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Guía didáctica para el estudio de Marc Chagall
Tipo: Apuntes
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Marc Chagall es el pintor poeta, el pintor errante, el pintor solitario, el pintor de los mil adjetivos que remiten a su originalidad y a una producción artística difícil de clasificar. En esta exposición retrospectiva organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid podemos ver su trayectoria como uno de los artistas más importantes del siglo XX. La muestra, a través de 140 obras, permite al público aproximarse a la obra de un artista admirado precisamente, por haber creado un lenguaje plástico propio y haberse querido mantener al margen de todas las propuestas de las vanguardias de principios del siglo XX. A lo largo de varios apartados podemos analizar y detenernos en las obras de Marc Chagall para descubrir su universo particular. En la primera parte de la exposición se presenta la obra desde sus comienzos hasta el exilio a Estados Unidos debido a la persecución antisemita durante la Segunda Guerra Mundial; la segunda parte muestra su obra hecha de luz y color, tras el regreso definitivo a Francia. La dilatada vida de Chagall, nació en 1887 y murió en 1985, dio lugar a una enorme producción no solamente de pintura sino también de obra sobre papel, escultura, cerámica y otras técnicas con las que experimentó al final de su vida. En sus obras Marc Chagall crea un mundo personal entre la realidad y la imaginación. Sus pinturas, siempre narrativas, están repletas de personajes a los que la felicidad y la alegría de vivir les hacen ingrávidos. Esta emoción que impregna la obra de Chagall es también una actitud ante la vida fuertemente impregnada de religiosidad.
Introducción Sueño de una noche de verano, Óleo sobre lienzo. 116,5 x 89 cm^^1939
Musée de Grenoble. Donación del artista, 1951
Autorretrato delante de la casa, 1914 Óleo sobre cartón adherido a lienzo (reentelado). 50,7 x 38 cm Colección privada
La novia de las dos caras, 1927 (detalle) Óleo sobre lienzo. 99,8 x 73 cm Colección privada
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En 1911 Chagall inició su ansiado viaje a París y allí estudió en las academias La Palette y La Grande Chaumière pero sobre todo recibió la enseñanza directa de la pintura que vio. Visitó museos y galerías, vio obras impresionistas y cubistas, y entró en contacto con pintores como Robert Delaunay, Fernand Léger, Albert Gleizes o Jean Metzinger con los que discutía sobre arte. En 1912 se trasladó a vivir a La Ruche (La colmena) un conjunto de estudios-apartamentos de alquiler barato donde coincidió con Amedeo Modigliani, Fernand Léger o Chaïm Soutine. Sobrevivía con muy poco, racionaba sus alimentos y trabaja en sus obras por la noche. En 1912 Chagall es admitido en el Salon des Indépendants, donde expone tres obras. A Rusia, a los asnos y a los demás es una de ellas. Esta es una pieza llena de nostalgia en la que recoge personajes y elementos de su vocabulario propio: Vitebsk, los animales del campo, el trabajo de los campesinos que ha visto durante su infancia, y la situación anclada en el pasado de su país. Su amigo, el poeta Blaise Cendrars, le dedicó un poema a este lienzo y cambió su título, originalmente se titulaba La tía en el cielo. Técnicamente se ve una temprana influencia del cubismo en las estructuras geométricas del fondo. También en la figura cuya cabeza se ha separado del cuerpo y vuela recortada sobre el fondo nocturno. Años más tarde, Chagall justificaría la separación de la cabeza de esta figura por la necesidad de encontrar un espacio vacío. Según él, las formas
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“Nací en Vitebsk, pero también he nacido en París” Marc Chagall
El camino de la poesía
Tradición y ruptura
Como ocurre con otros pintores rusos, protagonistas de los movimientos de vanguardia, hay una serie de influencias de la tradición popular rusa que forman parte de su lenguaje plástico. En la obra de Chagall no es difícil reconocer cómo los personajes se mueven en un concepto de espacio y tiempo muy parecido al de la pintura medieval, libres de los convencionalismos de la perspectiva. Los iconos rusos y la iconografía bizantina también forman parte de esa tradición. Chagall estará influido por la riqueza cromática, la sencillez y la expresividad de los iconos, y sobre todo por el repertorio de la iconografía. Los lubkí ( lubók en singular) son otra fuente de inspiración. Son estampas populares rusas en las que se mezcla la imagen con la palabra, con el objetivo de contar historias de manera sencilla. Iremos viendo cómo la narración es un elemento clave en la obra de Chagall. Por otro lado, a lo largo de toda su trayectoria como pintor, mantiene un diálogo con sus raíces religiosas, con la cultura judía, especialmente la tradición jasídica que habla de la alegría y del éxtasis del corazón. La modelo de Desnudo rojo levantado es Thea, amiga de Chagall. Fue ella quien le presentó a Bella Rosenfeld, una joven estudiante de historia, literatura y filosofía, que se convirtió en el gran amor de su vida y su compañera inseparable.
