticamente incorrecto, pero incluso en las sociedades más avanzadas se necesita un gran esfuerzo para preservar un mínimo de decencia. Los seres humanos nacemos con la capacidad de ser morales, ya que aprendemos a establecer juicios morales y sociales, basados en las propias reacciones emocionales de la persona y estos juicios se aprenden en fases tempranas de la vida Pero lo que es claramente evidente es que no se debe de dar a los gobiernos el poder de control moral de sus ciudadanos.
Pensando en todo este tema de la “sangre fría” y sobre la moralidad me hizo pensar en la serie “The Walking Dead” y el hecho de que el mundo en que vivimos haya cambiado por completo. Un concepto del mundo donde la gente sólo pensaría en sobrevivir, y habría personas que la situación no los afectaría tanto, pero otras que se volverían “locas”, mi pregunta fue la siguiente: ¿En situaciones extremas todo el mundo podría poseer lo que llamamos “sangre fría”? Luego se me ocurrió otra pregunta: ¿Si la responsabilidad persona es un concepto público que existe a causa de un sistema de reglas, al no existir dicho sistema; no dispondríamos de libertad de acción?