Desnudo rojo levantado, 1909 Óleo sobre lienzo. 84 x 116 cm Colección privada
Bella Rosenfeld, abril 1911
12 El camino de la poesía 13
Tradición y ruptura
La boda, 1911- Óleo sobre lienzo de lino. 99,5 x 188,5 cm Centre Pompidou, París. Musée national d’art moderne/ Centre de création industrielle. Dación 1988
A Rusia, a los asnos y a los demás, 1911 Óleo sobre lienzo. 157 x 122 cm Centre Pompidou, París. Musée national d’art moderne/ Centre de création industrielle. Donación del artista 1953
y los objetos se disponen en la superficie del cuadro sin buscar una lógica narrativa y lo importante es la impresión visual que se consigue con la composición. En estos años de triunfo del cubismo analítico, sin embargo, se interesó más por el fauvismo y por la obra de Matisse que ya había conocido en Rusia. Entre los temas de la obra de Chagall siempre están los acontecimientos festivos de la comunidad. En varias ocasiones pintó las comitivas de bodas con sus personajes alegres y de fiesta. Esta es una obra de temática judía pero formalmente influida por la pintura que Chagall estaba descubriendo en París, la de los artistas contemporáneos. La boda es un cuadro en formato horizontal que permite el desarrollo de la comitiva y la narración, los músicos a la cabeza con el rabino que oficiará la unión, la pareja de novios y los acompañantes. También se acercan algunos vecinos del pueblo que, momentáneamente, dejan sus labores para observar el paso de los personajes. Esta versión se considera como la pionera de las grandes composiciones cubistas de Chagall de la época parisiense. El uso de colores vibrantes, vivos e intensos aproxima esta pintura a ciertas obras del fauvismo y de las composiciones orfistas de Robert Delaunay. Chagall conoció a Delaunay y pudo ver sus obras en el Salon des Indépendants de 1911, probablemente le conoció a través de su mujer Sonia, rusa y también pintora.
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abrigo blanco como la nieve, la barba azul y entre todos destaca la sonoridad del amarillo en el violín que contagia con su ritmo musical a toda la composición. En algunas zonas sin pintura se puede apreciar la trama de la tela. Chagall y Bella se casaron en el verano de 1915 y estas dos obras, El poeta tumbado y Vista de la ventana en Zaolchie, cerca de Vitebsk, están pintadas durante su luna de miel. En septiembre se trasladan a San Petersburgo, allí Marc trabaja en el departamento de prensa del Ministerio
16 El camino de la poesía
En 1914 Cahgall viajó a Alemania para asistir a su primera exposición individual que se organizó en Berlín, en la galería de la revista Der Sturm. La muestra fue un gran éxito. Su amigo Apollinaire escribió: “Un joven pintor ruso, un colorista extremadamente rico en fantasía, que siempre transciende el caprichoso mundo iconográfico del arte popular ruso, al que en ocasiones recurre. Es un artista de una enorme versatilidad, que desafía todas las teorías”. Aprovechó este viaje para continuar hacia Vitebsk y reencontrarse con Bella. Esta fue su primera exposición individual y en ella presentó toda la producción de su estancia en París, óleos, dibujos, gouaches y acuarelas. El público alemán habituado ya a las obras de los pintores expresionistas, reaccionó con entusiasmo y poco a poco las obras fueron adquiridas por coleccionistas de arte. El estallido de la Primera Guerra Mundial y, posteriormente, de la Revolución Rusa hicieron imposible que Chagall regresara a París hasta el año 1922. En este lienzo, titulado El violinista, una figura monumental ocupa el centro de la composición. Es el violinista bailando sobre el tejado de las casas que reaparecerá en otras ocasiones. El pueblo recuerda a Vitebsk, el espacio y el imaginario al que siempre recurre Chagall. Son sus recuerdos de infancia. Él cuenta cómo uno de sus tíos se subía al tejado de la casa a tocar el violín por las tardes cuando volvía del trabajo. La paleta de color utilizada en el paisaje urbano tiene su reflejo en el personaje, el rostro verde, el
Sueño y realidad
El poeta tumbado, 1915 Óleo sobre cartón. 77,2 x 77,5 cm Tate, adquirido en 1942
El violinista, 1912- Óleo sobre lienzo. 188 x 158 cm Collection Stedelijk Museum, Ámsterdam, en préstamo de The Netherlands Cultural Heritage Agency
Vista de la ventana en Zaolchie, cerca de Vitebsk, 1915 Óleo y gouache sobre cartón adherido a lienzo. 100,5 x 80,5 cm The State Tretyakov Gallery, Moscú
de Guerra, lo que le evita ir al frente. En verano de 1916 nace su hija Ida. Su familia le llena de una gran felicidad que se deja ver en las obras de estos años. El poeta tumbado parece una ensoñación del propio pintor, su aspiración a vivir en paz en un entorno de naturaleza idílica. La búsqueda de lo primigenio, de lo genuino que a muchos artistas les lleva a buscar su Paraíso en países lejanos, a Chagall le remite una y otra vez a su entorno.
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dos pinturas en cuanto al color. Mientras que para La casa gris ha empleado tonalidades oscuras, grises, marrones y verdes, que confieren una atmósfera tormentosa y triste al cuadro, en La casa azul los tonos empleados, amarillos, rojos, azules y verdes, transmiten una sensación de alegría y serenidad y ofrecen una visión mucho más festiva de la ciudad. En ambos lienzos se reconocen los edificios principales de la ciudad por sus cúpulas. En La Casa Azul los edificios se reflejan en el Dvina, el río que rodea Vitebsk y podemos encontrar alguno de los personajes que pueblan los cuadros de Chagall, animales y etéreas siluetas de personajes que se acercan al río a través de un camino. La casa gris parece encerrar algún significado más. Un personaje en la parte inferior nos inquieta, tal vez sea un autorretrato identificado por la firma en la chaqueta, en el brazo lleva escrito en hebreo shemihl, y en la valla de madera se lee la palabra durak en ruso, ambas con el mismo significado: idiota. El contraste lo ponen los personajes que pasean tranquilamente y el gallo de la derecha.
18 El camino de la poesía
“Después de la muerte de Matisse, Chagall es el único artista que ha entendido realmente la esencia del color […] Desde Renoir, no ha habido ningún pintor que supiera tratar la luz con tanto sentimiento como Chagall”
Pablo Picasso
La luz del color
La casa azul, 1920 Óleo sobre lienzo. 67 x 97 cm Collection-Musée des Beaux-Arts de la Ville de Liège
El vendedor de ganado, 1922- Óleo sobre lienzo. 99,5 x 180 cm Centre Pompidou, París. Musée national d’art moderne/ Centre de création industrielle. Dación 1988. En depósito en el Musée de Grenoble
La casa gris, 1917 Óleo sobre lienzo. 68 x 74 cm Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
La casa azul presenta una visión poética de Vitebsk en la que contrasta la casa de madera típicamente rusa de las afueras de la ciudad con el caserío de piedra del centro de la ciudad. El río rodea la ciudad amurallada y hace de espejo de las torres barrocas de la catedral de la Asunción. La experiencia de Chagall en París se traduce en esta obra en una composición plena de luz y color, en la que la composición rememora el cubismo. La casa se muestra con una perspectiva imposible, apoyada en un muro de ladrillo rojo que salva el desnivel del terreno. Chagall recoge aquí dos vistas distintas de Vitebsk, su ciudad natal. Hay una notable diferencia entre estas
Esta versión de El vendedor de ganado presenta una paleta más clara y formas menos angulosas que la versión de 1912, que Chagall creyó perdida junto con las obras que tuvo que dejar en 1914 en París y Alemania. El formato de la composición facilita la narración y la lectura de la escena de izquierda a derecha. Primero, la campesina con el cordero en los hombros, a modo de buen pastor y, después, el tratante guiando el carro cargado con una vaca y atravesando un puente. Nos llama la atención cómo Chagall es sensible a la vida y recoge la imagen del potro en el vientre de la yegua, protegido, igual que vemos en otra obra titulada Maternidad, de 1913, que nos deja ver al hijo dentro del vientre de su madre. Pero también podemos interpretarlo como el interés de Chagall en representar lo visible y lo invisible al mismo tiempo. En la parte inferior, y más cercana al espectador, una pareja de campesinos rusos habla y gesticula. Esta suma de historias, o de narraciones superpuestas es un rasgo característico de la obra de Chagall.
22 El camino de la poesía 23
El gallo, 1929 Óleo sobre lienzo. 81 x 65,5 cm Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
El proyecto, que le ocupa de 1923 a 1927, le permite redescubrir los animales en el campo durante sus vacaciones y sus viajes, en el Midi, en Auvernia o en el lago Chambon. En los grabados es un maestro en el manejo del blanco y del negro, del grosor de los trazos y de la diversidad de grises que es capaz de crear. Realizó también con el mismo tema una serie de gouaches en los que el trabajo con el color se hace excepcional. Estas piezas se expusieron en la galería Bernheim en París. Este lienzo, titulado El gallo, está relacionado con las dos escenas realizadas por Chagall para ilustrar las Fábulas de La Fontaine: El gallo y el zorro, y El gallo y
la perla. En ellas Chagall juega con los animales y les otorga características y comportamientos humanos. En la pintura, una pareja formada por un gallo de tamaño irreal y una joven abrazada a él, ocupa el centro de la composición. Su actitud amorosa se extiende a otras dos parejas, una en una barca y otra al fondo que asoma detrás del pie de la joven. El gallo tiene un carácter simbólico en los ritos religiosos que lo identifica con la fuerza del sol y del fuego. También aparece con frecuencia en los lubkí rusos. El color brillante del gallo y su pareja tiene que ver, probablemente, con la influencia de la pintura del matrimonio Delaunay.
Jean de la Fontaine Fábulas, 1952 (1950-1952) Editado por Tériade e ilustrado por Marc Chagall. Aguafuerte sobre papel vitela de Rives. Las láminas aquí reproducidas están retocadas con gouache por el artista Ejemplar 48/100. 40 x 30,2 cm. Colección privada
Los dos mulos El águila y el escarabajo El zorro con la cola cortada
Cuentos y fábulas
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Chagall decía que si no hubiera sido judío no sería pintor y en numerosas ocasiones se retrata con símbolos que lo identifican con su religión. En Yo, Marc Chagall. El autorretrato con “tefilín” se retrata con la kipá, un pequeño gorro y el tefilín, un objeto ritual que llevan los hombres a partir de los 13 años y que consiste en dos cajas atadas con cintas de piel, una a la cabeza y otra en el brazo derecho. En las cajas se guardan cuatro versículos de la tora. Chagall pinta claramente su tefilín atado sobre su cabeza, el del brazo no está tan claro, pero sin embargo aparecen dos estrellas de David completando la simbología de la obra. En el tefilín se ve una letra del alfabeto hebreo, la letra número 21 de las 22 que lo conforman, es la letra shin. En este caso la letra shin de tres cabezas, es una letra que parece la abstracción de una llama y se identifica con este mundo, si tuviera cuatro brazos sería la del mundo que ha de venir. Sus tres brazos representan lo inmutable, lo potencial y lo cambiante. En 1931 Chagall había visitado Palestina, la tierra Prometida, el resultado del viaje en sus cuadros no refleja optimismo sino el peligro que se cierne sobre él mismo y su pueblo, y sobre Europa. En Soledad, el personaje protagonista es un judío con su manto blanco llamado talit, que pensativo abraza la tora. A su lado una vaca blanca con violín,
porque la música siempre está presente en la pintura de Chagall, aunque en esta ocasión parece que la melodía nos ha abandonado. Al fondo, un ángel sobrevuela el pueblo en este paisaje nocturno. Es sin duda una obra inquietante y premonitoria de los malos años que le tocará vivir al pueblo judío. La admiración que siente Ambroise Vollard por el trabajo de ilustración de Chagall le lleva a hacerle un nuevo encargo, en este caso es la Biblia el libro
que debe ilustrar. La muerte de Vollard en 1939 hizo que el proyecto se paralizara y tras varios paréntesis que tienen que ver con el exilio de Chagall, lo retomara otro gran editor, Tériade, que la publica en 1956. En 1958 aparece una versión con gouache retocada por el artista. El proyecto es interesante para Chagall que siempre se ha sentido muy atraído por los temas bíblicos y por las vidas de los profetas.
24 El camino de la poesía
La Biblia y Palestina Soledad, Óleo sobre lienzo. 102 x 169 cm^^1933
Collection of the Tel Aviv Museum of Art. Regalo del artista, 1953
Yo, Marc Chagall. El autorretrato con “tefilín”, 1928 Acuarela, pastel y gouache sobre papel adherido a cartón. 62,9 x 47,7 cm Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas
“Si no fuera judío no sería artista” Marc Chagall
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El periodo de las persecuciones y el holocausto judío provoca en Chagall un trabajo intenso en escenas religiosas, pero de tradición cristiana. Hacia 1938 inició esta composición, La Virgen de la aldea, que le acompañó en su huida ante el avance nazi en Francia. Terminó la obra, ya en el exilio, en 1942 durante su estancia en Nueva York. La composición, de gran colorido, se centra en la figura monumental de la Virgen con el Niño que, vestida de novia, flota en el mundo típico del pintor, rodeada de ángeles músicos y cantores, la vaca tocando el violín, el enamorado con su buqué de flores, y tal vez él mismo besando a la figura de la Virgen, estableciendo un paralelismo con la figura de Bella. Al fondo, la aldea vuelve a tener el perfil de Vitebsk, su aldea. En Nueva York Chagall cuenta con el apoyo de Pierre Matisse, en cuya galería empezará a exponer. Uno de los primeros proyectos en los que se embarcó fue en la realización de los decorados y vestuario para el ballet Aleko del coreógrafo Leonid Massine, basado en música de Chaikovsky y una narración en verso de Pushkin. Toda la producción se trasladó a México, y también Chagall y Bella, que trabajaba en el vestuario.
La guerra y el éxodo
La Virgen de la aldea, 1938- Óleo sobre lienzo. 102,5 x 98 cm Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Entre perro y lobo, 1938- Óleo sobre papel adherido a lienzo. 100 x 73 cm Colección privada
El ojo verde, 1944 Óleo sobre lienzo. 58 x 51 cm Colección privada
“El exilio desarraiga el yo, en el sentido de que lo arranca de la tierra en la que tiene todas sus fibras biológicas. Es un momento dramático, de una terrible pesadumbre, pues el exiliado no podrá nunca echar raíces en otro suelo. Sus raíces se quedarán a la intemperie, al descubierto en el vacío, y en cierto modo, podría decirse, en adelante no podrán agarrarse nada más que al cielo, a ese vacío por el que se extenderán en su nuevo intento de tocar de nuevo la tierra”
Marc Chagall
El color y la cultura popular mexicana son una fuerte influencia en la obra de Chagall. Por otro lado, los decorados le permitieron trabajar en formatos que excedían los límites de la pintura de caballete. El resultado fue excepcional y un gran éxito para Chagall. Pero en Nueva York recibió la noticia de la invasión de su país por las tropas alemanas, la destrucción de Vitebsk le sumió en una profunda tristeza, que se refleja en algunas de sus obras como El ojo verde o Entre perro y lobo. Entre perro y lobo hace referencia a una expresión francesa que significa “en el crepúsculo”, y efectivamente la oscuridad se acaba de cernir sobre el pueblo, pero metafóricamente también sobre el mundo debido a los acontecimientos bélicos. Chagall, del que no sabemos si es perro o lobo, dócil o salvaje, está pintando un lienzo del que sale una figura femenina, tal vez sea Bella. En la parte inferior el gallo del próximo amanecer trae la esperanza al niño y el libro del saber. Al fondo una farola huye, cruza la calle, y abandona a los hombres ciegos que han perdido la luz del conocimiento. En esta obra, el pintor-poeta nos habla de los miedos de la guerra, del exilio que le tocó vivir, sabiendo que era visto por los otros, a veces como un perro, a veces como un lobo. Sabiendo que el mundo en que había vivido toda su vida en ocasiones se volvía hacia él como un perro y en otras, como un lobo. Su dolor por la guerra fue creciendo hasta su exilio a los Estados Unidos. Allí se supo a salvo, pero no dejó de compartir el dolor del pueblo judío.
El camino de la poesía
La danza, 1950-1952 (detalle) Óleo sobre lienzo de lino. 238 x 176 cm Centre Pompidou, París. Musée national d’art moderne/ Centre de création industrielle. Dación 1988. En depósito, Musée national Marc Chagall, Niza
34 El gran juego del color 35
“Una niña pasaba una y otra vez sin parar delante del taller donde ‘trabajábamos’ […]
papá me pidió que hiciese lo mismo en el otro taller: ‘Dime lo que está fabricando’ o ‘¿Qué
tierra utiliza?’ La niña [Paloma Picasso] y yo éramos espías a merced de dos de los
creadores más importantes de este siglo”
David McNeil
Amantes abrazados, 1951 Plato cerámico con engobes y óxidos, grabado a cuchillo y punta seca. 41,5 x 31,5 cm Colección privada Boceto definitivo para el techo de la Ópera Garnier, 1963 Gouache sobre papel entelado. 141 x 141 cm Colección privada
Chagall empezó a trabajar con cerámica y escultura a su regreso a Francia. En Vence trabaja en el Taller Madoura, en Vallauris, frecuentado también por Pablo Picasso. Son estos años de amistad y rivalidad entre dos grandes artistas del siglo XX que terminaron en un conflicto que les llevó finalmente a retirarse la palabra.
Con estas primeras obras cerámicas, Chagall ensaya las formas habituales de sus pinturas, para trasladarlas a un nuevo lenguaje. Atraído por la naturaleza de la materia, la trabaja de una manera intuitiva y artesanal y la enriquece con óxidos y esmaltes. En principio, lo hace con el pincel, como si se tratase de cualquier otra obra pictórica, sin dedicarse a las posibilidades de manipular los volúmenes y representar las tres dimensiones. Este material tan natural, tan ligado a la tierra, le sirve para desplegar su iconografía habitual, llena de animales domésticos. Lo hace quizá inspirado por la belleza de los paisajes del sur de Francia. Pero ya lo había hecho anteriormente, sobre todo al ilustrar las Fábulas de La Fontaine. Este universo de animales domésticos remite en realidad a las raíces de su infancia rural. Partiendo de la cerámica, Chagall trabajó la terracota, pero también otros materiales, como el mármol y el bronce. Esta obra es un buen ejemplo de este tipo de trabajos, en los que el artista consiguió trasladar las formas y el imaginario habituales de sus pinturas.
Esta ingenuidad de sus formas recuerda a la corriente primitivista de principios del siglo XX , que quiso recuperar las sencillas formas de representación de culturas como la africana. Aunque Chagall nunca participó de esa corriente, sí buscó inspiración en el pasado cultural europeo y, principalmente, en las obras de la Edad Media. En este trabajo, y en otros que podemos ver en esta misma sala, se hace más que evidente la relación del artista con los bestiarios medievales y con la escultura románica, que podemos encontrar en iglesias y catedrales de toda Europa. Los elementos iconográficos son los mismos que aparecen en su pintura, aquí tenemos la pareja de amantes, la figura femenina sentada sobre un
pájaro, la luna y en el reverso el paisaje formado por las casas de aldea, un árbol y otra ave. En 1963 su amigo André Malraux, Ministro de Cultura francés le encargó la decoración del techo de la Ópera de París. El proyecto, de gran envergadura, causó bastante polémica en su momento, por un lado el encargo se hacía a un pintor ruso-judío, y por otro era un artista contemporáneo el que iba a trabajar en un edificio histórico. Chagall respondió con unos doscientos metros cuadrados de lienzos en los que rinde homenaje a la música y a los grandes creadores como Mozart, Ravel, Stravinsky, Debussy y Wagner. También aparece el edificio de la Ópera como homenaje a Garnier, y otros monumentos de la ciudad de París como el Arco de Triunfo o la Torre Eiffel.
“En la cerámica, en la escultura, ¿qué puedo aportar? Tal vez el recuerdo de mi padre, de mi madre, de mi infancia, de los míos. Ante la materia ¡hemos de ser humildes, hemos de someternos a ella! La materia es natural, y todo lo que es natural es religioso” Marc Chagall
Cerámica, escultura y bocetos para la Ópera
Pareja con pájaro (reverso), 1952 Piedra de Rognes. 52 x 37 x 27 cm Colección privada
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El primer contacto de Chagall con el arte gráfico fue en 1922 en Alemania. Cuando viajaba de nuevo a París, el galerista y editor alemán Paul Cassirer le encargó grabados para ilustrar su libro de memorias Mi vida que quería editar él, pero el texto daba problemas de traducción y no se llegó a publicar. Sin embargo, Chagall realizó veinte grabados combinando el buril con la punta seca, con escenas de su vida en Vitebsk que se publicaron al año siguiente. Chagall amaba los libros y durante su vida realizó ilustraciones para más de cien libros, utilizando diversas técnicas gráficas. Estas técnicas le hicieron experimentar con el trazo, pero también con la mancha de color, y con los blancos del papel para crear composiciones en blanco y negro con la misma intensidad que lo hacía a través del color.
“Creo que algo me habría faltado si, aparte del color, no me hubiera ocupado también, en una fase de mi vida, del grabado y la litografía… Cuando cogía una piedra litográfica o una plancha de cobre, era como si tocara un talismán. Me parecía que en ellas podía colocar todas mis tristezas, todas mis alegrías…” Marc Chagall
El gran juego del color
El negro es un color
Boceto para Los tejados rojos, 1951- Tinta y gouache sobre papel. 67 x 51,3 cm Colección privada
El profeta Isaías, 1977 Tinta china y aguada gris sobre papel. 76,2 x 56,8 cm Colección privada
Calas, 1949 Tinta china, aguada gris y lápiz sobre papel. 64,7 x 49,7 cm Colección privada